El Sueño Lúcido (parte 2)

El Sueño Lúcido (parte 2)

Los Beneficios del Sueño Lúcido

Cuando el soñador se torna consciente de las implicaciones que conlleva el hecho de tomar consciencia de que está soñando, puede ser capaz de crear sueños menos ansiosos y más gratificantes e incluso puede aprovechar el sueño para tratar de crecer interiormente mientras está soñando. Por otro lado, los informes que nos proporcionan diversos investigadores indican que las personas que son capaces de inducir cierto grado de lucidez consiguen liberarse de los sueños desagradables y de las pesadillas recurrentes. Además, el sueño lúcido también nos permite programar las experiencias placenteras y satisfacer plenamente deseos que en la vida cotidiana estarían prohibidos o serían imposibles de satisfacer.

En los niveles superiores, el sueño lúcido conlleva una serie de estados cognitivos auto reflexivos y una consciencia de libertad, seguridad y distanciamiento de las obligaciones de la vida cotidiana, que se entremezcla con una vívida experiencia perceptual, la posibilidad de acceder a los procesos autónomos y un poderoso impacto emocional. Es por ello que el sueño lúcido puede convertirse en un instrumento idóneo para propiciar experiencias emocionales correctivas que transformen la personalidad. El sueño lúcido también puede ser muy adecuado para la desensibilización de las fobias y para el ensayo de conductas más apropiadas. Garfield, por ejemplo, relata cómo los asistentes a un seminario sobre sueño creativo aprendieron a aplicar el principio de afrontar y superar las situaciones peligrosas que pudieran aparecer en sus sueños y que la mayor parte de ellos llegaron a experimentar la repercusión de este trabajo en su vida vigílica en forma de una conducta más asertiva y un aumento de la confianza en ellos mismos. La lucidez incrementa nuestra consciencia de los aspectos auto reflexivos del entorno onírico y, en este sentido, el sueño lúcido puede conducirnos a entablar un diálogo con nuestras propias proyecciones bajo la forma de los diferentes personajes soñados. Él sugirió que los pacientes podían buscar en sus sueños lúcidos una especie de ayudante. La investigación debe confirmar todavía si los sueños lúcidos pueden provocar cambios realmente constructivos en nuestra personalidad. Sin embargo, teniendo en cuenta los recientes progresos en la inducción de la lucidez onírica, el desarrollo de este tipo de investigación parece ahora mucho más factible.

La lucidez, en suma, nos permite acceder conscientemente a la creatividad onírica y llevar a cabo experimentos para verificar el poder de nuestra imaginación, emprender aventuras oníricas o descubrir imágenes que luego pueden ser utilizadas y reproducidas mediante la actividad literaria o la producción artística.

La investigación que se ha llevado a cabo hasta el momento parece sugerir que el cerebro y, en menor medida, el cuerpo, responden a ciertas actividades oníricas de la misma manera en que lo hacen en vigilia. En este sentido, por ejemplo, me pregunto por las posibles aplicaciones médicas del sueño lúcido combinado con las técnicas de visualización que suelen utilizarse para combatir determinadas enfermedades.

Asimismo, la experiencia vigílica puede verse fortalecida mediante la toma de consciencia de las implicaciones que se derivan del hecho de soñar, es decir, mediante la comprensión de que somos los co-creadores de un mundo de experiencia que nos refleja a nosotros mismos y que, debido a su subjetividad, no es sino una entre muchas realidades posibles. De este modo, la toma de consciencia de que somos una fuente creativa nos obliga a asumir la responsabilidad que nos corresponde no sólo en lo que respecta a nuestras experiencias pasadas y presentes sino también en lo que tiene que ver con nuestra capacidad para crear la experiencia futura. La simple comprensión intelectual de esta responsabilidad puede ayudarnos a hacernos cargo definitivamente de nuestra vida y contribuir a mantener una actitud abierta e investigadora ante nuestras motivaciones inconscientes y nuestra conducta cotidiana.

Judith Malamud

Más Allá de la Lucidez:
el Viaje hacia la Consciencia Pura

Si es correcta la teoría de que el sueño lúcido no es más que un simple peldaño en el continuo de la consciencia humana, deberíamos entonces plantearnos al menos dos preguntas: Qué es lo que viene después del sueño lúcido?, y por qué debemos esforzamos en tratar de conseguirlo?

La evolución de la consciencia de uno mismo no concluye en la lucidez sino que prosigue hasta un estado de consciencia más sosegado y ecuánime que parece carecer de límites y que ha recibido el nombre de testigo.

Para explorar exhaustivamente este continuo – que abarca de la lucidez hasta el testigo – Gackenbach, Robert Cranson y Charles Alexander se ocuparon de registrar las respectivas experiencias oníricas de cinco grupos de practicantes de meditación trascendental y cuatro grupos de control. Su objetivo era el de tratar de determinar las características distintivas del sueño lúcido y del hecho de ser testigo durante el sueño y durante el sueño sin ensueños. Sus conclusiones fueron las siguientes:

Un sueño lúcido es aquél en el que podemos pensar activamente en el hecho de que estamos soñando.

Un sueño del que somos testigos es aquél en el que experimentamos un estado de consciencia interior tranquilo y relajado que se halla completamente desvinculado del contenido y del desarrollo de la experiencia onírica.

El estado de ser testigo de un sueño sin ensueños se caracteriza por el hecho de experimentar un estado de consciencia, o de alerta, relajado y sereno.

Veamos ahora algunos ejemplos relativos a cada uno de los tres casos proporcionados por practicantes de MT.

Sueño lúcido: Durante un sueño, me di cuenta súbitamente de que podía mantenerme separado del sueño. Entonces comencé a manipular el argumento y los personajes para crear el tipo de situación que deseaba.

Consciencia-testigo en el sueño con sueños: En ocasiones, independientemente de los contenidos de mi sueño, mi consciencia se halla tan sosegada que termina distanciándose progresivamente de ellos. A veces, sin embargo, sigo incluso atrapado en ellos pero la sensación de paz interior permanece.

Consciencia-testigo en el sueño profundo: Es una sensación pura de gozo y de expansión infinita. En ese momento, soy consciente de que existo pero también de que carezco de una individualidad separada. Luego, gradualmente, voy tomando consciencia de mi personalidad pero ignoro todo lo relativo a quién, qué, dónde, cuándo, etcétera. Poco a poco, todos estos detalles comienzan a perfilarse con claridad y finalmente termino despertando.

Los investigadores descubrieron que este tipo de fenómenos se presentaban con mayor frecuencia entre los meditadores que entre quienes formaban parte de los grupos de control (que no estaban comprometidos en ningún tipo de práctica meditativa). No obstante, ambos grupos aportaron más testimonios relativos a sueños lúcidos que al estado de consciencia-testigo (tanto en el sueño como en el sueño profundo). Este descubrimiento apoya la hipótesis de que el sueño lúcido resulta de más fácil acceso independientemente del entrenamiento o de las habilidades personales y, por consiguiente, puede ser considerado como un trampolín para acceder a otras experiencias.

