Sonido

Sonido

El Fenómeno Interactivo de la Vida
Por miles de años, los textos sagrados de la India nos han enseñado que el sonido contiene la clave que nos puede guiar a los misterios del universo, la creación y sustento de nuestro mundo y la manera de desembarazarnos de sus lazos.

En la tradición Oriental, el mundo de los fenómenos se entiende como una reflexión de infinitas combinaciones de patrones de sonidos derivados del sonido del Uno que crea. Con el objeto de explorar la naturaleza del sonido tendremos que correlacionar ciencias como la biología, física atómica, química y matemáticas, porque el sonido es el fenómeno integrador de la vida, el común denominador a través del
cual y por el cual opera todo lo demás. Será necesaria cierta expansión de nuestras mentes para comprender realmente la naturaleza de este sonido creador.

El Sonido Asonoro:
Las metafísicas indias nos explican que el sonido es la causa y no el efecto de la vibración, y que de tal forma no puede existir sonido alguno sin vibración – aun en el caso de los medios usuales de conducción
del sonido – como el aire, el agua o la llamada materia sólida.

Esto nos plantea el concepto de Sonido Potencial, que se refiere a la energía impulsora y a la fuerza que hay detrás de toda manifestación, considerado en sí como una existencia infinita, continua, indivisible, no fragmentada y potente, y el más poderoso de todos los orígenes.

El poder dentro del centro o corazón del átomo es sólo una minúscula cabeza de alfiler de esta energía infinita, si bien ella es capaz de destruir ciudades y hasta planetas. Con la excepción de unos pocos cientistas de “avant garde” como Nikolas Tesla y John Keely, la ciencia moderna ha comenzado apenas a indagar esta fuente poderosa de energía.

Este sonido asonoro es el elemento más sutil de todos – aun más fino que la tierra, el aire, el fuego o el
agua -, y más allá de la velocidad de la luz, de la fuerza de cohesión, electricidad y magnetismo de todo lo existente.

El origen del sonido, de la Palabra o del nombre divino, revela toda la leyenda de la creación. Las metafísicas de la India apuntan hacia un estado primordial desde el cual emana la creación. Por el impulso eternamente creativo de Dios hacia la auto transcendencia, comenzó una tensión causal que primero creó el sonido original o primigenio, conocido en sánscrito como parasabda (para = supremo y sabda = sonido).

Para entender el significado de tensión en este contexto utilizaremos la definición que nos dice que tensión es la acción total resultante de dos cosas que se afectan mutuamente, de tal forma que las acciones respectivas de cada una de las partes se considera como aspectos parciales de la combinación resultante. Es decir, estamos considerando el funcionamiento primordial de todo sonido y toda forma. En efecto, este concepto es básico en la filosofía Taoísta originada en la China 590 años a.C. Este es el principio del yin/yang o relación de los opuestos o fuerzas interactivas.

Podemos imaginarnos un sistema de interacciones que implica dos, tres, cuatro, o una combinación de elementos o componentes parciales. Ultimamente hemos alcanzado a comprender la perspectiva oriental del universo físico como un conglomerado vasto de corrientes de energía interactuantes.

Cuando la tensión interactuante entre dos de estas corrientes tropieza con nuestros oídos, podemos percibirlo como un sonido audible. Cuando el sistema de energía toca la retina de nuestros ojos, ello afecta nuestras mentes y lo llamamos luz. Igual sucede en el caso de oler, gustar, tocar y hasta el pensar, pues la mente ha sido descrita como un duro cristal de sonido que actúa como reflector esférico que recibe e irradia todas las experiencias conscientes e inconscientes.

El individuo común y corriente no escucha a una roca o al sol o la música de las esferas. Pero el hombre es capaz de tomar consciencia de vibraciones más y más sutiles. Un ser que puede entrar en la experiencia de la tensión causal – el alpha y el omega de la interacción originaria – puede escuchar y conocer todas las cosas.
La figura 1 es la representación de la escalera de Jacob, dibujada por Robert Fludd, el gran filósofo hermético del siglo XVII. El dibujo nos muestra la escala de la perfección y los pasos que han de seguirse para ascender desde el reino terrestre al más alto cielo. Procede en ascendencia por medio de pasos geométricamente medidos desde el escalón más bajo de los sentidos hasta el mundo de la imaginación, luego a través de la razón del intelecto, o la habilidad del saber interno, desde donde se dirige hacia la inteligencia, o unidad con el objetivo del saber directo, y finalmente hacia la palabra sagrada misma que lleva al mundo del cielo. Así la meditación de alquimistas y santos se ha centrado en la Palabra, en su luz y por último en su sonido interno. Por centurias, los adeptos orientales y occidentales han practicado la ciencia del sonido con el fin de llegar a ser uno con la Palabra. Esta ciencia perenne no confina a sus practicantes a los campos de energía físicos ni no-físicos. Sus técnicas se aplican a los diferentes planos del ser y están diseñados para transportar la consciencia individual desde el punto del Logos a través de las miasmas de creencias sedimentadas hacia una mayor proximidad a la esfera de la Primera Causa o Conocimiento Supremo. Una vez llevada la mente a esta esfera de sonido en potencia por medio del uso de mantras y el japa (su repetición cuidadosa), ésta es capaz de internalizar la Fuente, y reconocer a su ser como el Ser de Dios.

A este estado se le llama Consciencia Cósmica y se alcanza a través del sonido asonoro de la Palabra.

La tradición tántrica, tanto en su literatura como en la práctica clásica, está diseñada para este objeto: la aproximación del alma al espíritu. Esta tradición no se refiere en ningún caso al tantrismo erótico tan explotado hoy en día, sino a la ciencia de los maestros yoguis, quienes han conquistado el espacio y el tiempo dejando sus huellas en las arenas del tiempo con objeto de que nosotros podamos seguirlas.

Cosmología Hindú:
La tradición esotérica siempre ha sostenido la existencia de una geometría simétrica en la evolución del cosmos. Los grandes filósofos y observadores han reconocido el orden implícito de la creación. Este esquema matemático evolutivo se ha representado en el arte y en los jeroglíficos de antiguos manuscritos en diversas culturas.
La antigua fuente de toda la cosmogonía hindú, llamada el libro de Dzian, comienza con un círculo, luego un punto, a continuación dos líneas paralelas (fig. 2). Esto simboliza la secuencia en el desarrollo
descendente o condensante del sonido hacia las formas cósmicas.

El círculo representa a Brahman. Es la unidad indivisible e indiferenciada de Dios previa a la formación de los mundos, El punto corresponde a para Sabda, la palabra que irrumpe como primera vibración en pulsaciones dentro del útero cósmico. Entonces, este punto es la semilla germinal en el proceso del devenir.

