Cartas de J. Krishnamurti a una amiga:  “Afortunado el Hombre que nada es” Parte (2)

Cartas de J. Krishnamurti a una amiga: “Afortunado el Hombre que nada es” Parte (2)

Enfréntese a las cosas con facilidad, pero internamente hágalo en un estado de plenitud y alerta.  No deje que se escape un instante sin haber estado totalmente atenta a lo que ocurre dentro y alrededor de usted.  Esto es lo que implica ser sensible, no a una cosa o dos, sino ser sensible a todo.  Ser sensible a la belleza y resistir la fealdad, es engendrar conflicto.  ¿Sabe?, cuando uno observa percibe que la mente está siempre juzgando –esto es bueno y aquello es malo, esto es blanco y eso es negro- juzgando a la gente, comparando, sopesando, calculando.  La mente está perpetuamente inquieta.  ¿Puede la mente vigilar, observar sin juzgar, sin calcular? Percibir las cosas sin nombrarlas, sólo ves si la mente puede hacerlo.

Juegue con esto.  No lo fuerce, deje que la mente se observe a sí misma.  Casi todos los que intentan ser sencillos empiezan con lo externo, descartando, renunciando, etc. etc.; pero en lo interno siguen siendo complejos.  Con la sencillez interna, lo exterior se corresponde con lo interno.  Ser sencillo internamente es estar libre del apremio por el “más”, es no pensar en términos de tiempo, de progreso, de éxito.  Ser sencilla implica para la mente librarse de todos los resultados, vaciarse de todo conflicto.  Esta es la verdadera sencillez.

¿Puede la mente dejar de batallar entre lo bello y lo feo, dejar de aferrarse a lo uno y desechar lo otro? Este conflicto la vuelve insensible y exclusiva.  Cualquier intento por parte de la mente para encontrar una línea indefinida entre lo bello y lo feo, sigue siendo parte de lo uno o de lo otro.  El pensamiento no puede, haga lo que haga, librarse de los opuestos; es el pensamiento mismo el que ha creado lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo.  No puede, por tanto, librarse de sus propias actividades.  Todo cuanto puede hacer es quedarse quieto, no optar.  La opción es conflicto y la mente se halla de vuelta metida en sus propios enredos.  Cuando la mente está quieta, se ha liberado de la dualidad.

Hay enorme descontento, y pensamos que una ideología – el comunismo u otra- va a resolverlo todo, que incluso desterrará el descontento, cosa que jamás puede hacer.  El comunismo o cualquier otro condicionamiento, como es de la religión organizada, jamás podrán terminar con el descontento; pero tratamos en todas las formas posibles de sofocarlo, de moldearlo, de contentarlo; sin embargo, está siempre ahí.  Pensamos que está mal sentirnos descontentos, que no es normalmente correcto, y, sin embargo, no podemos deshacernos del descontento.  Este tiene que ser comprendido.  Comprender no es condenar.  De modo que investíguelo realmente, obsérvelo sin deseo alguno de cambiarlo.  Esté alerta al descontento mientras éste opera durante el día, perciba sus modalidades y esté a solas con él.

La libertad llega cuando la mente está sola.  Nada más que por el gusto de hacerlo, mantenga la mente quieta, libre de todo pensamiento.  Juegue con ello, no lo convierta en un asunto muy grave; esté atenta sin ningún esfuerzo, deje que la mente se aquiete.

La frustración existe en tanto uno esté buscando la realización personal.  El placer de realizarse es un deseo constante, y nosotros queremos la continuidad del placer.  La terminación de ese placer es frustración, y en ello hay dolor.  Entonces la mente busca otra vez la realización en distintas direcciones, y otra vez se encuentra con la frustración.  Esta frustración es el movimiento de la conciencia egocéntrica, que es aislamiento, separación, sentimiento doloroso de soledad.  La mente quiere escapar de todo esto otra vez hacia alguna forma de realización.  La lucha por realizarse engendra el conflicto de la dualidad.  Cuando la mente ve la verdad de lo inútil que es la realización personal, cuando ve que en ella hay siempre frustración, sólo entonces puede permanecer en ese estado de soledad del cual no hay modo de escapar.  Cuando la mente se halla en este estado de soledad, sin ningún escape, sólo entonces se libera de la frustración.  La separación existe a causa del deseo de realizarse; la frustración es separación.