Para poder someter a examen los tres estados de conciencia onírica, Gackenbach, Cranson y Alexander estudiaron a un grupo de meditadores avanzados. Hay que decir, en primer lugar, que la sensación de separación era mucho más frecuente en los sueños en los que se manifestaba la consciencia-testigo que en los sueños lúcidos, como si el hecho de ser testigo impusiera una distancia con respecto al sueño o, como dijo un meditador: El sueño y yo somos dos realidades diferentes.

Otra diferencia importante tenía que ver con las emociones positivas. Aunque los sueños lúcidos presentaban aspectos muy positivos, lo cierto es que aquellos otros en los que el sujeto era testigo del sueño eran todavía más positivos. El sentimiento que acompaña a estos dos últimos estados nos recuerda la noción de beatitud – un término, por otra parte, muy utilizado por los sujetos que habían experimentado la consciencia-testigo y que, por el contrario, jamás fue utilizado por quienes habían experimentado sueños lúcidos – de la que nos hablan las religiones orientales. Por otra parte, el posible control sobre los sueños es mucho más frecuente en los sueños lúcidos que en aquellos otros en los que se manifestaba la consciencia-testigo. Es como si, durante la lucidez, la voluntad – la capacidad volitiva de nuestro ego individual – pareciera controlar los pensamientos y los deseos mientras que, en el estado de la consciencia-testigo, por el contrario, nos sintiéramos completamente plenos y no tuviéramos el menor deseo de involucrarnos en el sueño.

Gackenbach y Alexander han diseñado (al mismo tiempo que otros investigadores) un experimento para comprobar si existe alguna diferencia fisiológica entre los sueños lúcidos estudiados por LaBerge, por ejemplo, y una persona, practicante avanzado de meditación trascendental, que afirmaba permanecer en el estado de la consciencia-testigo en todo momento, incluido el período de sueño profundo.

Tal como se esperaba, esta persona era capaz de indicar que estaba soñando y, al igual que ocurre con otros soñadores lúcidos, su latido cardíaco y su ritmo respiratorio aumentaron en el mismo momento en que comenzaba a emitir señales a través de ciertos movimientos oculares . Sin embargo, a diferencia de otros soñadores lúcidos, estos signos de actividad física desaparecían súbitamente una vez que la señal ocular se había producido. Los investigadores llegaron a la conclusión de que el estado de alerta relajada de la consciencia trascendental se interrumpía momentáneamente mientras el sujeto estaba ocupado en la tarea de señalización y que, finalizada ésta, el sujeto retornaba rápidamente a un estado de silencio, alerta y baja actividad fisiológica. No obstante, éste fue un estudio realizado sobre un solo sujeto y sería necesario replicar el experimento con un grupo más nutrido de meditadores avanzados.

Todos estos descubrimientos parecen confirmar la hipótesis de que realmente existe algún tipo de continuidad en nuestra consciencia durante la noche y que dicha continuidad se inicia con la lucidez, prosigue con la consciencia-testigo durante el sueño y concluye en el estado de consciencia-testigo del sueño profundo. Por otra parte, esta teoría de la continuidad de la consciencia concuerda perfectamente con la noción vedántica de que la consciencia pura constituye el fundamento del trabajo para el desarrollo de los estados superiores de consciencia y de la iluminación. Según el Maharishi – explica Alexander – la “consciencia cósmica” no es sino la capacidad para mantener la conciencia pura durante las veinticuatro horas del día a través de la vigilia, el sueño y el sueño profundo.

Jayne Gackenbach y Jane Bosveld

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós

La Meditación en el Jainismo

La Meditación en el Jainismo

Este es un hermoso tiempo y una ocasión única para encontrar almas que estén en la senda de descubrir
su propia luz y su propio ser. Cuando encontramos gente que está buscando sinceramente, desde afuera hacia adentro, se produce un momento de comunicación y de gozo, un momento de unidad y comunión.

Ustedes verán que en todas las religiones los buscadores se han esforzado por ver la luz interior. Así en el Hinduísmo, Budismo, Jainismo, Cristianismo, Judaísmo, Taoísmo, o cualquier otra religión. Cada una empezó con la indagación de conocer al Yo Superior y trascender el yo inferior. De acuerdo a las condiciones geográficas, el ambiente y las necesidades de los buscadores, cada religión ha aportado ciertas perspectivas.

Me gustaría tratar las formas de meditación desde el punto de vista Jaín, dar una pequeña reseña del Jainismo y explicar como iniciarse en la meditación. También consideraremos qué es lo que queremos recibir de la meditación.

El jainismo proviene de la palabra jina que significa “aquel que ha conquistado a sus enemigos internos”.
No enemigos exteriores, sino interiores. Todos los enemigos externos son el resultado de enemigos internos. En vez de perder el tiempo conquistando enemigos externos, la gente sabia usa su tiempo conquistando los internos. Cuando ustedes conquisten sus enemigos internos, gobernarán el mundo sin ejércitos, sin ningún armamento. Todo el mundo estará con ustedes porque sus armas serán la compasión
y el amor.

Mahavira fue el último profeta, instructor y maestro de la línea de los veinticuatro grandes sabios Fue un gran vidente, uno de los que construyen puentes entre los hombres. Mahavira y Buda fueron contemporáneos, siendo el primero doce años mayor. Ambos eran príncipes y ambos trabajaron en la misma zona, conocida como Magadha, en el norte de la India. Mahavira fue un jina, es decir, se conquistó a sí mismo. Durante doce años y medio él guardó silencio. No enseñó durante ese tiempo, porque en tanto no hubo experimentado la realización suprema, no tuvo el anhelo de hacerlo. No es fácil tener control sobre el deseo de expresar las propias opiniones, por eso necesitamos la práctica del silencio.

Así Mahavira se convirtió en jina. Y aquellos que anhelan seguir la senda de la conquista de sus enemigos internos son conocidos como Jaín. Jaina no es cualquier religión o cualquier secta o congregación, Es una forma de vida, de pensamiento y de práctica. Cualquier seguidor de la no violencia, que toma en consideración la relatividad del pensamiento, que conoce la invisible vibración de los karmas, es un Jaín. Mahatma Gandhi, el Padre de la India, un hindú de nacimiento, siguió el mensaje de la no violencia y llevó esta comprensión al movimiento político. Gandhi escribió una vez: “Aunque no nací como un Jaín, soy más que un Jaín”. No hay bautismo, ni ceremonia, ni ritual, Se es un Jaín por la práctica y el tipo de vida.

Todo el énfasis de esta filosofía no está en ningún ritual externo, sino en la investigación, percepción y transformación interior. Y para efectuar la transformación se requiere una transmutación. Todo adentro cambia. Esta es la razón por la que hoy vamos a examinar algunas ideas acerca de la meditación, Es un vasto tema que implica una toma de consciencia seria, sincera, consistente y constante para poder entrar en meditación. No puede suceder en forma inmediata. La verdadera meditación no puede ser “meditación instantánea”. Lo que sí es que, luego de una larga práctica, ustedes pueden entrar en meditación en un instante. Esto puede suceder si la persona tiene algún trasfondo previo, alguna experiencia anterior.

En mi caso, cuando comencé en este camino, practiqué silencio por cinco años. Yo quería conocer el secreto de las palabras, el misterio de la vida y lo que hay más allá de la muerte. Existe la muerte real? Cuando ustedes guardan silencio, al principio se sienten incómodos porque tienen el hábito de expresar
sus opiniones hablando y haciendo ruido; pero, cuando están en silencio por largo tiempo, este es difícil
de romper cuando llega el momento. La paz es tan profunda en ustedes que disfrutan estar en silencio. Sus ojos y sus oídos están abiertos, ustedes están abiertos al universo. Y están oyendo todo, hasta el sonido del silencio.

