Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Hermanas y hermanos:

Pensando en el tema de esta charla, he decidido haceros partícipes de algunas de mis reflexiones sobre los problemas comunes que todos nosotros debemos afrontar como miembros de la gran familia humana.

Compartimos este pequeño planeta que llamamos Tierra y, en consecuencia, tenemos que aprender a vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con la naturaleza. Y no estoy hablando de una mera utopía sino de una verdadera necesidad. Dependemos hasta tal punto los unos de los otros que ya no podemos seguir viviendo en comunidades aisladas ignorando lo que sucede fuera de ellas.

La comprensión de que todos somos iguales y de que, por consiguiente, todos tratamos de buscar la felicidad y evitar el sufrimiento resulta sumamente útil a la hora de desarrollar un sentimiento de fraternidad, de amor y de compasión que resulta tan fundamental si queremos sobrevivir en este mundo cada vez más pequeño en el que vivimos. Si cada uno de nosotros se ocupara, de un modo puramente egoísta, exclusivamente en aquello que le interesa y se despreocupara de las necesidad ajenas, no sólo dañaríamos a los demás sino que también terminaríamos dañándonos a nosotros mismos. Esta es una situación que ha quedado perfectamente clara a lo largo del presente siglo. Sabemos ya que una guerra nuclear supondría un suicidio colectivo y que la polución indiscriminada del aire y los océanos , buscando conseguir el mayor beneficio al menor corto plazo posible, terminaría destruyendo el fundamento mismo de nuestra supervivencia. Así pues, a medida que las relaciones entre las naciones y entre los individuos se vuelven cada vez más interdependientes no nos queda más alternativa que desarrollar lo que podríamos llamar un sentido de responsabilidad universal.

No cabe duda de que los seres humanos somos miembros de una familia global y que lo que sucede en cualquier parte del planeta nos afecta a todos. Esto, por supuesto, no se refiere únicamente a las cosas negativas sino que es igualmente aplicable también a las positivas. La extraordinaria tecnología de los medios de comunicación nos permite conocer de inmediato lo que acontece en cualquier parte del mundo y, al mismo tiempo, nos torna vulnerables a los sucesos que tienen lugar en la otra parte del planeta. Es por ello que nos entristecemos cuando nos enteramos de que los niños mueren de hambre en África oriental y que nos sentimos alegres cuando sabemos que una familia consigue reunirse tras permanecer separada durante varias décadas por el muro de Berlín. Nuestras cosechas y nuestro ganado pueden verse contaminados y nuestra salud y sustento amenazados por un accidente nuclear que tiene lugar a miles de kilómetros de distancia y nuestra propia seguridad se ve fortalecida cuando dos facciones que se hallan enfrentadas bélicamente en cualquier país deciden establecer la paz.

Pero la guerra o la paz, la destrucción o la conservación de la naturaleza, la violación o la protección de los derechos humanos y las libertades democráticas, la pobreza o el bienestar material, la carencia de valores morales y espirituales o su existencia y desarrollo, y, en suma, la imposibilidad o la posibilidad de entendimiento entre los seres humanos, no son fenómenos aislados que puedan ser analizados o abordados independientemente. De hecho, se hallan tan interrelacionados en todos sus niveles que para poder abordarlos adecuadamente necesitamos considerarlos desde esta perspectiva.

La paz – en el sentido de ausencia de guerra – tiene poco valor para alguien que está muriendo de hambre o de frío, no sirve de mucho para mitigar el dolor de la tortura infligida al prisionero político y tampoco conforta a quienes han perdido a sus seres queridos en una inundación causada por la deforestación indiscriminada en un país vecino. La paz sólo puede mantenerse de manera estable allí donde se respetan los derechos humanos, allí donde la gente está suficientemente alimentada y allí donde los individuos y las naciones gozan de verdadera libertad. Sin embargo, la verdadera paz tanto con el mundo que nos rodea como con nosotros mismos sólo puede ser alcanzada a través del desarrollo de la paz dentro de nuestra propia mente.

El desarrollo material es, sin ningún género de dudas, importante para el progreso de la humanidad; pero sin el contrapunto del desarrollo espiritual también puede acarrear graves problemas. Creo, pues, que ambos tipos de desarrollo tienen importancia y debemos fomentarlos conjuntamente para poder alcanzar un verdadero equilibrio.

La clave radica en la paz interior porque, en tal caso, los problemas externos no podrán llegar a perturbarnos. De este modo podremos afrontar las situaciones que nos depare el futuro con calma y racionalidad sin perder nuestra felicidad interior. Esto es muy importante ya que, por más confortable que sea nuestra vida, si carecemos de esta paz interior permaneceremos a merced de las circunstancias externas.

Por eso resulta evidente que debemos tratar de resolver los problemas de un modo equilibrado teniendo en cuenta todos los aspectos implicados. Esto, por descontado, no es nada fácil, pero resulta inútil tratar de resolver un problema si al hacerlo creamos otro de igual magnitud. No nos queda, pues, más alternativa que asumir nuestra responsabilidad universal no sólo en un sentido geográfico sino también con respecto a la totalidad de los problemas que afectan a nuestro planeta.

La responsabilidad no sólo afecta a los dirigentes de los países o a aquellos que han sido elegidos o designados para desempeñar esta labor sino que, de hecho, nos atañe individualmente a cada uno de nosotros. La paz comienza en cada uno de nosotros. Y sólo cuando hemos logrado la suficiente paz interior podremos estar en paz con quienes nos rodean; sólo cuando nuestro país está en paz podemos compartir la paz con los países vecinos, y así sucesivamente. El amor y la bondad no sólo hacen que los demás se sientan queridos y cuidados sino que también nos ayudan a afianzar nuestra paz y nuestra felicidad. Existen técnicas para trabajar y desarrollar conscientemente los sentimientos de amor y de bondad. Para ciertas personas, el modo más eficaz consiste en comprometerse con una determinada práctica religiosa mientras que para otras, por el contrario, puede no tener nada que ver con la religión. Lo único verdaderamente importante es hacer el esfuerzo sincero de asumir nuestra parte de responsabilidad con respecto a los demás y con respecto al entorno natural que nos rodea.

Dalai Lama

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós

El Vínculo Sagrado con la Tierra

El Vínculo Sagrado con la Tierra

Mientras el suelo era la madre sagrada, el seno de la vida de la naturaleza y de la sociedad, su inviolabilidad fue el principio organizativo de sociedades que el desarrollo ha declarado atrasadas y primitivas. Pero son gente de nuestro tiempo, que no se diferencian de nosotros por pertenecer al pasado, sino por tener un concepto diferente de lo que es sagrado y de lo que hay que conservar.

Esta sacralización es el nexo que une las partes con el todo. La tierra es la fuente de la integridad de las personas y de la naturaleza. Su santidad debe preservarse y deben establecerse limites a la acción humana. La sacralización del suelo actúa como sanción contra la violencia del progreso.

