Relatos de Belcebú a su Nieto

Relatos de Belcebú a su Nieto

G.I. Gurdjieff
Editorial Sirio

La fusión más convincente de los pensamientos oriental y occidental, que hemos visto hasta ahora.
-Martin Seymour-Smith.- Los 100 Libros Más Influyentes Jamás Escritos (1998)

La enseñanza de G.I. Gurdjieff (1866-1949) es reconocida como una de las más originales de nuestro tiempo. Aunque para su transmisión, Gurdjieff utilizó métodos muy diversos trabajo en grupo, meditación, danza, música, etc. , siempre concedió una especial importancia a la publicación de Relatos de Belcebú a su Nieto.

Se trata de una alegoría, majestuosa por su argumento y por su alcance, que abarca desde la génesis de los diferentes cosmos hasta el desarrollo de la vida en todos sus niveles, pasando por la historia de la humanidad y por un vívido y detallado retrato de la visión que Gurdjieff tenía sobre el propósito y la finalidad del hombre, dentro del más vasto esquema cosmológico.

Escrita con un lenguaje inédito, que exige un esfuerzo constante por parte del lector, nos presenta también una incisiva crítica sobre la violencia y sobre el extravío actual de la humanidad, aunque siempre suavizada por su compasivo sentido del humor y su especial énfasis en el enorme potencial evolutivo del hombre.

Estudios sobre el Eneagrama

Estudios sobre el Eneagrama

J. G. Bennett.- Editorial Sirio

La ciencia del Eneagrama fue enseñada por G. I. Gurdjieff en forma fragmentaria. Él manifestaba que el Eneagrama era el símbolo clave de la Hermandad Sarman, orden mìstica existente en Asia Central desde hace miles de años. Muchos de los seguidores de Gurdjieff, entre ellos J. G. Bennett, se dedicaron con devoción a desvelar sus misterios.

En este libro se nos muestran varios ejemplos del trabajo de Bennett y de algunos de sus estudiantes. Nunca hasta ahora se había publicado una serie tal de explicaciones elaboradas y aplicadas. El Eneagrama nos es presentado como una clave para llegar al entendimiento de la estructura real de la propia inteligencia.

Auto Análisis Psico-espiritual

Auto Análisis Psico-espiritual

El hombre viaja para contemplar las cimas de las montañas, las olas de los mares, los grandes ríos y la expansión del océano, acumulando maravillosas experiencias, escribe San Agustín en sus Confesiones.

Sin embargo, para la mayoría de nosotros, aún sigue sin develar el mayor secreto del hombre. Lo que era obscuro en los primeros siglos continúa sin descubrirse. La mayoría de los hombres morirá sin preocuparse y sin saber si la vida tiene o no significado; si el hombre tiene en sí mismo algo de divino o es un mero saco de piel, carne, huesos, nervios y músculos. Los hombres son extraños a sí mismos.

No resulta ser un pensamiento halagador para la humanidad, pero ciertamente es uno verdadero, ya que nos hemos formado equivocadas nociones acerca de nosotros mismos. Nuestros infortunios y la mayoría de nuestras equivocaciones surgen de este hecho solamente. Antes de empezar el estudio de una carrera convendría que nos estudiáramos a nosotros mismos. Sería bueno que no solamente se escucharan conferencias sino que se las dieran. Qué sería más útil y más novedoso que ir a casa y darse una conferencia a sí mismo, detenerse valerosa y francamente frente a un espejo, confesándose las desagradables omisiones, las vergonzosas debilidades y nuestra culpable ignorancia? Yo!, es nuestro perpetuo problema. Y la cuestión es que hay más de un hombre debajo de nuestro sombrero. La historia de Jekyll y Hyde se vive de nuevo por todos. El deber fundamental de uno es investigar al propio yo antes de dominarlo. Entonces se comprenderá cómo se emprende mejor esa tarea.

Sería interesante hacer una pausa por un momento y preguntarse: Qué clase de hombre llevo conmigo? Sería muy conveniente considerarse a sí mismo como un extraño, desprenderse de la personalidad y colocarla al otro lado de la habitación para contemplarla a nuestro gusto. Por lo menos se ganará una grandeza y libertad como nunca se ha sentido. Sócrates observó sabiamente: Me parece ridículo, cuando no soy capaz de conocerme a mí mismo, el investigar cosas irrelevantes. Durante dos o tres siglos el hombre se detuvo a estudiar a consciencia el fenómeno de la Naturaleza. Cuándo se estudiará a sí mismo?

