Psicoterapia Transpersonal

Psicoterapia Transpersonal

Si nuestra ciencia de la salud mental ha de llegar a ser más efectiva, los psicoterapeutas tendrán que equilibrar su conocimiento de las técnicas y conceptos psicológicos con una disposición contemplativa.

La psicoterapia transpersonal, tal como la definen los psicoterapeutas cuya práctica clínica incluye este tipo de trabajo, es el aspecto de la terapia que trasciende los objetivos del ego y conecta lo psicológico con la práctica espiritual. Tradicionalmente, la terapia occidental se ha preocupado sobre todo por la psicodinámica, la modificación del comportamiento y el crecimiento personal. Se ha considerado que una personalidad bien adaptada es sana y se ha ignorado mayormente todo aspecto del ser que trascienda la personalidad. Durante las últimas décadas han aparecido numerosas psicologías del yo cuya meta es ayudar a los individuos a que se adapten a la sociedad y alcancen sus objetivos personales en la vida. Además, las orientaciones existencialistas y humanísticas han asignado un lugar central a la búsqueda de significado y a la indagación de la identidad individual. El mundo interior de la psique ha sido explorado en profundidad por la psicología analítica de Carl Jung y otros. Sin embargo, sólo en la década de 1970 han empezado a interesarse los terapeutas occidentales por la investigación personal de la meditación y de otras técnicas orientadas a la alteración de la consciencia, y a incorporar las técnicas orientales a la práctica de la terapia.

En tanto que el ámbito de lo transpersonal era previamente dominio exclusivo del gurú o maestro espiritual, a los psicoterapeutas que trabajan con el tipo de problemas humanos que ponen en juego los valores, el significado y el propósito se les ha hecho cada vez más evidente que cuando el crecimiento psicológico trasciende la personalidad, plantea invariablemente cuestiones de naturaleza espiritual. Con frecuencia se considera que la psicoterapia orientada a la resolución de conflictos psicodinámicos y al crecimiento personal es una buena preparación para las disciplinas espirituales que se ocupan exclusivamente de los dominios transpersonales del ser. La terapia transpersonal, sin embargo, es un intento de facilitar el crecimiento de los clientes no sólo con vistas a lograr el fortalecimiento del yo y la identidad existencial, sino también, yendo más allá de la identidad del ego, a pasar a los territorios de la realización transpersonal y de la trascendencia.

El dominio de la psicoterapia transpersonal se extiende, pues, más allá de los objetivos y las formas de adaptación que son tradicionales del ego. Aunque se dirige a las necesidades y aspiraciones básicas de éste, como pueden ser la necesidad de auto estima y de consolidar relaciones interpersonales satisfactorias, no se detiene en esto; considera también los motivos, experiencias y potencialidades accesibles a los individuos que ya han alcanzado en su vida un nivel de desenvolvimiento práctico satisfactorio.

En su investigación de esas personas relativamente sanas, Abraham Maslow encontró una amplia variedad de lo que él llamaba meta motivos, por ejemplo los impulsos hacia la verdad, la estética, la auto realización, etc. El prefijo meta, tal como se usa aquí significa algo superior o trascendente e indica que estos motivos están más allá de las necesidades de supervivencia básicas y se extienden a las vivencias de identidad y a modos del ser que no están limitados por las fronteras habituales del ego. Cuando se manifiestan, tales motivos y experiencias son análogos a los que se describen y buscan en las grandes disciplinas religiosas y espirituales, que ahora empiezan a ser comprensibles en términos psicológicos.

Maslow describió de la siguiente manera la correspondencia de los metamotivos con la experiencia transpersonal: Los metamotivos ya no son, por consiguiente, sólo intrapsíquicos y organísmicos. Son igualmente internos y externos. Ello significa que la distinción entre el propio ser y lo que no lo es se ha deshecho (o ha sido trascendida). Ahora hay menos diferenciación entre el mundo y la persona. Esta se convierte en un ser ampliado. Identificar lo que hay de más elevado en el propio ser con los valores supremos del mundo de afuera significa, hasta cierto punto por lo menos, una fusión con lo que no es el propio ser.

