Nos explicó después que el objetivo final de nuestro trabajo consistía en convertir al sujeto en autónomo, en dueño de su cuerpo. Pero esta independencia sólo puede ganarla haciéndose consciente de la organización de sus movimientos. Necesita conocerse a sí mismo y aceptar la responsabilidad de conocerse mejor que nadie. En caso contrario, buscará siempre la autoridad en otra parte: en un médico, en una droga, en un tratamiento. Incluso llegará a rebelarse contra esas autoridades que él mismo ha puesto en el poder, querrá liberarse, pero será incapaz de ello. Su cuerpo no le pertenecerá jamás si no toma posesión de él.

– No intentemos nunca dominar el cuerpo de otro, amigos míos. Nuestro único orgullo debe estribar en liberarlo.

El respeto del cuerpo humano, la voluntad de ayudar a una persona a descubrir posibilidades que se desconoce, de hacerla más inteligente, más independiente, cosas de las que oía hablar por primera vez después de tres años de estudios clásicos. Hablaba con tanto ardor de temas esenciales, de los que no se decía una sola palabra en ningún otro lugar.

Más tarde, cuando estudié la acupuntura y las técnicas que de ella derivan, comprendí que, si el método de Françoise Mézières se inscribe en algún contexto, ese contexto sólo puede ser el oriental. Al contemplar los grabados de los meridianos o líneas de energía de la medicina china, me asombró comprobar que todos los meridianos de fuerza (yang) se sitúan en la parte posterior del cuerpo, desde la cabeza hasta la planta de los pies, y todos los meridianos pasivos (yin), sobre la cara anterior del cuerpo. Como en el trabajo de Françoise Mézières, en la medicina china el yang no debe prevalecer sobre el yin. El cuerpo se considera como una totalidad. Esta visión del cuerpo, cuya salud depende de la distribución equilibrada de la energía, se opone a la occidental del cuerpo dividido en casillas, cada una de las cuales pertenece al dominio de un especialista diferente.

-Y la gimnasia respiratoria? preguntó un día una joven colega que acababa de terminar sus cursillos en el hospital.