Poseemos una heredad interior de divina consciencia, suficiente para que el mundo retorne a la Edad de Oro; sin embargo, no tenemos idea de ello. Puesto que no nos conocemos, tampoco sabemos nada de este hecho de vitalísima importancia. Nuestra educación nos ha enseñado algo acerca de todo lo que nos rodea, pero nada acerca de nosotros mismos. De haber sido enseñados y entrenados para comprender a nuestro yo, hoy viviríamos con mentes serenas y rostros sonrientes, en lugar de debatirnos con ansiedad y temor en medio de los angustiosos problemas que el mundo enfrenta. Todas las erudiciones y las culturas que consiguieron penetrar en el ámbito interior y espiritual del hombre, colocaron el develamiento de su misterio en las profundidades de sus mentes y corazones, porque solamente en ellos existe el eslabón entre su visible individualidad y lo que radica detrás de ella. De aquí que la obra a emprenderse busque el explorar este profundo lado emocional y mental, al mismo tiempo que se amplía la investigación.

Todo aquél que piensa que tal actividad interior resultará siendo sólo vagas imaginaciones, está profundamente equivocado. Todo depende de la manera como se emprende la tarea, el objetivo que se persigue y la guía (sea verbal, impresa o interior) que se haya seguido, para que se sepa qué clase de resultado se obtendrá. La última puede parecer ciertamente tan poco valiosa como la niebla a un viajero, pero es posible que resulte invaluable cuando la investigación haya sido adecuadamente conducida.

Parece que existe una gran confusión acerca del auto análisis. Todo intento de analizarse a sí mismo debe ser, al principio, uno intelectual. En esto no difiere de los esfuerzos intelectuales de los filósofos, los metafísicos y otros hombres cultos que todavía suscriben a ideas materialistas. Pero se necesita algo más. Quiero dejar claramente establecido dónde termina la tarea puramente intelectual y dónde empieza la obra realmente espiritual. Cuando se comprenda esto claramente se sabrá mejor cómo proceder. En un delicado e intangible reino como es el del alma, las ideas justas son realmente de importancia. Aquellas páginas deben estudiarse, en cierto modo, muy despaciosamente. Si se llega a ellas para criticarlas debido a los prejuicios que ya sustentamos contra ellas, por supuesto, resultarán del todo inútiles.

autoanalisis01
La crítica antes de la investigación es una falta, y creer antes de la averiguación, es otra. Se debe leer con todo cuidado, sin resistir voluntariamente su contenido y sin aceptarlo ciegamente. Porque hay un poder inherente en las verdaderas palabras. A ese poder someto este texto. Sé perfectamente que la gente no entra en un sendero como éste hasta que ha agotado las posibilidades de los métodos convencionales para llegar a la verdad. Por cierto, vienen poseídos de negra desesperación, apelando a un último recurso. Es solamente a esta clase de personas, a esas que sienten aguda angustia debido a su inhabilidad para entrar en las regiones espirituales, para aquellas que no encuentran ayuda en los sistemas ortodoxos, y para aquellas que acaso llevan una existencia llena de sufrimientos, a quienes están dedicadas estas páginas.No pedimos que los lectores sean insinceros consigo mismos en sus pensamientos o al destruir la facultad del juicio independiente. Por cierto, cualquiera que no esté inclinado a ejercitar su facultad de razonamiento no puede entrar en este sendero. Todos están completamente capacitados y autorizados a mantener su existente punto de vista, porque la experiencia personal de la vida los ha traído a este punto. No se les pide que renuncien a lo que necesariamente les parece una probada verdad. Quisiera dejar claramente establecido que prefiero tratar solamente con aquellos que están disgustados con sus presentes puntos de vista, porque puede ser que ellos tomen, por el momento al menos, un punto de vista racionalmente presentado por aquellos que tienen un más alto y amplio orden de experiencia.

En tal caso se pide al estudiante que reflexione, una y otra vez, sin sospechas ni prevenciones; que sea imparcial y que asimile, en carácter de experimentación, por decirlo así, una perspectiva que hasta ahora no los ha entretenido y que posee en sí misma el poder de despertar la facultad intuitiva y otorgar una gran energía interior. La contemplación, no menos que la cultura, dignifica al hombre. Este sendero empieza con un punto de partida que es común a todas las personas, en todo el mundo. Empieza con una práctica investigación de uno mismo. Religiones, razas, costumbres, clases y nacionalidades crean diferencias naturales o artificiales entre los hombres, pero cada individuo no puede escapar del hecho de su propia existencia.

No es posible condensar este método en una concisa o mejor fraseología que aquella que una vez adornó el gracioso portal del hermoso templo griego de Delfos: Hombre, conócete a ti mismo! Porque, como los sabios griegos lo declararon, todos somos rayos del central y espiritual sol, y así como no podemos separar el dorado destello de sus rayos individuales, del mismo modo no podemos separar realmente el Ser Absoluto de las individuales almas humanas que emanan de él. Debido a esta circunstancia en la naturaleza, el modo de descubrir la propia divinidad existe inquebrantable para cada uno de nosotros. Porque si el hombre es un misterio para sí mismo, es un misterio que puede ser resuelto. La más grande realización del hombre no será construir un largo puente o volar en el espacio superando la barrera del sonido, sino conocerse a sí mismo. El método más exacto para llegar a la verdadera naturaleza del yo es seguir un proceso de eliminación, por ejemplo, distinguir entre el yo y el no-yo.

