Tomar en Serio la Sincronicidad

Vislumbrar las coincidencias, entonces, y empezar un diálogo abierto sobre ellas sin caer en interpretaciones negativas constituyen los primeros pasos para vivir nuestra nueva conciencia espiritual. Sin embargo, enseguida aparecen nuevos interrogantes. Si la sincronicidad que percibimos es prueba de que en nuestra vida actúa una fuerza espiritual, ¿por qué en la cultura occidental ignoramos estos hechos misteriosos durante tanto tiempo? ¿Y por qué la conciencia de la sincronicidad está saliendo a la superficie ahora, en esta época? ¿Cuál es el panorama histórico más amplio de lo que nos está pasando?

Éstas son las preguntas que nos llevan al siguiente nivel de conciencia.

Comprender Dónde Estamos

Cuando nos levantamos a la mañana y miramos por la ventana vemos el mundo moderno que empieza a despertarse para vivir el día. Los vecinos salen de su casa y van a trabajar en su auto. En lo alto podemos llegar a oír el zumbido de un avión. Un camión de reparto lleno de artículos producidos en masa se dirige al enorme negocio de la esquina. Para algunos el largo recorrido de historia que termina en este momento de observación es simplemente una letanía de progreso económico y tecnológico. Sin embargo, para un número día a día mayor de personas la historia está pasando a ser una cuestión más psicológica. ¿Cómo es que llegamos a vi­vir así? ¿De qué manera los que nos precedieron configuraron y conformaron nuestra realidad cotidiana? ¿Por qué creemos lo que creemos?

La historia es, desde luego, el contexto más amplio de nuestra vida individual. Sin ella vivimos sólo en la realidad superficial y provinciana que heredamos de niños. Una comprensión precisa de la historia otorga profundidad y sustancia a nuestra conciencia. Rodea todo lo que vemos como una estructura de pensamiento que nos dice quiénes somos y nos da un punto de referencia respecto del lugar al que pretendemos dirigirnos.

Reemplazar la Cosmología Medieval

La historia de nuestra forma en gran medida occidental de ver el mundo comenzó hace por lo menos quinientos años con el colapso de la cosmovisión medieval. Como es bien sabido, este viejo mundo fue definido y mantenido por la autoridad central de la Iglesia cristiana primitiva. Por supuesto, la Iglesia fue en gran medida responsable de rescatar la civilización occidental de la desintegración total después de la caída de Roma, pero al hacerlo, los hombres de la Iglesia guardaron un gran poder para sí mismos definiendo los propósitos de la vida en la cristiandad durante un milenio en base a sus interpreta­ciones de la Biblia.