Estados Alterados de Consciencia

Estados Alterados de Consciencia

En términos generales, un estado alterado de consciencia puede definirse como un estado mental que puede ser reconocido subjetivamente por un individuo, o por un observador, como un estado diferente del estado normal del sujeto, ya sea por variaciones psicológicas o del estado de alerta propio de la vigilia. Es posible detectar los siguiente estados diferentes:

1.- El estado de consciencia “normal”: Es el estado de vigilia cotidiana caracterizado por la lógica, la racionalidad, la ley de causa y efecto, la intencionalidad y el sentimiento de que uno controla su propia actividad mental. El individuo es consciente de sí mismo en tanto que unidad experimental.

2.- El estado de sueño: Puede identificarse con el electroencefalograma. Presenta períodos de movimientos rápidos de los ojos y ausencia de ondas cerebrales lentas. Este estado se produce repetidamente durante la noche como parte del ciclo soñar-dormir.

3.- El estado de dormido: Igualmente puede identificarse con el electroencefalograma. Hay ausencia de movimientos rápidos de los ojos y aparición gradual de ondas cerebrales lentas. Cuando se despierta a alguien de este estado, lo que diga será muy diferente de lo que diría al ser despertado de un estado de sueño.

4.- El estado hipnagógico: Transcurre entre el estado de despierto y el sueño, al comienzo del ciclo dormir-soñar. Generalmente se caracteriza por una imaginería visual y algunas veces auditiva. Se diferencia de las formas de actividad mental que se dan durante el dormir y el soñar.

5.- El estado hipnopómpico: Tiene lugar entre el estado dormido y el despertar, al final del ciclo dormir-soñar. Puede existir imaginería visual y auditiva, parecida al estado anterior. Se supone que las intuiciones más valiosas nos llegan en ese estado.

6.- El estado hiperalerta: Se distingue por una vigilancia acrecentada y prolongada mientras se está despierto. Se puede inducir por medio de drogas que estimulan el cerebro (típico de los estudiantes que preparan exámenes), por medio de actividades que precisan una concentración intensa, como serían los deportes arriesgados (montañismo, carreras de autos, salto con paracaídas, etc), o en operaciones militares peligrosas.

7.- El estado letárgico: Presenta una actividad mental aburrida y perezosa. Se puede producir por fatiga, falta de sueño, deshidratación, desnutrición, baja de presión o de azúcar en la sangre, por drogas que disminuyen la actividad cerebral. También se origina por estados de ánimo depresivos.

8.- El estado de rapto: Se caracteriza por un sentimiento intenso y una gran emoción evaluada subjetivamente como estimulante y positiva. Se puede provocar mediante la excitación sexual; danzas frenéticas; rituales de orgía, como el vuduísmo; rituales iniciáticos, como el de la pubertad en tribus primitivas; en actividades religiosas , como el “don de lenguas”, y por medio de ciertas drogas alucinógenas.

9.- El estado de histeria: Es producido por una emoción intensa evaluada subjetivamente como negativa y destructora. Puede ser originado por el pánico, la furia, el terror, el miedo a potencias demoníacas – temor de ser embrujado o poseído- por la actividad violenta de multitudes, como el linchamiento, la persecuciones frenéticas; por ansiedad psiconeurótica o por ciertas drogas.
10.- Estados de fragmentación: Hay una falta de integración entre segmentos importantes de la personalidad. Se habla entonces de psicosis, psiconeurosis, personalidad disgregada, disociación, personalidad múltiple, amnesia (sea esta parcial o del pasado total). Puede tratarse de trastornos temporales o de larga duración, provocados por ciertas drogas, traumas físicos o cerebrales, depresión endógena, algunos tipos de esquizofrenia, manipulación experimental (privación de sueño, hipnosis).

11.- Estados regresivos: Presentan una conducta inapropiada respecto a la edad cronológica del individuo y de su psicología habitual. Puede tratarse de estados temporales inducidos por drogas, hipnosis, Dianética – en la que se le pide al sujeto que “retroceda en el riel del tiempo” – o estados de larga duración como ocurriría con un sujeto que sufra de alguno de los varios tipos de demencia senil.

12.- Estados meditativos: Se caracterizan por una actividad mental mínima, ausencia de imaginería visual y presencia de ondas alfa continuas en el electroencefalograma. Pueden originarse por ausencia de estímulos externos, como la flotación en un tanque de agua, o por técnicas meditativas en el yoga o el budismo.

13.- Estados de trance: Hay ausencia de ondas alfa continuas en el electroencefalograma; hipersugestionabilidad, pero no pasividad; vigilancia y concentración de la atención en un estímulo único sin responder a otros, haciendo posible las sugestiones posthipnóticas. Estos estados pueden provocarse mediante la voz de un hipnotizador, por escuchar los latidos del propio corazón, cánticos, observación prolongada de un objeto en movimiento (metrónomo, estroboscopio), por rituales monotemáticos, prácticas mediumnísticas, ciertas danzas tribales, por una tortura continuada, el ritmo de una canción de cuna, cierta clase de música, la voz monocorde de un orador, etc. También puede ocurrir por el desempeño de algunas tareas demasiado monótonas, como manejar un trineo a través de la nieve por varias horas, observar una pantalla de radar, fijar la atención en la línea blanca de una autopista mientras se conduce.

14.- El estado de ensoñación: Aparecen movimientos rápidos de los ojos en el electroencefalograma, puede acompañar al estado de trance. Por lo general, lo provoca experimentalmente un hipnotizador que sugestiona al sujeto para producirle el equivalente de un sueño.

15.- El estado de soñar despierto: Se producen pensamientos que se suceden rápidamente y que no tienen relación con el ambiente exterior. Puede ocurrir con ojos abiertos o cerrados. Con ojos cerrados pueden aparecer imágenes visuales acompañadas de movimientos rápidos de los globos oculares. Este estado puede ser originado por el aburrimiento, la soledad, la privación sensorial, el insomnio, las necesidades psicodinámicas, o períodos de fantasía que se presenten espontáneamente.

16.- Estado de examen interior: Es cuando hay percepción interna de las sensaciones corporales en los órganos, tejidos, músculos, etc. La consciencia sigue estando presente, pero a un nivel no reflexivo si es que no hay de parte del individuo un esfuerzo determinado para esa percepción, o si las sensaciones corporales no se encuentran intensificadas por el dolor, el hambre, etc.

17.- Estado de estupor: Hay una capacidad suspendida o muy reducida de percibir los estímulos. Es posible la actividad motora, pero su eficiencia está muy reducida; se puede utilizar el lenguaje de manera limitada y, a menudo, lo que se diga es carente de significado. Puede ser provocado por ciertos tipos de psicosis, por compuestos de opio o por dosis excesivas de alcohol.

18.- Estado de coma: Hay incapacidad total de percibir estímulos. Muy poca o ninguna actividad motora, sin utilización del lenguaje. Puede ser provocado por un estado agónico, agentes tóxicos, ataques epilépticos, traumas del cerebro, hipoglicemia, deficiencias glandulares.

19.- Estado de repaso de la memoria almacenada: Una experiencia pasada no se puede recordar sólo por la consciencia reflexiva de la persona. Sin embargo, los restos de los acontecimientos pasados (engramas) siempre existen en algún nivel de profundidad inconsciente. Pueden evocarse mediante el estímulo químico o eléctrico de la corteza cerebral, por hipnosis, por asociación libre en un tratamiento psicoanalítico o, aun, pueden surgir espontáneamente.

20.- Estados de consciencia expandida: Se presentan con un umbral sensorial reducido y un abandono de las maneras habituales de percepción externa e interna. Pueden producirse espontáneamente o ser provocados por hipnosis o sobreestímulos sensoriales. Frecuentemente, son el resultado del uso experimental de drogas y plantas psicodélicas. En este caso, se presentan estados progresivos en cuatro niveles diferentes:

a) A nivel sensorial, aparecen alteraciones de espacio, tiempo e imagen del propio cuerpo.
b) A nivel recolectivo-analítico, las nuevas ideas y pensamientos emergen relacionándose con la psicodinámica o concepción del mundo y del papel que desempeña el sujeto dentro de él.
c) A nivel simbólico, se presenta una identificación con los personajes históricos o legendarios, o con símbolos míticos y arquetípicos.
d) A nivel integral, al que llegan relativamente pocos individuos, existe una experiencia mística de la presencia de Dios (o del Yo Superior) o en la que el individuo tiene la impresión subjetiva de estarse disolviendo en un campo de energía a nivel universal: satori, samadhi, consciencia cósmica, unidad oceánica, experiencia-cumbre.

