Llegar a Ser un Mejor Compañero para Sí Mismo

Llegar a Ser un Mejor Compañero para Sí Mismo

Es descubrir que la soledad puede ser fecunda y plena. Que es posible no aburrirse con la propia compañía. Ser capaz al enfrentar a otro, de prolongar la mirada más allá de las primeras impresiones y tener también una mirada benevolente y estimulante para sí mismo.

Es poder salir de una relación de privación consigo mismo causada por el no reconocimiento de las propias necesidades, de los propios deseos, pues a menudo somos, en lo que a nosotros se refiere, un padre crítico y exigente, poco gratificante y poco alentador.

La peor de las pobrezas no está en lo que nos falta, sino en la ignorancia profunda de todo lo que tenemos.

Ser un buen compañero para sí, es aceptar desarrollar una mayor plenitud, no suprimiendo o colmando las carencias, sino que no manteniendo la herida que las rodea. Pues demasiado a menudo corremos el riesgo de mantener nuestro propio sufrimiento ligado a las carencias, buscando compensarlas desde el exterior, atribuyendo así al otro el poder de restaurarnos. En esta actitud nuestra sobrevive la dependencia infantil en la que hemos vivido durante numerosos años, desde el comienzo de nuestra vida extrauterina cuando esperábamos satisfacción a través de los hechos, gestos y palabras de otro. Todo sucede implicita o explícitamente como si yo tratara de poner al otro al servicio de mis deseos y de mis temores.

Yo he encontrado en estos últimos años algunos puntos de referencia que me han permitido ser un mejor compañero para mí mismo. He aprendido a definirme mejor y a aceptar ser para mí el buen padre y la buena madre que hubiera querido tener.

Para definirme mejor en una relación, he aceptado aprender a decir no para poder después decir sí de verdad.

He aprendido a decir sí atreviéndome a decir no.

Conociendo mejor mis zonas de tolerancia, he podido descubrir más pronto lo que es bueno o malo para mí en una situación dada y así evitar mantener aquello que no sea beneficioso para mí.

He podido aprender a estar más en el presente, en el aquí y el ahora, y no atrapado entre el pasado y el futuro, ya sea, fijado o perdido en un pasado que me persigue, o encerrado en la dependencia de un futuro siempre incierto o amenazante.

He aprendido que poniendo incondicionalmente en las manos de otro mi placer o la satisfacción de mis necesidades, corro el riesgo de producirme muchas frustraciones.

Puedo establecer mi ritmo en la realización de un proyecto, definir mejor mi territorio, afirmar y desmalezar mi espacio, darme tiempo, sin tener que rendir cuenta de lo que pienso o siento, de lo que hago o no hago.

Puedo desarrollar en mí la capacidad de pasar del deseo al proyecto, de inscribir mis sueños en la realidad asociándolos a mis posibilidades. Nos quedamos demasiado a menudo pegados en un nivel de dudas, de remordimientos, de amargura, de impotencia, sin imaginar que es posible confrontar con la realidad lo que somos, sentimos o ensayamos.

Es cuando estoy comenzando uno o dos proyectos sobre mí que yo me inscribo en la vida.

Ser un buen compañero para sí es aceptar ser solicito, benevolente, aun indulgente, respecto al propio cuerpo y a ciertas necesidades vitales: nutrición, sueño, vestimenta, habitación.

Doy muestras de respeto, de atención, por ejemplo, a mis comidas? Si tengo que cenar solo, puedo darme la molestia de adornar la mesa y de colocar buena música.

Puedo cuidar mi vestimenta y mi bienestar. Puedo darme el tiempo de pasar un buen momento en mi propia compañía. Puedo también volver a introducir la risa en mi vida, el sentido del humor sobre mí mismo.

Puedo cambiar la manera como me contemplo en el espejo en las mañanas. Puedo tener gestos plenos, armoniosos. Saber gozar del placer de no tener que preocuparse de otro durante un espacio de tiempo. Salir, leer, relajarse en un baño tibio. Entrar en el bienestar de sí para después ofrecer esto a otros.

Cuántos se privan de una relación viviente con ellos mismos por estar buscando sin cesar la aprobación o el control de los otros.

El que no soporta estar solo intentará sin descanso huir de sí en citas, teléfono, salidas, fiestas… Si no se basta a sí mismo, en la noche impondrá su presencia, o su cuerpo, a una pareja. Va a jugar lo que nosotros llamamos relevo relacional>>. Traspasará su insatisfacción, su desvalorización, o su angustia a un (a) otro (a) quien la pasará o intentará pasarla a un tercero (a).

Aceptando reconocer como suyas las insatisfacciones o los malestares, reconociendo sus necesidades y sus sentimientos reales, cada uno puede confirmarse en lo que es, en lo que él experimenta y buscar en sí lo que le es necesario para cambiar su estado. Le será posible también emprender una acción para afrontar o disminuir esta necesidad, este anhelo de compañía: pero tiene que ser un acto nítido, claro, un llamado que pueda ser percibido, no un llamado indirecto, compulsivo, inaudible. En caso contrario, aceptar la soledad como una parte y no como la totalidad de la vida.

Si la necesidad o el anhelo de compañía no son satisfechos en lo inmediato, habré al menos podido reconocerlo, nombrarlo, acogerlo en mí en lugar de dejarlo desarrollarse bajo una forma indeterminada de angustia, de malestar, de autocompasión.

Ser un buen compañero para sí no será vivir como un autista, en un universo cerrado, reacio a todo cambio. Será entrar en diálogo, en relación con diferentes aspectos de sí mismo para conocerse y comprenderse mejor, justamente para llegar a ser más sensible, más congruente y por lo mismo más atractivo, más viviente, para sí y para otros.

Jacques Salomé.

Traducido y extractado por Mónica Pérez de
Question de, N 76
Editions Retz
París

Filosofía y Religion de los hombres N 1, 2, 3 y 4.

Filosofía y Religion de los hombres N 1, 2, 3 y 4.

Salvo el N 4, no son libres, ni tienen consciencia ni voluntad propia, sino la impuesta vegetativamente por su cuerpo.

La filosofía y religión del hombre N 1.

Es la correspondiente al hombre fundamentalmente instintivo, que puede basarse, tanto en las apariencias de los fenómenos naturales meramente observables y convencionales, como conformarse sin fundamento de manera completamente caprichosa y fantasiosa. Corresponde a una preponderancia del primario sistema cerebral reptiliano.

La filosofía y religión del hombre N 2.

Es la propia del hombre fundamentalmente emocional y por ello es más idealista que racionalista. No hay excesiva preocupación por la contradicción o congruencia que ésta pueda tener respecto a los fenómenos naturales. Es completamente dualista puesto que separa la mente del cuerpo o las cosas del cielo y la tierra sin solución de continuidad. Corresponde a una preponderancia del hemisferio cerebral derecho y a las intuiciones o visiones que éste puede proporcionar por medio de la oración o la meditación-contemplación.