Se puede decir, entonces, que la psicoterapia transpersonal abarca una gama de la experiencia humana más vasta que la que constituía en el pasado la preocupación predominante de la psicoterapia en Occidente. Las experiencias o vivencias transpersonales, entendiendo como tales las que extienden la percepción más allá de los límites del ego, forman parte integral del proceso terapéutico. El trabajo pionero realizado por Stanislav Grof sobre la terapia con sustancias psicodélicas durante la década de los sesenta y principios de los setenta fue uno de los primeros indicios de que las experiencias transpersonales se presentaban a la vez como significativas y como terapéuticas, y de que potencialmente estaban al alcance de todos. Además, un número cada vez mayor de personas tenían experiencias transpersonales fuera de todo marco terapéutico, como resultado del difundido empleo de las sustancias psicodélicas o de la
práctica de disciplinas como el yoga o la meditación. Los que encontraban perturbadoras tales experiencias sentían, con frecuencia, que la intervención psicoterapéutica era inapropiada o que iba en detrimento de las experiencias mismas cuando no tenía en cuenta el valor potencial de estas.

Se hizo así cada vez más obvia la necesidad de contar con terapeutas que tuvieran un conocimiento personal de estos campos; y los profesionales que comenzaron a investigar estas disciplinas encontraron en ellas instrumentos útiles para trabajar no sólo con sus clientes, sino consigo mismos. Algunos terapeutas empezaron a incorporar a su práctica regular algunas técnicas meditativas para la relajación y
la concentración. Otros fueron más lejos y empezaron a sugerir la práctica de otras disciplinas, como el yoga, además de la terapia. La apreciación cada vez mayor de la importancia de tratar el cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu como un todo coincidió con la aparición de la medicina holista, que a su vez insistía en tratar a la persona entera en vez de centrarse en síntomas específicos.

Aunque la palabra psicoterapia significó originariamente la atención o el cuidado del aliento o el espíritu (alma), ha llegado a estar asociada a la práctica médica. La psicoterapia transpersonal no excluye lo que tradicionalmente se considera mejorar, pero además incluye una amplia variedad de técnicas para trabajar con el cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu, tomadas tanto de la psicología oriental como de la occidental. Así pues, un terapeuta transpersonal, al mismo tiempo que trabaja con los sueños y la fantasía puede sugerir que en el curso del tratamiento se tengan en consideración la dieta y el ejercicio físico. Aunque no es probable que haya profesionales expertos en todos los campos, la apreciación del valor del trabajo con el cuerpo, de la meditación y de la atención consciente en la práctica diaria da como frecuente resultado recomendaciones que pueden ser consideradas como adiciones a la psicoterapia, siendo en realidad parte integral de la búsqueda de la salud y el bienestar. Un terapeuta transpersonal puede ser ecléctico en el empleo de diversas técnicas en la terapia, pero el matiz transpersonal de la orientación depende del contexto en que se emplean dichas técnicas. Un contexto transpersonal está condicionado por los valores, creencias, actitudes y puntos de vista sobre la naturaleza humana que adopta el terapeuta como elementos para la práctica de la psicoterapia. De un terapeuta transpersonal se puede esperar, pues, que examine las creencias que determinan la naturaleza de su trabajo.

Un contexto transpersonal ofrece una visión ampliada de la capacidad humana para el bienestar situándola en una perspectiva basada en su relación con los intentos previos de abordar las cuestiones perennes del bienestar psicológico.

Tradiciones espirituales, como el sufismo, pueden enseñarnos sobre la salud mental, especialmente en lo que se refiere al tratamiento de la persona entera, en vez de limitarse al ego o a la personalidad. Se trata de una postura, contexto o marco de referencia particular dentro del cual se pueden emplear diversos métodos. Su enfoque echa los cimientos para una mayor integración de las perspectivas oriental y occidental en lo que al estudio de la consciencia se refiere.

El alcanzar cierto grado de soberanía personal significa reconocer tanto los enormes problemas a que se enfrentan los seres humanos como los pasmosos éxitos obtenidos. Autores como Bugental insisten en el carácter central que asume el proceso en la terapia y llaman la atención sobre la importancia de la relación entre terapeuta y cliente. Mientras hombres y mujeres no acepten su propia naturaleza y se den cuenta cabal de que son autores y no víctimas de su destino escribe – todos sus esfuerzos están condenados al fracaso..

En el intento de abarcar con mayor amplitud la experiencia humana, la psicoterapia transpersonal añade, a los conceptos psicológicos tradicionales de salud, los aspectos asociados a los niveles transpersonales del ser.

