Acerca del Sentido en Jung

Acerca del Sentido en Jung


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Cuanto más penetraba Jung en las leyes de los procesos arquetípicos que subyacen a las manifestaciones del inconsciente, más esencial le parecía el papel que jugaba la consciencia. El hombre posee una consciencia que no sólo percibe y reacciona a lo que experimenta, sino que es consciente de percibir y comprender lo que está experimentando. Posee la facultad de la reflexión (literalmente, inclinarse hacia atrás) y la comprensión y, a través del reconocimiento del mundo exterior e interior, la de auto-transformación y consciencia ampliada de sí. La consciencia del hombre también es una función espiritual. Lo eleva por encima del reino animal, aún cuando desde otro punto de vista puede considerarse como un animal diferenciado impulsado por el instinto. La consciencia cognitiva y reflexiva ejerce una actividad creadora, superponiendo sobre la existencia del mundo exterior e interior el hecho de que son conocidos. De esta manera les atribuye realidad: el mundo se convierte en el mundo fenoménico y como en una segunda cosmogonía el hombre confirma su existencia para el Creador.Cuando Jung contempló la ancha llanura desde las colinas bajas en las planicies de África Oriental y observó las vastas manadas de gacelas, antílopes y cebras en la quietud silenciosa, tuvo una especie de experiencia primigenia de la función creadora de la consciencia. Treinta años después recapituló en sus memorias: Pastando, las cabezas asintiendo, las manadas se movían adelante como lentos ríos. Casi no se escuchaba sonido alguno excepto el grito melancólico de un ave de presa. Aquella era la quietud del eterno comienzo, el mundo tal como siempre había sido, en el estado del no-ser; pues hasta entonces nadie había estado presente para saber que era este mundo Allí el sentido cósmico de la consciencia se tornó asombrosamente claro para mí El hombre es indispensable para completar la creación; él es el segundo creador del mundo, el que por sí solo le ha dado al mundo su existencia objetiva, sin la cual, lo no visto, no escuchado, comiendo silenciosamente, dando a luz, muriendo, asintiendo sus cabezas durante cientos de millones de años, hubiera continuado en la profunda noche del no-ser hasta su fin desconocido. La consciencia humana creó la existencia objetiva y el sentido y el hombre encontró su sitio indispensable en el gran proceso del ser.

El hombre también goza de un sitio indispensable en el mundo espiritual, con sus seculares procesos de transformación. Como se ha visto, su consciencia juega un papel creador en la evolución y diferenciación de las imágenes arquetípicas de Dios. Podría decirse que logra el milagro de una segunda teogonía. Como co-creador de la realidad exterior e interior él y su consciencia tienen una responsabilidad cósmica. Jung habla incluso del milagro de la consciencia reflexiva en el que culmina la totalidad de la tendencia evolutiva de la naturaleza. La importancia de la consciencia es tan grande que no puede dejar de sospecharse que el elemento del sentido está oculto en algún sitio dentro del monstruoso torbellino biológico, sin sentido aparente, y que el sendero de su manifestación se encontraba en última instancia en el nivel de los vertebrados de sangre caliente poseedores de un cerebro diferenciado; encontrado como por casualidad, imprevisiblemente y sin embargo sentido de alguna manera, atisbado y manoteado desde algún oscuro instinto.

La misma idea se encuentra en Meister Eckhart: La naturaleza más recóndita de todo grano es el trigo; de todo metal, el oro; de toda ave, el hombre, y en Thomas Mann: En lo profundo de mi alma abrazo la creencia de que con el Así sea de Dios, que creó al cosmos de la nada, y con la generación de vida a partir de lo inorgánico, fue el hombre lo que se intentaba crear en última instancia y que con él se inició el gran experimento, cuya falla debida a la culpa del hombre sería la falla de la creación en sí, equivalente a su refutación. Ya sea que esto sea o no así, sería bueno que el hombre se comportara como si así lo fuera.

El mito del sentido de Jung es el mito de la consciencia. La tarea metafísica del hombre reside en la continua ampliación de la consciencia en general y de su destino como individuo en la creación de consciencia individual de sí mismo. Es la consciencia la que otorga un sentido al mundo. Sin la consciencia reflexiva del hombre el mundo se convierte en una gigantesca máquina sin sentido, pues hasta donde sabemos el hombre es la única criatura que puede descubrir el sentido, escribió Jung a Erich Neumann (Marzo de 1959). Y a una joven mujer que había sido víctima de los embates de un destino arduo le escribió en Junio de 1956: El don de una consciencia ampliada de sí es respuesta suficiente incluso a los sufrimientos de la vida, de otra manera carecería de sentido y sería insoportable. Aunque el sufrimiento de la creación que Dios dejó imperfecta no puede eliminarse mediante la revelación de la buena voluntad de Dios hacia el hombre, de todas maneras puede mitigarse y adquirir sentido.

Sin embargo, el énfasis de Jung sobre la consciencia jamás se pretendió como una devaluación del inconsciente, ni tampoco imaginó que pudiera ser conquistada. El reemplazo del inconsciente por la consciencia es desde todo punto de vista impensable considerando que el alcance de ambos no puede compararse y que la consciencia adquiere su poder creador sólo por estar enraizada en el inconsciente, incluso aunque el individuo no tenga idea de su existencia. La alta estima en que Jung tenía a la consciencia estaba presente en el germen desde el comienzo, aunque llegó a reconocer el papel fundamental que juega en el destino humano sólo a lo largo de los años. Para comenzar confió en los poderes creadores del inconsciente, pues aún no había explorado las profundidades de su naturaleza paradójica. Fue esto lo que provocó que se equivocara al darle una oportunidad a los comienzos del nacional-socialismo, a pesar de todas sus reservas objetivas. Lo vio, correctamente, como una erupción de fuerzas colectivas del inconsciente, aunque por aquel entonces todavía se inclinaba a dar al mito del inconsciente precedencia sobre el mito de la consciencia.

Sus ideas básicas acerca del mito de la consciencia y el sentido del mismo pueden encontrarse en sus memorias. Esto no es ninguna casualidad, pues no consideraba el libro un trabajo científico y la respuesta a la pregunta del sentido no era para él una respuesta científica. Todas las respuestas son una interpretación o conjetura humana, una confesión o una creencia. Es creada por la consciencia y su expresión es un mito.