Hay una prevención, y una muy importante, que debo formular. Si se toma este sendero en la búsqueda del yo como una fórmula intelectual árida, entonces se cometerá un error vital y se enfrentará el fracaso en el intento de realizarla. Ha de emprenderse esta tarea del auto análisis del mismo modo en que un amante de la naturaleza contempla un hermoso paisaje. Se debe creer que hay algo maravilloso, ciertamente sagrado, para ser descubierto, a condición de que la tarea se realice a conciencia, aunque el interés esté centrado en uno mismo. En consecuencia, debe recogerse y concentrarse en la ordinaria mentalidad.

El primer paso consistirá en liberarse de la obsesión de primitivo origen de que las impresiones sensorias constituyen el yo. Esto se hace no solamente en el auto análisis, sino también en la práctica del yoga de apartar en verdad la mente de los sentidos. El primer análisis empieza con el yo físico. La investigación es esencial para encontrar la verdadera relación con este cuerpo, procurando que durante el ejercicio se pueda lograr que la mente se separe de su habitual actitud hacia el cuerpo. Una vez que se hayan logrado los requerimientos, ya no será necesario mantener la duplicación. Pero se debe estar seguro, absolutamente, de que se han comprendido los puntos importantes. No sólo para la propia satisfacción intelectual, sino también porque, cuando se los maneja como es debido, ellos se convierten en medios que ayudarán a que nuestra consciencia penetre por debajo de la habitual relación con nuestro cuerpo.

Este análisis se debe practicar para que uno empiece a considerar su cuerpo como algo distinto, separado y aparte. El cuerpo está ahí y es nuestro, pero es necesario aprender a desprenderse de él para así comprender que ese cuerpo no es uno. Debido a que estamos tan familiarizados con el cuerpo que llevamos a todas partes, hemos llegado a la errónea creencia de que es nuestro yo. Entonces se empezará a ver que este cuerpo es en verdad una cosa distinta en relación al verdadero yo.

No hay duda de que uno existe. Se sabe que uno está aquí y que se es un ser consciente, pero por lo general se da por concedido de que el cuerpo es el yo. Por eso se le ha dado un nombre. Dicho nombre lo distingue de los otros cuerpos. Esto es lo que, en suma, termina por confundir la investigación. En tanto se siga identificando uno por el nombre, del mismo modo continuamos identificándonos con el cuerpo. Lo mejor es empezar sin prejuicios en esta averiguación. Se debe olvidar uno de sí mismo y de su nombre durante los períodos de concentración y meditación, y ser, nada más, sin llevar un nombre o identificarse.

Cuando se dice yo, automáticamente se está refiriendo uno al cuerpo. Ello no es aconsejable durante esta meditativa investigación para pensar de uno mismo como un ser que lleva un nombre; por lo tanto, es aconsejable que se emplee la palabra yo en nuestros pensamientos para designar el yo. En otras palabras, se debe emprender la investigación en forma impersonal y poner el artículo determinado antes de la denominación. Haciéndolo así se quita el pensamiento ególatra del cuerpo. Se sabe que en tanto se tenga vida el sentido del yo-ismo continuará.

Incluso si se cortara la mitad del cuerpo y la otra mitad siguiera viviendo, la consciencia de la propia experiencia continuaría tan indivisible y poderosa como siempre, porque la consciencia del ego, el Yo, no está inseparablemente confinado con la consciencia del cuerpo físico. Este Yo, el ego, puede, y algunas veces lo hace, separarse del cuerpo, sin ningún propósito o esfuerzo de su parte. Ello ocurre, por ejemplo, cuando uno está pensativamente ausente. Si uno se encuentra profundamente sumergido en un pensamiento, ni siquiera alcanza a escuchar las palabras de alguien que le habla. El sentido del oído fracasa. Esto demuestra que uno está oyendo con la mente.

El hecho de que no puedan siquiera sentirse sensaciones de dolor y de placer cuando la mente está absorta en otra cosa, es una muestra de su independencia con el cuerpo. A menos que el yo dé su atención al cuerpo, éste se hace abstracto, se retira en sí mismo, esto es, en la mente. El oído físico resulta, de este modo, un simple instrumento, y de tal modo se llega a la conclusión de que el yo que oye es sin duda más la mente que el oído. El cuerpo no es uno mismo. No es el alma.

El Maestro

El Maestro

ElMaestro_01

 

El hombre es buscador de nacimiento. El no lo sabe. Pero sí lo es. Y la presencia del Maestro evoca en él la búsqueda y la vivifica.