21.- Estado de liberación: Es el estado menos familiar en la sociedad occidental moderna y el más difícil de describir. Se le llama también “estado de despierto”. A Gautama Sidharta, el líder religioso que se considera como paradigma del estado de liberación, se le llama Buda, que significa “el despierto”. Esto quiere decir que la consciencia iluminada del Buda excedía la consciencia del hombre ordinario tal como el estado despierto excede en claridad e integridad al estado dormido. El hombre en estado de vigilia considera confusos y fragmentarios sus sueños, igual como lo hace el hombre liberado con su vida
anterior.

Resulta difícil describir el contenido del estado de liberación. Incluso los místicos que afirman haberlo experimentado, raramente aseguran haber llegado a él por su propia voluntad o esfuerzo deliberado. En lo único en que todos concuerdan es en su naturaleza inefable: la imposibilidad de traducirlo en palabras. El estado de liberación no tiene comparación con la dimensiones de la vida ordinaria y no puede ser descrito sin distorsionarlo, Es el Gran Vacío, la Nada Divina, el Ser Incondicionado. Aldous HaxIey lo llamó la mente en toda su amplitud en la que se resuelven todas las contradiciones”. Lao-tse lo llamó “Tao”, Camino; es decir, la ruta que es su propio destino en lugar de ser el medio que lleva a algún otro destino.
El elemento común a todas las descripciones parece ser la idea de “flujo”. En estado de liberación, el intelecto despierto ya no intenta fraccionar la realidad cortándola en segmentos o solidificándola en una entidad. En lugar de ello, fluye con el proceso cósmico del que forma parte.
La noción de fluidez sugiere otra imagen para describir el estado de liberación. Es la de una sensación de hundimiento placentero en un algo misterioso parecido a la mente, sin sufrir las limitaciones espacio- temporales de la consciencia individual ordinaria. En la India ha sido corriente durante siglos describir el estado de liberación en términos de fusión. Atman, el alma individual, es descrita como liberada del inacabable ciclo de renacimientos mediante su reabsorción dentro de Brahman como una gota de lluvia en el océano”. Aunque dejan en claro que no es que la gota desaparezca en el océano, sino que el océano entra en la gota ampliándola al infinito.

La difusión del uso de las drogas plantea inevitablemente la pregunta de hasta qué punto algunos o todos de los estados de consciencia de los que hemos hablado pueden ser provocados bioquímicamente. La respuesta es que casi todos ellos: por ejemplo, el estado hiperalerta con anfetaminas, el estado dormido con barbitúricos, el estado de sueño con derivados del opio, el estado de trance con pentotal sódico y el estado de consciencia expandida mediante compuestos que van desde la mezcalina hasta el ácido lisérgico. Sin embargo, ninguno de estos estados se produce solamente por la ingestión de drogas. Para la mayoría de las personas, en la generalidad de los casos, estos distintos tipos de consciencia han sido alcanzados sin el uso de drogas, como resultados de estímulos ambientales o internos.

Stanley Krippner

Traducido y extractado por Roberto Hernandez de
Stanley Krippner.- “Psi and altered states : alternative explanations

Para Llegar al Núcleo Apacible

Para Llegar al Núcleo Apacible

En el Ecleslastés se dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Como científica, médico y psicóloga, me intereso en el juego interno de la unidad que vemos proyectada en una tríada de mente, cuerpo y espíritu. Por ello, me gustaría analizar algunos de los conceptos contemporáneos tal como aparecen en los textos antiguos para reaparecer en la psicología actual como enfoques médicos de mente/cuerpo.

Estrés y psicología:
El estrés es la palabra clave de la década. Ha sido sometido a un serio diagnóstico por la comunidad médica y se ha deducido que entre el 70 y el 80 por ciento de las visitas al médico es por desórdenes relacionados con el estrés. Es este el que provoca la expectativa de que van a ocurrir cosas perjudiciales cuyas consecuencias no seremos capaces de afrontar. El pensamiento de que ocurrirá algo catastrófico provoca cambios drásticos en el cuerpo, específicamente en el sistema hormonal y en el sistema nervioso simpático. Basta pensar, mientras se está en la noche en la cama: “Dios mío, ese ruido en la cocina significa que entró un ladrón!”, para activar un circuito instintivo llamado “lucha-o-huida”. El ritmo del corazón y la presión sanguínea se aceleran, el azúcar entra a raudales en la sangre, los músculos se tensan, preparándose para una acción rápida, y todo el metabolismo se sobredimensiona. Todo esto resulta de gran ayuda cuando verdaderamente lo necesitamos, pero a menudo no es así. Cuando se activa este mismo circuito en un atochamiento de tránsito, o al recordar una reprensión del jefe, o en una discusión
con la pareja, estamos gastando el cuerpo innecesariamente. Las investigaciones indican que muchos males físicos modernos, desde la hipertensión y las jaquecas hasta los trastornos digestivos y el dolor de espalda pueden ser causados o agravados por el estrés.

En estudios efectuados sobre dos mil empleados de una empresa internacional, se encontró que más de la mitad de estas personas mostraban síntomas producidos por el estrés: ansiedad, depresión, insomnio, fumar y beber alcohol en exceso, obesidad por comer demasiado, dolores de cabeza y úlceras. Otros empleados, en cambio, se mantenían saludables ante las mismas circunstancias laborales que presionaban a sus compañeros menos afortunados. Analizando a los que se habían sobrepuesto al estrés, se observó en ellos tres actitudes importantes: desafío, compromiso y control.

El desafío: Se relaciona con una medida de referencia. Cualquier hecho que altere el estado normal de las cosas puede verse o como una amenaza, o como un desafío para crear un nuevo futuro más promisorio. Cuando estamos abiertos al fluir de las posibilidades, un cambio se nos presenta como un desafío.

Esto no es un concepto moderno. Un proverbio zen dice: “El desafío es la manera adecuada de ver un inconveniente. El inconveniente es la forma equivocada de ver un desafío”. En realidad, no hay nada nuevo bajo el sol.

El compromiso: Tiene que ver con el sentido. Si creemos en lo que estamos haciendo, los desafíos con los que nos encontramos en el camino valen la pena; en cambio, si no creemos en lo que hacemos, el precio nos parece demasiado caro. Quienes están comprometidos con su trabajo, que creen en lo que hacen, sobreviven al estrés.

Víctor Frankl contaba cómo pudo soportar las terribles atrocidades de un campo de concentración nazi. Se dio cuenta que algunas personas morían rápidamente, mientras otras sobrevivían. Estas últimas eran las que le encontraban un sentido a su experiencia por traumática que fuera. Él mismo transformó el sentido de su sufrimiento en una oportunidad para su crecimiento personal.

El control: Resulta una verdadera paradoja. Se han hecho interesantes experimentos que demuestran que una falta de control provoca úlceras en los ratones y reduce la capacidad que tengan para rechazar el cáncer. En los seres humanos conduce a la ansiedad y a la depresión, causando deficiencias en el sistema inmunológico, Pero tratemos de ver claro qué es el control.

Cuando intentamos controlarlo todo en nuestras vidas, perdemos de vista la posibilidad de enfrentar desafíos, porque todo nos parece una amenaza. Un exceso de control provoca frustración, ira y culpa. El filósofo Epitecto dijo que seremos miserables si no podemos distinguir entre lo que se puede y no se puede controlar. El programa de rehabilitación de los Alcohólicos Anónimos dice algo similar: “Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar lo que sí puedo, y sabiduría para ver la diferencia entre ambas”.

Las investigaciones acerca de la resistencia al estrés y el autocontrol recuerdan las teorías de Kashmir Shaivite. Esta antigua psicología del Yoga describe tres grandes ataduras que nos encadenan y nos hacen sufrir: la imperfección, el aislamiento y el control.

La imperfección: Es aquello que los psicólogos modernos denominan “autoestima”. Después de haber dirigido durante los últimos seis años un programa para tratar los desórdenes del estrés, puedo atestiguar la prevalencia del sentimiento de imperfección. Muy rara vez somos lo suficientemente “buenos”. Hay personas que pueden ser muy indulgentes con otros y que, sin embargo, son incapaces de perdonarse algo a ellos mismos. Pensemos durante un momento: cuando algo va mal, qué nos decimos?, acaso no nos dirigimos los más insultantes calificativos?

El sentirse culpable es la manera más segura de llegar al sufrimiento. Veamos los hábitos de pensamiento de los pesimistas. Cuando algo les va mal en la vida – cosa que les ocurre con frecuencia por su misma manera de ser – ellos recurren a razones internas (se culpan a ellos mismos), razones globales (piensan que generalmente fracasan) y razones permanentes (piensan que es un hecho típico en su vida en vez de verlo como algo transitorio). Cuando un pesimista pierde su empleo, piensa que es por su culpa, que así ha sucedido durante toda su vida y que sus errores perdurarán por siempre porque nada puede hacer al respecto.

Pertenecen a este grupo las personas que sufren de múltiples miedos, que se sienten eternamente culpables, y que llegan a abusar de drogas para encubrir sus sentimientos de incapacidad.

