Yo interpretaba la falta total de oportunidades de edición como un fracaso, un hecho negativo, y ésa era la interpretación que frenaba las coincidencias que hasta ese momento sentía que me habían hecho avanzar. Cuando me di cuenta de lo que pasaba, de golpe presté atención e hice más correcciones en el libro enfatizando este punto. Y en mi propia vida, supe que debía tratar este avance como cualquier otro hecho. ¿Qué sentido tenía? ¿Dónde estaba el mensaje?

A los pocos días, una amiga me contó que había conocido a un individuo que acababa de mudarse a nuestra zona proveniente de Nueva York, donde había trabajado en una editorial durante muchos años. De inmediato vi en mi mente una imagen de mí mismo yendo a verlo, y la intuición contenía una profunda sensación de inspiración. Al día siguiente fui a verlo y las coincidencias se reanudaron. Quería trabajar con individuos que proyectaran publicar personalmente, me dijo, y ya que mi manuscrito estaba obteniendo una cantidad considerable de referencias boca a boca, le parecía que ese enfoque podía tener éxito.

Al poco tiempo ya estábamos listos para imprimir y yo había conocido a Salle Merrill, quien me aportó una perspectiva femenina sensible y un énfasis oportuno en la importancia de dar. De los primeros tres mil ejemplares del libro que imprimimos, enviamos por correo o entregamos en forma personal mil quinientos a librerías pequeñas y a individuos de Alabama, Florida, North Carolina y Virginia. Las recomendaciones boca a boca de los primeros lectores se encargaron de todo lo demás.

En seis meses, el libro tenía más de 100.000 ejemplares en impresión, circulaba por los cincuenta estados y se publicaba en países de todo el mundo. Se vendieron tantos ejemplares tan rápido no por la publicidad que yo hice sino porque otros empezaron a regalárselo a amigos de todas partes.

Ir en Pos de Nuestros Sueños

Menciono esta historia para ilustrar que nuestra nueva conciencia espiritual tiene que ver con la concreción de nuestros sueños, una experiencia que siempre estuvo en el centro del esfuerzo humano en todas partes. El universo parece en verdad estar armado como una plataforma para la cristalización de nuestras aspiraciones más íntimas y profundas. Es un sistema dinámico impulsado por nada menos que el flujo constante de pequeños milagros. Pero hay una trampa: el universo está armado para responder a nuestra conciencia, pero nos devolverá sólo el nivel de calidad que pusimos en ella. Por lo tanto, el proceso de descubrir quiénes somos y para qué estamos aquí y de aprender a seguir las coincidencias misteriosas que pueden guiarnos depende, en gran medida, de nuestra capacidad para ser positivos y encontrar una perspectiva consoladora en todos los hechos.

Vivir la nueva conciencia espiritual implica atravesar una serie de pasos o revelaciones. Cada paso amplía nuestra perspectiva. Pero cada paso presenta asimismo su propia serie de desafíos. No basta simplemente con echar un vistazo a cada nivel de conciencia expandida. Debemos tener la intención de vivirlo, de integrar cada grado aumentado de conciencia a nuestra rutina diaria. Basta una sola interpretación negativa para frenarlo todo.

En las páginas que siguen analizaremos esos pasos no sólo en términos de experiencia interior sino desde la perspectiva de sostenerlos firmemente en nuestras vidas y llevarlos a una práctica efectiva.

Experimentar las Coincidencias

Las coincidencias significativas pueden producirse en cualquier momento. Nuestro día puede ir transcurriendo cuando, en apariencia sin aviso previo, un hecho extraño atrae nuestra atención. Podemos pensar en un viejo amigo que no se nos cruzó por la mente durante años; más tarde, cuando ya lo olvidamos por completo, al día siguiente nos encontramos con esa persona. Del mismo modo, podemos ver en el trabajo a un individuo que nos gustaría conocer y ese mismo día encontrar a la mismísima persona sentada frente a nosotros en un restaurante.