La experiencia misma estaba más allá de toda interpretación ordinaria. Algo se ofrecía a nuestro entendimiento, pero era como despertar en medio de un fenómeno que no podía compararse con los fenómenos habituales, y sentirse como integrado en él, libre de toda preocupación por explicar o describir, era más bien vivir la experiencia como el Maestro nos hacia sentir que la vivía él.

A veces había como iba a decir una complicidad, una inteligencia evidente entre él y nosotros; estábamos juntos, implicados en la experiencia, por un rato, y eso era lo que al fin predominaba.

Pero luego quedaba algo que era la prueba de lo que se había vivido con él, y dejaba muy atrás toda las explicaciones que se pudieran dar.

Había que tratar de revivificar esa experiencia, de revivirla con todo lo que llevaba consigo de falsa satisfacción, y de inútil desaliento. Pero aquí y ahora cómo volver a encontrar esa intensidad?

Eso es lo que sin cesar se propone, y es evidente que después de tantas tentativas infructuosas, algo persiste, invitándonos a probar y probar, una y otra vez, sin hacernos ilusiones y sin esperar a toda costa un resultado.

Pero intentar de veras conservar esa disposición, intentar mantenerse en estado de receptividad, eso es lo que podemos sentir de un trabajo que se hace en nosotros, a condición de no pretender dirigirlo. No somos dueños de ello. no soy yo el Amo, y sin embargo reconozco que se me ofrece a mí

Lo que acaso corresponda a una afirmación de mí mismo más justa, es esta visión. Intentar, intentar la experiencia, sin pretender dominarla, pero así y todo, intentarla. Cultivar esa disposición a vivir la experiencia, entrar en la experiencia y mantenerme en ella.

Gurdjieff insistía en que no debemos hacer nada sin tratar de comprender lo que estamos haciendo. El hombre debe experimentar por sí mismo la verdad de lo que se le enseña.

En los Relatos de Belcebú se nos convida desde el principio a despertarnos a esa nueva comprensión. Los Relatos no empiezan de improviso. Les precede una introducción que se titula El Despertar del pensar y a lo largo de los capítulos se dedican páginas enteras a una Enseñanza cuyas verdaderas perspectivas aparecerán en las Conclusiones del autor.

Después de más de cincuenta años de morir el Maestro, hay una enorme diferencia entre lo que eran los grupos en la época de Gurdjieff y lo que pueden representar hoy.

El tenía en cuenta, evidentemente, la diversidad de nuestras interpretaciones de lo que él sugería y se ingeniaba para utilizarlas conscientemente.

Ahora, por supuesto, ya no es lo mismo que cuando aquello era vivido y dirigido por el Maestro. Pero, por muy inevitables que sean las desviaciones, para nosotros hay algo que da fe de que su influencia sobrevive.

Cómo mantenerse abierto?

Se nos pregunta hasta qué punto la intimidad del trabajo sobre sí mismo puede prestarse a ser confiada al público. Sobre eso existe un malentendido harto evidente que puede adoptar muy diversas formas. Pero a lo que soy más sensible es a la relación con nuestro Maestro, y la manera que tenía de poner a prueba nuestra capacidad de comprender.

En una forma u otra, esto pone en tela de juicio las tareas que me han propuesto y que he procurado cumplir durante muchos años.

He venido a llegar al cuestionamiento de la concepción del Trabajo, y de ello se pueden encontrar ecos en algunos textos, sea en entrevista o en escritos que he tratado de elaborar.

Hay un malentendido, muy a menudo, en cuanto se trata de un trabajo que hacer. Es una especie de movilización, de una responsabilidad que uno asume, de un trabajo que tengo que hacer. Quiero movilizarme, de distintas maneras, para poder hacerlo, puesto que es lo que se me propone.

Y a partir de ahí, cuántos testimonios cuando un grupo se reune, cuánto derivar, y después, cuántos comentarios sobre el trabajo !

Y en medio de todo eso, parece que algo queda descuidado, ignorado. Y es que el verdadero Trabajo, no lo hacemos nosotros. Se hace en nosotros. Y esto, naturalmente, con la ayuda del Maestro, pero trasciende incluso la ayuda del Maestro.Algo se trabaja en nosotros, que obedece a imperativos totalmente diferentes de aquellos a los que solemos plegarnos.

En todo caso, algo responde mejor a la verdadera demanda, y consiste en sentirse en trabajo, como una madre Estar en trabajo, sentirse trabajado y estar más precavido ante lo que puede poner eso en peligro. Lo cual evidencia más aún que esa especie de intervención. de desvío, siempre es posible

Entonces, por supuesto, aparece el otro obstáculo, que es una suerte de pasividad, de espera. Sí, voy a ser trabajado. Sí, bueno, muy bien Vamos a esperar y ya veremos. Y en seguida surge otro desvío, otra forma de comodidad.