El silencio juega un importante papel en el camino de la meditación. Al mismo tiempo necesitamos percepción interna. El Jainismo es un sendero, no un círculo; se mueve en una dirección específica. Esa dirección no está afuera sino dentro. No va a parte alguna. Es encontrarse a sí mismo en el Ser.

Esta es la primera idea del Jainismo. En esta búsqueda no hay barreras entre Oriente y Occidente. Las fronteras están en la mente, no en las almas. Vemos vida humana dondequiera, pulsando con ansias, con intensa búsqueda en su interior. Todas las almas son iguales. Si ustedes sólo ven el aspecto exterior, notarán que algunos tienen piel blanca, otros roja, otros negra. Todas estas son apariencias externas, pero la llama interna es la misma. Esta es la verdadera esencia del Jainismo.

Ahora vamos a la meditación Qué es la meditación en el pensamiento Jaín? La meditación comienza con esta idea: desconecten un momento su actividad exterior con el objeto de entrar a la acogedora y receptiva sensibilidad de su alma. Debido a que están siempre activos, ustedes están ocupados viviendo afuera. Están vacíos y sin conseguir llenarse interiormente. Sin ese toque interno, sus palabras se vuelven huecas, su lenguaje sin significado, y su conversación se convierte en mera cháchara.

En cualquier actividad ustedes no actúan realmente por propia iniciativa, sino que más bien siguen al rebaño. Si mucha gente actúa de cierta manera, ustedes lo hacen también. Llega el momento en el que una persona se mueve sólo mecánicamente; se mueve, pero no sabe porqué está haciendo tal cosa, o porqué está diciendo tales palabras. Para poder recibir, para crear un ánimo receptivo, ustedes deben desconectar toda esta actividad.

Entonces, qué hacer?. Primero, siéntense un momento. Olviden un instante la tensión del cuerpo. Permitan que el cuerpo se relaje a su modo, como un trozo de esponja, para que la tensión acumulada comience lentamente a abandonarlos. Dejen caer el cuerpo. Por qué? Porque mientras haya tensión en él no serán capaces de experimentar el flujo de la vida.

Saben cuánta tensión tienen? Aun cuando se están preparando para conocer a una persona, ustedes están juntando tensión en el cuerpo, en la mente, en sus células cerebrales: Cómo saludar? Cómo encontrarse? Qué decir? Así, en el colegio, en la universidad, en los estudios, en nuestra sociedad, en nuestro pueblo, en todas partes, hay tensión. Esta tensión se acumula ahora. Aun cuando están sentados para meditar, sus cuerpos no están tranquilos, sino sacudiéndose con movimientos musculares involuntarios. Aunque la gente esté sentada quieta, van a comerse las uñas. Hacen muchos gestos porque no tienen quietud. El primer paso es soltar el cuerpo, dejarlo vivir a su propio ritmo. Cuando hayan hecho eso, pueden volver la mente a la respiración.

Cuando su respiración está bajo tensión, se realiza en forma superficial. Pero cuando permiten al cuerpo soltarse, la respiración se hace profunda y ustedes toman la cantidad de oxígeno adecuada. Cuando su cuerpo se llena profundamente con oxígeno fresco, se reanima. Las células no están muertas, no están paralizadas, no tienen inercia. Hay frescor en su cuerpo, ustedes necesitan aire fresco. Esta es la razón por la que la meditación se hace de preferencia en la cima de la montaña, en el bosque, junto al río, en la costa, en un ambiente natural. Al tomar aire fresco, su mente también florece. Ustedes están abriéndose y sienten la frescura de su mente.

Habiendo logrado esta respiración, si su mente llega a molestarlos, usen la palabra vírum. Ella significa sujetar su mente. Por mucho tiempo la mente se ha estado precipitando sobre muchas actividades diversas, y ahora no sabe que hacer. Los cinco sentidos están requiriendo a la mente, la que es forzada en muchas direcciones.

Ahora ustedes ponen su mente en un solo lugar. Y para eso usamos la palabra virum . Es nuestro mantra. Cuando inspiren usen vi, y cuando exhalen usen rum. Virum es una palabra sánscrita que significa “valiente”. Sean valientes, suficientemente valientes para aceptar la verdadera naturaleza de ustedes mismos. Puede parecer un poco contradictorio. Puede ser que pregunten: “Para aceptar la naturaleza de uno mismo hay que ser valiente?”. Sí ! . Para disfrutar su arrobamiento, para conocer sus pensamientos íntimos, para estar relajados, ustedes necesitan valor, porque la mente está recargada con preocupación, ansiedad, temor y otras negatividades.

La mente no está preparada para disfrutar del gozo, del chit, sat, ananda. Estas tres cualidades están en nosotros, pero no lo creemos. Tenemos dudas. Creemos sólo un momento, a nivel verbal. Será un gran día cuando ustedes crean que “esta es mi naturaleza, el ser feliz, gozoso, pleno de conocimiento e inmortal. Soy sat, chit, ananda “. Sat significa inmortal, chit significa consciente, ananda significa gozo. Amigos, esto es lo que está escondido en el cuerpo, esto es lo que hemos olvidado.

Así que dudamos de estas tres cosas, aunque ellas hayan pertenecido a ciertas almas tan benditas y elevadas como la de Cristo. Decimos: ” Oh, Cristo fue el hijo de Dios ! Mahavira fue afortunado porque nació en ese tiempo. Buda fue afortunado porque fue un iluminado. Pero no yo; no piensen en mí cómo puedo yo disfrutar de eso?” No tenemos fe en que esa es nuestra legítima y verdadera naturaleza.

Ahora, cuando usen el mantra, digan vi al inspirar y rum al exhalar. De esta forma están lentamente comprometiendo a su mente. Hace pocos días vino un psicoanalista y me dijo: “Por qué tiene que usar un mantra?”. Respondí: “Si usted tiene un mono y quiere mantenerlo tranquilo, tiene que darle un plátano”. i La mente es un mono ! Y esta mente-mono corre en todas direcciones. Le estamos dando plátanos; un mantra es un plátano para esta mente.

El alma no necesita mantra, porque ella es por sí sola sat, chit, ananda El alma no necesita de ningún mantra porque tiene el atributo de la realidad. Llega el momento en el que alcanzamos el dharma sanyasa .Eso quiere decir que ustedes dejan atrás todos los rituales y todos los mantras y quedan libres. Esto sucede cuando se liberan de las cadenas de la mente, cuando están libres de la esclavitud de los vasanas o deseos. Entonces no necesitarán nada.

Mientras las huellas de los deseos estén allí, estamos amarrados con las cadenas de las ansias, de infinitas clases de anhelos, y así estamos siempre comparándonos con algún otro. Esta es la actividad de
la mente. Por eso es que necesitamos de un plátano para nuestra mente-mono. Decimos: “Come y siéntate, y no me molestes. Déjame sentir lo que yo soy”.

