Las Etapas de la Meditación

Las Etapas de la Meditación

En la meditación distinguimos nueve etapas:
1.- Correcta conducta (Yama y Niyama)
2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital (E 7) que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente (hombre cuatro), quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes de la raza, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada (hombre cuatro), pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada. Depende del Rayo de la personalidad y lo determina el instructor.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser)). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia (física quántica) trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey

Extractado por Farid Ázael de
Apuntes de Clases por Correspondencia
de la Escuela Arcana de Buenos Aires.

El cuerpo en la Meditación

El cuerpo en la Meditación

Cualquiera que esté interesado en la meditación debe pensar en el cuerpo, porque el Hermano Asno no permitirá que lo ignoren. Pocas son las áreas de la experiencia humana donde la interacción de mente y cuerpo sea tan importante y tan delicada como aquí.

Al acercarnos a las religiones orientales, la atención que se pone en el cuerpo llama mucho la atención. Es con el cuerpo que todas las cosas comienzan, y la meditación es un arte que enseña el uso de los ojos, pulmones, abdomen, espina dorsal, etc. Además es importante el lugar de la meditación, que esté impecable, que sea una habitación tenuemente iluminada o un espacio ampliamente abierto. Y por supuesto, la meditación es buena para la salud física y mental. Puede ser que en un templo Zen les digan que el sazen los hará más resistentes al resfrío y la gripe, y que, mediante una práctica constante, tendrán una mayor oportunidad de supervivencia frente a la amenaza de la contaminación ambiental.

Una vez asistí a una convención sobre meditación en un templo Zen cerca de Kyoto. Unos expertos hablaron de Yoga, de Budismo Esotérico y de Zen. Nos sentamos silenciosamente en el gran salón de meditación y también hicimos ejercicios de yoga, esmerándonos según nuestras habilidades. Estos fueron una preparación para una posterior entrada en samadhi, y realmente creo que pueden ser sólo eso. Oímos charlas acerca de la técnica de la meditación, como tensar y relajar, como sentarse y todo eso. Uno de los expositores hizo un gran diagrama del cuerpo humano en el que explicaba los chakras, – esos centros de energía psíquica de que habla el yoga – la circulación de la respiración a través del cuerpo, y todo lo demás. Al final de cada meditación cantábamos al unísono: Om, shantih, shantih !

Lo más sorprendente del encuentro fue la carencia de una fe común. Nadie parecía siquiera levemente interesado en lo que cualquier otro creyera o no creyera, y nadie, hasta donde yo recuerdo, mencionó tampoco el nombre de Dios. Era sólo meditación, y sólo fueron tratados los aspectos físicos. Sin embargo, éstos se discutieron con gran detalle, incluyendo hasta el impacto de la meditación en la vida sexual.

Yo era el único conferencista cristiano, y, francamente, estaba un poco perplejo. Sentía que cualquier cosa que pudiera decir sería irrelevante. No podía decirle a nadie cómo pararse sobre la cabeza o cómo tensar sus bíceps, y era difícil hablar de Dios en esa reunión. Porque puede uno hablar de meditación cristiana sin referirse a Dios ? Finalmente me conecté con uno de los conferencistas que insistía en que la meditación, lejos de detenerse en el cuerpo, debía irradiarse hacia el mundo del espíritu y hacia las dimensiones cósmicas de la realidad. Este fue el mayor acercamiento a Dios en toda la reunión.

En conjunto aprendí un montón de cosas en este encuentro. Fue un agradable y provechoso fin de semana, estropeado sólo por el hecho de que un compañero roncó toda la noche en nuestro dormitorio comunitario, no dejándome pegar un ojo. A los otros no parecía importarle mucho. No hay duda que eran mejores yoguis que yo. O quizás tenían mejores nervios.

Los cristianos deberían pensar más acerca del rol del cuerpo en la oración. Después de todo, hay mucho que decir en los comienzos de la meditación, que es donde ustedes están. Esta es una verdad dirigida a la gente moderna. Muchos pondrán en duda la existencia de Dios y la existencia de la vida después de la muerte, pero sólo los extremistas cuestionarían la existencia de sus propios cuerpos. Entonces por qué no empezamos con algo en lo que ellos crean, y a través del cuerpo salimos hacia el Cosmos y hacia Dios ? De esta manera la meditación puede ser enseñada a gente que tenga poca fe, a aquellos que están perturbados por su conciencia o por el temor de que Dios esté muerto. Este tipo de gente siempre puede sentarse y respirar. Para ellos la meditación se convierte en una búsqueda, y yo he encontrado, en mi escasa experiencia en nuestra sede en Tokio, que la gente que comienza a explorar de esta manera eventualmente encuentra a Dios. No el Dios antropomórfico que ellos han rechazado, sino el gran Ser en quien vivimos, nos movemos y somos. Pero el cuerpo es lo primero, Dios viene al final.

Es un hecho que la oración occidental no es suficientemente visceral, que está más preocupada con el cerebro que con las capas más profundas del cuerpo, que es donde se general el poder para acercarse a lo espiritual. Pero ahora podemos estudiar los aspectos físicos de la meditación incluso científicamente, gracias a los experimentos realizados en lugares como la Universidad Budista Komazawa. Ahí tienen instrumentos para detectar las condiciones físicas de las personas dedicadas al Zen. Los estudiantes miden la respiración, el ritmo cardíaco, los movimientos oculares, el metabolismo, el equilibrio, las ondas cerebrales, y todos los demás aspectos. En los Estados Unidos están siendo llevados a cabo experimentos similares, y eventualmente estos estudios pueden generar algunas sugerencias acerca de las condiciones ideales para la meditación en relación con la dieta, postura corporal, entorno físico, etc. Sobra decir que estos estudios se vuelven un poco ridículos cuando uno se encuentra con personas con pequeños artefactos para medir la onda alfa. Pero los absurdos se encuentran en todas partes y no pueden ser impedidos. Además, estos estudios científicos no deben conducir al burdo materialismo. Una vez, mientras visitaba la Universidad Komazawa, pregunté al profesor encargado si él podía apreciar la profundidad del Zen de la gente. No, no podemos medir el Zen -respondió porque la mente es un misterio. Todo lo que podemos medir son sus repercusiones físicas. Me interesó oírle hacer esa distinción.

Aquí yo podría agregar entre paréntesis que el Zen no pretende ese minucioso control del cuerpo que ha hecho tan famoso al Yoga. En general, el Zen rechaza de plano cualquier cosa que huela a mágico o extraordinario. Desprecian estos fenómenos y los miran como distracciones peligrosas en la senda de la experiencia sin imágenes que es el satori. Los fenómenos extraños se engloban en el nombre genérico de makyo, que literalmente significa el mundo del demonio, pero que se aplica a todas las formas de ilusión en el Zen. A este respecto, es bastante saludable y está liberado de los abusos encontrados en otras formas de misticismo. La doctrina de rechazo a los fenómenos extraños es muy similar a la de San Juan de la Cruz. Nuevamente es la nada, nada, nada. Uno no debe ser distraído de la meta por fenómenos físicos o espirituales de cualquier tipo.

Volviendo al cristianismo, encontramos que la tradición en occidente dice más acerca del cuerpo de lo que es generalmente reconocido hoy en día. Solía ser axiomático – y en mi opinión aún lo es – que si ustedes querían llevar una vida de meditación debían controlar sus ojos, oídos, lengua, manos y manera de caminar. A todo esto se le solía dar el nombre general de modestia, una virtud de la cual no se oye hablar mucho hoy. Se le da mucha importancia en el Zen, aunque se describe en forma diferente. Se puede agregar, sin embargo, que la tradición cristiana dice que la meditación transforma el cuerpo haciéndolo hermoso. Esto se debe a que la gloria interna proveniente de la oración contemplativa no puede sino traspasar y penetrar el cuerpo.

