Otro tipo de sincronicidad es el encuentro puramente casual, que puede involucrar a amigos, conocidos o absolutos extraños. En el caso de alguien a quien conocemos, veremos que nos encontramos con esa persona de una manera que va más allá de lo que podríamos suponer como pura casualidad. Un ejemplo de ese tipo lo da el encontrarse con un viejo amigo en un momento crítico. Deepak Chopra, defensor de primera línea de la nueva medicina mente/cuerpo, habla de una serie de experiencias que lo llevaron a considerar por primera vez enfoques médicos alternativos. Hasta ese momento había practicado la medicina como un médico occidental tradicional y ocupaba cargos de prestigio en Harvard y otras universidades como profesor de inmunología.

Luego su vida empezó a cambiar. Durante un viaje para dar una conferencia, lo invitaron a visitar a un líder oriental de meditación, quien le sugirió que estudiara medicina ayurvédi­ca, un enfoque oriental que se centra en la prevención de la enfermedad. Deepak rechazó la idea pues no quería tener nada que ver con ningún enfoque que sonara místico.

Después del encuentro se dirigió hacia el aeropuerto, donde, para su gran sorpresa, se encontró con un viejo amigo de la facultad. Durante la charla que mantuvieron, este amigo sacó un ejemplar del texto básico de la medicina ayurvédica y le dijo que estaba seguro de que le resultaría interesante. Abrumado por la coincidencia, Deepak leyó el libro, reconoció que promover ese enfoque médico era su destino y continuó su carrera populari­zando la medicina alternativa en todo el mundo.

Otra sincronicidad de este tipo se produce cuando vemos de manera reiterada a alguien que no conocemos en un breve período. Hay enormes probabilidades de que esos casos no se produzcan, y sin embargo ocurren con suma frecuencia. Vemos a una persona una vez y normalmente no pensamos nada. Pero cuando vemos al mismo individuo de nuevo, o incluso una tercera vez el mismo día, la coincidencia en general atrae nuestra atención. Por desgracia, muchas veces notamos el hecho, lo consideramos curioso y seguimos nues­tro camino sin actuar.