La Doctrina de Todo es Mente considera que la materia es una entidad fija. Si no lo fuera dejaría de ser materia. La mente responde perfectamente a este criterio, por consiguiente, la materia es en verdad la mente. Para el soñador no hay dos entidades, la mente y alguna sustancia fuera de ella. Esa duplicidad debemos entenderla sólo como una idea.

Cuando se está en vigilia, el campo de la experiencia se divide en objetos exteriores y fantasías interiores. La diferencia entre el contraste de ideas externas e internas es mucho más fuerte durante la vigilia. Esto
se debe a que el dormir es un proceso centrípeto de internalización en el cual nuestra mente abandona su tendencia a externalizar, plasmar y espacializar. Cuando comenzamos a despertar se invierte la situación y se externalizan las imágenes del mundo como si estuvieran en el exterior. Cuando despertamos completamente, aumenta la apertura de la consciencia, y así ésta alcanza su punto máximo de proyección
e intensidad. Se deduce, entonces, que la materialidad de nuestro mundo, depende del grado de concentración con que lo enfoquemos. Dicha materialidad está en la mente porque la materia es un concepto.

Lo que otorga validez a las experiencias de vigilia y onírica, es una misma y única mente que debe funcionar en estos dos aspectos y debido a que ambos son transitorios y relativos entre sí, esta mente es en sí misma y por comparación, permanente y absoluta, la verdadera esencia de dichos estados.

Si un sueño se transforma en pesadilla, despertamos. Sucede igual que en el estado de vigilia, cualquier hecho muy doloroso, nos hace percibir en toda su magnitud, el significado de la vida. Si “despertamos” en
la vida de vigilia, podremos pasar de la Apariencia a la Realidad y de ese modo penetrar en una dimensión inconmensurablemente más elevada.

La metafísica del dormir
Dormir es permanecer en profundo sueño sin imágenes oníricas. La mente no queda totalmente anulada, porque no pierde el sentido de la identidad individual. Características, pensamientos y deseos que forman
la personalidad, surgen nuevamente al despertar. Recordamos el hecho de haber dormido, algo en nosotros
debió saberlo, la mente estuvo presente de alguna manera. Es un estado que brinda un filón de oro a las mentes inquisitivas.