Uno se acuerda de Moisés descendiendo de la montaña. Tan luminoso y glorioso era el regocijo que inundaba su semblante, que quienes lo esperaban no pudieron mirarlo y le rogaron que usara un velo, porque la real gloria de Dios irradiaba de la faz del gran israelita.

Probablemente la mayoría de nosotros, una que otra vez, hemos encontrado personas que participaban de esa belleza corporal transfigurada. Para las exigencias televisivas pueden ser más bien feos – ningún auspiciador soñaría con usar sus caras para vender pasta de dientes o jabón – pero la gloria de la oración penetra sus cuerpos como penetró el cuerpo de Moisés. También supongo que este es el tipo de belleza a la que curas y monjas deberían aspirar, ahora que la cambiante cultura los hace modificar su forma exterior de vida y vestuario. Podría ser una buena idea el que, en vez de mirar hacia París y Londres, miráramos hacia Moisés y el Exodo en busca de un ideal de belleza que podría ayudar al hombre moderno en su búsqueda de la verdad.

Como sea, mientras la tradición cristiana ha confirmado la belleza conferida al cuerpo a través de la meditación, ha sido más bien lenta en el uso del cuerpo como forma de lograr el samadhi. De nuevo podemos aquí aprender del oriente; y para ilustrar el rol del cuerpo me gustaría referirme a un pasaje del Bhagavad Gita. Este clásico texto no es, por supuesto, ni Zen ni Budista, aunque parece tener una considerable influencia Budista. Pero me atrae mucho. Estoy muy estimulado a usarlo luego de la lectura de un libro del Profesor R.C. Zaehner, quien insiste en que cualquiera que intente establecer un puente sobre la brecha entre Zen y Cristianismo no puede permitirse ignorar el Gita, que es uno de los grandes eslabones entre el oriente y el occidente.

En la sexta parte del Gita, se dice al yogui que debe integrarse, permaneciendo aparte, solo y en completa renunciación, exento de esperanza terrenal, de posesión alguna. Después viene una descripción de la meditación.

Me gustaría referirme brevemente a tres puntos. Primero, el énfasis en el lugar. Este debería ser limpio y ordenado, ni muy alto ni muy bajo. También en el Zen el lugar es de la mayor importancia. Cuán maravillosamente eligió Dogen el lugar de su monasterio, alejado en una región campestre y sumergido en un profundo silencio. El templo Zen otorga gran importancia a la proximidad de la naturaleza, al sonido del río o la cascada, a los jardines japoneses y todo eso. La meditación, después de todo, no es realizada por un espíritu inmaterial sino por un hombre con un cuerpo humano.

Hoy en día, no obstante las interminables conversaciones acerca de ecología y medio ambiente, el cristianismo occidental ha dado una escasa muestra de ecología en recintos religiosos. Quiero decir que nuestras iglesias cristianas, y especialmente aquellas recientemente construidas, son verdaderamente malos lugares para la meditación. Las antiguas iglesias católicas tenían más que decir al respecto porque al menos tenían un centro – un tabernáculo ante el cual pendía una lámpara roja – y éste proveía un foco de atención para los ojos, y había atmósfera y calidez. Cualquiera que sepa algo de meditación reconoce que se necesita un lugar para enfocar los ojos; si sus ojos empiezan a vagar están perdidos. El viejo tabernáculo era útil a este propósito y nada ha tomado su lugar. Creo que mucha de esa gente analfabeta que se arrodillaba por horas ante el tabernáculo, caía rápidamente en samadhi. Aquellos eran místicos, tan iluminados como cualquier roshi, y ha habido miles de ellos en el mundo. Pero me pregunto si serán capaces de meditar así de bien en las iglesias actualmente disponibles para ellos. Me pregunto si la gente que construyó estas nuevas iglesias pensó alguna vez en la meditación o si tuvo alguna experiencia de ella. Y lo mismo es verdad para los monasterios y conventos. Me gustaría saber cuánta preocupación es dedicada actualmente a la ecología de este asunto: la relación entre edificios y oración, entre galerías, capillas y oración.

El segundo asunto que me gustaría destacar de esta cita del Gita es la magnífica postura. La espalda está derecha, los ojos están fijos en la punta de la nariz o entre las cejas; no hay miradas en torno. Más adelante en el Gita, el sosiego de la mente es comparado con una llama en un sitio sin viento. Este es un delicado símil, porque esta meditación tiene todo el poder y toda la quietud de la llama que se yergue en un lugar donde no hay brisa. Y todo esto conduce al regocijo y a la total ausencia de temor. Es sostenido por el voto de castidad, el voto del brahmachari que es celibato y castidad.

El Silencio

El Silencio

El silencio es un objetivo, un método, un estado de consciencia, una metáfora y un camino. Mientras el silencio es muchas cosas en muchos tiempos, es por lo menos una metáfora y como todas las metáforas puede eventualmente ser subestimada. El término silencio, como muchas otras palabras o conceptos, permite conocer la geografía de la atención siendo un indicador para este tema en particular. Pero como la balsa de la que Buda habla, que es útil para atravesar el río, pero la que debe más tarde ser abandonada al llegar a la otra orilla; es así como el silencio puede ser utilizado mientras sea necesario, pero inevitablemente debe ser abandonado.

Al alcanzar niveles superiores de consciencia, uno va encontrando distintos tipos de silencio. Hay un silencio interior y uno exterior, y uno que trasciende el interior y el exterior, un silencio de la respiración, un silencio del cuerpo, un silencio sin palabras y un silencio cuando el mundo está quieto, un silencio donde no hay sonido y un silencio que puede ser escuchado, un silencio que es un pasaje al vacío y un silencio de la mente en que no hay pensamiento. Hay un silencio que es una respuesta, un silencio que es más verdadero que las palabras. Esto hace recordar el pasaje de Lao Tsé: El que sabe no habla: el que habla no sabe. Hay que tener precaución de no darle a las palabras un significado que no tienen. Es difícil no ver la doble ironía al hablar del silencio. Parte de la enseñanza del Vajrayana Tibetano es que la verdad es lo que se experimenta y se adquiere por el que ha logrado el estado de iluminación. El resto de nosotros sólo puede destacar, hacer algunos gestos y tratar de compartir algunas reflexiones acerca del silencio.

Qué es lo que hacemos cuando buscamos el silencio durante la meditación? Desde un punto de vista práctico, la primera impresión es que se requiere de la calma para lograr el silencio. Suponemos que el silencio no se encuentra en medio de los sonidos distractores. Es al mismo tiempo muy claro de que el silencio no se encuentra sólo por la virtud de encontrarse en un lugar calmo.

Sin embargo, a pesar de que no existe un lugar sin sonido alguno, los sonidos pueden estar presentes y al mismo tiempo no ser escuchados. El sonido que produce nuestro organismo, por ejemplo, puede ser eliminado una vez que se ha incorporado como un sonido basal. Estímulos perceptivos, ordenados y organizados de cualquier tipo pueden fácilmente convertirse en este trasfondo. El factor interés o la necesidad de obtener información de estímulos perceptivos están relacionados con su irregularidad, y de cuanto se alejen del medio ambiente. Uno puede, por ejemplo dormir con el ruido de la calle, del viento, de su propia respiración, etc., y a ninguno de los cuales le presta atención ni los escucha. Pero unos pasos al otro lado de la puerta, o el llanto de un lactante – fuera de lo común – capta inmediatamente nuestra atención.

