Al poco tiempo ya estábamos listos para imprimir y yo había conocido a Salle Merrill, quien me aportó una perspectiva femenina sensible y un énfasis oportuno en la importancia de dar. De los primeros tres mil ejemplares del libro que imprimimos, enviamos por correo o entregamos en forma personal mil quinientos a librerías pequeñas y a individuos de Alabama, Florida, North Carolina y Virginia. Las recomendaciones boca a boca de los primeros lectores se encargaron de todo lo demás.

En seis meses, el libro tenía más de 100.000 ejemplares en impresión, circulaba por los cincuenta estados y se publicaba en países de todo el mundo. Se vendieron tantos ejemplares tan rápido no por la publicidad que yo hice sino porque otros empezaron a regalárselo a amigos de todas partes.

Ir en Pos de Nuestros Sueños

Menciono esta historia para ilustrar que nuestra nueva conciencia espiritual tiene que ver con la concreción de nuestros sueños, una experiencia que siempre estuvo en el centro del esfuerzo humano en todas partes. El universo parece en verdad estar armado como una plataforma para la cristalización de nuestras aspiraciones más íntimas y profundas. Es un sistema dinámico impulsado por nada menos que el flujo constante de pequeños milagros. Pero hay una trampa: el universo está armado para responder a nuestra conciencia, pero nos devolverá sólo el nivel de calidad que pusimos en ella. Por lo tanto, el proceso de descubrir quiénes somos y para qué estamos aquí y de aprender a seguir las coincidencias misteriosas que pueden guiarnos depende, en gran medida, de nuestra capacidad para ser positivos y encontrar una perspectiva consoladora en todos los hechos.

Vivir la nueva conciencia espiritual implica atravesar una serie de pasos o revelaciones. Cada paso amplía nuestra perspectiva. Pero cada paso presenta asimismo su propia serie de desafíos. No basta simplemente con echar un vistazo a cada nivel de conciencia expandida. Debemos tener la intención de vivirlo, de integrar cada grado aumentado de conciencia a nuestra rutina diaria. Basta una sola interpretación negativa para frenarlo todo.