Existe una religión muy local y concreta, pero que parece prevalecer en todo el mundo: una religión basada en considerar a la tierra como una madre sagrada. Esta es la religión que el desarrollo destruye. El sacrificio, en términos del desarraigo físico de la población, es de por sí brutal y grave. Pero peor es la pérdida de la identidad, el ser arrancados no sólo de la tierra sino del propio ser. Las comunidades que extraen su sustento del suelo no lo ven sólo como algo físico dentro del espacio cartesiano. Para ellos el suelo es la fuente de todos los significados. Como dijo un aborigen australiano: Mi tierra es mi espina dorsal. Mi tierra es mi origen. Suelo y sociedad, la tierra y su población están íntimamente conectados. En las culturas tribales y agrarias la identidad cultural y religiosa deriva de la tierra. El suelo no es un mero factor de producción, sino el alma de la sociedad.

El suelo personaliza el hogar espiritual y religioso de la mayoría de las culturas. Es la placenta de la producción de la vida biológica, así como de la vida cultural y espiritual. Representa a todas las fuentes de sustento. Es el hogar en el sentido más profundo de la palabra. El suelo es el espacio cultural y espiritual en el que se constituye la memoria, el mito, la historia y las canciones que componen la vida diaria.

Un viejo hindú decía: El sol, la luna, el aire y los árboles son signos de mi continuidad. La vida social continuará mientras éstos sigan viviendo. Yo nací como parte del suelo. Voy con ellos. El que nos ha creado a todos nos dará comida. Si hay tanta variedad y abundancia en el suelo, no tengo porqué preocuparme por mi continuidad.

La tierra es pues la condición para regenerar la vida de la naturaleza y la vida de la sociedad. De este modo, la renovación de la sociedad pasa por preservar la integridad de la tierra, implica tratar al suelo como algo sagrado.

La desacralización del suelo es consecuencia de los cambios en el significado del espacio. El espacio sagrado, el universo de todo significado y toda vida, la fuente de toda subsistencia, se ve transformado en un mero sitio, en un punto del espacio cartesiano. Cuando un sitio se identifica en un proyecto de desarrollo, se destruye como lugar espiritual y ecológico. Hay una historia que los ancianos de la India Central cuentan a los niños, para recordarles que la vida de la tribu está íntima y profundamente ligada a la vida de la, tierra y del bosque. Es ésta:

El bosque estaba en llamas. Empujadas por el viento, las llamas se acercaron a un bello árbol en el que estaba posado un pájaro. Un viejo que escapaba del fuego vio al pájaro y le dijo: pequeño pájaro, por qué no huyes volando? Has olvidado que tienes alas? Y el pájaro contestó: Hombre viejo, ves sobre mí ese nido vacío? Allí es donde nací. Y en este pequeño nido del que surge este piar estoy criando a mis hijos. Los alimento con el néctar de las flores de este árbol, y yo me alimento de sus frutos maduros, Ves los excrementos caídos en el suelo del bosque? Muchos brotes surgirán de ellos, y así ayudo al crecimiento de la vegetación, como hicieron mis padres antes que yo y como harían mis hijos después de mí. Mi vida está ligada a este árbol. Si muere, seguro que moriré con él. No, no he olvidado mis alas.

El hecho de que la gente no abandonara sus tierras ancestrales, que continuara reproduciendo sus vidas en la naturaleza y la sociedad de forma perenne y duradera, no se consideró una forma de conservar la tierra, de preservar la ética del suelo. Se vio como un síntoma de estancamiento, de estar lisiado, de no poder cambiar. Se consideró necesario crear algo que hiciese cambiar a estos sistemas estables. Se les dio movimiento con proyectos de desarrollo, y la destrucción y el desarraigo que significaban se camuflaron bajo la categoría cartesiana de desplazamiento.

Peter Berger ha descrito el desarrollo actual como la creciente condición del desarraigo. Su creación es a la vez consecuencia de la destrucción ecológica del hogar y de romper los vínculos culturales y espirituales de la población con ese hogar. La palabra ecología deriva de la palabra griega oikos: hogar, La destrucción ecológica es, en su esencia, la destrucción del suelo como hogar espiritual y ecológico.

Sustituir la categoría sagrada del espacio por una categoría cartesiana es posible para los tecnócratas y las agencias de desarrollo. Es un proceso irreversible de genocidio y ecocidio que se camuflan bajo términos como desplazamiento y reasentamiento.

Para quienes consideran sagrado el suelo, el reasentamiento es inconcebible. Un anciano de la tribu Krenak habló sobre la imposibilidad de reasentarse, en una audición pública de la Comisión Mundial de Desarrollo Ambiental: Cuando el gobierno tomó nuestra tierra en el valle del río Doce, quiso darnos otro sitio en otro lugar. Pero el Estado, el gobierno, no entenderá nunca que no tenemos ningún otro sitio adónde ir. El único sitio posible para la gente Krenak donde vivir y establecer nuestra existencia, donde hablar a nuestros dioses, hablar a la naturaleza y llevar nuestra vida es donde Dios nos creó. Es inútil que el gobierno nos ponga en un lugar maravilloso, en un buen sitio con mucha caza y pesca. Seguiremos muriendo, y morimos insistiendo que sólo hay un sitio en el que podamos vivir.

Este acercamiento a la naturaleza que considera el suelo como algo materno y los seres humanos como frutos de ella y no como propietarios, ha sido y es universal, a pesar de que se ha sacrificado en todas partes como si representase una visión local y sin interés.

En su lugar se ha introducido la estrecha visión cultural de los blancos europeos, universalizada a través del colonialismo y del desarrollo, que ven el suelo como una propiedad a conquistar y a poseer.

El colonialismo transformó la tierra y el suelo. Eran la cuna natural de la vida y una fuente de sustento para sus habitantes; los convirtió en una propiedad privada para ser comprada, vendida y conquistada. El desarrollo continuó lo que el colonialismo no pudo terminar. Transformó a los seres humanos de invitados en depredadores. En un lugar sagrado sólo se puede ser invitado, no se puede poseer. Esta actitud hacia el suelo y la tierra como hogar sagrado, no como propiedad privada, es característica de la mayoría de las sociedades del Tercer Mundo. La carta del jefe siux Seattle se ha convertido en un testamento ecológico: La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todas las cosas están conectadas, como la sangre que une a una familia. Lo que le ocurre a la tierra le ocurre a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la telaraña de la vida, es sólo un hilo. Cualquier cosa que haga a la telaraña se la hace a sí mismo.

En la visión del mundo del Africa indígena el mundo en su totalidad está hecho de un solo tejido. El hombre no puede dominarlo en virtud de su espíritu. Es más, este mundo es sagrado y el hombre debe ser prudente con el uso que hace de él. El hombre debe actuar en este mundo como invitado, y no como un propietario explotador.

En las comunidades indígenas los individuos no tienen propiedad privada. Toda la tribu es responsable de la tierra que ocupa. Y la comunidad o tribu no incluye sólo a los miembros vivos, sino también a los ancestros y a las generaciones futuras. El suelo no es un concepto territorial, no define un espacio cartográfico sobre un mapa.

La ironía de la desacralización del espacio y el desarraigo de las comunidades es que las categorías seculares del espacio usadas por el desarrollo transforman a los habitantes originales en extraños en su propio hogar, mientras que los extranjeros toman ese hogar como propiedad privada. Se lleva a cabo una redefinición política de la gente y la sociedad mediante cambios en el significado del espacio. Se crean nuevas fuentes de poder y control sobre la naturaleza y la sociedad. El poder y el significado pasan de estar enraizados en el suelo a estar ligados al Estado y al capital global. Estos conceptos unidimensionales y homogeneizantes del poder crean nuevas dualidades y nuevas exclusiones. Trágicamente, los más excluídos dentro del nuevo orden de poder son los habitantes originales, y los más incluídos los extranjeros distantes que controlan el capital.