En una etapa muy temprana de la meditación, logramos que el silencio del medio ambiente tenga mucho menos importancia, pues el que nos interesa lograr es el silencio de nuestra mente. El silencio externo no nos brinda automáticamente un silencio interno. Sin embargo, es muy común que, hasta que dejemos de identificarnos con las distracciones que vienen del medio externo, no estaremos dispuestos a luchar con las distracciones que se producen en nuestro interior. Es así como iremos descubriendo las incesantes escenas internas que cambian, los diálogos, el chicharreo mental, el ruido, etc. Es difícil describir esta actividad con un término en particular, pero términos tales como imaginación mental y diálogo interno nos pueden servir siempre que se usen con la precaución de su real significado. Como imaginación mental primero la entenderemos como una actividad que carece de contenidos verbales y que aparecen en forma de sentidos, por ej. visuales, auditivos, olfatorios, gustatorios, táctiles, imágenes kinestésicas, sensaciones, impresiones, recuerdos, etc. Como diálogo interno se sugiere la constante actividad verbal de nuestra consciencia, ej. el hablarnos internamente a nosotros mismos, el repetir una y otra vez las conversaciones que ya se produjeron o anticipar las que tendremos en el futuro, el darnos instrucciones, consejos, sugerencias, etc.

La noción platónica de que el pensamiento es un diálogo silencioso con uno mismo y que, a pesar que esto, puede conducir a más equivocaciones que ayudas, tiene algo de verdad. Mucha de nuestra actividad mental es a primera vista de naturaleza verbal. Esto se vuelve especialmente claro cuando uno comienza con la práctica de la meditación. Cuando nuestra concentración se vuelve difusa, o la atención divaga durante la meditación, significa que nuestra mente está ocupada con el diálogo. Cuando la atención vuelve, uno toma consciencia que ha estado teniendo conversaciones con uno mismo. Hay un flujo continuo de palabras, conversaciones, reales o imaginarias acerca de eventos o cosas que nos han ocurrido, también reales o imaginarias. Estos aspectos se repiten, revisan, investigan, una y otra vez hasta que nos cansemos o finalmente las pongamos de lado al darles una forma que preserve nuestra integridad o nos proporcione una situación personal aceptable. Nuestro diálogo interno reafirma o destruye nuestra confianza, nos señala qué hacer, o lo que no queremos escuchar, convierte cosas desagradables en placenteras y viceversa; en general arregla nuestro mundo en nuestra mente para transformarlo en nuestra imagen de él, aunque esta imagen sea bonita o fea, positiva o negativa. Al parecer, la mente no puede estar en silencio. Continuamente combina una y otra vez pedazos o trozos de diálogo, y salta de objeto en objeto con una curiosidad continua. Incluso si esta actividad está acompañada de abundante imaginación, no hay un descenso del diálogo interno, el que continúa trabajando proporcionando comentarios verbales y evaluaciones adicionales.

La continua actividad de la mente, a veces sorprende en cuanto a su intensidad, y no es particularmente problemática, a no ser de que uno trate de suspender este diálogo. En ese momento, nos damos cuenta que él es de naturaleza involuntaria. A medida que tratamos de relajarnos y dejar descansar a nuestra mente de este diálogo, vuelven a aparecer las palabras desordenadamente, como si estuviéramos involuntariamente deslizándonos hacia atrás, hacia una consciencia somnolienta. Detrás o debajo de cada diálogo pareciera que nos espera otro nivel de diálogo. Si nuestra intención es suspender la verbalización interna, la sola intención de no verbalizar, ya está siendo verbalizada. Relájese. Deje que el diálogo interno se detenga. No se necesita verbalizar, omita las palabras. Más diálogo, esto no es el final, si uno simplemente resuelve no verbalizar las instrucciones, o compulsivamente verbaliza que esto ha sido resuelto. El proceso de verbalización y metaverbalización puede, en principio, suceder indefinidamente nivel por nivel, cada nivel permaneciendo lógicamente diferente del nivel precedente. Subjetivamente estos saltos pronto se mezclarán unos con otros. En este punto, el silencio parecerá más lejano que nunca.

La noción de que existen niveles de verbalización son, en principio, concordantes con nuestra experiencia. El procedimiento es de aquí en adelante obvio, se irán deshaciendo en capas hasta que el silencio aparezca. Nos vendrán a la mente variados métodos para ayudarnos a ello. Por ejemplo, yo recuerdo que una vez tratando de hacer esto mediante el desvío de mis energías, lo que sucedía era que éstas mantenían el diálogo interior pero de otra situación. En mi situación personal, los mantras han producido el efecto de brindarme calma. Si yo me concentro en un mantra, entonces la capacidad de entrar en un diálogo interior va a estar limitada en energía o, por lo menos, las energías se van a focalizar alrededor del mantra. Sin embargo, mientras yo me concentraba en el mantra, me lo decía en voz alta o me daba cuenta que el diálogo interno se estaba produciendo en forma muy vívida, a pesar de que estaba siendo modificado para acomodarse al mantra. Más aún, en este momento se producía un flujo continuo de instrucciones que decían hazte uno con el mantra para evitar la verbalización y relajarte. En otros momentos, el dialogo interno estaba relacionado con las conversaciones y observaciones sin tener nada que ver con el mantra o el intento de eliminar la verbalización. Fue bastante desconcertante descubrir que la voz interna, con sus comentarios e instrucciones, no suelen verse afectadas por el mantra. En este punto se me ocurrió la idea de verbalizar la voz interior y el mantra. Con un poco de práctica, fui exitoso en escuchar el mantra cantado en forma armónica por dos voces distintas, la interior y la exterior. Para mi sorpresa, encontré que, en adición al canto interior, había otro nivel de diálogo que muchas veces se unía en proporcionar instrucciones, regaños, avisos, etc., y que en otras ocasiones estaba totalmente ocupado de otros temas no relacionados. Mientras con dificultad trataba de escuchar esta nueva voz, con reticencia me daba cuenta de que esta aproximación era inútil. No solamente estas varias capas se empañaban y se confundían sino que, además, tendían a aparecer, sin que yo me diera cuenta. con una voz nítida y clara que comentaba sobre las dificultades y las confusiones de las otras voces.

Fuera de ser inútil esta aproximación, se basa en un débil modelo. La idea de que se pueden ir arrancando las capas de verbalización de la misma forma como se pelan las capas de una cebolla, resulta ser equivocada. A diferencia de las capas de la cebolla, las cuales se pueden contar, las capas que existen en el dialogo interno son infinitas. Como lo mencionamos anteriormente, a pesar de que las diferentes capas se homogenizan, psicológicamente hablando, desde un punto de vista lógico cada una mantiene su propia identidad. Entonces, mi falla para penetrar en la capa final del diálogo, más atrás del cual está el silencio, es más fácilmente examinable desde una perspectiva lógica más que desde una psicológica. La razón de nuestra falta de capacidad para penetrar exitosamente los niveles de diálogo no está en que uno no tenga las habilidades, o no haya desarrollado suficientemente determinadas facultades, sino que el proyecto en sí tiene fallas. Si, por ejemplo, uno no puede visualizar a través de la vista interna, en forma precisa, una pintura compleja y detallada es porque nuestras capacidades de visualización no se han desarrollado suficientemente. Pero si uno no puede visualizar un circulo cuadrado, el problema no es de habilidades, sino que de la imposibilidad de llevar a cabo una tarea cuya descripción es inconsistente o incluye una contradicción. Para embarcarse en un proyecto de ese tipo hay que ser ciego al hecho que el objetivo es inconsistente de acuerdo con el método descrito para obtenerlo, o es completamente contradictorio.