Por eso usamos virum y así logramos adentrarnos la primera vez. Experimentamos y sentimos calma. Es la primera vez que se siente una experiencia nueva. Cuando ese vislumbre viene, ustedes saben que realmente han alcanzado el estado de meditación. Entonces sienten “estoy aquí”.

Hay tres etapas al irnos hacia dentro. En la primera, su mente está repitiendo el mantra, pero al mismo tiempo está distraída por estímulos externos e internos. Entonces usamos la palabra kohum.
Ko significa “quién” y hum significa “yo”. “Quién soy yo?”. Ustedes se lo preguntan a sí mismos. La meditación comienza con este primer paso. Sin conocerse a sí mismos, ustedes no llegarán hasta sí mismos. Es nuestro verdadero yo el que hemos olvidado.

Lenta, lentamente, instalen este mantra en su mente, diciendo: kohum. Entonces surgen las respuestas: “Soy forma. Soy cuerpo. Soy yo.” Su nombre aparece, surgen sus emociones, su pasión. Ustedes dicen: No, este no soy yo. Mi nombre me fue dado después de nacer. Alguien me ha dado este nombre. Entonces, qué era yo antes?” Luego viene lo del cuerpo. Antes de este cuerpo, ustedes estaban allá. Ustedes entraron en el cuerpo. Pero, quién fue ese que entró en el cuerpo? Ahora ustedes están yendo más profundo, Kohum . Constantemente están removiendo capas. Cuando quitan las capas de una cebolla, la frescura se evidencia. Cuando remueven las capas de un repollo, las hojas más tiernas aparecen. Las capas exteriores están más duras y ajadas. Nosotros también tenemos muchas capas, y estos estratos psicológicos los hemos tomado equivocadamente por nosotros mismos. Es debido a estos estratos que pasamos día y noche depresivos, prejuiciados, reprimidos, enojados, irritados e infelices. Piensen en ustedes mismos, cómo están empleando su día?. La mayor parte del tiempo estamos perdidos entre todas estas capas. Escasamente tenemos tiempo para sentir nuestra verdadera naturaleza y experimentar la divinidad interior. Usamos la palabra kohum para investigar nuestro yo real, avanzando más y más profundamente.

Transcendiendo las Emociones Negativas a través de la Meditación

Transcendiendo las Emociones Negativas a través de la Meditación

Para transformar nuestras negatividades necesitamos sólo contactar con ellas, en forma astuta y gentil. Verdaderas o falsas, no tienen solidez. Cuando nuestros pensamientos y conceptos cambian, nuestras actitudes también cambian, dejando disponible una energía flotante y libre. Es la energía que había sido bloqueada por la rigidez de nuestras negatividades. Mientras más soltamos sus ataduras, más energía fluye.

Cuando estás haciendo esfuerzos por controlar tus pensamientos es precisamente cuando llegan a ser más perturbadores. La mente se vuelve muy sensible cuando tratamos de trabajar con ella. Nuestra consciencia es entonces tridimensional. Cuando estás en cierta longitud de onda ocurren cosas no usuales frente a las cuales necesitamos estar alertas. La frustración siempre está en acecho, tentándonos y jugando con nosotros. Mientras más
rápido abramos los ojos, más pronto podremos contraatacar las negatividades que aparezcan.

Fascinación y ansiedad:
Constantemente codiciosos, somos atraídos por lo que tienen los otros, quedando atrapados en una continua búsqueda y aferramiento. Nuestra mente, cansada y distraída, deja pasar las oportunidades de realización. Nos apegamos a los mensajes que nos envían las percepciones de nuestros sentidos y nos falta la calidez nutriente del flujo natural de nuestros propios sentimientos y sensaciones. Más que enfocarnos en ellos, lo hacemos en nuestros pensamientos acerca de las sensaciones que experimentamos, lo que no nos da mucha satisfacción. Cuando nos damos cuenta de esta situación, podemos ver que es causada por una sutil progresión psicológica: el querer alcanzar aquello que nos fascina conduce a la ansiedad, esta a la insatisfacción, y la insatisfacción nos lleva a un nuevo intento por alcanzar aquello que codiciamos. Estamos atrapados en esta progresión porque nuestros pensamientos sobre lo que nos fascina no pueden satisfacernos, ellos no tienen una sustancia real. No podemos cogerlos, es como ir hacia el final del arco iris. Mientras más los perseguimos, más ansiosos y frustrados estaremos.

Enfocamos nuestra mente en el gozo y la satisfacción, pero el camino que tomamos al tratar de alcanzar estas metas produce justo el efecto contrario. Nuestra mente salta de pensamiento en pensamiento, de los recuerdos del pasado a las expectativas del futuro, si es que no queda fijada en la imagen de algo que nos atrae obsesivamente. La mente casi nunca se centra en la inmediatez de la experiencia, que es donde yace la satisfacción.

Como el flujo de imágenes persiste, nuestra mente continúa produciendo una serie interminable de pensamientos acerca de esas imágenes. Este es el principal factor para establecer nuestra sensación de un ego que necesita “tener” y que necesita “hacer”. Aun en nuestra meditación, cuando tratamos de “no hacer”, sigue ocurriendo el mismo proceso.

En la meditación, sin embargo, este proceso es tan sutil que a menudo no nos damos cuenta de que ocurra. Podemos tratar de no tener ninguna expectativa ni pensamientos acerca de nuestra meditación, pero ellos pueden esconderse en el trasfondo de nuestra mente, manifestándose como un tipo de impaciencia, una espera por algo que tendría que ocurrir. Estos pensamientos no precisan ser muy fuertes para que el inconsciente estímulo de la expectativa y de la fascinación fluya como una ola dentro de nuestra consciencia. Mientras más fuerte sea este sentimiento, más poderosa, tensa y precipitada será la ola. Esto conduce rápidamente a la sensación de frustración y de ansiedad.

Al principio, nuestra meditación empieza disolviendo la sensación del ego que necesita “hacer”. Pero luego la mente persigue imágenes para compensarlo. La ansiedad aumenta, agravando el flujo de pensamientos e imágenes. Y tan pronto como nos quedamos envueltos en esta trampa del hacer”, sentimos una necesidad de contactar con imágenes, palabras, conceptos, objetos. Esta necesidad se hace más fuerte y ayuda a engranar de nuevo los condicionamientos. Todo esto ocurre tan rápido que no tenemos tiempo de pensar acerca de ello, debido al poder de la energía subyacente en nuestras expectativas y ansiedad.

La relajación puede lentificar esta tensa precipitación, Podemos relajar la mente disminuyendo la cantidad de pensamientos, creando un “tono” diferente que rebaje el grado de nuestra expectativa. Al conseguirlo y volvernos calmos y relajados, las ansiosas olas se transforman en pequeñas ondas.

Así, en tu meditación, vigila estrechamente tus pensamientos. La fascinación es una ola que se levanta. Observa cómo aparece. Tiene muchos rutilantes colores y es atractiva por naturaleza. Los buenos meditadores vigilan la ola como crece cada vez más alta hasta que comprenden cómo la fascinación nos estropea el momento. Ellos aprenden por qué las luminosas imágenes y las interesantes ideas nos distraen tan fácilmente. Podemos aprender a alterar el ciclo de fascinación y ansiedad dándonos cuenta del ir y venir de los pensamientos e imágenes. Expandiendo cada pensamiento y llevando su sensación a un nivel más profundo, podemos evitar sucumbir a la ansiedad, a aquella parte de nuestra consciencia que quiere moverse y hacer algo.

