La Solución del Iluminismo

Llegamos ahora a otro punto de inflexión clave en la formación de la cosmovisión moderna. Habíamos recurrido a la ciencia para descubrir las respuestas a nuestros interrogan­tes existenciales y espirituales más grandes, pero la ciencia se abstrajo en un enfoque puramente secular y material. ¿Quién podía saber cuánto se tardaría en descubrir el sentido más elevado de la vida humana?

Obviamente, en Occidente necesitábamos un nuevo estandarte de significado, una nueva mentalidad a la que pudiéramos aferrarnos mientras tanto y, más importante aún, que ocupara nuestra mente. Y en ese momento nuestra decisión colectiva fue la de volver la atención hacia el mundo físico, como lo hacía la ciencia. Después de todo, la ciencia descubría un rico tesoro de recursos naturales que estaban allí a nuestra disposición. Y podíamos usar dichos recursos para mejorar nuestra situación económica y así estar más cómodos en este mundo secular nuestro. Tal vez tuviéramos que esperar para conocer nuestra verdadera situación espiritual, pero, mientras esperábamos, podíamos estar más seguros desde el punto de vista material. Aunque temporaria, nuestra nueva filosofía fue el fomento del progreso humano, el compromiso de mejorar nuestra vida y la vida de nuestros hijos.

Por lo menos, esta nueva filosofía alivió nuestra mente. El peso liso y llano del trabajo por hacer nos mantenía ocupados, así como mantenía nuestra atención alejada del hecho de que el misterio de la muerte, y por ende la vida misma, seguía flotando sin una explicación. Algún día, al final de nuestra existencia terrenal, tendríamos que enfrentar las realidades espirituales, fueran cuales fueren. Pero mientras tanto redujimos nuestro punto de atención a los problemas de la existencia material cotidiana y tratamos de convertir al progreso, personal y colectivo, en la única razón de nuestra breve vida. Y ésa era nuestra postura psicológica al comienzo de la era moderna.

Basta con que echemos un rápido vistazo al final del siglo XX para ver las enormes consecuencias de este limitado enfoque del progreso material. En pocos siglos exploramos el mundo, fundamos países y creamos un enorme sistema de comercio global. Además, nuestra ciencia venció enfermeda­des, desarrolló formas impresionantes de comunicación y envió al ser humano a la Luna.