La santidad del suelo era una condición esencial para la renovación de la sociedad. De la madre tierra nace la sociedad. Las condiciones de renovación pasan por el mantenimiento del ritmo y los ciclos de reproducción de la vida. Perdurar, permanecer, continuar, mantenerse: para todo ello la integración en un todo orgánico resulta una condición esencial. El todo perdura, las partes degeneran y desaparecen. El concepto sagrado del espacio y del orden se refleja en el concepto sagrado del tiempo. El tiempo sagrado tuvo que ser sustituido por el tiempo mecánico que comprimía todas las historias en una sola, la del hombre blanco industrial. Para Bacon, llamado el padre de la ciencia moderna, la naturaleza ya no era la Madre Naturaleza, sino una naturaleza femenina conquistada por una ciencia masculina y agresiva.

El tiempo masculino crea un futuro masculino para todos. Paradójicamente, una visión universal sólo basada en el concepto del futuro es la que amenaza el futuro. La voracidad ecológica de la cultura que lanza el mito del progreso amenaza con poner fin a la historia, cerrar el futuro. La cultura depredadora que se autodenomina futurista vive a costa del futuro, coloniza el futuro.

El dominio de un concepto lineal del tiempo, combinado con la hegemonía cultural, sólo puede crear un orden violento en el que el pasado de otros y sus alternativas de futuro se destruyen, y el sueño del futuro de todos se convierte en el presente o el pasado del hombre industrial. Otros senderos, otros caminos, otras historias no se perciben, y al no ser percibidos son borrados . Veo claramente la profundidad con que el pensamiento lineal se ha asentado en nuestras mentes cada vez que discusiones sobre otras realidades contemporáneas, libres de la forma de actuar occidental y patriarcal, hacen surgir la pregunta: Es que quieres hacernos volver al pasado? o Quieres hacernos volver a la Edad de Piedra?. Y cada vez me sorprende el esquema mental que permite que el presente y el futuro de culturas no occidentales se conviertan inmediatamente en el pasado de la historia del hombre blanco. Por definición, el tiempo masculino excluye las otras alternativas. Aparta a otras culturas de sus fundamentos históricos y los sustituye con la promesa vacía de un futuro hecho a imagen y semejanza del occidente patriarcal.

El desarrollo ha interrumpido el proceso cíclico y lo ha sustituido por una carrera lineal hacia el futuro, el siglo XXI. Es, de hecho, inevitable que habrá un siglo XXI. Pero no es esta inevitabilidad la que se invoca con la imagen del próximo siglo, sino la imagen del occidente contemporáneo. La historia se ve reducida a la imitación de la cultura más desalmada, y esta imitación se define como modernización y progreso. A través del nacimiento del tiempo masculino, el desarrollo ha convertido a una subcultura (producto de los tecnócratas blancos) en un ideal al que se debe llegar aunque ello suponga la propia destrucción. El tiempo, robado a la historia, se ha convertido en el instrumento para destruir la historia. La obsolescencia, la creación deliberada de lo desechable, del usar-y-tirar, se ha convertido en la fuerza del cambio, y también en la fuerza que destruye la permanencia y la durabilidad. Un movimiento cada vez más rápido en el tiempo lineal se ha convertido en el fin hacia el que se dirigen todos los esfuerzos humanos. Es como si las sociedades hubiesen sido arrancadas del suelo y lanzadas al tiempo vacío. Los ciclos de renovación de la naturaleza y de la sociedad están siendo destruídos porque marcan límites. Imponer el tiempo masculino sobre los ciclos naturales se ha convertido en la esencia del progreso, y en la causa básica del desastre ecológico y social.

Las Corrientes Telúricas

Las Corrientes Telúricas

Influyen nuestro Comportamiento?

Son las tres de la tarde. Invitado en ese castillo de la Beauce, me instalo en un escritorio y comienzo a escribir una carta. Pero pronto el sueño me invade, lucho, varias veces casi he caído de bruces sobre la página. No, no es posible, es una coincidencia. Me sacudo. Lo siento por mi carta, voy a desentumecerme al parque.

En el jardín hay un asombroso frescor, un perfume de musgo y hierbas silvestres cerca del riachuelo que lo bordea; me siento, me recuesto. Y me duermo.

– Y bien, yo no le había mentido !

Abro los ojos. Mi anfitrión me mira divertido, riéndose de mi incredulidad. El me había prevenido. Incluso me había invitado para eso. Venga al castillo – me había dicho – y constatará un fenómeno extraño. Nadie puede realmente trabajar. Todo el mundo experimenta un aletargamiento permanente, todo el mundo se duerme ahí abajo.

No le había creído, y había aceptado su invitación como un desafío. Ahora estoy convencido por la demostración, y soy yo quien pide explicaciones. Es muy simple – me respondió – el castillo está construido en una zona de excepcional actividad magnética terrestre. Y la opinión general es que esta actividad magnética de la Tierra influye sobre el comportamiento de todos los que viven ahí. No me pregunte por qué. Todo lo que sé es que el efecto es inevitable e inmediato. La pregunta se hace desde la antigüedad griega: el magnetismo de la Tierra, influye el comportamiento de los hombres? Es por casualidad qué las antiguas civilizaciones se establecieron sobre zonas de quebradas?

Poco tiempo atrás, tuve la ocasión de interesarme en la cuestión del magnetismo terrestre. Había encontrado varios eminentes geólogos, dos ingenieros del Instituto Geográfico Nacional, un profesor de física de la Facultad de Ciencias, un investigador de la Oficina de Investigación Geológica y Minera y un célebre vulcanólogo, todos especialistas en radiactividad natural.

Todos habían estado más o menos de acuerdo: uno no puede casi imaginar que las fuerzas que recorren la corteza de nuestro planeta tengan un efecto lo suficientemente poderoso como para modificar la vida del hombre que las experimenta. En todo caso, este efecto no es verificable a lo largo de una vida.

Mis investigaciones personales, los numerosos testimonios recogidos después en el lugar mismo, las constataciones, las aproximaciones entre ciertos puntos geográficos, y la historia de aquellos que han vivido ahí – como en este extraño castillo – me han hecho cambiar de opinión y ponerme en contra de la opinión de algunos científicos.

Los geólogos pueden dar una explicación, pero está fuera de discusión el darles la razón en contra de los fenómenos del mundo. Cuando uno no comprende, es que eso no existe. Una vez más tendremos que luchar contra la sobrevivencia del oscurantismo. Científicos sí. cientificistas no.

El castillo de la Beauce no es un caso aislado. Hemos tenido que interesarnos frecuentemente por lugares encantados cuando hacíamos otras averiguaciones.

Por ejemplo, sitios llamados lunares. He ido a ese desfiladero, cerca de Vence, de donde se ha informado de gran cantidad de testimonios acerca de la presencia de Ovnis. Conoce esos páramos bretones donde la radiación de la luna llena tiene proporciones increíbles? Ha visto fotografías de las zonas de neblina que bordean las Bahamas, los dudosos fondos de las Bermudas donde desaparecen aviones y barcos, los fenómenos de mar blanca constatados por los astronautas desde sus satélites?