Podemos cuidarnos de ser absorbidos en el “hacer” que nos aparta de nuestra meditación, relajándonos y manteniendo nuestra actitud alerta. Cuando conseguimos mantener nuestro equilibrio y estar verdaderamente tranquilos en nuestra meditación, no importa qué pensamientos individuales aparezcan: la ansiedad y la fascinación pierden su poder sobre nosotros dejando que nuestra energía fluya suavemente.

El miedo y el dolor:
Mucho de nuestro sufrimiento es psicológico, nutrido por el miedo y por nuestra identificación con el dolor. Es importante romper la idea de que este es nuestro sufrimiento, nuestro miedo. Concéntrate en la sensación, no en el pensamiento acerca de ella. Concéntrate en el centro de la sensación, penetra en ese espacio. Hay una gran densidad de energía en él, la que resulta claramente distinguible. Esa energía tiene gran poder y puede trasmitir una valiosa claridad. Tu consciencia puede ir dentro de la emoción contactando esa pura energía, y así tu tensión se quiebra. Con gentileza y autocomprensión, controla esa energía; la fuerza no sirve. Prepárate lentamente, teniendo cuidado en no saltar de súbito en medio de la negatividad. Sé calmo y sensitivo, y observa cautelosamente la situación. De esta manera, toda emoción negativa puede ser transformada, porque la emoción es esa energía, y puedes emplearla de diferentes maneras.

Otras emociones negativas:
Por ejemplo, la ira. El antídoto es amor, compasión y paciencia; pero, hasta que seamos capaces de aplicarlo, debemos sentarnos a meditar nuestra ira, enfocando nuestra concentración en ella – no en su objeto – de modo de no hacer discriminaciones y no suscitar reacciones.

Procederemos igual cuando se trate de cualquier otra emoción perturbadora: concentrarse en ella, no soltarla; pero sin pensar acerca de ella o tratar de actuar en relación a ella. Sólo sentir la energía y nada más. Nosotros somos capaces de sobrepasar nuestros problemas cuando no reaccionamos a ellos, entonces pierden su sustancia y se transforman en obstáculos posibles de superar. En cambio, cuando somos atrapados por ellos, ya no tenemos libertad de escoger cómo enfrentarlos. Si estamos desvinculados y alertas, podemos manejar cada acontecimiento.

Mientras mejor comprendamos nuestras emociones, más aguda, profunda y clara llegará a ser nuestra lucidez mental. Finalmente, ya no necesitaremos usar nuestra mente consciente para liberarnos de nuestras dificultades. En un nivel de ser más alto, no necesitaremos razonar, sino utilizar nuestra intuición evolucionada. Para ello necesitamos un camino, un mapa, una instrucción. Todo eso lo encontramos a través del silencio y de la profunda relajación de nuestra meditación.

Las emociones tienen un valor, pero sólo cuando sabemos cómo usarlas para un crecimiento espiritual. Al conocer cómo tratar aun una sola emoción, es posible trascender todas las emociones. Esto es parte de la técnica por la cual podemos ayudarnos a nosotros mismos y a otros. Cuando hayamos comprendido que la energía aparece de diferentes maneras, podremos extraerla de las emociones por negativas que sean. Aprenderemos a relajar esas energías cuando ya no dividamos nuestras experiencias en positivas y negativas; todas ellas serán útiles si las consideramos como energía por capitalizar. Todas nuestras experiencias contienen dinamismo y poder, pero debemos desarrollar nuestra atención lúcida antes que podamos usarlas bien.

Tarthang Tulku

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Tarthang Tulku.- Openness Mind.- Dharma Publishing

Las Etapas de la Meditación

Las Etapas de la Meditación

En la meditación distinguimos nueve etapas:
1.- Correcta conducta (Yama y Niyama)
2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital (E 7) que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente (hombre cuatro), quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes de la raza, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada (hombre cuatro), pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada. Depende del Rayo de la personalidad y lo determina el instructor.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser)). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia (física quántica) trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey

Extractado por Farid Ázael de
Apuntes de Clases por Correspondencia
de la Escuela Arcana de Buenos Aires.

El cuerpo en la Meditación

El cuerpo en la Meditación

Cualquiera que esté interesado en la meditación debe pensar en el cuerpo, porque el Hermano Asno no permitirá que lo ignoren. Pocas son las áreas de la experiencia humana donde la interacción de mente y cuerpo sea tan importante y tan delicada como aquí.

Al acercarnos a las religiones orientales, la atención que se pone en el cuerpo llama mucho la atención. Es con el cuerpo que todas las cosas comienzan, y la meditación es un arte que enseña el uso de los ojos, pulmones, abdomen, espina dorsal, etc. Además es importante el lugar de la meditación, que esté impecable, que sea una habitación tenuemente iluminada o un espacio ampliamente abierto. Y por supuesto, la meditación es buena para la salud física y mental. Puede ser que en un templo Zen les digan que el sazen los hará más resistentes al resfrío y la gripe, y que, mediante una práctica constante, tendrán una mayor oportunidad de supervivencia frente a la amenaza de la contaminación ambiental.

Una vez asistí a una convención sobre meditación en un templo Zen cerca de Kyoto. Unos expertos hablaron de Yoga, de Budismo Esotérico y de Zen. Nos sentamos silenciosamente en el gran salón de meditación y también hicimos ejercicios de yoga, esmerándonos según nuestras habilidades. Estos fueron una preparación para una posterior entrada en samadhi, y realmente creo que pueden ser sólo eso. Oímos charlas acerca de la técnica de la meditación, como tensar y relajar, como sentarse y todo eso. Uno de los expositores hizo un gran diagrama del cuerpo humano en el que explicaba los chakras, – esos centros de energía psíquica de que habla el yoga – la circulación de la respiración a través del cuerpo, y todo lo demás. Al final de cada meditación cantábamos al unísono: Om, shantih, shantih !

Lo más sorprendente del encuentro fue la carencia de una fe común. Nadie parecía siquiera levemente interesado en lo que cualquier otro creyera o no creyera, y nadie, hasta donde yo recuerdo, mencionó tampoco el nombre de Dios. Era sólo meditación, y sólo fueron tratados los aspectos físicos. Sin embargo, éstos se discutieron con gran detalle, incluyendo hasta el impacto de la meditación en la vida sexual.

Yo era el único conferencista cristiano, y, francamente, estaba un poco perplejo. Sentía que cualquier cosa que pudiera decir sería irrelevante. No podía decirle a nadie cómo pararse sobre la cabeza o cómo tensar sus bíceps, y era difícil hablar de Dios en esa reunión. Porque puede uno hablar de meditación cristiana sin referirse a Dios ? Finalmente me conecté con uno de los conferencistas que insistía en que la meditación, lejos de detenerse en el cuerpo, debía irradiarse hacia el mundo del espíritu y hacia las dimensiones cósmicas de la realidad. Este fue el mayor acercamiento a Dios en toda la reunión.