El aislamiento: Es la segunda cadena esclavizadora. Se refiere al hecho de vernos separados del universo y de las otras personas. Esta actitud queda reflejada en un agotador monólogo interno sobre si somos tan buenos, mejores o peores que los demás. Por desgracia, estos monólogos aumentan el aislamiento.

La psicología moderna considera que el hecho de aislarse, además de provocar sufrimiento, es dañino para la salud. Mediante un extenso estudio se quiso determinar las causas más motivantes de una mala salud, Fue una sorpresa determinar que no era el nivel socioeconómico ni los hábitos referentes a la bebida, al tabaco, el ejercicio o la nutrición lo que más alteraba la capacidad del organismo para mantenerse sano. El estudio llegó a la conclusión de que cuantas más personas nos quieren dentro de nuestro ámbito social, más sanos estamos. El sistema inmunológico de las personas que están solas es deficiente en
comparación con las que no lo están.

El control: La tercera cadena esclavizadora se refiere a algo ya dicho antes. En sentido figurado, el control se relaciona con el sentimiento de que somos el centro del universo, que el sol no podría salir sin nuestra intervención. Implica una falta de fe en lo que podríamos llamar la Divina Providencia, y un riesgo resultante de terminar por estrangularlo todo al ejercer un excesivo control. Hablábamos de una paradoja: algo que es y no es a la vez. El control debe ser controlado, tal como lo practican los Alcohólicos Anónimos.

La paz interior: Somos movidos por dos grandes deseos: obtener lo que queremos y evitar lo que no queremos, Nuestra experiencia nos dice que la parte mejor de un deseo es cuando cesa: hemos obtenido lo que queríamos o nos libramos de lo no deseado. En ese momento hay paz. El pensamiento se aquieta y la mente se vuelve silenciosa. Pero esto no dura mucho tiempo. Estimulada por lo bien que se ha sentido al satisfacer ese anhelo, la mente asocia el contentamiento con el cumplir los deseos. Tendríamos que desear algo de nuevo para volver a estar contentos. Y así se continúa de una cosa a otra.

En esta gran rueda de condicionamientos es donde empieza todo el problema de identificarnos con nuestro ser transitorio.

Debajo de nuestros miedos y preocupaciones, sin estar afectado por nuestros condicionamientos y acciones, existe un núcleo apacible. Para llegar a él, es necesario ir eliminando las barreras del miedo que nos mantienen inconscientes de nuestra verdadera naturaleza de amor, paz y rica interconexión con el tejido de la vida. Estar en él es el redescubrimiento de quienes somos y de quienes hemos sido siempre.

La meditación: La vieja receta para reeducar la mente es la meditación, a través de la cual nos vamos dando cuenta paulatinamente que no somos nuestra mente. En los pocos momentos en que conseguimos que la mente se calme al meditar, sentimos paz. Es nuestro contacto con nuestro ser interior, aquella parte de nuestra consciencia que no está condicionada por las experiencias pasadas, nuestro núcleo apacible. Ya que el cuerpo puede ser afectado negativamente por el estrés, no es sorprendente que la recuperación del equilibrio interior sea acompañada por una fisiología saludable que puede aliviar e incluso, sanar – aquellas enfermedades relacionadas con el estrés.

Los Yoga Sutras de Patanjali son una recopilación de filosofía, psicología, reglas prácticas de meditación y disciplinas espirituales. El tema central del libro se encuentra implícito en la palabra yoga, que significa “unión”. Me gustaría concebir esto como una reunión entre el yo limitado por el tiempo – con el que normalmente nos identificamos – y la expresión no limitable de una consciencia superior que a veces vislumbramos en momentos de experiencias-cumbre. Estas pueden ser motivadas – entre otras causas – por la mirada en los ojos de un niño, por la fragancia de una flor, por la belleza de un paisaje, o por la emoción que nos produce el escuchar música o contemplar una obra de arte.

Recopilados entre el 400 a. C. y el 400 d. C., los Sutras – o hilos – eran ideas que se memorizaban y se pasaban de generación en generación. Son ideas básicas comunes a muchos sistemas filosóficos. Se encuentran en los Upanishads que los preceden por siglos. Como vemos, muchas de estas ideas han sido redescubiertas por la psicología moderna.

Si definimos la meditación como el acto de recordar lo que somos, debemos averiguar cuáles son las actitudes que nos impiden ser conscientes de nuestra propia naturaleza llamada Yo Superior o Atman en los Sutras. El nombre que se le da al conjunto de estas actitudes es el de ignorancia, y la persistencia en ella se define como pecado. Según el Yoga, el pecado es cualquier pensamiento o acción que le impide a alguien reconocer su propia naturaleza interna, su merecimiento esencial y la posibilidad de su relación con la Divinidad.

El aspecto esencial del Yoga, según Patanjali, se expresa en el segundo Sutra: “el yoga es el control de las ondas del pensamiento en la mente, puesto que, sencillamente, somos lo que pensamos”. Es común estar sentado en una habitación cómoda, rodeado de la familia, y aún estar proyectando tristeza y fatalismo, lo que los psicólogos llaman “catastrofizar”. Miles de pensamientos centrados en “si pudiera “si tuviera” “si no me hubiera pasado esto cierran las puertas a la posibilidad de disfrutar el momento tal como es.

La mayoría de nosotros rara vez está en el momento presente. En lugar de eso, vivimos lamentándonos excesivamente del pasado y temiendo el futuro. Nada es nunca lo suficientemente bueno, tampoco nosotros. Puesto que “ahora” es, literalmente, “el único tiempo sobre el que tenemos control”, como dijo Tolstoi, nos estamos farreando continuamente nuestra felicidad y contento.

El Yoga está constituido por varias series interconectadas de prácticas físicas, emocionales, mentales y espirituales que hacen posible que dejemos de ser dominados por la mente y reconozcamos que es sólo un instrumento que usamos y que debe estar bajo nuestro control.

Del Soñar Despierto al Despertar Dormido

Del Soñar Despierto al Despertar Dormido

El sueño es una cosa y la vigilia es otra, muy distinta. El primero es extraño, absurdo, irrelevante; sus episodios son fantasías gratuitas, independientes de nuestra voluntad. La segunda es nuestra “vida real’, cuyo actor principal somos nosotros mismos. Por lo menos, eso creemos o hemos creído muchos de nosotros, como buenos ciudadanos de nuestra civilización…

Sin embargo, una visión muy distinta de las cosas ha prevalecido en otros pueblos y otros tiempos. Y también ha habido, entre nosotros, pioneros que han descubierto, solitaria y laboriosamente, fenómenos y prácticas que en otras sociedades eran parte de la vida cotidiana. Según este otro punto de vista, sueño y vigilia no son tan extranjeros uno del otro como parece: podemos estar despiertos mientras soñamos y dormidos durante la vigilia cotidiana. Interactuamos en sueños con partes muy reales de nosotros mismos, que negamos o ignoramos durante la vigilia.

Sueño o realidad?

Hace varios siglos, un chino llamado Chuang Tzu soñó que era una mariposa que revoloteaba alegremente de flor en flor. Pero cuando despertó surgió en él la pregunta: Soy realmente un hombre que soñaba ser una mariposa o acaso una mariposa que ahora sueña que es un hombre?

Carl Gustav Jung, pionero de una comprensión más profunda de los sueños, en Europa y en general en Occidente, tuvo hace algunas décadas un sueño, en el que, luego de descender una escalera que lo llevaba a una especie de cripta con un altar, vio allí a un yogui sumido en profunda meditación. Y supo que ese yogui lo estaba soñando a él, durante su meditación. Y que, al despertar el yogui, el Jung de la vida “real” se desvanecería…

Un recorrido por los más destacados y brillantes especialistas que no sólo han estudiado, sino también experimentado, el sueño lúcido: los Senoi, Jung, el marqués de Saint Denys, el maestro sufi Vilayat Khan y los últimos descubrimientos al respecto, relatados por el científico chileno Francisco Varela.

El marqués Hervey de Saint-Denys, de quien volveremos a hablar más adelante, cuenta, en 1867: “Soñé que subía a un carruaje a la salida del teatro; este se puso en movimiento y casi en seguida me desperté, sin recordar por lo demás esta visión tan insignificante. Miré la hora en mi reloj, recogí un encendedor que había dejado caer y después de 10 o 15 minutos de haber estado totalmente despierto, me volví a dormir. Y aquí comienza lo singular: Creo despertarme en ese carruaje, en el que recuerdo perfectamente haber subido para volver a casa. Tengo la sensación de haberme amodorrado cerca de un cuarto de hora (sin recordar qué ideas me han venido durante ese tiempo). Hago la reflexión de que debo haber recorrido una buena parte del trayecto y miro por la puerta para reconocer en qué calle estamos, tomando por un momento de sueño aquellos instantes en los que justamente había dejado de dormir”.