Siguiendo con este proceso creativo, la próxima emanación se llama pasyanti en los textos hindúes, y se representa geométricamente como dos líneas paralelas. Pasyanti es una octava ligeramente más densa de la vibración del sonido. Es el estado dentro del cual son reveladas las relaciones y significados de todos los sonidos a la consciencia.

El tercer paso del sonido primordial se llama Madhyama. A este nivel existen suficientes ejes direccionales para hacer posible la triangulación. Esto representa el patrón fundamental de las corrientes sonoras que se diversifican como formas. La comprensión del sonido en el estado de Madhyama ofrece visión intuitiva. El escuchar a este nivel significa que estamos percibiendo el sentido más allá de la superficie externa del objeto o patrón de pensamiento.

Finalmente llegamos al sonido Vaikhari. Este es el plano del sonido audible tanto en la naturaleza como en el lenguaje articulado y corresponde al último estado en la densificación del sonido causal. Varía de acuerdo al medio de transporte. Vaikhari opera al nivel de la llamada materia física, y es la versión más diversificada del sonido original. Allí encontramos los sonidos de las palabras y letras usadas a diario. En resumen, como se dice en el Yoga Kundalini Upanishad: Aquel Vac (palabra) que germina en para Sabda, echa hojas en Pasyanti, brota en Madhyama y florece en Vaikhari.

Podríamos imaginarnos la mente de Dios transmitiendo la inmensidad de infinitas vibraciones, dándonos cuenta de que estas infinitas vibraciones producen infinitas manifestaciones debido al poder de su Palabra. Y su Palabra es el Sonido.

Swami Sarasvati ha entregado una analogía muy útil diciendo que tal como la sangre siempre coagula al estar fuera de su contenedor interno, así mismo coagula el sonido en forma de materia cuando se manifiesta fuera de sus estados anteriores de para, pasyanti y madhyama. Si somos capaces de armonizarnos con el sonido en estos niveles superiores, no sólo podremos escuchar los sonidos musicales de los planetas descritos por Pitágoras, sino que escucharemos también todo el Universo que se desarrolla con intención cristalina.

Todo el Cosmos está virtualmente estremeciéndose en sonidos al igual que los mismísimos estremecimientos de tantas pequeñas hojas de un árbol en la primavera o el otoño. Este sonido de estremecimiento que nos hace sentir el movimiento de Dios, en verdad es el vigor universal de la vida que nos alienta. El sonido asonoro es el arrullo de Dios, sin el que nos sentiríamos abruptamente abandonados
y solos en el espacio, sin conocimiento de nosotros mismos y sin contacto con la realidad.

Podemos figurarnos el primer sonido como un tono puro, como pulsación rítmica. Cuanto más patrones vibratorios se agreguen al primer sonido, el resultado se parecería a la entonación de dos o tres notas en el plano acorde, o una combinación de patrones de ondas sonoras o formas. En realidad, un tono contiene estas formas sonoras porque consuenan a nivel audible con el tono fundamental una cantidad de sobretonos o tonos armónicos.

Nuestro mundo por lo tanto puede visualizarse como una gran y vasta sinfonía de patrones vibratorios individuales interactuando conjuntamente en la creación de la urdiembre y trama de la creación.

Cada uno de los elementos integrantes del universo es diferente porque están formados por combinaciones de vibraciones específicas. Podemos así comenzar a comprender el poder infinito que conlleva la Palabra.

Elizabeth Prophet

Traducido y extractado por Gabrielle Hoffmann de
The Coming Revolution.- Vol. 2, N 1. 1981

Tiene la Tradición India una Sabiduría transmisible a Occidente?

Mientras que la cultura científica elaborada en Occidente triunfa y se extiende sin oposición sobre todos
los continentes, nos interesa saber lo que el Oriente puede ofrecer en cambio de valioso, de precioso a los pueblos occidentales.

La India, tan abierta a las técnicas modernas, tan ardiente en su deseo de transformar y de elevar el nivel de vida de su población, tendrá secretamente en su patio trasero cierto conocimiento práctico de la vida aun totalmente ignorado por nosotros, y del cual podríamos sacar provecho?

Un observador superficial de la India solamente verá la fachada en vías de construcción, la obra imponente de los planes quinquenales, las empresa de los grandes embalses, los vastos proyectos de reforma agrícola, la reorganización rural.

El hará justicia a la sed de saber y de investigar que anima a su elite universitaria, a sus médicos, sus ingenieros, sus sabios. Si la mirada de nuestro observador se detiene en ese aspecto espectacular de la evolución histórica, si no penetra más allá, habrá fallado en descubrir lo esencial.

A un eminente amigo indio, médico general de la Armada, que me preguntó por mi apreciación acerca de los cambios acaecidos en India desde l949, le respondí: “Ciertamente la India se ha transformado profundamente… conservando un trasfondo de permanencia inmutable. Un cambio versus un trasfondo de invariabilidad”.

El enunciado causó complacencia a mi amigo. Y esta opinión fue unánimemente aceptada por un grupo de médicos indios presentes en la reunión. Se estableció un diálogo entre nosotros. Cada cual reconoció en este trasfondo de valores inmutables preciosamente preservados, la reserva de la cual podría emerger una fuente renovadora de la civilización occidental. Tales fueron los términos algo enfáticos que nos atrevimos a formular allí esa tarde.

Pero, en verdad falta en Occidente alguna cosa esencial, un conocimiento indispensable para su salvaguardia? Tendrá la India eso que hace falta tan cruelmente a las civilizaciones occidentales?

En el peligroso estado de nuestra historia presente, se impone un examen riguroso de las deficiencias inherentes a nuestra cultura.

En primer lugar, conviene reprocharle su exclusiva orientación hacia el mundo exterior, su ignorancia de los caminos de la interioridad profunda.

El pensamiento occidental sitúa lo “Real” exclusivamente en el mundo objetivo, exterior a nuestro cuerpo, en el mundo que podemos conocer por los sentidos. La terminología corriente consagra y mantiene este prejuicio. Se dice de un juicio imparcial y verídico que es “objetivo”. La subjetividad es sinónimo de fantasía, de ensueño, de quimera. Nuestros psicólogos se esfuerzan en adaptar sus modelos a lo “Real”, es decir, al mundo exterior, al ambiente social y familiar. El sabio occidental experimenta sobre objetos. Cree en la realidad substancial de los fenómenos objetivos y de las cosas; entre estos diversos elementos él concibe relaciones “objetivas”.