Jung creó su respuesta basándose en la sabiduría obtenida a lo largo de años de trabajo de investigación. En un breve pasaje de sus memorias describió una vez más cómo la ambivalencia de la imagen de Dios del Antiguo Testamento lleva al mito de la encarnación necesaria de Dios y por último a la experiencia sintetizadora del sí-mismo: Las contradicciones internas necesarias en la imagen de un Dios Creador pueden reconciliarse en la unidad y totalidad del sí-mismo En la experiencia del sí-mismo ya no son Dios y hombre los que se reconcilian, como antes, sino los opuestos dentro de la propia imagen de Dios. Ese es el sentido del servicio divino, el servicio que el hombre puede rendir a Dios: que la luz pueda surgir de la obscuridad, que el Creador pueda ser consciente de su creación y el hombre consciente de sí mismo. Esa es la meta, o una de las metas, que hace que el hombre cobre sentido dentro del esquema de la creación y al mismo tiempo le confiere sentido a la misma. Es un mito explicativo que ha tomado forma dentro de mí gradualmente a lo largo de las décadas. Es una meta que puedo reconocer y valorar y que por tanto me satisface. La limitación a una afirmación subjetiva no menoscaba en absoluto el mito explicativo de Jung. Se cristalizó gradualmente a partir del conocimiento del hombre y su psique, más profundo que la mayoría del conocimiento de nuestra era, y constituye una continuación significativa del mito judeo-cristiano de dos mil años de antigüedad. Por ende no sólo se aplica a Jung, sino que su importancia trasciende lo personal.

Jung se percató de ello, pues continúa: No creo que mis reflexiones acerca del sentido del hombre y su mito sean una verdad final, pero siento que esto es lo que puede y quizá deba – decirse al final de la era de Piscis en vista de la próxima era de Acuario (el Portador de Agua), que posee una figura humana. Jung escribió estas palabras a los ochenta y cuatro años, contemplando el futuro distante. Podría concluirse que al final de su vida tuvo la sensación de haber descargado la responsabilidad cósmica del hombre lo mejor que pudo y de haber concluido la tarea de ampliación de la conciencia que se le había encomendado, al igual que nos es encomendada a cada uno de nosotros. En las memorias, el capítulo acerca de su obra finaliza con estas palabras: Tengo la sensación de que he hecho todo lo que podía hacer. Sin duda esa obra de vida podría haber sido aún mayor y mejor hecha; pero eso es todo lo que pude hacer

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Cuando en 1958 Erich Neumann leyó el borrador del último capítulo de las memorias, que contienen las últimas ideas de Jung acerca del sentido, le escribió una carta expresando su acuerdo general aunque manifestando algunos reparos. Los pasajes cruciales son los siguientes: Precisamente porque la psique y los arquetipos con su significado evolucionaron a lo largo de la evolución natural, su significado no es extraño a la naturaleza sino que pertenece a ella desde el comienzo, o así me lo parece Esto es lo único que me parece objetable: Para qué sirve la creación? La respuesta, aquella que brilla sólo en sí misma, cuando no es reflejada puede resplandecer con infinitas variedades, es tan vieja como el mundo, pero me satisface.

Jung vio el sentido en la relación recíproca entre la profundización de la consciencia de sí en el hombre y una revelación de la imagen de Dios (expresada metafóricamente como la consciencia de sí de Dios); para Neumann no existía este efecto retroactivo en Dios, ni tampoco era necesario que así fuera. La respuesta de Jung (marzo de 1959) nos ofrece una vez más el fundamento de su perspectiva o confesión. La carta dice en parte: Puesto que una creación sin la consciencia reflexiva del hombre no posee un sentido discernible, la hipótesis de un sentido latente atribuye al hombre una importancia cosmogónica, una verdadera raison dêtre. Si, por otro lado, el sentido latente se atribuye al Creador como un plan de creación consciente, surge la pregunta: Por qué el Creador produciría todo este fenómeno del mundo si ya conoce aquello en lo que se puede reflejar, y por qué debería reflejarse si ya es consciente de sí mismo? Por qué debería crear junto a su propia omnisciencia, una segunda consciencia, inferior: millones de espejillos empañados cuando ya sabe de antemano con exactitud cómo es la imagen que éstos reflejan?

Poco tiempo después Jung escribió casi lo mismo en una carta a Miguel Serrano (Septiembre de 1960): (La luz de la consciencia) es preciosa no sólo para mí, pero sobre todo a la oscuridad del Creador, que necesita al hombre para iluminar su creación. Si Dios hubiese previsto su mundo, sería tan sólo una máquina sin sentido, y la existencia del hombre, un capricho extravagante. Mi intelecto puede pensar esta posibilidad, pero todo mi ser le contesta No.

El valor que Jung le confirió a la plegaria surge de esta intuición religiosa, permeada de sentimiento, sobre una relación Yo-Tú entre el hombre y Dios. En una carta (Septiembre de 1943) dice: He pensado mucho en la plegaria. Esta es muy necesaria porque convierte al Más Allá imaginado en una realidad inmediata y nos transporta a la dualidad del ego y el Otro obscuro. Al escucharnos a nosotros mismos ya no se puede negar que nos hemos dirigido a Aquello. Entonces surge la pregunta: Qué sucederá Contigo y conmigo? Y el Tú trascendental y el Yo inmanente? Se abre así el camino de lo inesperado, atemorizante e inevitable, con la esperanza de un recodo auspicioso o un desafiante No pereceré bajo la voluntad de Dios excepto que yo así lo desee también. Sólo entonces así lo siento yo – la voluntad de Dios es perfecta. Sin mí es tan sólo su voluntad todopoderosa, una fatalidad aterrorizante aún en su gracia, vacía de vista y oído, vacía de conocimiento precisamente por esa razón. Yo me uno a ello, como un miligramo tremendamente pesado sin el cual Dios hubiese creado su mundo en vano

El Puer Aeternus

El Puer Aeternus

PuerAeternus

 

Puer aeternus es el nombre de un dios de la antigüedad. Estas palabras proceden de las Metamorfosis de Ovidio y allí se aplican al niño-dios de los misterios eleusinos. Ovidio habla del niño-dios Iacchus, llamándole puer aeternus y alabando su papel en aquellos misterios. En épocas posteriores, el niño-dios fue identificado con Dionisios y con el dios Eros. Es el joven divino que nace de noche en este típico misterio del culto materno de Eleusis, y es un personaje redentor. Es un dios de la vida, la muerte y la resurrección el dios de la divina juventud – correspondiente a dioses orientales como Tammuz, Attis y Adonis. Así, el rótulo puer aeternus significa joven eterno, pero también lo empleamos para designar cierto tipo de hombre joven de comportamientos característicos, que intentaré describir seguidamente.

En general, el hombre que se identifica con el arquetipo del puer aeternus permanece demasiado tiempo en la psicología adolescente; es decir, todas las características que son normales en un joven de dieciséis o diecisiete años se prolongan en la vida posterior, acompañadas en muchos casos de una dependencia excesiva de la madre. Las dos perturbaciones típicas de un hombre con un destacado complejo materno son, como señala Jung, la homosexualidad y el donjuanismo. En este último caso, la imagen de la madre la imagen de una mujer perfecta que le dará todo al hombre y que carece del menor defecto se busca en cada mujer. Él busca una diosa madre, de modo que siempre que se ve fascinado por una mujer acaba luego descubriendo que se trata de un simple ser humano. Tras haberla conocido sexualmente todo el encanto se desvanece, y él se va decepcionado para seguir proyectando de nuevo la imagen maternal sobre una mujer tras otra. Anhela eternamente la mujer maternal que le rodeará con sus brazos y satisfará todas sus necesidades. Ello a menudo va acompañado de la actitud romántica del adolescente.