Ahora no debe haber ningún tipo de choque emocionales, ni siquiera los más fugaces.  Estas reacciones psicológicas afectan el cuerpo con sus efectos adversos.  Sea íntegra; no “trate” de serlo, sea íntegra.  No dependa de nadie ni de nada, no dependa de ninguna experiencia, de ningún recuerdo, la dependencia del pasado, por agradable que éste haya sido, sólo impide la integridad en el presente.  Esté atenta, y deje que esa atención se mantenga intacta, constante, aunque sea por un minuto.

El dormir es esencial; durante el sueño parece que uno alcanza profundidades desconocidas, profundidades que la mente consciente jamás puede tocar ni experimentar.  Aunque no se pueda recordar la experiencia extraordinaria de un mundo que está más allá de lo consciente y lo inconsciente, ello tiene su efecto sobre la conciencia total de la psique.  Es probable que esto no esté muy claro, pero sólo léalo y juegue con ello.  Yo siento que hay ciertas cosas que nunca pueden expresarse claramente.  No hay palabras adecuadas para ellas, y sin embargo esas cosas están ahí. —-

Especialmente para usted, es importante tener un cuerpo que no esté sometido a ninguna enfermedad.  Voluntariamente y con facilidad, debe desechar todas esas remembranzas e imágenes placenteras, de modo que su mente esté libre e incontaminada para lo real.  Hágalo, por favor, preste atención a lo escrito aquí.  Todas las experiencias, todos los pensamientos deben terminar cada día, cada minuto, a medida que surgen, de modo que la mente no extienda raíces hacia el futuro.  Esto es realmente importante, porque ésta es la verdadera libertad.  De esta manera no hay dependencia, porque la dependencia es causa del dolor, afecta lo físico y engendra resistencia psicológica.  Y, como usted dijo, la resistencia crea problemas – realizarse, llegar a ser perfecto, etcétera.  La búsqueda implica lucha, empeño, esfuerzo; este esfuerzo, esta lucha, terminan invariablemente en la frustración – deseo algo o deseo ser algo- y en el proceso mismo de obtener el éxito está la apetencia por el más; y como el más nunca está a la vista, siempre existe un sentimiento de frustración.  Por lo tanto, hay dolor.  Y entonces uno se vuelve nuevamente hacia otra forma de realización personal con sus consecuencias inevitables.  Las implicaciones de la lucha, del esfuerzo, son enormes ¿por qué busca uno? ¿Por qué la mente está buscando sin cesar, y qué es lo que la hace buscar? ¿Sabe usted, se da cuenta de lo que está buscando? Si es así advertirá que el objeto de su búsqueda, con sus frustraciones y su dolor? ¿Se da cuenta de que cuando encuentra algo que es muy gratificante, hay estancamiento con sus alegrías y sus temores, con su progreso y su devenir? Si usted advierte que está buscando, ¿es posible que la mente deje de buscar? Y si la mente no busca, ¿cuál es la respuesta inmediata, real de una mente que no busca?

Juegue con esto, descubra; no fuerce nada, no deje que la mente se restrinja a alguna experiencia particular, porque entonces la mente engendrará su propia ilusión.

He visto a una persona que se está muriendo. ¡Qué atemorizados estamos ante la muerte!  Lo que en realidad nos atemoriza es el vivir, no sabemos como vivir; conocemos el dolor, y la muerte es para nosotros sólo el dolor final.  Dividimos la vida como el vivir y el morir.  Así tiene que existir el desconsuelo de la muerte, con su separación, su dolorosa soledad, su aislamiento.  La vida y la muerte son un solo movimiento, no son estados aislados.  Vivir es morir, morir para todas las cosas, renacer cada día.  Esta no es una afirmación teórica, sino algo que debe vivirse y experimentarse.  Es la voluntad egocéntrica, este constante deseo de ser esto o aquello, la que destruye el puro “ser”.  Este “ser” es por completo diferente del sopor de la satisfacción, de la realización personal o de las conclusiones de la razón.  Este “ser” es ajeno al “si mismo”.  Una droga, un interés, una absorción de algo, una completa “identificación”, pueden producir un estado que se desea, el cual sigue siendo conciencia de uno mismo.  El verdadero ser es la terminación del deseo-voluntad.  Juegue con estos pensamientos y experimente alegremente con ellos.

