Vida y Consciencia

Vida y Consciencia

maestro-interior-554x280El propósito de la vida es alcanzar conocimiento. Cuando la mónada, esa fracción individualizada del misterio eterno, “probó la fruta del árbol del Conocimiento” y aprendió a hacer comparaciones entre dos o más cosas, se inició el gran esquema de la evolución humana. En lo que respecta a este concepto, la creación ha terminado, pero el proceso de llevarla a la manifestación y evidenciarla corresponde a la evolución.

Conocimiento es consciencia. Consciencia es el resultado de las observaciones hechas en lo que concierne a la relación que existe entre los objetos. Sólo tenemos conocimiento de aquello de lo que somos conscientes. La información no es necesariamente conocimiento, sino aceptar como verdaderas las observaciones que han penetrado en la consciencia de otros individuos, las cuales son de valor, pues proporcionan una base para la observación personal. Si no son refutadas por la investigación basada en tal información, ésta puede aceptarse como conocimiento. Sin embargo, lo que no entra definidamente en la consciencia del individuo mediante la observación, no puede considerarse como conocimiento.

Vida, consciencia, conocimiento, son sinónimos basados en un proceso esencial. El propósito de la vida es demostrar consciencia por medio de la observación y la comparación, y a esto se lo denomina conocimiento. En el universo, las formas son vehículos que tienen el propósito de demostrar la vida y la consciencia. A medida que la vida se demuestra y manifiesta gradualmente como consciencia y conocimiento, tanto más compleja es la forma para expresarla; por lo tanto, debe considerarse a la forma como que indica una cualidad o nivel de consciencia, que la emplea como instrumento de expresión. Vida, conocimiento, consciencia, forma, se unen en un todo sinónimo y sintético.

Cuando las mónadas, avanzadas de la naturaleza de Dios, iniciaron el proceso de evolucionar su esquema, cada una escogió determinada línea de procedimiento o método de investigación y observación, mediante el cual la consciencia pudiera desarrollarse. Esta línea de acción se llama técnicamente RAYO. Existen siete rayos, cada uno tiene una denominación técnica, pero los tres métodos prominentes en función son el científico, el esotérico y el místico.

El método científico consiste en observar y clasificar las relaciones existentes entre las vibraciones que componen las formas del plano físico. El universo está compuesto de vibraciones, que son oscilaciones entre los dos polos magnéticos. El grado de velocidad de estas oscilaciones determina la naturaleza de la vibración. La vibración de la materia, a cierto grado de velocidad, se llama física, y el campo de tales vibraciones, plano. Otro campo y plano de vibración se denomina astral o emocional, y los otros planos: mental, espiritual, intuitivo, monádico y divino. Estos planos tienen también subdivisiones. La investigación científica limita sus observaciones a los siete subplanos de materia más inferior. Cualesquiera sean las observaciones, clasificaciones y comparaciones hechas, constituyen acrecentamiento y ampliación de la consciencia, algo que se suma a la plenitud de la vida manifestada.

El método esotérico de observación va más allá del plano físico de vibración, y mediante métodos definidos de concentración y atención se alcanza el conocimiento y la consciencia de los procesos que tienen lugar en otros campos o planos. El hecho de estar informados de que existen dichos planos no significa conocimiento, y tal información sólo puede ser útil para expandir la consciencia cuando se la emplea como base para la investigación individual. Cuando un individuo es consciente de tales vibraciones y puede observarlas, el conocimiento logrado se agrega a la totalidad de la consciencia. Los procesos necesarios para lograr este conocimiento son difíciles, pero sólo requieren el mismo grado de determinación y devoción que muestran los investigadores científicos.

El método místico se utiliza en un esfuerzo por estudiar e investigar la naturaleza del impulso eterno, del cual cada individuo se siente parte inherente. El estudio de las vibraciones materiales proporciona una información que no satisface, debido al conocimiento de la absoluta relatividad de las cosas materiales. No existe verdad absoluta en lo material. Lo inestable e irreal de todas las formas materiales produce desaliento en algunos individuos, lo que sólo puede vencerse mediante el esfuerzo realizado para alcanzar una zona donde las comparaciones son innecesarias y la verdad descansa en un plano abstracto. Los investigadores han descubierto que es posible apartar la atención del reino de las vibraciones materiales y, por la concentración, hacer contacto consciente con el reino de las causas. Mediante continuos y cuidadosos procesos puede obtenerse la unión con la mente divina, responsable de todo el esquema planetario, y llevar a un mundo desilusionado la seguridad de la naturaleza eterna de cada individuo. Quienes emplean este método para expandir la consciencia se convierten en instructores de la humanidad, trayéndole valor y paz. Su método no se ocupa de la expresión dinámica de la vida, sino de obtener información para estimular a la humanidad escéptica acerca del resultado final del enigma de la vida. Debido a su naturaleza unificadora y a que no hace comparaciones para adquirir información, se lo denomina método de amor-sabiduría, pues combina la clara comprensión intelectual con la ferviente devoción a un ideal.

Saelas Jarrel.

Más Información;
Alice A. Bailey.- Tratado sobre los Siete Rayos.- Fundación Lucis

El Fundamento del Servicio

El Fundamento del Servicio

servicioEl fundamento del servicio es la fraternidad, la comprensión interna de la unidad espiritual como un hecho de la naturaleza, y el consiguiente esfuerzo para dirigir y dar forma a los actos de nuestra vida, a fin de contribuir en alguna medida a la armonía del todo, acrecentando lo bueno y trasmutando en superior lo inferior, en nuestra esfera de influencia y el medio ambiente, incluyendo nuestra propia personalidad.

Para que el servicio sea eficaz debe prestarse en forma inteligente. Esto requiere saber juzgar y discriminar. El servidor debe saber valorar sus recursos en relación al objetivo, la causa o persona a quien vaya a prestar servicio. Debe reconocer el momento oportuno para el esfuerzo, la economía en el empleo del tiempo y de la energía, así como los medios materiales en la prestación del servicio.