Marie Louise von Franz, destacada discípula de C. G. Jung, relata en El camino de los Sueños que una niñita soñaba con su abuela y le decía que era capaz de desaparecer. “Tonterías – le contesta la abuela – nadie puede hacer eso”. Entonces, la niñita se despierta en su pieza, mira a su alrededor, se da una vuelta en la cama y se duerme nuevamente. Y sigue soñando con su abuela, que ahora le dice, estupefacta: “Pero, cómo lo hiciste ?”

Podemos “despertar’ durante un sueño? Y seguir durmiendo, y soñando, “despiertos”? Y al despertar, recordar lo que seguimos soñando, luego de haber “despertado!’ dentro de nuestro sueño?

Despertar en el sueño

El llamado “sueño lúcido”, por el cual nos interesamos aquí, es una experiencia bastante más común de lo que se podría pensar. Se caracteriza por el hecho de que, mientras está dormida y soñando, la persona se da cuenta de que está soñando. Muchas veces ocurre que el hacerlo le produce tal conmoción que se despierta. Pero si esto no ocurre, al seguir soñando consciente de que sueña, puede tomar determinadas. decisiones destinadas a alterar el estado de sueño, como la de escapar o cambiar una escena negativa por otra positiva. Además, el sueño es experimentado con gran viveza, con intensidad de colores y detalles, eventualmente con una imaginería fantástica. El soñador lúcido puede vivenciar, asimismo, un gran aumento de las sensaciones corporales, como flujos de energía, vibraciones o incluso orgasmos.

Hay tres grados del ejercicio de control del estado de sueño: la persona puede tratar de tener cada vez más sueños en los que está consciente de que está soñando. También puede tratar de controlar los contenidos del sueño mientras sueña. Este es el enfoque más usual que los soñadores lúcidos dan a esta experiencia. No es típico del enfoque jungiano, en el que no se da primacía al ego en el proceso de trabajo con el inconsciente. Y por último, el soñador puede tratar de eliminar o transformar el sueño imaginativo usual en un estado similar al de la consciencia de vigilia. En este estado elevado, la consciencia del sueño y la de vigilia son similares y se describen en términos de estados puros de energía como una gran luz. Este es el método típico de algunos sistemas de meditación, como el tibetano, yogui o sufi.

Un pueblo de soñadores lúcidos

El pueblo senoi forma una gran tribu de unos 12.000 miembros, que vive en la jungla de las montañas de Malasia. Qué soñaste anoche? – es la pregunta más importante de la vida de los senoi. Todas las mañanas a la hora del desayuno, cada miembro de la familia cuenta sus sueños. Los niños comienzan a hacerlo desde que empiezan a hablar. Y sus mayores los felicitan por haber tenido un sueño, los interrogan sobre su comportamiento en él, señalan sus errores o los alaban si han adoptado la actitud apropiada, los aconsejan sobre la manera de modificar su actitud en sueños futuros. Basándose en el contenido de sus sueños, los van orientando hacia tal o cual actividad social. Los miembros de la comunidad discuten luego sus experiencias oniricas en el Consejo de la aldea. Sus actividades comunitarias, las artesanales y las artísticas en particular, se nutren del trabajo colectivo sobre los sueños.

Los senoi se caracterizan por su pacifismo y espíritu cooperativo. Este último no inhibe su individualismo y creatividad, fuertemente inspirada en sus sueños. Pero quizá sus cualidades más notables sean su extraordinario equílibrio psicológico y madurez afectiva. Las neurosis y psicosis son desconocidas entre ellos.

Los documentos más importantes sobre los senoi provienen de investigadores que han convivido largamente con ellos en su medio natural, como el antropólogo y psicoanalista estadounidense Kilton Stewart, quien se concentró en particular en la tecnología onirica de los senoi. Estos estudios fueron difundidos y popularizados en la década del 70 en Occidente por Patricia Garfield, psicóloga, escritora y artista que convivió también con ellos en Malasia y escribió el bestseller Creative Dreams (El soñar creativo). Ella resume en las siguientes reglas fundamentales el trabajo senoi con los sueños.

La primera es afrontar y vencer el peligro. Si un niño senoi sueña con un tigre, del cual huye aterrorizado, su padre lo felicitará por su sueño, pero le hará notar que cometió un gran error al huir. “Los tigres de los sueños sólo te atacan si huyes, y te persiguen sólo si les temes – le dirá – La próxima vez que sueñes con un tigre, hazle frente. Y si te ataca, atácalo tú a tu vez. Y si es más fuerte que tú, pide ayude a tus amigos oníricos. Comprende que en los sueños nunca hay que huir, sino afrontar el peligro.”

La segunda regla fundamental es buscar el placer. Por ejemplo, se anima a los niños a vivir experiencias sexuales en sus sueños y a disfrutar plenamente de las sensaciones que las acompañan. También se los estimula a gozar de los placeres del vuelo en sueños.

La tercera regla es tratar de llegar siempre a un desenlace positivo. Si un niño sueña que cae en un abismo, se le recomendará tratar de transformar esa experiencia horrible en la agradable experiencia de volar. Y el desenlace positivo más apreciado por los senoi es aquel en que el soñador trae consigo un regalo, artístico o utilitario, otorgado por el personaje de su sueño, por ejemplo un enemigo vencido, presente que compartirá con el resto de la comunidad.

Según la experiencia de Stewart y Garfield, la puesta en práctica de estas reglas senoi permite al soñador reorganizar su vida interior e integrar los diferentes aspectos de su personalidad.

El marqués lúcido

Un pionero notable del sueño lúcido en Occidente fue Hervey de Saint-Denys (más precisamente, Marie-Jean Léon Lecoq, barón de Hervey de Juchereau y marqués de Saint-Denys, sinólogo, profesor de chino y manchú en el College de France), quien escribió, en 1867, Les Reves et les Moyens de les Diriger, obra en la que relata muchas de sus innumerables experiencias de sueño lúcido y desarrolla algunas teorías a partir de ellas.

Sin saber nada respecto de los senoi, por supuesto, Hervey de Saint-Denys cuenta que durante muchos años sufrió de pesadillas recurrentes en las que huía por largos corredores y series de habitaciones, tratando de cerrar las puertas detrás de sí, mientras era perseguido por una horda de monstruos. Durante esas pesadillas nunca se percató de que estaba soñando, hasta que una vez tuvo la idea y la voluntad de detenerse, darse vuelta y enfrentar, con un gran esfuerzo, a los monstruos que lo perseguían. Al hacerlo, desaparecieron los acompañantes del monstruo principal, que casi detuvo su avance, balanceándose grotescamente. Hervey de, Saint-Denys pudo, en ese momento, concentrar su atención y observar detenidamente sus exuberantes rasgos en todos sus detalles. El monstruo empezó entonces a cambiar de textura, tomando un aspecto de algodón, convirtiéndose por último en un traje abandonado. Desde entonces, nuestro marqués no volvió a tener nunca más esas pesadillas, por lo menos en forma espontánea.

Hervey de Saint-Denys descubrió a temprana edad que podía darse cuenta durante un sueño de que estaba soñando sin despertar, y de que podía influir en gran medida en el desarrollo de su sueño con su voluntad e imaginación. Por ejemplo, para cambiar una situación onfrica, puso en práctica el método de taparse los ojos con una mano en sueños. Así desaparecía el escenario de su sueño y aparecían, casi siempre, las imágenes de aquello en que pensaba deliberadamente. Así podía evocar, a voluntad, las visiones de sus antiguos monstruos, aunque estuviera contemplando, en el sueño, un bucólico paisaje campestre…

Hace más de 120 años, según parece, sin conocer la enseñanza de la tradición budista tibetana al respecto, Hervey de Saint-Denys comprobó que podía entrar conscientemente en el estado de sueño. Primero era testigo del desfile habitual de imágenes hipnagógicas: aquellas imágenes que “conducen al sueño” y que constituyen, para algunos sujetos, un verdadero diaporama gratuito al irse a dormir. Se dio cuenta de que algunas de éstas comenzaban a tomar un carácter más vívido y preciso. A partir de ellas, se iniciaba la trama de un sueño, en el cual Hervey de Saint-Denys era un actor consciente y atento. Al hacerse despertar por un amigo unos cuantos minutos después de haberse dormido, era capaz, de reconstruir todo el desarrollo onírico, desde las primeras imágenes hipnagógicas hasta el momento en que su sueño había sido interrumpido.

También descríbe su entrenamiento progresivo, como despertar a voluntad de sus sueños lúcidos, con un esfuerzo que implicaba en particular una contractura de la musculatura pectoral y abdominal. Se percató, asimismo, de la relación entre lo vívido y la precisión de las imágenes y la profundidad del sueño. Cuando notaba que las imágenes que veía empezaban a perder precisión y colorido, sabía que estaba acercándose al despertar, y concentraba entonces su atención en ellas para lograr que el sueño recuperara su profundidad. Así, Hervey de Saint-Denys enfatiza especialmente el rol de la voluntad y la imaginación en sus sueños, que eran en su gran mayoría lúcidos, y demuestra con sus experiencias que se trata de habilidades que se pueden desarrollar con un entrenamiento perseverante. En esto se contrapone a sus contemporáneos, que consideraban estas vivencias como imposibles o descabelladas, y se acerca mucho a las prácticas senoi.