Yo he procedido como si el silencio, o la mente en su estado natural manifestada a través del silencio, fueran algo separados de mi mismo. Yo como sujeto he encontrado el objeto de mis esfuerzos, mediante haber completado la remoción de las diferentes capas de diálogo. He estado buscando, tratando de ubicar, alcanzar, o descubrir algo. No me di cuenta que mientras haya alguien que esté desojando las capas y algo que sea deshojado, y mientras haya alguien que está trabajando y algo sobre lo que se esté trabajando, siempre habrá un otro más allá del último algo que alcanzamos. Esto es simplemente otra forma de decir que las categorías del sujeto y sus objetos son ilimitadas. El problema puede ser presentado de tal forma que sus contradicciones inherentes sean obvias. Obtener el silencio pasando más allá del último miembro del conjunto que llamamos el sujeto y sus objetos, es imposible porque se trata de un conjunto que no tiene un último miembro. Una vez que se ha tomado consciencia que el silencio no se descubrirá más atrás del último componente de una serie infinita, se puede ver que no se puede proceder a través de la relación sujeto-objeto. Sujeto y objeto per se deben ser trascendidos. Uno no puede alcanzar, encontrar, lograr, ubicar, o aproximarse al silencio excepto transformándose en él. Uno debe ser el silencio.

Búsqueda de la Visión Interior

Búsqueda de la Visión Interior

La persona estudia la naturaleza de la materia y descubre que es una manifestación de la Mente. No tiene dicotomías. A través de la reflexión sobre la mente sabe que las explicaciones de la evolución universal son ciertas sólo desde el punto de vista relativo. Que todo son manifestaciones mentales, procesos, energías, principios, substancias. Así alcanza la comprensión de la unidad suprema de todas las cosas, impidiendo que cualquiera apariencia contraria lo aparte de esa concepción. Está convencido del hecho de que en cada aliento y cada pensamiento él está participando en la construcción de este universo en una tarea común con la Mente Universal.

Después que el vacío se llena con la presencia del Puro Pensamiento, el hombre vuelve a los contenidos de la consciencia normal sin sentir que cruza un abismo de diferencias, con el resultado de que tiene menos dificultades para establecer un vínculo de continuidad y armonía con relación a sus experiencias previas. Su atención reflexiva se dirige a su vida activa cotidiana, tanto en relación con su pensamiento cuanto a cualquier acto que realice su cuerpo. Disciplina su consciencia, para mantener la idea corporal sin identificarse con ella, para funcionar por medio de los cinco sentidos sin dejar de funcionar en la Mente Infinita.

A medida que continúa uniendo la reflexión metafísica con la contemplación mística, surge dentro de él una nueva facultad que no tiene las limitaciones del intelecto razonador ni la parcialidad emotiva del rapto místico. Es superior a ambos. En sánscrito se llama a este estado de consciencia “aquello que está lleno de todo”.

Esto provoca una iluminación que va más allá del yoga común. Se produce una elevación de toda la naturaleza del aspirante. Pero a pesar de la repentina aparición de esta visión interior hace falta tiempo para que alcance su madurez. Hasta no llegar a una etapa continua, natural, alcanzada sin esfuerzo, no ha llegado al grado final.

Este estado carente de esfuerzo sólo se produce después de un largo noviciado. La consciencia Trascendental sólo se manifiesta manteniendo constantemente enfocada la Realidad a lo largo de todo el día. Se debe mantener el estado de alerta como proceso ininterrumpido de armonización de la Mente no manifestada, con sus ideas siempre presentes.

Al estabilizarse en forma permanente de día y de noche, el hombre habita en su unidad inquebrantable. Acerca su conocimiento de la Realidad a su vida terrenal cotidiana. Con este logro se completa su entrenamiento ultra místico. El pensar ahora es una actividad iluminada, no podrá dejar de ser un sabio. Ya sea despierto o dormido, ese hombre está sostenido por su enigmática trascendencia.

El concepto de esta visión interior, trascendental, hace comprender que la existencia cotidiana del hombre es en sí misma importante y milagrosa, como en cualquier partícula en donde no está ausente la existencia Unica. Esta visión del carácter fundamental de toda existencia no es nada más que la natural inteligencia del ser humano desarrollada hasta sus máximos límites.

Conocimiento, meditación y trabajo altruísta, constituyen la sagrada trinidad que proporciona al hombre su iluminación. La forma correcta de realizarlas es con armonía consciente, al mismo tiempo y con el mismo fin. Así, la sabiduría surge de la totalidad de la experiencia vital. Estas cualidades al fusionarse producen la visión interior. No se debe ni puede eludir la integración armoniosa de estas tres etapas. Deben concretarse con amor e inteligencia, con fe y voluntad, a través de la práctica sistemática de la meditación.

La Gracia se puede manifestar de innumerables maneras las que son afectadas por la concepción espiritual de quien la ha experimentado. La visión interior que se busca puede sobrevenir como un rayo de súbita iluminación. La meditación no provoca la visión interior, sólo plasma las condiciones necesarias para atraerla. No se deben tomar los medios por el fin, si fuera así nunca se encontrarían los objetivos.

Todas las técnicas se crearon con el propósito de abrir la puerta a la visión interior. El estudiante debe conservar un criterio flexible, puro, no dogmático. No se debe practicar una técnica o rendir culto a una doctrina por sí misma. Debe comprender que la nueva consciencia que surge gracias a esa técnica sirve para darle mayor vida y libertad, y esto sucede cuando nos desapegamos de nuestras posesiones y concepciones y no cuando nos atamos.

Cualquier método yoga inicialmente requiere aquietar la mente y éste no escapa a ese requerimiento. Por lo tanto, habiendo aprendido a aquietar la mente, la persona puede continuar con los ejercicios que detallamos a continuación. No debe practicarlos todos, sino alternadamente, durante semanas o meses, media hora o una hora en la mañana y en la tarde. Deben realizarse regularmente. Esta meditación puede “aparecer” en momentos insospechados de la vida activa de la persona. En tal caso, debe abandonarse lo que se está haciendo, concentrando la atención hacia dentro, para aprovechar la dulce serenidad y reflexionar inteligentemente sobre ella. No se debe adoptar una actitud mecánica ni pedante. Es algo muy misterioso que se refiere a la existencia interior, sin embargo, no está apartado de la existencia exterior. Cualquiera puede lograr este fin si realiza la tarea con inteligencia y comprensión, de manera correcta, y si aparece el influjo de la Gracia.

Meditación sobre el sol

Ayuda a purificar las actitudes centradas en sí mismo y a provocar un descenso de la Gracia desde el Yo Superior. Es una práctica simple, pero su valor es incalculable. Es una invocación humilde y un saludo a aquel poder supremo que se ha manifestado en la forma de este universo, es un reconocimiento de la unidad del hombre con la Naturaleza. La luz es el primer estado de la materia, es la primera energía emanada de Dios.

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Este ejercicio se relaciona con la aparición y desaparición del sol en el cielo. En el atardecer y en el amanecer, se producen determinadas fuerzas místicas que ayudan al hombre a la comunión con la Naturaleza. Debe realizarse todos los días del año, la primera práctica es dentro o fuera de la casa, en un sitio aislado, con el rostro vuelto hacia el este en la mañana y al oeste en la tarde. Si lo practica dentro de la casa, debe estar frente a una ventana que le permita ver el sol o sus rayos. La persona debe sentarse con los pies bien apoyados en el suelo y las piernas ligeramente separadas, no cruzadas.