Pero el indio iniciado en su tradición asume hacia el mundo una actitud diametralmente opuesta a la que adopta el pensamiento occidental. El universo, según él, es un mundo de apariencias, una creación mental nacida de sus sentidos y de su pensamiento. Los paisajes, las cosas que descubre alrededor de su cuerpo, resultan de un juego de funciones sensoriales; son imágenes emanadas de nuestro espíritu, y, como tales, inseparables del espectador que las ha producido.

Por cierto, él no piensa en negar su carácter pragmático, concreto, objetivo. Pero sabe que los marcos del espacio, del tiempo, de la causalidad, donde se encuadran las cosas y los seres de este mundo, provienen de la psiquis del observador. Por eso su “realidad” es una realidad prestada.

Pidamos a un sabio indio que nos diga a qué fuente pedimos prestada la “realidad” y él nos dirá: “Buscad lo Real dentro de vosotros, no en los objetos definidos por vuestros sentidos y vuestros conceptos; proseguid la búsqueda en lo más profundo de vuestro ser hasta el último lugar de referencia. La Realidad, en el sentido estricto de la palabra, no es sino el conocimiento verídico que se revela a vosotros al término de esta búsqueda”.

Una perfecta teoría del conocimiento, una teoría correcta según las exigencias inevitables de la epistemología, he aquí lo más precioso que la ciencia metafísica india puede ofrecer al Occidente. Si este punto de vista prevaleciera entre nosotros y se impusiera a nuestros sabios, el pensamiento occidental sufriría la más grande revolución que haya conocido desde la antigüedad; le sería apremiante revisar integralmente y corregir todas sus nuevas nociones. El estilo de vida individual y social sería modificado. Tales serían las consecuencias de este cambio de polaridad. En lugar de establecer sus puestos de observación en la periferia de la psiquis, sobre los planos sensorial, afectivo, intelectual, el espíritu de investigación tomará un lugar más acá de las funciones superficiales del ego, en el núcleo central de integración y de asimilación. Este desplazamiento en profundidad lo llevaría a un lugar puntiforme y sin dimensiones, donde la consciencia funcionando en estado puro – impersonal – resuelve toda percepción y todo saber en conocimiento.

Este lugar puntiforme, en cuyo centro reside el conocimiento, no es de ningún modo una concepción quimérica, ni tampoco una hipótesis aventurada. Los fisiólogos contemporáneos reconocen la necesidad de admitirlo en su esquema neurológico. Uno de los más eminentes pioneros de la neurología, Sir Charles Sherrinton, lo identifica con justo título, con el centro de integración del ser individual, con el Ser, el Yo auténtico.

He aquí los términos con que él lo define: “El Yo se encuentra al centro en un mundo de “cosas”, existiendo sin contorno ni forma, ni dimensiones; invisible, intangible, desprovisto de atributos sensibles, durable, con una durabilidad sin extensión, cuando se le compara con las cosas. Su posición es sin magnitud. De este
Yo somos mucho más inmediatamente conscientes que del mundo espacial alrededor nuestro, puesto que es nuestra experiencia directa. Es el Sí, el Ser “.

Y sin embargo, jamás ha sido visto, ni sentido, y aunque posee el lenguaje, jamás ha sido escuchado. Permanece inaccesible a los sentidos, aunque sea conocido por sí mismo directamente, de primera mano y en forma indiscutible.

Independientemente de estas teorías, las investigaciones efectuadas por las escuelas neuro-quirúrgicas y electro-neurológicas revelan la presencia en la estructura del cerebro de un lugar central de integración, foco centroencefálico de Penfield, sistema reticulado del diencéfalo, del tálamo, del pedúnculo cerebral. Considerada en sus implicaciones anatómicas, la función mental entrega un esquema cómodo, gráfico sugestivo del proceso integrador.

La pluralidad de los aspectos visuales, táctiles, auditivos, etc. del mundo, que nuestros sentidos elaboran, converge al azar en la Unidad de una consciencia asimiladora. Despliegue del Uno en la diversidad-múltiple, resolución de la diversidad en el Uno; tal es la definición que han dado de la Consciencia los sabios reunidos en un Simposio en Chicago, y en Montreal, para discutir acerca de este importante tema.

Los descubrimientos modernos de la neurología resumen aquí las conclusiones a las cuales llegaron los investigadores indios de la interioridad, persistiendo en su búsqueda más allá de todas las categorías subjetivas. Sólo el experimentador actuando en sí mismo conoce – por haberlo vivido – la naturaleza fundamental existencial, beatífica, de esta vida indescriptible. Ella se sitúa en el trasfondo – jerárquicamente, en el manantial – de la individualidad. Su absoluta simplicidad original la exime de los cambios que traerá el tiempo. A diferencia de los éxtasis y diversos tipos de samadhi propios del Yoga, ella no se experimenta entre los límites de un comienzo y de un fin. La vida, realizada en su perfecta indivisión, no implica ningún metabolismo, ni hay una palabra que pueda calificar correctamente la esencia.

Sin embargo, es necesario que volvamos a descender de esta transcendencia a un plano apropiado para
una clara descripción biológica. Y además se debe vivir entre los hombres, moverse entre los objetos del mundo material. El hombre, manteniendo su atención despierta en este lugar “puntiforme”, que lo ubica en el corazón de sí mismo, despliega en el campo de su consciencia la total extensión de sus funciones psíquicas. Establecido como testigo alerta en la más íntima profundidad compatible con una “visión” de los fenómenos, tiene proyectada ante él la totalidad de su ser. Se conoce a través de una visión que no es óptica. A su gusto, escoge excitar, retener o adormecer la actividad de su pensamiento y de sus sentidos. Los múltiples aspectos de su personalidad toman forma ante él sucesivamente, luego se disuelven como sombras de sí mismo. Nacen y mueren en su campo de consciencia mientras que él asiste como testigo inmutable a su pasar efímero. Todas las creaciones de su espíritu o de sus sentidos proyectan sus siluetas en la pantalla de su atención, a distancia del lugar desde donde él las contempla. Tal es la posición que él ocupa en este punto donde la consciencia resplandece. Su sensibilidad, sus propias emociones ondulan sin ataduras, nacen y mueren, extrañas a la realidad de su ser. Para él, el universo organizado por sus sentidos, por su entendimiento, por su sentimiento, desenrolla sobre diversos planos un inmenso “objeto” de formas que rebrotan incesantemente, en el cual se encuentra incluso la imagen de su propio cuerpo. Nada permanece estable en esta fantasmagoría cambiante e inasible. El elemento de realidad contenido en este infinito despliegue procede del foco original de donde la totalidad emerge y adonde, regresando, se sumerge. Una evidencia irrecusable nos garantiza que lo Real se arraiga en este “punto” sin dimensiones: último centro de integración y único foco de conocimiento auténtico. Esta fuente de luz, pura consciencia iluminadora, confiere a los objetos nacidos de ella su carácter de verdad.

