Invitación a Meditar

Invitación a Meditar

Una cantidad de recientes investigaciones ha proyectado su luz sobre la naturaleza del hombre como criatura capaz de un pensamiento creativo sobre sí mismo y sobre el lugar que ocupa en el universo. Esta investigación ha señalado, de formas diversas, que la naturaleza de la meditación es localizar recursos y desarrollar técnicas para la utilización de la energía psíquica.

Algunas de estas investigaciones van más allá de los límites del laboratorio y se centran sobre la experiencia humana, que nunca puede ser arrinconada. Estamos en compañía de grandes científicos como Jeans, Eddington, Planck y Einstein, cuando contemplamos la vida, no en los estrechos confines de las fórmulas comprobadas, sino en las más atrevidas especulaciones referentes a los fenómenos del hombre y su experiencia.

La meditación se consuma en el punto en que mente y espíritu convergen. La mente es el instrumento que disciplina y el espíritu representa la dotación del hombre que debe ser cultivada mediante un especial control y un esfuerzo sostenido. Es importante que intentemos clarificar los recursos del ser que confluyen en el proceso creativo de la meditación.

Qué es la mente? Cómo funciona? Qué hacemos con la mente en la meditación?

Básico para cualquier investigación fructífera es el concepto que puedan tener los propios científicos de la mente y de sus resultados, significado y valoración. Sin embargo, cuanto más han sido evaluados los procesos de la mente, más difícil ha llegado a ser explicarlos sobre la base de los procesos observados. Pues la mente supera en tal medida al cerebro, que el conjunto de sus relaciones sugiere un misterio de profundas proporciones.

El fisiólogo y el psicoanalista ofrecen unos conceptos muy diferentes, aunque quizás complementarios, de la vida de la mente. Pero ambos apuntan en dirección a aquellas misteriosas cualidades que podrían relacionar el instrumento cognoscente con las fuentes del conocimiento que no pueden ser explicadas por el ADN, la química del cuerpo o las concepciones psicológicas.

Lord Adrian, fisiólogo galardonado con el Premio Nobel, describe la mente como un instrumento creador de energía de profunda complejidad. Él dice: Los pensamientos fortuitos no conllevan cambios generalizados en la actividad celular; pero la meditación intensa, la concentración o el pensamiento dirigido dan lugar a una actividad celular que aumenta la producción de energía eléctrica en el cerebro”. Según este concepto, el cerebro es sensible a las leyes que gobiernan el comportamiento de las partículas. Podría ser que lo que las religiones llaman “revelación” y el fenómeno de la telepatía formaran parte de este comportamiento de las partículas. Ciertamente, la meditación es una forma de concentración que eleva las formas específicas de la sensibilidad.

El enfoque psicoanalítico del funcionamiento del cerebro y de los resultados de la actividad mental nos advierten sobre la necesidad de ser cautelosos a la hora de relacionar este fenómeno con aquellas experiencias que podrían razonablemente explicarlos. La moderna investigación científica ha hecho mucho por proyectar luz sobre los problemas que tradicionalmente han conducido a la creencia en un conocimiento revelado. Esto no significa que tal conocimiento no exista; significa que mucho de lo que inicialmente era atribuido a tales fuentes tendrá que ser reevaluado y matizado a la luz de la nueva comprensión de la estructura de la personalidad y de la influencia de los niveles inferiores de la consciencia sobre la conducta. Esto, a su vez, nos posibilitará el análisis tanto del hombre de mente perturbada como del místico, para atribuir debidamente el fenómeno observado a su fuente verdadera. Sólo entonces enfocaremos con precisión la cualidad única del conocimiento que procede de fuentes directamente reveladas.

Precisemos con claridad en qué consiste la idea tradicional de revelación. La sensación de que la consciencia del hombre tiene capacidad para comunicarse con la sabiduría cósmica viene ya de muy lejos. Juan Calvino sostenía que había un profundo sensus divinitatis en cada mente humana, que constituye la fuente de la revelación. Schleiermacher habla de lo que para él es misterium tremendum, una elevada consciencia que añade a la razón especulativa las poderosas intuiciones que están enraizadas en los sentimientos.

John Caird trató de llenar el vacío existente entre las dos ideas de revelación – como capacidad de la mente y como desbordamiento emotivo – reclamando que la verdad es universal, ya sea natural o revelada. “La verdad revelada no puede pertenecer a un orden diferente al de todas las demás verdades que interesan a la consciencia humana… Por el contrario, y según está universalmente admitido, la enseñanza de la revelación encuentra su más clara y de por sí suficiente evidencia en la consciencia del creyente”. Esta consciencia produce una unidad de ser que no es divisible en pensamiento y sentimiento. Pero en la meditación un sentimiento intenso puede ser un estímulo de la actividad mental, y la actividad mental disciplinada puede sacar provecho de las emociones fuertes.

La idea de revelación no sólo se basa en la premisa de que la mente del hombre es capaz de ser consciente del conocimiento cósmico sino también en que, de alguna forma misteriosa, parece existir una iniciativa cósmica que busca hacerse conocida al hombre. Esto indica a la mente que no sólo está buscando sino también siendo buscada. Esta parece ser la razón de que algunos místicos alternen entre contemplación y meditación. Así queda implícito en las palabras de John Baille: “La mente conocedora es activa atendiendo, seleccionando e interpretando; pero debe atender, seleccionar e interpretar lo que se presenta ante ella; y, por consiguiente, debe ser tanto pasiva como activa”.

La mente conocedora es finita y en su funcionamiento está habitualmente limitada por la estructura de la simbolización que sirve como instrumento de comunicación. Utilizamos el lenguaje para transmitir ideas. El lenguaje no es la idea, sino el esfuerzo consciente por hacer tangible la idea.

El pintor utiliza el lienzo y los colores para comunicar sus más profundas intuiciones. Siente que la comunicación perdería de alguna forma su poder si tuviera que ser expuesta en palabras. El compositor utiliza sonidos para transmitir pensamientos y sentimientos y también siente que cualquier esfuerzo por ponerlos en palabras oscurecería sus significados más profundos. El místico utiliza el silencio como forma de comunicación cargada de sentido. En la meditación, algo de la naturaleza creativa del ser alcanza un significado que no está limitado por la estructura simbólica del lenguaje. Las formas empleadas en este proceso creativo varían según nuestra comprensión de la naturaleza del cosmos y de la personalidad humana.

La ciencia se encuentra en un dilema respecto al instrumento conocedor. En última instancia, todos los procesos de la ciencia se basan en la fe en la validez del funcionamiento de la mente, pero el método científico no puede ser utilizado para establecer la validez de sus propias conclusiones. Charles S. Sherrington, psicólogo, constata el callejón sin salida con que se enfrenta la ciencia: “Pensamientos y sentimientos no son reductibles a conceptos. En consecuencia, en nuestro mundo espacial, la mente es algo más fantasmal que un fantasma, invisible, intangible, es una “cosa” que ni siquiera tiene contornos definidos. En realidad, no es una “cosa”, pues se mantiene al margen de toda confirmación sensorial”.

Así la revelación asociada a la respuesta meditativa tiene una validez por sí misma que no puede ser cuestionada, aunque se puedan hacer razonables esfuerzos para conformarla con otros aspectos de lo que llamamos “realidad”.

La ciencia puede plantear las cuestiones de forma tal que afine el proceso por el que el pensador utiliza su instrumento pensante, pero esto no constituye una valoración definitiva del proceso aludido. Aquí la cualidad de ser alcanza un significado superior a la suma de sus partes. Así como el acercamiento científico al cuerpo humano revela un principio o resonancia activa entre el cuerpo y la naturaleza espiritual que en él habita, así también, el estudio de las relaciones cerebro-mente revela la validez de la creencia en una sensibilidad creativa entre la Inteligencia interna del individuo y una Inteligencia más allá de lo individual que no puede ser verificada o denegada por métodos o instrumentos científicos.

Sin embargo, la verdadera vida de la ciencia, lo mismo que las realizaciones del ser espiritual, están estrechamente vinculadas a una fe que confía en, y utiliza, los procesos por los que conocimiento, sabiduría y revelación están amalgamados en una forma superior de la experiencia humana: la fe creativa. La ciencia mantiene la tesis concerniente al factor plus en la naturaleza de la vida humana. Algo que está más allá de los métodos científicos debe ser utilizado para hacer de este factor plus una realidad operativa en la experiencia humana.

Aquí se entra en el dominio del espíritu. Si la mente es la fuente de la meditación disciplinada y el espíritu el instrumento para disciplinarla, podemos preguntarnos: qué sabemos realmente de esta fuerza o cualidad de ser que llamamos espiritual?

La cualidad esencial de la naturaleza del hombre ha sido siempre un asunto que le ha preocupado de forma particular. La autoconsciencia no es sólo un privilegio, sino también una carga. Los antropólogos interpretan muchos de los antiguos ritos y costumbres de las tribus primitivas como el esfuerzo por abordar el problema de la naturaleza espiritual. A través de la larga historia de su evolución como ser civilizado, el hombre ha propuesto soluciones diversas al problema de su naturaleza espiritual. En ocasiones la ha convertido en el motivo central de su vida y en otras ocasiones ha negado su existencia.