La lista que comprueba las locuras de la Tierra es impresionante. Cómo negar, así nada más, la existencia de todos esos puntos de contacto entre las profundidades de nuestro planeta y la superficie?

En el momento en el que uno estudia seriamente, por fin, la eventualidad de puertas a otras dimensiones, habría que rehusar el examen de teorías, bastante simples, probables y fáciles de interpretar por nuestra mente nutrida de lógica y racionalismo?

Me ha parecido evidente – a pesar del escepticismo de los investigadores – que las entrañas de la Tierra, que se desplazan, que desvían los continentes, que hacen que entrechoquen masas enormes de la costra provocando frotamientos inmensos, liberando rocas y materiales en fusión, bien pueden ser un un generador de energías aterradoras que deben algunas veces surtir efectos de superficie. Sería increíble, por otra parte, que toda esta gigantesca actividad se anule, se compense y equilibre sin que nadie jamás lo perciba.

Felizmente eso es lo que pasa la mayor parte del tiempo; si las fuerzas contenidas se liberaran, en lugar de anularse, haría bastante tiempo que nosotros ya no existiríamos.

De acuerdo, la fusión nuclear en la naturaleza tiene barreras que la hacen improbable, salvo cuando nosotros, aprendices de brujos, la provocamos. Pero también sucede el accidente: en el desierto de Morave (USA) se han encontrado trazas de rocas vitrificadas, sin duda debido a muy antiguas explosiones nucleares. Más evidente aún, la tierra tiembla muchas veces por año, se abre, se cierra, escupe periódicamente chorros de lava. Entonces, es necesario constatar todas esas evidencias y al mismo tiempo negar las corrientes eléctricas, los campos magnéticos y los flujos telúricos que inevitablemente se originan?

Esas energías que se pasean bajo nuestros pies existen, de eso podemos estar seguros. En cuanto a determinar exactamente su influencia sobre nuestro cuerpo, nuestros genes, nuestra mente, eso es otra cosa. Primero porque nosotros no estamos acostumbrados a sufrir esos fenómenos. Y he aquí que durante milenios nuestra raza se ha adaptado pacientemente a esas molestias, como los animales, a fin de sobrevivir. Sin duda, entonces, nuestras células se han habituado a recibir parte de estos bombardeos de influjos magnéticos y corrientes migratorias.

La segunda razón que hace este estudio difícil es que la vida humana es extraordinariamente resistente a las agresiones exteriores. Sería necesaria una liberación enorme de energía para matar a un hombre. Y después reaccionaríamos todos de la misma manera. Supongamos que todos devenimos mutantes sobre un aspecto en particular, nadie lo notaría y nadie se alarmaría. Y acaso eso no se ha producido muchas veces desde tiempos inmemoriales? Conozco un pueblo bretón donde casi todo el mundo cojea. Hubo un mutante en este muy cerrado pueblo, en el siglo XVII, época en la que era una aldea en la que uno se casaba entre primos.

Sin embargo, esta es una manera de descubrir las modificaciones que esas influencias terrestres producen en nosotros: estudiar el comportamiento de aquellas personas que viven en lugares donde los fenómenos telúricos son muy intensos, y después compararlo con el de quienes viven en regiones más calmas.

Entonces, dónde están las regiones agitadas? Dónde están las butacas del diablo, como se llamaba en la Edad Media a las zonas bajo esta influencia? Nosotros nombramos varias hace un momento. Pero necesitaríamos perímetros suficientemente extensos para comparar allí una raza, o al menos una comunidad entera. Un volcán, un circo lunar, un espacio marítimo, evidentemente no lo permiten.

Quedan las quebradas geológicas. Ellas son una discontinuidad en la naturaleza del suelo. En principio uno no puede decir que esta rotura en la masa terrestre conduzca las energías hasta nosotros. Pero buen número de estas quebradas confirman la profundidad de sus raíces por los temblores que producen. Y ahí uno puede ver la transformación y reacción de toda una población. Las quebradas bajo tensión por una actividad telúrica, productoras de temblores, son conocidas por la tradición mucho antes que por la ciencia. Platón había ya construído un mapa para la cuenca mediterránea. Y él decía que los hombres que la frecuentaban eran más inteligentes que los otros. Esta opinión un poco precipitada se ha esparcido hasta nuestros días. Asociar la inteligencia a la presencia de fenómenos me parece aventurado. Pero es lo que siempre se ha contado, por el particular comportamiento de los etnios del lugar.

Dónde están esas quebradas profundas? Todos conocemos trazos de zonas inestables en Europa. Partiendo de Irán, una quebrada grande, sin duda en coincidencia con las trizaduras de las placas tectónicas, sube por Turquía hasta Yugoslavia, Italia del norte, para perderse a lo largo de la costa D’Azur. Otra que parece marcar la separación de placas de la Meseta Continental y de la Península Ibérica, bordea los Pirineos al norte. Me han asegurado que esas dos fracturas eran independientes. Pero me han dicho igualmente, en el Instituto Geográfico Nacional, que sus huellas se pierden en el Golfo de León. Entonces, son verdaderamente independientes? Será necesario creer que todos los pueblos que viven a lo largo de esta línea intercontinental son diferentes de otros? Quién osaría afirmarlo? Yo no lo haría. Pero los invito a seguir en un atlas el camino de la quebrada, y después a comparar esta ruta con aquélla de otras civilizaciones. Vean la Persia de los Hititas, luego las Islas Volcánicas del Mediterráneo oriental, después la Grecia, el mundo romano, luego Languedoc… El paralelismo es notable. No és ese el camino de los Iniciados, que estaría en su totalidad asentado en la butaca del diablo?

Tendremos la ocasión de interesarnos más precisamente en el destino de esos pueblos. Vemos la isla de Creta y Santorin devastadas por la más grande explosión volcánica que se conoce, hoy importantes lugares arqueológicos de la Grecia antigua; vemos Pompeya, cumbre de la civilización romana, enterrada por el Vesubio; los Cátaros de Languedoc, herederos de la decadencia italiana, cuyos castillos alineados siguen exactamente la quebrada norte pirenaica.

Alix Alvaredi

Traducido y extractado por Inés Bravo V. de
Question de, N 33
Editions Retz,
París

Imágenes de Ecología

Imágenes de Ecología

Al hablar de Budismo y ecología tal vez podríamos usar el término “percepción ecológica”. Es útil señalar que en las culturas Budistas tradicionales nunca fue necesario crear la palabra “ecología”; incluso el término “ambiente” es raro de encontrar en los lenguajes Budistas clásicos.

Y cuando miramos las culturas Budistas, encontramos que ellas viven en un estado de armonía con la naturaleza que para nosotros es casi envidiable. Podemos preguntarnos entonces qué es lo que hay en esas culturas que les ha permitido vivir de esa manera, sin dejarse arrastrar por la explotación de los recursos naturales en la forma que nosotros lo hacemos.