La substancia fundamental del Universo, según este punto de vista, se revela de naturaleza psíquica. En este mundo a base de consciencia, no se sabría oponer irreductiblemente la materia al espíritu, porque la materialidad – si se la somete a un correcto examen – demuestra ser un concepto, una experiencia sensorial y mental. Porque la asimilamos, absorbiéndola e integrándola en conocimiento, se ilumina con la claridad de lo Real.

Es así que la epistemología india, contradiciendo el curso del pensamiento occidental, reversa la polaridad de lo Real. El oyente es invitado a llevar su búsqueda de lo verdadero en la dirección de la interioridad, más allá de la vida subjetiva, más allá de las relaciones dualistas, que oponen al sujeto y al objeto el uno contra el otro. La aventura implica ciertos riesgos. Sin duda el círculo ilusorio que encierra el juego de la dualidad no se deja atravesar fácilmente. La ayuda de una razón transcendente que derribe todas las barreras, asegura el despegue del espíritu hacia el “lugar” de una claridad sin sombras.

Y es aquí que el sabio occidental puede apreciar en justa medida la severidad de la pérdida que experimentó nuestra cultura cuando se extinguió la tradición epistemológica greco-egipcia. En el estado actual de nuestro conocimiento del hombre, ignoramos que existe, más allá de la inteligencia racional, un principio superior de inteligibilidad. Pero en los tiempos de Heráclito, de Pitágoras, de Sócrates, de Platón, de Plotino, un tal poder del espíritu era unánimemente conocido. Se le designaba con el nombre de Nous. La función iluminadora del Nous permitía al filósofo traspasar las oposiciones de la dualidad y consumar la búsqueda, el Nous – o su equivalente – ha desaparecido de nuestro vocabulario; y en nuestros días estaría sin uso. También los helenistas deben resignarse a traducir este término, a falta de algo mejor, por una palabra que traiciona gravemente el sentido: intelecto. La función “noética” a la que hacemos alusión, abre un acceso a la última instancia de donde ella misma ha nacido. En todas circunstancias, dispone a la razón a orientar sus pasos en la dirección del principio original de Platón, de Plotino. Y es así que ella ilumina el pensamiento justo, la conducta recta, llevándola finalmente a su disolución en la evidencia del testimonio final. De este conocimiento “noético” es inseparable el amor. Se podría aspirar con todo el ser a la verdad integral si no se la amara con un amor Soberano?

En estos tiempos críticos de nuestra historia, en que el hombre de occidente pretende reconstruir – desde América a Rusia – las bases materiales del mundo, una tradición viviente, preciosamente salvaguardada ofrece a nuestro espíritu las perspectivas de una dimensión nueva. Por la reversión de polaridad que nos propone se revela un trasfondo inexplorado. Se nos expone a la ayuda de una dialéctica rigurosa, y por el método experimental – el Yoga – la extensión de los poderes inherentes a la psiquis. El experimentador indio de la vida subjetiva conoce y pone en acción leyes totalmente desconocidas para el sabio occidental. Sin embargo, ninguno de los poderes adquiridos por el ejercicio del yoga alcanza en dignidad y en amplitud el poder que emana de la Sabiduría.

El sabio de la India, según la tradición no-dualista (Advaita Vedanta) tiene el poder de conducir a todo oyente apasionado por la verdad hasta el término de la búsqueda epistemológica: a la Realidad de lo Real (Sataysya Satvam).

Su instrucción – simultáneamente teórica y práctica – confiere a quien la absorbe integralmente en su pureza una soberana potencia; lo libera de la historia y lo sustrae de las vicisitudes del determinismo y del destino. Además, le proporciona el don más precioso que un hombre pueda recibir: hace de él un ser benéfico.

Sin duda encontraremos provecho – un provecho incalculable – en revisar radicalmente nuestra manera de ver el mundo y de concebirnos nosotros mismos. El estudio de las ciencias biológicas procede sin orden ni método, porque carece de bases epistemológicas. La misma falencia se hace sentir penosamente en el sector médico y en psicología. Los investigadores no pueden explorar más que engranajes y una maquinaria superficial. Ellos ignoran la naturaleza profunda del hombre; la interioridad escapa a sus sondajes. Pero un error más grave que todas las carencias tiene cautivo su espíritu; ellos toman sus conceptos, las construcciones de su espíritu en trabajo, sus representaciones abstractas por “realidades”. Estos son para ellos, “datos”, hechos (duros hechos) . Hacen tanto caso de estos “hechos” que construyen inmensos ficheros para recibirlos y conservarlos. Este desorden nos inunda.

Como consecuencia de nuestro error de óptica inicial, el acceso a lo esencial nos está prohibido. La frente de nuestros sabios se lastima tarde o temprano contra la fachada infranqueable que les opone la “objetividad”. Ellos no conocen ningún otro campo de investigación que el “plano objetivo”, única realidad para sus ojos.

Pero se puede explorar con rigor totalmente científico el campo de la interioridad? Y si penetramos con la consciencia vigilante e imperturbable en este medio fluido, desconcertante, descubriremos leyes claramente definidas, imperativos universales? El explorador no va a disiparse, a vagabundear en desorden en la fantasía y la irracionalidad de la vida subjetiva?

Sería imprudente subestimar los riesgos en que incurre el explorador que desciende en esta “terra ignota”. La frágil claridad de su razón corre el peligro de extinguirse allí, porque estos abismos son recorridos por ráfagas incesantes. No descenderemos al precipicio sino sólo después de haber anclado sólidas amarras que nos conecten al fondo. Un guía alerta, infalible conocedor del trayecto y de la etapa final, enganchará por nosotros firmemente la punta del ancla en la última estación. El alumbrará con su luz nuestros pasos hasta que los itinerarios se nos hayan hecho familiares. Al término de la maniobra encontramos la claridad porque el “final” – último conocimiento – es luz. En este foco de integración más allá de la unidad, las nociones de tiempo, de espacio, las formas y las sensaciones, han sufrido la transmutación que las refunde en consciencia beatífica, inclusiva de toda realidad. Reconocemos que esta realidad estuvo siempre presente en nosotros.

Seremos indestructiblemente occidentales al punto de oponer un rechazo definitivo a la invitación que se nos hace de revisar nuestra óptica? Si así fuera, decidiríamos nuestra condenación a breve plazo.

