Al fin se nos ocurrió una solución para nuestro dilema: la ciencia. Tal vez los seres humanos estuviéramos filosóficamen­te perdidos, pero nos dimos cuenta de que podíamos adoptar un sistema a través del cual volver a encontrarnos. Y esta vez creímos que sería un conocimiento verdadero, libre de la superstición y el dogma que habían caracterizado al mundo medieval.

Como cultura, decidimos iniciar una investigación masiva, un sistema organizado creador de conciencia, para descubrir los hechos de nuestra verdadera situación en el planeta. Daríamos poder a la ciencia y le ordenaríamos que fuera a ese lugar desconocido (recordemos que en ese entonces el inmenso mundo natural ni siquiera había sido nombrado, mucho menos explicado) para descubrir qué pasaba y explicárselo a la gente.

Nuestro entusiasmo era tan grande que nos daba la impresión de que el método científico podría incluso descubrir la verdadera naturaleza de Dios, el proceso creativo implícito en el núcleo del universo. Creíamos que la ciencia podría poner en orden la información necesaria que nos devolvería el sentido de certeza y significado que habíamos perdido con el colapso de la vieja cosmología.

Pero la fe que teníamos en un descubrimiento rápido de nuestra verdadera situación humana enseguida reveló ser infundada. Para empezar, la Iglesia logró presionar a la ciencia para que se concentrara sólo en el mundo material. Muchos de los primeros pensadores, incluido Galileo, fueron condenados o asesinados por los hombres de la Iglesia. Al avanzar el Renacimiento se produjo una tregua inestable. La Iglesia, herida pero todavía poderosa, se obstinaba en adjudicarse exclusiva competencia sobre la vida mental y espiritual de los seres humanos. Aprobaba la investigación científica apenas a regañadientes y los hombres de la Iglesia insistían en que la ciencia se aplicara sólo al universo físico: los fenómenos de las estrellas, las órbitas, la Tierra, las plantas y nuestro cuerpo.

Gracias al territorio, la ciencia empezó a concentrarse en este mundo físico y prosperó con rapidez. Empezamos a establecer la física implícita en la materia, nuestra historia geológica y la dinámica del clima. Se nombraron las partes del cuerpo humano y se investigaron las operaciones químicas de la vida biológica. Cuidadosa de no hacer caso a ninguna de las derivaciones que sus descubrimientos pudieran tener respecto de la religión, la ciencia empezó a analizar exclusivamente el mundo exterior.

aurora4

Un Universo Materialista