La Sofrología

La Sofrología

Fundamentos:
Esta ciencia, que se dedica a estudiar los cambios de consciencia en el ser humano, fue fundada en España en 1960 por el neuropsiquiatra colombiano Alonso Caycedo. El autor recogió conocimientos y aportes de distintas culturas y ciencias, tanto de Occidente como de Oriente, tales como:

1- Hipnosis. De la cual Caycedo posteriormente se alejó en busca de una mayor autonomía en la relación entre sofrólogo y alumno, dándole gran importancia a la participación activa de este último.

2.- La Fenomenología, del griego fainomerio, que significa aclarar con su propia luz.
Aquí se respeta la identidad del sujeto y del objeto sin que uno sustituya al otro, es decir, hay que vivir el fenómeno sin emitir ningún juicio. De otra forma, podríamos decir que el sofrólogo llega a ser un fenomenalogo que observa y capta la pluridimensionalidad de las cosas. Cada fenómeno, en su pluridimensionalidad, permite ser visto de distintas maneras y a la vez tomar consciencia de la existencia real de lo que no se ve. El posible es tan verdadero como lo que llamamos real.

3.- El griego antiguo. De allí Caycedo nos trae toda la semántica de la sofrología y se interesa particularmente en la terapia con la voz. El sofrólogo utiliza la palabra suave y monocorde para conducir a
la sofronización.

4.- El yoga y el budismo Zen. De estas fuentes extrae elementos y ejercicios que fue seleccionando a través de su propia práctica, nacida en los viajes al Oriente.

El objetivo fundamental de la sofrología está orientado al desarrollo armónico del ser humano y a la transformación positiva de su existencia.

Por medio de la sofronización, que es el proceso que lleva a la modificación de los niveles de consciencia, es factible traer del inconsciente al consciente facultades y aptitudes muy importantes en el proceso de desarrollo y conocimiento de sí mismo.

Cada ser humano recorre cotidianamente tres estados de consciencia: la vigilia (que es el estado de actividad), el sueño, y el nivel alfa o sofroliminal, que está presente al despertar antes de abrir los ojos y justo antes de dormir. Este estado alfa es fácil de lograr, pero lo interesante es alargar este período para obtener el máximo de ventajas, ya que una imagen o sugestión multiplica su fuerza cuando se encuentra en este nivel de consciencia.

El Estado de Consciencia Sofrónica:
Este es el estado buscado por la sofrología, y se caracteriza porque el individuo está en armonía consigo mismo y con el exterior, Posee una gran facultad de adaptación, una profunda consciencia de sus mecanismos internos y la serenidad necesaria frente a los sucesos externos. Está equilibrado fisiológica y psicológicamente. En realidad, buscar o esperar este estado constituye el resultado de toda forma de yoga, meditación o tarea espiritual. El punto extremo de este estado de consciencia es la experiencia liberadora llamada samadhi, nirvana, satori o reino de los cielos, es decir, un estado que traspasa el límite de la sofrología.

Objetivos:
En síntesis podríamos decir que los objetivos básicos de la sofrología, enunciados por su fundador, son:

– El estudio científico de la consciencia humana.

– La práctica de un entrenamiento de la personalidad para desarrollar o conquistar la consciencia.

– La práctica de una disciplina existencial basada en una filosofía humanista y trascendental de la consciencia.

Al ir tras estos objetivos, es necesario partir por redescubrir el cuerpo, ya que en esta era muchos trastornos de la personalidad están a menudo ligados a una corporalidad mal vivida. No debemos olvidar que el cuerpo es la base del triángulo de la personalidad humana. Si ella es estable y sólida se estará en mejores condiciones para comprender los problemas emocionales y, una vez equilibrados los aspectos emocionales, se puede avanzar en la búsqueda interior.

Un segundo aspecto importante es la adaptación al mundo exterior. Con ejercicios de relajación dinámica se crean nuevas respuestas a la agresión del medio, permitiéndole al individuo volver a situarse en su mundo social.

Finalmente, es importante crear una consciencia positiva, re-aprender a sonreír, mirar el mundo con ojos nuevos, suprimiendo el aura negativa que a menudo llevamos a cuestas por experiencias del pasado. Con alegría en el corazón se puede vivir plenamente la vida.

Principios de la sofrología.
Podemos enunciar los siguientes:

1.- El esquema corporal como realidad vivida.
Con frecuencia las personas tienen una imagen corporal falsa o desvalorizada, Hay una diferencia entre la verdadera imagen y la imagen imaginaria y, si esta diferencia es grande, la consecuencia ineludible es un malestar constante. Reconciliar estas dos imágenes nos permite recentrarnos, ser responsables de ella, y más importante aun, liberarnos de la mirada de aprobación del otro para existir en forma natural.

Las técnicas sofrológicas que nos permiten reapropiarnos de nuestro propio cuerpo están basadas fundamentalmente en el sentir la sensación. La progresiva incorporación a la consciencia del esquema corporal aumenta el campo de esta última. De este modo podría decirse que el esquema corporal puede ser considerado como la base misma de la consciencia.

2.- El principio de acción positiva.
Lo positivo existe y hay que darle el lugar que merece. Si hay algo negativo, lo positivo también está presente. Es el Yin-Yang que nos muestra claramente que los opuestos complementarios no pueden existir el uno sin el otro.

En toda circunstancia podemos tratar de ver lo positivo. Es una gimnasia que nos permite relativizar y cambiar el comportamiento. La realidad es subjetiva, ya que ella, en el fondo, no es otra cosa que lo que construimos. De alguna forma el mundo exterior es el reflejo de nuestro propio mundo interior.

Con la sofrología podemos neutralizar el filtro negativo que hemos creado a lo largo del tiempo. Esto es factible de lograr si nos acostumbramos a pensar y sentir positivamente, desdramatizando los problemas y teniendo en cada circunstancia la atención y la mirada ingenua, como si fuera la primera vez.

3.- El principio de la realidad objetiva.
Buscar lo positivo no significa taparse los ojos a la realidad. Generalmente apreciamos esta realidad según nuestro marco de referencia educacional y cultural. En este caso es necesario no quedarse en las apariencias, sino que debemos ir a la realidad profunda, con las manos desnudas, como lo plantea la fenomenología.

La realidad objetiva nos permite conocer nuestros deseos más allá de los miedos y los deseos superficiales, así podremos llegar a ser más eficientes y más justos. Ver las cosas como esperamos que sean no es más que una ilusión, verlas como son nos impide decepcionarnos, a la vez que nos permite una adecuada adaptación. De esta forma podremos ser autónomos en nuestros comportamientos, libres de nuestras pasiones, miedos y exaltaciones.

Niveles del trabajo sofrológico:
Estas demarcaciones, como en todo trabajo de crecimiento, de ninguna manera son rígidas, sino que, por sobre todo, representan esquemas de ordenamiento, ya que para todo aquel que ha caminado en la búsqueda de sí, no es novedad lo variado y personal que es el camino.

Primer Nivel o Físico:
Este nivel es el más conocido y practicado y es el que corresponde a todas las técnicas de relajación del cuerpo y las percepciones de este. Además de la relajación estática, tenemos el extenso campo de la relajación dinámica, que desarrolla la sensorialidad a partir de la práctica de ejercicios nacidos del Hatha Yoga. A este nivel también pertenecen todos los ejercicios de percepción y visualización orientados al conocimiento y aceptación del cuerpo, ya que muchos trastornos de la personalidad están ligados a la corporalidad mal vivida. Esta auto visualización – extraída de antiguas técnicas tibetanas – nos ayuda a modificar actitudes y logra resultados impactantes a nivel fisiológico, por eso también es de gran uso en la rehabilitación física posterior a traumatismos y enfermedades, así como también en los casos de obesidad.

Segundo Nivel o Emocional:
En este campo tan fluido y cambiante se privilegian los sentimientos agradables, ya que la sofrología postula que si se parte de sentimientos positivos es más fácil enfrentar la realidad en buena forma.

Los modernos sistemas de comunicaciones nos llevan a vivir en una Aldea Global , lo que nos permite tener acceso a toda la información planetaria; pero, a la vez, la imposibilidad de actuar eficazmente frente
a la proliferación de noticias catastróficas, da lugar a una angustia que a menudo nos paraliza y nos lleva
a desconocer nuestro propio rol de célula del mundo.