La filosofía y religión del hombre N 3.

Es la correspondiente al hombre básicamente intelectual, dualista y pragmático de corte cartesiano, aristotélico, kantiano o nietzcheano. Es una filosofía y religión muy limitada puesto que está basada en formalismos, especulaciones teóricas, puros convencionalismos y prejuicios intelectuales y científicos de su época. Representa la preponderancia del hemisferio cerebral izquierdo y su funcionalidad lógico-reduccionista.

Todas estas personas N 1, 2 y 3, así como sus filosofías y religiones, representan fundamentalmente un funcionamiento cerebral desequilibrado, prejuicioso, subjetivo y apenas unificado; que, por lo tanto, reacciona impuesta e instintiva, emocional o intelectualmente de modo preponderantemente conductista y tan automático como cualquier otra función cerebral de las llamadas convencionalmente vegetativas como la respiración, digestión, etc.:

De tal modo, la persona no puede elegir ni dirigir libremente sus instintos, gustos o modos de pensamientos, e igualmente no puede dominarlos ni modificarlos significativamente. Por ello no tiene ni libertad, ni voluntad ni consciencia realmente personal sino impuesta por su cuerpo y circunstancias. Así, su visceral filosofía, religiosidad, sensatez, vanidad, egoísmo, etc, permanecen y se imponen a su libertad y voluntad hoy como antaño, cambiando sus formas y apariencias, pero no su contenido esencial.

No hace falta, pues, ser muy perspicaz para comprender que durante el correr de los siglos no se puede traspasar esa barrera evolutiva de modo natural-vegetativo o automático por el simple vivir. Y ello es lógico, ya que la consciencia, voluntad y libertad no se pueden dar, transmitir o imponerse. Pues así como hay músculos involuntarios y otros mixtos que sí permiten su ejercitamiento por propia voluntad neuromuscular, como por ejemplo la respiración, igualmente tenemos que lo que llamamos convencional y erradamente libre voluntad, funciona siempre de modo automático y condicionado. Como lo demostró el Premio Nobel Roger Sperry, funciona de tal modo que cuando un hemisferio cerebral está muy activo, el otro está muy lento, sin ofrecer la necesaria interacción mutua que se traduciría en un contrapunto fusionado de regulación libre.

Pero tal situación vegetativa puede cambiar, ya que tenemos un cerebro que además de ser mixto o contradictorio, con dos hemisferios cerebrales opuestos, tiene capacidad y posibilidad de auto-regulación por medio del sistema Límbico – vía cuerpo calloso cerebral – que hace de conciliador de la emoción y la razón. Esto permite que la razón y la emoción puedan dominarse, modificarse y evolucionar libremente de modo conjunto y contrapunteado. Por lo tanto, a menos que se haga uso constante y adecuado de esta capacidad de auto-regulación, la persona no evoluciona de su condición N 1, 2, o 3 – que es vegetativa – hacia la 4, que no lo es. Y así continúa siendo creyente o atea, egoísta, vanidosa, etc, sin que pueda remediarlo significativamente.

La filosofía y religión del hombre N 4.

Sólo cuando un hombre se ha dado cuenta de que su lamentable situación emocional e intelectual es fundamentalmente vegetativa, por muy lúcida o erudita que sea, y comienza a comprender que su cerebro con gran esfuerzo podría llegar a funcionar de un modo más propio y libre, se enfrenta a la posibilidad real de dominar y modificar sus pensamientos y emociones. Entonces inicia el camino de su posible evolución personal, vertical o cualitativamente distinta a la del caminar coyuntural de los hombres N 1, 2 y 3. Empieza ahí el cambio hacia el Cuarto Camino o de su evolución personal.

Evolución personal posible pero muy difícil de alcanzar, por cuanto todo su sistema vegetativo conspira diariamente, de modo natural, instante tras instante, por retomar y mantener las riendas involuntarias tanto de su respiración, gustos, necesidades, y hasta hábitos genéticos, circunstancialmente vegetativos. Toda su naturaleza interna y externa conspira para que le sea desagradabilísimo y terriblemente dificultoso y somnoliento tomar las riendas que se imponen a las tendencias naturales de su naturaleza.

Así como el sueño nos vence todos los días, la actividad de nuestro estado de vigilia se realiza también de modo vencidamente vegetativo todos los días sin que escapemos a este solapado modo de sueño. Siempre nos es más cómodo dejar que nuestro sistema vegetativo nos lo haga todo y hasta piense y decida por nosotros, que tomarnos el dificultoso trabajo de hacerlo al modo personal que he descrito. Es tal como ocurre en el sueño, en el que los ensueños se producen vegetativamente sin que la consciencia personal se dé cuenta que no está interviniendo para nada en ellos. Igualmente, cuando despertamos de nuestro sueño físico, todo lo que pensamos y sentimos nos es impuesto por nuestras vísceras sin que podamos contrariarlas.

Cuál es la filosofía y religión del hombre N 4 ?

No es fácilmente explicable ni comprensible para los hombres N 1, 2 y 3. Para ello se requiere una serie de prácticas intensas y estudios apropiados. No es transferible, como lo puedan ser las matemáticas u otras ciencias. El hombre N 4, no nace sino que se hace. Un Einstein o un Mozart, o un místico, ya nacen con su genialidad en bruto, pero no un hombre N 4. ya que tiene que construirse por su propio esfuerzo, siempre que sea guiado por la ayuda adecuada.

No olviden el concepto que diferencia y define la inteligencia, con su razón y emoción libre y voluntaria, de la corporal vegetativa que se nos impone.

La inteligencia libre, consciente y voluntaria, es la capaz de superar el egoísmo, vanidad, etc, y de conciliar el punto de vista contradictorio de nuestra razón respecto a nuestra emoción e intuición; o la funcionalidad del hemisferio izquierdo y el derecho, que son contradictorios.

Alguien puede pensar que su razón y emoción no están en contradicción y que, por lo tanto, es un individuo relativamente unificado, autorregulado y libre con voluntad propia y capacidad propia de elección. Pues entonces que examine si no es egoísta, vanidoso, vicioso, etc. O si su ciencia convencional altamente desarrollada, le dice lo mismo que su emocionalidad analógica, intuitiva, contemplativa, lograda por cientos de horas de meditación. Entonces verá que su ciencia le dice que no hay Dios ni ética universal demostrable por el intelecto. Y a su vez verá que su hemisferio derecho analógico, meditador, contemplador – le estará diciendo que sí existe Dios, ética universal, amor universal. Y aun entonces, le quedará pendiente el esfuerzo de ponerse de acuerdo en esa propia disparidad cognitiva.