San Agustín miraba a las profundidades de su interior para encontrar una respuesta intuitiva al problema de su naturaleza espiritual: “La condición de persona del hombre es una participación mutua en una fecunda y recíproca comunicación o diálogo. El hombre, aunque se siente solo, está siempre encontrándose a sí mismo. Cuanto más énfasis pone en este diálogo del yo, más profundamente penetra en el propio yo. Más tarde o más temprano, encuentra lo Totalmente Otro en el interior del yo. Esto implica un alejamiento radical de la nítida escisión entre mundo subjetivo y mundo objetivo que encontramos en el idealismo clásico. Hay una realidad interior que es tan indiscutiblemente objetiva como cualquier otra realidad”.

Más adelante agrega: No salgas fuera de ti mismo. Vuelve al interior de ti mismo. La morada de la verdad está en el hombre interior. Y si descubres tu propia naturaleza como sujeta al cambio, entonces ve más allá de esa naturaleza. Pero recuerda que, cuando de esta forma vayas más allá, es el alma razonadora lo que estás dejando atrás. Ve, pues, más allá, hacia la fuente en que es alumbrada la propia luz de la razón”.

Por tanto, el espíritu del hombre es un profundo patrón o imagen divina interior que está buscando emerger, y aunque los problemas que este emerger lleva consigo puedan implicar contienda, son contiendas que surgen fuera de la totalidad del ser, pero no de diversas naturalezas en conflicto con el interior del ser.

Sorokin afirma que la perspectiva mecanicista y materialista de la personalidad trata de limitar el espíritu por la biología, mientras que la perspectiva espiritual pretende comprender la mente en su relación con las fuentes energéticas del cosmos y, por tanto, confiere a la mente una dimensión, un propósito y un significado cósmicos: “Lo inconsciente biológico tiene su base por debajo del nivel de las energías conscientes y lo superconsciente – el genio, el impulso creativo, lo extrasensorial, la inspiración divina, la intuición supraconsciente – tiene su base por encima del nivel de cualquier pensamiento o energía consciente, racional y lógica”.

Así la teoría del alma, el específico espacio para el espíritu del hombre, emerge desde un nuevo esquema de pensamiento, verificado y verificable, no por las ciencias exactas, pero tampoco en oposición a ellas. Gran parte de la ciencia actual parece coincidir en una intensa sensación de que, en toda vida, existe un espacio destinado a la cualidad espiritual. El concepto de espíritu que surge de la investigación científica es diferente en grado pero no en naturaleza al del pensamiento místico. La ciencia sólo puede llegar a demostrar que esta cualidad espiritual existe. Las preocupaciones de los místicos se inclinan más hacia la utilización de esta energía espiritual en el proceso de la vida.

Meditación, Terapia y Energía Pasiva

Meditación, Terapia y Energía Pasiva

Recientemente se ha despertado una cantidad de interés por la meditación como terapia. Hoy se ha reconocido que la medicina occidental ha sido exageradamente unilateral, ignorando por largo tiempo el papel de la mente en la sanación del cuerpo humano. Ya se sabe que el 80% de las enfermedades modernas tiene en su origen o en parte una causa psicosomática, pero, mientras acepta las enfermedades psicosomáticas, el Occidente ha sido lento en desarrollar un proceso de salud relacionado con ella, es decir, salud del cuerpo emanando de la salud de la mente, o del control mental de las enfermedades corporales. Solamente ahora, con la creciente influencia del Oriente y de lo que se habla acerca de acupuntura , de fuerza vital, de kundalini y todo lo demás, comenzamos a comprender nuevamente las dimensiones espirituales y metafísicas de la sanación. Pero el interés está creciendo rápidamente. Y no es improbable que la meditación llegue a ser uno de los principales medios de terapia en el futuro.

Que la meditación tiene extrañas y profundas repercusiones en las funciones corporales, fue reconocido hace largo tiempo por los ingleses en la India. Mientras Rudyard Kipling cantaba alegremente acerca de las glorias del Imperio, unos médicos ingleses, de mente más penetrante y con más sentido, común examinaban historias acerca de hombres santos , yoguis, quienes relataban haber caminado sobre carbones encendidos, haber sido enterrados vivos, detenido sus corazones, escuchado durante el sueño, agujereado sus carnes con estocadas sin sangramiento y desafiado la ley de gravedad. Qué era lo que la profesión médica pensaba de todo esto? Era un hecho, una ficción, o un mito?

Uno de los primeros estudios científicos de estos fenómenos fue hecho por una cardióloga francesa, Therése Brosse, quien vino a la India en 1935 con un electrocardiógrafo portátil y dijo haber descubierto
un yogui que podía detener su corazón. Pero no todos la tomaron en serio, y sólo en el último par de décadas se han hecho estudios que estén ampliamente reconocidos . Entre ellos, uno de los más sorprendentes fue el del Dr. Elmer Green y señora en 1970, con el Swami Rama, un yogui de Rishikesh en los Himalayas. El Swami Rama, un hombre de unos cuarenta y tantos años, había practicado yoga desde los cuatro años.

En un informe emitido por la Fundación Menninger, el Dr. Green describe detalladamente la notable habilidad del Swami para regular funciones corporales que habitualmente están fuera del control humano. Por ejemplo, en una entrevista preliminar, el Swami mostró tal control del flujo sanguíneo que causó la aparición de dos zonas diferentes en la palma de su mano derecha al cambiar la temperatura en direcciones opuestas; una parte se puso gris pálida y la otra roja brillante. Más tarde, en el laboratorio, detuvo el bombeo de su corazón por al menos diecisiete segundos, en lo que el Dr. Green describe como una arritmia atrial , la que habitualmente causa la muerte. También produjo ondas alfa y theta a voluntad, contando después a los investigadores lo que había observado acerca de su estado interior durante estos ejercicios. Era capaz de diagnosticar dolencias físicas en los demás. Finalmente se tendió con los ojos cerrados y roncando suavemente produjo el ritmo cerebral característico del sueño profundo. Después de veinticinco minutos abrió sus ojos y repitió palabra por palabra todo lo que se había dicho mientras él estaba dormido. Llamó a esto un sueño yógico durante el cual ordena a su mente grabar todo lo sucedido mientras su cerebro está dormido. Todo 1o dicho ha sido documentado con rigor científico por el Dr. Green y señora.

El Swami Rama es obviamente un hombre excepcional. En Harvard, sin embargo, se practicaron experimentos de una clase más modesta sobre practicantes de meditación transcendental (MT), sin pretensiones de poderes extraordinarios. Los sujetos examinados eran principalmente jóvenes entre veinte y treinta años, quienes habían practicado MT entre seis meses y tres años.

Los resultados mostraron que, desde el punto de vista fisiológico y metabólico, la meditación es profundamente reparadora, más que la habitual relajación que se produce al estar tendido en un diván. En esta última situación persiste una considerable tensión muscular, la que se relaja en el ejercicio de la meditación. Ella es, según los investigadores, una forma de relajación tan natural para el hombre como dormir o descansar. Concretamente, mostraron que después de unos pocos minutos de meditación, la respiración bajaba lentamente, el consumo de oxígeno se reducía, la eliminación de dióxido de carbono declinaba. La presión sanguínea también descendía y el corazón latía más despacio. La resistencia de la piel a la electricidad se midió por medio de electrodos adheridos a las manos. Es bien conocido que en un estado de ansiedad la resistencia de la piel a la electricidad disminuye – y sobre este principio está basado el detector de mentiras pero en la meditación se ha visto que la resistencia de la piel aumenta unas cinco veces. Además, la concentración de lactato en la sangre bajó, mostrando otra vez una baja de la ansiedad. Las ondas cerebrales registraron alta amplitud alfa al igual que en el Zen; y todo lo dicho en los informes acerca de que la meditación es profundamente tranquilizante, parecía tener amplia base. Otro punto extremadamente significativo fue el número de meditantes que declaró haber abandonado el uso de drogas después de iniciar la meditación.

Los estudios realizados acerca del Zen en Tokio mostraron resultados similares. Se encontró que el Zen es un estado profundamente tranquilo, en el cual la presión sanguínea baja, el corazón late más despacio que lo usual, la ansiedad se reduce, y se registra alta amplitud alfa en el EEG.