Generalmente experimenta grandes dificultades para adaptarse a la situación social. En algunos casos hay una especie de individualismo asocial: siendo alguien especial, uno no tiene por qué adaptarse, pues eso sería imposible para un genio así, etc. Además, surge una actitud arrogante hacia otras personas, debido tanto a un complejo de inferioridad como a falsos sentimientos de superioridad. Tales personas suelen tener grandes dificultades para encontrar el tipo adecuado de trabajo, pues todo lo que encuentran nunca acaba de ser adecuado o no es exactamente lo que andaban buscando. Siempre hay un pelo en la sopa. La mujer nunca es la mujer adecuada; es agradable como compañera, pero …. Siempre hay un pero que impide el matrimonio o cualquier otro tipo de compromiso.

Todo ello conduce a una forma de neurosis que H.G. Baynes ha descrito como vida provisional; es decir, la extraña actitud y sensación de que la mujer todavía no es lo que uno quiere, existiendo siempre la fantasía de que en el algún momento futuro llegará lo que se busca. Si esta actitud se prolonga, implica un constante rechazo interior a comprometerse con el momento presente. A menudo esta neurosis va acompañada, en mayor o menor grado, de un complejo de salvador o mesías, con el pensamiento secreto de que algún día uno será capaz de salvar al mundo, de que hallará la última palabra en filosofía, religión, política, arte o cualquier otro campo. Esto puede llevar a una típica megalomanía patológica; o puede haber trazas de ella en la idea de que el momento de uno todavía no ha llegado.

La situación que este tipo de persona siempre teme es el estar atado a algo. Hay un miedo terrorífico de estar atrapado, de entrar completamente en el espacio y el tiempo y ser el ser humano concreto que uno es. Siempre hay miedo de verse cogido en una situación de la que podría ser imposible escapar. Toda situación así es un infierno. Al mismo tiempo, hay algo altamente simbólico una fascinación por deportes peligrosos, especialmente el vuelo y el alpinismo dirigido a alcanzar lo más alto posible; ello simboliza el escapar de la madre, de la tierra, de la vida ordinaria. Cuando el complejo está muy pronunciado, muchos de estos hombres mueren a temprana edad en accidentes de aviación o de escalada. Lo que se expresa de este modo es un anhelo espiritual exteriorizado.

Una representación dramática de lo que el vuelo significa realmente para el puer la encontramos en un poema de John Magee. Poco después de haber escrito el poema, Magee murió en un accidente aéreo:

Altos Vuelos

Oh! Me he escabullido de las hoscas ataduras de la Tierra
y he danzado en los cielos con alas aureoladas de risas;
he trepado hacia el sol, y me he unido al agitado regocijo
de las nubes que el sol separa y hecho cien cosas
que nunca soñaste – revoloteado y remontado y bamboleado
allí en el alto silencio que el sol ilumina. Cernido ahí,
he cazado al viento clamoroso, y he lanzado
mi impaciente nave por los caprichosos palacios del aire…..

Arriba, arriba en el alto, delirante, ardiente azul
he coronado grácilmente las alturas barridas por el viento.
Donde nunca voló una alondra, ni tan siquiera un águila .
Y, cuando con mente silenciosa y elevada, he hollado
la alta e inmaculada santidad del espacio,
he sacado la mano y tocado el rostro de Dios.

A los puer no les suelen gustar los deportes que exigen paciencia o un largo aprendizaje, ya que el puer aeternus en el sentido negativo del término suele ser de naturaleza muy impaciente. Conozco a un joven, un ejemplo clásico de puer aeternus, que practicó el montañismo durante períodos tremendamente largos, pero odiaba tanto cargar con una mochila que prefería entrenarse para ser capaz de dormir a la intemperie. También aprendió a ir prácticamente sin comida, simplemente para no tener que cargar peso. Anduvo durante años por las montañas de Europa y de otros continentes, durmiendo bajo los árboles o en la nieve. En cierto modo, llevó a cabo una existencia muy heroica, sólo para liberarse de tener que ir a un refugio o cargar con una mochila. Podríamos decir que esto era simbólico, ya que un joven así en la vida real no quiere estar agobiado por ningún tipo de carga; lo único que rechaza absolutamente es asumir responsabilidad por algo o tener que cargar con el peso de una situación.

En general, la cualidad positiva de estos jóvenes es cierta espiritualidad que procede de un contacto relativamente directo con el inconsciente colectivo. Muchos tienen el encanto de la juventud y el efecto seductor de un trago de champán. Por lo común, es muy agradable conversar con los pueri aeterni; suelen tener temas interesantes que hablar y producen un efecto estimulante sobre el oyente; no le gustan las situaciones convencionales; formulan preguntas profundas y van directamente en pos de la verdad; generalmente buscan una religión genuina, búsqueda que es típica de quienes se acercan a los veinte años de edad. El encanto juvenil del puer aeternus suele prolongarse a las etapas posteriores de la vida.

Sin embargo, hay otro tipo de puer en el que no se aprecia el encanto de la eterna juventud y a través del cual no brilla el arquetipo de la juventud divina. Por el contrario, vive en un continuo aturdimiento soñoliento, lo cual también es una característica adolescente: el muchacho somnolento, indisciplinado y pataslargas que se limita a ir vagando por ahí, con su mente deambulando de un lado para otro, de modo que a veces una tiene ganas de echarle un cubo de agua fría por la cabeza. Pero el aturdimiento soñoliento es sólo un aspecto externo, y si conseguimos atravesarlo encontraremos una prolífica fantasía que guarda en su interior.

Hasta aquí he dado un breve resumen de las principales características de algunos jóvenes atrapados en el complejo materno y que se identifican con el arquetipo del puer. He ofrecido una descripción básicamente negativa de ellos porque ésa es su apariencia superficial, pero como veremos, no hemos explicado la clave del asunto. La cuestión es por qué el problema de este tipo psicológico, el joven atado a la madre, se ha vuelto tan prominente en nuestro tiempo. Como sabemos, la homosexualidad creo que el donjuanismo no tanto – se incrementa más y más; incluso afecta a menores de edad, y me parece que el problema del puer aeternus cada vez tiene mayor actualidad.