Esta contradicción inter-hemisférica es así, aunque a alguien le pueda parecer lo contrario, debido a que un hemisferio nos permite conocer las cosas por fuera, y por el contrario, el otro nos permite conocer como son las cosas por dentro y su conexión interdependiente subyacente. Por ello sus puntos de vista y emociones parecen del todo incompatibles. A menos que, de modo no natural y no propiciado por los dos hemisferios, se utilice una tercera función cerebral que haga de Conciliador de tal par de opuestos cognitivos. Esta es la desempeñada por el sistema límbico, la parte del hipocampo y cuerpo calloso, pues son susceptibles de crecimiento y auto adaptación constante.

Un requisito para poder lograr esto, es el hacer funcionar al cerebro en estado de auto-observación, en el que el Observador, además de observar, se observa a sí mismo de modo constante. Esto detiene el funcionamiento naturalmente vegetativo y el discurrir e imaginar intelectual y emocional del cerebro, el que se encuentra así en un estado fusionado o híbrido, entre el estado de meditación y el de no meditación o normal. Tal estado, a la larga, reconfigura el hipocampo y cuerpo calloso para que funcionen con posibilidad de regulación inter-hemisférica cerebral.

Porque no sólo es necesario desarrollar el intelecto y la meditación/contemplación sino más importante o imprescindible, la fusión o superposición coherente de ambos opuestos que nos dice a la vez como son las cosas por dentro y por fuera.

Paulino M. Iñigo

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El pensamiento creativo

El pensamiento creativo

La gente no es creativa si está en un ambiente con el que no tiene un real contacto. En ese sentido, si deseamos pensar creativamente, tenemos que estar en el proceso del pensamiento. Entonces debemos traer a ese proceso factores adicionales que le den la calidad de creatividad que estamos buscando.

Se dice que la creatividad es 99% transpiración y 1% inspiración, en otras palabras que, principalmente, es un muy arduo trabajo. Pero no hay duda de la importancia que tiene en la creatividad un segundo elemento que no podemos controlar. Lo llamaré “esportaneidad”.

Si usteden leen relatos sobre actividad creativa – sea de científicos, artistas u otros – encuentran que el elemento espontáneo está realmente fuera del control de la persona. Y que, aunque venga inesperadamente, no viene sin que se cumplan antes ciertas condiciones. De ellas hablaré más adelante.

Cientos de personas han descrito en diferentes épocas que el acto creativo viene como un relámpago, inesperadamente. Uno de los temas sobre el cual hablaremos es si algo puede hacerse acerca de ello o si está enteramente fuera de nuestro poder y totalmente dependiente de la buena suerte, como a veces se supone.

Hay un tercer elemento que entra en todo esto, y al que llamaré “técnica” . Tomemos el ejemplo de un artista, Sin una técnica, el momento de inspiración creativa difícilmente podría ser fructífero. Lo mismo es verdadero para el científico. Esto significa que uno debe conocer la manera en que el pensamiento y la expresión nos permitirán dar una forma al momento de inspiración. Primero que todo, para uno mismo a fin de que nos quede claro, y luego para comunicárselo a otros.

Tomemos estos tres factores por el momento. Lo que primero necesitamos es estar bien interiorizados del asunto que deseamos desarrollar creativamente; ver dónde uno siente que puede darse un paso creativo. En segundo lugar, tendría que ocurrir una espontánea visión, o comprensión, o intuición, del asunto. Tercero, se necesita la habilidad para traducir esto en algo que pueda ser pensado y expresado.

Estos tres pasos están relacionados con la creatividad en general. Es igualmente verdadero para el artista, el científico, o el hombre de acción que tiene que tomar una decisión creativa, ya sea el general frente a un problema estratégico o táctico, o el médico frente a un enfermo. Ocurre en todos los casos en que hay algo que no puede ser manejado solamente por rutina y donde se necesita alguna clase de acción creativa.

Decía que el primer factor es estar bien interiorizado del asunto que se desea tratar. Pero esta interiorización es un proceso especial: uno debe conocer todo cuanto pueda ser conocido acerca de ello, y apartar todo lo que pueda ser innecesario. Este proceso es en sí mismo una actividad selectiva; uno tiene que tener bien claro aquello sobre lo que va a trabajar, Por ejemplo, un pintor empezaría por seleccionar, rechazar, combinar su material y decidir el tratamiento que le dará. En todo ese trabajo de preparación no está preocupado del impulso creativo en sí, y si por azar sucediera, habría un cierto riesgo en no completar sus preparativos. La construcción de la obra sería deficiente, aun si hubo un chispazo de genio.

Cuando nos referimos al pensamiento, la interiorización tiene que ser hecha dentro de nuestra cabeza. No hay duda que esta parte del trabajo es difícil. A veces, cuando la gente procura entender algo o hacer una investigación creativa sobre un tema, colocan delante de ellos toda la información disponible, escribiéndola en una hoja de papel o en el computador. Pero eso no es suficiente. Es necesario que uno haga este trabajo de selección, eliminación y combinación, internamente. Conozco por mi propia experiencia que es una dura disciplina y que siempre hay una inclinación a vaciarlo en un papel para releerlo. Pero si uno quiere llevar esto a una esfera de creatividad, este trabajo preparatorio debe ser hecho de manera especial, tiene que pasar por el molino de la propia experiencia pasada y uno tiene que llegar a un acuerdo con el asunto. Si yo hago un trabajo como éste, después de recoger todo lo que he podido conocer sobre el asunto, me siento y trato de mantenerlos juntos en mi mente con miras a ver qué es lo que conozco realmente del tema y qué es lo que trato de hacer con ese conocimiento.

Mientras lo hago, puedo encontrar que hay algo que evidentemente está faltando y tengo que salir de allí para estudiarlo o quizás practicar algunas exploraciones o experimentos. Al hacer todo esto, solamente estoy preparando el terreno, no estoy buscando la solución al problema. Aun si parece que estoy viendo la situación más claramente y estoy preparado para hacer progresos en ello, es esencial el ejercicio del autocontrol y no permitirme dar un prematuro paso hacia la comprensión. Aquí hay una disciplina especial que uno tiene que aprender e imponérsela a sí mismo. Este estado preliminar va a través de todo el proceso y no permanece estático. Uno no debe meramente despedirse del tema, suponiendo que ya sabe cuánto hay que saber sobre él, para pasar a las otras etapas. Este trabajo del terreno debe mantenerse fluído de modo que pueda haber un proceso de transformación. Uno debe recordar constantemente que éste todavía no ha sido moldeado; aunque podamos haber tratado de darle una forma coherente para, por lo menos, sostenerlo en nuestra mente, esa no es la meta, no es aquello que estamos buscando.