Pero si se vuelve a lo que se ha reconocido como esencial, entonces se mantiene una interrogación casi permanentemente. Estoy verdaderamente dispuesto para el trabajo que se hace en mí ? Me voy volviendo más sensible a lo que interfiere, a lo que prácticamente inutiliza la operación, así como a ciertas actitudes que voy desarrollando a favor de ese llamado trabajo, y así sucesivamente

Esa pregunta de estar dispuesto para el trabajo es el resultado de un proceso, pero no el comienzo de la búsqueda, tal como lo entendemos. Todos estos desvíos podrían ser de orden preparatorio.

Se podría, entre paréntesis, ver como corresponde un cuestionamiento así con lo que sucede al ir descubriendo un oficio: el joven aprendiz está ahí, con su ansia de empezar a actuar, y va notando lo que se hace, lo que el patrón puede hacer, lo que el maestro de taller procura mostrarle, y de ese modo se expone a comprometerlo todo, intentando conducirse según lo que le parece comprender. Muy a menudo hay una fase intermedia. Fracasada esa primera tentativa, o bien comienza una espera indefinida que puede durar hasta el final, o bien una búsqueda nueva, totalmente distinta, como para ponerse a prueba abriéndose a la posibilidad de comprender mejor las condiciones mismas de un crecimiento, de una capacitación. Abundan los testimonios de esa índole en los escritos de los Compañeros del Deber.

Es como si este trabajo fuera como una preparación para asimilar cierto tipo de alimento. No se pueden asimilar desde el principio todos los componentes de ese alimento. Se necesita afinar la sensibilidad.

Eso tiene una resonancia en el recuerdo de esos años de participación en el trabajo. Es indudablemente una de las formas del trabajo que se hace en nosotros, cuando no lo esquivamos, sino que seguimos abiertos a lo que todavía no ha sido verdaderamente percibido. Se presiente que aún así, está presente en potencia.

En la mirada del señor Gurdjieff y en la atención con la que seguía nuestras tentativas de comprensión, algo nos estaba midiendo constantemente; Estará preparado o no? Le ofrezco algo o lo dejamos para más tarde? Y en determinados momentos se arriesgaba.

Qué mirada iba poniendo en unos o en otros !… Ah ! Sabía que algunos comprenderían y otros no. Lo tenía en cuenta y se arriesgaba a cada momento. Eran riesgos conscientes. De qué manera lo vivieron unos y otros ?

A veces, cuando uno escribe o contesta a preguntas acerca de la enseñanza del señor Gurdjieff, tiene que vivir una especie de resonancia, aunque muy lejana, de las situaciones en las que él se encontraba; y muchas veces decía cosas por el estilo de Sé que no debería decírselo, pero Y a aquello nos aferrábamos de nuevo, más aún. Y para algunos era origen de despropósitos enormes, y otras veces era como un nuevo nacimiento, nacer de nuevo al trabajo. Como en la parábola del Sembrador había terrenos de todas clases.

En los Relatos de Belcebú hay muchas referencias al proceso de destrucción mutua. Todos los Mensajeros de lo Alto han intentado hacer comprender al hombre que el Cielo reclama un sacrificio.

Esto me hace pensar forzosamente en el esfuerzo consciente y el sufrimiento voluntario. Hablar o escribir sobre esto probablemente no sirva para nada; tal vez haga falta pasar una vida entera junto a otros compañeros de incomprensión, de malentendidos.

Otra alusión que hay que retener: la noción de Purgatorio. Es una cosa que casi siempre se entiende mal: El Purgatorio Qué maldición ! Qué condenación ! Es el prefacio al Infierno. Y pocos son los que descubren en él el inicio de una verdadera transformación. Es evidente que los últimos capítulos de Belcebú arrojan cierta luz sobre todo esto. Pero es curioso: han de transcurrir años después de la primera lectura de Belcebú, para que esos últimos capítulos muestren las perspectivas que van a hallar un eco en el lector.

La cuestión no deja de ser el recuerdo de sí. Se presiente como el gran misterio, y a la vez como la respuesta real, definitiva. Pero en seguida se empieza a perder el rumbo. Hay llamada y respuesta a la llamada. Si la llamada ha resonado de veras. la respuesta no puede menos que venir. Y luego sigue la ejecución, que traduce en forma de comportamiento lo que ha sido el impulso suscitado por la llamada.

La primera respuesta suena como un acorde justo, en cierto sentido.

Y en seguida vuelve la incertidumbre. Una de sus formas más flagrantes consiste en asumir responsabilidades en falso, como quien se atribuye la capacidad de responder, y en seguida exige que los demás hagan lo mismo.

Y por otro lado está el buscador de la verdad, el que mantiene vivo el cuestionamiento, el que procura elegir y reconocer lo que suena ajustado en las respuestas que recibe, y en las que le ofrece tal cual tradición, y las experimenta, prueba a experimentarlas; el que decide: No. todavía no es esto, se trata de otra cosa, y sigue buscando y buscando.