Si realmente reconocemos que cada uno de nosotros es el mundo y no estamos aislados de él, podremos tomar consciencia de que para cada uno existe la posibilidad del cambio de conducta. Así, cada emoción negativa que dejemos atrás en nuestro proceso de transformación positiva, será una cuota de aire limpio
en ese mundo gris. La suerte, el éxito, y todas esas profecías que en algún momento nos pueden parecer inalcanzables, están directamente relacionadas con nuestra capacidad de cultivar lo positivo.

Tercer Nivel o de la Intuición:
Aquí nos enfrentamos a un campo de posibilidades muy amplio, ya que no encontraremos las fronteras limitadas de la materia sino que podremos acceder a otros niveles de consciencia. A este nivel tenemos la posibilidad de reconstruir el pasado en forma positiva a partir de un trabajo de activación del mismo, constituido por los acontecimientos positivos. Estos, aunque descoloridos, siempre están presentes entre los recuerdos negativos.

Más adelante, el campo es mayor aun, ya que por el uso de visualizaciones, imaginería y trabajos con mandalas, se van produciendo nuevas aperturas de consciencia que tienen manifestaciones muy individuales, las que, en general, se refieren al acceso a experiencias místicas personales y, por sobre todo, a un acercamiento a la meditación.

Cuarto Nivel o Trascendental:
A este nivel ya no hay fronteras de ningún tipo, es más abstracto y poco se puede comentar sobre él, ya que los ejercicios son mínimos y corresponden a aquellos aportados por la fenomenología. El hombre se abre hacia lo cósmico y aparecen esas experiencias inolvidables e indescriptibles tan ardientemente deseadas a cierto nivel de consciencia, como las de totalidad, unicidad o, más abstractamente, un acercamiento a lo insondable….

Conversación con Jean-Marie Isch:
Su mirada está tocada por la poesía cálida de los pequeños pueblos de Francia, como aquel en el que nació; pero también convergen en ella los misterios colectados a lo largo de los viajes llenos de contacto humano y de aquellos paisajes más primigenios de sus búsquedas místicas y de desarrollo personal.

Su trabajo como orientador espiritual y social en diferentes comunidades le hizo tomar contacto con el dolor humano en todas sus formas e intensidades. Pronto se dio cuenta de que sus herramientas eran escasas y que existían innumerables trabas de tipo burocrático que limitaban las posibilidades de ayuda significativa frente a las grandes necesidades. Este impacto removió muchas cosas dentro de él, haciéndosele imperativo ampliar sus propias fronteras en busca del conocimiento de sí. Comprendía que, sólo partiendo de su propio desarrollo personal, sería capaz de entregar elementos válidos a los otros. Así fue como tomó contacto en París con esta nueva ciencia, la que, además de dar respuestas a sus innumerables interrogantes, lo sorprendió por su dinámica y por los rápidos resultados en pro del mejoramiento de las condiciones de vida. Es impresionante cómo en pocas sesiones se pueden ir manifestando cambios visibles, por ejemplo, el aumento de la imaginación, de la memoria, del deseo de hacer algo. También permite una mayor concentración, aumento de la sensibilidad, una recuperación y dinamización energética, lo que finalmente se traduce en frecuentes y progresivas aperturas de consciencia.

Como se trabaja a nivel de la consciencia, para Jean-Marie es claro que por medio del trabajo sofrológico
es posible tener excelentes resultados en cualquier ámbito. Reconoce el gran impacto en el campo de la educación, donde el trabajo con los niños es de gran rapidez, sobre todo en aquellos que demuestran una palpable falta de interés o imposibilidad de concentración. Ayudar tempranamente a un individuo a ser él mismo es algo maravilloso porque, al mismo tiempo, se está haciendo una gran contribución a la sociedad. Sólo siendo ese ser único que se está destinado a ser, se tendrá la capacidad de asumir su verdadero lugar en beneficio de la armonía de la humanidad.

El Amor Consciente

El Amor Consciente

Generalmente, solemos considerar que las relaciones íntimas son adecuadas cuando satisfacen nuestras necesidades de amistad, seguridad, sexo y autoestima. Sin embargo, si aspiramos a convertir nuestras relaciones en un sendero – un sendero sagrado – nos veremos obligados a ampliar nuestra perspectiva y a asumir una visión más comprehensiva que, incluyendo todas esas necesidades, no se halle, sin embargo, circunscrito a ellas. Nuestro tema tiene que ver con el cultivo del amor consciente, de ese amor que puede inspirar el desarrollo de una consciencia más expandida y la evolución de las personas implicadas.

Sin embargo, no debemos demostrarnos demasiado idealistas porque las relaciones íntimas nunca funcionan a un solo nivel. Vivimos simultáneamente en diferentes niveles y cada uno de ellos tiene sus propias necesidades concretas.

Niveles de conexión

El vínculo más primario que podemos encontrar en la pareja es la necesidad de una fusión simbiótica originada en el deseo de alcanzar el alimento emocional del ego del que carecimos en nuestra infancia. Obviamente, esto es algo por lo que atraviesan muchas parejas que, cuando acaban de conocerse, atraviesan una fase simbiótica que les lleva a cortar temporalmente otras actividades o amistades y a pasar la mayor parte del tiempo juntos. El estadio simbiótico de una relación puede así contribuir a que ambas personas lleguen a establecer un profundo vínculo emocional. No obstante, si la simbiosis se convierte en la principal motivación de la relación o si perdura demasiado tiempo, termina convirtiéndose
en un factor limitador que establece una dinámica paterno (o materno)-filial que limita el rango de expresión e interacción de ambas personas, destruye los roles masculino y femenino de la relación y termina creando pautas de comportamiento adictivas.

Más allá de la necesidad primitiva de fusión simbiótica, el deseo fundamental que aparece en una relación es el de compañerismo, un deseo que puede asumir formas más o menos sofisticadas. El compañerismo constituye un ingrediente esencial de toda relación, pero ciertas personas, sin embargo, parecen no desear nada más de su pareja.

Otro nivel posterior de relación es el que se establece en el caso de que los amantes no sólo compartan las actividades y la compañía del otro sino que también tengan intereses, objetivos y valores parecidos. Así pues, cuando una pareja empieza a crear un mundo común podemos afirmar que ambos se adentran en el nivel de la comunidad, un tipo de relación que, al igual que el compañerismo, constituye una forma terrenal y concreta de relación.

Sin embargo, más allá del hecho de participar de los mismos valores e intereses del otro, se encuentra el nivel de la comunicación, un nivel en el que somos capaces de compartir todo aquello que ocurre en nuestro interior, es decir, todos nuestros pensamientos, expectativas, experiencias y sentimientos. Establecer una buena comunicación es una tarea mucho más difícil que tratar simplemente de crear una situación de compañerismo o de comunidad. Este nivel requiere que cada miembro de la pareja sea totalmente sincero al expresar lo que ocurre en su interior y tenga el valor suficiente como para superar los inevitables obstáculos que aparecen ante cualquier intento de compartir dos verdades diferentes. La buena comunicación es, con toda certeza, el elemento más importante de cualquier relación cotidiana sana.

Un nivel todavía más desarrollado de la comunicación es la comunión. Más allá del hecho de compartir los pensamientos y los sentimientos existe el reconocimiento profundo del ser de otra persona, un reconocimiento que suele descubrirse en el silencio, tal vez mientras miramos a los ojos de nuestra pareja, estamos haciendo el amor, paseando por el bosque o escuchando música. Es como si, de pronto, nos sintiéramos percibidos y conmovidos en aquel núcleo profundo del ser que trasciende a la personalidad. Seguimos siendo plenamente nosotros mismos pero, al mismo tiempo, estamos completamente en contacto con nuestra pareja. Este tipo de relación es tan extraño y sorprendente que no suele pasar desapercibido. Por otra parte, aunque la comunicación pueda ser fruto de un trabajo deliberado, la comunión, por su parte, es completamente espontánea y se encuentra más allá de nuestra voluntad. La comunicación y la comunión son formas de actividad más profundas y sutiles que la compañía y la comunidad y tienen lugar, respectivamente, en el nivel de la razón y en el del corazón.

La profunda intimidad de la comunión puede alimentar el anhelo a superar completamente la dualidad, una aspiración, en definitiva, por lograr la unión completa con la persona amada. No obstante, aunque este anhelo expresa una necesidad auténticamente humana, se dirige, en realidad, hacia lo infinito, lo absoluto y lo divino. Pero cuando este deseo de unión definitiva permanece ligado a una relación concreta suele terminar creando problemas y reduciendo nuestra aspiración por la realización espiritual a la idealización, a la inflación psíquica y a la adicción. La forma más adecuada de orientar nuestra aspiración hacia la unión consiste en una práctica espiritual auténtica – como la meditación, por ejemplo – que nos enseñe a ir más allá de la mente dicotómica en todas las áreas de nuestra existencia. Así pues, aunque apunten en esa dirección, las relaciones íntimas pueden alentar este tipo de prácticas pero jamás pueden llegar a sustituirla.