Es una temprana madrugada sin nubes; el cielo es muy puro, suave y azul.  Todas las nubes parecen haber desaparecido, pero pueden presentarse otra vez durante el día.  Después de este frío, del viento y la lluvia, de nuevo estallará la primavera.  Esta ha estado prosiguiendo suavemente a pesar de los fuertes vientos, pero ahora cada hoja, cada retoño, se regocijarán.  ¡Qué cosa tan bella es la tierra! ¿Qué hermoso es todo lo que brota de ella –las rocas, los torrentes, los árboles, la hierba, las flores, las infinitas cosas que produce! Sólo el hombre genera aflicción, sólo él destruye su propia especie; sólo él explota a su prójimo, tiraniza y mata.  Es el más desdichado y sufriente, el más inventivo, y el conquistador del tiempo y el espacio.  Pero con todas sus capacidades, a pesar de sus hermosos templos e iglesias, de sus mezquitas y catedrales, vive sumido en su propia oscuridad.  Sus dioses son sus propios miedos, y sus amores sus propios odios.  ¿Qué mundo maravilloso podríamos hacer de éste, sin nuestras guerras, sin nuestros miedos! Pero de qué sirve la especulación, no sirve de nada.

Lo real es el descontento del hombre, el inevitable descontento.  Es una cosa preciosa, una joya de gran valor.  Pero uno le tiene miedo, lo disipa, lo utiliza o permite que se lo utilice para producir ciertos resultados.  El hombre le teme al descontento, pero éste es una joya preciosa que él no valora.  Viva con el descontento, obsérvelo día tras día sin interferir con sus movimientos; entonces es como una llama que quema todas las impurezas, dejando aquello que no tiene morada ni medida.

Lea muy atentamente todo esto.

El hombre rico tiene más que suficiente, y el pobre pasa hambre y durante toda su vida no hace otra cosa que buscar comida, esforzarse y trabajar.  Uno que nada posee, hace de su vida o permite que la vida haga de sí misma algo precioso, creativo; y otro, que posee todas las cosas de este mundo, disipa la vida y la marchita.  Démosle a un hombre un pedazo de tierra y la hará bella y productiva; otro la descuidará y dejará que muera, tal como él mismo está muriendo.  Tenemos capacidades infinitas en todos los sentidos para descubrir lo innominado o para producir el infierno en la tierra.  Pero por alguna razón, el hombre prefiere engendrar odio y antagonismo. ¡Es tanto más fácil odiar, ser envidioso! Y como la sociedad se basa en la exigencia del “más”, los seres humanos se deslizan en todas las formas de adquisividad.  Y así hay una perpetua lucha, que justificamos y consideramos noble.

La riqueza ilimitada está en una vida sin lucha, sin el ejercicio de la voluntad egocéntrica, sin opciones.  Pero esa vida es difícil e imposible cuando toda nuestra cultura es el resultado de la lucha y del ejercicio de la voluntad personal.  Sin la acción de esta voluntad, para casi todos los que viven hay muerte.  Sin alguna clase de ambición, la vida no tiene sentido casi para nadie.

Existe una vida sin el ejercicio de la voluntad egocéntrica, sin las opciones.  Esta vida surge cuando la vida de la voluntad egocéntrica llega a su fin.  Espero que no le moleste leer todo esto; si no le molesta, entonces léalo y escúchelo con agrado.