Todo esto apunta a una fascinante conclusión: literalmente, la persona que medita llega a ser fisiológicamente diferente a la persona que no lo hace. Ondas cerebrales, latidos cardíacos, presión sanguínea, resistencia de la piel, todo cambia con la meditación. Y los investigadores me han dicho que las personas que van a hacer un “sesshin” (retiro meditativo) de una semana, a menudo regresan fisiológicamente diferentes. Las grandes tradiciones religiosas, por supuesto, han visto esto en forma intuitiva, y esa es la razón por lo que la gente que medita lleva instintivamente una dieta diferente, ropas, hábitos de dormir y un estilo de vida diferente. Han descubierto que ciertas ocupaciones son incompatibles con la fuerza de la meditación que llena sus vidas, y algunas veces han tomado la extraña opción del celibato. La meditación no es sólo una ocupación para hacerla en la noche o en la mañana, por una o varias horas cada día. Es una completa manera de vivir o, más correctamente, una manera de ser. Una vez que
uno se introduce en ella, ella se hace cargo de cambiarnos y transformarnos. Cualquiera que haya comenzado a meditar, haría bien en sentarse a calcular el costo de esta acción, como el hombre sensato que quiere construir una torre. Al observar los beneficios fisiológicos obtenidos de la meditación, es interesante tratar de precisar su exacta dimensión sanadora. Algunos investigadores en Tokio han sostenido que los efectos benéficos emanan de la posición de loto. Ellos atribuyen a la columna recta, la posición balanceada , el ligero contacto de los dedos y la respiración lenta, el producir la más profunda relajación a nivel humano. Además sostienen que, junto a la posición tendida, el loto es la postura en la que se gasta menos energía. Todo esto es muy cierto, y creo que los estudios científicos sobre el flujo de la sangre al cerebro y la relajación de la tensión muscular revelarán más y más sobre los beneficios fisiológicos de la postura de loto. Al mismo tiempo, pienso que sería una exageración poner todo el énfasis aquí y sólo aquí, porque se cosechan beneficios similares en la MT y en otros sistemas que no insisten en el loto. Además, aun en el Zen la postura de loto, aunque muy deseable, no es esencial. El Zen puede ser practicado en un lecho de enfermo. Por lo tanto, debemos buscar en otra parte una explicación de la dimensión terapéutica de la meditación.

Creo que el secreto yace en lo que ahora los científicos llaman concentración pasiva, energía pasiva. Esta es una energía recientemente descubierta, la que promete ser de gran significación para el futuro de la ciencia y del hombre. Fue introducida al mundo científico por el alemán Joannes Schultz, cuyo entrenamiento autógeno(*) – influido por la medicina occidental, por la hipnosis y por el Yoga – ganó popularidad en Europa alrededor del año 1910. Pero antes de examinar la energía pasiva en detalle, me gustaría echar un vistazo a su rol en la terapia por medio de la meditación.

La importancia de los experimentos, como los del Swami Rama, no yace precisamente en la posibilidad de detener el corazón o ejecutar hechos extraordinarios . Lo que es significativo es la posibilidad de crear una nueva forma de terapia a través del control del cuerpo. Si la gente puede aprender a regular la temperatura corporal, el flujo sanguíneo, el ritmo cardíaco, etc., se abren enormes posibilidades en la medicina psicosomática. Y si es demostrado que el sistema nervioso autónomo involuntario no es tan involuntario después de todo, pueden abrirse perspectivas nuevas.

En la Fundación Menninger, en Kansas, se les enseña a voluntarios a controlar estados internos por medio de bio-retroalimentación , usando proyecciones audiovisuales. Se regula la hipertensión, por ejemplo, conectando al sujeto a una máquina de tal manera que se encienda una luz cada vez que su presión sanguínea suba de cierto punto. Su trabajo es prevenir que la luz relampaguee y de esta manera mantener baja su presión sanguínea. Se ha descubierto que el poder de la voluntad o voluntad activa – deseando que la presión sanguínea baje – no logra nada o puede tener efectos contrarios. Pero si yo deseo que mi presión sanguínea baje de una manera pasiva y luego simplemente dejo que los hechos sucedan, de esta manera y por el uso de la bio-retroalimentación, puedo lograr un gran nivel de control. El secreto está en el control de la energía pasiva y en ejercitar la voluntad pasiva. Y todo el proceso es una especie de meditación.

Se ha estado efectuando una extensa variedad de experimentos de este tipo de terapia. Hay, por ejemplo, entrenamiento en relajación muscular. Se sabe que en el proceso de relajación, los músculos de la frente son de primera importancia, si están relajados, es posible una relajación total. Así que se coloca un electrodo en la frente y cuando los músculos se relajan se enciende una luz o el medidor baja. De esta manera se aprende la relajación de los músculos. Pero el resultado no se obtiene luchando o por un esfuerzo activo, sino por la voluntad pasiva.

También está la posibilidad de curar jaquecas de tipo migraña. Se descubrió que se puede obtener el alivio a través del aumento del flujo de sangre hacia las manos, lo que se llama calentamiento de manos. Una vez más, con voluntad activa, con un propósito firme y determinado de calentaré mis manos, no consigo nada, pero si uno se relaja, desea que sucedan las cosas y de este modo permite que ocurran, se pueden lograr extraordinarios resultados. Como antes, se colocan electrodos sobre las manos y se conectan a un medidor, que inmediatamente registra el menor cambio de temperatura. De esta manera, el sujeto es informado cuando sus manos empiezan a calentarse y puede aprender a regular la temperatura por sí mismo; está aprendiendo el arte de la voluntad pasiva.

Es aun muy prematuro predecir el futuro de esta nueva rama de la medicina basada en la concentración pasiva y en la meditación. Se ha sugerido que podría ser posible encontrar una cura para el cáncer : estaría en el terreno de las posibilidades el desnutrir y reabsorber los tumores cancerosos mediante el control voluntario del flujo sanguíneo. Sin embargo, uno de los aspectos más significativos es que estamos yendo hacia una forma de medicina en la cual los pacientes sanarán por ellos mismos y en la que el papel de los doctores y enfermeras será cambiado radicalmente. Esto haría de la sanación algo creativo y positivo en vez de un proceso que sobrellevar.

Meditación e Intimidad

Meditación e Intimidad

El mundo moderno muestra gran interés en cualquier tema que se vincule con las relaciones comunitarias e interpersonales. Lo más probable es que estemos empezando a ver que si hemos de vivir en armonía en este atestado planeta sería mejor que empecemos a encontrar la fórmula para la vida comunitaria, y rápidamente . Teilhard lo expresó muy bien cuando dijo que era Amarse los unos a los otros si desean ser perfectos, pero ahora es Amarse los unos a los otros si desean sobrevivir. Si queremos proseguir con el objetivo de planetización y construcción de la Tierra, debemos aprender a vivir juntos. De ahí nuestro interés en una vida comunitaria, en relaciones interpersonales, en encuentros grupales, en entrenamiento de sensibilidad, y todo lo demás. Es evidente que la comunidad es una de las grandes preocupaciones hoy en día.

Y relacionado con esto está el interés moderno en la intimidad. Nuevos enfoques en el matrimonio acentúan la dimensión de intimidad entre marido y mujer. Nuevos pensamientos sobre el celibato religioso le dan importancia al amor personal y a la intimidad en el estado de soltería. Es aparente que el hombre ha llegado a una etapa en la evolución donde la intimidad es no sólo una de sus prioridades, sino también una necesidad de la vida.

A pesar de todo lo que se dice sobre la intimidad, sin embargo, no hay un consenso sobre lo que la palabra significa. A veces se iguala con sinceridad en las relaciones humanas, o con la franqueza y apertura. 0 es considerada como lo opuesto a jugar juegos. Pero lo que me interesa aquí es que, no rara vez, unas profundas relaciones interpersonales e intimidad son asociadas con profundidad en la meditación. Centros de entrenamiento de sensibilidad y de desarrollo del potencial humano a menudo ofrecen cursos de encuentro y de meditación, como si sintieran instintivamente que ambos están unidos de alguna manera. Y aquí quiero preguntar cómo y con qué alcance están de hecho relacionados.

Frente a esta pregunta puedo ver inmediatamente dos razones por qué la meditación puede llevar a la gente a conocerse y amarse en niveles más profundos de consciencia. Uno es el desapego que necesariamente acompaña el proceso de meditación . El otro es el conocimiento empático. Quiero decir unas palabras sobre estos dos puntos. Primero sobre el desapego.

La psicología moderna nos recuerda que para ser verdaderamente íntimos no debemos apegarnos a la gente. Debemos dejarlos ser, dándoles la libertad de ser ellos mismos, de vivir sus propias vidas, de tomar sus propias decisiones, de escoger sus propias creencias, de seguir al espíritu dentro de ellos. El hecho es que la mayoría de nosotros no podemos hacer esto. Nos colgamos de quienes amamos, tratando de hacer de ellos lo que nosotros queremos que sean y de amoldarlos de acuerdo a nuestros planes. Esto destruye
la unión e intimidad.

Sería relativamente fácil el abandonar nuestras fijaciones de apego si estuvieran en la mente consciente. Pero generalmente no lo están. Ellas están vagando en esas profundidades nubladas y subliminales que están fuera de nuestro control y aun más allá de la frontera de la consciencia. A veces sólo podemos adivinar su existencia por la inexplicable angustia que cruza la mente en ciertas relaciones. A menudo dichas relaciones son en parte proyecciones: ya que estamos sobreponiendo la imagen de nuestro padre o madre sobre otros, o apegándonos a ellos como un niño se apega a sus padres. 0 una madre proyectará en su hijo sus frustraciones inconscientes, obligándolo a vivir la vida que ella quiso vivir, pero no pudo. Está
de más decir que no se da cuenta de esto; ante sus ojos ella es la madre amorosa. Pero no puede ser íntima con este niño porque se quiere a sí misma en él.

Sólo se puede conseguir profundidad cuando llegamos más allá de las proyecciones, al centro de la personalidad del otro, es decir, cuando una persona conoce otra persona. Y esto, a su vez, se puede hacer únicamente cuando estoy desapegado de mis ilusiones subliminales, deseos egocéntricos, frustraciones inconscientes, proyecciones infantiles, y todo lo demás. En otras palabras, la primera condición para la intimidad es la purificación de la mente consciente e inconsciente.