Sin duda, las madres siempre han intentado mantener a sus hijos en el nido, y algunos hijos siempre han tenido dificultades para liberarse y han preferido continuar disfrutando los placeres del nido; pero no vemos claramente por qué esto, en sí un problema natural, ha tenido que convertirse en un problema clave de nuestra época. Creo que es la cuestión más profunda e importante que hemos de plantearnos, porque el resto es más o menos evidente. Un hombre con un complejo materno siempre tendrá que habérselas con su tendencia a volverse puer aeternus. Qué solución hay?, se podría preguntar. Si un hombre descubre que tiene un complejo materno, que es algo que le ha llegado no algo que él mismo haya provocado – qué puede hacer con ello? En Símbolos de Transformación, el doctor Jung habló de una solución trabajar – y habiendo dicho esto, dudó un minuto y pensó Es realmente tan simple? Es la única cura? Puedo expresarlo así?. Pero el trabajo es la única palabra desagradable que ningún puer aeternus quiere oír, y el doctor Jung llegó a la conclusión de que era la respuesta correcta. Mi experiencia también me indica que a través del trabajo es como un hombre puede liberarse de esta especie de neurosis juvenil.

Aquí hay, sin embargo, algunos malentendidos, ya que el puer aeternus puede trabajar, como pueden hacerlo todos los primitivos o la gente con un débil complejo egoico, cuando está fascinado o entusiasmado. Entonces puede trabajar veinticuatro horas seguidas o incluso más, hasta que caiga. Pero lo que no puede hacer es trabajar en una mañana triste y lluviosa cuando hay tareas aburridas y uno tiene que ponerse a ellas a la fuerza; ésta es la única cosa que habitualmente el puer aeternus no aguanta y que intentará evitar con cualquier excusa. El análisis de un puer aeternus llega tarde o temprano a este problema. Sólo cuando el ego se ha fortalecido suficientemente puede superarse el problema y se da la posibilidad de empeñarse en el trabajo. Naturalmente, aunque uno conozca el objetivo, cada caso individual es distinto. Personalmente he comprobado que no sirve de mucho ir predicando a la gente que deberían trabajar, porque acaban enfadándose y marchándose.

Por lo que he visto, el inconsciente generalmente intenta crear un compromiso, indicar la dirección en la que puede brotar el entusiasmo o en la que la energía psicológica fluirá con naturalidad, pues naturalmente es más fácil ponerse a trabajar en lo que a uno le atrae. No es tan duro como trabajar cuesta arriba en contra del propio flujo de energía. Por tanto, suele ser aconsejable esperar un poco, ver hacia dónde va el flujo natural de interés y energía y entonces intentar que la persona trabaje ahí. Pero en toda área laboral llega siempre el momento en que toca afrontar la rutina. Todo trabajo, incluso el trabajo creativo, contiene cierta cantidad de rutina aburrida, que es donde el puer aeternus huye y llega de nuevo a la conclusión de que no es esto!. En tales momentos, si uno recibe apoyo del inconsciente, se producen sueños que muestran que debería perseverar y superar el obstáculo. Si tiene éxito, la batalla está ganada.

En una carta Jung dice del puer: Creo que la actitud del puer aeternus es un mal inevitable. La identidad con el puer implica una puerilidad psicológica que más vale dejar de lado. Siempre lleva a golpes externos que muestran la necesidad de otra actitud. Pero la razón no consigue nada, porque el puer aeternus siempre es un agente del destino.

Marie-Louise von Franz

Traducido y extractado por Julián Alvarez de
M. L. von Franz.- Puer Aeternus: A Psychological Study of the Adult Struggle with the Paradise of Childhood

Las imagenes arquetipicas

Las imagenes arquetipicas

Las imágenes arquetípicas ofrecen un rico reflejo de nuestra experiencia interior y de nuestra interaccion con el mundo exterior. Como descubrió Jung cuando fue en busca de el mito que le vivía a él, resulta transformador el encuentro con una dimensión del inconsciente que es una fuente transpersonal, viviente y creativa, de inagotable energía y orientación.

Muchos de nosotros, cuando por primera vez leemos a Jung, sentimos reconocer inmediatamente la dimensión de experiencia para la que él usaba la palabra arquetípico. Recuerdo la primera vez que le leí, cuando tenía veintipocos años y me imaginaba completa y gozosamente definida por los papeles de esposa y madre. De repente empecé a comprenderme a mí misma a medida que prestaba atención a mis sueños, los cuales me introdujeron en una insospechada multitud de potenciales inexplorados y pendientes de ser reconocidos y nutridos. También descubrí que aquellos papeles tenían dimensiones arquetípicas y numinosas (tanto amenzadoras como vitalizadoras) a las que había sido ciega por estar inmersa en sus aspectos más triviales. El reconocimiento de que compartía con otros mis sentimientos más profundos, mis más hondas esperanzas y temores, mis éxitos más valorados y mis más deplorados fracasos, me dio un sentido totalmente nuevo de estar contectada con el conjunto de la humanidad, no sólo mediante relaciones externas sino en el mismo núcleo de mi ser.

Sentía que esta experiencia era muy real. Jung me había introducido a una nueva palabra y, lo más importante, a una nueva visión de mí misma que reconocí a la vez como liberadora y desafiante. Aunque tuve muchas reservas teóricas respecto a los detalles de su exposión, la reflexión sobre la teoría junguiana de los arquetipos continúa renovando mi gratitud por el modo en que nos ayuda personal y teóricamente- a traspasar los límites de una psicología exclusivamente basada en la historia personal y los factores patológicos.

Jung denominó a las imágenes a través de las cuales se manifiesta el inconsciente imágenes arquetípicas. Empleó la palabra arquetípico a fin de comunicar el poder que tienen ciertas imágnes para contectarnos con lo que se muestra como la fuente misma de nuestro ser. La palabra griega arjé indica principio, origen; tipo deriva de un verbo griego que significa modelar y del correspondiente sustantivo que indica una imagen o modelo. Así arquetipo significa el modelo a partir de lo cual se configuran las copias, el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega. Aunque Jung a veces mencionaba los arquetipos como algo impreso en nuestra psiques, también emplea esta etimología de forma más dinámica cuando define las imágenes arquetípicas como aquellas que pueden impresionarnos: “Estas asociaciones e imágenes arquetípicas. nos impresionan, influyen y fascinan.

Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquétipicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre imágenes arquetípicas, manifestaciones concretas y particulares que están influidas por factores socioculturales e individuales. Sin embargo, los arqutipos mismos carecen de forma y son irrepresentables; hablando con propiedad son más psicoides que psíquicos: El arquetipo como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico No debemos olvidar que lo que denominamos arquetipo es en sí mismo irrepresentable, pero podemos visualizarlo a través de sus efectos, es decir, las imágenes arquetípicas. Los arquetipos mismos, dice Jung, son vacíos y carentes de forma, nunca podemos verlos excepto cuando se vuelven conscientes, cuando se llenan de contenido individual.