Este trabajo de interiorizarse en el asunto hace que este proceso sea diferente de cualquier otra clase de aprendizaje, donde es suficiente aprender lo que uno tendría que saber sobre un tema y entonces fijarlo en la mente, ya sea memorizándolo o tomando notas sobre ello. Cuando se requiera esa información, uno puede acceder a las fuentes que correspondan, o traerlas a la memoria. No estamos refiriéndonos a un aprendizaje sino a otra cosa, para la cual cualquier clase de fijación puede estropear todo el proceso. Aquí tengo que hacer una advertencia: lo que es necesario para el pensamiento creativo puede ser perjudicial, aun destructivo, para otras clases de actividad, en las que sea necesario afirmarse en lo que uno sabe y actuar ateniéndose a la decisión que haya sido hecha. Todo eso es necesario para otros propósitos, pero son precisamente aquellas cosas las que deben ser puestas de lado cuando uno está tratando de dar un paso creativo.

Frente a esta situación, encuentro que este proceso pasa a ser como un caleidoscopio: diversos grupos de ideas están pasando frente a mi atención y yo no me permito detenerme en ninguno en particular, así otros siguen apareciendo. Aparte de esto, yo no espero que algo de valor pueda venir. En efecto, casi nunca – si es que ocurre – algo viene.

Cuando estén listo para pasar a la etapa siguiente, tienen que asegurarse de proveer la condición necesaria, esto es: plantearse una pregunta clara. El interrogante debe ser suficientemente claro para saber si puede o no ser respondido.

Ahora, qué pasa con el elemento de espontaneidad? Pienso que aquí puedo realmente ofrecerles algo que no es generalmente comprendido. Lo he ganado por mi propia experiencia además de aprenderlo de otros. Estoy seguro que es un medio práctico a través del cual uno puede colocarse en las condiciones requeridas para dar ese paso espontáneo. Ustedes recordarán que hace años cuando me preguntaban: Cómo pensar?”, yo siempre respondía: “La manera de pensar es no pensar”. Si ustedes captan esto, entonces serán capaces de entender lo que quiero decir.

Si yo tengo una pregunta que no puedo responder por el proceso ordinario, recordando lo que sé sobre el tema, me he convencido que realmente no conozco la respuesta, entonces no tiene asunto seguir buscándola. Al hacer esto por muchos años, he llegado a habituarme a dejar rápidamente de buscar una respuesta y de irme al otro extremo: olvidarme de todo el asunto, excepto de la pregunta. Detengo cualquier pensamiento “sobre” el tema, llegando hasta hacer a un lado cualquier cosa que me venga a la mente, por interesante o sugestiva que parezca. Más todavía, la pregunta deja de estar presente en forma de palabras o de una imagen que yo pueda retener: lo único que permanece es la necesidad de encontrar una respuesta.

Esto tiene que ser practicado. No deben pensar que porque yo se los he explicado, puedan hacerlo al instante. El proceso tal como yo lo describo es: habiendo traído la pregunta en frente mío, vacío mi mente de todo lo que sé sobre el asunto. Incluso debo impedir que mi mente empiece a vagabundear sobre otros temas lo que, por supuesto, es posible, ya que la mente aborrece el vacío. Mi suposición es que – debido a esto mismo – la mente atraerá algún nuevo pensamiento o intuición que será este paso espontáneo o creativo que estoy buscando.

Varios de ustedes habrán experimentado algo similar cuando tienen un lapsus de memoria y ya saben que la mejor manera de lidiar con ello es dejar de hacer el esfuerzo de recordar. Al vaciar la mente, el recuerdo olvidado o perdido llega por sí solo a la consciencia. Este simple procedimiento es fácil cuando se trata de un recuerdo latente que está transitoriamente fuera de la esfera de nuestra mente consciente.

El punto aquí es que el mismo método puede llevarnos mucho más lejos al atraer a nuestra consciencia ideas que no habíamos tenido antes – aun ideas que nadie había tenido antes – verdaderamente pensamientos originales. Esto dependerá por entero de la fuerza de nuestra mente, del poder con el que uno tiene que rechazar todo pensamiento incompleto, el cual no es evidentemente el requerido paso adelante. Hay una tremenda tentación, cuando algo interesante viene a la mente en relación con el tema, de dejarse llevar por ello. Pero esto significa que estamos a medio camino – o menos – y aunque eso enriquece nuestro pensamiento, no es un verdadero paso creativo.

Aquellos que tienen realmente un poder creativo disponen de esta fortaleza de mente que les permite negar, rechazar todo menos la verdad, la intuición o momento de comprensión que es requerido. Pero todos nosotros podemos fortalecer nuestra mente con esta práctica. Sólo se necesita – habiendo encontrado el tema sobre el cual practicar – rehusar resueltamente pensar sobre él.

Todos usteden conocen el famoso truco que consiste en pedirle a alguien que no piense en un elefante blanco. Tan pronto como trata de hacerlo, ve que es imposible. No puede pensar en otra cosa que no sea un elefante blanco, y mientras más trata de no hacerlo, más elefantes blancos van y vienen, marchando en frente de él. Si rehusa resueltamente el pensar en ellos, entonces, quién sabe… un elefante blanco puede entrar por la ventana, uno verdadero !

Si el poder del pensamiento es lo suficientemente fuerte para rehusar todo aquello que no sea lo que está determinado a tener, eso vendrá porque está en la naturaleza de este poder. Tiene que ser practicado al comienzo con cosas simples; pero ustedes deben entender que no hay nada que yo pueda hacer por ayudarlos en este campo particular. 0 están ustedes suficientemente interesados, o todas estas conferencias sólo les han proporcionado una interesante teoría “acerca de” el pensar creativo. Estoy convencido de que no hay un sustituto para esta particular disciplina.

El mismo efecto puede ser producido inintencionalmente fatigando la mente. Entonces, una intensa fatiga hace que la persona no quiera pensar más en el asunto, y ahí aparece la respuesta ! Pero resulta una manera extremadamente pesada de hacer el trabajo. Por extraño que parezca, es casi la única manera conocida, aun entre los mejores científicos. Esto hace que la tarea se demore mucho más de lo que sería necesario.

Es verdad que la mente se fatiga por el proceso de rechazo: pero no es tan azaroso o incierto hacerlo de esa manera, como sería tratar de entender el asunto y pensar y pensar acerca de él hasta que al final la mente rehuse seguir. Ustedes conocen que hay ejercicios enseñados por los maestros del budismo zen llamados koan. En ellos la mente es sostenida resueltamente sobre alguna imposible absurdidad. Sosteniendo la atención sobre algo que no puede ser pensado en forma lógica, se crea finalmente un vacío. En este caso lo que entra es una intuición plena sobre la naturaleza del hombre: el satori. Pero todo esto está conectado con la única técnica esencial: “para que entre algo, debe hacerse primero un lugar para ello”.

La Observación de Sí

La Observación de Sí

Es una frase de Krishnamurti la que me inspiró el título de esta conferencia. Se las leeré lentamente para que puedan apreciarla bien. Krishnamurti dice: Aprender es de instante en instante, es un proceso por el cual uno observa infinitamente, sin condenar, sin juzgar, sin evaluar jamás, sólo observando. A partir del instante en que uno condena, interpreta o evalúa, uno tiene un modelo de conocimiento, de experiencia y ese modelo impide aprender.

