El arte de conocerse a Si Mismo

El arte de conocerse a Si Mismo

Hace ya más de veinticinco siglos, Tales de Mileto afirmaba que la cosa más difícil del mundo es conocerse a uno mismo. Y en el templo de Delfos podía leerse aquella famosa inscripción socrática gnosei seauton: conócete a ti mismo, que recuerda una idea parecida. Conocerse bien a uno mismo representa un primer e importante paso para lograr ser artífice de la propia vida, y quizá por eso se ha planteado como un gran reto para el hombre a lo largo de los siglos. Hay un interrogante que muchos en algún momento del camino nos hemos planteado Quién soy? Cuál es el sentido de la vida? Soy feliz? Tenemos la ilusión de que el mundo exterior nos complete y perseguimos la zanahoria de la felicidad que nunca llega: Cuando obtenga mi titulo universitario voy a ser feliz, cuando me case voy a ser feliz, cuando viaje, cuando tenga hijos voy a ser feliz Y si el único que momento que tenemos para decidir sobre nuestra felicidad es ahora? Y si lo único que puedo disfrutar es El aquí y ahora?

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Nos comenta Ekhart Tolle en su libro EL PODER DEL AHORA: Un mendigo había estado sentado más de treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. – ‘Una monedita’, murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su cuenco. -‘No tengo nada que darle’, dijo el desconocido. Después preguntó: ‘Qué es eso en lo que está sentado?’ – ‘Nada’, contestó el mendigo. ‘Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria’ – ‘Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?’, preguntó el desconocido. -‘No’ dijo el mendigo. ‘Para qué? No hay nada dentro’. – ‘Échele una ojeada’, insistió el desconocido. El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro. Yo soy el desconocido que le dice que mire dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de Ud. mismo. Los que no han encontrado su verdadera riqueza (la Alegría Radiante de haber descubierto quiénes son: Ser, Paz, Amor, Lo profundo, Dios, y la profunda e inconmovible experiencia que acompaña a este maravilloso descubrimiento: estar inundados esencialmente de Ternura, Armonía y Gozo Interior) son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras que llevan ‘dentro’ un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer. La búsqueda interior tiene el propósito de encontrar ese tesoro interno, esa seguridad, esa confianza interna y el amor por uno mismo que luego se extiende a toda la creación. Advertir cómo estamos emocionalmente es el primer paso hacia el gobierno de nuestros propios sentimientos. El conocimiento propio es puerta de la verdad. Cuando falta, no se puede ser sincero con uno mismo, por mucho que se quiera. Querer ver qué es lo que nos sucede y quererlo de verdad, con sinceridad plena es el punto decisivo. Si eso falla, podemos vivir como envueltos por una niebla con la que quizá nuestra propia imaginación enmascara las realidades que nos molestan. Porque encontrar escapatorias cuando no se quiere mirar dentro de uno mismo es la cosa más fácil del mundo. Siempre existen causas exteriores a las que culpar, y por eso hace falta cierta valentía para aceptar que la responsabilidad, es quizá nuestra, o al menos una buena parte de ella. Esa valentía personal es imprescindible para avanzar con acierto en el camino de la verdad, aunque a veces se trate de un recorrido que puede hacerse muy cuesta arriba. Hay un ejercicio muy bueno que puedes hacer muchas veces al día. Por un minuto suelta lo que estás haciendo, retírate a una habitación tranquila y acuéstate en el piso o sobre una cama con los brazos y piernas relajados. Imagínate que te sumerges en un océano de luz. No pienses en nada, quédate sumergido en la luz. Cuando te levantes, te habrás recargado. Puedes también pararte frente a una ventana y con los brazos abiertos respirar profundamente, imaginándote que inhalas luz y exhalas todas tus tensiones. Lo repites varias veces y luego, con el poder de tu imaginación, visualizas que la luz circula a través de todas tus células y de todos tus órganos y al exhalar la dejas salir para iluminar, alumbrar y ayudar al mundo entero.

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Tómate algún tiempo para mirar dentro tuyo y calmar la mente. Así, borrarás todas las impresiones que llevamos en nuestras vidas cotidianas y experimentarás la presencia, lo divino que es el verdadero centro de nuestra existencia.

Fátima Hergenreder.

info@despertarespiritual.com.ar

Estamos despiertos?

Estamos despiertos?

Cómo nos podríamos probar a nosotros mismos, en un momento cualquiera, que no estamos dormidos y soñando? Las circunstancias de la vida son a veces tan fantásticas como las de los sueños, y cambian con la misma rapidez. Qué pasaría si nos despertáramos y encontrásemos que nuestra vida despiertos es un sueño, y que nuestro dormir y soñar son sólo sueños dentro de ese sueño?