Sin embargo, el factor más importante es prestar un servicio eficaz y amoroso, porque el amor es radiactivo y magnético y logra penetrar y armonizar las situaciones más difíciles, donde ninguna cualidad o cualidades hubieran podido penetrar y actuar.

Es una alegría y un privilegio poseer tal constitución, pues podemos servir mediante la profunda comprensión de nuestra unidad con lo divino. Sin embargo, para aquellos que no puedan establecer un contacto interno con esta realidad y echan de menos esa satisfacción emocional, pueden servir por la convicción intelectual de que es lo correcto. Será alentador recordar que muchos son los caminos que conducen a la cumbre de la montaña y que allí convergen todos ellos. Pero antes de lograr la meta final, el servidor que no es emotivo comenzará a experimentar la riqueza de la “gracia de Dios”, no importa cuál sea su línea de desarrollo.

“Busca la perfección en la acción”, aconseja un sabio Instructor, siendo en verdad un buen consejo, porque todos cometemos errores – aunque los móviles sean los más puros – especialmente al principio de nuestro desarrollo espiritual. El error más común es
aplicar medios y métodos inadecuados para los fines perseguidos: dar consejos cuando no son necesarios; dar dinero en vez de un ejemplo personal de cómo ganarlo y hacer resaltar los defectos del carácter cuando correspondería presentar personas de un nivel y normas deseables, lo cual produciría el estímulo apropiado para despertar el deseo de progresar en la correcta dirección.

El hombre tiene una infinita capacidad para progresar y expandirse, y se empequeñecerá si no se le da lugar a ello. El único tipo de actividad que le proporciona la oportunidad de crecer hacia diversos estados y direcciones, para lo cual tiene una inherente capacidad, es la que llamamos Servicio. Aunque el móvil del hombre sea el deseo egoísta de progresar, el egoísmo inteligente lo llevará al sendero del servicio como la ruta más directa hacia su meta. El hombre se distingue por dos características que son realmente una: la persecución de la felicidad y la del conocimiento, En el libro La Voz del Silencio” se dice: “Para alcanzar el Nirvana, se debe obtener el conocimiento de sí mismo, y este es hijo de las acciones amorosas.

“Esparce la luz adquirida…” dice el mismo libro. Es notable observar cuán poco nos damos cuenta que atesorar conocimiento es tan reprobable como acumular cualquier otra clase de riqueza y poder, y que de nada sirve mucho conocimiento superficial y no asimilado que no sea trasmitido con exactitud ni esté a disposición de quien lo necesita. Si deseas que la corriente de ese conocimiento duramente adquirido, permanezca como una corriente de agua dulce, no debes permitir que se convierta en una laguna de aguas estancadas. El agua que corre se purifica a sí misma. Un antiguo axioma dice: “Toma y da, conoce y realiza”. Esto es esencial para que el hombre mantenga en forma continuada su progreso, y su desarrollo fluya en rítmica armonía.

El servidor que produce efectos de largo alcance es aquel que estudia para comprender las causas a fin de producir los efectos deseados. El campo terapéutico reparador, cuyos pacientes claman por simpatía y alivio, es mucho más dramático; pero el campo de la medicina preventiva es infinitamente más rico en resultados. Cada campo requiere de trabajadores y, no importando dónde trabajemos, debemos esforzarnos por servir impersonalmente, sin esperar recompensa ni temer al fracaso, y perseverar en ello como si fuéramos a durar eternamente.

Regina Keller

Extractado de Apuntes de
Clases por Correspondencia de la
Escuela Arcana de Buenos Aires.

Etapas  de  la Evolución

Etapas de la Evolución

Este sendero que recorre la Humanidad puede ser dividido en cinco etapas:

Primera Etapa:
La primera etapa empieza en el momento de la individualización. Históricamente corresponde a la segunda mitad de la tercera raza raíz, la lemuriana. Allí el hombre se encuentra polarizado en el cuerpo físico-etérico y no tiene más aspiración que satisfacer sus necesidades básicas y dar placer a sus sentidos (ser material). Vive identificado con su naturaleza física y no tiene idea de nada que sea superior
a ella. Simbólicamente, puede compararse a la infancia, de 0 a 7 años, en la vida de un hombre.

Su átomo físico permanente brilla como un diminuto punto de luz en el cuerpo causal, el que, en esa etapa, es como una pequeña burbuja incolora que encierra dentro de sí los prototipos de los átomos físico y astral y de la unidad mental.

Durante ese muy largo período en el Aula de la Ignorancia, el Ego (o Yo Superior) es prácticamente inconsciente de la existencia del yo inferior. Sólo existe el vínculo magnético (sutratma) por medio del cual el hombre encarnado recibe el don de la vida. Tampoco es tomado en cuenta por los Instructores de la Jerarquía. No lo ven.

Segunda Etapa:
En la segunda etapa el hombre se encuentra polarizado en su cuerpo emocional. Históricamente corresponde a la raza atlante. Sus deseos ya no son solamente instintivos. Es capaz de sentir devoción u odio irracionales e incontrolados y es traído y llevado por las fluctuaciones extremas de sus pasiones (ser reactivo). Simbólicamente corresponde al período de la niñez y pre-adolescencia, de 7 a 14 años en la vida del hombre.

Se activa su átomo astral permanente en el cuerpo causal, pudiendo verse como un diminuto punto de luz que comienza a interactuar con el átomo físico permanente. Entre ambos aparece una chispita apenas perceptible, es el embrión de la futura línea de luz que los unirá.

Todo este proceso abarca una extensa cantidad de tiempo. El Yo Superior y los Instructores empiezan a notar su existencia al final de este período, pero no intervienen.