El sol está tratando de irrumpir entre las nubes, y probablemente logrará hacerlo durante el día.  Un día es primavera y al día siguiente es casi invierno.  El tiempo representa los cambiantes estados de ánimo del hombre, hacia arriba y hacia abajo, oscuridad y luz temporaria. ¿sabe? es extraño cómo deseamos libertad y lo hacemos todo para que nos guíen, nos ayuden a ser generosos, pacíficos; acudimos a los gurús, a los maestros, a los salvadores, a los meditadores.  Alguno escribe la gran música, otro la toca, la interpreta a su propio modo, y nosotros la escuchamos, gozándola o criticándola.  Somos el público que observa a los actores, a los jugadores de fútbol, o que mira la pantalla de cine.  Otros escriben poemas y nosotros los leemos; otros pintan y nosotros nos embobamos con sus pinturas.  No tenemos nada, y entonces nos volvemos hacia otros para que nos entretengan, nos inspiren, nos guíen o nos salven.  Más y más la civilización moderna nos está destruyendo, nos vacía de toda creatividad.  Nosotros mismos estamos internamente vacíos y acudimos a otros para que nos enriquezcan; y de este modo, nuestro semejante saca ventaja de esto para explotarnos, o nosotros nos aprovechamos de él.

Cartas de J. Krishnamurti a una amiga:  “Afortunado el Hombre que nada es” (1)

Cartas de J. Krishnamurti a una amiga: “Afortunado el Hombre que nada es” (1)

 

Foto:  Krishnamurti en su último paseo, su pelo como un cometa al viento. India. 1986.

Entre el año de 1948 y principios de los años 60, Krishnamurti era fácilmente accesible y mucha gente venía a verle.  Las relaciones florecían en los paseos, en las entrevistas personales, a través de cartas.  Las cartas que siguen las escribió a una joven amiga que llegó herida en cuerpo y mente.  Escritas entre Junio de 1948 y Marzo de 1960, revelan una rara compasión y claridad; se despliegan en ella la enseñanza y el poder curativo; desaparecen la separación y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curación y la enseñanza son simultáneas.

Sea dúctil mentalmente.  El poder no radica en la firmeza y en la fuerza, sino en la flexibilidad.  El árbol flexible aguanta el ventarrón. Adquiera el poder de una mente rápida.

La vida es extraña, tantas cosas ocurren inesperadamente; la mera resistencia no resolverá ningún problema.  Uno necesita tener infinita flexibilidad y un corazón sencillo.

La vida es el filo de una navaja y uno ha de recorrer ese sendero con cuidado exquisito y dúctil sabiduría.

La vida es muy rica, tiene tantos tesoros, y nosotros la afrontamos con los corazones vacíos; no sabemos cómo llenar nuestros corazones con la plenitud de la vida.  Somos pobres internamente, y cuando se nos ofrecen riquezas, las rechazamos.  El amor es algo peligroso, trae consigo la única revolución que da completa felicidad.  Y así muy pocos de nosotros somos capaces de amar, pocos queremos amar.  Amamos en nuestros propios términos, haciendo del amor una cosa comerciable.  Tenemos la mentalidad mercantil y el amor no es comerciable, no es un asunto de toma y daca.  Es un estado del ser en que se resuelven todos los problemas humanos.  Vamos al pozo con un dedal, y así la vida se vuelve una cosa vulgar, pequeña y mezquina.

¡Que exquisito lugar podría ser la tierra, con tanta belleza como hay, tanta gloria, tanta imperecedera hermosura! Estamos atrapados en el dolor, y no nos importa poder salirnos de él, aun cuando alguien nos esté señalando una salida.

No sé, pero uno está ardiendo de amor.  Hay una llama inextinguible.  Uno tiene tanto de ese amor que desea darlo a todos, y lo hace.  Es como un río poderoso que fluye, nutriendo y regando cada ciudad y aldea por las que pasa; se contamina, la suciedad del hombre entra en él, pero las aguas se purifican pronto y rápidamente prosigue su curso.  Nada puede estropear el amor, porque todas las cosas se disuelven en él -las buenas y las malas, las feas y las bellas.  Es la única cosa que tiene su propia eternidad.