Me pareció interesante considerar la importancia que Krishnamurti da a la observación: debemos observar sin que nuestra memoria intervenga, sin ideas preconcebidas, sin estar obsesionados por construcciones mentales que, precisamente, hacen que nuestras observaciones sean incorrectas. La cuestión es definir cómo podemos observar, a qué nivel de nuestra vida espiritual puede desarrollarse nuestra observación.

Existe un orden natural en las operaciones del pensamiento. Esta constatación me parece muy importante, es susceptible de guiarnos en nuestros pensamientos y de – habiendo sido efectuada la observación – apreciar el nivel del estado en el cual nos encontramos al momento de hacerla. Uno no puede observar y conocer al mismo tiempo utilizando la memoria, es decir, reconocer. Aprendemos así que los estados no-mentales preceden obligatoriamente a los estados mentales.

El pensamiento no es entonces un fenómeno que se produzca al azar y no podemos pensar lo que sea, como sea. Todo pensamiento tiene una partida en nuestro organismo y un fin. La energía corre por nosotros de una cierta manera y en un cierto sentido.

De hecho, debemos tomar consciencia de que todos los seres vivientes son seres que se alimentan, y alimentarse consiste en abstraer una cierta calidad y una cierta cantidad de elementos provenientes del mundo exterior con miras a una asimilación. El aire que respiramos es un alimento. Hay incluso actividades del mundo exterior que son captadas por nuestros sentidos y que proveen el alimento de nuestra vida espiritual.

Estas actividades que nos rodean son extremadamente sutiles, extremadamente ricas, demasiado sutiles y demasiado ricas para nuestros sentidos que no pueden captar más que una ínfima parte de ellas. Nosotros no aprehendemos de hecho más que una franja bastante insignificante de fenómenos que se sitúan entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. En realidad, nuestros órganos de los sentidos son muy limitados y el esfuerzo efectuado por las ciencias consiste en gran parte en descubrir nuevas perspectivas, inventando instrumentos que prolonguen nuestros sentidos: telescopios, microscopios, cine en cámara lenta o ultrarrápida, radares, etc. Vivimos en consecuencia en un encierro audiovisual muy restringido que no puede dar cuenta objetivamente del mundo que nos rodea.

A partir del momento en el cual nuestros sentidos captan las actividades exteriores, actúan como transformadores, es decir, transforman estas actividades exteriores en otra clase de actividad totalmente diferente en su esencia, que sólo podrá ser transmitida al cerebro luego de haber circulado en nuestro sistema nervioso.

En efecto, no hay identidad entre el mundo que nosotros reconstruimos a través de nuestro pensamiento y aquel que nos rodea: este último es sutil, en tanto que aquel que nosotros creamos es tosco, ya que es el resultado de abstracciones. Incluso nuestro cerebro estructura un mundo a su imagen, un mundo que le es propio, que no se parece al mundo exterior sino que a la estructura de nuestro intelecto.

Cuando nos identificamos con nuestras construcciones mentales, vivimos el mundo de la ilusión, maya. Los seres en los que el cerebro está estructurado de un modo diferente en relación al nuestro, construyen un mundo diferente. Si son estimulados por las mismas actividades exteriores, no queda más que afirmar que sus representaciones mentales son a imagen de sus estructuras mentales.

Vamos a seguir el desarrollo del pensamiento tratando de determinar las etapas esenciales sobre las cuales efectuaremos, paso a paso, las constataciones útiles. El pensamiento es un fenómeno que sigue cierto camino, lo que implica que su desarrollo exige cierto tiempo.

Cuando las actividades exteriores estimulan nuestros sentidos, qué pasa al nivel de estos últimos? Tomemos por ejemplo la vista: si estoy en presencia de una rosa roja, existe cierta actividad a nivel de la rosa que da inicio a ondas o partículas que alcanzan al ojo y allí originan una substancia que da la sensación de rojo. Los procesos del sentido de la vista son de naturaleza fotoquímica, las ondas o partículas son descompuestas por una substancia fotosensible situada en el ojo: de tal manera que el rojo se forma en la retina pero no existe en la naturaleza. La retina es el lugar en el que se transforma la energía vibratoria de los fotones luminosos – que no podrían ser captados directamente – en energía eléctrica, lenguaje del sistema nervioso. La retina cumple una función de aparato transformador, dispositivo cuyo rol consiste en transformar una información o señal de una categoría en una información o señal de otra categoría. La noción del color es, por lo tanto, puramente subjetiva y no existe ningún equivalente fisico, fuera de la frecuencia de las ondas electromagnéticas.


LaObservacionDeSi
El oído distingue vibraciones en una escala de alrededor de nueve octavas, es decir, entre 30 a 20.000 vibraciones por segundo. El oído también cumple la función de un órgano transformador. En efecto, los decibeles del sonido, caracterizado por una nota, no tiene otro equivalente físico que la frecuencia de una onda de compresión propagándose en un medio. Esta onda de compresión no se convertirá en ruido si no es traducida por un sistema auditivo presente.

El olfato, el gusto y el tacto son debidos al rol transformador de los receptores cutáneos.

En consecuencia, los sentidos transforman una forma de energía que se encuentra en la naturaleza y que no puede ser directamente aprehendida por el hombre en otra forma, que pueda ser utilizada por el organismo: la energía eléctrica que circula por el sistema nervioso.

La segunda razón por la cual nuestras sensaciones no nos dan una copia exacta de los que nos rodea es la siguiente: nuestras sensaciones representan un primer nivel de abstracción. Los órganos de los sentidos son muy limitados y no captan más que una mínima parte de los mensajes. Hemos citado la multitud de sistemas receptores que el hombre ha inventado para transformar los estímulos no recibidos directamente por los sentidos en fuentes de información. Con la ayuda de instrumentos cada vez más perfeccionados, el hombre descubre constantemente nuevas actividades, pero éstos son aún muy débiles. Es imposible concebir la cantidad de actividades que encierra la habitación en la que estamos.

Si nuestros sentidos nos devolvieran una imagen del mundo tal cual es, sería extremadamente curiosa y muy impresionante, ya que veríamos millares de partículas movidas por una energía, sin distinguir objetos, los cuales no son en definitiva más que representaciones mentales.

Nuestra vida espiritual está entonces alimentada por nuestras sensaciones. Comprendemos mejor la importancia de ellas, tomando consciencia de que son igualmente sentimientos.