Nuestra tarea al hablar de Budismo y ecología es la de desentrañar, desde el interior de la tradición Budista, el entendimiento y la comprensión que sustentan las maneras ecológicas de vivir respetando la naturaleza. De todas las tradiciones no-occidentales, el Budismo se ha constituido en una de las formas más filosóficamente complejas, dándonos una gran cantidad de ideas, conceptos, percepciones y tradiciones que podemos examinar para la construcción de una visión ecológica que nos ayude en nuestro presente dilema. Esta visión proviene de una tradición que ha vivido muy natural y espontáneamente de manera ecológica.

Me gustaría considerar algunas imágenes Budistas clásicas e interpretarlas en términos de lo que podrían significar para nosotros hoy. Creo que esto es parte del proceso de avance de las culturas Budistas en su influencia sobre la civilización occidental. En ellas metáforas e imágenes que tuvieron significado en el Este adquieren un nuevo significado y enfrentan las necesidades de nuestra propia sociedad en el momento presente.

La primera imagen es la del fuego. Muchos de ustedes no titubean en asociarla con el antiguo sermón del Buda llamado el Sutra del Fuego. En él, el Buda habla del mundo incendiándose. El dice que el mundo está ardiendo, que los ojos están ardiendo, que los oídos están ardiendo, y continúa citando cada tipo de experiencia y comparándola con la situación de lo que está incendiándose. Aquellos de ustedes que hayan leído “El País del Desperdicio” de T. S. Eliot, se habrán encontrado con la expresión: “Ardiendo, ardiendo, ardiendo…”

Dejando de lado las interpretaciones tradicionales, qué es lo que significa hoy día esta imagen para nosotros? Cuál es el sentido de arder, de ese estar quemándose, para nosotros? Podemos asociarlo con la imagen de los bosques quemándose. La quema literal del entorno que hace la gente de los países pobres del tercer mundo, los ha llevado a la destrucción del bosque como una forma de ganarse la vida, basada en las necesidades de la industria europea y norteamericana, particularmente la industria de la carne, con la necesidad de sembrar forraje para alimentar el ganado.

Otra imagen que puede venir a la mente es la del calentamiento del globo. La tierra está calentándose cada vez más, en el efecto invernadero. Otra imagen todavía sería la del consumismo. Es interesante notar que hablamos del fuego como consumidor de combustible. En otras palabras, el mundo está ardiendo en el sentido de que consume sus propios recursos, lo que hace a una increíble velocidad, convirtiendo así los recursos naturales en desechos tan rápido como le es posible.

Podemos ver al consumismo como fuego destruyendo las fuentes de la vida. De este modo tenemos una vieja metáfora que puede hacer aflorar en nosotros un nuevo significado como respuesta al tipo de dilema ambiental que encaramos hoy. Este dilema no es simplemente una cuestión relativa a unos pocos errores debido al uso excesivo de contaminantes industriales. Yo creo que el dilema ecológico es, primero, y por sobre todo, un dilema espiritual.

La naturaleza de este dilema espiritual está también expuesta en otra metáfora tradicional Budista, la del veneno. En el Budismo hablamos de tres venenos: la ignorancia, la codicia y el odio. Tradicionalmente estos venenos han sido identificados como las fuentes del sufrimiento. Qué se nos viene a la mente cuando reflexionamos sobre esta enseñanza? Podemos pensar en la contaminación, en la literal toxicidad con la que estamos envenenando el ambiente. En ese sentido, los venenos de la mente, de los que habló el Buda, no están sólo restringidos a nuestros problemas psicológicos, o asuntos privados que pudieran afectar a nuestro círculo inmediato de amigos y parientes, sino que estos venenos están siendo vertidos en la actualidad a todo lo ancho del orbe. Son contaminantes para el mundo real en el que vivimos. Si estamos de acuerdo en que ésta es una clara relación causa-efecto, podemos reconocer que el veneno de la codicia dentro de la mente humana es ampliamente responsable por la contaminación y envenenamiento del mundo.

De la misma manera el veneno del odio es responsable por el envenenamiento del mundo, como ocurre con las pruebas nucleares en diferentes partes del planeta, la manufactura y prueba de armamentos, como medios por los cuales podemos satisfacer nuestro odio hacia aquellos que consideramos nuestros enemigos.

De igual forma ocurre con el veneno de la ignorancia, que nos hace desconocer nuestra interrelación con todas las cosas, apegándonos a un ego separado. El mundo pasa a ser una entidad ajena a nosotros con la que no tenemos ninguna conexión esencial.

Este tipo de visión justifica una clase de vida basada en la codicia y el odio. Debido al aumento de la población mundial y al desarrollo tecnológico, somos ahora capaces de proyectar nuestra codicia, nuestro odio y nuestra ignorancia dentro del mundo en proporciones alarmantes. Esto nos conduce a una pregunta crucial acerca del rol del Budismo en el mundo de hoy. Podemos nosotros, como Budistas, dada nuestra filosofía de la vida humana, quedarnos a un lado y mirar como el mundo estalla en llamas, mientras trabajamos solamente por nuestra propia iluminación en cimas montañosas o en cavernas, tolerando tranquilamente la destrucción alrededor nuestro?

No estamos obligados por la percepción interior de nuestra tradición a comprometernos en los acontecimientos ambientales reinantes en nuestro mundo actual? En qué magnitud la práctica Budista es una fuente de responsabilidad con la vida a nuestro alrededor? Cuánto tiempo podemos permanecer como espectadores? Existe actualmente entre los Budistas un movimiento de expansión al que a menudo se le da el título de “Budismo comprometido”. Esta escuela de pensamiento reconoce la necesidad de trabajar no sólo por nuestra propia purificación y cultivo de la compasión, sino para comprometer esos logros en beneficio del mundo que nos rodea. Este compromiso nos trae otra imagen, la de la interconexión de las cosas, o dicho en términos Budistas, “la co-emergencia dependiente”.

Este es un concepto extremadamente medular en la filosofía Budista, la idea de que no estamos solos, que no estamos aislados, que podemos a veces sentirnos así, pero que nuestro verdadero ser, nuestro real sentido de individualidad surge de una red de relaciones que es la causa de nuestra existencia. Nuestra unicidad no es reducible o definible en términos de alguna esencia especial, alguna substancia llamada alma, alguna entidad encerrada en nosotros. Y no estoy hablando aquí de un concepto intelectual sino más bien de una sensación interior que discierne cómo y qué somos. La práctica Budista contrapone a este sentido de egoísmo la percepción de vacuidad y transparencia, pero más fundamentalmente aún la idea de la interconexión y co-emergencia dependiente.

Y si pensamos en ello, también esta imagen es fundamentalmente ecológica. Es el reconocimiento de que toda vida, cada hoja en cada árbol, cada insecto, cada brizna de hierba, cada pájaro, no llega a ser lo que es independientemente de todo lo demás. Cualquier vida depende de todas las otras formas de vida con las cuales coexiste. Como seres humanos, somos dependientes del aire que respiramos, del agua que bebemos, del alimento que comemos.

Alan Watts solía hablar del “ego encapsulado en la piel”, una maravillosa imagen para nuestra forma occidental de pensar. De un modo u otro pensamos que nuestra responsabilidad termina en nuestra piel, que esto soy yo, y que más allá está lo desconocido, amenazante y vasto. La práctica Budista trata de penetrar a través de esa barrera que es nuestro ego encapsulado. Tiene que ver con descubrir existencialmente que somos una parte integrada en una vida mucho mayor.