En conjunto aprendí un montón de cosas en este encuentro. Fue un agradable y provechoso fin de semana, estropeado sólo por el hecho de que un compañero roncó toda la noche en nuestro dormitorio comunitario, no dejándome pegar un ojo. A los otros no parecía importarle mucho. No hay duda que eran mejores yoguis que yo. O quizás tenían mejores nervios.

Los cristianos deberían pensar más acerca del rol del cuerpo en la oración. Después de todo, hay mucho que decir en los comienzos de la meditación, que es donde ustedes están. Esta es una verdad dirigida a la gente moderna. Muchos pondrán en duda la existencia de Dios y la existencia de la vida después de la muerte, pero sólo los extremistas cuestionarían la existencia de sus propios cuerpos. Entonces por qué no empezamos con algo en lo que ellos crean, y a través del cuerpo salimos hacia el Cosmos y hacia Dios ? De esta manera la meditación puede ser enseñada a gente que tenga poca fe, a aquellos que están perturbados por su conciencia o por el temor de que Dios esté muerto. Este tipo de gente siempre puede sentarse y respirar. Para ellos la meditación se convierte en una búsqueda, y yo he encontrado, en mi escasa experiencia en nuestra sede en Tokio, que la gente que comienza a explorar de esta manera eventualmente encuentra a Dios. No el Dios antropomórfico que ellos han rechazado, sino el gran Ser en quien vivimos, nos movemos y somos. Pero el cuerpo es lo primero, Dios viene al final.

Es un hecho que la oración occidental no es suficientemente visceral, que está más preocupada con el cerebro que con las capas más profundas del cuerpo, que es donde se general el poder para acercarse a lo espiritual. Pero ahora podemos estudiar los aspectos físicos de la meditación incluso científicamente, gracias a los experimentos realizados en lugares como la Universidad Budista Komazawa. Ahí tienen instrumentos para detectar las condiciones físicas de las personas dedicadas al Zen. Los estudiantes miden la respiración, el ritmo cardíaco, los movimientos oculares, el metabolismo, el equilibrio, las ondas cerebrales, y todos los demás aspectos. En los Estados Unidos están siendo llevados a cabo experimentos similares, y eventualmente estos estudios pueden generar algunas sugerencias acerca de las condiciones ideales para la meditación en relación con la dieta, postura corporal, entorno físico, etc. Sobra decir que estos estudios se vuelven un poco ridículos cuando uno se encuentra con personas con pequeños artefactos para medir la onda alfa. Pero los absurdos se encuentran en todas partes y no pueden ser impedidos. Además, estos estudios científicos no deben conducir al burdo materialismo. Una vez, mientras visitaba la Universidad Komazawa, pregunté al profesor encargado si él podía apreciar la profundidad del Zen de la gente. No, no podemos medir el Zen -respondió porque la mente es un misterio. Todo lo que podemos medir son sus repercusiones físicas. Me interesó oírle hacer esa distinción.

Aquí yo podría agregar entre paréntesis que el Zen no pretende ese minucioso control del cuerpo que ha hecho tan famoso al Yoga. En general, el Zen rechaza de plano cualquier cosa que huela a mágico o extraordinario. Desprecian estos fenómenos y los miran como distracciones peligrosas en la senda de la experiencia sin imágenes que es el satori. Los fenómenos extraños se engloban en el nombre genérico de makyo, que literalmente significa el mundo del demonio, pero que se aplica a todas las formas de ilusión en el Zen. A este respecto, es bastante saludable y está liberado de los abusos encontrados en otras formas de misticismo. La doctrina de rechazo a los fenómenos extraños es muy similar a la de San Juan de la Cruz. Nuevamente es la nada, nada, nada. Uno no debe ser distraído de la meta por fenómenos físicos o espirituales de cualquier tipo.

Volviendo al cristianismo, encontramos que la tradición en occidente dice más acerca del cuerpo de lo que es generalmente reconocido hoy en día. Solía ser axiomático – y en mi opinión aún lo es – que si ustedes querían llevar una vida de meditación debían controlar sus ojos, oídos, lengua, manos y manera de caminar. A todo esto se le solía dar el nombre general de modestia, una virtud de la cual no se oye hablar mucho hoy. Se le da mucha importancia en el Zen, aunque se describe en forma diferente. Se puede agregar, sin embargo, que la tradición cristiana dice que la meditación transforma el cuerpo haciéndolo hermoso. Esto se debe a que la gloria interna proveniente de la oración contemplativa no puede sino traspasar y penetrar el cuerpo.

Uno se acuerda de Moisés descendiendo de la montaña. Tan luminoso y glorioso era el regocijo que inundaba su semblante, que quienes lo esperaban no pudieron mirarlo y le rogaron que usara un velo, porque la real gloria de Dios irradiaba de la faz del gran israelita.

Probablemente la mayoría de nosotros, una que otra vez, hemos encontrado personas que participaban de esa belleza corporal transfigurada. Para las exigencias televisivas pueden ser más bien feos – ningún auspiciador soñaría con usar sus caras para vender pasta de dientes o jabón – pero la gloria de la oración penetra sus cuerpos como penetró el cuerpo de Moisés. También supongo que este es el tipo de belleza a la que curas y monjas deberían aspirar, ahora que la cambiante cultura los hace modificar su forma exterior de vida y vestuario. Podría ser una buena idea el que, en vez de mirar hacia París y Londres, miráramos hacia Moisés y el Exodo en busca de un ideal de belleza que podría ayudar al hombre moderno en su búsqueda de la verdad.

Como sea, mientras la tradición cristiana ha confirmado la belleza conferida al cuerpo a través de la meditación, ha sido más bien lenta en el uso del cuerpo como forma de lograr el samadhi. De nuevo podemos aquí aprender del oriente; y para ilustrar el rol del cuerpo me gustaría referirme a un pasaje del Bhagavad Gita. Este clásico texto no es, por supuesto, ni Zen ni Budista, aunque parece tener una considerable influencia Budista. Pero me atrae mucho. Estoy muy estimulado a usarlo luego de la lectura de un libro del Profesor R.C. Zaehner, quien insiste en que cualquiera que intente establecer un puente sobre la brecha entre Zen y Cristianismo no puede permitirse ignorar el Gita, que es uno de los grandes eslabones entre el oriente y el occidente.

En la sexta parte del Gita, se dice al yogui que debe integrarse, permaneciendo aparte, solo y en completa renunciación, exento de esperanza terrenal, de posesión alguna. Después viene una descripción de la meditación.

Me gustaría referirme brevemente a tres puntos. Primero, el énfasis en el lugar. Este debería ser limpio y ordenado, ni muy alto ni muy bajo. También en el Zen el lugar es de la mayor importancia. Cuán maravillosamente eligió Dogen el lugar de su monasterio, alejado en una región campestre y sumergido en un profundo silencio. El templo Zen otorga gran importancia a la proximidad de la naturaleza, al sonido del río o la cascada, a los jardines japoneses y todo eso. La meditación, después de todo, no es realizada por un espíritu inmaterial sino por un hombre con un cuerpo humano.