Meddard Boss

Extractado por Tatiana Reyes de
Walsh y Vaughan.- Más Allá del Ego.- Kairós

La Psicología Transpersonal

La Psicología Transpersonal

El denominador común de los fenómenos transpersonales es una sensación de que la consciencia se ha extendido más allá de las barreras normales del ego y ha trascendido las limitaciones del tiempo y el espacio. En los estados ordinarios de consciencia nos experimentamos a nosotros mismos como seres que existen dentro de los límites del cuerpo físico y nuestra percepción del entorno está limitada por el alcance de nuestros órganos sensoriales. Podemos recordar el pasado y anticipar acontecimientos futuros o fantasear sobre ellos; sin embargo, el pasado y el futuro no resultan accesibles a la experiencia directa.

En las experiencias transpersonales parece trascenderse una o más de las limitaciones usuales. Estas experiencias pueden dividirse en tres grandes categorías:

1.- En los estados de consciencia no ordinarios, mucha gente experimenta episodios muy concretos y realistas que ellos mismos identifican como recuerdos fetales o embrionarios. No es extraño, en tales circunstancias, experimentar a nivel de la consciencia celular, una identificación con el esperma y el óvulo en el momento de la concepción. Algunas veces la regresión histórica va más allá, y el individuo tiene una convencida sensación de revivir recuerdos de sus antepasados o procedentes de la memoria del inconsciente racial o colectivo. En ocasiones, algunas personas tienen una marcada sensación de revivir episodios dramáticos de encarnaciones anteriores.

2.- Las experiencias transpersonales que implican trascendencia de las barreras espaciales parecen indicar que las fronteras entre el individuo y el resto del universo no son fijas ni absolutas. En circunstancias especiales, es posible identificarse vivencialmente con cualquier cosa en el universo, incluido el propio cosmos en su totalidad. Aquí se dan experiencias de fusión con otra persona en un estado de unidad dual, o se toma la identidad de otra persona, se sintoniza con la consciencia de un grupo específico de personas, o incluso la propia consciencia alcanza un extremo en que parece abarcar a toda la humanidad.

3.- Un amplio grupo de experiencias transpersonales parece llevar la extensión de la consciencia más allá del mundo fenoménico y de la continuidad espacio-tiempo tal como lo percibimos en la vida cotidiana. Aquí podemos situar numerosas visiones de personajes y temas arquetípicos, encuentros con deidades y demonios de varias culturas, y secuencias mitológicas complejas. Otros ejemplos son relatos de apariciones de los espíritus de personas ya fallecidas, de entidades supra humanas o de habitantes de otros universos. Entre las experiencias más interesantes de esta categoría encontramos visiones de modelos arquetípicos abstractos y símbolos universales – la cruz, el yin-yang, la svástika, el pentágono, la estrella de seis puntas – que a menudo van acompañados de la percepción profunda de su significado. Muchas personas han descrito también experiencias relacionadas con las energías del cuerpo sutil (etérico) que conocemos por la literatura mística y esotérica: la corriente de energía chi a través de los meridianos tal como lo describe la antigua medicina china, el despertar de la kundalini, la activación de distintos centros de energía psíquica o chakras, y visiones de auras de colores. En el límite de su alcance, la consciencia individual puede identificarse con la Consciencia Cósmica o la Mente Universal. La experiencia máxima parece ser la identificación con el Vacío Supra cósmico y Meta cósmico, la misteriosa vacuidad primordial -la nada- que es consciente de sí misma y contiene toda la existencia en forma germinal y potencial.

Las experiencias transpersonales hacen pedazos los presupuestos más básicos de la ciencia materialista y de la visión mecanicista del mundo. Los investigadores que han estudiado seriamente estos fenómenos han comprendido que los intentos de la psiquiatría tradicional por descartarlos – considerándolos productos irrelevantes de la imaginación, o fantasmagorías erráticas generadas por procesos patológicos del cerebro – son superficiales e inadecuados.

A pesar de que las experiencias transpersonales se dan en el proceso de autoexploración profunda, parecen beber directamente, sin la mediación de órganos sensoriales, de fuentes de información que se encuentran claramente fuera del alcance del individuo, tal como se lo define convencionalmente.

Las experiencias que tienen que ver con los antepasados, la memoria racial y colectiva en el sentido junguiano, y los recuerdos de encarnaciones pasadas, brindan frecuentemente detalles bastante específicos sobre la arquitectura, las costumbres, las armas, el arte, la estructura social y las prácticas religiosas de la cultura y del período correspondiente, o incluso sobre acontecimientos históricos concretos.