Toda relación tiene áreas más o menos intensas, a lo largo de este continuo de conexión. Las parejas que comparten una relación profunda de ser a ser, que mantienen un buen nivel de comunicación, que tienen intereses y valores comunes y que disfrutan naturalmente de la compañía del otro, logran establecer un equilibrio ideal entre el cielo y la tierra, por así decirlo. La sexualidad, por su parte, puede operar en cualquiera de estos niveles: como una forma de unión simbiótica, como compañía corporal, como un ejercicio compartido, como una forma de comunicación o como una comunión profunda.

El amor consciente sólo aparece cuando ambas personas logran establecer una comunión esencial que trasciende a la personalidad. En esos momentos de comunión, estamos simultáneamente en contacto con nuestra propia esencia y con la esencia de nuestra pareja y, sin embargo, seguimos siendo individualidades separadas. Por más próximos que nos hallemos nunca podemos llegar a compartir plenamente nuestros mundos ni a saber del todo cómo son las cosas para la otra persona. Así pues, aunque podamos compartir ciertos momentos fugaces de unidad en los que nuestra esencia permanece en contacto, la unión completa siempre estará fuera de nuestro alcance.

No existe modo alguno de retener a otra persona ni de poder usar la relación como una forma de escapar de la soledad. Nuestra pareja es sólo un préstamo temporal que nos concede el universo, un préstamo que ignoramos cuándo se nos reclamará. En el fondo de la devoción a otra persona anida la dulce y melancólica plenitud de un corazón que sólo anhela desbordarse.

La soledad es, a fin de cuentas, lo que nos impulsa a salir de nosotros mismos. Por consiguiente, no es necesario que nos aislemos porque la soledad como simple presencia, es lo que compartimos con todas las criaturas de la tierra, es el trasfondo del que brotan todos los tesoros: un anhelo desbordante que nos hace salir de nosotros mismos, escribir un poema, componer una canción o crear algo hermoso.

Cuando valoramos nuestra soledad podemos ser nosotros mismos y entregarnos más plenamente. Entonces ya no necesitaremos que los demás nos protejan o nos hagan sentir bien sino que, en lugar de eso, estaremos en condiciones de ayudarles para que sean ellos mismos. El amor consciente sólo puede brotar como el fruto maduro de un corazón herido.

Todas las tradiciones espirituales coinciden en afirmar que la persecusión de nuestra propia felicidad no conduce a la verdadera satisfacción porque los deseos personales se multiplican de continuo generando nuevas frustraciones. La verdadera felicidad – la que nadie puede arrebatarnos – emana de la apertura de nuestro corazón, de su proyección hacia el mundo que nos rodea y se complace con el bienestar de nuestos semejantes. Si queremos preocuparnos por el desarrollo y la evolución de las personas a las que amamos es necesario poner en funcionamiento las capacidades más profundas de nuestro ser y evolucionar nosotros mismos. La evolución exige la puesta en marcha de todas nuestras cualidades.

Así pues, todas las dificultades propias de las relaciones constituyen, en realidad, una oportunidad excepcional: descubrir el camino sagrado del amor cuya llamada nos alienta a cultivar la plenitud y la profundidad de nuestro ser.

La otra orilla del amor

El logro más elevado del amor, el amor consciente, encamina a los amantes más allá de ellos mismos y los lleva a conectar plenamente con la totalidad de la vida. En realidad, el verdadero amor carecerá de espacio para desarrollarse hasta el momento en que se proyecte hacia el exterior. El punto más elevado de la relación amorosa apunta al logro de un sentimiento de hermandad con toda forma de vida, lo que Teilhard de Chardin denominaba “amor por el universo”. Sólo de este modo podrá el amor – como afirmaba Teilhard – “convertirse en luz y poder ilimitados”.

El sendero del amor se propaga en círculos. Comienza en el hogar, encontrando nuestro sitio, haciéndonos amigos de nosotros mismos y descubriendo que, bajo la confusión y el engaño de nuestro propio egoísmo, se esconde la riqueza intrínseca de nuestro ser. Cuando llegamos a establecer contacto con esa plenitud fundamental que anida en nuestro interior descubrimos que tenemos mucho más que ofrecer a nuestra pareja de lo que anteriormente imaginábamos.

Cuando dos personas se preocupan por el desarrollo de la consciencia y el espíritu de su pareja tienden naturalmente a compartir su amor con los demás. Y, de este modo, las nuevas cualidades emergentes – la generosidad, el coraje, la compasión y la sabiduría, por ejemplo – se extienden más allá del círculo de su propia relación. Estas relaciones son el “hijo espiritual ” de la pareja, lo que su unión puede ofrecer al mundo. Una pareja florecerá, pues, cuando su visión y su actividad no se centren exclusivamente en ellos mismos sino, por el contrario, cuando sean capaces también de incluir a la comunidad de la que participan.

Pero, como señala Teilhard de Chardin, el amor entre dos personas puede expandirse todavía más. Cuando más profunda y apasionadamente se ame una pareja, mayor será su preocupación por el estado del mundo en el que viven, más conectados estarán con el planeta y, en consecuencia, se ocuparán de cuidar del mundo y de todos los seres que necesiten su ayuda. El logro máximo y la más plena expresión del amor se alcanza cuando éste llega a abarcar a toda la creación enriqueciendo y fortaleciendo entonces, a su vez, la vida de la pareja. Este es el gran amor y el gran camino que nos conduce hasta el mismo corazón del universo.

John Welwood

Extractado por Farid Azael de
Trascender el Ego
Edición de Roger Walsh y Frances Vaughan
Kairós.

Depresión y Espiritualidad

Depresión y Espiritualidad

Del vacío existencial a la vacuidad liberadora:

Buscaremos a la vez aproximar y diferenciar el vacío existencial, doloroso del depresivo, y la vacuidad liberadora, luminosa del místico. En los dos casos, se trata más de experiencias vividas que de conceptos filosóficos. Hay un punto de contacto, una pasarela entre estos dos estados que permiten dar a ciertas depresiones la dimensión de una iniciación, de una entrada en el camino espiritual?

Esquemáticamente, se puede decir que el dominio de la psicología concierne a la descripción de diferentes tipos de depresión y su tratamiento en la fase aguda. Por el contrario, una espiritualidad bien comprendida me parece más eficaz cuando se trata de prevenir los desequilibrios de vida que conducen a la depresión, o cuando se trata de acompañar a un depresivo en un largo plazo. No siempre me ha sido posible decir si mis reflexiones eran sobre todo válidas para el paciente, o bien para el terapeuta, o para el lector ordinario. Ellas se dirigen hacia quienes están abiertos para entenderlas, ya sean aquellos que buscan comprender la depresión para ellos mismos, para su entorno o sus pacientes. Deseo en particular que ellas inspiren a aquellos que tienen la dura tarea, difícil y hermosa, de acompañar a los moribundos.

Las descripciones psicológicas de la depresión y sus límites:
Hay dos grandes tipos de depresiones: las depresiones psicógenas, de origen puramente psíquico, y las depresiones endógenas que tienen una base constitucional a menudo hereditaria. Es la enfermedad maníatico-depresiva con alternativas de excitación y de depresión. Ella parece ser debida a un déficit enzimático perjudicando los intercambios de sodio a través de las paredes de la célula nerviosa. En teoría, no hay nada que se pueda hacer para los pacientes alcanzados por este problema, salvo que se cuiden tomando litio y aceptando su destino. En la práctica, sin embargo, como las crisis tienen a menudo factores detonantes de origen psicológico, un tratamiento que pasara por la parte espiritual no sería totalmente excluido. Conozco personalmente un caso de psicosis maníatico-depresiva mejorado por la meditación. Gracias a ella, el meditante busca ir sistemáticamente más allá de los pares de opuestos (placer-dolor, fatiga-excitación, etc.) mejorando así las variaciones del humor.

Entre las depresiones psicógenas, se puede distinguir dos grandes tipos: la depresión emocional del sujeto joven, típicamente la muchacha que rompió con su amiguito y que ejecuta una tentativa de suicidio que ella tiene el buen gusto de hacer fracasar, y la depresión existencial del sujeto maduro que, en general, llega a cometer el suicidio, él no fracasa. Se habla así de depresión por agotamiento debida a una acumulación de estrés no resuelto. Fundamentalmente, me parece que todas las depresiones son por agotamiento; aun si
el estrés no es aparente, De todas maneras, él está presente bajo la forma de conflictos intrapsíquicos que representan una pérdida de energía continua.