El postulado de una realidad de los arquetipos externa a sus manifestaciones es una cuestión muy debatida cuyas dimensiones metafísicas dejaré de lado en gran medida. Dado que tiendo a ver los arquetipos como abstracciones de imágenes concretas y diversificadas, al igual que otros muchos críticos y seguidores recientes de Jung no me intereso mucho por tales dimensiones, precisamente porque me interesa la psique, el alma y la actividad imaginativa, que considero la actividad más característica de la psique.

El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en el contenido. Nuestra capacidad para responder a la experiencia como criaturas creadoras de imágenes es heredada, se nos da con nuestra humanidad. Las imágenes arquetípicas no son restos de pensamiento arcaico ni un depósito muerto, sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la psique humana y el mundo exterior. Las imágenes arquetípicas que aparecen en mis sueños brotan de la misma capacidad humana que dio lugar a las antiguas mitologías de nuestros remotos antepasados. Los mitos no son causas de las manifestaciones contemporáneas e individuales, sino que existen en el mismo plano como analogías.

Centrarnos en lo arquetípico permite subrayar la importancia que tienen nuestras imágenes para convertirnos en quienes somos. Nuestras vidas son configuradas por nuestros pensamientos y actos y, aun más poderosamente, por nuestras fantasías y sueños y los complejos de carga afectiva con los que respondemos a las personas y acontecimientos con que diariamente nos tropezamos. No soy sólo lo que he pensado, como proponía Descartes, ni lo que he hecho, como pretenden los existencialistas, sino también, como Gaston Bachelard ha mostrado tan poderosamente, lo que he imaginado y recordado.

Christine Downing

Traducido y extractado por Farid Azael de
C. Downing.- Mirrors of the Self.

Sincronicidad

Sincronicidad

F. David Peat.- Editorial Kairós

Para el escéptico, la coincidencias son como los comodines en la baraja de la vida; para el investigador, son la llave a la sincronicidad. Al igual que los físicos buscan una teoría de campo unificada, Carl Jung y otros buscaban la sincronicidad, eso es, el principio unificador tras las coincidencias significativas, la consciencia individual y la totalidad del espacio y el tiempo. En este libro, el autor une ambas búsquedas en un intrigante viaje para mostrarnos la conexión entre la teoría cuántica y la sincronicidad, para abrir el camino hacia un nuevo entendimiento sobre el puente entre mente y materia.

Explorando la naturaleza de la energía, del tiempo, del azar, la causalidad y la coincidencia, el autor profundiza en las otras de Jung, Pauli, Prigogine, Bohm, Wheeler y otros. Lo que emerge es la evidencia de un orden oculto, de un universo creativo que se expresa a sí mismo en muchas vidas individuales.

C. G. Jung, su vida, su obra. (parte 3)

C. G. Jung, su vida, su obra. (parte 3)

Las diferentes etapas del proceso alquímico en la psicoterapia

Nigredo: la materia prima es pulverizada, calcinada, disuelta, fundida. La nigredo tiene su paralelo en el proceso de individuación, en el encuentro con la sombra. Todo lo que se había criticado en los demás, se presenta en los sueños, como parte del propio modo de ser. Las ilusiones que uno tenía de uno mismo y del mundo, se desvanecen. Se le arrebata al yo su omnipotencia y se ve enfrentado al poderoso inconsciente.

Este estado puede ser muy duradero, porque deben hacerse conscientes todas las oscuridades y todas las personalidades parciales autónomas, (complejos autónomos) que deben ser reconocidos y moralmente dominados.

Albedo: Aquí corresponde la integración del componente íntimo, propio, correspondiente al sexo contrario, el ánimus en la mujer y el ánima en el hombre.

Durante esta segunda etapa continúa la del Nigredo, porque la sombra es como la hidra de siete cabezas , las cuales renacen después de haber sido cortadas.

Albedo es una operación menos violenta que el Nigredo, pero en ella es de honda sabiduría mantener el fuego que no queme o destruya y a la vez que no enfríe el proceso. Psicológicamente, se refiere a la transferencia entre paciente y médico o a una gran pasión amorosa fuera del tratamiento. En el simbolismo alquimista, el problema es proyectado como “boda mística “de los elementos y expresado en múltiples variantes.

Una gran relación amorosa es advertida como proyección del ánimus o ánima, respectivamente, sobre otra persona y con ella frecuentemente se produce una relación basada en una común inconsciencia donde están todas las contradicciones presentes.

En una relación amorosa, existen siempre cuatro figuras: el hombre y su ánima y la mujer y su ánimus. En estos cuatro elementos se dan todos los innumerables fenómenos posibles de rechazo y de atracción. Este hecho nos obliga a dar nuestra atención a la psique inconsciente. Para los alquimistas es más fácil que para nosotros, porque ellos intentaban obtener la piedra filosofal mediante la boda alquimista en la retorta. Nosotros debemos realizarla en nosotros mismos y esto nos afecta muy profundamente

Los participantes de la” boda alquímica”, son descritos como hermano y hermana, madre e hijo, etc. Su unión es un incesto, este aspecto tiene la finalidad de hacernos conscientes la proyección. Nos obliga a darnos cuenta de que en último término, se trata de una íntima unión de los componentes de nuestra propia personalidad, de un “desposorio espiritual” como vivencia interior no proyectada. Alude a la unificación de los contrarios en el Sí mismo. Después de la etapa de Albedo sigue:

Rubedo o citrinitas (enrojecimiento o color dorado). El trabajo está concluido, es abierta la retorta y la “piedra filosofal” comienza a irradiar una acción cósmica curadora.

La Piedra Filosofal: En los textos más antiguos de la alquimia, se reitera el tema de la piedra filosofal “por Dios donada y que puede transformar todos los metales en oro”, y que según algunos, está oculta en el cuerpo humano y ha de ser extraída del mismo. La piedra constituye un símbolo de lo eterno, lo que da fuerza vital. Es el misterio de Dios en la materia y se llama también “piedra que posee un espíritu o un alma: Pneuma”.

Algunos maestros intuían que se trataba de un desarrollo a través de la meditación, del propio hombre “interior” que se reflejaría también en el exterior. La piedra alquimista es también identificada con Mercurio y como figura divina y tripartita del Anthropos, es el cuerpo de la resurrección, que es tanto espiritual como somático y de tal sutileza que puede penetrarlo todo.

Las Cuatro Funciones:

Jung descubrió que las realizaciones adaptativas voluntarias se pueden dividir en 4 funciones principales: percepción, intuición, sentimiento y pensamiento. Ellas funcionan de a pares como en un balancín:


Sentimiento versus Pensamiento
Percepción versus Intuición
 

Al funcionar una de ellas, se inhibe su contraria. No se puede pensar y sentir al mismo tiempo. Tampoco se puede intuir y percibir a la vez, la primera de estas funciones está dirigida hacia el interior y la segunda, hacia el exterior.