En términos del análisis transaccional, la intimidad sólo se puede conseguir cuando una relación es purificada de influencias excesivas de Padres y Niños.

Mientras el Niño en mí se relacione constantemente con el Padre en otra persona, las oportunidades de intimidad son pocas porque la relación es distorsionada por la interferencia de recuerdos semienterrados y de voces del pasado. Si yo he de conocer el centro del otro en el centro de mi propio ser debo deshacerme del Niño neurótico y del Padre mandón. Y una vez más esto sería fácil de hacer si estos fantasmas estuvieran únicamente en la mente consciente. Pero a menudo no es así, están alojados en áreas subliminales, así que no podemos analizar la transacción, aun cuando quisiéramos hacerlo. Una vez más se requiere la purificación del inconsciente. Unicamente cuando esto se ha producido puede una persona conocer otra persona sin jugar juegos. Solamente ahí es posible que un adulto conozca a un adulto, o, más maravilloso aún, que el Niño purificado conozca al Niño purificado. Unicamente ahí está el escenario listo para una reunión que pueda ser una experiencia verdaderamente íntima. Desapego de los estados internos propios y la purificación de todas las identificaciones son las condiciones inexorables para tal encuentro íntimo.

Ahora, la meditación vertical que va más allá de los pensamientos e imágenes, al centro interior del silencio, es el enemigo del apego consciente e inconsciente. Esto es particularmente cierto en el samadhi budista con su énfasis en el silencio, la nada, el vacío y la cesación del deseo. El Budismo declara que el apego causa ilusión, cegándonos a la verdadera naturaleza de la realidad y haciéndonos vivir en un mundo de fantasmas. Y así, en el silencio, una meditación que penetra a través de capas y capas de conocimiento, libera al hombre de la tiranía de sus identificaciones internas . Penetra a las oscuras profundidades subliminales y las limpia. Entonces, liberado de apego e identificación, yo puedo ver y relacionarme con el otro como un otro. Deja de existir mi idea del otro y puedo percibir al otro como es en sí. No existe más mi idea de mí mismo sino sólo mi yo verdadero, profundo y auténtico. Ahora estoy libre para amar y recibir amor.

Más aún (y esto es cierto de toda experiencia contemplativa), me vuelvo habitualmente presente y abierto al aquí-y-ahora. Las ideas conceptuales sobre las personas y cosas nos apartan de la realidad que existe frente a nosotros, transportándonos al pasado. La persona intuitiva, no apegada, por el contrario, es una persona-ahora. El ve al otro como es hoy, no como era ayer. La disciplina del desapego lo ha llevado a una fresca percepción continua que hace posible una autenticidad más profunda y un regalo de sí mismo.

Este desapego, tan característico del Budismo, se encuentra en todas esas formas de la meditación vertical que usan el mantra, el koan, el mandala, o simplemente el silencio sin imágenes. Se encuentra en forma predominante en la contemplación Cristiana. El proceso de meditación aclara las capas superiores de la mente, abriendo el inconsciente , yendo más allá de las identificaciones, hacia las profundidades de la vida psíquica, trayendo al meditador a una profunda libertad en la cual es liberado de la tiranía de sus propios estados interiores. Y todo esto para el fenómeno que llamamos intimidad.

Pero el desapego, valioso como es, no constituye la esencia de la intimidad. No es más que una condición, una preparación, una liberación. Precisamente , el desapego en sí, podría ser una condición para el odio y
la destrucción: podría liberar al meditador para hacer daño con ecuanimidad. Mucho más importante es el segundo punto que mencioné, a saber, el conocimiento de empatía que forma el fondo de la meditación sea ésta Budista o Cristiana . Es el conocimiento que va más allá de los pensamientos, imágenes y conceptos.

Proviene del amor y compasión, y lleva a vivir-dentro. Es el conocimiento y amor de un Pablo que descubre que vive en Cristo y que Cristo vive en é1. Pablo continua diciendo que él es en Cristo y que él experimenta que Cristo está en él. Los creyentes, también, están en Cristo , y ellos rezan para que Cristo esté en ellos; que Cristo pueda vivir en sus corazones a través de la fe. (Efesios .3:17). Aquí está el centro de la intimidad y de vivir-en. Y algo de la intimidad de Pablo con Jesús puede ser encontrada en una relación entre buenos amigos que se conocen y aman a niveles profundos de conocimiento. En Introducción a la Vida Devota, Francisco de Sales cita las palabras de San Gregorio de Nazianzen sobre su notable amistad con San Basilio:

Parecía como si hubiera una sola alma entre nosotros, teniendo dos cuerpos. Y si no debemos creer a los que dicen que todas las cosas están en todas las cosas, Ud. tiene que creer esto, que nosotros estábamos en cada uno, y el uno en el otro (Francisco de Sales, cap. 18).

Estos dos hombres eran místicos. Habían experimentado desapego y estados de consciencia meditacional para que su amistad culminara en un vivir-en que nos recuerda la amistad de Pablo con Cristo. Y la esencia de esa intimidad es un amor personal, liberado por el desapego, por medio del cual dos personas
se encuentran en el centro de su ser en un encuentro extático.

Quisiera acentuar el papel de la empatía y el amor porque ha sido sugerido en grupos de encuentro que el proceso psicológico, por sí solo, puede afectar la intimidad. Es como si el simple hecho de meditar, de entrar en estados profundos de conocimiento y de expandir la consciencia de uno, mejoraría la intimidad
sin la dimensión religiosa de la fe y el amor. Yo no creo que sea así, yo no creo que ningún proceso psicológico, divorciado de la fe y del amor y compromiso pueda producir intimidad y vivir-en. Esto se me grabó mientras leía sobre unos experimentos hechos en el campo de la meditación secular y la meditación no religiosa. Estos experimentos resultaron no en un vivir-en sino en unión. Déjenme describirlos brevemente:

En un experimento, a los sujetos se les pidió meditar mirando por largos períodos a un objeto, como ser un jarrón azul. En la medida que miraban y su meditación se profundizaba, algunos experimentaron la sensación de unión con el jarrón y de convertirse en uno con él. O sintieron que el jarrón estaba dentro de ellos. Aquí sigue un informe de un investigador:

La unión fue informada por el sujeto A, quien desde un principio habló de alteraciones notorias en su percepción del jarrón y de su relación con él: Uno de los puntos que recuerdo más nítidamente es cuando yo realmente empecé a sentir, casi como si el azul y yo nos uníamos quizás, o que el jarrón y yo nos uníamos. Me asustó al punto que me encontré regresando de alguna manera de él Fue como si todo se estaba uniendo y yo de alguna manera estaba casi perdiendo mi sentido de consciencia. Esta experiencia de unión fue característica de todas las sesiones de meditación de ese sujeto, pero de pronto se familiarizó con ella y dejó de describirlo como algo excepcional . Después de la sexta sesión, informó, En un momento sentía como si el jarrón estuviera en mi cabeza en lugar de allí afuera; yo sabía que estaba allí afuera, pero parecía como si casi fuera parte mía. Pienso que casi sentía en ese momento como si la imagen estuviera realmente en mí, y no allí afuera

Adicionalmente, al unirse con el jarrón, los sujetos informaron que ellos se apegaban personalmente a él: se sintieron desilusionados cuando fue retirado o cuando no estaba al entrar a la habitación. En otras palabras, la meditación prolongada había desarrollado en ellos un cierto amor por el jarrón y un estado de unión con
él. Unirse con un jarrón o con una flor es una cosa; unirse con una persona es otra cosa . Aquí también los experimentos de laboratorio nos hacen pensar. Después de una serie de sesiones en hipnosis, donde dos sujetos, Bill y Anne, se hipnotizaron mutuamente, el Dr. Tart de la Universidad de California en Davis hizo
la siguiente observación:

Aprendiendo a través de la experiencia

Aprendiendo a través de la experiencia

La meditación es una manera de abrir nuestras vidas a la riqueza de la experiencia, no es una práctica esotérica limitada a ciértas horas y lugares. Esto implica atención a todo lo que hacemos, aprendemos a abrir nuestros sentidos a cada matiz de la experiencia, todo está incluído en esta meditación atentos aun a los más mínimos detalles.

A medida que se desarrolla nuestra capacidad de estar alertas, se va transformando nuestro entero rango de referencias. Vemos cómo se interrelacionan el pensamiento y la acción y, consecuentemente, llegamos a ser más sensitivos en nuestras comunicaciones con los demás. Nuestra percepción penetra a niveles más profundos, descubrimos cómo se producen los sentimientos y cómo funciona el pensamiento. Cuando nuestra percepción se profundiza aún más, podemos distinguir la relación entre pasado, presente y futuro,
y aprendemos a dirigir nuestras acciones de modo que nuestra vida sea satisfactoria y plena.

La atención cuidadosa (mindfulness) abre nuestra visión a acciones más constructivas, y la paciencia permite a nuestra visión a que se ponga a la obra. La paciencia trabaja silenciosamente como un agente secreto, protegiéndonos de ser atrapados en acciones sin sentido o en la desesperación por no conseguir más rápidamente lo que deseamos. Cuando conscientemente desarrollamos la paciencia, ella llega a ser una respuesta natural y apropiada para cada nueva situación; nos fortalece para afrontar aun los más difíciles momentos.