Cuidémonos de creer que al operarse esta reversión de polaridad, renunciaremos a nuestra tradición – el helenismo – para adoptar una visión india del universo y del hombre. El individuo que intenta enajenarse de su herencia ancestral y repudia su propia tradición se acomoda una figura híbrida, en la que se descubre la imitación. Yo no propongo, de ningún modo, al occidente que se orientalice. Operando la reversión que se impone urgentemente a nuestra “visión del mundo”, reencontraremos una óptica familiar al sabio de occidente. El sabio recuperará una verdad largo tiempo olvidada y perdida por nuestra cultura. Volviendo a encontrar la visión correcta que fue la de un Sócrates, de un Platón, de un Plotino, reanudará el hilo de su propia tradición. Todo examen epistemológico correctamente conducido – suceda en India, en China, en Grecia o en Egipto – debe llegar al mismo fin. He ahí una evidencia que he tratado de demostrar mediante algunos ensayos sobre el tema y en la aplicación práctica a la medicina.

Concluyamos este ensayo pidiéndole a Plotino que tome la palabra:

“Es así como uno se retira del exterior y se orienta hacia la interioridad enteramente. Cuando se cesa de inclinarse hacia las cosas de afuera, ignorándose todo, primero disponiendo el alma a ello, y en el momento de la contemplación abandonando toda forma. Perdemos incluso nuestra autonomía en el seno de la contemplación… es necesario traerse hacia sí desde los objetos sensibles que son los últimos hasta la realidad original. Es necesario librarse de todo vicio puesto que se tiende hacia el Bien, se deberá remontar al principio (Arkhé) interior a sí mismo y devenir un ser único en lugar de muchos si se debe contemplar al Uno primordial. Es necesario llegar a ser Nous, remitir el alma al Nous y establecerla allí a fin de que despierte a la “visión noética”.

Roger Godel

Traducido y extractado por Eduardo Cucurella de
Essais sur lexperience libératrice
Editions Présence

Las Cinco Divisiones del Yoga

Las Cinco Divisiones del Yoga

Hatha Yoga.- Cuerpo Físico
Jnana Yoga.- Intelecto
Bhakti Yoga.- Emoción Religiosa
Karma Yoga.- Acción
Raja Yoga.- Consciencia

El propósito de todas las formas de yoga es liberarse del ego personal, la fuente de nuestros sufrimientos y nuestras ilusiones. El yoga subyace en las prácticas espirituales de todas las grandes religiones del mundo. Hay yoga hindú, yoga budista, yoga cristiano, yoga islámico y yoga taoísta. Hay también formas de yoga totalmente independientes de cualquier religión. Las variadas formas de yoga son todas manifestaciones de tres instintos básicos en el hombre, que se muestran como las tres voluntades superiores: la voluntad de poder, la voluntad de significado y la voluntad de autotranscendencia. Mediante el yoga la persona aprende como entrenar estas voluntades y como usar sus poderes para alcanzar la liberación.

Las técnicas de las diferentes formas de yoga se relacionan con las divisiones naturales de la existencia del hombre. Consideraremos estas formas separadamente.

El Hatha Yoga ayuda al practicante a obtener pleno control sobre las funciones de su cuerpo físico. En el hombre no entrenado, la mente consciente sabe muy poco de lo que pasa por debajo del nivel de la consciencia. La mente consciente es como la punta de un iceberg, del cual nueve décimos están sumergidos y fuera de alcance. Nuestro cuerpo es un misterio. No sabemos prácticamente nada de lo que sucede en él y no tenemos control sobre nuestros propios funcionamientos internos. Todo lo que sabemos es que nuestro humor y nuestras sensaciones cambian. Podemos sentirnos felices o miserables por razones que no podemos discernir. Todos estos cambios de humor se deben a procesos que tienen lugar bajo la superficie, pero no tenemos control sobre ellos, y hasta ahora están a merced de nuestra química interna. Si algo va mal con nuestro hígado, toda nuestra manera de mirar al exterior cambia.

Un estudiante de Hatha Yoga aprende gradualmente a comprender lo que pasa bajo la superficie. Aprende conscientemente a percibir y controlar muchos procesos que comúnmente están fuera de alcance. Llega a ser el maestro de su cuerpo, en lugar de ser su esclavo. Esta maestría sobre el cuerpo confiere al Hatha yogi poderes que parecen extraordinarios. Los miembros de una expedición a los Himalayas se admiraron de encontrar a un peregrino nepalés livianamente vestido y descalzo, viviendo en aparente comodidad en medio de la nieve. Sometieron al pobre tipo a una batería completa de pruebas científicas, esperando descubrir el secreto de su extraordinaria resistencia al frío. Por supuesto, no descubrieron nada. El secreto era el Hatha Yoga.

Las ciencia occidental, la cual está muy atrasada en ciertos aspectos, sólo recientemente ha descubierto que las ratas pueden ser entrenadas para controlar ciertas funciones autónomas y que inclusive el hombre, el que en ciertos aspectos no es tan listo como las ratas, puede ser entrenado en forma similar. Los científicos, por supuesto, usan baterías de electrodos para producir lo que ellos llaman retroalimentación autónoma. Con estas ayudas más o menos elaboradas, la gente puede aprender a controlar el ritmo del corazón, la acidez estomacal y otros fenómenos físicos que los Hatha yogis han sabido controlar durante siglos.

Uno de los principales beneficios conferidos por el Hatha Yoga es una condición que puede ser descrita como “supersalud”. El Hatha yogi prácticamente nunca se enferma. Sus funciones están armonizadas y él sabe como mantenerlas armonizadas. La práctica constante de ciertos ejercicios básicos de Hatha Yoga es la mejor receta que existe para la perfecta salud. Desafortunadamente para el hombre moderno, que es muy perezoso y que confía en las máquinas para que hagan los esfuerzos por él, los ejercicios son difíciles de dominar y deben ser hechos con infalible regularidad para que tengan efecto. Esta es la verdad en todos los ejercicios de yoga.

Jnana Yoga es el yoga del intelecto. Desde el punto de vista del Jnana Yoga, lo que el hombre llama su mente es poco más que un instrumento para la creación de ilusiones. Antes de que una persona pueda siquiera comenzar a aproximarse a la realidad, debe aprender a silenciar su mente inferior, a detener el interminable flujo de pensamientos asociativos, las conversaciones internas, las imaginaciones, los sueños y chácharas que lo mantienen en perpetuo estado de ruido interior. En orden a “pensar”, en realidad, debe primero aprender a detener sus pensamientos.

