Nuevamente, el desafío consiste en encontrar una forma de entablar una conversación con ese individuo. Ya resulta difícil cuando conocemos a la persona, mucho más cuando se trata de un extraño. En primer lugar, se plantea el problema de la postura defensiva que la mayoría asumimos frente a los extraños. En las culturas occidentales, el contacto visual y el iniciar una conversación en muchos casos fueron tenidos por una invasión a la privacidad o incluso un avance sexual. Es una suposición poco feliz en nuestra sociedad, por ejemplo, que, si una mujer establece un contacto visual con un hombre, le envía una señal de que está abierta a sus avances sexuales. Esto crea todo tipo de confusiones: las mujeres que desvían la mirada cuando van por la calle por temor a que un hombre agresivo saque conclusiones, o los hombres que, sensibles al problema, ni siquiera tratan de establecer un contacto visual directo con las mujeres por temor a ser tildados de agresivos.

Si bien esto sigue constituyendo un problema, nuestras intuiciones, por suerte, en general no nos abandonan en este sentido. Si prestamos atención y aprendemos a percibir el flujo de energía, sabremos a quién debemos abrirnos y de quién debemos apartarnos. Tan importante como esto es analizar en forma consciente qué pasa con nuestra energía sexual, si es oportuna o no.

Creo que estamos descubriendo que actuar de una manera intencionalmente amigable es lo que mejor resulta. Podemos decir algo específico como: “¿No nos hemos visto antes?” y seguir con la descripción de nuestra situación de vida específica. Si estamos en un negocio, podemos decir: “Vine a comprar ropa para una fiesta que tengo”. Con suerte, la otra persona responderá diciendo por qué se encuentra en ese local, y encontraremos un tema de vida común. Recuerde que el objetivo es discernir la razón de la sincronicidad.

Parecería que las personas mayores se hallan en una situación mucho mejor en cuanto a este tipo de conversación espontánea, pero todos podemos romper con esa sensación de torpeza si nuestra intención es muy sincera. Sea como fuere, lo único que podemos hacer es intentarlo, y si nos rechazan, tomarlo con buen humor. Como me dijo un día mi abuelo: “El secreto de la vida está en aprender a hacer el ridículo con gracia”. Obviamente, siempre deberíamos tomar precauciones al conocer a extraños (reunirnos sólo en lugares públicos hasta conocernos mejor, por ejemplo). Pero si procedemos como corresponde, las recompensas pueden ser un flujo de sincronicidad más rico.