Cuando la paciencia está fuertemente desarrollada, el estado de alerta aparece aun desde dentro de nuestras negatividades, y de él viene nuestra meditación. Vemos que todo lo que ocurre es una manifestación de energía, la cual es una forma de nuestro estado de darnos cuenta y comprendemos que cada experiencia cotidiana es una parte de la naturaleza iluminada.

Este estado de atención puede ser siempre alcanzado ahondando en la naturaleza de la experiencia. Nuestra experiencia puede llevarnos mucho más lejos de nuestro pensar, ver y ser ordinarios. Nos puede llevar a la iluminación mística. Cuando estamos alertas podemos funcionar apropiadamente aun entre la confusión del mundo. Nuestra actitud positiva es benéfica para nosotros y para los demás. Vivimos la verdad que hemos adquirido.

Cuando vivimos de acuerdo a un punto de vista iluminado, comprendemos que Nirvana (mundo espiritual) está dentro de Samsara (mundo material). Son lo mismo, pero puede ser muy difícil de comprender sin saber primero cómo trasmutar las emociones y cómo trascender nuestros obstáculos. Antes de esto, aunque muchas de nuestras actividades puedan parecernos satisfactorias, estamos justamente acumulando karma: más necesidades, más condicionamientos inhibidores. Samsara es nuestro campo de entrenamiento. La impermanencia es una de las raíces del sufrimiento, y la ansiedad mental puede ser aún más penosa que la enfermedad física.

De acuerdo al Mahayana, una vez que el deseo de alcanzar la iluminación se despierta en la mente, algo ocurre en forma inconsciente dentro de nosotros. Al principio podemos luchar contra ese deseo y crearnos más sufrimiento, pero es a través de él que lograremos eliminar obstáculos y despertar. Una vez que empezamos a buscar la iluminación, no hay marcha atrás. La influencia positiva de este deseo por la iluminación es muy poderosa.

El yo-imagen:
Nuestro natural estado de ser es el de estar atentos, no atentos a algo sino en un estado que abarca la totalidad de la experiencia en su pureza. Allí nuestra mente está equilibrada, liviana. libre y flexible. No somos capaces, sin embargo, de permanecer en ese estado de atención, porque nuestra inclinación inmediata es querer saber quién está experimentando qué. Como resultado, aparece de nuevo nuestra consciencia ordinaria que divide nuestras percepciones en sujeto y objeto, creando como sujeto un yo-imagen. Pero quién es realmente ese yo-imagen? Simplemente una idea proyectada por la mente. Bajo la influencia del yo-imagen, perpetuamos la orientación sujeto-objeto. Tan pronto como nos identificamos con ella, empieza la comparación: yo esto, el otro, aquello, y el aferramiento y el egoísmo siguen rápidamente. Es allí donde la mente formula discriminaciones y juicios que causan conflictos.

El yo-imagen carga de energía estos conflictos y ellos, a su turno, nutren al yo-imagen. Así éste se perpetúa tendiendo a filtrar la experiencia de manera de permitir solamente que funcionen sus propias y rígidas construcciones. Ni abierto, ni aceptante, el yo-imagen nos aprisiona en bloqueos y constricciones. Nuestro flujo natural de energía es interrumpido y la profundidad de nuestra experiencia queda severamente limitada,

Para librarnos de la interferencia del yo-imagen de modo que nuestro equilibrio natural tenga espacio para funcionar, primero debemos darnos cuenta de que el yo-imagen no es una parte genuina de nosotros. Que no lo necesitamos y que, de hecho, oscurece nuestro verdadero ser. Una manera de conseguir esto es detenernos a observar nuestros pensamientos cuando estamos en medio de una tormenta emocional. Entonces podremos ver que el disturbio es causado realmente por el yo-imagen. Podemos comprender que mucha de nuestra infelicidad es el resultado de expectaciones – a veces desmesuradas – a las que nos conduce el yo-imagen y que no pueden ser razonablemente satisfechas. El yo-imagen es una fantasía en sí mismo, un ente ilusorio, por eso tiende a construir un mundo de fantasía. Esto origina una gran cantidad de energía, y cuando estas fantasías no se realizan, la energía queda bloqueada y se transforma en frustración.

Podemos encontrar toda clase de justificaciones racionales para nuestras dificultades, pero una observación honesta descubrirá tras de esas razones que nuestra infelicidad viene de identificarnos con nuestro yo-imagen y de seguir sus dictados. El nos domina y controla, así quedamos atrapados en su poder y perdemos nuestra independencia. Aunque veamos esto y tratemos conscientemente de detener nuestro sufrimiento, nuestro yo-imagen nos arrastra a menudo a repetir experiencias penosas una y otra vez. Es que no queremos realmente cambiar: la adhesión al yo-imagen es poderosa. No queremos buscar nuevas alternativas porque nos asusta perder nuestra identidad. A menudo nos colgamos de nuestro sufrimiento porque él puede ofrecernos mas seguridad que el abrirnos a un cambio real.

Para experimentar una genuina felicidad y equilibrio en nuestra vida, tenemos que dejar caer la causa raíz de nuestro sufrimiento: el yo-imagen. Desde el momento en que dejamos de servirlo y de atender su necesidad de ser nutrido, desaparecen todas nuestras dificultades, nuestra energía se relaja y puede fluir libremente. Esta energía puede entonces ser usada para nuestro futuro desarrollo personal.

Contemplando nuestras emociones negativas, veremos en juego la naturaleza aferrante del yo-imagen. Siempre está haciendo demandas, siempre queriendo más y más. Al nutrirlo, perpetuamos lo que nunca podremos esencialmente satisfacer. Al final, veremos que el aferramiento transforma toda satisfacción en frustración, nada está a la altura de lo que exige el insaciable yo-imagen. La frustración conduce a emociones negativas y, como el yo-imagen se nutre de la negatividad, redobla su fortaleza con cada frustración que soportamos.

Tan pronto como somos conscientes de la naturaleza del yo-imagen, sabemos que podemos cambiar, desarrollando flexibilidad en nuestras actitudes, porque nuestra consciencia es en sí misma flexible y no rígida . Podemos desarrollar esa flexibilidad adoptando nuevas perspectivas. Por ejemplo, cada vez que
nos sintamos desdichados, digamos con énfasis: Soy feliz. Digámoslo fuertemente a nosotros mismos, aun si nuestros sentimientos nos contradicen. Recordemos que es nuestro yo-imagen el que es infeliz porque algo contrarió sus deseos, no nosotros. Nuestra total disposición interna puede cambiar así, aun
sin que cambien las circunstancias exteriores.

Debemos elegir entre seguir al yo-imagen que nos tiene prisioneros o desarrollar una actitud positiva que nos traiga claridad, plenitud y felicidad. En el lado positivo, ni expectaciones ni frustraciones ni un dominante yo-imagen nos apartará de la inmediatez de nuestro verdadero ser. Los obstáculos y las distracciones ya no dividirán más nuestros sentimientos y nuestra mente. Estaremos equilibrados y nos experimentaremos a nosotros mismos tal como somos.

No importa en qué situación nos encontremos, podemos escoger nuestro ambiente mental, Al preferir el equilibrio, daremos un propósito a nuestra vida. La elección es nuestra: tenemos solamente que elegir el camino de la libertad.

Cambio de sí mismo:
Aunque nuestra vida pueda parecer feliz en la superficie, una sensación de profunda insatisfacción y falta
de plenitud puede yacer subterráneamente bajo esa apariencia. Es una sensación para la que no encontramos una causa definida. Al observarnos honestamente, caemos en la cuenta de que se debe al hecho de no estar usando nuestra vida tan productivamente como debiéramos. Es tan fácil dejar de hacer
lo que sabemos que es importante en un momento dado, aunque ello sea significativo para nuestra vida.
A menos que empecemos pronto a cambiar esa actitud, no iremos a ninguna parte. Actuar así, sin embargo, no es una tarea fácil, porque ello significa hacernos cargo de nuestra vida y aprender a ser honestos con nosotros mismos en una forma no habitual.

Sin saberlo, hemos desarrollado condicionamientos que han llegado a asumir una fuerza propia. Más tarde, notamos con sorpresa que esa fuerza – karma – tiene en un real sentido controlado el correr de nuestros días en una forma casi automática, y que nos hemos permitido perder el control sobre nuestra dirección. Nuestras oportunidades resbalan y se alejan, y ese deslizamiento también toma la forma de un condicionamiento. El resto de nuestra vida puede consistir solamente en vivir según condicionamientos
que no sirven a ningún propósito.

Esta falta de control viene en formas sutiles pero definidas. Por ejemplo, no hacer lo que sabemos que debiéramos hacer fortalece un condicionamiento evitativo. Esta reluctancia llega a ser un hábito. Empezamos automáticamente a evitar todo aquello que sea aun ligeramente difícil o desagradable. Pueden perderse oportunidades desafiantes y productivas, porque el condicionamiento evitativo ha hecho su elección por nosotros. Cada vez que el condicionamiento gana, se fortalece, y nuestra voluntad se debilita cada vez más.