Las coincidencias pueden implicar la llegada oportuna de una información especial que queremos pero no tenemos idea de cómo conseguir o la repentina toma de conciencia de que nuestra experiencia con un hobby o interés anterior era una preparación para llevarnos a una nueva oportunidad o un nuevo trabajo. Más allá de los detalles de una coincidencia en particular, sentimos que es muy poco probable que haya sido producto de la suerte o una mera casualidad. Cuando una coincidencia atrae nuestra atención, nos quedamos asombra­dos ante el hecho, aunque sea nada más que un instante. En algún nivel, sentimos que esos hechos estaban destinados de alguna manera a ocurrir, que debían ocurrir en el momento en que ocurrieron para orientar nuestras vidas en una dirección nueva y más inspiradora.

Abraham Lincoln escribió sobre una coincidencia de ese tipo ocurrida en su juventud. En ese entonces, Lincoln pensaba que debía hacer algo más con su vida que ser granjero o artesano como los demás habitantes de su comunidad de Illinois. Un día encontró a un mercachifle que obviamente estaba pasando épocas difíciles y que le pidió a Lincoln que comprara un viejo barril de artículos, en su mayoría sin valor, por un dólar. Lincoln podría haber dejado pasar al comerciante quebrado, pero le dio el dinero y guardó los artículos. Más tarde, cuando limpió el barril, Lincoln encontró entre las latas y los utensilios viejos una serie completa de libros de derecho, con los cuales estudió para ser abogado y siguió adelante para cumplir su asombroso destino.

El psicólogo suizo Carl Jung fue el primer pensador moderno que definió este misterioso fenómeno. Lo llamó “sincronicidad”, la percepción de una coincidencia signifi­cativa. Jung sostenía que la sincronicidad era un principio no-causal en el universo, una ley que funcionaba para llevar a los seres humanos hacia un mayor desarrollo de la con­ciencia.

Jung presenció un ejemplo directo de sincronicidad durante una de sus sesiones de terapia. Su paciente era una mujer particularmente correcta que tenía problemas con su comportamiento obsesivo. Jung estaba analizando sus sueños, con la esperanza de poder ayudarla a ponerse en contacto con el lado luminoso, divertido e intuitivo de su naturaleza. Sus sueños más recientes presentaban una interacción con un escarabajo, pero ella se resistía categóricamente a cualquier intento de interpretación. Justo en ese momento, Jung oyó un golpeteo extraño en la ventana y cuando corrió las cortinas, en la parte exterior de la ventana había un escarabajo, insecto raro en esa zona. Según Jung, el episodio inspiró tanto a la mujer que pudo realizar grandes progresos en su tratamiento.

Es casi imposible que al mirar hacia atrás no veamos un esquema de sincronicidad en los hechos misteriosos que pasaron para hacernos llegar a nuestra carrera actual, nuestro cónyuge o la red de amigos y alianzas en las que confiamos. Mucho más difícil es la percepción de esos hechos tan importantes en la vida en el presente, cuando ocurren. Las coincidencias pueden ser impactantes, como hemos visto. Pero también pueden ser muy sutiles y fugaces y por lo tanto fácilmente pasadas por alto -tal como nos lo indicaba la vieja visión materialista- como si fueran obra del azar o simple casualidad.

Nuestro desafío personal consiste en superar el condicio­namiento cultural que nos lleva a reducir la vida a lo ordinario, al lugar común y a lo carente de misterio. La mayoría de nosotros hemos aprendido a ir por la vida sólo con nuestro ego, a despertarnos a la mañana y pensar que debemos tener un control total sobre nuestro día. Creamos listas mentales inflexibles de proyectos que pensamos llevar a cabo y perseguimos esos fines con una especie de visión de túnel. Sin embargo, el misterio sigue estando, bailando en las orillas de nuestra vida, dándonos visiones fugaces de posibilidades. Debemos tomar la decisión de desacelerarnos y modificar nuestro punto de atención, y empezar a actuar de acuerdo con las oportunidades que se presentan en nuestro camino.

Sueños Nocturnos

De todas las experiencias de sincronicidad que podemos tener, los sueños nocturnos son quizá los más nebulosos y difíciles de interpretar. No obstante, nuestra cultura siempre sintió fascinación por estos encuentros en la noche. Constituyen materia de la mitología y la profecía, y en algún nivel sabemos que son importantes para nuestras vidas. Pero, ¿de qué manera?

En general, los sueños son historias, aunque muchas veces adquieren la forma de argumentos sin sentido y personajes extraños que unen a personas y escenas de maneras que no podrían darse en la vida real. Por esa razón, la mayoría perdemos enseguida el interés en tratar de interpretarlos. Las imágenes son demasiado difíciles; de ahí que pasemos por alto las escenas como si fueran casi inútiles y sigamos con nuestro día.