Hay una doctrina tradicional, generalmente asociada a la religión, pero que antes y ahora ha sido tema recurrente en la literatura, que dice que nuestro estar despierto habitual no es realmente estar despierto. No es el sueño nocturno, ciertamente, y tampoco es sonambulismo o caminar dormido, pero es, según la tradición, una manera especial de dormir comparable a un trance hipnótico en el cual, sin embargo, no hay hipnotismo sino solamente sugestión o autosugestión. Primero nos dice que, desde el momento del nacimiento y antes, estamos bajo la sugestión de que no estamos totalmente despiertos, y a nivel universal es sugerido a nuestra consciencia que debemos soñar el sueño de este mundo, tal como lo sueñan nuestros padres y amigos. Los niños pequeños, es notorio, encuentran difícil distinguir a primera vista entre esta fantasía, o sea sus sueños de día, y el sueño en el que viven sus padres y que ellos llaman realidad. Más tarde, en la niñez, cuando la sugestión original ha sido incorporada, la autosugestión nos mantiene en este estado más o menos continuamente. Nuestros amigos y vecinos, y todos los objetos que percibimos, actúan como soporíficos y sugestiones de sueño. Nunca más, como ocurrió en nuestra niñez, ponemos en duda lo que nuestros ojos nos muestran como la realidad de este mundo. Estamos totalmente convencidos de que es no sólo real, sino que no hay otra realidad. Soñamos sin poner en duda que estamos despiertos.

La religión, obviamente, presupone que la vida terrestre es un modo de dormir desde el cual es posible despertar a la vida eterna. El Nuevo Testamento, por ejemplo, constantemente usa las imágenes de dormir y despertar. De acuerdo a los Evangelios y a las Epístolas, nos dormimos con Adán y despertamos con Cristo, y la Doctrina nos dice en forma repetitiva que deberíamos esforzamos por despertar desde nuestro estado de vigilia presente y nacer de nuevo. En la literatura han explotado esta idea lbsen y H. G. Wells entre otros escritores. La obra de teatro de Ibsen “Cuando los Muertos Despertamos”, y la novela de Wells “El Durmiente Despierta”, suponen en sus propios títulos que los seres humanos estamos dormidos; pero que podemos despertar.

Es naturalmente difícil, por supuesto, convencernos de que estamos dormidos. Una persona dormida, en la mitad de un sueño, no puede despertarse por sí misma. El sueño puede ser tan desagradable que lo despierta naturalmente o se le debe remecer para que despierte. Muy rara vez nos podemos despertar voluntariamente. Es aún más difícil hacerlo desde un sueño hipnótico. Y si es difícil despertar a voluntad de estos estados de sueño leve, podemos imaginar la dificultad de despertar voluntariamente del profundo dormir y soñar de nuestra vigilia normal.

Pero, cómo convencernos a nosotros mismos de que realmente estamos en un sueño cuando nos parece que estamos en verdad despiertos? Comparando los dos estados de consciencia principales que conocemos y observando sus similitudes, cuáles son las características más destacadas de nuestro dormir ordinario, tal como las conocemos a través de los sueños que recordamos? El sueño ocurre, es decir, nunca lo iniciamos deliberadamente ni creamos sus figuras y eventos. En esto se parece a la vida en vigilia, por cuanto no predeterminamos nuestras experiencias, ni creamos o inventamos las personas ni los eventos con que nos encontramos día a día.

Otro elemento común de nuestro dormir y nuestra vigilia es la variabilidad de nuestra conducta. A veces nos horrorizamos o nos sentimos complacidos recordando cómo nos comportamos en determinado sueño. Es verdad que cualquiera que haya sido nuestra conducta, humillando o halagando nuestro orgullo, no lo habríamos podido hacer de otra manera. Nuestro disgusto o satisfacción es solamente un resultado de la presunta revelación de nuestro ser inconsciente. Pero cómo, fundamentalmente, estos hechos difieren de lo que ocurre en nuestro sueño del estado de vigilia? En el soñar despierto también alternamos entre una lamentable o una buena imagen de nosotros mismos, no por una decisión predeterminada sino porque así sucede, y nuestro desagrado o satisfacción es igualmente contingente en el efecto que el episodio tiene sobre nuestro orgullo. Pero, podemos decir verdaderamente y a priori que, sea lo que sea que pase, deberíamos comportamos así y asá y no de otra forma? No estamos sujetos a la sugestión del momento, siendo proclives a dejarnos alejar de nuestra resolución por la ira, envidia o entusiasmo? Exactamente como en un sueño nocturno, nuestra vida en vigilia siempre nos toma por sorpresa, y nos comportamos constantemente como ni siquiera imaginamos que podríamos hacerlo. Tampoco, mirando en retrospectiva, podemos realmente decir que lo habríamos hecho mejor o peor en una situación pasada. Si se repitiera, no tendríamos duda alguna de poder hacerlo mejor. Pero tomándola tal como fue, con nosotros tal como éramos en ese momento, no habría sido diferente de lo experimentado en un sueño nocturno.

