Por desgracia, nuestro hábito cultural nos hace detenernos sólo ese tiempo en esas imágenes y luego dejarlas de lado para seguir adelante con nuestro día. Esta tendencia puede llevarnos a perder el significado más amplio del recuerdo. Pero si prestamos mucha atención a esos pensamientos, es posible que también empiecen a ocurrir otros hechos sincrónicos. Podemos estar buscando algo y dar con un segundo elemento que nos haga evocar a la persona en la cual pensamos, quizás una vieja foto o una carta que hace alusión a más recuerdos de hechos compartidos con esa persona. Al reflexionar, podría­mos descubrir incluso que esas mismas circunstancias están dándose de nuevo en nuestra vida actual.

Por supuesto, podrían también producirse otros hechos sincrónicos. Es posible que caminemos por una calle y justo levantemos la vista para ver a esa persona caminando hacia nosotros. O podríamos atender el teléfono y descubrir a la otra persona en el otro extremo de la línea.

Nuestro desafío consiste en hacer un seguimiento de esas coincidencias. Si no podemos hablar con nuestro viejo amigo al instante, podemos fijar una cita posterior para almorzar o tomar un café. Siempre hay información importante para compartir. Si no sobre viejas situaciones que necesitan ser analizadas o aclaradas, será sobre algo nuevo que nosotros o nuestros viejos amigos descubrieron y que debemos comunicarnos. La clave es buscar el misterio, mirar debajo de la superficie y analizar.

A veces, después de pensar espontáneamente en alguien, nos convendrá tomar la iniciativa y llamarlo o llamarla de inmediato. En ocasiones tuve la experiencia de disponerme a tomar el teléfono para llamar a un viejo amigo y que justo sonara porque él me estaba llamando. Una vez más, la clave es hablar sobre lo que está pasando con la otra persona y con nosotros mismos, describir nuestra situación específica de vida en el momento y buscar el mensaje instructivo que explique la razón por la cual se produjo la coincidencia.

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