Lo que el señor Gurdieff nos revela de su vida de buscador es un perpetuo cuestionarse y volverse a cuestionar, no sólo al principio. sino hasta el fin.

Y a la vez el reconocimiento de una respuesta percibida de cierta manera en un momento dado y de otra manera en otro momento, pero en eso también hay una continuidad.

La respuesta se da desde el comienzo y es recibida en una forma u otra, o en una tercera o décima. .. que se contradicen más o menos entre sí. Es de otra dimensión que lo que percibe habitualmente.

Habría que hacer sitio a las diferentes etapas en el camino del buscador de la verdad. Puede ocupar un lugar cierta identificación con el cuidado de ceñirse verdaderamente a lo que ha sido propuesto, tal como se ha comprendido.

A falta de esto, se corre perpetuamente el riesgo de derivar.

Hay quien dice, así, de paso: Ah, eso es interesante ! Pero también hay otras cosas, esto, y esto otro. Y así puede permanecer indefinidamente. Cuando hay de veras la tentativa seria de una experiencia que corresponde a lo que se ha recibido, tampoco es un fin en sí, tiene que seguir abierto a nuevas interrogaciones que permitan ir más lejos, acercarse a lo que se ha sentido desde el principio, pero que se debe sentir de manera cada vez más acorde. según se va desarrollando la experiencia.

Mantenerse abierto, eso es lo importante. No abierto a cualquier cosa, sino abierto a lo que se ha captado como una orientación, una dirección. Eso es lo que nos revela la Tercera Serie de los escritos del señor Gurdjieff, más allá de todas las posibles cavilaciones del lector.

El cuarto camino del que habla el señor Gurdjieff no se puede aprehender como funcionalmente definido. No iremos a extraviarnos por un camino errado aludiendo a lo que se puede observar al final de este siglo, en el que han venido a ser posibles comunicaciones e intercambios entre representantes de los grandes caminos espirituales?

Atención  Deseo – Voluntad

Atención Deseo – Voluntad

Cómo perciben ustedes un objeto? Por qué ese objeto en particular entre tantos otros? Algo nos conecta a nosotros con ese objeto, y no con los otros objetos. Ese objeto atrae nuestra atención. Prestamos atención a ese objeto. Atrae nuestra atención a través de uno de nuestros sentidos: ojos, oídos, nariz, y los demás. Nuestro ojo, oído o nariz presta nuestra atención a ese objeto. Nuestros deseos están conectados con el objeto de alguna manera. Queremos tenerlo; o queremos evitarlo; o queremos mirarlo más que lo que queremos mirar cualquier otro objeto.

Esta mañana vi un perro con dos pequeños muchachos. La totalidad de su atención estaba pegada a sus dos amos, vigilando para ver lo que ellos harían, hacia dónde irían, para poder seguirlos y estar con ellos. No tenía atención para nada más. Y su atención continuaba estando concentrada sobre los dos muchachos tanto como pude observar. Éste es por cierto un grado superior de atención, a pesar de que sólo es atención animal, es mucho más fuerte que la que tienen los humanos.

Ahora llegamos al deseo. El deseo es sólo, por así decirlo, un punto en el espacio. Si solamente deseamos un objeto, nunca lo tendremos. Para poder poseerlo, debemos comenzar a movernos hacia él. Este movimiento es el comienzo de la voluntad. Si el deseo es un punto, este tipo de voluntad genera una línea, moviéndose hacia el objeto, con la intención de poseerlo, o de identificarse con él.

En cada nivel del universo existen grados de voluntad. El hierro y la piedra imantada representan la voluntad puramente mecánica, el hierro también se mueve hacia un objetivo. El gusano se mueve a lo largo de la hoja si quiere comerla. En el caso del perro, algunas veces desea tan fuertemente estar con su amo que, cuando el amo fallece, el perro se echa junto a su tumba y permanece ahí hasta que muere. Éste es ya un grado muy alto de voluntad, aun y cuando sólo sea una voluntad animal. Pocos humanos la logran.

Ciertamente existe una atención, y una voluntad, en los objetos externos. Un objeto nos atrae; nosotros no atraemos al objeto. Los objetos nos gobiernan desde el exterior. Ellos hacen que nosotros hagamos todo tipo de cosas. No es la dama la que compra el sombrero, sino el sombrero es el que compra a la dama. El hombre no fuma el cigarro; el cigarro se fuma al hombre, como decía el Sr. Gurdjieff.

La atención y la voluntad generada por los objetos externos, a través de los sentidos, no es de nuestra propiedad. Son parte del mecanismo de la Naturaleza. La Naturaleza trabaja sobre nosotros. Nosotros no conquistamos la Naturaleza; la Naturaleza nos conquista a nosotros. La atención y la voluntad conectadas con los sentidos físicos y con los objetos externos no es de nuestra propiedad. Esa voluntad no es libre, sino que responde al llamado de cada objeto exterior.