Un aspecto de la respuesta que el estímulo provoca en nosotros es la emoción, a veces llamada sentimiento. Es fácil, aunque a menudo prestemos poca atención, observar el aspecto emocional de la sensación. No es posible mirar una puesta de sol en una tranquila tarde, sin darse cuenta de que la sensación es igualmente emoción, El hecho es más fácil de observar cuando el agente exterior es violento, por ejemplo: un ruido repentino. Pero la emoción se manifiesta también de forma más sutil, y es en ese momento que lo llamamos sentimiento. Cuando dos personas se encuentran por primera vez, antes de que la reacción sea turbada por el intelecto, existe la indicación de afinidades o de repulsiones instintivas. El primer contacto con un acontecimiento no habitual es rico en sensaciones-sentimientos fácilmente observables: entrar solo a un restaurante, buscar un lugar, etc…. Las sensaciones-sentimientos son el mejor contacto que podríamos establecer con el acontecimiento.

Acabamos de examinar rápidamente el plano no mental en el cual se manifiesta la esencia del individuo, y a través de ella su comprensión. Vamos a examinar ahora las manifestaciones del plano mental en el cual se desarrolla la personalidad a través de los conocimientos.

El plano mental es el plano de la memoria, nuestro cerebro es una especie de biblioteca donde todo está registrado, clasificado, etc. El cerebro clasifica a menudo conjuntos, como el bibliotecario clasifica de una parte las novelas y de otra los libros de historia, establece una distinción de acuerdo a las épocas o a las civilizaciones. El cerebro crea igualmente estructuras que podemos definir como un conjunto de relaciones en un conjunto de objetos. Esta noción de estructura que relaciona varias dimensiones en el conocimiento constituye la creación mental más evolucionada.

Es interesante, para comprender bien el rol de la mente, examinar el fenómeno de la objetivación. Hemos visto que los sentidos eran órganos receptores, ellos no se proyectan hacia el exterior, por el contrario, es el mundo exterior el que viene a golpear a su puerta. No es inútil recordar esta realidad, ya que tenemos curiosas formas de expresarnos, hablamos de echar un vistazo, lo que no tiene significado, ninguna substancia sale del ojo del individuo para ir a captar a lo lejos el acontecimiento. Hablamos igualmente de parar la oreja, lo que es una expresión muy curiosa, ya que si tratamos de hacer actuar los músculos de la oreja, no podemos esperar más que un resultado mediocre. Hablamos también de tocar un objeto, cuando en realidad nosotros somos tocados por él: son, en efecto, las actividades químicas a nivel del objeto las que impresionan nuestro órgano del tacto. En consecuencia, cuando ponemos la atención en el mundo exterior la ponemos en nosotros mismos. Estamos encerrados en nuestro mundo subjetivo, y no podemos tomar conocimiento del mundo exterior sino a través de nuestras sensaciones-sentimientos. La comprensión no puede aparecer sino después de un esfuerzo de interiorización. Se trata allí de una experiencia que no tiene ninguna relación con el conocimiento intelectual.

Si debemos admitir que vivimos en un mundo subjetivo, igual es interesante comprender cómo y por qué objetivizamos; cómo viene la certeza de que aquello que se manifiesta interiormente sea exterior a nosotros. Cuando yo los veo a ustedes los siento interiormente, pero los veo exteriores a mí. En consecuencia, sucede que mis sensaciones son proyectadas al exterior, y partiendo de experiencias subjetivas, llego a objetivizar un mundo exterior. He aquí un fenómeno que siempre ha extrañado a los filósofos. La explicación más honesta me parece ser la siguiente: los niños muy pequeños viven en un mundo interior, la consciencia en esta edad es muy global, es vivida en constante éxtasis, las actividades son captadas como internas, tanto en su origen como en sus manifestaciones. Al parecer, la distinción entre un mundo interior y un mundo exterior se establece luego de insatisfacciones tales como los contactos dolorosos, el frío, el hambre, etc…. Es a partir de estas experiencias que la mente objetiviza un mundo exterior. Aquí se trata, en cierta forma, de un proceso de proyección, el ser desplaza una parte de sí mismo exteriorizándola; desplaza a menudo aun la totalidad.

Una de las manifestaciones más impactantes de esta distinción entre el yo y el no-yo es la que nos permite tratar nuestro cuerpo, sede de nuestras sensaciones-sentimientos, como un objeto exterior. Podemos hablar de nuestra mano, de nuestra pierna, considerándolos como objetos extraños, como conceptos, siendo que se encuentran al interior de una piel que debería constituir la separación entre el mundo interior y el mundo exterior.

De acuerdo a leyes que le son propias, el cerebro decodifica actividades neuroeléctricas que le son transmitidas, partiendo desde los sentidos, por el sistema nervioso. El agrupa estas actividades en unidades simples relativamente constantes, representando elementos manejables de información, lo que nos permite considerar que un objeto es una hipótesis mental.

En la perspectiva de la observación de sí, vemos dónde yace el problema: estamos divididos. Existe este mundo interior que es el de la comprensión, y nosotros objetivizamos un mundo exterior que es nuestra creación, y que no puede ser considerado independiente de nosotros. Cuando hablamos de percepción unificada o de comprensión unificada, se trata por cierto de la reunificación de la persona que ha estado separada en dos y la observación es obligatoriamente una observación interior.

Quienes son los mejores?

Quienes son los mejores?

Necesitamos amar a aquellos seres superiores, cuando los encontramos, cantaba Tennyson; pero cómo podremos alguna vez encontrarlos si no sabemos cómo buscarlos ? Tennyson asumía que no podíamos fallar en reconocerlos a simple vista; pero esa pretensión es demasiado ingenua, y ha dado origen a falsificaciones sin cuenta. Se necesitan dos condiciones para encontrar un ser superior: primero, que aparezca y, segundo, una mente capaz de reconocerlo. En la actualidad, por lo general, ni siquiera estamos conscientes de los valores que debieran ser medidos para ello. Superior, en relación a qué ? Está relacionado con el intelecto, el sentimiento, la acción, o con nada de eso ? Qué hace a un hombre ser superior a un hombre promedio ?

A primera vista, el problema no es fácil. Damos por garantido que sabemos todo lo que sea necesario acerca de ello. Por lo tanto, cada uno de nosotros califica alegremente a las personas de acuerdo a nuestra estimación de sus méritos, sin preocuparnos por inquirir si acaso nuestra calificación tiene alguna otra base que no sea la de nuestros gustos o disgustos accidentales. Esas personas son mejores porque nos gustan más. Pero, resulta que todos tenemos diferentes gustos y eso lleva a diferentes resultados: algunos piensan que Napoleón es el más grande hombre que jamás haya existido; otros piensan lo mismo de Platón, o de Shakespeare, o de Buda. La confusión de resultados no nos interesa, continuamos pensando que nuestro enjuiciamiento es correcto.