El examen serio de los paralelismos existentes entre los estados de sueño y vigilia revela muchas más similitudes. Sólo se necesita mencionar una más: la manera en que nuestra memoria recuerda los dos estados es muy semejante. Es cierto que de nuestro estado de vigilia conservamos los recuerdos de manera más o menos continua, mientras que nuestra vida de sueños es una serie de recuerdos discontinuos. Aparte de esta diferencia específica, nuestra facultad de memoria parece comportarse de la misma manera en ambos tipos de experiencia. Todos sabemos lo difícil que es evocar a voluntad un sueño de la noche anterior, por vívido que haya sido y aunque todos sus detalles hayan estado en nuestra mente al despertar. En un instante desaparece por completo, sin dejar rastros. La memoria de lo vivido en nuestro estado de vigilia no es tan engañosa ni caprichosa en cuanto a sus características principales, pero es tan vivido hoy día un recuerdo de ayer? Vimos claramente miles de objetos, probablemente incluso les prestamos atención. Escuchamos conversaciones, hablamos, vimos hombres y cosas en las calles, leímos libros o periódicos, escribimos cartas, comimos y bebimos, e hicimos o percibimos una cantidad, que nadie puede enumerar, de objetos y actos. Esto ocurrió apenas ayer, fue el vívido sueño despierto de ayer. Cuántos de estos detalles permanecen en nuestra memoria hoy día? Cuántos podríamos recordar si nos esforzáramos? Tan completamente como los sueños nocturnos, la masa de sueños despiertos cae en el olvido de nuestro inconsciente.

Puede temerse que haya algo mórbido en las especulaciones anteriores, y que realizar un esfuerzo por ver nuestra vida despiertos como si fuera sólo una forma especial de dormir, debería disminuir la importancia que ella tiene para nosotros, y viceversa. Pero esta actitud hacia un posible y probable hecho es en sí misma mórbidamente tímida. La verdad es que así como en los sueños nocturnos el primer síntoma del despertar es la sospecha de que estamos soñando, el primer síntoma del despertar del estado de vigilia -el segundo despertar de la religión- es la sospecha de que nuestro estado de vigilia presente es como estar soñando. Darnos cuenta de que estamos dormidos es estar a punto de despertar, y estar enterados de que estamos sólo parcialmente despiertos es la primera condición para que logremos estar más plenamente despiertos.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Italo Godoy de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Transformacion

Transformacion

La transformación depende de cuatro factores:

A.- Conocimiento
Capacidad de aprender, receptividad para ser enseñado, discernimiento para ubicar lo que necesitamos en un momento dado.

Reglas:
1.- Procura verificar lo que escuchas o lees antes de aceptarlo.

2.- Si no tienes medios para verificarlo, no lo rechaces sin preguntarte si realmente te importa que sea verdadero o falso.

3.- Si realmente te importa, examina la fuente de donde proviene el conocimiento, y pregúntate si estás preparado para confiar en él mientras se te presenta algún medio de verificación.

4.- Nunca tomes nada que aprendas como definitivo. Debes estar siempre dispuesto a reconsiderarlo.

5.- El chequeo cruzado es útil. Nos da confianza comprobar que dos trozos de conocimiento se complementan y confirman el uno al otro.

6.- El chequeo cruzado debe hacerse con asuntos expresados en el mismo lenguaje. Tenemos que estar seguros primero de haber entendido lo que cada cual expresa.

7.- Practica la imparcialidad. No dejes que los gustos y disgustos influencien tu juicio.

8.- Sin embargo, toma muy en cuenta tus reacciones instintivas. Son a menudo más penetrantes que tus pensamientos.

9.- Aprender qué y aprender cómo no es lo mismo y esto nunca debe ser separado. Realmente, no conocemos algo si no sabemos hacer uso de ese conocimiento. Saber cómo – aprender un procedimiento- no nos llevará lejos a menos que sepamos qué estamos haciendo. La teoría y la práctica deben ir juntas si queremos resultados.

10.- Recuerda que todo conocimiento parcial es precario. Siempre trata de ver el total al cual pertenece determinado item de conocimiento. Si no logras ver el todo, es mejor hacer el intento que quedarse con un fragmento aislado.

11 – Abre tu mente más y más.

12.- El conocimiento que es compartido se comprende mejor que el que es cuidadosamente atesorado. Aprendemos mejor enseñando, así nunca olvidamos nuestra propia ignorancia, y recordemos que el aprender-enseñar es un proceso de doble vía en el que el profesor recibe tanto como el alumno.

El conocimiento da orden y un sentido de dirección a nuestra vida, pero, por sí mismo, no nos transforma.

B.- Lucha

Uno debe organizar una lucha de deseos o impulsos, la lucha del sí y el no. La lucha con uno mismo puede llamarse auto disciplina o trabajo sobre sí. Sólo podemos hacerlo si estamos conscientes de no ser uno sino varios.

Si estamos identificados, no luchamos, Necesitamos un shock. Si es físico, lo llamamos darse cuenta; si es mental: despertar de la atención; si es moral: remordimiento de conciencia

Reglas:

1.- Recuerda siempre que sólo puedes luchar en el momento presente.

2.- Organiza tu lucha. Elige contra qué lucharás y repite el acto tan a menudo como estés consciente del impulso contra el que quieres luchar.

3.- Usa tu discriminación. No seas demasiado ambicioso. Aprende a medir tu propia capacidad.

4.- la persistencia hará lo que no consigue la fuerza. La gota de agua horada la piedra.

5.- No temas luchar. No te hará ningún daño.