Tercera Etapa:
En la tercera etapa la polarización se transfiere al cuerpo mental. Históricamente corresponde a la raza aria. Es un período más largo que los anteriores. En él, el hombre va controlando su cuerpo físico y construye en cada vida uno mejor. Su cuerpo emocional vibra con deseos más refinados y su cuerpo mental aspira al conocimiento (ser dividido). Primero, su interés va hacia temas utilitarios (influencias A) y después hacia otros más nutrientes de su esencia (influencias B). Simbólicamente corresponde a la adolescencia y primera juventud, de los 14 a los 28 años.

La unidad mental despierta en el cuerpo causal y puede verse como otro diminuto punto de luz. Entre los tres empiezan a delinearse, débilmente al comienzo, trazos luminosos que los unen, formando un triángulo.

A medida que el hombre progresa en su evolución, el triángulo se va haciendo cada vez más brillante, hasta dejar de parecer un triángulo y transformarse en una luz irradiante. Entre tanto, el cuerpo causal ha ido absorbiendo todo lo bueno que haya habido en cada encarnación, lo que ha hecho que aumente progresivamente su volumen y que se vaya coloreando con todas las tonalidades de un arco iris. Es entonces cuando el Yo Superior y también los Instructores empiezan a interesarse por el hombre evolucionante. El Yo Superior presta atención a su criatura, rara vez al principio, pero luego con mayor frecuencia, tratando de hacerlo consciente en su cerebro físico de aspiraciones y anhelos que trasciendan las pequeñas metas de su vida material. Es entonces cuando el hombre pasa a ser un Buscador y después un Aspirante. Ansía avanzar y “saber”. Sueña con algo o alguien muy superior a él. Desea ser útil en alguna forma a la Humanidad, aunque no sabe exactamente cómo.

Cuarta Etapa:
En la cuarta etapa el hombre despierta, como el hijo pródigo en un país lejano: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré…” Su personalidad se va integrando cada vez más e ingresa al Sendero de Probación. Allí empieza conscientemente a trasladar su polarización desde el yo inferior al Yo Superior hasta llegar a ser discípulo aceptado. Simbólicamente, esta etapa corresponde al período entre los 28 y 35 años, en el que el hombre asume plenamente sus responsabilidades y se descubre a sí mismo. Ve clara su meta y planifica el tipo de actividad que lo llevará a ella, lo que continúa durante todo el período del discipulado. Laboriosa y cuidadosamente fuerza su atención dirigida hacia su meta. Ha comprendido que su Ser quiere expresarse a través de su triple personalidad y procura perfeccionar sus vehículos.

Recién comienza la actuación de los Instructores de la Jerarquía, proporcionando al candidato la debida enseñanza en el plano físico, la que incluye la técnica de la meditación.

Quinta Etapa:
Durante la quinta etapa, la luz en el cuerpo causal se ha transformado en llama “y el sendero del justo brilla cada vez más hasta el día perfecto”. Se intensifica la meditación que ahora sigue la línea del Rayo del Yo Superior. El hombre percibe la vibración de su Yo Superior y trata de llegar a él penetrando en la consciencia del cuerpo causal (octava consciencia).

Esta quinta etapa es la del Sendero de Iniciación o Proceso de Transmutación. Empieza la transferencia de los átomos. La polarización en el átomo físico permanente pasa al átomo mental permanente en la tercera iniciación. Después de la cuarta iniciación, en la que el cuerpo causal, con todo lo acumulado durante innumerables vidas de esfuerzo y sufrimiento, es consumido por su llama interna, la polarización del astral permanente pasa al átomo búdico permanente. Igual sucede con la unidad mental, su polarización es transferida al átomo átmico permanente.

El hombre fundido a su Yo Superior, se ha convertido en Maestro de Sabiduría y Compasión y su edad simbólica es de 42 años, la madurez perfecta en el sistema solar.

Alice A. Bailey

Extractado por Farid Azael de
Alice A. Bailey.- El Discipulado en la Nueva Era.- Editorial Fundación Lucis

La Jerarquia

La Jerarquia

Aunque el tema de la Jerarquía oculta del planeta es de interés profundo para todo hombre, su verdadero significado no será comprendido hasta que los hombres no reconozcan tres cosas que están relacionadas con él:

1 La Jerarquía de Seres Espirituales (5 Reino o Reino de Dios) representa una síntesis de fuerzas y energías conscientemente manejadas para el progreso del sistema planetario.

2 Estas fuerzas y energías, manifestadas en nuestro planeta por medio de las grandes personalidades que componen la Jerarquía, la enlazan a ella y a todos los que la componen con la Jerarquía Superior llamada Solar. Nuestra Jerarquía es una miniatura de la síntesis mayor de aquellas entidades auto conscientes que actúan, controlan y se manifiestan por medio del Sol, de los siete planetas sagrados y de los demás planetas mayores y menores que componen nuestro sistema solar.

3 La Jerarquía tiene cuatro líneas de acción predominante que son:
a) desarrollo de la auto consciencia en todos los seres humanos.
b) desarrollo de la consciencia en los tres reinos inferiores: mineral, vegetal y animal.
c) transmisión de la voluntad del Logos Planetario.
d) servir de ejemplo a la Humanidad.

El Trabajo de la Jerarquía

a) Desarrollo de la auto consciencia en todos los seres humanos.
La Jerarquía trata de proporcionar las condiciones adecuadas para que se desarrolle la auto consciencia en todos los hombres. Esto lo realiza a través del servicio, la enseñanza, el sacrificio y la renunciación, y por medio de la afluencia constante de la luz en sentido esotérico que emana de ella. Es realmente “la luz del mundo”.

