En suma, las claves más importantes para aprender a aprovechar las distintas sincronicidades de nuestras vidas son estar atentos y tomarnos el tiempo necesario para analizar lo que está pasando. Para hacerlo, cada uno de nosotros debe crear en su vida una cantidad suficiente de lo que llamo tiempo de deriva: tiempo en el que no hacemos nada más que dar vueltas, pasar canales de televisión, echar un vistazo al diario o caminar por la calle atentos al mundo que nos rodea. Si piensa en un amigo, pase a verlo y vea qué sucede. La Internet también es una fuente interesante de información en este sentido. Debemos tener presente, no obstante, que cualquiera puede poner cosas en la Internet. No hay correctores ni nadie que verifique la exactitud de los hechos y ningún editor es responsable del contenido.

La Relación de la Sincronicidad con Nuestras Creencias Religiosas

Para algunos, relacionar la percepción actual de la sincronicidad con sus creencias religiosas es un problema. Sin embargo, creo que en la mayoría de los casos no hay conflicto. Al empezar a percibir las coincidencias en nuestra vida, el mis­terio nos pone frente a frente con las cuestiones espirituales más profundas de la vida. ¿Qué es esta fuerza que parece arrastrarnos hacia nuestro destino? ¿Nuestra vida tiene un propósito divino? ¿Cómo se nos revela ese propósito, exactamente?

La mayoría crecemos por lo menos con una idea de tradición religiosa. Si no estamos comprometidos en forma personal con una perspectiva religiosa, tenemos amigos allegados o parientes que sí, y que creen profundamente en los principios de su fe. Yo creo que la mayoría de los que están comprometidos de esta forma con una religión particular actúan siguiendo un impulso interior honesto tendiente a mantener vivas sus contribuciones únicas al mundo. Este impulso común garantiza a la sociedad humana más amplia una gran diversidad de creencias religiosas a través de las cuales podemos analizar muchas opciones y de esa forma crecer. En mi opinión, cada perspectiva religiosa positiva contiene una parte importante de verdad. El diálogo general entre las distintas religiones, pese a ser vago y fragmentado, es no obstante fundamental para nuestra evolución actual hacia una mejor comprensión espiritual general.