6.- Recuerda que la lucha presente es la llave de la futura felicidad.

7.- No te lo lleves cambiando. Un modesto plan de acción llevado hasta su fin produce asombrosos resultados.

8.- Formula decisiones sólo cuando estés seguro de tener la intención y la habilidad de llevarlas a cabo.

9.- Cuando dudes de tu habilidad, formúlate el propósito de que harás lo posible. Entonces tu posible deberá ser tu decisión.

10.- Nunca te detengas a lamentar fracasos ni trates de excusarlos. Ellos ya están fuera de tu momento presente y no hay nada que puedas hacer acerca de ellos.

11.- Tu cuerpo es ignorante, sé justo con él. Tus sentimientos cambian, no cuentes con ellos. Tu mente es volátil, no esperes que permanezca estable dentro de tu momento presente. En resumen, sé realista respecto a ti mismo.

12.- Nunca olvides que nadie puede luchar por ti.

La lucha es la organización del deseo. A no ser que algo en uno quiera hacer el esfuerzo, no podremos hacerlo.

C.- Sacrificio

Renunciar a algo a lo que estamos atado, es desapego. El hacerlo nos da libertad interior A veces, es aceptar que algo valioso nos sea quitado.

La esencia del sacrificio es la decisión (patriarca Abraham).

Reglas:

1.- Cualquier deseo de ser recompensado por un sacrificio, destruye su valor.

2.- Sé inteligente en tu decisión de objetos a sacrificar.

3.- No sacrifiques a expensas de otros, salvo que lo puedas restituir.

4.- Un sacrificio a medias no es un sacrificio.

5.- Sacrifica lo que es precioso para ti en el momento presente.

6.- Nunca aceptes retribución por un sacrificio,

7.- No seas falto de criterio e intentes sacrificios que después lamentarás.

8.- Mide lo que puedes soportar. Esa es la medida de lo que tú eres.

9.- Investiga en ti tus apegos y pregúntate si eres capaz de sacrificar alguno de ellos.

10.- El sacrificio correcto es hecho por una razón correcta; pero no por un buen resultado.

11.- Guarda tu sacrificio oculto de los otros, y si no es posible, procura aparentar que lo hiciste por gusto.

12.- Un sacrificio no debe ser el resultado de una lucha, sino de una decisión. Es un acto decisivo hecho en un momento, sin hesitación y sin segundos pensamientos.

D.- Ayuda

Si sacrificio es alejar algo valioso del momento presente, ayuda es permitir entrar algo valioso.

La ayuda se parece al conocimiento en que entra en nosotros desde fuera; pero es diferente de éste porque no entra a través de nuestra mente (intelecto, inteligencia). No viene del mismo plano en que vivimos.

Quienes la dan, han encontrado la manera de conectarse con una fuente que está fuera del momento presente, y pueden trasmitirla a quienes están con ellos cuando la reciben.

La ayuda actúa como un catalizador. No es propiedad de nadie, todos podemos recibirla directamente o a través de otros que actúan como canales de distribución: hombres santos, lugares santos, maestros de sabiduría, rituales, ceremonias iniciáticas.

La ayuda espiritual o sobrenatural es llamada gracia Al caer sobre una persona, produce una conversión; sobre una comunidad, dones carismáticos.

A veces ocurre espontáneamente, porque sí, que todo parece facilitarse y las puertas se abren solas. Otras veces, aparece ayuda en la más profunda desesperación, cuando todo parecía perdido. La naturaleza aborrece el vacío, cuando tú te vacías, la ayuda puede entrar.

Todas las sagradas figuras: Cristo, Buda, Mahoma, Ramana Maharshi, son fuentes de ayuda de las que fluyen corrientes de energía disponibles para sus seguidores.

J. G. Bennett

Traducido y extractado por Farid Azael de
J. G. Bennett.- Transformation
Claymont Communications
West Virginia.- USA

El Control de las Emociones

El Control de las Emociones

El hecho es que cuando nos dejamos llevar por la ira u otra emoción negativa, somos incapaces, excepto en muy raros casos, de razonar como lo hacemos habitualmente. Si realmente tuviéramos un desarrollo de nuestro poder mental, como el que da un entrenamiento especial, podría tal vez ser posible contraponer el pensamiento a la emoción, y esperar una victoria del pensamiento. Pero, tal como son las cosas, no sólo nuestro desarrollo mental es inferior a nuestra emocionalidad animal, sino que además la energía de nuestro pensar cotidiano es de menor voltaje que la de nuestra emoción. En orden de intensidad, la energía de nuestro instinto, emoción y pensamiento están en la misma gradiente que la electricidad, el gas y el vapor. Por lo tanto, una gran cantidad de las energías más bajas es necesaria para contraponerse a una cantidad relativamente pequeña de energía de mayor voltaje, El razonamiento en contra de la ira u otra emoción negativa es como enfrentar una cantidad igual de energías de diferente intensidad. El resultado es previsible.

