El psicólogo suizo Carl Jung fue el primer pensador moderno que definió este misterioso fenómeno. Lo llamó “sincronicidad”, la percepción de una coincidencia signifi­cativa. Jung sostenía que la sincronicidad era un principio no-causal en el universo, una ley que funcionaba para llevar a los seres humanos hacia un mayor desarrollo de la con­ciencia.

Jung presenció un ejemplo directo de sincronicidad durante una de sus sesiones de terapia. Su paciente era una mujer particularmente correcta que tenía problemas con su comportamiento obsesivo. Jung estaba analizando sus sueños, con la esperanza de poder ayudarla a ponerse en contacto con el lado luminoso, divertido e intuitivo de su naturaleza. Sus sueños más recientes presentaban una interacción con un escarabajo, pero ella se resistía categóricamente a cualquier intento de interpretación. Justo en ese momento, Jung oyó un golpeteo extraño en la ventana y cuando corrió las cortinas, en la parte exterior de la ventana había un escarabajo, insecto raro en esa zona. Según Jung, el episodio inspiró tanto a la mujer que pudo realizar grandes progresos en su tratamiento.

Es casi imposible que al mirar hacia atrás no veamos un esquema de sincronicidad en los hechos misteriosos que pasaron para hacernos llegar a nuestra carrera actual, nuestro cónyuge o la red de amigos y alianzas en las que confiamos. Mucho más difícil es la percepción de esos hechos tan importantes en la vida en el presente, cuando ocurren. Las coincidencias pueden ser impactantes, como hemos visto. Pero también pueden ser muy sutiles y fugaces y por lo tanto fácilmente pasadas por alto -tal como nos lo indicaba la vieja visión materialista- como si fueran obra del azar o simple casualidad.

Nuestro desafío personal consiste en superar el condicio­namiento cultural que nos lleva a reducir la vida a lo ordinario, al lugar común y a lo carente de misterio. La mayoría de nosotros hemos aprendido a ir por la vida sólo con nuestro ego, a despertarnos a la mañana y pensar que debemos tener un control total sobre nuestro día. Creamos listas mentales inflexibles de proyectos que pensamos llevar a cabo y perseguimos esos fines con una especie de visión de túnel. Sin embargo, el misterio sigue estando, bailando en las orillas de nuestra vida, dándonos visiones fugaces de posibilidades. Debemos tomar la decisión de desacelerarnos y modificar nuestro punto de atención, y empezar a actuar de acuerdo con las oportunidades que se presentan en nuestro camino.