¡Los árboles se veían tan majestuosos, tan extrañamente impenetrables a las calles asfaltadas y al tráfico! Sus raíces se hundían muy abajo, en lo profundo de la tierra, y sus copas se alargaban a los cielos.  Nosotros tenemos nuestras raíces en la tierra, y tiene que ser así, pero nos adherimos a la tierra; sólo unos pocos se elevan a los cielos.  Son las únicas personas creativas y felices.  Las demás se destruyen y se dañan unas a otras sobre esta tierra tan hermosa -con injurias y también con habladurías-.

Sea abierta.  Viva en el pasado si tiene que hacerlo, pero no luche contra el pasado; cuando el pasado llega, mírelo; no lo aparte de sí ni se aferre a él demasiado.  La experiencia de todos estos años, el dolor y la felicidad, los desastres lamentables y los destellos que en usted suscitó la separación, la sensación de lejanía, todo esto habrá de enriquecerla y agregará belleza a su vida.  Lo que importa es lo que tiene usted en su corazón; y puesto que eso desborda, lo tiene todo, usted es todo.

Esté alerta a todos sus pensamientos y sentimientos, no deje que ninguno de ellos se escabulla sin que usted lo advierta y absorba su contenido.  Absorber no es la palabra, sino ver, ver todo el contenido del pensamiento-sentimiento.  Es como entrar en una habitación y ver todo el contenido de la misma de una sola vez, su atmósfera y sus espacios.  Ver los propios pensamientos y estar atento a ellos, lo vuelve a uno intensamente sensible, flexible y alerta.  No juzgue ni condene, sólo esté muy alerta.  De la separación de las impurezas, surge oro puro.

Ver “lo que es” resulta muy arduo. ¿Cómo observa uno claramente? Un río, cuando se encuentra con una obstrucción, nunca está quieto; el río demuele la obstrucción por su propio peso, o pasa por encima de ella o encuentra su camino por debajo o alrededor del obstáculo; el río nunca está quieto; no puede sino actuar.  Se rebela, si podemos expresarlo así, inteligentemente.  Uno debe rebelarse inteligentemente y aceptar inteligentemente “lo que es”.  Para percibir “lo que es”, tiene que existir el espíritu de la rebelión inteligente.  A fin de no confundirse, se necesita cierta inteligencia; pero uno está generalmente tan ansioso por conseguir lo que desea, que se arroja contra el obstáculo; o se destroza contra él o queda exhausto en su lucha contra él.  Ver la cuerda como cuerda no requiere valor, pero confundir la cuerda con una serpiente y luego observar, eso sí que requiere valor.  Uno tiene que dudar, investigar siempre, ver lo falso como falso.  Uno obtiene el poder de ver claramente, mediante la intensidad de la atención; verá usted que ese poder llega.  Hay que actuar; el río jamás deja de actuar, está siempre activo.  Para actuar, uno tiene que hallarse en estado de negación; esta negación misma trae su propia acción positiva.  Pienso que el problema es ver claramente; entonces esa percepción misma es la que genera su propia acción.  Cuando hay flexibilidad, no existe el problema de acertar o equivocarse.

Uno tiene que estar muy claro internamente.  Le aseguro que entonces todo saldrá bien; sea clara y verá que las cosas se ordenan correctamente por sí mismas sin que usted haga nada al respecto.  Lo correcto no es lo que responde a nuestros deseos. Tiene que haber una completa revolución, no sólo en las grandes cosas, sino en las pequeñas cosas de todos los días.  Usted ha tenido esa revolución, no vuelva a lo de antes, manténgase ahí. Mantenga la caldera hirviendo-internamente.

Espero que haya pasado una buena noche, que la salida del sol a través de su ventana haya sido agradable, y que pueda ver apaciblemente las estrellas nocturnas antes de ir a dormir.  Qué poco conocemos del amor, de su extraordinaria ternura y de su “poder”, con qué facilidad usamos la palabra amor; la usa el general, la usa el carnicero; el hombre rico la usa y la usan el muchacho y la muchacha.  Pero ¡qué poco saben de él, de su inmensidad, de su condición inmortal e insondable! Amar es percibir la eternidad.