El estudiante debe contemplar la salida o desaparición del sol en el cielo, alejar sus pensamientos y concentrar su atención en lo que está contemplando. Los rayos de luz deben penetrar en el cuerpo a través de los ojos. Absorbidos de esta forma ayudan a la salud física, al restablecimiento de la energía perdida, a la purificación de un nocivo carácter emocional, al apaciguamiento de un corazón preocupado y, además, posee la virtud de desinfectar los sitios insanos.

En la segunda etapa, debe sumergirse en una profunda pausa interior, igual que el sistema solar lo hace por unos instantes, para sentir lo que realmente está ocurriendo dentro de la gran existencia de la cual él es un fragmento. Así como el sol del amanecer ilumina el mundo físico, así también el Sol que está detrás del sol, la luz mística de la Mente Universal, ilumina el mundo mental del hombre, siempre que esté presente y en estado de consciencia pasiva para recibir ese poder.

En la tercera etapa, el estudiante procurará moverse al compás de la luz del amanecer o del atardecer, hasta abarcar todo el planeta, igual como lo hace ella. Para realizarlo debe imaginarse como un ser desencarnado y sólo mental, e identificarse empáticamente con la vida de todos los seres de todos los reinos de la Naturaleza. Debe sentirlo vívidamente con fe y convicción. Así ejercita su creencia de que es mente y no materia, refuerza su relación con el resto de la vida cósmica y comprende que su propia vida tiene una sublime significación.

Reconoce la meta de esta etapa, cuando el entorno se desvanece, cuando su atención se vuelve totalmente hacia dentro absorbido por el maravilloso estado de espíritu así invocado y cuando se siente integrante de ese ser universal. Cuando “sienta” amor como respuesta a esa relación, debe dejar de absorber ayuda del Todo para trasladarla compasivamente a los demás. En su imaginación deberá ver a sus semejantes bañados por la luz y sublime paz que lo embarga a él.

Primero, sus esfuerzos se deben dirigir a sus seres más queridos y a todos los seres a quienes desea ayudar y hacia toda la humanidad. Además, deberá pensar en quienes sean hostiles a él, los que se presentan a él como maestros, porque el papel que cumplen es el de poner de manifiesto sus propias faltas. Si los que lo atacan exageran injustamente los hechos o los falsifican deshonestamente, el Karma entrará en juego, produciendo el sufrimiento y purificación necesarios. El estudiante puede desearles su desarrollo moral interno, no es necesario que les dedique su amor.

El ejercicio se concluye con una plegaria personal, en silencio, dirigida al Yo Superior. El ejercicio del amanecer es mejor que se utilice para pedir fuerza, luz, verdad, comprensión, inspiración y ayuda material. El del atardecer, para pedir paz, calma, libertad, altruismo y oportunidad para realizar servicio. Esta meditación se relaciona con el acto de la plegaria y con la difusión de la gracia.

Meditación sobre el pasado

Debe practicarse por la noche antes de dormir, permaneciendo en la cama con las piernas estiradas, sin cruzarlas. Debe rememorar los principales acontecimientos del día, comenzando desde ese mismo momento, e ir retrocediendo en el tiempo con todas o las principales experiencias, sentimientos e ideas. Debe tratar de revivir también los sueños que tuvo la noche anterior. Termina este ejercicio, cuando logra verse acostado, a punto de dormirse la noche anterior.

Es recomendable pensar en imágenes intensamente vívidas para favorecer la concentración. Lo esencial es ver el propio cuerpo en actividad como si se tratase de otra persona. Todos sus actos, pensamientos, actividades, debe verlos con imparcialidad, debe adoptar una actitud de desapego que le permita poner en evidencia sus complejos inconscientes y sus motivos ocultos, ver críticamente sus propios sueños, actos, etc., de acuerdo con las exigencias éticas e intelectuales más elevadas. Es una práctica muy importante en la enseñanza ocultista.

Este ejercicio requiere imaginación creativa, tanto para permitirle recordar su pasado, cuanto para permitirle esta bifurcación de la consciencia, así se crea un medio efectivo para el auto mejoramiento. Al purificar sus motivaciones, educará sus emociones, fortalecerá el poder de la voluntad y mejorará su capacidad mental.

El estudiante va comprendiendo entre meditación y meditación que el día pasado ahora sólo es un recuerdo y, por lo tanto, una forma mental. Cada cosa que ve, incluso él mismo, todo es una serie de formas mentales. Comprende que la mente constituye todas las cosas, porque ahora contempla en esa mente todo lo que antes consideraba que estaba afuera. No se trata de que las formas particulares objetivas del ser se desvanezcan, sino que el ser mismo de esas cosas entra en una extraña relación íntima con el ser del estudiante, en un misterioso punto central en su interior.

El propósito final de este ejercicio, es el de despertar en el estudiante la consciencia del observador oculto. Sentirá intermitentemente que hay dentro de él algo que es diferente de los sucesos pasajeros mismos, que es el Testigo imperturbable de dichos acontecimientos y sentirá una y otra vez el indescriptible desapego que le advierte que algo supra terrenal habita en su interior.

Una meditación sobre el futuro

Los momentos previos al dormir son importantes, porque tienen el poder latente de transformar la existencia mental, moral y física del hombre. Para quien esté empeñado en la búsqueda del Yo Superior, son aún más importantes, porque además tienen el poder latente de transformar su consciencia.

Acostado, debe reflejar lo que su mejor yo desea que él piense y haga; debe visualizarse con cualidades específicas morales y mentales, poniéndolas en práctica. Imaginar cómo reaccionará correctamente en sus contactos con las personas. Debe hacerlo como si fuera un espectador indiferente que observa impertérrito su personalidad. Los resultados obtenidos se medirán por la intensidad con que se presenten en su consciencia estas imágenes, junto con la calma absoluta de los sentidos.

Importancia de la Meditación frente a la Ciencia Moderna

Importancia de la Meditación frente a la Ciencia Moderna

Condúceme de lo irreal a lo Real,
de la oscuridad a la Luz,
de la muerte a la inmortalidad.

Es frecuente en estos días que los maestros espirituales y los religiosos miren en menos a la ciencia, pero yo no estoy de acuerdo con ellos. Si no tenemos electricidad para iluminar esta sala, no creo que alguien viniera a escucharnos. No podemos viajar de un lugar a otro sin automóvil, tren o avión. La ciencia tiene un lugar en nuestras vidas y, condenándola, no enseñamos religión. Las ciencias físicas son necesarias para
el hombre moderno y este no puede llevar a cabo sus tareas sin la ayuda de ellas. Así como las verdades religiosas, filosóficas y místicas son importantes para el desenvolvimiento de la vida humana, también los logros científicos son medios necesarios para nuestra vida externa.

Existen dos ciencias diversas. Una es llamada ciencia física y la otra es llamada la ciencia de la consciencia. La ciencia física descubre las grandes leyes de los aspectos del universo, mientras que la ciencia de la meditación descubre los estados internos de la vida humana.

El hombre es ciudadano de dos mundos: el mundo interno y el externo. Debe conocer las leyes generales
de la ciencia para manejar sus quehaceres en el mundo externo y al mismo tiempo es importante para él conocer los medios para desarrollar su ser interno. El mundo interno y el externo están mezclados. De hecho son inseparables. Aquel que ha conocido los caminos y métodos para entender sus estados interiores refleja su sabiduría interior a través de su pensamiento, acción y lenguaje, y maneja sus actividades eficientemente en el mundo externo.