Cuando abandonamos este estándar infantil y tratamos de encontrar un test científico para aplicar a los valores humanos, las dificultades inmediatas parecen enormes. En la actualidad, hay aproximadamente seis mil y medio millones de personas en la tierra, y es probable que el número vaya aumentando constantemente en el curso de los años. Esto introduce la primera dificultad, Es el Hombre hoy día mejor que el Hombre de hace diez mil años ? Si es así, con respecto a qué ? Qué es el progreso, asumiendo que exista tal cosa en el Hombre como especie ?

La próxima dificultad la constituye la diferencia de raza y nación, Cuáles son las mejores razas y naciones, en realidad, no de acuerdo a nuestras preferencias occidentales ? Digamos, desde el punto de vista de Dios, Es la raza blanca la mejor ? Si es así, por la superioridad de qué cualidad ? O asumiendo que las razas son iguales en valor y sólo diferentes en forma, qué es lo que crea la diferencia en valor entre naciones de la misma raza ? Nosotros no admitimos que todas las naciones de raza blanca sean del mismo valor. Entonces, qué es lo que hace que una sea más valiosa y, por lo tanto, mejor que otra ?

Pero la más grande de todas las dificultades permanece y es estimar los valores comparativos de los diferentes tipos de hombres en cada raza. Es verdad que sólo hay un número limitado de tipos. En efecto, pueden ser reducidos a tres: el tipo intelectual, el tipo emocional y el tipo práctico; sus ejemplos son el pensador, el artista, el hombre de acción, Pero cuál de estos tres es mejor que los otros y en relación a qué cualidad ? Ahí está el problema !

Cada uno tiene sus preferencias y, por lo tanto, su prejuicio en relación a estos tres tipos de hombre. Un hombre que se imagine ser un pensador, un artista o un hombre de acción, naturalmente exaltará su propio tipo. Mr, Bernard Shaw, un intelectual, afirmaba que el más amado objeto de la Fuerza de Vida era el cerebro. El mejor hombre en el presente siglo, según la naturaleza, sería Mr. Shaw. El artista, por su parte, sostiene que los más elevados valores son los estéticos. Ver al mundo como lo ve un artista – tal como él – es alzarse hasta los valores más altos obtenibles por el hombre. La escuela de acción exalta la acción. Dios – el más alto de todos los valores – no está pensando ni sintiendo, sino haciendo. El hombre es más parecido a Dios cuando está organizando exitosamente una industria, un gran negocio o una guerra.

Si no hay un estándar común a todos en virtud de nuestra humanidad compartida, no podría lograrse algún consenso. La diferencia entre estos tipos es tan absoluta que ninguno de ellos – sólo por ser un tipo – podría adjudicarse valores. Si los hombres fueran solamente pensadores, artistas u hombres de acción, sería imposible establecer alguna vez un estándar que permitiera reconocer al mejor. Cada tipo debería tener su propio estándar y no habría nadie lo suficientemente imparcial para juzgarlos.

Afortunadamente la Torre de Babel hace bastante tiempo que se derrumbó para disipar una parte de la confusión de lenguas que motivó su caída. Los tres tipos de hombres no son tan distintos como para no tener algo en común. Y aunque, como lo hemos dicho, el problema de establecer un común estándar de valor – y de ahí llegar a un entendimiento respecto a cuál es el mejor – pareciera a primera vista difícil hasta lo imposible; en realidad, no es difícil, sólo requiere sentido común.

Juzgando nuestros tres tipos de hombres – el pensador, el artista, el hombre de acción – es obvio que ya estamos introduciendo otro estándar que el que les corresponde. Entre los pensadores, por ejemplo, todos estaremos de acuerdo en que el mejor entre ellos sería el que incluyera la capacidad para sentir y actuar junto con el pensamiento puro. El pensamiento puede ser su más elevada función, pero para ser el mejor, él debe además ejercitar sus otras funciones procurando igualarlas con la que en él es superior. Y lo mismo sería verdad para los otros, pasando por alto nuestras preferencias personales por uno de los tipos en desmedro de los otros dos. Los artistas proclaman a Da Vinci, por ejemplo, como el más grande de todos los artistas, porque él también fue un pensador y un hombre de acción, Y los hombres de acción similarmente contemplan a Julio César como el más grande en su tipo, porque él combinó el arte y el pensamiento con su habilidad práctica.

No se puede decir que hemos llegado a algo totalmente nuevo, y aunque esto no es un argumento en contra de nuestra conclusión, el hecho es que nuestro común consenso, así expresado, puede ser tomado por garantido y no considerar que nos despoja de un estímulo para nuestro desarrollo. Si pertenecemos por naturaleza a un tipo u otro, y penosamente hemos tratado de cultivar en nosotros las cualidades de los otros tipos, el propósito de alcanzar algún grado de superioridad puede resultarnos remoto. Es este un simple criterio de valorización humana comúnmente aceptado, pero no tan comúnmente formulado ?
Puede ser adoptado y aplicado por la persona corriente ? Creemos que sí.

En el fondo, no somos pensadores, artistas o gente de acción, sino seres humanos, criaturas ocupando una ubicación definida en el esquema mundial. Estamos colocados entre la Naturaleza y Dios, entre el mundo creado y el Creador, entre el mundo que es y el mundo que debiera ser. Nuestra función específica es actuar como un puente entre ambos, y el más alto de nuestros logros es ser conscientes de nuestra función. Con la consciencia de ella y de nuestra misión, podemos pensar, sentir o actuar con un propósito determinado. Si no, pensamos, sentimos y actuamos inconscientemente. La verdadera medida de la valoración humana es, en resumen, cantidad y calidad, no de pensamiento, sentimiento o acción, sino de estar conscientes de por qué, cómo y qué es lo correcto al pensar, sentir y actuar.

El estándar es aplicable a todos, por la simple razón de que es posible para cada uno de nosotros, sin gran habilidad como pensador, artista o empresario, tratar de estar más consciente de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. El mejor de nosotros es aquel que se conoce a sí mismo mejor.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Sonia Ramirez de
A. R. Orage.- Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Qué es ser un Buscador de la Verdad?

Qué es ser un Buscador de la Verdad?

Todo empieza por una pregunta. Una interrogación muda pero implacable, que viene abruptamente a interrumpir el curso de mis ocupaciones, de mis cuitas, de mis pensamientos. Qué puedo hacer frente a mi vida?. Apenas formulada, la pregunta se vuelve débil.

Muy pronto la habré olvidado a menos que no la haya respondido, como respondo a todo, buscando en mi memoria la solución del problema. Sin embargo, si permanezco atento a los ecos que despierta en mí, descubro allí una fuerza insospechada. En el momento en que ella se plantea, su evidencia borra todo lo que me cautivaba en el instante precedente. Heme aquí al acecho.

Quién soy yo, frente a esta vida que me lleva y que llamo mía? En qué medida ella me pertenece? No estoy más bien entregado, atado de pies y manos, a exigencias que no he escogido? Una duda aparece. Por poco que la interrogación subsista, ella gana en profundidad, revelando otro enigma: si es verdad que la pregunta me compromete por entero qué puedo hacer para dejar de olvidarla? Se trata de algo más que de una simple distracción. Más bien es una especie de amnesia que, lejos de ser accidental, forma parte de mi naturaleza.