Qué cosa extraordinaria es la relación, y con qué facilidad caemos en el hábito de una relación particular, donde las cosas se dan por sentadas, donde se acepta la situación y no se tolera variación alguna; no se da cabida a ningún movimiento hacia la incertidumbre, ni siquiera por un segundo.  Todo está tan bien regulado, asegurado, sujeto, que no hay oportunidad ninguna para la frescura, para un claro soplo revivificante de primavera.  Esto y más es lo que llamamos relación.  Si observamos atentamente, vemos que la relación es algo mucho más sutil, más rápido que el relámpago, más inmenso que la tierra, porque la relación es vida. Nuestra vida es conflicto.  Nosotros queremos hacer de la relación algo tosco, rígido y maniobrable.  Y así pierde su fragancia, su belleza.  Todo esto surge porque no amamos, y el amor, es, desde luego, lo más grande de todo, porque en él tiene que existir la completa entrega de uno mismo.

Lo esencial es la cualidad de lo fresco, de lo nuevo, o de lo contrario la vida se convierte en una rutina, en un hábito; y el amor no es un hábito, una cosa aburrida.  La mayoría de la gente ha perdido la capacidad de maravillarse.  Lo da todo por hecho, y este sentido de seguridad destruye la libertad y la sorpresa de la incertidumbre.

Proyectamos un futuro muy distante, lejos del presente.  La atención necesaria para comprender, está siempre en el presente.  En la atención siempre existe un sentido de inminencia.  Tener claridad con respecto a las propias intenciones implica una tarea muy ardua; la intención es como una llama, instándolo a uno incesantemente a comprender.  Sea clara en sus intenciones y verá que las cosas salen bien.  Tener claridad en el presente es todo lo que se necesita, pero no es tan fácil como suena.  Uno tiene que desbrozar el campo para la nueva semilla, y una vez que ésta se planta, su propia fuerza y vitalidad crean el fruto y la semilla siguiente.   La belleza externa jamás puede ser permanente, se estropea siempre si no existe el deleite y la dicha internos.  Nosotros cultivamos lo externo, y prestamos muy poca atención a lo que ocurre bajo la piel; pero lo interno se impone siempre a lo externo.  Es el gusano dentro de la manzana el que destruye la frescura de la manzana.

Se requiere gran inteligencia para que un hombre y una mujer que viven juntos se olviden de sí mismos, no se sometan el uno al otro ni se dominen mutuamente.  La relación es la cosa más difícil que hay en la vida.

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Vida y Muerte de Krishnamurti

Vida y Muerte de Krishnamurti

Mary Lutyens.- Editorial Kier

Con la muerte de Krishnamurti en 1986, a la edad de 90 años, la autora pudo completar sus penetrantes libros sobre este hombre extraordinario. Solamente ahora, en esta biografía de un solo volumen, ella ha podido abarcar la vida de Krishnamurti desde una perspectiva precisa. En un relato breve pero cautivante, busca comprender su muerte (y la Muerte en sí misma) basándose en las propias palabras de Krishnamurti sobre el tema.

Habiéndole conocido desde la época en que él llegó por primera vez a Inglaterra como un nuevo Mesías bajo la protección de la Sociedad Teosófica con la que rompió dramáticamente en 1929 nadie mejor calificado que la autora para abordar la vida de Krishnamurti en su totalidad y para buscar una respuesta a la pregunta: Quién es o qué era Krishnamurti? El fue específico en cuanto a lo que no era: no era un gurú y deploraba la existencia misma de la relación gurú-discipulo; no era el líder de ninguna organización religiosa; al contrario, sostenía que todas esas organizaciones eran barreras para la verdad y que todo lo que tenía que decir era igualmente válido para todos. Su propósito era liberarnos de todo cuanto nos impide descubrir la verdad por nosotros mismos. El buscaba traer comprensión, no consuelo. Una filosofía austera pero sutil, que estimuló a centenares de miles de personas en muchas partes del mundo, con la que procuraba generar una completa transformación psicológica como el único medio de terminar con la violencia y el dolor.