Cuando el razonamiento parece producir algún efecto sobre una emoción negativa, la explicación se encuentra en la mezcla de algún otro sentimiento o en la adición de algún poderoso instinto. Por ejemplo, las cosas nos provocan menos cuando estamos bien físicamente. Nuestro cuerpo está lleno de vitalidad y sostiene al débil razonamiento contra la amenaza de una explosión emocional. Similarmente, cuando tenemos un sentimiento de amor, miedo o cualquier otro, su ayuda puede socorrer a la razón a suprimir o sobrellevar un ataque de ira. La mayoría de las prescripciones comunes contra ella consisten en uno de dos ingredientes. Caen, de hecho, en dos clases: prescripciones de orden físico y prescripciones que consideran otros sentimientos aparte de la emoción negativa misma. Cuando Kipling dice que la cura para disminuir la presión de un arrebato es cavar hasta transpirar suavemente, o Gilbert recomienda un placebo contra la melancolía, están haciendo prescripciones del primer tipo. Y cuando nuestros padres, guardianes y amigos apelan, como dicen, a nuestra mejor naturaleza o invocan una imagen de miedo, inconscientemente preparan una prescripción del segundo tipo.

Ambos tipos de prescripción, evidentemente, podemos aplicarlas a nosotros mismos, si tenemos la resolución de hacerlo. Pero hay un placer infantil en ser recetados y recibir atención, y las pataletas son particularmente infantiles en sus demandas de ser regaloneados. Las naturalezas más adultas, sin embargo, pueden prescribirse a ellas mismas, y tomar su propia medicina. Es, de hecho, una señal de ser adulto el que podamos transar con nuestras emociones negativas (al menos cuando son relativamente suaves). Las emociones negativas más serias, como ataques severos de inseguridad o celos, están más allá del poder de la mayoría de los adultos para tratarlas por ellos mismos. Los dos tipos de prescripción sirven normalmente en casos que exceden la auto aplicación; y es igualmente difícil inducir al paciente a aceptarlas de otra persona. Entonces no hay nada que hacer, excepto esperar hasta que la emoción negativa se haya gastado sola, a veces con perjudiciales consecuencias para los involucrados.

Supongamos que un hombre o una mujer estén verdaderamente deseosos de trabajar sobre sus sentimientos oscuros de ira, desesperación, miedo, celos, odio o, en resumen, sus emociones negativas. Significa eso algo?

Para comenzar, es necesario admitir en uno mismo que este estado emocional es una enfermedad nerviosa. El paciente debe aprender a decir: estoy enfermo. La tendencia, por supuesto, es culpar a la supuesta causa, situación, persona o incidente que pareciera haber provocado la enfermedad. Pero no hay alivio en justificarse. Nadie nunca se ha recuperado de un acceso de mal humor culpando a la causa imaginada. Es mil veces mejor y verdadero decir: estoy enfermo, que decir o sentir: esto y lo otro me hizo enfermar. Esta actitud hacia las emociones negativas ya comienza a modificar su furor. Tiene algo de la magia del aceite sobre las olas.

Pero no es suficiente adoptar una actitud, aunque sea la correcta. Algo se debe hacer, dado que Satán siempre encuentra un mal uso para la energía libre que tenemos, y las emociones negativas son sólo despilfarro de energía. El Demonio vive en nuestra energía malgastada.

Trate de no pensar en la supuesta causa de la emoción o en las cosas y circunstancias que estén en su trasfondo. El pensar en un estado de emoción negativa necesariamente se ve distorsionado por el agitado medio que ella produce. Es como mirar un objeto a través de aguas tumultuosas y turbias. Pensar en este estado jamás conduce a la verdad.

Trate también de no sentir. Esto se ve imposible a primera vista, parece un consejo para dejar de sentirse desdichado. Pero todos sabemos que es posible convivir o no con un sentimiento. Todos conocemos la tentación de apretar con la lengua un diente que está doliendo, para que duela más. La recomendación de no sentir no es demasiado irrelevante. No sienta más de lo que puede soportar.

Pero el secreto no está contenido en alguno de los alivios anteriores. Es algo totalmente diferente, que puede ser descrito como sigue: cuando se está con un sentimiento amargo o en su proceso de desarrollo, observe y note sólo su estado físico. El cuerpo es a veces muy elocuente, muestra un conjunto especial de síntomas para cada sentimiento. Observe y note, a manera de curiosidad personal y científica, cómo su cuerpo manifiesta los malos sentimientos. Por ejemplo, su boca puede secarse o tener un sabor desagradable. Su piel puede sentir picazón, algunos músculos pueden contraerse, puede tener indigestión, náuseas o sentir el corazón oprimido. Los síntomas se revelan por sí mismos. Si usted simplemente los observa, anota y enumera, como si los estuviera recopilando para una novela o texto de psicología, verá que cuando haya terminado, habrán desaparecido, Habrá ahorrado energía al usarla para observar.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Italo Godoy de
A. R. Orage.- “Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Aprender a Pensar

Aprender a Pensar

Damos por supuesto que el hombre es un animal pensante. Pero existe un mundo de diferencia entre lo que puede ser llamado pensamiento natural y aquel deliberadamente desarrollado y entrenado. El hombre es también por naturaleza un animal usador de herramientas. Pero sabemos la diferencia que hay entre la capacidad de uso de herramientas entre los fueguinos y la de un ingeniero civil adiestrado; y conocemos la diferencia entre esa capacidad del ingeniero y la de un funcionario inexperto. Esto es con seguridad un asunto de posibilidades innatas. Ningún sistema de educación técnica aplicada a un fueguino podría hacer de él un Edison. La herencia racial fija límites, los cuales, si bien puede ser que nunca se alcancen, de ninguna manera pueden ser sobrepasados.