El yo se fundamenta en una base corporal y una base psíquica. La primera se manifiesta por estímulos que nacen del interior del cuerpo, que, en parte, son percibidos psíquicamente y que están asociados con el yo
y que, en parte, permanecen por debajo del umbral de la consciencia. La base psíquica, consta del campo
de la consciencia y del conjunto de contenidos inconscientes.

La segunda se desarrolla a partir de contactos del cuerpo con el entorno y más adelante a partir de contactos con el mundo interior. Se establece paulatinamente la diferencia entre sujeto y objeto y entre dentro y fuera. Esta teoría no puede ser comprendida sin la experiencia del mundo subliminal: lo inconsciente.

En el curso de la evolución de sus vidas, todas las personas desarrollan más alguna de las cuatro funciones adaptativas. la que utilizan en forma predominante. También se puede desarrollar una segunda y una tercera. La cuarta, Jung la llamó” función infravalorada” o función menospreciada. Lo que hacemos con esta función, es en gran medida incontrolado y cae bajo la influencia de la personalidad 2: lo inconsciente. Tanto el yo como el inconsciente son estructuras subliminales. Ambas contienen luz y oscuridad. Jung define al yo como “una personificación relativamente constante del inconsciente”. Cuando protegió la lucecita en su sueño, no reprimió la existencia de lo inconsciente, que es el espíritu que se halla a la altura de la oscuridad del mundo. Lo más patente de dicho espíritu es su carácter histórico, su vastedad en el tiempo, su intemporalidad. El representa el espíritu de los tiempos, colectivo, operante en lo inconsciente del hombre y que se manifiesta y transforma a través de los siglos de historia del espíritu humano.

El Mandala

El radiolario es una imagen arquetípica a la cual Jung denominó “mandala”, palabra sánscrita que significa círculo mágico.

El mandala es el centro y corresponde a la naturaleza microcósmica del alma, es la vía hacia la individuación, es experimentado como el centro interior de la psique. Jung descubrió que la evolución es una circunvalación en torno al Sí mismo, centro de un mandala.

El símbolo del Anthropos cósmico y el mandala tienen un mismo sentido, ambos aluden a una unidad interior y última de la psique. El mandala simboliza en su punto central la unidad última de todos los arquetipos, así como la multiplicidad del mundo fenoménico y que constituye por ello la correspondencia empírica al concepto metafísico del Unus Mundus.

Buda el gran símbolo oriental de esta unidad, era representado en un principio como una rueda de doce radios. En occidente, Cristo se representa a menudo como centro de un mandala con los cuatro evangelistas. El mandala representa un antiquísimo símbolo de la divinidad y del cosmos. Todos los filósofos de la naturaleza quisieron representar de alguna forma la divinidad. Con Platón y Plotino, aparece claramente establecido que esta imagen primordial, es el movimiento circular propio del alma y del espíritu que rige todo.

El cosmos mismo es una esfera perfecta, como copia del organismo, del ser. Plotino lo demostró matemáticamente y fue transmitida por él a la Era Cristiana: centro de todo ser es lo Uno que irradia por todos lados hacia el infinito. Este Uno está rodeado por la envoltura esférica correspondiente al “alma del mundo”, (ánima mundi), y alrededor de ella, por el cosmos visible. El centro es la esfera espiritual que es
en sí misma unidad, totalidad, divinidad.

Con el tiempo esa imagen del mandala evolucionó de esfera referida a la divinidad, al cosmos o al alma del mundo, a convertirse en el símbolo del alma individual y finalmente en imagen del “yo ideal” o” yo absoluto” o Sí mismo, que está en contraposición con el yo empírico.

En su sueño del radiolario vemos que esta imagen se reveló a sí misma de un modo activo. Para muchos místicos, entre ellos Eckhart, el hombre es portador de una chispa divina, es por eso que para ellos es importante el autoconocimiento, no egocéntricamente subjetivo del yo acerca de sí mismo, sino en un sentido del conocimiento de este “fondo del alma.” El mandala se diferencia de la imagen de un dios personal por su aspecto femenino y por su índole matemático- geométrico. Su esencia alude a orientación en el caos, a sentido y a orden.

Jung construyó una torre redonda en cuya entrada grabó la inscripción “El Santuario de Filemón – La penitencia de Fausto”. Siempre manifestó que su impulso estaba más por el respeto a los derechos humanos, la historia del espíritu y la continuidad de la cultura.

Sincronicidad

Los modelos de pensamiento que elaboró Jung tienen un paralelo con los de la física moderna. El concepto de complementariedad, como lo aplica la física cuántica a la relación partícula – onda, y la psicología profunda, a la existente entre los contenidos de la consciencia y lo inconsciente. Todos los procesos son energéticos, y hay una cierta relatividad en tiempo y espacio, en el ámbito de las partículas y en estratos profundos del inconsciente, y en ambos sectores no pueden excluirse las condiciones del observador.

Existen datos de que ambos aspectos de energía, físico y psíquico, podrían ser dos aspectos de lo mismo. Así el mundo de la materia, sería una imagen subliminal del mundo de la psique y viceversa. Jung a este hecho lo llamó “fenómeno de la sincronicidad,” es la vinculación entre el acontecimiento interior y exterior.

Los acontecimientos, entonces, no serían causales sino en un sentido de simultaneidad con respecto al individuo que los vivencia. El arquetipo en el inconsciente debe estar activado, esto hace como si apareciera también fuera de la psique. A este aspecto del arquetipo lo llamó “trasgresivo”, porque pasa al mundo de la materia.

Para poder explicar el fenómeno científicamente, imaginó un principio de ordenación acausal. En la naturaleza existen ordenaciones que no tienen explicaciones causales, la más evidente es el tiempo de semi vida de las partículas. Esto sucede en microfísica, existe una especie de ordenación, pero no se puede determinar el momento de la destrucción espontánea de la partícula. Otro ejemplo, serían los números enteros naturales, que son especialmente “primitivos”, son estructuras arquetípicas propias de la profundidad del inconsciente. Muestran una ordenación acausal de la psique. Jung llamó “fenómenos marginales”, a las ordenaciones acausales no explicables de algo interior y algo exterior.

En los fenómenos de sincronicidad, surgen imágenes en el campo visual interno, que se encuentran en relación de analogía, con arreglo a un sentido y con respecto a acontecimientos objetivos, sin que pueda demostrarse alguna clase de relación entre ambas. Esto presupone un sentido apriorístico de la propia naturaleza que tiene su existencia antes que la conciencia humana o un “factor formal” en la naturaleza que no puede explicarse de un modo causal. Jung, lo denomina “saber absoluto”, porque se encuentra desligado de nuestro saber consciente.