Pero existe otra Atención, y otra Voluntad (con mayúscula). El hombre tiene dos naturalezas, una inferior, y una superior. La naturaleza inferior es parecida a la del animal, quizás más sutil y compleja, pero casi siempre trabaja de la misma manera. La naturaleza superior es la única real. Ésta es incompleta, pero capaz de crecer dentro de un hombre completo.

Para la naturaleza superior, existe otra Atención y otra Voluntad, que no nace fuera de nosotros, sino que nace en nosotros. Esta Atención es el comienzo de la Consciencia Real; y su Voluntad es el comienzo de la Libre Voluntad. Con esta Atención podemos observarnos a nosotros mismos; con esta Atención, podemos recordarnos a nosotros mismos. Con esta Voluntad podemos hacer los esfuerzos para alcanzar nuestra meta más grande: completarnos a nosotros mismos.

Pero debemos realmente “poseerlas”. El conocimiento no es bastante. Es bueno y necesario, por cierto, pero por sí mismo no cambiará nada en nosotros. La comprensión es necesaria. Debemos tener un nuevo conocimiento, por ejemplo, para lograr saber qué puede ser deseado. Pero a menos que actualmente lo deseemos, no tendremos oportunidad de lograr nada. Y el solo deseo, no es bastante. Podemos desear por siempre, pero a menos que nos movamos hacia lo que nosotros deseamos nunca lo obtendremos. Debemos tener la determinación.

Pero nosotros no “tenemos” bastante Voluntad. Y tampoco “tenemos” mucha Atención. Así que debemos incrementarlas lo mejor que podamos. Y la única manera de incrementarlas es ejecutando el tipo correcto de esfuerzos. Sin esfuerzos, nada puede incrementarse. Pero si conducimos toda nuestra Atención, toda nuestra Voluntad, y todos nuestros Esfuerzos, hacia nuestra gran meta, poco a poco, parecidos al gusano, nos aproximaremos a ella: al gran objetivo o meta.

Tomás de Hartmann
Muriendo Diariamente

Muriendo Diariamente

Quienes han sobrevivido a la muerte han narrado que en los instantes anteriores a hundirse en la inconsciencia, el total de su vida desfiló delante de sus ojos en imágenes. Ningún detalle fue omitido, y cada color, forma y movimiento se reprodujo de acuerdo a la vivencia original. La mayoría de estos casos han ocurrido en la proximidad de muertes por ahogamiento; aunque también se han experimentado en accidentes en que la muerte se ve venir sin poder hacer nada por evitarla.

Este fenómeno demuestra claramente, en primer lugar, la persistencia de las impresiones que recibimos, las recordemos o no. En alguna parte de nosotros, la grabación permanece tan clara como en el día en que sucedió. Y, en segundo lugar, este hecho ocurre en un momento en que – presumiblemente – aquello que llamamos nuestra consciencia está abandonando nuestro cuerpo físico. Esto último sugiere la posibilidad de utilizar este poder de revivir el pasado de alguna manera en el momento de irnos a dormir, siendo esta la ocasión en que estamos ensayando la muerte al caer en la inconsciencia del sueño.

El dormir y la muerte se asemejan en que son estados de consciencia a través de los cuales pasamos normalmente en un proceso gradual: nos vamos durmiendo o muriendo. Y si es verdad que en nuestro tránsito final podemos recordar la totalidad de nuestra vida actual, resulta plausible que, al pasar de la vigilia al sueño, podamos recordar los eventos del día que termina. O, por lo menos, que dicha recapitulación sea más fácil que en otro momento. Si la oportunidad para una revisión pictórica de la vida es la muerte, esa misma revisión para un día ya vivido podría ser el dormirse.

Es importante tomar en cuenta que esta revisión antes de la muerte – según lo han informado los sobrevivientes – nunca se percibe como una censura o sermón, ni da origen a ningún pensamiento o sentimiento. Por extraño que parezca, esta revisión es hecha en forma impersonal e imparcial, sin apegos ni comentarios. Todo aparece en imágenes, exclusivamente; no hay palabras ni texto.

Siguiendo esta sugerencia, nuestra revisión nocturna del día debiera ser asumida de la misma manera. Es el día visto en forma pictórica; son los eventos del día con uno mismo como la figura central, revisando lo sucedido sin satisfacción o remordimiento, sin temor y sin expectativas; en forma imparcial e impersonal.

El que nosotros hagamos o no en forma espontánea una revisión como esa, es irrelevante para nuestro propósito, que es el de hacerlo conscientemente. Si encontráramos que sucede, por así decirlo, por sí misma, nuestra tarea de tomar consciencia de ella y observarla sería mucho más fácil. Pero aún, si no se diera en forma natural, el valor que tiene intentar este esfuerzo es demasiado considerable para ser menospreciado.