Sin embargo, los expertos que trabajan con sueños nos advertirían que no nos diéramos por vencidos tan pronto. Ellos nos dicen que los sueños tienen significados importantes ocultos en su simbolismo. Una lectura atenta de los numerosos libros sobre sueños puede dar un panorama del simbolismo onírico, es decir, de los significados mitológicos o arquetípicos que pueden asignarse a los distintos elementos de los sueños, desde animales hasta actos de asesinato, huida o robo.

Sin embargo, creo que la clave para descubrir la sincronicidad de los sueños radica, en definitiva, en ir más allá de la interpretación convencional de estos símbolos y concentrarse en el cuadro de situación más amplio: el significado que rodea el argumento y los personajes del sueño. Allí podemos encontrar mensajes de una naturaleza más personal que corresponden a menudo directamente a situaciones específicas que enfrentamos en la vida.

Por ejemplo, si soñamos que estamos en una guerra de algún tipo, que huimos de la batalla y luego, al desarrollarse el sueño, descubrimos alguna manera no sólo de sobrevivir sino de ayudar a terminar la lucha, este tema puede aplicarse a la situación en nuestra vida real. Es obvio que no estamos de veras en una guerra, pero ¿qué pasa con otro tipo de conflictos que la guerra puede estar simbolizando en nuestra vida? ¿Es­tamos huyendo? ¿O evitamos el enfrentamiento ocultándonos, negando o distrayéndonos en otras cosas con la esperanza de que el problema desaparezca?

La clave para comprender el mensaje del sueño está en comparar su argumento básico -en este caso huir de la guerra (conflicto) encontrando no obstante una posterior solución ­con la situación real en nuestro mundo individual. Tal vez el sueño nos esté diciendo que nos despertemos y veamos el conflicto y que sepamos que, si prestamos atención, es posible encontrar una potencial solución.

¿Y qué pasa con los personajes del sueño? Aunque los personajes puedan parecer extraños, debemos preguntarnos de qué manera podrían simbolizar a personas reales con las que tenemos actualmente intercambios importantes. ¿Vemos a las personas en nuestra vida tal como son? Tal vez el sueño nos esté diciendo algo sobre quiénes son en realidad esas personas, para bien o para mal.

¿Pero qué pasa si analizamos el argumento y los personajes del sueño y no descubrimos ninguna conexión con nuestra situación? ¿Qué hacemos? En ese caso, es importante escribir el sueño en un diario, porque puede ser profético. Es fácil pensar que son proféticos sólo los sueños con resultados espectaculares que tengan que ver con evitar accidentes de aviones o heredar una fortuna de un pariente olvidado. Pero, en realidad, los sueños que se centran en problemas cotidianos más pequeños también pueden ser proféticos. A menudo, la razón por la que los sueños parecen disparatados y tontos es que la situación que describen todavía no ocurrió en nuestras vidas. En vez de pasarlos por alto, haríamos mejor en conservarlos en la mente. Podrían resultar muy instructivos posteriormente.

Ver a Un Viejo Amigo o Pensar en Él

La sincronicidad de ver a un viejo amigo o pensar en él es en general más directa. Si comienza con un pensamiento, la imagen suele surgir en nuestra mente sin ninguna asociación con otro hecho. Es posible que hasta pensemos cuánto tiempo hace que no evocamos a esa persona o hablamos con ella. Con frecuencia esto ocurre a la mañana temprano, en ese instante silencioso que transcurre cuando dejamos de estar dormidos y despertamos.

Por desgracia, nuestro hábito cultural nos hace detenernos sólo ese tiempo en esas imágenes y luego dejarlas de lado para seguir adelante con nuestro día. Esta tendencia puede llevarnos a perder el significado más amplio del recuerdo. Pero si prestamos mucha atención a esos pensamientos, es posible que también empiecen a ocurrir otros hechos sincrónicos. Podemos estar buscando algo y dar con un segundo elemento que nos haga evocar a la persona en la cual pensamos, quizás una vieja foto o una carta que hace alusión a más recuerdos de hechos compartidos con esa persona. Al reflexionar, podría­mos descubrir incluso que esas mismas circunstancias están dándose de nuevo en nuestra vida actual.

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