Por otra parte, dada una misma herencia racial, el desarrollo de las posibilidades connaturales depende del empleo que cada cual dé a sus recursos. Un empleado puede convertirse en un ingeniero de primer orden; sus dotes hereditarias pueden permitirlo perfectamente. Pero en la ausencia de un desarrollo y entrenamiento adecuados, su capacidad potencial nunca se hará realidad. Lo mismo es con el pensamiento. La humanidad varia racialmente en un muy alto rango. Pero, aun en la misma raza, individuos con las mismas posibilidades hereditarias realizan sus capacidades en grados muy distintos. Y la diferencia, en su caso, depende del entrenamiento.

Hay dos tipos de entrenamiento que tienen el efecto de desarrollar y realizar una determinada capacidad hereditaria para pensar: el adiestramiento accidental y aquel debido a un proyecto deliberado. Supongamos, por ejemplo, que dos muchachos con la misma capacidad pensante potencial son colocados, el uno como ascensorista y el otro como aprendiz de ingeniero. Es obvio que este último tendrá que desarrollar más su capacidad pensante que el primero, por la sola condición de tener que adaptarse a su trabajo. Potencialmente son iguales, comienzan nivelados. Pero debido al hecho de que las circunstancias apremian a uno de ellos, pero no al otro, a desarrollar su potencialidad y realizarla, él parece ser, y es, un mejor pensador, es decir, más humano.

Podemos llevar esta idea aún más lejos. La gran mayoría de la gente tiene grandes potencialidades de pensamiento, mucho más allá de lo que comúnmente se sospecha: pero muy rara vez se dan las circunstancias a su alrededor de tal manera que necesiten actualizarse, así la gran mayoría muere sin darse cuenta de más que una fracción de sus poderes innatos. Los que han nacido para ser millonarios viven y mueren en la pobreza por la carencia de circunstancias que los habrían compelido a convertir su pasivo en activo.

Pero es sólo a un nivel pequeño que podemos controlar las circunstancias. Por una parte, la mayoría de aquellas que nos influyen fueron determinadas antes de que fuéramos lo suficientemente mayores como para haber tenido derecho siquiera a participar. Por otra parte, dichas circunstancias dependen en alto grado de aquello que llamamos suerte u oportunidad. Y aun cuando nos parece tener una decisión en nuestras propias manos, nuestra elección es en gran medida limitada y predestinada por nuestras circunstancias casuales pasadas. Teóricamente podemos ponernos en cualquiera de muchas situaciones diferentes en el día de mañana, que nos presionen a pensar. Pero sólo en una de mil veces elegiremos las futuras situaciones por su valor para nosotros como oportunidad para desarrollar pensamientos, en vez de hacerlo sólo de acuerdo a nuestros hábitos ya formados. De hecho, las circunstancias nos elegirán a nosotros. Así, si el desarrollo de nuestro poder de pensamiento es dejado a su merced, las oportunidades para un enriquecimiento que sobrepase lo natural, es decir, lo fácil. son remotas. No pensaremos más de que es necesario pensar y nuestro nivel de desarrollo dependerá del puro y simple azar.

El entrenamiento no natural, y que no depende de las circunstancias, puede ser considerado y deseado deliberadamente; y, al contrario del primer tipo de entrenamiento, requiere del empleo de ciertos ejercicios determinados. Un herrero no necesita ejercicios gimnásticos para desarrollar los músculos de sus brazos; ellos se fortalecen naturalmente durante el curso de su trabajo. Pero un escribiente que desee ser un atleta debe practicar ejercicios físicos deliberadamente con ese fin. De igual forma, para un hombre cuyo trabajo no requiere esfuerzo mental, o para uno cuya ocupación eventual no le exige suficiente esfuerzo o un esfuerzo lo suficientemente variado para satisfacer su percepción de capacidad innata, los ejercicios especiales y el entrenamiento en pensar son indispensables. Posiblemente él no llegue a parte alguna sin ellos. A menos que realice ejercicios especiales, está condenado a sólo permanecer tan desarrollado como las circunstancias lo demanden, Su poder de pensamiento es creado por circunstancias casuales.

Hay muchos colegios cuyos profesores enseñan ejercicios diseñados para desarrollar el poder del pensamiento. Algunos son buenos; otros, malos; y es difícil distinguir entre ellos sin una prolongada observación que involucra la pérdida de mucho y valioso tiempo. Existe alguna forma simple pero efectiva, que cualquiera pueda emplear sin profesor, sin clases, con la sola resolución de conseguir algo?