Este quinto reino constituido por la Jerarquía se alcanza por medio del control y pleno desarrollo del quinto principio o mente y su transmutación en sabiduría. Lo cual es literalmente la inteligencia aplicada a todos los estados mediante la utilización plena y consciente de la facultad del amor discriminatorio.

b) Desarrollo de la consciencia en los tres reinos inferiores: mineral, vegetal y animal.
En el reino mineral el trabajo de la Jerarquía va dirigido al desarrollo de la actividad discriminatoria y selectiva. La característica de toda materia consiste en un cierto tipo de actividad y desde el momento en que esta actividad se propone la construcción de nuevas formas, aunque sean las más rudimentarias, se manifiesta la facultad de discriminar: tercer aspecto del Logos (actividad inteligente).

En el reino vegetal se agrega a esta facultad, la facultad de respuesta a la sensación, rudimentaria condición del segundo aspecto del Logos.

En el reino animal se intensifican estas cualidades y se agregan el propósito y la voluntad en estado embrionario. Lo llamamos instinto hereditario pero es el rudimento del primer aspecto del Logos.

En el ser humano se sintetizan estas tres líneas de desarrollo y llegan a su plena fructificación. El es inteligencia activa manifestada, es amor y sabiduría incipientes aunque ello no sea más que la meta para
su esfuerzo, y está en él la voluntad embrionaria inicial que llegará a su pleno desarrollo después de que haya entrado al 5 reino.

En ese reino se tiene que desarrollar la consciencia grupal, la cual se manifiesta en la plena floración de la facultad amor-sabiduría.

c) Transmisión de la voluntad del Logos Planetario.
Estos Grandes Seres son transmisores de la voluntad del Logos Planetario y, a través de él de la voluntad del Logos Solar para hombres, devas o ángeles.

Todo sistema planetario, también el nuestro, son centros de energía en el cuerpo del Logos Solar, expresando cada planeta un tipo particular de energía. En el caso de nuestro Logos Planetario la energía que él está llamado a incorporar es un secreto de iniciación porque dicho conocimiento encierra un peligro
y la humanidad actual aún no posee consciencia grupal y, por lo tanto, no se puede esperar que trabaje, piense, proyecte y actúe para el grupo. El hombre es aún demasiado egoísta, aunque no hay motivo para desanimarse por ello. La consciencia grupal es ahora algo más que una utopía pues la fraternidad y el reconocimiento de sus obligaciones empieza a penetrar en la consciencia de los hombres. Tal es el trabajo de la Jerarquía de la Luz, demostrar a los hombres el verdadero significado de la fraternidad y fomentar en ellos la respuesta al ideal que existe en estado latente.

d) Servir de ejemplo a la Humanidad.
Este punto que tienen que conocer los hombres y aceptar como hecho fundamental es que esta Jerarquía está compuesta por aquellos que han triunfado sobre la materia y han llegado a la meta por el mismo camino que enseñan hoy a los individuos.

Estas personalidades espirituales, estos Adeptos (4a iniciación) y Maestros (5a iniciación) han luchado
por obtener la victoria y el control en el plano físico y se han enfrentado con las miasmas, brumas, peligros, perturbaciones, angustias y dolores de la vida diaria. Han hollado todas las etapas del sendero del sufrimiento, han sufrido toda clase de experiencias, han superado todas las dificultades y han triunfado. Estos Hermanos Mayores de la raza han sufrido la crucifixión del yo personal y conocen la absoluta renunciación de permanecer en este planeta, postergando su propia evolución con tal de cooperar con los planes del Logos Planetario.

No hay ninguna fase de agonía, ningún sacrificio consumado, ninguna Vía Dolorosa por la que no hayan pasado y en esto radica su derecho a servir y el poder de su demanda.

Estos Hermanos Mayores se caracterizan por un persistente amor que actúa siempre en bien del grupo; por un conocimiento adquirido en el transcurso de millares de existencias durante las cuales se abrieron camino desde el fondo de la vida y de la evolución (ser material) hasta llegar a la cima; por una experiencia basada en el tiempo mismo y en una multiplicidad de reacciones e interacciones del yo inferior; por un valor que es el resultado de esa experiencia y el producto de épocas, afanes, fracasos y renovados esfuerzos los cuales al fin les dieron el triunfo y les permitieron colocarse al servicio de la humanidad; por un propósito luminoso, inteligente y solidario, ajustado al grupo y al Plan de la Jerarquía y adaptado a la finalidad del Logos Planetario.

Cuando los hombres comprendan estos cuatro hechos enumerados y sean establecidos como verdades en la consciencia de la humanidad, podremos esperar el advenimiento del ciclo de paz, reposo y rectitud que se predice en todas las escrituras sagradas del mundo. El Sol de la justicia iluminará al mundo y la paz más allá de toda comprensión reinará en el corazón de todos los hombres.

Estas afirmaciones sobre la Jerarquía Oculta despiertan la curiosidad y el interés pero sólo puede darse una información general al comienzo del aula de la Instrucción.

Las religiones de todas las razas incluyendo la cristiana, dan indicaciones que aparentemente corroboran estas ideas. Aceptémoslas como hipótesis comprobantes de la consumación del progreso evolutivo en el hombre y de su actuación para lograr la perfección. Busquemos pues la verdad hasta vivenciarla como un hecho de nuestra propia consciencia; toda fe religiosa expone la creencia de que los que buscan con fervor encuentran lo que buscan, por lo tanto, busquemos hasta que nuestra investigación nos lleve poco a poco a conseguir que la luz de la verdad nos ilumine el corazón y el cerebro. Así comprenderemos que el proceso de evolución ha dado por fruto el traer sucesivas expansiones de consciencia hasta llegar a la iluminación. Las iniciaciones y el 5 reino ya no serán una quimera o una utopía sino un hecho establecido en la consciencia del que hizo el esfuerzo por cerciorarse por sí mismo.