Una de las imágenes más bellas que encontramos en el Budismo tradicional para expresar esta interconexión o interdependencia, es la de la Red Enjoyada de Indra. La encontramos en el Avatamsaka Sutra. Es una gran red que tiene en cada una de sus intersecciones una esfera que refleja a cada una de las otras esferas de la red. Toda la red está representada dentro de cada esfera; podemos mirar cualquiera de ellas y ver la presencia de todas las demás. Esta imagen es ecológica en el sentido de que nuestra vida es, por así decirlo, una de esas esferas en una de las intersecciones de la Red de Indra.

Si miramos nuestra propia vida, encontramos que somos un reflejo de lo todo lo que existe en el mundo que conocemos. Reflejamos los elementos: tierra, agua, fuego y aire; nuestros pensamientos reflejan el lenguaje que nos ha sido dado por la sociedad; nuestra memoria refleja nuestro pasado tanto biológico como cultural. En el Budismo Tibetano, hay meditaciones destinadas a intensificar nuestra percepción de la dependencia que tenemos con todos los demás.

En nuestra forma de vida moderna, damos demasiadas cosas por garantizadas, como nuestra comida, y eso que cada comida contiene una profunda enseñanza acerca de la interdependencia del total universo. Al comer una naranja, podemos imaginar a la persona que plantó el naranjo, a quienes cultivaron los campos, a los trabajadores, escasamente pagados, que vinieron a la cosecha. Podemos imaginar los lugares de recolección, las bodegas, los supermercados, todos los cuales involucran gran cantidad de gente que a su vez depende de otros numerosos grupos de personas y animales. Esa naranja – que muchas veces devoramos tan inconscientemente – puede darnos una idea de esta cadena de producción dependiente, cadena que constituye la base del sistema que mantiene nuestra existencia.

Nuestro condicionamiento e ignorancia no nos permite ver más allá del ámbito de nuestros propios intereses, y eso nos cierra a todas las otras vidas, las que también son, verdaderamente, nuestra vida. Por esta razón es que la filosofía Budista equipara las nociones de vacuidad e interdependencia.

Este vacío o no-yo no es una negación de la individualidad; es una negación del falso concepto que tenemos de una existencia separada, de un ego encapsulado en la piel. Y cuando logramos ver a través de él, estamos abiertos a la interdependencia de todos los fenómenos. Reconocemos que nuestro ser es un “inter-ser”, un ser interconectado cuya definición no está constituida por límites que lo separen de todas las otras cosas.

Stephen Batchelor.

Traducido y extractado por Silvia Rodríguez de
Maurice Ash.- Essays in Spirituality and Ecology
Associated Publishers Group
USA

El Fluir Natural

El Fluir Natural

K: Hemos cultivado una mente que puede resolver casi cualquier problema tecnológico. Pero, al parecer, los problemas humanos nunca han sido resueltos. Los seres humanos están ahogados por sus problemas: los problemas de la comunicación, del conocimiento, de las relaciones, los problemas del cielo y del infierno; todo el problema de la existencia humana se ha vuelto un inmenso y complejo problema. Y, aparentemente, ha sido igual a lo largo de la historia, a pesar de su conocimiento, a pesar de sus siglos de evolución, el hombre jamás ha estado libre de problemas.

DB: Sí, de problemas insolubles.
K: Yo pongo en duda que los problemas humanos sean insolubles.

Conversación entre el físico David Bohm y el filósofo Jiddu Krishnamurti
Más allá del tiempo

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Desde antiguo los seres humanos hemos tenido en cuenta el factor ilimitado de la naturaleza, su complejidad que implica a su vez la contemplación de lo incognoscible, pero al mismo tiempo un maravillarse de lo que Es, en respeto y armonía. El reconocimiento de nuestras limitaciones que no conllevan a una frustración de la condición humana, sino a una mejor comprensión y por tanto a actuar. Esto se puede ver en las culturas nativo americanas, en las orientales, incluyendo a los griegos. A esto, al reconocimiento de la limitación, se le ha dado por considerar pensamiento místico. En la actualidad existe mucho prejuicio por la palabra místico, que es tomada por charlatanería, sea por tergiversación o por simple falta de escucha atenta a lo que se dice. Hemos de recordar para esta indagación lo siguiente, según Salvador Pániker ; la mística (aunque tal vez hubiera que inventar otro vocablo) no es, por tanto, ninguna cosa irracional. Al contrario. La mística, el Tao, o como quiera decirse, es el impulso mismo de la razón crítica. También es su fundamento. Lo presintió Platón: sólo alguien que, en el fondo, sabe puede asombrarse por no saber. Dicho de otro modo: la mística es la lucidez, la consciencia sin símbolo interpuesto. Los anónimos redactores de las Upanishads lo proclamaron hace milenios: el discurso humano es una delicada farsa sobre un trasfondo de lucidez absoluta. Permanentemente, lo que no puede decirse fundamenta lo que se dice. En el principio jamás fue el verbo. Así, en este aspecto, se puede considerar que lo místico es lúcido y sensato. Acaso lo coherente no reside en comprender los hechos, no subestimándolos y evitando seguir patrones de condicionamiento en relación al entorno? Es de este modo que insistir en etiquetar como charlatanería a lo denominado místico es insensato. El pensamiento antiguo inspirado en lo ilimitado resulta entonces racional, pero no racionalizador, como lo mencionó el epistemólogo contemporáneo Edgar Morin. Y resulta saludable mencionar al premio Nobel en medicina Konrad Lorenz, quien menciona que la errónea creencia de que sólo las cosas concebibles para la razón, e incluso sólo las demostraciones científicas pertenecen al sólido caudal intelectivo de la humanidad, tiene funestas secuelas. A los jóvenes instruidos científicamente esto les induce a arrojar por la borda el inmenso tesoro de erudición y sabiduría que contienen las tradiciones de civilizaciones antiguas y las doctrinas de las grandes religiones universales. Quien opine que todo esto es superfluo y nulo se entregará consecuentemente a otro error nocivo pues albergará el convencimiento de que la ciencia puede crear de la nada toda una cultura con sus implicaciones sobre los cauces racionales. Esta opinión, aun siendo desatinada, lo es quizás algo menos que el creer suficiente nuestra sabiduría para perfeccionar arbitrariamente al hombre mediante una intervención en el genoma humano. Una cultura contiene tanto saber orgánico adquirido mediante la selección como una especie animal y hasta ahora, según sabemos, nadie ha podido producir una especie animal. Se ha de reconsiderar entonces que la palabra sensatez implica el balance entre lo limitado y lo ilimitado. Sin embargo, cómo es posible que desde la comprensión de la limitación exista un cambio de actitud en la persona?, qué procesos se dan?