Dado el deseo de desarrollar el propio poder de pensamiento y así pensar como un hombre y no como una máquina, existe alguna forma de fácil alcance que cualquiera de nosotros pueda empezar a practicar? Sin ir a un gimnasio el empleado puede desarrollarse físicamente, al menos lo suficiente para brindarse mucha satisfacción. Puede uno desarrollarse mentalmente de similar forma y bajo similares condiciones? La respuesta es sí.

Sáquese el reloj y observe el recorrido del segundero. Realiza su circuito en sesenta segundos. Observe el puntero desde que comience un nuevo círculo sin dejar que su ojo vague desde él al dial del reloj, sino que manténgalo enfocado al puntero que se mueve. Cuando usted esté honestamente seguro de que puede mantener su foco de atención en el segundero durante una revolución completa, habrá dado un importante paso en el desarrollo deliberado de su poder mental.

Ahora otro paso. Manteniendo su enfoque como antes, cuente mentalmente del uno al diez y viceversa, lentamente, durante el curso de una vuelta del segundero. Notará que esto requiere una doble atención. Usted está observando el movimiento del puntero y al mismo tiempo contando deliberadamente, Al principio puede ser fácil, pero repítalo una y otra vez hasta que se vuelva difícil; entonces hágalo ! Esta es una recomendación muy importante.

El siguiente paso es agregar a estas dos actividades simultáneas una tercera. Mientras continúa observando el segundero y contando mentalmente, dígase algunos versos que conozca.

Practique a menudo, dondequiera que tenga minutos libres, y el efecto en su poder mental y concentración será rápidamente notorio.

A. R. Orage

Traducido y extractado por Silvia Rodríguez de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

La Vida como Gimnasia

La Vida como Gimnasia

LaVidaComoGimnasiaEn una y mil frases indicamos la importancia de la “actitud correcta”: lo tomé con la actitud correcta”; “su actitud no estuvo bien”; “tendrás que cambiar tu actitud si quieres lograrlo”; la actitud adecuada”, y todo eso. Qué queremos decir con “actitud”? Nos referimos al estado general de una persona respecto a algo o, más bien, a su estado emocional al apreciarlo. Si ella siente suspicacia, su actitud es de recelo. Si siente miedo, afecto, confianza, esperanza, su actitud es correspondiente a sus estados internos. Cualquiera sea la emoción u opinión producida por el objeto, la actitud es determinada por ella.

Podemos cambiar nuestra actitud hacia las cosas? Es obvio que nuestra actitud puede ser cambiada por nosotros según las circunstancias. De hecho, respecto de la mayoría de los objetos y personas nuestras actitudes cambian casi todos los días. Un día estamos así y así y nos disponemos, consecuentemente, a actuar asá y asá; pero al día siguiente, debido a alguna causa externa o interna, nuestra actitud ha cambiado y somos fríos donde éramos cálidos. La observación de nosotros mismos mostrará con facilidad cuán infinitamente cambiantes somos en nuestras actitudes, esto es, en nuestras respuestas emocionales a las cosas. Pero la cuestión es: podemos cambiar nuestra actitud voluntariamente, a nuestro propio arbitrio, sin el estímulo de un cambio en el objeto? Si pudiéramos hacerlo, estaríamos en la senda de convertirnos en maestros de nuestro propio destino, ya que las circunstancias pueden afectarnos sólo si somos proclives a ello. Si puedo adoptar cualquier actitud que escoja – esto es, tener cualquier emoción que quiera – entonces cualquier cosa que eventualmente suceda es igual para mí. Puedo sentir acerca de ello como me plazca.

Semejante dominio está muy lejano para la mayoría de nosotros; pero no hay duda de que podemos empezar a alcanzarlo. Por ejemplo, cuando nos encontramos en una actitud frente a frente con una situación o persona, que es muy dolorosa como para continuar, tratamos de cambiar el objeto, y, fallando esto, cambiamos nuestro estado en relación a él. La fábula del zorro y las uvas es aplicable aquí. Habiendo tratado en vano de obtener las uvas, el zorro se convence a sí mismo que no estaban maduras. Al imaginarse las uvas ácidas, el zorro indujo una emoción diferente, o una actitud en sí mismo. Dejó de percibir las uvas en la forma apetitosa que las había percibido anteriormente. La conclusión práctica a inferir es que la imaginación es la manera por la cual nuestra actitud puede ser controlada. Nuestras emociones son evocadas por nuestra imaginación; y en la medida que ella esté bajo nuestro control, nuestras emociones y actitudes también los estarán.