La aparición de la Jerarquía en el planeta Tierra
Hace unos 18 millones de años en la mitad de la época lemuriana, la tierra estaba poblada por hombres animales, los ejemplares más perfeccionados del 3er reino con un poderoso cuerpo físico, un cuerpo astral coordinado en sus sensaciones y un germen incipiente de mente rudimentaria al estilo de los mamíferos más desarrollados en la actualidad (perros, gatos, caballos, delfines). Había llegado a ser un receptáculo apropiado para la entrada de las entidades auto conscientes (mónadas) que habían esperado precisamente esa oportunidad durante largas edades. El reino humano, o 4 reino, vino a la existencia y el hombre, o yo inferior, comenzó su carrera. Este acontecimiento es lo que se llama individualización.

Junto con esto vinieron a la tierra 105 Grandes Seres Espirituales o “Kumaras”, desde el planeta Venus y fundaron la Jerarquía de los Hermanos de la Luz. Se distribuyeron las funciones y los procesos de evolución de todos los sectores de la naturaleza quedaron bajo la sabia y consciente guía de esa Fraternidad inicial.

Uno de los Kumaras, Sanat Kumara, quedó hasta hoy como el representante del Logos Planetario en la tierra. Es el Señor del Mundo, el Sumo Avatar, el Anciano de los Días, Melquisedec, el Joven de los Veranos Eternos. Junto con otros 6 kumaras constituyen la Cámara del Concilio, autoridad máxima de la Jerarquía entonces y ahora. Existen en un lugar llamado Shamballa situado en el plano etérico sobre el desierto de Gobi.

Durante millones de años el progreso del género humano fue lento, razas diferentes aparecieron y desaparecieron antes de que fuese posible de que seres humanos pudiesen reemplazar a los grandes seres venusianos que habían venido a colaborar a este planeta.

En la mitad de la cuarta raza raíz, la atlante, una parte de los kumaras fue llamada a desempeñar otras tareas a otros lugares del sistema solar. Esto produjo una serie de cambios en la Jerarquía y por primera vez se hizo el intento de dar una oportunidad a aquellos humanos más avanzados. En la Cámara del Concilio del Señor del Mundo se tomaron tres decisiones:

1) Cerrar la puerta por donde los hombres animales pasaban al 4 reino, no permitiendo que las mónadas existentes en planos superiores siguieran apropiándose de cuerpos. Esa era la puerta de la
individualización y está cerrada hasta hoy.

2) Abrir otra puerta y permitir que aquellos miembros de la familia humana que hubiesen hecho méritos suficientes ingresaran a la Jerarquía en el peldaño más inferior, produciendo una serie de ascensos en el resto. Esta puerta se llamó el Portal de la Iniciación y quedó abierta para la humanidad hasta hoy.

3) Se decidió trazar una línea bien definida entre las fuerzas de la materia y las del espíritu. Fue recalcada
la innata dualidad de toda manifestación a fin de enseñar a los hombres cómo liberarse por sí mismos de las limitaciones del 4 reino y así poder pasar al 5 reino o espiritual. El problema del bien y del mal, de la luz
y de la oscuridad, de lo correcto y lo incorrecto fue proclamado únicamente en beneficio de la Humanidad con el fin de capacitar a los hombres para romper las cadenas que los aprisionaban y lograr la liberación espiritual. Este problema del bien y del mal no existe en los reinos inferiores ni en aquellos que han trascendido el 4 reino.

El hombre tiene que aprender a través de la experiencia y del dolor el hecho de la dualidad de toda existencia. Una vez experimentado esto, elige lo que se relaciona con el espíritu en forma plenamente consciente y aprende a centrarse en ese aspecto.

La Jerarquía aprovechó de este modo la facultad discriminatoria de la mente para que el hombre, por el equilibrio de los pares de opuestos, alcanzara su meta y hallara el camino de regreso a la fuente de origen.

Esta decisión condujo a la gran lucha de la civilización atlante que culminó con la destrucción provocada por ese diluvio a que se refieren todas las escrituras sagradas. Las fuerzas de la Luz y las de la Oscuridad se enfrentaron y esto persiste aún como se pudo ver en la Segunda Guerra Mundial.

La Estructura de la Jerarquía.

La Cámara del Concilio:
Colaborando directamente con Sanat Kumara hay tres Kumaras llamados Budas de actividad. Estos cuatro Grandes Seres (mónadas en evolución cósmica) representan la voluntad activa, amorosa e inteligente que rige el planeta y son el canal de la energía que fluye de nuestro Logos Planetario.

El Discernimiento

El Discernimiento

Condúceme de lo irreal a lo Real,
de las tinieblas a la Luz,
de la muerte a la Inmortalidad.

La palabra discernimiento proviene del latín cemere que significa escoger, en el sentido de seleccionar, separar. El prefijo dis refuerza la idea de división, de escoger. Por lo tanto, discernimiento significa separación, discriminación.

Efectivamente, esta palabra sirve para indicar la facultad de escoger, de distinguir, inherente a la mente humana, primero como poder embrionario y latente y, después, a medida que ella progresa y se desarrolla, como una cualidad cada vez más aguda, completa y profunda.

Se puede decir que esta cualidad mental sigue el proceso evolutivo de la mente del individuo, dado que se inicia cuando en el hombre surge el primer destello de dualidad y alcanza su expresión más alta y plena, cuando él despierta totalmente para la consciencia espiritual y adquiere visión de aquello que está detrás de la forma.

Efectivamente, el verdadero discernimiento espiritual es la facultad de la mente de discernir entre lo irreal y lo Real, entre lo que es efímero y caduco y lo que es eterno e imperecedero y, por lo tanto, es la meta y punto de llegada de un largo camino con varios grados y etapas.

No obstante para alcanzar esta meta, la facultad de discernimiento en vías de desarrollo se manifiesta como una cualidad de la mente concreta y es utilizada por el hombre en su aspecto opción cierta, es decir, correcta discriminación y facultad de selección.