Cuando yo vivía en las cuevas de los Himalayas había confusión en mi mente al observar el modo científico moderno de vivir. Acostumbraba a separarlo de la forma religiosa de pensar. Llegó el día en que descubrí que las verdades religiosas necesitaban una sistematización científica, y la ciencia, una filosofía religiosa. Todas las grandes Escrituras hablan acerca de la misma verdad, sin embargo sus seguidores permanecen insatisfechos e ignorantes, Creer en las grandes Escrituras y tener fe en ellas no da experiencia directa ni satisfacción. Sin experiencia directa, el estudio de las Escrituras no es satisfactorio.

Siempre digo a mis alumnos: Ustedes se preocupan demasiado acerca de la iluminación. Comiencen a andar por el camino de la luz interior. Cuando ustedes transiten por el camino interior no necesitarán un instrumento de tipo científico, como un telescopio. No les serviría para ver interiormente. Este ver es un arte completamente diferente y no necesita instrumentos externos. Por supuesto, nos demoraremos en llegar a estar adentro, porque nuestra vida diaria nos enseña a estar afuera todo el tiempo.

En nuestra sociedad actual se considera próspero a un hombre que tiene éxito material y que acumula posesiones. Pero si no tiene paz mental y satisfacción, todas sus posesiones son inútiles. Necesitamos tener tranquilidad interior y equilibrio para vivir pacíficamente en el mundo. He conocido muchos gobernantes y hombres ricos, pero no he encontrado paz en ellos ni felicidad en sus vidas. La felicidad es
un síntoma de paz interior, y la paz llega a través de la tranquilidad mental.

Todas las técnicas de meditación descritas por diferentes Escrituras y enseñadas por diferentes maestros son técnicas muy resumidas. Solamente conociendo las técnicas no se puede comprender la filosofía completa que yace detrás. La meditación consiste en una correcta técnica, una profunda filosofía, un fuerte deseo de experimentar la realidad y una práctica constante. Los Padres del desierto y los sabios de los Himalayas creyeron en la meditación. Ella es necesaria para todos los seres humanos.

Los niños hindúes aprenden meditación siguiendo a sus padres. Una mujer hindú medita en sus acciones todo el día. En las afueras de cada pueblo, en la India hay un pozo donde la mujer va a sacar agua. Cada mujer coloca un cántaro con agua sobre su cabeza, se mueve, conversa, baila, pero el cántaro no cae porque ella permanece consciente de él sin importar lo que haga. Si nosotros aprendemos a hacer las cosas permaneciendo atentos al centro de realidad dentro de nosotros, a eso se le llama meditación en acción.

La gran tradición meditativa Budista enseña a meditar sistemáticamente. La Biblia judía dice: Manténte quieto y sabe que soy Dios. La técnica que nos ayuda a estar quietos se llama meditación, y la revelación allí contenida es llamada comunión con Dios. No hay conflicto en la práctica de la meditación. La escuela
de la meditación es libre de fanatismos religiosos, símbolos, ideas, caprichos y fantasías. Cualquiera y todos pueden meditar.

La meditación debería ser aceptada como una ciencia esencial para terapias individuales y de grupo. Ayuda para llegar a ser un genio creativo en el mundo y para tener tranquilidad mental todo el tiempo. Los terapeutas empiezan y terminan con la relajación, mientras que la ciencia de la meditación profundiza mucho más que eso. Cuando se experimentan los métodos profundos de relajación, se llega a saber que todos ellos nos guiarán gradualmente al auto control, aun cuando el practicante no sea consciente de este hecho. Demasiada relajación sin auto control puede llegar a ser dañina. Si se permite a los músculos permanecer relajados por un largo tiempo, estos pueden perder su tonicidad natural. Además, la relajación basada en sugestiones no es parte de la meditación. Durante la meditación, la fisiología del músculo, el sistema nervioso y varias funciones de la mente son llevados a un estado de equilibrio y tranquilidad. Esa relajación que proporciona control consciente sobre tensión y relajación es el método correcto. La relajación es necesaria para la meditación, pero no aquella basada en la sugestión.

La meditación es un viaje interior en el cual se exploran los estados internos, alcanzando finalmente ese centro de consciencia desde donde la consciencia fluye en varios grados y niveles. Si el método es practicado regular y sistemáticamente, no es difícil. Cuando una dueña de casa practica meditación, llega
a ser una dueña de casa perfecta. Todos los logros científicos en el mundo externo, todas las comodidades, pueden llegar a ser medios si sabemos que son medios solamente. El hombre moderno sufre de varias enfermedades auto creadas, tales como hipertensión, úlceras, migrañas, jaquecas y depresión. La causa yace dentro de la mente. Y cuando la mente es entrenada mediante las prácticas meditativas, la meditación llega a ser una terapia esencial a la vida diaria. Previene muchas enfermedades. Cuando la mente y sus modificaciones son controladas mediante la meditación, se puede disfrutar de serenidad interior y cumplir los propios deberes en forma adecuada. Solamente a través de la meditación se puede tomar conscientemente contacto con nuestras potencialidades ocultas. Para llegar a ser creativo y dinámico, la meditación es muy importante.

Un hombre que medita nunca se horroriza de los problemas de la vida. Nunca es tironeado por los encantos, tentaciones y atracciones. Permanece sin ser afectado en todas las circunstancias de la vida, buenas o malas. A través de la meditación, cada ser humano puede hacer un tremendo bien a la humanidad. Los más grandes obstáculos en el camino de la meditación son creados por el ego, y alguien que sabe cómo someter al ego recibe el mayor conocimiento.

Les contaré una historia que ilustra el problema del ego. En un tren había un joven compañero de viaje sentado a mi lado. Había también un swami muy anciano viajando en el mismo coche.

El joven le preguntó: Señor, ha controlado usted su ira?

El anciano dijo: Sí, es fácil. Nunca pierdo mi ecuanimidad. No tengo ego. Tengo perfecto control sobre mi ira.

Pero el joven persistió en su pregunta una y otra vez. Continuó preguntando: Realmente no tiene ira ni ego? Realmente ha controlado su mente, acción y palabra?.

El viejo swami perdió la paciencia y se puso muy enojado, diciendo:
Cállate de una vez ! Si no lo haces te romperé la cabeza !

La personalidad oculta de cada uno emerge en situaciones imprevistas. Realmente, esto es una oportunidad de auto examen. Se pueden sobrellevar todas las situaciones inesperadas estando alerta al centro de consciencia. Mantener este centro conscientemente, es meditación. La fuerza interior es superior a la fuerza exterior. Aquellos que tienen fuerza interior permanecen imperturbables todo el tiempo.

Conocí a un swami que era un ser realizado. El estaba hablando de meditación y uno de los alumnos de la audiencia se levantó y dijo:

Señor, si yo digo que usted es un tonto usted se perturbaría?.

El swami dijo que no.

El alumno entonces preguntó: Por qué?.

El swami respondió: Yo no acepto fácilmente sugestiones de los demás, he aprendido a permanecer calmado y cómodo.

Un hombre que medita comprende los gestos, emociones, pensamientos y deseos de los demás. Está alerta a toda hora en todos los niveles. Hay una vasta diferencia entre hipnosis y meditación. Hay diferencia entre oración y meditación también. La hipnosis ayuda en un nivel superficial, la meditación es diferente, ayuda a enfrentar la realidad. Nos conduce de la dualidad a la unidad. Adler, James, Freud, e incluso Jung, sabían que aunque la hipnosis es útil en un cierto nivel, no puede conducirnos a un estado de consciencia más profundo. La meditación es unidad en diversidad. Desde el momento en que vemos formas y nombres, estamos bajo la influencia de la hipnosis. Toda la humanidad está hipnotizada por las condiciones externas. No necesitamos más hipnosis. Hipnosis y meditación son dos conceptos diferentes.