A medida que el tiempo pasa, estos condicionamientos van creciendo más y más fuertes, se van volviendo tendencias que continúan a través de otras encarnaciones, lo recordemos o no. Esto es karma y es una parte del proceso de la vida. A causa de este karma, llega a ser cada vez más difícil alcanzar nuestras metas, realizarnos o progresar espiritualmente. Nuestra vida no es realmente sana, ya que hemos internalizado de tal manera estas tendencias nocivas que no son fáciles de cambiar. Ellas han pasado a ser parte de nosotros sin que nos diéramos cuenta.

Cómo remediar esto? Primero, necesitamos reconocer y ubicar aquellos hábitos que nos perjudican. Esto pone fin a nuestras justificaciones e inicia una responsabilidad activa y honesta por nuestra propia vida, reemplazando nuestra tendencia a suspirar pasivamente por un lugar perfecto donde la vida estuviera libre de problemas.

No podemos cambiar de la noche a la mañana, pero podemos empezar un proceso que nos dará una base sólida y genuina que nos ayudará a ser más vitales y más equilibrados. Empezaremos por quebrar los condicionamientos evitativos, Nos concentraremos sistemáticamente en las tareas que no queremos hacer y nos pondremos en acción, manteniéndonos atentos a las emociones negativas que se originen al cumplir estas tareas.

Puede ser que aparezca ira, fastidio o frustración. Quédate con eso. Saborea esa emoción reflexivamente. Hazlo hasta que venga una sensación desde debajo de la emoción original, que puede manifestarse al principio como tensión o fatiga física. Al penetrar esa resistencia, la sensación puede intensificarse. Finalmente, la reconocerás como miedo. El miedo es elusivo. La mayor parte de nosotros no acepta fácilmente que el miedo guíe nuestras elecciones y nuestras acciones. El sentimiento de que controlamos nuestra vida es parte de nuestro querido yo-imagen, a quien queremos proteger. Nos sentimos seguros en nuestros condicionamientos establecidos, tememos que lo incierto y lo desconocido amenacen estos condicionamientos. Cediendo a este miedo, aunque no estemos conscientes de él, lo reforzamos. El miedo, entonces, crea más miedo, el que llega a ser una fuerza sutil que nos esclaviza. Lo que puede parecernos una situación sobre la que no tenemos control, puede realmente ser nuestro miedo a enfrentarnos con el miedo que hay dentro de nosotros, Este miedo puede saturar toda nuestra vida.

Cuando contactamos nuestro miedo y lo reconocemos, podemos ver que la mayor parte de nuestras racionalizaciones, nuestros mezquinos gustos y disgustos, aun los caprichos personales que tanto disfrutamos. son simples soportes del yo-imagen, tretas que sirven para ocultar nuestra caída en el miedo. Estas inclinaciones, aparentemente inofensivas, revelan su real poder como condicionamientos kármicos en acción. Ellos han ocultado nuestra verdaderas motivaciones tan sabiamente que hemos perdido la capacidad de ser verdaderamente honestos con nosotros mismos. Cuando logramos este discernimiento, podemos actuar en base a él, porque entonces tenemos el conocimiento y la oportunidad de quebrar nuestras limitaciones.

La Meditación en el Cristianismo

La Meditación en el Cristianismo

Es difícil saber lo que podría incluir esto de Meditación en el Cristianismo. Todo lo que sé es que la meditación, la oración meditativa, es una parte muy real de nuestra vida, También sé que nos hemos enterado de algunas cosas nuevas acerca de ello. Me parece que lo más significativo que yo podría hacer es compartir con ustedes este sendero. Estamos en una búsqueda. Esa búsqueda está mejor descrita en una sentencia de T. S. Eliot: Estamos volviendo al lugar desde el cual comenzamos y lo conocemos por primera vez. Estamos en un trayecto que es a un tiempo un regresar y una partida, que se mueve hacia un futuro que realmente no comprendemos, pero al que le damos la bienvenida.

La oración meditativa ha sido desde los principios una parte integral de la experiencia cristiana. Pero nosotros estamos interesados no sólo por aquellos momentos especiales, meditativos y reflexivos, sino
por una forma total de vida, una manera de vivir. De hecho, en la temprana experiencia cristiana esto fue simplemente llamado el Camino. Una forma de vivir relacionada con la Fuente de la Vida, que energetiza
y hace posible un arraigo en la realidad que solos nunca podríamos conocer.

Esta experiencia es como una parábola. Una parábola es una respuesta que no responde. Es siempre una respuesta que a la vez desafía e invita. Esta es la paradoja de vivir descubriendo una verdad en reverente tensión. Es perdiendo la propia vida que al mismo tiempo se la encuentra. Un énfasis en el Camino Cristiano sólo en la pérdida de la vida, podría conducir a una patología depresiva, a una enfermedad. Lo de encontrar la propia vida conduciría también a una enfermedad, a la agresividad violenta. Necesitamos la paradoja de la pérdida y el encuentro, el viaje que es a la vez muerte y resurrección.

Esta paradoja vivida por las comunidades cristianas primitivas y preservada en los Evangelios, ha sido interpretada de muy diversas maneras a través de los tiempos. Sería interesante estudiar alguna vez un paralelo entre el primer Ignacio, aquel que hablaba de esa agua que lo mantuvo cautivado hasta acceder al Padre, y el Ignacio posterior, aquel cuya total aproximación a la oración reflexiva fue cuidadosamente sistematizada. Piensen en las diferencias de una Teresa de Avila, una Teresa de Liseux, una Juliana de Norwich, en Francisco de Asís, en Catalina de Sienna. Tan divergentes acercamientos a la oración reflexiva en la experiencia cristiana hace que resulte difícil poder englobarlos en un solo grupo. Ellos son como facetas, diferentes formas en que esta experiencia del Evangelio es interpretada por una cultura y una personalidad dadas.

Es difícil hablar de meditación. Pienso en las consideraciones de Frederick Franck al inaugurar un seminario con unas explicaciones muy cuidadosas acerca del Zen del Ver-Dibujar, y luego decidir que la única manera era ir y hacerlo. Salir al exterior y sentarse frente a esa hoja de árbol. Mirarla tranquilamente hasta compenetrarse y entonces dibujarla sin mirar el papel. La hoja ha entrado en la realidad del dibujante.

A esta entrada en la realidad de la propia vida nadie puede conducirnos. Hay maneras de ayudar cuando usted comienza, pero usted debe encontrar, cada uno de nosotros debe encontrar, la manera de respirar que nos convenga, en la cual saboreamos la vida, estamos más vivos. Es algo de esta experiencia que me gustaría compartir con ustedes, tan reflexivamente como podamos, algo así como un vivenciar juntos, haciendo posible para ustedes el acceder a algo de ella.

Nuestras congregaciones fueron generalmente organizadas para mantener unidos a grupos de mujeres que estaban interesadas en ayudar a los inmigrantes que habían llegado a los Estados Unidos. Mujeres que querían enseñar, servir en el cuidado de la salud o en el servicio social, también mujeres que fueron requeridas para el enclaustramiento contemplativo: esa aproximación al silencio, a ciertas restricciones a los viajes, al horario controlado con tiempo previsto para el trabajo y la oración. La pregunta que nos hacíamos era: cómo podemos ejercer un ministerio en la vida de modo que realmente sea una vida consagrada? Cómo podemos consagrar esa vida tanto dentro como alrededor de nosotras? Cómo podemos tomar la experiencia de Jesús, tan actual hoy día, habiendo sido vertido su espíritu en nosotras, ungiéndonos, para que podamos irradiarlo en liberación y sanación? Para lograr esta posibilidad hemos dado los primeros pasos en un camino que nos parece más y más dador de vida. Son pasos antiguos, pero de nuevo descubiertos. Encontramos que estamos aprendiendo que nuestra oración meditativa no es tanto una separación de la vida, como se creyó antaño, sino un salir de la vida para lograr una perspectiva respecto de ella, y más que un dialogar con nuestras experiencias, un dialogar con la vida.

Creemos que como mujeres de este siglo necesitamos un acercamiento al mensaje cristiano con una nueva visión general. De muchas formas hemos sido masculinizadas por nuestra experiencia cristiana occidental. Ahora somos llamadas para encarnar aquellos valores que habían sido dejados de lado en el proceso de masculinización: la interioridad, la compasión, el espíritu de comunidad. Estos valores son generalmente sospechosos en nuestra sociedad, porque son considerados débiles en contraste con la tendencia dominante a ser el primero, a poseerlo todo, a tener el control”. Hoy pensamos en que nuestro orar sea reflexivo, no diciendo un montón de palabras sino más bien lo enfocamos como un crecimiento en nuestras vidas, siendo más y más honestas respecto a nosotras mismas, dándonos cuenta de qué es lo
que internamente nos acomoda y qué nos puede conducir a aumentar nuestra libertad y energía.

Hemos aprendido que en una sociedad masculinizada el concepto de cuerpo femenino tiene connotaciones negativas que las mujeres han interiorizado y que deben ser pensadas de nuevo. Estamos redescubriendo lo sagrado de nuestros cuerpos. Estamos aprendiendo a respirar más profundamente, aprendiendo a disfrutar en nuestro cuerpo, en el buen sentido de alegría corporal. Estamos aprendiendo maneras de estar quietas, de apaciguarnos, encontrando formas de concentración. Al trabajar con mujeres jóvenes descubro que ellas encuentran muy largo – les son casi intolerables – siquiera cinco minutos de quietud. Estamos aprendiendo un sonido rítmico sostenido que pueda ayudar a concentrarnos. Para la mayoría de nosotras,
el uso de una palabra simbólica, significativa, es apaciguante y a la vez nos mantiene atentas.