Podremos, por consiguiente, decir que existen dos aspectos del discernimiento:
el aspecto mental
el aspecto espiritual

El primero es una facultad de la mente concreta y se vuelca hacia el exterior, para la personalidad; el segundo también pertenece a la mente concreta, recibe el reflejo de la luz del Yo Superior, se torna hacia el interior, para el mundo de las causas, y a veces se eleva hasta el plano de la intuición. El verdadero discernimiento espiritual de hecho es, en cierto sentido, el aspecto inferior de la intuición.

Nuestra mente concreta posee muchas cualidades, como por ejemplo, las facultades de comprender, razonar, analizar, sintetizar, etc. El discernimiento, no obstante, es algo distinto a todas estas facultades,
o tal vez sea el producto sintético del uso de todas ellas, el resultado final alcanzado por la mente después de haber empleado los diferentes procesos.

Es obvio que no puede haber discernimiento y, por lo tanto, capacidad de correcta y justa elección, cuando la mente está aún vaga, informe e inmadura, dado que en tal caso, existe el predominio del cuerpo emocional con todas sus dificultades. Los mayores obstáculos al progreso del discernimiento provienen, efectivamente, del cuerpo emocional.

Tales obstáculos son:
a) Los grandes apegos
b) El deseo de felicidad
c) Las oscilaciones del cuerpo emocional
d) Los bloqueos emocionales

El apego excesivo a las personas o a las cosas ofusca la fluidez de la mente e impiden elegir de modo sabio y discernir el camino correcto. Así mismo, el deseo egoísta de felicidad no deja ver de modo objetivo y claro y puede conducir hacia el camino errado, impidiendo el discernimiento entre el bien y el mal.

Las oscilaciones del cuerpo emocional entre dos polos opuestos constituyen el obstáculo más común y más grave. Cuando el hombre está polarizado en las emociones, oscila continuamente entre pares de opuestos: placer – dolor, amor – odio, euforia – desánimo, etc., y está continuamente en conflicto, sin saber encontrar una solución para su problema. La mente es influenciada por estas oscilaciones y sus facultades son anuladas por las perturbaciones y agitaciones de las ondas emocionales.

Los bloqueos emocionales son un obstáculo más insidioso, porque yacen profundamente ocultos en el inconsciente, disfrazados bajo el aspecto de cualidades o tendencias positivas. El individuo es totalmente impotente contra ellos hasta que su mente se torne de tal modo poderosa e iluminada, que pueda tener capacidad de dispersar las tinieblas emocionales.

Todos estos obstáculos al discernimiento, que provienen del cuerpo emocional, pueden ser superados lentamente por el progreso de la mente y por el uso constante de su poder de dominio sobre las emociones.

Existen, también, obstáculos congénitos a la propia mente, como los defectos mentales del tipo del orgullo, de la presunción, del prejuicio, del fanatismo, etc. Tales fallas traban la facultad de la correcta y justa elección del discernimiento al que no le permiten operar libremente. Pueden, a veces, sofocarlo completamente y otras veces, parcialmente, según el campo al que es dirigida la elección. Un individuo puede tener un discernimiento parcial e incompleto aún si su mente fuera desarrollada, pero no aún totalmente purificada. A medida que el hombre libera su mente de sus defectos, aumenta su facultad de discernimiento, ampliándola y tornándola más completa y más profunda.

Existen varios grados de discernimiento, según el nivel evolutivo del hombre y según el uso que el hombre hace de él. Por ejemplo:

Para el hombre poco evolucionado:
a) entre el bien y el mal
b) entre lo justo y lo injusto
c) entre lo útil y lo perjudicial

Para el hombre común:
a) entre el bien y el bien mayor
b) entre lo justo y lo más justo
c) entre lo útil y lo más útil

Para el hombre evolucionado:
a) entre el bien para sí y el bien para los demás
b) entre lo justo para sí y lo justo para los demás
c) entre lo útil para sí y lo útil para los demás

Para el aspirante espiritual:
a) entre el bien individual y el bien del grupo
b) entre lo justo individual y lo justo para el grupo
c) entre lo útil individual y lo útil para el grupo

A propósito, Alice Bailey escribe: El ser humano, a medida que progresa, percibe que debe confrontarse con distinciones cada vez más sutiles. La discriminación grosera entre lo que es justo y lo que no lo es, ocupa la consciencia aún infantil y es seguida de discriminaciones más sutiles entre lo justo y lo más justo, lo elevado y lo más elevado, y los valores espirituales pasan a ser ponderados con la más meticulosa percepción espiritual.

Es manifiesto, pues, que la cualidad del discernimiento se refina y se eleva cada vez más, y que la persona que la posee aprende a recorrer el camino sutil como el filo de una navaja, el cual lo lleva al equilibrio perfecto entre los pares de opuestos.

Cuando el discernimiento se vuelve hacia el mundo interno y subjetivo, permite al aspirante hacer otras distinciones, como por ejemplo:
a) entre lo que es emocional y lo que es mental
b) entre lo objetivo y lo anímico
c) entre lo que es fruto de la ilusión y lo que es fruto de la intuición.

El aspirante practica en su ser íntimo una especie de selección continua, paciente y precisa que poco a poco lo conduce a distinguir lo real de lo irreal, el Yo del no Yo. Se confronta, a veces sin darse cuenta, con el problema de la elección y de la sabia distinción y sólo el discernimiento puede auxiliarlo a encontrar una solución justa y correcta.

También, en el campo de los conocimientos espirituales es sumamente necesario utilizar el discernimiento a fin de seleccionar lo que es verdadero y útil entre las diversas alternativas, no siempre verdaderas o esenciales. El discernimiento nos defiende de la fanática y ciega aceptación de enseñanzas, palabras y escritos con los cuales entramos permanentemente en contacto, propocionándonos la facultad de discernir cuál es la veta de oro puro entre los engaños e ilusiones, ofreciéndonos la capacidad de descubrir la Verdad por detrás de las superestructuras y de todas las supersticiones.