Este ejercicio de detener los pensamientos es tan fundamental que sería un error considerarlo sólo un aspecto del Jnana Yoga. Es básico para todas las formas de yoga. Lo que el Jnana Yoga enseña es que el hombre, además de tener una mente inferior, que crea ilusiones, tiene también una mente superior, la que es llamada en sánscrito “Buddhi”. Es una facultad que el hombre habitualmente no usa, la cual lo capacitará para penetrar el velo de Maya creado por la mente inferior.

Una de las primeras cosas que un estudiante de Jnana Yoga aprende es una profunda desconfianza en las palabras y en el pensamiento verbalizado. La mente inferior, que es una pieza de ingeniería horriblemente ineficiente, tiende a ser hipnotizada completamente por las palabras. Algunos de los más desastrosos conflictos en las historia de la humanidad han resultado de esta hipnosis verbal. Guerras entre los fieles y los infieles, los ortodoxos y los herejes, los comunistas y los fascistas, fueron todas disputas por las palabras. Una y otra vez, culturas enteras han sido arruinadas a causa de oscuros argumentos teológicos definidos en palabras que ni uno ni otro bando podrían entender. La tendencia de la mente inferior a hipnotizarse con las palabras, junto a su extrema credulidad y sugestionabilidad, son los más desastrosos defectos de las máquina humana. Habiendo aprendido a detener el pensamiento verbal, el estudiante de Jnana Yoga aprende a continuación a usar instrumentos totalmente diferentes para pensar. Estos instrumentos toman las forma de ciertos cuadros o diagramas. En sánscrito son llamado “yantras”, y en magia transcendental se les llama “arcanos”. Un mandala, por ejemplo, es un diagrama de ese tipo. Hay muchos otros, como el Gran Arcano del Tarot. Este contiene una gran cantidad de información, aunque las cartas no están completas en sí mismas. Una de las pesquisas de los estudiantes de magia transcendental era encontrar el Arcano Universal, el símbolo supremo que daría al mago poder y conocimiento. Se supone que en el anillo del Rey Salomón estaba escrito este gran símbolo, pero el anillo se perdió y con él el gran símbolo. En todo caso, el Jnana Yoga enseña al hombre a pensar en categorías totalmente nuevas.

El Bhakti Yoga es el yoga de la emoción religiosa. Para cierta gente, ella es una fuerza muy poderosa. Como la mayoría de las fuerzas poderosas, la emoción religiosa puede actuar creativa o destructivamente. Algunas de las más repugnantes manifestaciones de crueldad humana han resultado de una combinación de emoción religiosa destructiva con la hipnosis verbal de la mente inferior. Los seguidores de tres grandes religiones: Cristianismo, Islamismo y Judaísmo, siempre han sido especialmente inclinados a esta enfermedad. Se han derramado océanos de sangre en el nombre de estas religiones. Los cristianos degollaron musulmanes y los musulmanes mataron cristianos, para no mencionar hindúes ni budistas. Ambos hicieron matanzas de judíos, quienes ciertamente también los habrían matado a ellos, si hubieran estado mejor armados y organizados.

Toda esta destrucción resultó del hecho de que los seguidores de estas religiones usaban diferentes nombres para denominar a Dios, y tenían diferentes teorías acerca de sus atributos, teorías que ninguno de ellos podría comprobar y que eran igualmente erróneas. La función del Bhakti Yoga es enseñar al practicante a ir más allá de las teorías y a ver a Dios en todas las cosas. Sobre todo el Bhakti Yoga entrena al hombre para transmutar sus emociones negativas. El Sermón de la Montaña es un tratado sobre Bhakti Yoga. Es una forma de yoga muy difícil. La gente no quiere renunciar a sus emociones negativas. Son indulgentes hacia ellas y las justifican. Y muchos aspectos de nuestra cultura actual alientan esta indulgencia al inundarnos con interminables historias de violencia y crimen que los jóvenes absorben ansiosamente, antes incluso de saber hablar.

El Karma Yoga es el yoga de la acción, Se aplica especialmente a la tercera etapa de la vida, la etapa del dueño de casa. Durante esta etapa, el hombre y la mujer se ven necesariamente envueltos en gran actividad. Como resultado de ello, tienden a perder de vista sus aspiraciones internas para estar totalmente preocupados por las externas, a menudo bastante mezquinas. El Karma Yoga enseña a sus practicantes como permanecer desapegados en medio de las actividad. Enseña que todo pasa en concordancia con ciertas leyes, y que el hombre tiene muy poco control sobre los acontecimientos porque comprende muy poco de estas leyes. El estudiante es enseñado a observarse a sí mismo como un vehículo a través del cual operan ciertas fuerzas. A menos que esté alerta, no tiene control sobre estas fuerzas. Ellas lo impulsarán a hacer ciertas cosas incluso contra su voluntad. Comienza a darse cuenta de que es un muy pequeño engranaje en una máquina muy grande y que, si quiere evitar ser triturado, debe estar atento a lo que está haciendo. Además el Karma Yoga está basado en una paradoja. Al mismo tiempo que dice ” Sólo aquel que está cegado por el egoísmo piensa: Yo soy el hacedor”, también exige que una persona se haga responsable por sus actos, que sepa lo que hace y porqué.

Finalmente está el Raja Yoga. El nombre implica que es el rey de los yogas. Desde algunos puntos de vista lo es. El Raja Yoga enseña que hay dos aspectos en la existencia del hombre, el pequeño yo personal o “jiva” y el Gran Yo o “Atman”. En el estado habitual de consciencia del hombre, el mezquino yo personal es todo lo que conoce. Se identifica con él completamente. Sus temores, anhelos, gustos, disgustos y ambiciones gobiernan el curso de su vida. El Raja Yoga enseña que este atado de prejuicios personales no son el Ser para nada.

Enseña al estudiante a ver su vida como una ola que nace, se desarrolla, alcanza su punto más alto,
cae, se arrastra por la playa, vuelve al océano y desaparece. Todas las olas vuelven al océano desde donde vinieron. Sería absurdo para una ola pensar que ella tiene una identidad separada. El océano es vasto y eterno, las olas son pequeñas y transitorias. Está dentro de la capacidad del hombre el elegir si transciende su mezquina consciencia personal para volver a mezclarse con el Gran Todo desde donde esa consciencia separada emergió. Haciendo esto, regresa intencionadamente a la fuente y toma parte en la espiral ascendente del proceso cósmico. Pero, para eso el hombre debe ver que tanto su consciencia inferior como su ordinario sentido del yo, son ilusorios. Debe ver cómo depende de la biósfera que lo rodea y cómo un intercambio de energías hace posible su vida. Comer, respirar y recibir impresiones comienza a tener un nuevo significado para él.