Un buen criterio de salud psíquica es la adaptabilidad al cambio. Se puede enfocar – como Eric Erikson lo hace – el crecimiento del individuo como una sucesión de crisis. Si tiene éxito en superarlas, se desarrolla una cualidad correspondiente propia a cada estado: confianza fundamental para el lactante que acepta bien su destete, autonomía para el niño pequeño, deseo de aprender para el niño más grande, identidad para el adolescente, intimidad para el adulto joven e integridad para el adulto maduro. Es interesante ver que Erikson no habla del anciano. Los interrogantes existenciales que este último se plantea frente a la muerte sobrepasan sin duda sus concepciones psicológicas. Por la práctica espiritual se reordenan las pequeñas crisis ya enumeradas dentro del cuadro de dos grandes crisis: el nacimiento y la muerte. Esto da amplitud
y profundidad al psiquismo y permite relativizar estas crisis que yo he llamado pequeñas, aun si ellas parecen enormes a quienes están sufriéndolas.

Las psicoterapias que se podrían llamar pragmáticas responden en apariencia a la demanda promedio de los pacientes, pero ellas dan un pobre modelo del ser humano: lo consideran como una especie de máquina que debe funcionar sin tropiezos desde el nacimiento hasta la muerte, según los criterios establecidos por los computadores del Instituto de Estadísticas sociopsicológicas… Parece sonar bien, pero es una visión plana y aplastante de las posibilidades humanas: el hombre es una caña pensante (según Pascal) y no solamente una caña funcionante. Es fácil decir que el paciente no tiene una demanda que hacer por más que se lo proponga; pero si él la tuviera tendría el terapeuta una respuesta que no sea intelectual sino vivida?

Se puede estimar que ayudar a un individuo psicológicamente, es ayudarlo a aceptar, a metabolizar las frustraciones y los duelos pequeños o grandes que pavimentan la existencia. Frente a una frustración o un duelo en sentido amplio. hay tres evoluciones posibles: la evolución descendente, es decir hundirse en la depresión y los remordimientos; la evolución circular, o buscar un nuevo objeto para reemplazar el anterior, un nuevo par de muletas para reemplazar las que se han perdido. Esto es lo que ensaya hacer la gente espontáneamente, y es lo que aconsejan la mayor parte de los psicólogos; es verdad que es una reacción de mejor calidad que la depresión pura y simple. La tercera evolución es la evolución ascendente: se acepta el duelo en tanto que tal y se ve el vacío que él ha creado como una ventana que se abre hacia el absoluto. Ya no se busca un comodín y la sombra negra de la depresión se transforma en vacuidad luminosa de liberación. Por liberación, yo entiendo liberación de una dependencia por pequeña que ella sea. En este sentido, el mejor aguijón para encontrar la felicidad dentro de sí mismo es el sentimiento de frustración , es una espina incitadora que hace evolucionar sin cesar.

Si el psicólogo tiene una visión puramente pragmática de las cosas, es decir, si se contenta por reemplazar una evolución descendente por una evolución circular, él rechaza la necesidad espiritual. Esta última reaparecerá en otro momento, es el retorno de lo rechazado bajo formas a veces primitivas o mediocres: entrada en una secta de extrañas creencias o interés apasionante por un ocultismo barato. La moda de este género de ocultismo en la ex-Unión Soviética puede ser una buena ilustración del retorno desordenado de
lo espiritual rechazado después de un medio siglo de psicología aplastante. Tanto como el terapeuta, el maestro espiritual no puede resolver los interrogantes existenciales de su paciente o discípulo. Sin embargo, él le puede indicar métodos de trabajo interior; él representa igualmente para un discípulo que desfallece, una luz al final del túnel.

Más que hablar de trabajar el duelo yo prefiero hablar de soltar presa, de dejar de crisparse sobre algo, o de liberación. Una vez que un apego es arrastrado por el flujo de la vida o de la muerte, se le puede considerar como un saco de piedras que se llevaba sobre los hombros y que se ha desprendido por sí mismo. Es un alivio. Más que hablar de pulsión de muerte yo prefiero hablar de desviación de la pulsión de vida. Establecer una dualidad pulsión de vida-pulsion de muerte es en realidad una vieja tentación. Ella apareció en los primeros siglos de nuestra era con Manes y ciertas formas de Gnosis, y ha reaparecido en nuestra época con Freud. Sin embargo, las tradiciones espirituales en su conjunto evitan caer en este dualismo fácil. Aunque parece corresponder a ciertas apariencias, presenta en verdad un obstáculo a la evolución interior. No estamos obligados a dejarnos atrapar por categorías salidas de la mente de un Freud envejecido y, tal vez, deprimido , sobre todo después de la operación de su cáncer al final de los años 20.

El vocablo psi corriente está lleno de sugestiones negativas. Aun si el terapeuta tiene el buen sentido de no hablar demasiado de psicopatología a su paciente , él no puede impedirse de comprender a éste en términos de patología, ya que esa es su formación profesional. Esto representa una toma de partido que influencia al paciente. Por el contrario, lo propio de muy buenos terapeutas, o de sabios, es tener éxito en extraer algunos elementos positivos de un cuadro psíquico desastroso y valorizarlos, en contra de todo, para estimular al paciente. En este dominio fluido y maleable que es el psiquismo, un vaso medio vacío es realmente lo contrario de un vaso medio lleno. Los terapeutas deben supervisar su lenguaje, incluido también lo que se dicen a ellos mismos a propósito de los pacientes. Si no, a pesar de su buena voluntad, corren el riesgo de perjudicarlos confirmándoles que están limitados dentro de una patología fijada.

Si la psicología occidental tiene límites frente a la depresión puede la filosofía , por ejemplo el existencialismo, ayudar a trascender esos límites? Para ser breve, yo no lo creo: el ambiente general del existencialismo es demasiado depresivo en sí mismo para poder ayudar realmente a un depresivo. A lo más, este último podrá aliviarse un poco sintiéndose menos solo en su abandono. La ventaja es que se sentirá más confortable en su depresión, pero el inconveniente es que, en ese caso, no tendrá aliciente para salir de ella. No hay que olvidar que Sartre ha publicado El Ser y la Nada en 1943 en una época donde un espíritu materialista tenía razones para ser pesimista. En efecto, la creencia tranquilizadora en un progreso continuo de la humanidad estaba seriamente amenazada por los acontecimientos. El simple hecho de desmontar el funcionamiento del ego lleva a un nihilismo real, si este trabajo no es acompañado por un sentido agudo del Absoluto subyacente. Puede ser que el filósofo existencialista y el Buda se encuentren frente al mismo vacío, pero el primero siente náuseas mientras que el segundo sonríe no hay allí una diferencia?

La depresión despertar espiritual enmascarado?
Dichoso el que es puesto a prueba, él ha entrado en el camino, dice Jesús en el Evangelio de Tomás. Cual es la significación de los síntomas de la depresión? No son una tentativa mal hecha de reequilibrarse? No pueden ellos tomados en una perspectiva correcta conducir al paciente a mejorar,
y aun a entrar en un camino espiritual del cual él no tenía una idea preconcebida? En este sentido, cada síntoma no tiene su índole propia? Tomemos por ejemplo el insomnio de la madrugada, clásico en el depresivo, en particular en el melancólico. Se ha ensayado durante largo tiempo sofocar ese síntoma con somníferos. Pero algunos han tenido la idea de dejar hacer al depresivo lo que él quería, es decir, acostarse muy temprano y levantarse muy temprano. Esto fue suficiente para mejorar en gran medida el problema.

Consideremos ahora la inhibición psicomotriz: hay consenso en decir que es el criterio más seguro para detectar una depresión. Pero, el hecho de ni siquiera sentirse motivado para mover un pulgar no correspondería a una necesidad natural de retiro, de entrada en sí mismo, de reposo? No es un sano reflejo de defensa del organismo frente al estrés continuo de la carrera consumista en todos los aspectos, carrera tan ciega como agotadora? En la sociedad occidental activista, esta necesidad de no hacer nada no es reconocida. Si no se tienen los medios o el gusto de ir a la pesca o a la playa, se cae en depresión. El inconveniente es que, si bien el sujeto se hace notar socialmente, es igualmente culpabilizado. Él quiere castigarse a sí mismo por su pereza y su inutilidad; esta necesidad de castigo es realmente patológica y anti-espiritual; no es auto-flagelándose (metafóricamente hablando) que se dominará el propio ego, más bien se corre el riesgo de reforzarlo.

Igual como la flor tiene su ritmo, se abre y se cierra, también lo tiene el cuerpo, duerme y se despierta, del mismo modo el psiquismo tiene su propio ritmo: él alterna naturalmente las fases de interiorización y de exteriorización. En las depresiones debidas a conflictos intrapsíquicos, se puede considerar que el sujeto está mal e insuficientemente interiorizado. No llega a contactar las zonas profundas de su ser descendiendo por debajo de las tempestades de superficie. Él duda incluso de que estas zonas existan: es su enfermedad y a veces también la de su terapeuta… La sociedad, y a menudo la familia, exigen al individuo que funcione constantemente en el real exterior. Sin embargo, como lo dice Bachelard, un ser privado de la función de lo irreal (el real interior) es tan neurótico como un ser privado de la función de lo real (real exterior).