Sueños Nocturnos

De todas las experiencias de sincronicidad que podemos tener, los sueños nocturnos son quizá los más nebulosos y difíciles de interpretar. No obstante, nuestra cultura siempre sintió fascinación por estos encuentros en la noche. Constituyen materia de la mitología y la profecía, y en algún nivel sabemos que son importantes para nuestras vidas. Pero, ¿de qué manera?

En general, los sueños son historias, aunque muchas veces adquieren la forma de argumentos sin sentido y personajes extraños que unen a personas y escenas de maneras que no podrían darse en la vida real. Por esa razón, la mayoría perdemos enseguida el interés en tratar de interpretarlos. Las imágenes son demasiado difíciles; de ahí que pasemos por alto las escenas como si fueran casi inútiles y sigamos con nuestro día.

Sin embargo, los expertos que trabajan con sueños nos advertirían que no nos diéramos por vencidos tan pronto. Ellos nos dicen que los sueños tienen significados importantes ocultos en su simbolismo. Una lectura atenta de los numerosos libros sobre sueños puede dar un panorama del simbolismo onírico, es decir, de los significados mitológicos o arquetípicos que pueden asignarse a los distintos elementos de los sueños, desde animales hasta actos de asesinato, huida o robo.

Sin embargo, creo que la clave para descubrir la sincronicidad de los sueños radica, en definitiva, en ir más allá de la interpretación convencional de estos símbolos y concentrarse en el cuadro de situación más amplio: el significado que rodea el argumento y los personajes del sueño. Allí podemos encontrar mensajes de una naturaleza más personal que corresponden a menudo directamente a situaciones específicas que enfrentamos en la vida.

Por ejemplo, si soñamos que estamos en una guerra de algún tipo, que huimos de la batalla y luego, al desarrollarse el sueño, descubrimos alguna manera no sólo de sobrevivir sino de ayudar a terminar la lucha, este tema puede aplicarse a la situación en nuestra vida real. Es obvio que no estamos de veras en una guerra, pero ¿qué pasa con otro tipo de conflictos que la guerra puede estar simbolizando en nuestra vida? ¿Es­tamos huyendo? ¿O evitamos el enfrentamiento ocultándonos, negando o distrayéndonos en otras cosas con la esperanza de que el problema desaparezca?