El Raja Yoga es especialmente apropiado para la gente que está en la cuarta etapa de su vida. Prepara al hombre para enfrentar su muerte. Quien ha dominado completamente las técnicas de Raja Yoga puede dejar su cuerpo físico a voluntad. Hace ésto al entrar al estado de “samadhi” que es el equivalente al primer estado después de la muerte, la experiencia de la Clara Luz del Vacío. Desde este estado puede volver al cuerpo físico o simplemente dejarlo caer como quien tira una raída vestidura.

Robert S. De Ropp

Traducido y extractado por Farid Azael de
On the Way to Self Knowledge
editado por Jacob Needleman and Dennis Lewis.
Alfred A. Knopf.- New York.

Los Yogas y el Hatha Yoga

Los Yogas y el Hatha Yoga

Desde hace muchos años, lo que más viene llamando la atención del hombre occidental con respecto al Oriente, y en especial en lo que se refiere a la India, es el extraordinario desarrollo que han alcanzado en aquellos países el conocimiento y aplicación de las fuerzas del alma, de los poderes de la mente y de la gigantesca energía de la voluntad. La ciencia occidental contemporánea empieza ahora, con creciente asombro, a vislumbrar su extraordinaria importancia y a aceptar su evidente realidad.

Es cierto que este genuino desarrollo anímico y espiritual corresponde en la India sólo a una selecta minoría, que ofrece precisamente un notable contraste con la ignorancia y miseria en que ha vivido, al menos hasta ahora, la gran masa de la población. Pero ello hace aún más notable que la experiencia de este conjunto de sabios, de yoguis, haya podido subsistir en sucesión ininterrumpida durante varios milenios y haya dado lugar a la elaboración de una verdadera ciencia, con técnicas precisas que demuestran un sorprendente conocimiento de las profundas fuerzas y mecanismos del ser humano. Fuerzas y mecanismos que la ciencia occidental, después de haberlas negado durante mucho tiempo, va redescubriendo poco a poco en estos últimos años, bautizándolos con nombres nuevos y basando en ellos nuevas técnicas de higiene y terapia.

Nuestro propósito es señalar la inmemorial antigüedad, la exactitud y la extraordinaria vitalidad de la ciencia sagrada de los sabios de la milenaria civilización de la India. Esta ciencia es la que se conoce con el nombre de YOGA.

La palabra Yoga tiene dos significados principales:
1.- Unión.
2.- Los medios técnicos para llegar a esta unión.

En la primera acepción, Yoga significa toda clase de uniones. En los sistemas filosóficos y religiosos de la India se usa en el sentido de realizar la unión del principio espiritual del hombre (atma) con la Divinidad (Brahman), pero también significa la unión consciente del aspecto material del hombre con su aspecto espiritual, y de la personalidad superficial con la personalidad profunda. En otras palabras, es el estado de integración, de unificación consciente de los aspectos superficiales con los profundos y superiores del hombre.

En la segunda acepción, Yoga es el conjunto de técnicas precisas y sistemáticas que conducen al desarrollo de determinados niveles de consciencia, no actualizados en la mayor parte de los hombres, y a
la integración de tales niveles en una sola unidad de consciencia total y permanente.

Hemos mencionado las palabras desarrollo y unificación. Tal definición del Yoga implica que el hombre carece de estas cualidades en el grado, por lo menos, que podría tenerlas. En efecto, el Yoga, al igual que otras enseñanzas de diversas tradiciones, nos afirma que el hombre vive de modo muy limitado en múltiples aspectos de su naturaleza.

Estas limitaciones pueden agruparse en tres categorías:

1.- Falta de desarrollo.- La consciencia del hombre vive limitada, circunscrita a la mera superficie de su ser. En su interior yacen enormes energías y maravillosas facultades de las cuales el hombre apenas si se entera en el transcurso de toda su vida. Cualquiera de ellas, actualizada, bastaría para transformar completamente la vida del hombre. Mencionemos tan sólo, a título de ejemplo, las facultades de percepción extrasensorial (telepatía, visión a distancia, telekinesia, etc.) que estudia la moderna ciencia llamada Parapsicología; el perfecto dominio del dolor; la potencia mental capaz de materializar en lo concreto los más audaces proyectos y posibilidades visualizados por una sana imaginacion creadora; la intuición artística, hoy sólo manejada por algunos pocos y aun de manera totalmente incontrolada; la intuición metafísica, tan a menudo confundida y mezclada con las elucubraciones y complejidades de algunos sistemas de lógica, y, en otro orden de hechos, el enorme poder transfigurante del amor espiritual, el acceso al mundo sobrenatural de la Gracia…

En ciertos momentos de calma, de tranquilidad, en los cuales el silencio adquiere una extraña solidez, el hombre se da cuenta de improviso de que algo profundo y grande está presente en su interior. En otras ocasiones es una conmoción, un disgusto, un sobresalto, lo que le hace vislumbrar por un instante la existencia de zonas de una fuerza, y de un poder extraordinarios, zonas donde la inteligencia y el amor, trascendiendo el pensar y el sentir, tienen en sí mismos una realidad majestuosa y soberana.

Lo que distingue al hombre superior, al que se destaca por sus notables capacidades, sean de un orden u otro, del hombre vulgar, del hombre elemental, es precisamente que el primero tiene acceso (muchas veces sin saber por qué ni cómo) a alguno de los niveles superiores de su propio ser.

2.- Falta de unidad.- El hombre vive como reino dividido, Las diversas facultades o niveles de consciencia actúan en completa independencia los unos de los otros, cuando no lo hacen en mutua contraposición. El cuerpo busca algo distinto o contrario de lo que quiere su voluntad; sus sentimientos reaccionan a menudo en contra de sus ideas y convicciones; lo que desea en un momento dado deja de desearlo en otro, etc. Es enorme la cantidad de energía que consumen tales tensiones, y lamentable la disminución de rendimiento que produce en todos sentidos este actuar en zigzag, que llega a veces a esterilizar completamente una vida.

Es en este hecho donde encontramos el origen de toda neurosis y de tantos trastornos de carácter, tales como la ansiedad, timidez, impulsividad, abulia, etc., que se interponen constantemente en la expresión libre y completa de las posibilidades del hombre.