De este saber absoluto en la naturaleza, Jung supone que depende el comportamiento inteligente de seres inferiores desprovistos de cerebro, porque el saber absoluto, parece ser independiente del conocimiento que brindan los órganos sensoriales y alude así a la existencia de un sentido inmanente en la naturaleza, que no puede ser sino transcendental.

Los fenómenos de sincronicidad son “actos creadores en el tiempo” porque se encuentra en un espacio-tiempo irrepresentable. Se producen dentro de un marco de ordenación existente con anterioridad. Son de naturaleza parapsicológica. El conocimiento de la ordenación nos afecta como “sentido”. Esta es la causa por la que en la antigüedad se lo ha considerado un fenómeno divino.

El I Ching o Libro de las Mutaciones” emplea la sincronicidad en su vertiente práctica. Los chinos en su cultura, siempre se han esforzado más bien por la captación intuitiva de la totalidad del mundo, más que
por el conocimiento de parcialidades. Los comentadores de esta obra han tratado de explicar mediante una “identidad de sentido” la simultaneidad entre el estado psíquico del consultante y un proceso físico sincronista y ordenado en 64 imágenes situacionales típicas.

C. G. Jung, su vida, su obra. (parte 2)

C. G. Jung, su vida, su obra. (parte 2)

Su Obra.

Intentaremos hacer una breve síntesis de los grandes temas desarrollados por Jung en su larga y fructífera vida profesional.

Los Sueños.

Desde muy pequeño se sintió atraído e impresionado por sus sueños y fantasías, en los cuales intuyó un trasfondo muy especial.

El primer sueño que recuerda una persona, según opinión de Jung, representa en forma simbólica la esencia de una vida entera o el primer sector de la misma. A las manifestaciones externas de su vida las consideraba determinantes, sólo cuando coincidían con manifestaciones internas relacionadas con la evolución.

Los sueños contienen una alusión, bajo forma simbólica, que predicen tendencias evolutivas. De esto resulta la dirección que debe tomar la psicoterapia. Ella debe derivarse de los sueños del paciente. Este es el motivo por el cual en la psicoterapia junguiana no puede haber una técnica o método, sino que se debe intentar comprender cada caso en particular, tomando en consideración los sueños. Según como sean ellos, hay que observar las correspondientes tendencias energéticas, curativas y evolutivas, para reforzarlas con una participación consciente y promoverlas con la finalidad de que prevalezcan.

La función creadora por parte de la dinámica psíquica formadora de símbolos, surge siempre en individuos aislados. A veces estos símbolos pueden presentarse inesperadamente en algún grupo. El sueño es la manifestación más importante y frecuente de la dinámica psíquica formadora de símbolos y junto a “inspiraciones” y fantasías son manifestaciones del espíritu.

La interpretación de un sueño, sólo es correcta cuando “ilumina”, anima y da lugar a un cambio emocional de la personalidad. Desde el punto de vista de la interpretación subjetiva somos los espectadores y, además, todo cuanto hay en el escenario. Todo personifica partes psíquicas proyectadas de nosotros mismos. La interpretación objetiva nos proporciona en forma simbólica, orientaciones acerca del mundo de vigilia. La interpretación, en el ámbito subjetivo, es la más recomendable porque sí podemos cambiar nosotros mismos, al adquirir más comprensión acerca de nuestra propia circunstancia íntima. Pueden presentarse sueños correctores que aparecen en las noches siguientes.

Jung aborda los sueños en forma constructiva: intenta averiguar en ellos las tendencias sanadoras finalistas, que existen en el inconsciente, más que la derivación causal de los trastornos. Los sueños reflejan esas tendencias sanadoras. En investigaciones recientes con electroencéfalogramas, se ha comprobado que si se impide a una persona soñar, enferma.

Jung dedujo que los sueños son un trozo de naturaleza psíquica, no adulterada. La comprensión de un sueño por uno mismo, depende de la polaridad de la consciencia yoica con la del inconsciente, porque refleja aquel sector del espíritu que no se ha convertido aún en propio, sino que se encuentra en un estado primitivo, arcaico.

El objetivo de la interpretación de los sueños es conectar de nuevo a la consciencia con su fundamento primordial e impedir que devenga demasiado autónoma y por ello despojada de instintividad: en ello estriba el sentido de la comprensión de los sueños. Cuando se logra la comprensión, la actividad onírica de lo inconsciente ejerce un efecto vivificante sobre la consciencia, resulta creativamente inspirador y favorece a la inteligencia y a la salud psíquica.

El Inconsciente Personal.

Carl Gustav Jung es el psiquiatra “naturalista científico empírico”, como le gustaba definirse, que más ha aportado a las manifestaciones espirituales, al concebir al inconsciente, esa esencia co-dialogante presente en todas sus obras, a la que enfatiza en forma muy especial, al hacer revivir el significado arcaico de las palabras, hacerlo confluir con el elemento imaginario, el argumento científico y el sentimiento.

Freud sólo se refería al inconsciente en su lado externo, olvidando la parte interna, superior e inferior porque temía que la luz numinosa de su teoría sexual pudiera extinguirse “por la magna avalancha del ocultismo”.

Jung, siempre consideró que la enfermedad anímica de personas y pueblos, se debe a una errónea actitud con respecto a lo inconsciente. Para él, representa el suelo nutricio creador y con vida propia de la vida psíquica normal. Es una experiencia interior, que no ha sido desconocida para la humanidad. Sentimos que, a partir de nuestro mundo interior, afluye algo extraño y desconocido, que nuestra intimidad produce efectos que nos pueden cambiar, que tenemos sueños y ocurrencias que surgen en nosotros, enigmática y poderosamente.

La psique está en todas las creaciones humanas, artes, ciencias, religiones, comportamientos sociológicos y habituales, que se iluminan ante nosotros con esa nueva luz, que nos permitiría autovalorarnos y hacer perdurar nuestra cultura, si tuviéramos de ella una concepción correcta.

El yo consciente es un misterio insondable: es un núcleo psíquico de representaciones afectivamente acentuadas, al que se une nuestro sentimiento de identidad en la infancia temprana, para posteriormente irse disolviendo en la ancianidad. El yo sólo se puede captar mediante su reflejo en el inconsciente. Es el centro y el sujeto de todos los actos conscientes personales y realizaciones adaptativas voluntarias.

Era entonces esta dialéctica activa en el alma entre el yo y el inconsciente la que le permitía, en su trabajo de psicoterapeuta, ayudar a los pacientes que se encontraban en situaciones semejantes. Para ello, no pedía prestados métodos de conocimiento caduco, como podría suponerlo una crítica superficial. A él le importaba, al contrario, verificar aquellas prefiguraciones históricas de la tradición religiosa universal que pudieran tener valor a través de los mitos y los cuentos, de las supuestas enseñanzas secretas y de la expresión artística. Una de las etapas siguientes consistía en mostrar cómo esa herencia de la Tradición podía ser utilizada para interpretar símbolos oníricos aparentemente herméticos.