Me gustaría entonces invitarlos a respirar profundamente por un breve momento, sólo para que prueben la experiencia a la que muchos de ustedes pueden acceder con rapidez. Voy a empezar por un canto simple basado en una frase que tengo muy presente en esta época del año: el árbol. El fue una parte muy significativa de nuestra reflexión en la época primitiva de la Pascua de Resurrección, el árbol plantado próximo al agua viviente, el árbol enraízado en el agua viviente. Al respirar más y más profundo, dejemos inundar todo nuestro ser con la imagen del agua vuelta luz. Dejémosla fluir en nosotros. Personalmente y como grupo reunido aquí, somos un árbol. Estamos compartiendo en forma casi tangible esta vivencia. Dejemos que la vida nos coja y nos cargue de energía, para liberarnos. Y como la melodía nos es familiar, vamos, cantemos con ella:

El árbol sorbiendo luz por sus raíces …

Todo depende de cómo percibimos el silencio alrededor y dentro de nosotros, de cómo interpretamos el silencio. Estamos aprendiendo que aquello que se anhela no está separado de aquello que es Dios, esa Presencia Amorosa que energetiza nuestra vida humana colmándola de plenitud en una relación de confianza. Estamos aprendiendo a cerrar la brecha, la separación entre lo natural y lo sobrenatural, entre
lo humano y lo divino.

Al respirar y reflexionar estamos entrando más plenamente en la Fuente de la Vida que arde en cada uno
de nosotros como río de fuego. Estamos aprendiendo a entrar en contacto con ese río de fuego, y la forma más cercana de hacerlo es entrando en nuestra propia realidad. La apertura a la vida, abriendo nuestras manos, aprendiendo a abrir todo nuestro ser, dejando que nuestro pasado quede atrás, reconociendo y aceptando nuestros sentimientos, sabiendo cómo sostener en la luz lo que nos amedrenta, lo que nos bloquea, lo que nos decepciona, lo que nos oprime, lo que nos regocija, lo que nos abre a otra gente, a nuevas amistades; cualquiera que sean estos sentimientos, dejarlos entrar en la Luz. Dentro de esta experiencia duerme el llamado que mañana tras mañana necesitamos oír. La palabra de ayer no es la palabra de hoy y aún no tenemos la del próximo día. Esperamos escuchar la nueva palabra de esta realidad en la que vivimos. Cuanto más estemos en contacto con la Fuente de Energía, más libremente podemos caminar sin miedo, responder al llamado del Exodo, creando y siendo vitalizados en maneras en las que no habíamos pensado, bebiendo más y más de esta agua viva que se nos había prometido y que está aquí para nosotros.

Estamos aprendiendo a escuchar la palabra que también está en las vidas de otros. Aprendemos que compartimos la misma Fuente de Energía que está dentro de cada uno de nosotros. Hay una sola energía, por lo que no necesitamos competir con los demás. No necesitamos objetivizar, ni clasificar a la gente etiquetándola en roles. La misma vida está emergiendo en ellos y mientras más gente con la que vivimos sea energetizada, más lo logramos todos. Producimos corrientes de sustento y de vitalidad, generativas de toda clase de nuevas formas de vida consagrada. Las recientes explosiones creativas que han comenzado a suceder entre mujeres religiosas son simplemente los inicios de este tipo de iniciativas, el energetizamiento creativo. Nada es ajeno a nuestra humanidad, ninguna alegría, ningún sufrimiento deja de tocarnos como si fuera nuestro.

Hay que moverse y fluir con la vida y dejar que la vida se mueva y transforme. Tenemos que descubrir la muy especial presencia del Señor entre los enfermos y, los oprimidos, una muy especial Palabra y un llamado especial. La dicotomía con las que hemos estado luchando entre oración y justicia no es natural. Nada beneficioso y permanente puede ocurrir si no está fundamentado y enraízado en la interioridad, en la no violencia dentro de uno mismo. A la vez, el estar atentos y alertas nos lleva a originar cambios profundos que pueden reformar la sociedad humana.

Estamos en un viaje. Creo que es un buen viaje, bueno en mi propia vida y veo que también es bueno en las vidas de otros. Estoy aprendiendo que no es tanto una pregunta acerca de Oriente y Occidente reuniéndose sino una pregunta acerca de lo que es humano. Qué es plenamente humano? Cuando podamos descubrir qué es lo que nos trae una mayor plenitud de vida, eso será la meta de nuestro viaje.

Alguien pregunta si es posible obviar el dogma de algunas convenciones religiosas que niegan que la meditación tradicional del Raja Yoga sea válida en el cristianismo. Ahora bien, cómo disipamos el dogma? No lo sé. Sólo creo que mientras nos atengamos al Evangelio, a la primitiva experiencia cristiana, basada en las prácticas judías, más comenzaremos a comprender que esta oración meditativa, esta reflexión, esta total sintonía del cuerpo, este respirar, es naturalmente parte de esta experiencia. Nuevamente creo que volvemos al interrogante de qué es lo que da vida a la persona, y no qué es lo que son los dogmas. Qué es dador de vida? Y la guía en esta experiencia, purificada y compartida en comunidad, es la vida.

La otra pregunta: El yoga incluye a Jesús en sus enseñanzas? Pueden los cristianos incluir al yoga en sus enseñanzas? Creo que es la misma pregunta anterior y mi respuesta es la misma.

Hermana Francis Borgia Rothleubber

Traducido y extractado por Luisa Riquelme de
Faces of Meditation
Himalayan International Institute
Pennsylvania.- USA

Las dimensiones de la meditación

Las dimensiones de la meditación

Hay muchas dimensiones en la experiencia meditativa. Podemos tener una hermosa experiencia, muy satisfactoria y agradable; pero esa experiencia es limitada porque ella pertenece a un ego. Hay un marco de referencia dentro del cual reaccionamos, por lo tanto, perdemos la experiencia. Así tenemos nuestros altos y bajos. Más tarde nuestra experiencia meditativa puede expandirse y llegar a ser ilimitada, sin punto de referencia, sin centro. Todo y cada cosa es parte de la meditación. Esto puede conducirnos a un nivel donde ya no existen distinciones. Despertamos y vemos que la realidad y la verdad no son unidimensionales, sino como un diamante con muchas facetas. Este nivel es lucidez pura. En ella estamos por sobre los pensamientos, en ellos y fuera de ellos. Podemos todavía verlos, pero sin involucrarnos.

Es posible pasarse muchos años practicando sin hacer progresos sustanciales. Pero podemos decir cuándo estamos meditando bien, porque en los más altos niveles de meditación no nos damos cuenta de que estemos haciendo algo, allí no hay reflexión. Tan pronto como existan murallas, en cuanto hayan parámetros, cuestionaremos nuestro estado y trataremos de medir el espacio. Pero cuando entramos en el espacio abierto de la meditación, no podemos dividirlo de esta u otra manera. Ya no se pueden aplicar cuestionamientos.

Al comenzar la meditación, es importante dejar ir todos los pensamientos y librarnos de su pasado y de su futuro. Es entre ellos donde encontramos la meditación. A medida que ella se va desarrollando, vamos descubriendo una intencionalidad meditativa dentro de cada pensamiento y de cada emoción. La meditación entonces viene a ser una parte natural de nosotros, una experiencia que puede acompañarnos a través de nuestra vida cotidiana. Cualquiera que sea lo que experimentemos puede volverse meditación, siempre que no tratemos de evitar o seleccionar. Nuestra respiración, sensaciones, tensiones musculares, deseos, ego, aferramientos y confusión, cada cosa que experimentemos puede ser parte de nuestra meditación. Ella no sólo puede ayudarnos a resolver nuestros problemas sino, además, protegernos de que surjan. El proceso de meditación relaja y calma, de modo que cuando surge cualquier pensamiento o emoción, ya no nos arrastra con ellos. Así su poder sobre nosotros empieza a disolverse.

El ego está estrechamente relacionado a las acciones de aferramiento e identificación. Pero una vez que aprendemos a meditar, el ego empieza a perder su poder sobre nosotros. El ego es un concepto basado en ciertas imágenes o interpretaciones que emergen a través de nuestros sentimientos y sensaciones, son simplemente condicionamientos sin ningún significado sustancial. La persona que confía en su meditación encuentra que no hay nombre ni forma en la experiencia.

Mucha gente cree que esencia y ego son lo mismo. Mientras más profundamente investigamos y más refinada es nuestra comprensión, nos damos cuenta con más fuerza de que no existe ni ego ni esencia. Son simples palabras vacías que no tienen significado.

A veces, al concentrarse, vienen a la superficie imágenes subconscientes, pueden ser memorias o arquetipos. Muchas experiencias no familiares surgen inesperadamente a la consciencia. Algunas técnicas de meditación originan y estimulan estas imágenes. Esta clase de experiencia significa que estás en el camino de la meditación. La concentración lleva a tales experiencias, pero también nos conduce más allá de ellas. Relájate y deja irse al vigilante. Trata de no estar consciente de nada. Usa paciencia, llega al fondo de tu meditación y trata de conectarte con esa sensación de profunda relajación: tu desasosiego irá cesando naturalmente. Así que no prestes atención a la cantidad o calidad de tu meditación, sólo tienes
que mantenerla abierta. Tú eres el centro de ella.

