En las páginas que siguen analizaremos esos pasos no sólo en términos de experiencia interior sino desde la perspectiva de sostenerlos firmemente en nuestras vidas y llevarlos a una práctica efectiva.

Experimentar las Coincidencias

Las coincidencias significativas pueden producirse en cualquier momento. Nuestro día puede ir transcurriendo cuando, en apariencia sin aviso previo, un hecho extraño atrae nuestra atención. Podemos pensar en un viejo amigo que no se nos cruzó por la mente durante años; más tarde, cuando ya lo olvidamos por completo, al día siguiente nos encontramos con esa persona. Del mismo modo, podemos ver en el trabajo a un individuo que nos gustaría conocer y ese mismo día encontrar a la mismísima persona sentada frente a nosotros en un restaurante.

Las coincidencias pueden implicar la llegada oportuna de una información especial que queremos pero no tenemos idea de cómo conseguir o la repentina toma de conciencia de que nuestra experiencia con un hobby o interés anterior era una preparación para llevarnos a una nueva oportunidad o un nuevo trabajo. Más allá de los detalles de una coincidencia en particular, sentimos que es muy poco probable que haya sido producto de la suerte o una mera casualidad. Cuando una coincidencia atrae nuestra atención, nos quedamos asombra­dos ante el hecho, aunque sea nada más que un instante. En algún nivel, sentimos que esos hechos estaban destinados de alguna manera a ocurrir, que debían ocurrir en el momento en que ocurrieron para orientar nuestras vidas en una dirección nueva y más inspiradora.

Abraham Lincoln escribió sobre una coincidencia de ese tipo ocurrida en su juventud. En ese entonces, Lincoln pensaba que debía hacer algo más con su vida que ser granjero o artesano como los demás habitantes de su comunidad de Illinois. Un día encontró a un mercachifle que obviamente estaba pasando épocas difíciles y que le pidió a Lincoln que comprara un viejo barril de artículos, en su mayoría sin valor, por un dólar. Lincoln podría haber dejado pasar al comerciante quebrado, pero le dio el dinero y guardó los artículos. Más tarde, cuando limpió el barril, Lincoln encontró entre las latas y los utensilios viejos una serie completa de libros de derecho, con los cuales estudió para ser abogado y siguió adelante para cumplir su asombroso destino.