Desde entonces, incluso el lenguaje es puesto en duda, y con él este yo cuya actividad se disgrega en una polvareda de emociones, estados de ánimo, sensaciones, ideas cristalizadas por el hábito. En esta mezcla inestable y caprichosa, no hay nada que yo pueda agrupar en la unidad de una denominación.

Yo no me conozco, no más de lo que conozco lo que me rodea, este mundo que percibo en el espejo fragmentado que me constituye. El mundo es mi horizonte familiar. Como un hombre sentado en un tren en sentido inverso a su dirección ve desfilar y desaparecer los paisajes que acaba de atravesar, yo asisto impotente al desenrollamiento de mi pasado. Quién es ese viajero desconocido que habla, decide, actúa o más bien reacciona en mi nombre?

Conócete a ti mismo. La invocación socrática toma entonces todo su sentido: el de una búsqueda de la realidad más acá del telón cambiante de la subjetividad, Otra frase le responde como un eco: Sólo sé que nada sé. La paradoja no es más que aparente, No se trata de un simple juego dialéctico, donde saber y no saber se opusieran abstractamente. Cómo una consciencia condenada a la precariedad tendría acceso al conocimiento de otro modo que llegando a ser consciente de su propia precariedad?

Esta paradoja no carece de peligro. Ella revela un malestar, un mal-vivir. Que ella se me aparezca bajo un aspecto cómico o patético, mi ignorancia me conduce siempre al mismo punto: al presentimiento oscuro de ser una caricatura viviente en busca de su modelo original. Debe haber otra manera de existir, un arte de vivir. Un verdadero destino, del que parece desprovista esta marioneta que se agita sin saber por qué.

Tal es mi situación: estoy atrapado entre este llamado que me ordena conocerme – pues se trata de un conócete incondicional; no de un sería conveniente que, sería mejor que te conocieras – y la certidumbre de no saber, la aspiración a un conocimiento que me liberaría del malestar. Todas las salidas parecen bloqueadas. Queda la tentación de escapar por la imaginación, por las ensoñaciones metafisicas, en el refugio confortable de los dogmas, o de uno de esos quietismos que garantizan la felicidad a buen precio, siempre para mañana. Mañana seré libre, pero será demasiado tarde.

Sin ser todavía un buscador, he perdido un poco de mi ingenuidad. No me dejo mecer tan fácilmente por las ilusiones. Es entonces que, en el momento que menos la esperaba, la verdad se me aparece. Una vez más me he dejado engañar. El nada sé es sólo la máscara de una realidad insospechada: nada soy . La experiencia inicial del olvido de sí me trae de vuelta a mi propia inexistencia. Yo preguntaba: quién habla?. La respuesta es: Nadie.

Por extraño que sea, esto debe tener una causa. Me es necesario conocer la razón de esta sinrazón que me habita. De ahí en adelante el buscador que se despierta en mí se siente investido de una responsabilidad. No depende sino de él franquear ese umbral, pasar esa puerta que cada experiencia aproxima para alejarla de nuevo. Ha llegado el momento de observar y de comprender, de adquirir un conocimiento directo y aplicable a la condición en la que me encuentro.

La búsqueda no es una actividad separada, como una profesión. Es del oficio de vivir de que se trata. Esto no es un lujo, sino una necesidad que toma la forma de una indagación permanente en la que soy a la vez el sujeto y el objeto, el observador y el territorio a observar, teniendo por único instrumento una atención tan débil que falla todo el tiempo. Si ella adquiriera una fuerza suficiente, esta atención podría llegar a ser, aunque no fuere más que por un momento, tan penetrante como para aclarar el mecanismo que origina todos mis movimientos. Este mecanismo obedece a una ley de desarmonía fundamental. Entre los tres aspectos principales que me componen – el pensamiento, el cuerpo, la afectividad – reina una discordia que hace de mí un pelele dislocado. Mis resoluciones más firmes no pesan nada frente a un deseo imperioso. Este, a su turno, se desvanecerá ante un impulso incontrolable. Estos tres eventos, con los cuales me identifico por turno según las circunstancias, me encadenan a actitudes que no puedo modificar, porque ellas son el fruto de un desorden donde yo no soy el amo.

Por lo tanto, todo me invita a creer que este caos encubre un orden virtual. Que la atención se afine, que la mirada se agudice y, en un relámpago, una armonía se establece. Los tres aspectos reconciliados no forman más que uno, dejando el lugar a quien es el único que tiene plena autoridad: el maestro interior.

De nuevo, el buscador franquea un umbral. Es necesario ahora escuchar, llegar a ser el alumno de este silencio viviente. Descubrir paso a paso las condiciones en las que él aparece y la acción que ejerce en mí. Es tiempo de aclimatarse a su presencia.

Desde ahora, una certidumbre se instala: es esta presencia que, desde el comienzo, no ha cesado de atraerme. El buscador era buscado, sin saberlo. Yo no estaba entonces solo. Mis primeros pasos hesitantes, mis dudas, mis retrocesos, testimoniaban ya, aunque fuera resistido, un llamado del que me falta encontrar el origen. Porque de dónde vendría sino de otra naturaleza? De dónde surge sino de una influencia diferente cuya fuente permanece oculta?

Inquiriendo mi relación con esta influencia, descubro otro tipo de pertenencia, de filiación. Algo me es solicitado de la misma forma que la vida – ella también – me pide responder a su incesante provocación. Entre ambos llamados, un lugar me ha sido asignado. Y con él, una promesa de autonomìa, un anticipo de libertad. Esto está todavía mezclado, confuso. Para que se clarifique , es necesaria una transformación.

Esta transformación no puede ser efectuada desde el exterior por ningún tipo de fuerza. Es del interior que surge el impulso capaz de conciliar los dos mundos. Es en el espacio interno que nace el sufrimiento de no poder llegar a ella.


Si yo no soy para mí quién soy?
Si sólo soy para mí quién soy?
Y si no es ahora cuándo?

Estas antiguas palabras indican el camino. Pero un camino no basta. Sin guía, un buscador bien pronto no es más que un extraviado. Le es necesario encontrar una vía más segura, una corriente en contacto directo con otra influencia. Sin abandonar su espíritu crítico, el buscador debe plegarse a una verdadera educación, y pasar una tercera puerta.

La búsqueda ha perdido su carácter general. Se ha despojado de su abstracción, pero no de su misterio. Buscar como buscan aquellos que deben encontrar, decía San Agustín. Pero la tarea no es interminable? Y es por eso, sin duda, que él agregaba: Encontrar como aquellos que deben buscar todavía.

Emmanuel Klinger

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Question de, N 50
Editions Retz,
París.