Existe otro interesante grupo de fenómenos transpersonales que frecuentemente pueden comprobarse e incluso investigarse experimentalmente. A ese grupo pertenecen la telepatía, la diagnosis psíquica, la clarividencia, la clariaudiencia, la precognición, la psicometría, el desdoblamiento, y otros ejemplos de percepción extrasensorial, Este es el único grupo de fenómenos transpersonales que en el pasado se ha venido tratando ocasionalmente en círculos académicos, aunque con afán de descalificarlos.

Desde una perspectiva más amplia, no hay razón para clasificar los llamados
fenómenos paranormales en una categoría especial. Muchos otros tipos de
experiencias transpersonales implican, de manera bastante tipificada, el acceso a nuevas informaciones sobre el universo a través de canales extrasensoriales, Las barreras entre la psicología y la parapsicología desaparecen, o se hacen un tanto arbitrarias cuando se reconoce la existencia del ámbito transpersonal.

El desafío filosófico asociado con estas observaciones se ve aun aumentado por el hecho de que, en los estados de consciencia no ordinarios, las experiencias transpersonales que reflejan correctamente el mundo material aparecen con la misma continuidad y se encuentran íntimamente entretejidas con otras cuyo contenido, según la visión occidental del mundo, no forma parte de la realidad objetiva. En este contexto podemos mencionar los arquetipos junguianos: el mundo de las deidades, demonios, semidioses, superhéroes, y complejas secuencias mitológicas, legendarias y de cuentos de hadas. Estas experiencias pueden incluso comunicar informaciones exactas y nuevas sobre el simbolismo religioso, el folclore y las estructuras míticas de varias culturas acerca de las cuales el sujeto no tenía previamente ningún conocimiento.

La capacidad de las experiencias transpersonales para comunicar información intuitiva instantánea sobre cualquier aspecto del universo en el presente, el pasado y el futuro, quebranta algunos de los más básicos supuestos de la ciencia mecanicista. Estas experiencias contienen nociones tan aparentemente absurdas como la relatividad y la arbitrariedad de todas las barreras físicas, las conexiones no locales en el universo, la comunicación a través de medios y canales desconocidos, la memoria sin un sustrato material, la no linealidad del tiempo, o la consciencia asociada con todos los organismos vivientes.

Muchas experiencias transpersonales implican acontecimientos del microcosmos y del macrocosmos – esferas que no pueden ser directamente alcanzadas por los sentidos humanos – o de períodos que históricamente preceden al origen del sistema solar, a la formación del planeta Tierra, a la aparición de organismos vivos, al desarrollo del sistema nervioso central y al surgimiento del Homo sapiens. Esto implica claramente que, de un modo todavía inexplicado, cada ser humano contiene información sobre el universo entero o sobre toda la existencia, tiene en potencia acceso experiencial a todas sus partes y, en cierto sentido, es todo el tejido cósmico, en la misma medida en que es justamente una parte infinitesimal de él, una entidad biológica separada e insignificante.

Los fenómenos transpersonales revelan entre el individuo y el cosmos conexiones que por ahora permanecen más allá de toda comprensión. Todo lo que podemos decir es que, en algún lugar del proceso de confrontación con el nivel perinatal de la psique, aparece algo así como una extraña cinta de Moebius cualitativa, a través de la cual la autoexploración profunda del inconsciente se convierte en una aventura en el universo global.

Como lo ha demostrado Ken Wilber en sus escritos, la introducción de las experiencias transpersonales en la psicología crea un puente entre la ciencia occidental y la filosofía perenne. Además arroja nueva luz sobre muchos problemas de la historia, la antropología, sociología, psicología, psiquiatría, filosofía y religiones comparadas.

Si bien la naturaleza de las experiencias transpersonales es incompatible con la ciencia mecanicista, puede integrarse perfectamente en los desarrollos revolucionarios de varias disciplinas científicas que algunos han calificado de paradigma naciente. Entre las disciplinas y conceptos que han contribuido significativamente a este cambio drástico de la visión científica del mundo están la física cuántico-relativista, la astrofísica, la cibernética, las teorías de la información de sistemas, la teoría de Sheldrake sobre la resonancia mórfica, el estudio de Prigogine sobre las estructuras disipativas y el orden por fluctuación, la teoría de David Bohnn sobre el holomovimiento, y el modelo holográfico del cerebro creado por Karl Pribram.