3.- Falta de jerarquía.- Esto se refiere al hecho de que no basta que los diversos niveles del hombre (vegetativo, afectivo. racional, intuitivo, etc.) estén integrados, sino que es preciso que los inferiores actúen en completa subordinación a los superiores. de modo estable, sin excesivo esfuerzo, sin grandes sacrificios, pues ello demostraría que no se ha logrado de modo firme la unidad mencionada anteriormente. A veces sucede que de momento el hombre consigue unificar su estructura compleja. Pero esta unificación, unas veces se hace centrada en un nivel superior, y entonces el hombre hace el bien en todas sus acepciones, y otras veces se hace alrededor de un nivel inferior. En este caso, el hombre desciende, baja en su valoración humana, hace el mal, el hombre se pone de acuerdo consigo mismo para hacer lo que no debe. Pasa así del predominio de un nivel al predominio de otro. Su posición es inestable y peligrosa.

El orden Jerárquico correcto debe ser: Espíritu, alma, cuerpo. Entendemos por Espíritu la vertiente espiritual del alma, el aspecto del alma que mira hacia Dios. Son las facultades superiores del hombre: intelecto, voluntad y amor espirituales. Estas son las que deben predominar y regir a todas las demás.

Entendemos por alma el mundo de la consciencia psicológica, donde tiene lugar el encuentro de lo espiritual y de lo material, el campo donde se libra la batalla de la afirmación del ser espiritual y de su existir como tal, de su hacerse y su expresarse a través y mediante todos los niveles de la existencia, desde el más elemental al más superior.

Entendemos por cuerpo nuestro componente físico material con todas sus funciones y necesidades, pero también el aspecto subjetivo del mismo, es decir, el aspecto o vertiente del alma que, insertada en la materia, nos permite vivirla conscientemente.

Sobrepasar estas limitaciones desarrollando todas las posibilidades naturales que el hombre encierra dentro de sí mismo, permitiéndole vivir sus valores espirituales sin interferencias de instrumentos defectuosos, es la finalidad del Yoga.

Resumiendo, podemos decir que el Yoga es la ciencia de la perfección natural. Desde luego que en todos los países y civilizaciones se han estructurado diversas técnicas de perfección, algunas de ellas muy elaboradas y enriquecidas por muchos lustros de experiencia. Entre éstas destaca de modo brillantísimo la técnica de la ascética cristiana, No obstante, en el Yoga hay algo que incluso la ascética cristiana puede aprovechar para enriquecer su ya muy extenso patrimonio de conocimientos: es su doble carácter de integridad y de sistematización. El Yoga ha estudiado todas las vías naturales susceptibles de conducir a
la integración, y en cada una de estas vías ha elaborado una sistematización estricta de procedimientos y etapas de resultados probados. El Yoga es una verdadera ciencia.

Añadiremos que el Yoga es una ciencia experimental. Sus métodos y técnicas se derivan de la experiencia, y aplicados en las debidas condiciones producen siempre idénticos resultados, las mismas experiencias llevan a iguales estados de consciencia. La experiencia es la verdadera fuente, el verdadero origen del Yoga. La experiencia de notables seres humanos que a lo largo de muchos siglos han ido aplicando, estudiando y mejorando con infinita paciencia los procedimientos que la tradición de su época les trasmitía por mediación de sus gurúes, de sus maestros. El origen del Yoga lo encontramos, pues, en la experiencia profunda sistematizada.

Definición del Hatha Yoga:

La palabra Hatha está formada de las voces sánscritas Ha que significa Sol y Tha que significa Luna, Por lo tanto, Hatha es la conjunción de ambos luminares, Por Sol se entiende el principio positivo, activo, masculino de la creación y, por consiguiente, también del hombre. Y por Luna se entiende el principio negativo, pasivo, femenino. Hatha es así la unión consciente de los principios que constituyen la dualidad básica del hombre: espíritu- materia.

Desde un punto de vista experimenta, podemos intentar definir el Hatha Yoga diciendo que es la técnica de integración o unificación natural del hombre mediante:

– la progresiva purificación del cuerpo,
– el desarrollo de sus potencialidades,
– la perfección de su funcionamiento, y
– la creciente integración de la mente con él.

De tal modo que, mediante la regulación voluntaria del ritmo y del tono fisiológico, se determinan automáticamente ciertos estados de consciencia deseados, y, viceversa, dado un estado mental determinado, el cuerpo responde con una adaptación perfecta e inmediata, tanto en su funcionamiento interno como externo.

En relación con los demás Yogas, el Hatha Yoga ocupa un lugar muy peculiar, Unos lo miran como algo inferior, debido al énfasis que pone en el perfeccionamiento del cuerpo físico. Otros lo consideran como una ayuda buena, aunque no indispensable, para llegar a las etapas profundas de interiorización. En fin, algunos lo ven como un paso absolutamente necesario para que el trabajo posterior sobre la mente sea total y permanente.

Nosotros pensamos que la utilidad y rendimiento del Hatha Yoga depende principalmente del modo como
se haga, en especial de la mayor o menor aplicación total del sujeto a su ejecución. Cuando se hacen intervenir todas las funciones psicológicas en un ejercicio físico, es evidente que, además del mejor resultado físico obtenido, se produce una transformación y desarrollo de dichas funciones psicológicas. Por eso es tan importante y fundamental aprender el porqué de cada ejercicio, ya que algunas posturas que parecen muy sencillas e inocuas pueden producir unos resultados asombrosos, si se hacen en la forma correcta. También se explica que muchas personas hayan dedicado bastante tiempo a practicar el Hatha Yoga y no hayan obtenido sino algunos efectos puramente físicos, como en cualquier otra clase de gimnasia occidental.

Hatha Yoga inferior:

Es el que mirando exclusivamente al cuerpo físico, busca sólo su perfección y el desarrollo de las potencialidades que en sí tiene hasta conseguir unos resultados extraordinarios de resistencia y malabarismo fisiológico. Sus adeptos se convierten en idólatras del cuerpo, y la perfección lograda los encadena en vez de liberarlos. Las hazañas del fakirismo auténtico y las obtenidas por determinados atletas y contorsionistas, incluso occidentales, son pruebas de todos conocidas. Pero esta clase de Yoga no nos interesa. Puede ser importante para la investigación científica determinar la resistencia que puede alcanzar el cuerpo humano sometido a cierto entrenamiento, así como la posibilidad de regular y hasta invertir a voluntad los procesos fisiológicos de la digestión, por ejemplo, pero nosotros nos dirigimos solamente a aquellas personas que buscan en el Yoga un medio preciso y seguro para superarse y enaltecerse como seres humanos.

Hatha Yoga superior:

Este busca los siguientes objetivos:

a) Lograr, dentro de lo posible, una perfección física y fisiológica que sirva de base para edificar sobre ella una perfección psicomental, según reza el adagio “mens sana in corpore sano”.