En uno se necesita la sugestión y en la otra se experimenta directamente la realidad. Ningún método de hipnosis puede iluminarnos. Sí puede ponernos en un profundo sueño. Pero el sueño no puede iluminar a nadie. Cuando un tonto va a dormir, despierta como el tonto que era. Pero cuando un tonto se sumerge en una profunda meditación, regresa como un Iluminado.

A menudo los estudiantes preguntan: Cuánto me demoraré en aprender a meditar?. Mi respuesta es: Cuánto tiempo te tomaría iluminar una habitación a oscuras?. Si tenemos luz podemos disipar la oscuridad. Y cuánto nos demoraremos en alumbrarla? Un segundo. Si estamos totalmente preparados, si aprendemos a no desperdiciar nuestro tiempo sino a utilizarlo para prepararnos, podemos conocer los niveles más profundos de nuestro ser. Todos los problemas se terminarían si voluntaria y conscientemente gastamos algún tiempo en la meditación. Unos pocos minutos cada día nos ayudarán a formar el hábito. Cuando el hábito está fortalecido, la mente empieza a fluir hacia los surcos creados por los hábitos. Para aquellos que han estado haciendo meditación, esa hora es la mejor hora del día. Todos los seres humanos, en su ignorancia, cometen errores. La meditación los vuelve alertas a sus errores y los libera de los complejos de culpa. Los métodos de la meditación nos ayudan a estar atentos a las buenas y malas cualidades en nosotros.

Otra pregunta frecuente de los alumnos es acerca de un guía o un gurú. Los alumnos modernos tienen una idea del gurú como de un ser humano sobrenatural: imagen que refleja sus propias ideas. Un gurú es aquel que piensa, habla y actúa de acuerdo a los dictados de su propia consciencia. El más grande de todos los gurúes en forma humana es aquel que practica, que se ha experimentado a sí mismo, y que nos guía desinteresadamente en el camino de la lluminación.

Las Escrituras dicen: Despertad del profundo sueño de la ignorancia, preparáos, aprended a escuchar vuestra propia consciencia, y no sigáis los trucos que os juega vuestra mente. No desperdiciemos tiempo en conocer los diferentes caminos, sino que sigamos uno con toda sinceridad y fidelidad.

Swami Rama

Traducido y extractado por Eduardo Cucurella de
Swami Rama y otros.- Faces of Meditation.- Himalayan International Institute.

Más allá de los significados

Más allá de los significados

El camino espiritual no necesariamente significa pasarse una vida estudiando Filosofía o hablando acerca de enseñanzas espirituales. En orden a que el camino espiritual tenga valor real para nosotros, debemos realizar su verdad directamente. Cómo podemos aplicar los conceptos altamente abstractos del Dharma en nuestra vida? La respuesta yace en la meditación. No es que nosotros pensemos acerca de esos conceptos en la meditación, sino que, por medio de la meditación llegamos a realizaciones que nos ayudarán a integrar esas enseñanzas en nuestras vidas. Somos atraídos a estudiar estas enseñanzas para futuras aplicaciones e intuiciones. La meditación también usa estas mismas realizaciones para ayudarnos a contactar un interno estado de alerta (awareness) el que podemos usar directamente. Cuando aprendemos a palparlo, la aparente barrera entre la meditación y nuestra mente samsárica se derrumba.

La mente es mucho más que un simple órgano en el cual surgen los pensamientos. Para algunos, la mente es el medio de desarrollar la meditación. En el más amplio sentido, la naturaleza de la mente es meditación. Meditación es el proceso de trabajar con cualquiera que sea el nivel de la mente que estemos experimentando.

El más profundo nivel es directa experiencia. Inmediatamente ello da lugar a la formación de imágenes, y estos a su turno conducen a la interpretación de conceptos. Este último nivel de interpretación y conceptos es lo que usualmente consideramos el fundamento de nuestra realidad, pero en verdad esos conceptos son de segunda mano. Ellos han sido removidos lejos de la experiencia directa.

Al nivel de conceptos e ideas, nos enfocamos sobre significados, a veces aún mirando por significados detrás de significados. Pero un significado es nada en sí mismo, tiene valor sólo en relación con otros significados. Moverse de concepto en concepto, cada uno creado por el anterior, es una persecución en la que se gasta tiempo y energía. Vistos de esta manera, los significados representan samsara: el movimiento circular de una rueda que constantemente da vueltas. Nunca podremos ser libres hasta que no realicemos la postrera inutilidad de perseguir este ciclo. Cuando vemos que no tenemos que asignarle significado a ninguna cosa, cuando permitimos que las cosas sean simplemente como son, descubrimos en ellas su naturaleza intrínseca.

Puesto que la búsqueda de significados conduce solamente a más significados, cómo termina este ciclo? podemos obtener respuestas sin plantear preguntas? Puede ser que las respuestas que andamos buscando están más allá de los conceptos, más allá de las respuestas. Esto no significa que deberíamos dejar de usar palabras, conceptos y significados, sino sólo que hay un momento en que dejan de ser útiles.

Esto es particularmente verdad cuando tratamos de buscar un significado en la meditación. En efecto, cuando encontramos allí un significado, algo anda mal, porque el rastrear el significado de las experiencias en la meditación nos hace retornar a este inútil ciclo. Cuando encontramos significados no podemos penetrar más allá de ellos. El buscar significados lleva sólo a más significados, aún en la meditación.

Por eso, durante la meditación, no te hagas expectativas. No trates de llegar a alguna parte o de alcanzar algo. Las metas fijadas son simplemente conceptos, proyecciones mentales, viajes imaginados que no conducen a ninguna parte. La concentración meditativa no involucra tal atención nerviosa. Nuestra meditación debe ser como escuchar un sonido distante y vacío; demasiada atención sólo produce tensión.

Enfocar objetivos específicos, querer alcanzar resultados, impide la verdadera concentración. Quedamos envueltos otra vez en significados y evaluaciones: nos concentramos en cuán bien estamos siguiendo las instrucciones, o si nuestra meditación está bien o mal, clara o confusa…. aunque todo esto no tenga nada que ver con la meditación misma.

Al comienzo, a menudo nos confinamos a cortas sesiones de meditación formal, las que sentimos como algo especial. Este espacio de meditación es limitado, como un nidito de pájaro. Debemos expandir nuestra idea de meditación. Ella no tiene límites, sus horizontes son tan amplios como nosotros mismos lo permitimos que sean. Una vez que hemos aprendido como mantener nuestro cuerpo de manera equilibrada interiormente, todo lo demás fluye fácilmente: la respiración con ritmo natural, los ojos blandos y relajados. Esta actitud exterior la aprendemos y luego la olvidamos, es útil sólo para promover un estado interno calmo y relajado. Esta forma exterior entonces nos conecta con otro nivel más profundo.

La concentración meditativa alcanza este más profundo nivel. Cuando vamos más allá de los significados y las expectaciones, encontramos que esa calidad concentrativa ha estado allá todo el tiempo. Solamente dejarse estar es meditación. Nosotros podemos entonces prolongar esta apertura y permisividad, no sólo durante la postura de meditación sino también en la vida diaria.

Mientras estemos conscientes, podemos meditar, no hay un camino especial que seguir. Hay varias técnicas útiles que podemos emplear, pero son sólo sugestiones, símbolos apuntando el camino. Cuando alcanzamos el corazón de la meditación, no hay instrucciones.

La meditación está en todas partes, dentro de la vida diaria, y todo lo que hacemos es enfrentado en la misma manera abierta y relajada.