Para empezar, nada estaría mejor calculado para mantenernos atentos a nosotros mismos y a nuestros actos durante el día que el proyecto de verlo reproducido pictóricamente en la noche. Supongan que llevan consigo a todas partes una máquina filmadora y que las películas de video que tomen serán proyectadas en una pantalla en su dormitorio cada noche. La perspectiva de esta exhibición sería un imperativo para estar vigilante a cada paso que den. La acrecentada atención que eso exige podría ser de un provecho incalculable.

Además, aunque no haya ninguna motivación didáctica, la repetición del día en imágenes sería del más grande valor como una lección de autoconocimiento. Podríamos empezar a ser capaces de vernos como aparecemos ante los demás, y, en consecuencia, ejercitar toda esa tolerancia hacia los defectos y la torpeza de los que nos rodean, que usualmente sólo tenemos para nosotros mismos.

Más aún, la ventaja de tratar de recordar el día con exactitud es inestimable. La memoria, la voluntad, la concentración y el poder de una atención sostenida serían ejercitadas. Es imposible practicar la revisión en forma perseverante sin experimentar progresos en todos estos aspectos. El ejercicio, ya valioso por otras razones, es simplemente invaluable respecto al desarrollo mental. Es casi una medicina contra la mediocridad. Hay otras ventajas, pero ellas tienen que ir siendo descubiertas por cada cual. Nosotros debemos ahora considerar el método en sí.

Antes de irte a dormir empieza a contar lentamente una serie de números simples hacia delante y atrás: 2, 4, 6, 8, 10 – 10, 8, 6, 4, 2. Continúa esta repetición en forma rítmica. Habiendo obtenido este ritmo, déjalo que se siga repitiendo casi automáticamente mientras que, en forma deliberada, procura visualizar cómo aparecías al levantarte esa mañana.

Despertaste, saliste de la cama, fuiste al baño, te vestiste, tomaste tu desayuno, leíste el periódico (si tienes costumbre de hacerlo), te subiste a un bus, o al auto, etc. Trata de seguir esta secuencia en forma visual de momento a momento, exactamente como si estuvieras proyectando un video. Al principio encontrarás este ejercicio muy difícil por tres razones. La necesidad de contar continuamente te parecerá un estorbo al comienzo. No obstante, continúa: porque el contar ocupa el cerebro pensante y así la memoria visual puede trabajar con más facilidad. Recuerda que uno de nuestros objetivos es precisamente no pensar sobre lo que estamos representándonos. El pensar no sólo impediría la representación visual sino que además muy sutilmente, pero con toda seguridad, falsearía las imágenes. Por numerosas razones, el cerebro pensante debe estar ocupado para no interferir en la proyección y no existe otro medio más simple que contar.

La segunda dificultad es la constante interrupción debida a fallas de la memoria. Empiezas muy bien, pero apenas has visualizado unos cinco minutos de tu día cuando no puedes recordar qué hiciste después. Al tratar de recordar, casi con seguridad dejas de contar. Tan pronto como has parchado el video y lo has continuado, se interrumpe otra vez. No te desalientes. A todos, sin excepción, les pasa lo mismo. No es prueba de debilidad mental fallar en los primeros intentos de un ejercicio como este. El hecho es que se trata de algo tan nuevo en su esencia que aún un genio intelectual tropezaría al hacerlo por primera vez. Se puede decir que este ejercicio es posible para todos por igual, no depende del tipo de personas. Por lo tanto, hay que practicarlo hasta que el video del día se proyecte por sí solo sin un esfuerzo consciente.

Igual como el que ha estado a punto de ahogarse cuenta que la visualización de su vida pasó por delante de él, aquellos que han dominado este ejercicio dicen que los eventos del día, tal como han sido grabados en su memoria, se representan por sí mismos en su forma y color originales. Las interrupciones, frecuentes al comienzo, cada vez son menos. Desde un inexperto operador constantemente cortando el video, el estudiante persistente llega a ser un experto. Y su recompensa no es solamente la revisión del día, sino el control de la mente que ha hecho tal revisión posible. Ninguna de las numerosas escuelas de control mental tendría nada que enseñar a quien domine este método.

La tercera dificultad, que tal vez debió haber sido colocada primero, es simplemente: dormirse. El cerebro pensante, como sabemos, tiende a mantenernos despierto. El preocuparse – que es pensamiento emocional – es la más común causa de insomnio. La revisión del día en forma visual, por otra parte, al no ser una forma de pensar, induce al sueño como ningún somnífero podría hacerlo mejor. En el peor de los casos, por lo tanto, te dormirás; y en el mejor de los casos sabrás lo que es morir diariamente.

A.R. Orage

Traducido y extractado por Ester Silva de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.