Esto, ciertamente, no es fácil, dado que, en general, nada nos lleva a rechazar o a aceptar una doctrina con entusiasmo ciego. El discernimiento nos enseña a examinar todo bajo la luz de la razón sin dejarnos sugestionar por palabras o por escritos de otras personas, ni influenciar por juicios, ideas preconcebidas y diversidad de opiniones. Por medio del discernimiento conseguimos realizar una elección sabia, prefiriendo lo que nos parece verdadero y justo, y que corresponde plenamente a las exigencias de la conciencia y de la mente.

Helena Blavastsky, en la Doctrina Secreta, escribe:
Dice el señor Buda que no debemos creer en una cosa sólo porque alguien lo dice, ni en todas las tradiciones porque simplemente remontan a la antigüedad, ni en los rumores como tales, ni en lo que escriben los sabios sólo porque ellos fueron los autores, ni simplemente en la autoridad de nuestros instructores y maestros. Debemos creer cuando los escritos, doctrinas o dichos se vean corroborados por nuestra razón y por nuestra conciencia.

Además de esto, la facultad de discerninimiento es indispensable para el aspirante cuando se enfrenta con el problema de la elección del camino de servicio que seguirá, del método que usará, del momento oportuno para la acción… Todos estos problemas son inherentes al servicio y pueden ser resueltos apenas con el uso del discernimiento. No puede haber verdadero servicio sin él.

En Cartas sobre Meditación Ocultista, Alice Bailey dice:
Sirve con discernimiento aquel que juzga con auxilio de su Yo Superior y del Maestro, sea cual fuera el alcance o problema a resolver, sin ser guiado por sugestiones, pedidos o exigencias, bien intencionadas pero frecuentemente erradas, de sus compañeros.

Sirve con discernimiento aquel que tiene la sensación del tiempo en la acción… y que sabiamente adapta el tiempo a su disposición.

En el servicio, por lo tanto, la facultad de discernimiento es fundamental, dado que sin ella corremos el riesgo de hacer más mal que bien, de desperdiciar inútilmente nuestras energías y de cometer errores más o menos graves.

De hecho, no es fácil alcanzar la plena expresión de esta facultad y podemos preguntar cuáles son los medios para facilitar su progreso.

Existe un solo medio: desarrollar la mente y utilizar su facultad de justa selección. Si la mente no está desarrollada. el hombre no puede tener discernimiento, dado que esta cualidad es esencialmente mental y racional y que se va formando y aumentando cada vez más por el uso correcto de la mente.

Podríamos decir que el discernimiento se perfecciona mediante el uso del propio discernimiento. Esta no es una paradoja sino una verdad, ya que tal vez no exista en el hombre otra cualidad con esta singular característica de desarrollarse, de crecer, de perfeccionarse, por medio del simple uso de sí misma, pues ella se identifica con la propia cualidad de pensar, que es un modo de hacer natural y espontáneo de la mente, hasta cuando ella es todavía inmadura.

El poder de escoger, de hacer distinciones, de seleccionar, nace en la mente humana juntamente con el poder de razonar, el que crece y se eleva al mismo tiempo que la propia mente.

Cuando la facultad mental del discernimiento es utilizada, como dijimos, volcada hacia el mundo subjetivo, poco a poco enseña a hacer distinciones aún en el plano interior. Comenzamos a sentir que nuestro Yo es distinto de sus envolturas, que él es una realidad permanente e inmutable, entre las mutaciones y modificaciones de nuestro psiquismo. Aprendemos a comprender cuáles son los valores esenciales y eternos y nos habituamos a vislumbrar la esencia por detrás de la forma. Así el discernimiento se torna un sexto sentido, una facultad de sensibilización interna que nos hace descubrir el lado Divino que hay en nosotros y en todas las cosas, además de darnos la capacidad de distinguir lo esencial de lo que no lo es,
lo verdadero de lo falso, el querer del Yo Superior del querer de la personalidad, guiándonos con iluminada sabiduría a lo largo del difícil camino de la evolución que nos lleva a Dios.

Angela María La Sala

Extractado por Farid Azael de
El Camino del Aspirante Espiritual
Era Naciente.

El Propósito de la Forma

Podemos definir la forma de muchas maneras. A continuación expondremos algunas de ellas: la forma es el cuerpo de una idea o pensamiento; es la vida de lenta vibración que encierra una vida que vibra más rápidamente; es la vida en proceso de expresarse; es el símbolo objetivo de una energía animadora central inteligente; es el cuerpo, habitado por una idea, su alma, detrás de la cual reside la energía dinámica plena de propósito, el espíritu. Por lo tanto, cada forma es la trinidad cuerpo, alma y espíritu. La forma es el Uno, la Unidad en su aspecto de Diversidad, es el Uno convertido en muchos. Es el instrumento o medio de contacto entre el espíritu y el aspecto materia del Logos, tratando de expresar Su voluntad, plasmándola en un aspecto diferenciado del Logos, adoptando la forma de acuerdo a la etapa de evolución y a la consiguiente receptividad del aspecto u objeto que se debe plasmar.

La forma es una idea, incorpórea en sí misma, concretada en el plano objetivo. Es el Principio de limitación, condición y privación, que permite hacer comparaciones con el Absoluto; es un aspecto de lo infinito hecho finito en espacio y tiempo; es la envoltura externa de un complejo espíritu interno. La forma es un velo ilusorio que oculta, confina y aprisiona un pensamiento proyectado por alguna energía central dinámica, responsable de la actividad subjetiva y de su resultante expresión objetiva en la materia o forma pasiva.