Jung, estableció que la consciencia yoica y el inconsciente, tienen una estructura básica cuaternaria y que se encuentran en una relación proyectiva simétricamente especular. El concepto de simetría y polaridad, ha sido del terreno de la física atómica y también de otras disciplinas, como la biología. En el campo de lo psíquico, Jung lo ha vivenciado como polaridad por una parte, entre consciencia yoica e inconsciente y como polaridad entre materia y espíritu, por otra. Entre los polos de consciencia yoico e inconsciente y los polos materia y espíritu, existe un gradiente de energía que da lugar a cursos psíquicos completamente indeterminados en sí mismos en cuanto a contenido.

El espíritu es el factor formador de cultura en el hombre y comenzó a manifestarse en la formación de los ritos e imágenes representativas simbólicas. Jung cree que los símbolos no fueron creados en forma consciente, sino han sido creados por el inconsciente, a través de la revelación o intuición. Gran parte de los símbolos proceden de los sueños. Los ritos podrían haber surgido de movimientos involuntarios, especialmente manuales.

Jung define al espíritu “como un complejo funcional que es vivenciado a nivel primitivo como presencia invisible, como a modo de un hálito”. El aspecto espiritual de lo inconsciente, produce imágenes y ocurrencias en el espacio representativo interior y los ordena en forma plena de sentido. Esto se observa en ese “algo” desconocido que produce los sueños. Por eso el espíritu es el autor de los sueños: un principio dinámico y espontáneo que produce y ordena imágenes libremente y por sí mismo.

En una carta Jung expresó “sé que no debería saber más del inconsciente de lo que fluye a través de los sueños e intuiciones. Pues cuanto más se sabe de ello, tanto más aumenta la carga moral ya que los contenidos inconscientes, se transforman en tareas y deberes individuales en cuanto empiezan a hacerse conscientes”.

Jung realizó el viaje al mundo del inconsciente en la mitad de su vida, en diciembre de 1913, cuando tenía 38 años. Opinaba que para un hombre joven, constituye casi un pecado ocuparse demasiado de sí mismo, en cambio para un hombre que envejece constituye un deber y una necesidad dedicar una seria consideración a su interioridad. El inconsciente tiene su propia ruta para revelar el sentido de la vida de una persona y lo hace en el momento en que ésta puede integrarlo.

La Sombra El Anima – el Animus.

Una vez que se han hecho conscientes y se han integrado los aspectos inferiores, se puede desprender la sombra”, de la personalidad del yo. La sombra es todo lo que el sujeto no reconoce en él y, que, sin embargo, una y otra vez lo empuja en su accionar, directa o indirectamente. Por ejemplo, tendencias irreconciliables y rasgos de carácter de valor inferior. Ahora se sabe que también puede tener cualidades buenas, creatividad, etc. Después de que se ha hecho consciente la sombra, surge más en primer plano, el aspecto de lo inconsciente correspondiente al sexo contrario. Si la consciencia manifiesta más bien el aspecto de la vida correspondiente al Logos, como es principalmente en el caso de los varones, el aspecto del Eros aparece personificado en figuras oníricas femeninas. En cambio en las mujeres, el yo consciente muestra más bien el aspecto de la vida correspondiente al Eros, por ello las correspondientes personificaciones oníricas son masculinas. Estas personificaciones correspondientes al sexo contrario de la personalidad inconsciente, Jung las ha llamado “ánima” en el hombre y “ánimus” en la mujer.

El ánima se manifiesta en el varón como estado de ánimo – animosidad – específicamente positivo o negativo, como fantasía erótica, como impulso vital, como inclinación.

El ánimus en la mujer más bien se manifiesta, como impulso inconsciente, como iniciativa, lenguaje hablado autónomo, opinión, comprensión razonada.

Estos componentes de la personalidad, correspondiente al sexo opuesto, casi siempre a través de la proyección, son al mismo tiempo un especial obstáculo para comprender al compañero o compañera, porque el ánima del varón, suele irritar a la mujer, y el ánimus de la mujer, al hombre. Esta situación da origen a la guerra de los sexos.

La característica común a estos tres arquetipos es que se proyectan. Entendemos por proyección el desplazamiento hacia fuera de un objeto o de un proceso subjetivo, que sólo se produce cuando la identidad resulta perturbadora. El proceso de proyección se basa en la “identidad arcaica” que es la identidad psicológica, como fenómeno inconsciente, un residuo de la indiferenciación psíquica, inicialmente primigenia entre sujeto y objeto, en el cual el hombre primitivo, como el niño e incluso el adulto, viven indiferenciadamente entretejidos con su entorno. Se trata de que creemos advertir en otros modos de comportamientos que nosotros poseemos, sin que nos demos cuenta de ello. Existe una proyección activa, que sería un acto de juicio y una proyección pasiva, que está representada por un acto de empatía.

Si se logra retirar a este aspecto inconsciente de su estado de proyección, en el que la mayoría de las veces se encuentra, e integrarlo, el inconsciente revela como nuevo aspecto, una personalidad
superior que en el varón adopta los rasgos del maestro anciano sabio semidiós, y en la mujer los de la gran madre amorosa universal.

Hacer consciente la sombra, es difícil, pero la integración del ánima o del ánimus, es una posibilidad que muy pocas personas pueden alcanzar.

La energía psíquica hasta ahora no se puede medir, sólo se puede evaluar como intensidad psíquica. La cualidad de una emoción puede sentirse. Sabemos que la energía física obedece a la ley de la entropía. De cierta manera, también la energía psíquica obedece a esta ley. Se debe demostrar que la dinámica espiritual obedece a la ley de negentropía, que puede producir un gradiente superior.

La energía psíquica se mueve con un patrón polar, por una parte, en el sentido de introversión y extraversión y, por otra, en los pulsos de regresión y progresión. Jung consideró, además, otros dos aspectos polares en el acontecer psíquico, el de causalidad y el de finalidad. El proceso de la curación psíquica puede entenderse del punto de vista finalista, el punto de vista causal proporciona el diagnóstico.

La Imaginación Activa.

Jung descubrió otra forma de llegar al inconsciente. La llamó “imaginación activa”. Consiste en principio,
en dejar surgir al inconsciente, estando despierto, imágenes oníricas, emociones, sentimientos, ideas obsesivas, fantasías, en una actitud desprovista de atención crítica, tomando esas imágenes interiores como si se tratara de presencias objetivas.

La consciencia tiende a rechazar estas imágenes como algo absurdo, porque se entremezclan lo sublime y lo grotesco. Si se acompaña de miedo o ansiedad, el usar este método puede producir una inhibición de la consciencia y en ese caso no ocurre nada o la inmersión en el inconsciente es tan profunda que la persona se duerme.