Si tu meditación es demasiado rígida o tensa, incluso puedes sentir jaqueca. Olvida el concepto de meditación, deja ir el sentido de propiedad. Cuando tienes ya sea una buena o mala experiencia, sientes
que tú eres el propietario. Este aferramiento crea una tensión. A menudo somos demasiado cuidadosos cuando meditamos, como si estuviéramos en una habitación con un lactante que duerme: al menor ruido,
el niño despertaría. Necesitamos relajarnos y perder esa actitud.

Sé cariñoso con tu cuerpo. Masajea gentilmente los músculos del cuello y la energía fluirá libremente. Deja ir todas tus tensiones y tus resistencias. No necesitas hacer nada en particular. Tus ojos, manos, estómago, huesos y músculos están todos cuidando de ellos mismos. Deja que tu percepción fluya a través de tu cuerpo y de tu mente.

Es bien difícil generalizar si el que sigue un camino espiritual necesita un gurú o no. La única manera de saberlo es mirar dentro del propio corazón y ver si uno puede manejárselas para progresar sin que su ego o su autoengaño se le atraviese en el camino.

La religión y la devoción son útiles, son otro aspecto de la meditación. Si tú crees y tienes fe y devoción, harás progresos. No es el único camino, pero es una herramienta muy importante.

La filosofía está relacionada, primero que todo, con los pensamientos y conceptos. Estos se van refinando
y entonces toman una dirección, la cual llega a un punto que se transforma en una regla, la que a su vez da origen a un sistema. Este sistema va creciendo cada vez más y, gradualmente, se desarrolla una consciencia ética: bien y mal, positivo y negativo, virtud, pecado, buen o mal karma, etc. Paulatinamente,
a medida que se va transformando en un modelo, la filosofía llega a ser restringida y sofocada por muchos complejos detalles.

Mientras más preguntas hacemos, más preguntas aparecen. Finalmente, llegamos a la conclusión de que
no necesitamos preguntar porque no hay respuestas definitivas. Pero si no empezamos preguntando, no llegaríamos a esta realización. En un sentido, nuestro conocimiento común no es inútil porque nos ayuda
a comprender que no hay fin para las preguntas. Es como frotar dos piezas de madera una con la otra. Se calientan y al final se encienden y consumen. El conocimiento intelectual es parecido a eso. La única manera de encontrar respuestas es darse cuenta finalmente que no hay respuestas. El responder origina
un mayor interrogatorio, y el preguntar sirve para repetir el ciclo. Las preguntas y respuestas no llevan a ninguna parte. Ellas se retroalimentan.

Tenemos pensamientos, y el expresarlos puede ayudar. Cuando hacemos preguntas, vemos donde estamos. Preguntar es una manera de saber, otra manera es a través de la experiencia. Cuando ambas ocurren al mismo tiempo, esto es muy bueno; pero, a veces, no podemos captar la diferencia. Eventualmente, todo llega a ser uno y no hay diferencia.

Preguntas y respuestas no llevan demasiado lejos, pero puede ser un ejercicio útil, no algo para rechazar. Cuando descartamos la filosofía y el conocimiento intelectual, nos cerramos a una parte importante de nosotros mismos. Al vivir, estudiar y trabajar en el mundo, necesitamos hacer esta clase de ejercicios tanto como sea posible. Pero cuando estamos meditando, no debiera haber preguntas.

Cuando estés confuso intelectualmente, trata de salir de esa confusión meditando. No es una pérdida de tiempo, es un proceso de aprendizaje. Cuando despiertes en la mañana, date cuenta que ahora es el momento, ahora es el desafío. Trata de aprender en cada instante, tus clases son en la vida cotidiana. Estás jugando juegos en el campo de la meditación las 24 horas del día. El desafío es cuál lado está ganando?, el positivo o el negativo?, qué estoy obteniendo? En sentido último, no hay ganancia ni pérdida; pero, hasta que no comprendemos esa verdad, continuamos siendo envueltos en los conceptos de ganancia y pérdida. Por eso, mientras tanto, trabajemos con lo que tenemos.

Los pensamientos:

Cuando somos capaces de tranquilizar nuestro cuerpo, respiración y mente, surge naturalmente un sentimiento muy confortable y grato. A medida que expandimos esa sensación, sentimos como si fuéramos llegando a casa, y podemos recuperar esa sensación una y otra vez en la meditación diaria. Podemos practicar al comienzo sólo unos minutos cada día. Sin embargo, a medida que extendemos estos períodos, encontramos que podemos meditar sin esfuerzo. Y a través de repetidos contactos con este sentimiento, nuestra concentración se desarrolla en forma natural. Nuestro progreso podría ser obstaculizado, sin embargo, si tratamos de interpretar estos sentimientos y sensaciones intelectualmente. Porque el proceso del pensamiento en sí mismo nos separa de la experiencia.

Nuestros pensamientos son tan por entero una parte de nosotros que, aun cuando estamos meditando, tendemos a aceptar el mundo de ideas y conceptos como nuestra realidad. Nos limitamos nosotros mismos a ese reino familiar y, por lo tanto, limitamos nuestra meditación. Vemos ese efecto claramente cuando examinamos bien de cerca la naturaleza de los pensamientos.

Cuando un pensamiento surge en la mente, nos apegamos a él como a un hijo nuestro. Nos sentimos como si fuéramos la madre de nuestros pensamientos, pero eso es una trampa que nos juega la mente. En efecto, si vigilamos cuidadosamente y tratamos de permanecer desapegados, podemos ver que cada pensamiento surge y se va sin una conexión sustancial con el que le sigue. Los pensamientos tienden a ser erráticos, a saltar de una cosa a otra, como canguros. Cada pensamiento tiene su propio carácter. Algunos son lentos, otros, rápidos; un pensamiento puede ser positivo, el otro, negativo. Pasan unos tras otros, como los automóviles en una carretera. En una muy rápida sucesión, cada uno se adelanta apenas el anterior se desvanece.

Puesto que un pensamiento conduce al próximo, parece como si tuvieran una dirección; pero, a pesar de la sensación de movimiento, no hay una genuina progresión. Son como el cinematógrafo: aunque hay una sensación de continuidad, esta es sólo una ilusión creada por la proyección de una serie de imágenes similares, aunque individuales.

Cuando surge un pensamiento o idea particular, empieza a tomar forma como una criatura en el útero. Se desarrolla por un rato dentro de nosotros, luego nace como una idea plenamente formada. Tan pronto como el pensamiento emerge, da un grito y tenemos que hacernos cargo de él. Los pensamientos son muy difíciles y exigentes. Necesitamos aprender a manejarlos en forma adecuada.

Vigilando cuidadosamente nuestros pensamientos, podemos aprender a experimentarlos directamente apenas surgen. Quedándonos gentil y astutamente junto a cada uno, podemos experimentar los diferentes modelos y matices que adoptan. Esto es lo que significa vivenciar la experiencia interna o, realmente, llegar a ser la experiencia.

Es importante la concentración cuando tratamos de hacer contacto con la energía que hay dentro de cada pensamiento; pero una concentración forzada no es efectiva, Puede funcionar durante muy cortos períodos de tiempo, pero siguen apareciendo nuevos pensamientos y la concentración vacila. Tenemos apenas medio-tratado un pensamiento cuando viene otro, y otro más. Para evitar esto, es importante guiar la mente con gentileza hacia un punto único en que pueda concentrarse plenamente en la experiencia interna de
cada pensamiento. A través de una suave disciplina, podremos desarrollar y expandir gradualmente esta concentración.

Cuando estamos muy atentos, podemos llegar a darnos cuenta del espacio que hay entre cada pensamiento. Esto no es fácil, debido a la rapidez con ellos se suceden, apenas se desvanece uno, aparece el próximo. Pero hay un ritmo en este proceso y, cuando captamos este ritmo, podemos ver una separación entre los pensamientos, un espacio o nivel de consciencia en donde los sentidos no nos distraen. El espacio entre los pensamientos tiene una calidad de apertura muy próxima al vacío, y no es atrapado por discriminaciones o confusiones. Al alcanzarlo, es como sumergirse profundamente en el océano: hay allí una amplia quietud. En la superficie puede haber incontables olas; pero, cuando vamos profundamente al fondo, hay una gran paz y equilibrio. Este espacio es como el intervalo entre este momento y el futuro: el presente pensamiento ya se ha ido, pero el próximo no está aún allí. En efecto, esta lucidez no está involucrada con pasado ni futuro, ni aun está envuelta en nuestra usual idea del presente. Contactar este espacio es como viajar a otra dimensión, y la calidad de la experiencia es totalmente diferente de las que tenemos en forma habitual.

Una vez que encontramos este espacio entre los pensamientos, podemos expandirlo en una experiencia profunda y plena. A medida que se expansiona la calma de este espacio, la mente va perdiendo en forma gradual su desasosiego, y empieza a manifestar su estado natural. Al principio, este estado es difícil de mantener porque nuestra mente todavía tiende a ser distraída por pensamientos. Pero, a medida que desarrollamos un mayor equilibrio, nuestra mente gravita más fácilmente a un más profundo estado de lucidez.