Es claro que la actitud dominante de nuestras vidas es nuestra actitud o respuesta emocional hacia la vida misma. Esto colorea todo. Como vulgarmente decimos, algunos “ven todo color de rosa”, y otros tienen una lúgubre visión” de la vida. Otros aún tienen una actitud seria, o atolondrada, o religiosa, o deportiva. Hay tantas actitudes como personas, aunque todas pueden reducirse a un número definido o a grupos. Y en cada caso su actitud dominante determina todas las otras actitudes subordinadas. Por ejemplo, si su actitud característica hacia la vida es sombría, aún sus estados de ánimo pasajeros de alborozo serán afectados; ellos serán, muy probablemente, intensos y breves. 0 si su actitud dominante es festiva y despreocupada, sus momentos de depresión pueden ser profundos pero fugaces. Prácticamente toda doctrina, religiosa o seglar, y toda enseñanza, institucional o personal, tiene por objetivo la inducción de un cambio en la actitud hacia la vida. Igualmente, la mayoría de los sistemas de terapia, incluyendo la Ciencia Cristiana y el Psicoanálisis, apuntan consciente o inconscientemente a producir un cambio medular – o de actitud – en sus prosélitos o pacientes. Así, todo el énfasis ha sido colocado en los efectos sobre el organismo como una totalidad, por lo que todo método que apunte al mejoramiento de la persona debe comenzar por corregir la actitud hacía la vida.

Hemos visto que la actitud es condicionada por la imaginación. Lo que usted imagine que una cosa es, necesariamente tiene que sentirla así. Si se imagina que una cuerda enrollada sobre el camino es una serpiente, sentirá y actuará de acuerdo a ello. Cuando descubra su error, y tenga una visión acertada de la cuerda, su actitud emocional cambiará.

Cómo es nuestra imaginación en la vida? Cómo tomamos las cosas? Para nosotros, es una cuerda enrollada o una serpiente? Puede resultar imposible el saber, sin estar sujeto a error, lo que la vida es; pero en tal caso, somos libres de imaginar que ella es lo que nos plazca; y es sólo sentido común imaginarla como algo útil. Todos los sistemas religiosos y similares pretenden inducir en nosotros una actitud útil hacia la vida; esto es, una actitud en la cual actuemos libre y útilmente para con nosotros mismos o alguien más. Algunas religiones y sistemas intentan inducir una actitud de sumisión hacia la vida, con el propósito de hacer uso de nosotros para su propio provecho. Otros muy pocos intentan provocar una actitud activa o creativa en nosotros para comprometernos a una cooperación voluntaria. Y todos ellos proceden igualmente con un método común, cambiando nuestra imaginación acerca de la vida.

Podemos nombrar algunos cuadros típicos, cada uno de los cuales al ser recordado, nos inspira o hace evocar sus propias emociones y consecuente conducta. Existe el cuadro “Puritano”, que representa la vida como un estricto y estrecho colegio. Esto evoca la actitud del nervioso escolar en constante presencia del severo maestro. Otro es el cuadro ” Pagano” de la vida, como una orgía de dioses griegos invitando a los hombre a beber y festejar con ellos. La visión “Seria” de la vida imagina a “Dios” luchando con unas casi impotentes fuerzas por la redención de la materia. La emoción o actitud evocada es del tipo de “ayudando al pobre Padre”. La visión “Científica” aprecia la vida como un mecanismo insignificante que no va a ninguna parte. La visión “Estética” estima la vida como un artista, produciendo y exhibiendo obras de arte, con el hombre como su espectador apreciativo. Y así, cada visión es diseñada para evocar una actitud o respuesta emocional útil para alguien u otros, ya sean los predicadores o sus congregaciones.

Puede ser que cada visión, a su tiempo, sea útil; pero, para la mayoría de nosotros, en los tiempos actuales, la imagen de la vida como un gimnasio es un tónico muy necesario. Compare la diferencia en su actitud – respuesta emocional – al entrar a un gimnasio respecto de entrar en, digamos, un cabaret, un salón de conferencias, o una casa en duelo. Trate de darse cuenta de cómo realmente se siente. En un gimnasio usted está motivado por la intención de fortalecerse, disfrutando las dificultades que usted mismo elige afrontar. Se va sintiendo cada vez más vigoroso y eficaz. La concepción griega clásica de la vida era exactamente esa. Todo el mundo sabe que el Gimnasio, con sus conferencias y discusiones tanto como por el ejercicio físico, fue la institución más popular de la Grecia Pitagórica. Lo que no es tan bien conocido es que para los griegos el Gimnasio fue un símbolo de la vida por sí mismo. Sus dioses manejaban este planeta como un gimnasio para el ejercicio de los hombres, y todas las experiencias debían ser consideradas como movimientos, jugadas, intervalos, luchas, carreras, competencias, etc. Los modernos encontrarán lo que los antiguos encontraron en esta imagen de la vida: la evocación de una emoción creativa.

Es difícil ver en qué otra dirección nosotros los modernos podemos buscar una nueva imagen y consecuente actitud hacia la vida. No tenemos muchas posibilidades en la religión en su forma tradicional. La bondad habitual – en el sentido de hacer lo que otros llaman bueno – no es un llamado a la inteligencia. Ahora, después de las sucesivas guerras, la fe en el progreso del mundo es superstición. Pero la limpia y fuerte idea de la vida como un campo de ejercicios para el desarrollo de todos nuestros músculos – físicos, emocionales, intelectuales – tiene aún la incorruptible cualidad de un idealismo apto tanto para el hombre como para la mujer. Y una vida vivida en esa actitud tendría que ser tan interesante como provechosa.

A. R. Orage

Traducido y extractado por Silvia Rodríguez de
A. R. Orage.- “Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.