El objetivo de este artículo es ponerlo de manifiesto, de modo lúcido y responsable. Antes bien, qué se precisa para la investigación?, no es acaso la libertad? Siguiendo a Lorenz: no existe la libertad en una mente condicionada mediante cualquier tipo de ideologías. Ser luz para sí mismo requiere gran libertad, un cerebro muy claro, no un cerebro condicionado. Y tener uno activo, capaz de afrontar retos, de cuestionar, de dudar, implica tener energía. Pero cuando uno depende de otros, pierde la energía.(2) Se trata entonces de evitar la dependencia, que es distinto a usar herramientas. Cuando la base no es el apego, entonces el atisbar manifiesta cualidades enteramente distintas, es fuerte. Tampoco se crea que el que escribe esto sea un apegado a los autores mencionados. Se ha de recordar que en el denominado mundo académico, existe la tendencia a creer que si alguien dice algo sin citar, es un potencial sospechoso de inventar disparates.

La física no trata de cómo es el mundo, sino de qué podemos decir sobre el mundo, dijo Niehls Bohr, muy en consonancia con Wittgenstein, De lo que no se puede hablar hay que callar. Del Tao se puede hablar, pero no del Tao eterno. A la naturaleza le gusta ocultarse, declara Heráclito, aunque más bien somos nosotros los que tendemos a verla pero no-verla. Ahora, como se dijo en un inicio, lo que se ha etiquetado como místico -lo sensato en un sentido amplio – implica la comprensión de los hechos, no limitándose al hemisferio izquierdo del cerebro, al pensamiento analítico. En este acontecer, existe la posibilidad de una escucha atenta unos con otros, y no sólo eso, sino que la virtud, asumida como la acción correcta, se manifiesta cuando el patrón perverso lo que no está en su sitio – muere, incluyendo la personalidad ilusoria, o es que acaso la mayoría de las personas no están conformadas por un manojo de emociones producidas por traumas y diversos apegos psicológicos?

Se entiende entonces que la personalidad ilusoria, la hybris que irrumpe en el devenir natural, es inmadura, egoísta y sumida en el olvido de lo real. En este aspecto, la tragedia griega es muy esclarecedora, ya que propone la vida en balance, evitando el exceso, o lo que podría denominarse una vida refinada de modo abusivo. No se trata de una frustración ante el entorno, sino de vivir en armonía con lo que se tiene y con lo que se puede. Por ejemplo, en cuanto a los refinamientos en el uso de electricidad, éste puede desembocar en mayor contaminación para el planeta y nosotros mismos. Lo mismo puede decirse del agua, cuando en parques de diversiones conocidos mundialmente se gastan toneladas y toneladas de agua dulce en piscinas, mientras que en otros países la gente escasea en agua. Alguien está enterado de que algunos de los minerales como el coltán – necesitados para la fabricación de celulares, por ejemplo, así como lo requerido para el mejor funcionamiento de los video-juegos, misiles balísticos y aparatos electrónicas en general está costando la vida de 3,9 millones de vidas en el Congo?

En los 10 últimos años, grandes multinacionales, como Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi o IBM, se disputan ‘el tesoro’ a través de aliados autóctonos. No se trata de ir en contra de la tecnología, sino de ir en favor de la ciencia con consciencia y desde allí hace un uso adecuado de la tecnología. La tecnología es la aplicación, diferente de la ciencia en cuanto a ésta última implica lo teórico. Además, es distinta de la ciencia esencial surgida de los griegos, en la que se tenía en cuenta lo inefable, lo ilimitado, y por tanto existía un mayor respeto por la naturaleza.

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Lo declara Anaximandro. quien considera que lo ilimitado comprende la causa total de la generación del mundo y de su corrupción. De él fueron separados los cielos y todos los innumerables mundos. Entonces, qué sucede cuando al caos entendido como la limitación – se lo deja de lado? El resultado es obvio, puesto que todo pasa a considerarse como manipulable, e incluso como meras mercancías. Ya lo atisbó en su tiempo el economista Ernst Friedrich Schumacher, indicando que se precisan valores meta-económicos. Otro resultado de considerar a lo ilimitado como mercancía sin más, es que el respeto por la naturaleza cesa. Además, en este aspecto, las personas nacen en una comunidad en la que no tienen idea de lo que hacen y meramente se limitan a lo productivo.Muy similar es lo que señala la futurista Hazel Henderson, cuyo argumento nos lo puede describir el físico teórico Fritjof Capra: al declarar que la economía no es más que un aspecto de la textura ecológica y social global, que los economistas tienden a dividir en fragmentos, haciendo caso omiso a la interdependencia social y ecológica. Todos los servicios y mercancías quedan reducidos a sus valores monetarios, y se ignoran los costes sociales y ambientales generados por toda actividad económica, considerados como variables exteriores sin cabida en los modelos teóricos de los economistas. Los economistas corporativos, señala Henderson, no sólo tratan el aire, el agua y numerosas reservas del ecosistema como géneros gratuitos, sino también la delicada red de relaciones sociales, gravemente afectada por la continua expansión económica. Los beneficios privados se realizan cada vez más sobre la base de unos costes públicos, como el deterioro del medio ambiente natural y de la calidad general de la vida. Nos hablan de la impecable limpieza de platos y ropa observa con humor amargo-, pero olvidan mencionar la limpieza desaparecida en ríos y lagos.

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Al mismo tiempo la escritora Vivianne Forrester declara que lo más funesto no es la desaparición de puestos de trabajo sino la explotación cínica de este fenómeno, ante todo con el argumento de que el desempleo actual es excepcional, transitorio, insólito. Así se conserva el mito de que la desaparición del empleo es apenas un eclipse. Y con ello, al prometer su regreso inminente, al restar dramatismo a la marginación de los excluidos, al alentar el sentimiento de vergüenza que lo acompaña (pero que, felizmente, está decreciendo), se refuerza la explotación de aquellos que corren peligro de caer en el desempleo, los que quedan a merced de los dueños de los pocos puestos de trabajo que quedan. Lo más funesto no es la ausencia de empleos sino las condiciones de vida indignas, el rechazo, el oprobio infligido a quienes la padecen. Y la angustia de la inmensa mayoría que, bajo la amenaza de caer desempleado, se ve sometida a una opresión creciente.Así, el animal humano tiene grandes posibilidades de sentirse vacío, perdido, sin saber qué hacer en este planeta, sin tener idea de por qué ha nacido, impulsado por el deseo de competir, de ganar, de ser el mejor, teniendo en mente ídolos que motivan al olvido de la comprensión de sí mismo. Qué se precisa para la contemplación de uno mismo?, no es acaso tranquilidad?, y qué implica la competencia, no es acaso un modo de violencia en cuanto uno quiere ser mejor que otro, comparándose, midiéndose; en otras palabras, seguir un ideal personal? Es un hecho, por lo tanto, que en este modo de pensamiento superfluo no existe tranquilidad, y por tanto las posibilidades en la comprensión de sí mismo, incluyendo unos con otros, cesa. No se está en contra de la competencia toda, sino de la que acarrea a todos los niveles del ámbito humano, en otras palabras, cuando se desborda de su sitio. Para evitar esto, antes es preciso conocerse a sí mismo. Así, una persona que no es consciente de lo que Es, es más fácil de manipular.