Hoy en día, no obstante las interminables conversaciones acerca de ecología y medio ambiente, el cristianismo occidental ha dado una escasa muestra de ecología en recintos religiosos. Quiero decir que nuestras iglesias cristianas, y especialmente aquellas recientemente construidas, son verdaderamente malos lugares para la meditación. Las antiguas iglesias católicas tenían más que decir al respecto porque al menos tenían un centro – un tabernáculo ante el cual pendía una lámpara roja – y éste proveía un foco de atención para los ojos, y había atmósfera y calidez. Cualquiera que sepa algo de meditación reconoce que se necesita un lugar para enfocar los ojos; si sus ojos empiezan a vagar están perdidos. El viejo tabernáculo era útil a este propósito y nada ha tomado su lugar. Creo que mucha de esa gente analfabeta que se arrodillaba por horas ante el tabernáculo, caía rápidamente en samadhi. Aquellos eran místicos, tan iluminados como cualquier roshi, y ha habido miles de ellos en el mundo. Pero me pregunto si serán capaces de meditar así de bien en las iglesias actualmente disponibles para ellos. Me pregunto si la gente que construyó estas nuevas iglesias pensó alguna vez en la meditación o si tuvo alguna experiencia de ella. Y lo mismo es verdad para los monasterios y conventos. Me gustaría saber cuánta preocupación es dedicada actualmente a la ecología de este asunto: la relación entre edificios y oración, entre galerías, capillas y oración.

El segundo asunto que me gustaría destacar de esta cita del Gita es la magnífica postura. La espalda está derecha, los ojos están fijos en la punta de la nariz o entre las cejas; no hay miradas en torno. Más adelante en el Gita, el sosiego de la mente es comparado con una llama en un sitio sin viento. Este es un delicado símil, porque esta meditación tiene todo el poder y toda la quietud de la llama que se yergue en un lugar donde no hay brisa. Y todo esto conduce al regocijo y a la total ausencia de temor. Es sostenido por el voto de castidad, el voto del brahmachari que es celibato y castidad.

Más allá de los significados

Más allá de los significados

El camino espiritual no necesariamente significa pasarse una vida estudiando Filosofía o hablando acerca de enseñanzas espirituales. En orden a que el camino espiritual tenga valor real para nosotros, debemos realizar su verdad directamente. Cómo podemos aplicar los conceptos altamente abstractos del Dharma en nuestra vida? La respuesta yace en la meditación. No es que nosotros pensemos acerca de esos conceptos en la meditación, sino que, por medio de la meditación llegamos a realizaciones que nos ayudarán a integrar esas enseñanzas en nuestras vidas. Somos atraídos a estudiar estas enseñanzas para futuras aplicaciones e intuiciones. La meditación también usa estas mismas realizaciones para ayudarnos a contactar un interno estado de alerta (awareness) el que podemos usar directamente. Cuando aprendemos a palparlo, la aparente barrera entre la meditación y nuestra mente samsárica se derrumba.

La mente es mucho más que un simple órgano en el cual surgen los pensamientos. Para algunos, la mente es el medio de desarrollar la meditación. En el más amplio sentido, la naturaleza de la mente es meditación. Meditación es el proceso de trabajar con cualquiera que sea el nivel de la mente que estemos experimentando.

El más profundo nivel es directa experiencia. Inmediatamente ello da lugar a la formación de imágenes, y estos a su turno conducen a la interpretación de conceptos. Este último nivel de interpretación y conceptos es lo que usualmente consideramos el fundamento de nuestra realidad, pero en verdad esos conceptos son de segunda mano. Ellos han sido removidos lejos de la experiencia directa.

Al nivel de conceptos e ideas, nos enfocamos sobre significados, a veces aún mirando por significados detrás de significados. Pero un significado es nada en sí mismo, tiene valor sólo en relación con otros significados. Moverse de concepto en concepto, cada uno creado por el anterior, es una persecución en la que se gasta tiempo y energía. Vistos de esta manera, los significados representan samsara: el movimiento circular de una rueda que constantemente da vueltas. Nunca podremos ser libres hasta que no realicemos la postrera inutilidad de perseguir este ciclo. Cuando vemos que no tenemos que asignarle significado a ninguna cosa, cuando permitimos que las cosas sean simplemente como son, descubrimos en ellas su naturaleza intrínseca.

Puesto que la búsqueda de significados conduce solamente a más significados, cómo termina este ciclo? podemos obtener respuestas sin plantear preguntas? Puede ser que las respuestas que andamos buscando están más allá de los conceptos, más allá de las respuestas. Esto no significa que deberíamos dejar de usar palabras, conceptos y significados, sino sólo que hay un momento en que dejan de ser útiles.

Esto es particularmente verdad cuando tratamos de buscar un significado en la meditación. En efecto, cuando encontramos allí un significado, algo anda mal, porque el rastrear el significado de las experiencias en la meditación nos hace retornar a este inútil ciclo. Cuando encontramos significados no podemos penetrar más allá de ellos. El buscar significados lleva sólo a más significados, aún en la meditación.

Por eso, durante la meditación, no te hagas expectativas. No trates de llegar a alguna parte o de alcanzar algo. Las metas fijadas son simplemente conceptos, proyecciones mentales, viajes imaginados que no conducen a ninguna parte. La concentración meditativa no involucra tal atención nerviosa. Nuestra meditación debe ser como escuchar un sonido distante y vacío; demasiada atención sólo produce tensión.

Enfocar objetivos específicos, querer alcanzar resultados, impide la verdadera concentración. Quedamos envueltos otra vez en significados y evaluaciones: nos concentramos en cuán bien estamos siguiendo las instrucciones, o si nuestra meditación está bien o mal, clara o confusa…. aunque todo esto no tenga nada que ver con la meditación misma.

Al comienzo, a menudo nos confinamos a cortas sesiones de meditación formal, las que sentimos como algo especial. Este espacio de meditación es limitado, como un nidito de pájaro. Debemos expandir nuestra idea de meditación. Ella no tiene límites, sus horizontes son tan amplios como nosotros mismos lo permitimos que sean. Una vez que hemos aprendido como mantener nuestro cuerpo de manera equilibrada interiormente, todo lo demás fluye fácilmente: la respiración con ritmo natural, los ojos blandos y relajados. Esta actitud exterior la aprendemos y luego la olvidamos, es útil sólo para promover un estado interno calmo y relajado. Esta forma exterior entonces nos conecta con otro nivel más profundo.

La concentración meditativa alcanza este más profundo nivel. Cuando vamos más allá de los significados y las expectaciones, encontramos que esa calidad concentrativa ha estado allá todo el tiempo. Solamente dejarse estar es meditación. Nosotros podemos entonces prolongar esta apertura y permisividad, no sólo durante la postura de meditación sino también en la vida diaria.

Mientras estemos conscientes, podemos meditar, no hay un camino especial que seguir. Hay varias técnicas útiles que podemos emplear, pero son sólo sugestiones, símbolos apuntando el camino. Cuando alcanzamos el corazón de la meditación, no hay instrucciones.

La meditación está en todas partes, dentro de la vida diaria, y todo lo que hacemos es enfrentado en la misma manera abierta y relajada.