En la vida diaria como en la meditación, nuestros obstáculos básicos son nuestros conceptos y expectativas. Compartamentalizamos nuestras vidas. Podemos, sin embargo, usar este proceso que interrelaciona sujeto y objeto como nuestra meditación. Cada situación: nuestras relaciones con el mundo, con el ambiente, con nuestros amigos, nuestra familia, nuestro trabajo, puede ser incluido en nuestra meditación. Por ejemplo, en medio del sufrimiento y la confusión podemos quedarnos con el sentimiento y mirarlo por todos lados, después de un rato la mente parece volar por encima de nuestra identificación con el anhelo o el dolor. Estas emociones pierden entonces su inmediatez, su agudeza. La meditación no reprime estas emociones; las transforma, permitiendo que la mente se clarifique. La experiencia meditativa nos provee de una introspección sobre otra manera de considerar la experiencia, permitiéndonos reemplazar nuestras usuales interpretaciones dualistas por una visión panorámica. Nuestra meditación puede entonces ser abierta, una experiencia directa, no bloqueada por conceptos e interpretaciones.

Cuando vamos más allá de nuestras ordinarias maneras de pensar, descubrimos un mundo no conceptual, uno de pura consciencia. Está más allá de lo condicional y lo condicionado, más allá del nivel samsárico ordinario. Esta experiencia no es derivada del ordinario proceso de información recibido de las actividades mentales que constantemente proveen de significado a nuestra experiencia. Es en ella misma experiencia inmediata. En otras palabras, podemos liberar nuestras experiencias de la naturaleza automática, estructurada y limitante de nuestros conceptos, auto-imágenes y apegos. Dentro de cada simple experiencia, de cada percepción, está la semilla de la iluminación, en todo momento accesible para nosotros.

La experiencia, entonces, puede llegar a ser significante en ella misma, su significado se revela no en palabras o conceptos, sino en la calidad de nuestras vidas, en la intrínseca belleza y valor de todas las cosas. Cuando nuestras acciones surgen naturalmente del hecho de vivir, todos los conceptos desaparecen, llegamos a ser el significado mismo iluminado.

El Darnos Cuenta (Awareness)

A medida que desarrollamos nuestra meditación, gradualmente aumenta nuestra capacidad de darnos cuenta. La mente en forma natural se aclara de confusiones e insatisfacciones y contactamos con una claridad meditativa, un estado de alerta en el que no importa lo que ocurra. Una vez que nos abrimos a él, encontramos fortaleza y verdadera confianza en nosotros mismos; no una arrogante autosuficiencia, sino un sentimiento positivo verdaderamente integrado y equilibrado. Todas nuestras decisiones se hacen sin esfuerzo, todas nuestras acciones surgen naturalmente de este profundo y nutriente estado de alerta.

Nuestra usual idea de ello, sin embargo, está limitada a una asociación con objetos. La tendencia ordinaria de la mente es mirar adelante, anticipar y formar imágenes mentales: un tipo de expectativa que está siempre orientada al objeto. Este estado de alerta samsárico es un condicionamiento de anticipación y vigilancia: vigilamos nuestros conceptos, nuestros sentimientos, nuestro pasado, nuestro futuro. A este nivel más bajo de alerta, nuestras acciones – aunque no nos parezca así a nosotros – son marcadamente predecibles. Este es un nivel de juego-programado, donde nuestro estado de alerta está constreñido a un mazo de pensamientos e imágenes que continuamente sostienen los mismos modelos de juegos. Sólo con una mente quieta, una mente alerta, puede uno ver esos condicionamientos y detenerlos. Esta es la práctica de mindfulness, (atención cuidadosa) de estar bien conscientes de lo que está exactamente ocurriendo en nuestras vidas en todos los aspectos.

Mindfulness requiere una ágil observación, pero debe estar libre de interpretaciones y juicios sentenciosos. Practicando mindfulness desarrollamos nuestro usual estado de alerta hasta su más sutil nivel, con él podemos protegernos nosotros mismos contra el hecho que sea alterado nuestro equilibrio por nuestros pensamientos y emociones.

Al desarrollar mindfulness, vamos más allá de nuestro habitual modo dualista de pensar. Podemos tener una idea de la no dualidad, pero no es muy útil para llevarnos más allá del dualismo, porque aun el concepto de no dualidad nos separa de la experiencia. Este concepto realmente fortalece nuestro marco de referencia dualista, cualquier cosa que sea lo que habitualmente pensamos o hacemos, estamos dentro de una idea, dentro de un marco de pensamiento, nuestro estado de alerta es limitado. Permanecemos a este nivel de comprensión hasta que llega el momento en que contactamos con un estado más amplio que no se relaciona con sujeto u objeto, que está más allá de nuestro entendimiento cognitivo.

Sin embargo, ir más allá de la idea a la experiencia misma es un salto difícil. El primer obstáculo es la orientación subjetiva de la mente: el observador, el vigilante independiente. Nunca trascendemos esta parte de nuestro ego-mente, porque es el observador quien nos da la sensación de nuestro ser real. Aun en nuestra meditación, somos retenidos por este sentido de identidad, la parte conceptual de nuestras mentes que dice esto soy yo, que hace la meditación, que tiene una experiencia. Cuando buscamos o enfatizamos las experiencias en la meditación, suscitamos una calidad aferrante que trae nuestra mente samsárica dentro de la meditación misma. Agregamos significado a una intuición destruyéndola al volverla un objeto dentro de un marco dualista. Por tratar de conservar la experiencia, la destruimos.

Aun aquellos elevados y místicos sentimientos que tengamos en la meditación, aunque puedan ser positivos y abiertos, fácilmente se transforman en obstáculos cuando empezamos a considerarlos como objetivos de nuestra meditación. Cuando eso ocurre, tenderemos a pasar por alto la totalidad de la experiencia, rompiéndola en detalles que puedan ser familiares a nuestra mente. Nos centramos en la imagen, los colores, la intensidad emocional. Pero esas manifestaciones son sólo una ilusoria espuma, el desvanecerse de la experiencia. Eventualmente nos damos cuenta que, al encajar nuestra visión en las formas familiares de nuestro mundo samsárico, cualquiera que sea aquello que encontramos o alcanzamos sólo podemos repetir nuestras experiencias primitivas. Nos estamos cortocircuitando nosotros mismos de algo más amplio, más profundo, más abierto.

Es útil recordar que el estado de alerta que buscamos vendrá en último término. Todo lo que tenemos que hacer es dejar de retener, dejar pasar aún las más bellas experiencias. No pienses acerca de ellas, no te hagas expectativas. Sólo déjalas ser: obsérvalas surgir, manifestarse y desvanecerse. Tu nivel de concentración se profundizará tanto como tu necesidad de aferrar y discriminar desaparezca.

Hay varios ejercicios que ayudan a intensificar el estado de alerta. Estas técnicas, sin embargo, son sólo herramientas. Ellas ayudan a hacer posibles ciertas experiencias, pero las experiencias no dependen de las técnicas, éstas resultan porque las experiencias están ya con nosotros, siempre accesibles.

Cada vez que surge un pensamiento, usualmente sentimos la necesidad de etiquetarlo e identificarlo. Trata de detener ese proceso. Aunque tú puedas sentir ese pensamiento, verlo y experimentar que ocurre, el pensamiento mismo es una proyección del observador. El pensamiento no está separado del observar del observador. Para entender esto, simplemente observa el flujo de imágenes mentales que pasa a través de tu mente. A medida que las imágenes-proyecciones pasadas y futuras pasan delante, corta entre ellas, no para mirar a los pensamientos e imágenes, sino por ver quien está observando los pensamientos. Trata de desarrollar un sentimiento como que los pensamientos están observando al observador.