Ya lo observó Jung al decir que sólo se puede hablar de igualdad de los individuos en tanto estos son en gran medida inconscientes, es decir, inconscientes de sus diferencias fundamentales. Cuanto más inconsciente sea una persona, tanto más seguirá el canon general del acontecer psicológico. Por lo contrario, cuanto más consciente de su individualidad llegue a ser, tanto más pasará a primer plano su diversidad con respecto a otros sujetos y tanto menos corresponderá a la expectativa general. También resulta mucho más difícil predecir sus reacciones. Esto guarda relación con el hecho de que una consciencia individual es siempre más amplia y diferenciada. Cuanto más amplia llega a ser tanto más reconoce diferencias y en mayor medida se emancipa de la regularidad colectiva, porque el grado de libre albedrío empírico crece en proporción con la amplitud de la consciencia individual.

Piensa como una montaña

Piensa como una montaña

Antropocentrismo o chauvinismo humano la idea que los seres humanos son la cumbre de la creación, el origen de todos los valores, la medida de todas las cosas está profundamente absorbida en nuestra cultura y conocimiento.

Y el temor de ti y el terror de ti estará sobre toda bestia de la tierra,
y sobre toda ave del aire, y sobre todo lo que se mueve sobre la tierra,
y sobre todos los peces del mar; en tus manos son librados. (Génesis 9:2)

Cuando los humanos finalmente comienzan a ver a través de las capas de su antropocéntrica autoestima comienza a tener lugar un profundo cambio en sus consciencias. Algunas veces el resultado ha sido nominado como ecología profunda, un término acuñado por el filósofo y eco-activista noruego Arne Naess.

Cuando abrazamos este punto de vista, la alienación disminuye. El humano deja de ser un extraño, un ser aparte. La humanidad es entonces reconocida meramente como el más reciente estado de nuestra existencia, y en la medida en que dejamos de identificarnos exclusivamente con este capítulo de nuestra evolución, comenzamos a tomar contacto con nosotros como mamíferos, como vertebrados, como una especie sólo recientemente emergida del bosque lluvioso. A medida que la niebla de la amnesia se dispersa, hay una transformación en nuestra relación con las otras especies y en nuestro compromiso por cuidar de ellas.

Lo que aquí se describe no debería ser visto como puramente intelectual. El intelecto es un punto de entrada al proceso delineado y el más fácil para comunicarlo. Para alguna gente, sin embargo, este cambio de perspectiva resulta de accciones en representación de la Madre Tierra.

Yo estoy protegiendo el bosque lluvioso se transforma en Yo soy parte del bosque y me estoy protegiendo a mí mismo. Soy esa parte del bosque lluvioso recientemente emergida al pensamiento. Este cambio de perspectiva es más espiritual que intelectual.

Con esta nueva perspectiva de la creación, comenzamos a recordar nuestra verdadera naturaleza. A medida que la memoria mejora y que las implicaciones de la evolución y de la ecología son internalizadas y reemplazan anticuadas estructuras antropocéntricas en la mente, comenzamos a identificarnos con toda vida. De ahí resulta el darse cuenta de que la distinción entre vida y sin vida es una construcción humana. Cada átomo del cuerpo humano existía antes que la vida orgánica existiera hace cuatro mil mil millones de años. Uno podría incluso recordar sus existencias previas como mineral, como lava, como roca.

Las rocas contienen el potencial para combinarse en un bulto como este cuerpo. Somos las rocas danzando. Porqué las miramos hacia abajo con ese aire condescendiente? Son ellas las que son la parte inmortal de nosotros.

Si nos embarcamos en tal viaje interior podemos encontrar, volviendo a la realidad consensual, que nuestras acciones en representación del medio ambiente son purificadas y fortalecidas por la experiencia.

Hemos encontrado aquí un nivel de nuestro ser que ni las polillas, ni el moho, ni el holocausto nuclear, o la destrucción de los bancos de genes, pueden corromper. Nuestro compromiso para salvar el mundo no es disminuido por esta nueva perspectiva, aún cuando el miedo y la ansiedad que eran parte de nuestra motivación comienzan a disiparse y a ser reemplazado por cierto desinterés. No actuamos solamente porque la vida está en juego, sino porque las acciones desde una consciencia desinteresada y más desapegada son más efectivas. Este desinterés o desapego tienen mucho en común con la meditación. Y puesto que la mayoría de los activistas no tiene mucho tiempo para meditar, esta perspectiva comienza a ser un sustituto efectivo. De hecho, más y más maestros de meditación están abrazando la ecología profunda.

Según Naess, la esencia de la ecología profunda es hacer preguntas más profundas. Nos preguntamos cuál sociedad, cuál educación, cuál forma de religión es beneficiosa para toda vida sobre el planeta como una totalidad.

De todas las especies que alguna vez han existido, se estima que menos de una en cien existe hoy en día. El resto llegó a extinguirse porque, a medida que el medio ambiente cambia, toda especie que es incapaz de adaptarse, de cambiar, de evolucionar se extingue. Toda evolución tiene lugar en esta forma. De esta manera nuestro antecesor, un pez hambriento de oxígeno, empezó a colonizar la tierra. La amenaza de extinción es la mano del alfarero que modela todas las formas de vida.

La especie humana es una entre millones amenazada de inminente extinción a través de la guerra nuclear, el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, y otros cambios ambientales. Y mientras es cierto que la naturaleza humana, revelada por 12.000 años de historia escrita, no ofrece mucha esperanza de que podamos cambiar nuestras guerras codiciosas e ignorantes conductas, la extensamente más larga historia de los fósiles nos asegura que podemos. Somos ese pez y las miríadas de otros desafíos de la muerte a través de proezas de flexibilidad que nos son reveladas por el estudio de la evolución. A pesar de lo reciente de nuestra humanidad, se nos garantiza una cierta confianza.

Desde este punto de vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación al cambio, a evolucionar. Después de un breve respiro desde la mano del alfarero, estamos aquí de vuelta otra vez sobre la rueda. El cambio que se necesita de nosotros esta vez no es alguna resistencia a la radiación, sino un cambio en la consciencia. La ecología profunda es la búsqueda de esa consciencia.

Seguramente la consciencia emergió y evolucionó de acuerdo a las mismas leyes que rigen todo lo demás, moldeada por presiones del medio ambiente. En el pasado reciente, cuando fue enfrentada a la intolerable presión ambiental, la mente de nuestros antecesores debe haber sido una y otra vez forzada a trascenderse a sí misma.

Para sobrevivir a nuestra actual crisis medioambiental, debemos recordar conscientemente nuestra herencia evolucionista y ecológica. Debemos aprender de acuerdo con Arne Naess a pensar como una montaña.

Si estamos abiertos a desarrollar una nueva consciencia, debemos hacer frente plenamente a nuestra inminente extinción (la última presión medioambiental). Jonathan Schell explica bellamente esto en su libro El Destino de la Tierra. Significa reconocer la parte de nosotros que se desvía de la verdad y se oculta en la intoxicación o en la hiperactividad, para no ver la desesperación de la especie humana que ya corrió su carrera de cuatro mil millones de años y cuya vida orgánica está sólo a un pelo de terminar.

Una perspectiva biocéntrica, el darnos cuenta que las rocas quieren danzar y que las raíces penetran más profundo que cuatro mil millones de años, puede darnos el coraje para enfrentar la desesperación y penetrar hacia una consciencia más viable, una que sea sostenible y armónica con la vida otra vez.

John Seed

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
John Seed.- Thinking Like a Mountain.-Heritic Books