Este modelo de la mente presenta una importancia crucial para todo enfoque serio de fenómenos como los estados psicodélicos, el chamanismo, la religión, el misticismo, los ritos de paso, la mitología, la parapsicología, la tanatología, y la psicosis. Además, tiene implicaciones revolucionarias para la comprensión de la psicopatología y ofrece nuevas posibilidades terapéuticas que la psiquiatría tradicional nunca soñó.

Stanislav Grof

Extractado por Farid Azael de
S. Grof.- Psicología Transpersonal.- Kairós.

Más Información:

Bohm., David,- La Totalidad y el Orden Implicado.- Kairós
Grof, Stanislay.- La Mente Holotrópica.- Kairós.
Grof, Stanislay.- El Poder Curativo de las Crisis.- Kairós,
Grof, Stanislay.- La Evolución de la Conciencia.- Kairós,
Pribram, Karl .- Biología del Aprendizaje.- Paidós.
Sheldrake, Rupert.- Una Nueva Ciencia de la Vida.- Kairós.
Sheldrake, Rupert.- La Presencia del Pasado.- Kairós,
Wilber, Ken.- La Conciencia sin Fronteras.- Kairós.

El Quiebre del Ego

El Quiebre del Ego

Cualquiera que trate de avanzar en un camino de crecimiento descubrirá tarde o temprano que el gran impedimento a su trabajo no se encuentra en los otros, sino en sí mismo. Descubrirá que sus tendencias espirituales y las inclinaciones de su ego no están en armonía, sino que son divergentes. El ego busca lo transitorio, manteniéndonos polarizados en el mundo temporal, a pesar de que teórica o prácticamente estemos trabajando en alguna línea de crecimiento personal. Una y otra vez experimentamos la incapacidad de nuestro ego para someterse a la guía del maestro interior, del Yo Superior, para actuar revelando lo trascendente y no lo personal perecedero. El ego vive en y para lo temporal, mientras el núcleo que origina y sostiene nuestra vida – la chispa divina, el Yo Superior – permanece en lo intemporal y eterno, que es lo que quisiéramos alcanzar.

De ahí la dificultad de conciliar ambas posiciones, lo que produce la gran inquietud y aun las angustias más profundas que pueda experimentar el hombre que busca expandir su consciencia. Para ser en lo eterno, debe morir conscientemente en lo temporal. Su ego debe perecer. La conquista del punto de vista del Yo Superior, la polarización paulatina en nuestro núcleo superior de origen como resultado de la domesticación creciente del ego, es la meta e inspiración de todos los caminos de crecimiento.

Quienes se esfuerzan en crecer, saben de las dificultades que hay para mantenerse conectados con su propósito de avanzar, para desechar lo que atenta en su contra o que es inútil en su camino, para estar disponible permanentemente a las necesidades espirituales propias y de quienes nos rodean, para reconocer la presencia de lo trascendente en sus múltiples manifestaciones, para estar atentos a la tarea que nuestro desarrollo nos demande en el momento presente. Debido a las distracciones del ego, el Yo Superior no puede manifestarse a través nuestro. Cuando el ego no ha sido dominado, todo anhelo, buenos propósitos, firmes convicciones y acciones son nada más que un permanecer dormidos mientras actuamos. Por eso decimos – junto a todos aquellos que a lo largo de la historia lo han logrado – que hay solamente un camino mediante el cual el hombre se puede capacitar para ser útil a la tarea evolutiva: el sometimiento del ego. Esto es a lo que se refiere San Pablo cuando nos dice: Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior, no obstante, se renueva de día en día (2 a Corintios 4:16).

Podríamos decir que el Yo Superior se reviste, en un período dado, de nuestras características temporales o externas – intelecto, emociones, cuerpo físico – las que tenemos como tarea pulir y purificar para servir de medio de expresión adecuado al Yo Superior. Esa encarnación temporal del Yo Superior es nuestra vida, de la que podemos hacer un cristalino lente o permanecer como un basto ladrillo.