La forma tiene por objeto ayudar a la evolución para que la vida evolutiva logre la auto consciencia inteligente en grado y dimensión cada vez mayores, debido a la experiencia adquirida en repetidas encarnaciones durante su ciclo evolutivo. La meta de esta evolución a través de las formas es la comprensión de la Unidad Absoluta. La Doctrina Secreta dice: “La idea de Unidad Absoluta quedaría totalmente destruida en nuestro concepto si no tuviéramos ante nuestros ojos algo concreto que contenga tal unidad”.

Muchas y muy variadas son las formas utilizadas por el Plan para estimular y guiar a las unidades evolucionantes de la Vida Una, y cada forma se adapta al propósito de un cabal desenvolvimiento, plenamente comprensivo de todos los aspectos y atributos de la Vida Una, dentro de cada parte componente.

En la familia humana se enseña al hombre, por medio de la forma, la dualidad esencial de la existencia en el universo manifestado. Observando la forma, el hombre percibe oportunamente la vida activa dentro de ella
y aprende a considerar la vida interna como la realidad o yo, y la forma externa como el no-yo. Por medio de la forma, ya sea la forma de su propio cuerpo, la de los cuerpos de sus hermanos, individualmente o en grupo, como miembro de una familia, de una sociedad, de un orden social, cultural, político, comercial, religioso, ético, industrial, científico, racial, nacional o internacional; como dirigente o uno de sus seguidores; colaborador consciente o receptor inconsciente de fuerzas modeladoras buenas o malas, el hombre aprende la lección que le corresponde, según el grado alcanzado en la universidad del universo evolucionante.

Así el hombre aprende su lección, es decir, equilibra los pares de opuestos y sabe que con cualquier nombre que se le designe: espíritu o materia, bien o mal, placer o dolor, vida o muerte, crecimiento o decadencia, construcción o destrucción, amor u odio, atracción o repulsión, Dios o Demonio, liberación o prisión, todas son manifestaciones mutables del aspecto materialista fenoménico de la inmutable Realidad Una que es la Vida Eterna.

Es interesante observar como las diferentes formas hacen surgir distintas maneras de responder, proporcionándole al hombre la adaptabilidad a las variadas demandas del medio ambiente, como las influencias geográficas y climáticas, comunidad o soledad, paz o guerra, refinamiento y valores artísticos o pobreza, bestialidad y crudeza.

Desde un punto de vista personal, el servicio más importante que la forma puede prestar es hacernos conscientes de los defectos y virtudes de nuestro carácter. Nuestros vicios y virtudes se reflejan fielmente en la forma – para observación del verdadero hombre interno – por medio de deseos, sentimientos, impulsos y pensamientos generados por el triple yo inferior que compone nuestra personalidad, la cual actúa o entra en actividad por los sonidos, los colores, las formas, los olores, etc., que nos llegan a través de los sentidos. Cada uno de estos contactos, accidentalmente o no, es una nueva oportunidad para fortalecernos y ayudarnos en nuestra propia evolución, o absorber nuestra fuerza y así obstaculizar la evolución. La victoria y la derrota tienen su raíz en la misma simiente; lo importante no es lo que nos ocurre, sino el beneficio que extraemos de los acontecimientos. Hemos permitido que se conviertan en un obstáculo o los hemos superado y convertido en peldaños? Tales revelaciones de la personalidad nos permiten formular planes prácticos e inteligentes, fomentar y cultivar las cualidades necesarias para convertirnos en perfectos y eficaces instrumentos de servicio.

La observación de Tolstoi sobre el empleo de la forma es iluminadora: “Si quiero exponer mis pensamientos empleo palabras; si quiero exponer mis sentimientos utilizo el arte”. El arte es, en verdad, uno de los más grandes sacerdocios de la vida espiritual.

Igualmente iluminador, para hacer resaltar la superioridad de la realidad interna sobre la forma externa, es el bien conocido epigrama de Emerson: “Lo que tú eres, habla tan alto que no puedo oír lo que dices”.

La cualidad que diferencia la forma de un ser humano de las demás formas es la mente. El hombre es un pensador. Manas, el principio mente, no lo dota de consciencia – pues esta existe desde el comienzo del ciclo evolutivo en todas las formas inferiores a la humana – sino de auto consciencia, atributo de la divinidad. Gracias al poder de fusión de la mente, el hombre vincula en sí mismo los dos polos de la manifestación divina, abarcando y reflejando todo el ciclo evolutivo desde el átomo al universo, desde el hombre a Dios.

Según Annie Besant: “El hombre es el ser en quien el espíritu más elevado y la materia más inferior están unidos por la inteligencia”, haciendo de la inteligencia – manifestación del principio mental – la cualidad característica del hombre. Este principio mente, esta inteligencia o relación, entró en actividad en el hombre en el momento de la individualización, llevándolo de lo animal a lo divino. La mente trasmuta la sensación en deseo, el deseo en emoción y la emoción en amor, siendo el amor humano la simiente del amor divino. En el mundo de las percepciones sensorias el hombre es el único ser que puede amar como ama Dios, no para beneficio propio, sino para beneficio del ser amado. Ruskin dice: “Podemos amar a las rocas y a las montañas por el bien de las rocas y de las montañas”.

La mente permite al hombre adquirir perspectivas, observar y valorar los senderos y las formas a través de las cuales ha llegado; aprovechar los frutos de la experiencia, desarrollar la capacidad de adaptarse al medio ambiente y más tarde crearlo. La mente puede captar y retener el conocimiento, requisito para comprender la complejidad de las formas y aplicar la ley a las formas, a fin de que actúen armoniosamente con el único propósito de ayudar en el plan de evolución y “cumplir la voluntad del padre”. Félix Adler lo expresa con las siguientes palabras: “Haz tu trabajo en el mundo para que los demás trabajadores hagan mejor el suyo”.

Regina Keller

Extractado de Apuntes de
Clases por Correspondencia de la
Escuela Arcana de Buenos Aires.