En la vida diaria como en la meditación, nuestros obstáculos básicos son nuestros conceptos y expectativas. Compartamentalizamos nuestras vidas. Podemos, sin embargo, usar este proceso que interrelaciona sujeto y objeto como nuestra meditación. Cada situación: nuestras relaciones con el mundo, con el ambiente, con nuestros amigos, nuestra familia, nuestro trabajo, puede ser incluido en nuestra meditación. Por ejemplo, en medio del sufrimiento y la confusión podemos quedarnos con el sentimiento y mirarlo por todos lados, después de un rato la mente parece volar por encima de nuestra identificación con el anhelo o el dolor. Estas emociones pierden entonces su inmediatez, su agudeza. La meditación no reprime estas emociones; las transforma, permitiendo que la mente se clarifique. La experiencia meditativa nos provee de una introspección sobre otra manera de considerar la experiencia, permitiéndonos reemplazar nuestras usuales interpretaciones dualistas por una visión panorámica. Nuestra meditación puede entonces ser abierta, una experiencia directa, no bloqueada por conceptos e interpretaciones.

Cuando vamos más allá de nuestras ordinarias maneras de pensar, descubrimos un mundo no conceptual, uno de pura consciencia. Está más allá de lo condicional y lo condicionado, más allá del nivel samsárico ordinario. Esta experiencia no es derivada del ordinario proceso de información recibido de las actividades mentales que constantemente proveen de significado a nuestra experiencia. Es en ella misma experiencia inmediata. En otras palabras, podemos liberar nuestras experiencias de la naturaleza automática, estructurada y limitante de nuestros conceptos, auto-imágenes y apegos. Dentro de cada simple experiencia, de cada percepción, está la semilla de la iluminación, en todo momento accesible para nosotros.

La experiencia, entonces, puede llegar a ser significante en ella misma, su significado se revela no en palabras o conceptos, sino en la calidad de nuestras vidas, en la intrínseca belleza y valor de todas las cosas. Cuando nuestras acciones surgen naturalmente del hecho de vivir, todos los conceptos desaparecen, llegamos a ser el significado mismo iluminado.

El Darnos Cuenta (Awareness)

A medida que desarrollamos nuestra meditación, gradualmente aumenta nuestra capacidad de darnos cuenta. La mente en forma natural se aclara de confusiones e insatisfacciones y contactamos con una claridad meditativa, un estado de alerta en el que no importa lo que ocurra. Una vez que nos abrimos a él, encontramos fortaleza y verdadera confianza en nosotros mismos; no una arrogante autosuficiencia, sino un sentimiento positivo verdaderamente integrado y equilibrado. Todas nuestras decisiones se hacen sin esfuerzo, todas nuestras acciones surgen naturalmente de este profundo y nutriente estado de alerta.

Nuestra usual idea de ello, sin embargo, está limitada a una asociación con objetos. La tendencia ordinaria de la mente es mirar adelante, anticipar y formar imágenes mentales: un tipo de expectativa que está siempre orientada al objeto. Este estado de alerta samsárico es un condicionamiento de anticipación y vigilancia: vigilamos nuestros conceptos, nuestros sentimientos, nuestro pasado, nuestro futuro. A este nivel más bajo de alerta, nuestras acciones – aunque no nos parezca así a nosotros – son marcadamente predecibles. Este es un nivel de juego-programado, donde nuestro estado de alerta está constreñido a un mazo de pensamientos e imágenes que continuamente sostienen los mismos modelos de juegos. Sólo con una mente quieta, una mente alerta, puede uno ver esos condicionamientos y detenerlos. Esta es la práctica de mindfulness, (atención cuidadosa) de estar bien conscientes de lo que está exactamente ocurriendo en nuestras vidas en todos los aspectos.

Mindfulness requiere una ágil observación, pero debe estar libre de interpretaciones y juicios sentenciosos. Practicando mindfulness desarrollamos nuestro usual estado de alerta hasta su más sutil nivel, con él podemos protegernos nosotros mismos contra el hecho que sea alterado nuestro equilibrio por nuestros pensamientos y emociones.

Al desarrollar mindfulness, vamos más allá de nuestro habitual modo dualista de pensar. Podemos tener una idea de la no dualidad, pero no es muy útil para llevarnos más allá del dualismo, porque aun el concepto de no dualidad nos separa de la experiencia. Este concepto realmente fortalece nuestro marco de referencia dualista, cualquier cosa que sea lo que habitualmente pensamos o hacemos, estamos dentro de una idea, dentro de un marco de pensamiento, nuestro estado de alerta es limitado. Permanecemos a este nivel de comprensión hasta que llega el momento en que contactamos con un estado más amplio que no se relaciona con sujeto u objeto, que está más allá de nuestro entendimiento cognitivo.

Sin embargo, ir más allá de la idea a la experiencia misma es un salto difícil. El primer obstáculo es la orientación subjetiva de la mente: el observador, el vigilante independiente. Nunca trascendemos esta parte de nuestro ego-mente, porque es el observador quien nos da la sensación de nuestro ser real. Aun en nuestra meditación, somos retenidos por este sentido de identidad, la parte conceptual de nuestras mentes que dice esto soy yo, que hace la meditación, que tiene una experiencia. Cuando buscamos o enfatizamos las experiencias en la meditación, suscitamos una calidad aferrante que trae nuestra mente samsárica dentro de la meditación misma. Agregamos significado a una intuición destruyéndola al volverla un objeto dentro de un marco dualista. Por tratar de conservar la experiencia, la destruimos.

Aun aquellos elevados y místicos sentimientos que tengamos en la meditación, aunque puedan ser positivos y abiertos, fácilmente se transforman en obstáculos cuando empezamos a considerarlos como objetivos de nuestra meditación. Cuando eso ocurre, tenderemos a pasar por alto la totalidad de la experiencia, rompiéndola en detalles que puedan ser familiares a nuestra mente. Nos centramos en la imagen, los colores, la intensidad emocional. Pero esas manifestaciones son sólo una ilusoria espuma, el desvanecerse de la experiencia. Eventualmente nos damos cuenta que, al encajar nuestra visión en las formas familiares de nuestro mundo samsárico, cualquiera que sea aquello que encontramos o alcanzamos sólo podemos repetir nuestras experiencias primitivas. Nos estamos cortocircuitando nosotros mismos de algo más amplio, más profundo, más abierto.

Es útil recordar que el estado de alerta que buscamos vendrá en último término. Todo lo que tenemos que hacer es dejar de retener, dejar pasar aún las más bellas experiencias. No pienses acerca de ellas, no te hagas expectativas. Sólo déjalas ser: obsérvalas surgir, manifestarse y desvanecerse. Tu nivel de concentración se profundizará tanto como tu necesidad de aferrar y discriminar desaparezca.

Hay varios ejercicios que ayudan a intensificar el estado de alerta. Estas técnicas, sin embargo, son sólo herramientas. Ellas ayudan a hacer posibles ciertas experiencias, pero las experiencias no dependen de las técnicas, éstas resultan porque las experiencias están ya con nosotros, siempre accesibles.

Cada vez que surge un pensamiento, usualmente sentimos la necesidad de etiquetarlo e identificarlo. Trata de detener ese proceso. Aunque tú puedas sentir ese pensamiento, verlo y experimentar que ocurre, el pensamiento mismo es una proyección del observador. El pensamiento no está separado del observar del observador. Para entender esto, simplemente observa el flujo de imágenes mentales que pasa a través de tu mente. A medida que las imágenes-proyecciones pasadas y futuras pasan delante, corta entre ellas, no para mirar a los pensamientos e imágenes, sino por ver quien está observando los pensamientos. Trata de desarrollar un sentimiento como que los pensamientos están observando al observador.