Desde este punto de vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación al cambio, a evolucionar. Después de un breve respiro desde la mano del alfarero, estamos aquí de vuelta otra vez sobre la rueda. El cambio que se necesita de nosotros esta vez no es alguna resistencia a la radiación, sino un cambio en la consciencia. La ecología profunda es la búsqueda de esa consciencia.

Seguramente la consciencia emergió y evolucionó de acuerdo a las mismas leyes que rigen todo lo demás, moldeada por presiones del medio ambiente. En el pasado reciente, cuando fue enfrentada a la intolerable presión ambiental, la mente de nuestros antecesores debe haber sido una y otra vez forzada a trascenderse a sí misma.

Para sobrevivir a nuestra actual crisis medioambiental, debemos recordar conscientemente nuestra herencia evolucionista y ecológica. Debemos aprender de acuerdo con Arne Naess a pensar como una montaña.

Si estamos abiertos a desarrollar una nueva consciencia, debemos hacer frente plenamente a nuestra inminente extinción (la última presión medioambiental). Jonathan Schell explica bellamente esto en su libro El Destino de la Tierra. Significa reconocer la parte de nosotros que se desvía de la verdad y se oculta en la intoxicación o en la hiperactividad, para no ver la desesperación de la especie humana que ya corrió su carrera de cuatro mil millones de años y cuya vida orgánica está sólo a un pelo de terminar.

Una perspectiva biocéntrica, el darnos cuenta que las rocas quieren danzar y que las raíces penetran más profundo que cuatro mil millones de años, puede darnos el coraje para enfrentar la desesperación y penetrar hacia una consciencia más viable, una que sea sostenible y armónica con la vida otra vez.

John Seed

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
John Seed.- Thinking Like a Mountain.-Heritic Books