El trabajo para someter al ego, y llegar a ser capaces de manifestar la divinidad sin distorsión, se realiza a través del fortalecimiento de la voluntad, comenzando por la observación de sí. El antiguo adagio: conócete a ti mismo y conocerás a Dios no es una metáfora. La observación creciente de nosotros mismos no sólo nos permite conocernos, saber con qué contamos, qué nos pertenece por naturaleza y qué hemos adquirido por otras vías (defensa, imitación, etc.), sino que crea y fortalece la voluntad, y la voluntad es el vínculo que puede establecer el contacto, polarizar el yo hacia el Yo, realizar lo que se ha discernido como propicio al crecimiento. Pero no debemos olvidar nunca que el ego no renuncia espontáneamente, debe ser dominado por la voluntad.

Habitualmente somos mucho más conscientes de las necesidades y requerimientos del ego y su cuerpo, que de las del Yo. Cuando crecemos, el anhelo por el Yo Superior es también creciente, pues las expansiones de consciencia apuntan hacia una verdad apenas intuida o susurrada con el temor de que no sea cierta: que yo soy El, o que Tú eres Eso, que el Yo Superior en verdad soy yo, mi Yo real, y que todo el trabajo de crecer es tomar consciencia de ello. En los comienzos de la búsqueda, el Yo Superior es una deidad trascendente, lejana, inalcanzable, a quien se piden favores, pero a medida que el ego va quedando atrás, y que se realiza la transmutación, se comienza a presentir como posible el que podamos llegar hasta Él hasta fundirnos con Él. Algún día esto será una certeza.

Para que la acción del Yo Superior se realice, debemos ponernos al alcance de su elevada posición. Esto es lo que hacemos mediante el entrenamiento de la voluntad. A través de la lucha constante por permanecer despiertos, por observarnos, por ser los amos de nuestros aspectos temporales y no sus esclavos, por ir superando las emociones negativas y todo el condicionamiento automático, se va creando una persona unificada, que actúa bajo el comando de una sola voluntad y no de un sinfín de subpersonalidades. Esta voluntad unificada es el compendio de la persona, de todo su aspecto temporal – que es lo que conoce – concentrado en un yo, y este yo es el que puede ser ofrecido a la voluntad del Yo Superior. La esencia de mi ser temporal se ofrenda a mi Ser eterno. Esta es la gran renuncia, la inmolación del ego, la aniquilación personal, el exterminio de la máscara. Hay que trabajar muy duro para convertirse en una persona unificada, individuada, para contraer todo el ser temporal en un punto, y luego dar el salto al vacío: entregarlo al Yo Superior, en quien debemos confiar plenamente, aunque en verdad no Lo conocemos, sólo Lo presentimos, intuimos, vislumbramos. Esto sería del todo imposible de realizar para el hombre si en verdad el Yo superior y el yo no fueran Uno desde siempre.

Una vez que se ha tomado consciencia de esta verdad, luego de un largo y azaroso camino, entonces el Yo Superior puede manifestarse, utilizando a la persona como su vehículo, en forma paulatina pero creciente. Nuestra dificultad básica yace en la imposibilidad del Yo para aflorar a través del ego. Si nuestra consciencia permanece en nuestro ego, dispersa en miles de necesidades y deseos, es como si el Yo Superior no existiera para nosotros, como si un grueso muro impidiera la comunicación. Pero cuando nuestra consciencia permanece en nuestra meta – nuestro Yo Superior – está unificada, porque el Yo Superior es Lo-Uno para el individuo, y entonces es posible una relación, se establece un vínculo que traspasa lo personal, hasta que se alcance el momento en el que esa relación ya no sea necesaria porque ha desaparecido la dualidad: Él – yo.

Nuestro Yo Superior parece tropezar con una cáscara dura que le impide abrirse paso. Si nuestro trabajo es fructífero, nuestro ego debe resultar fracturado para que el Yo pueda filtrarse: Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él queda solo; pero si muriere, mucho fruto lleva (Juan 12:24). La vida está latente en el interior de todo grano, pero sólo se hará realidad una vez que la cáscara se haya partido. Esa cáscara, el poderoso ego que se ha entronizado tan arraigadamente en nuestras vidas, dominándolas, es la vida temporal y, por lo tanto, origina el sufrimiento, los deseos siempre renovados, el miedo al fracaso, la sensación de importancia personal que será puesta a prueba una y otra vez, causándonos dolor. La vida verdadera late en el interior, es la del Yo Superior, que debe ser liberada para que seamos liberados.

Con la liberación perdemos todo en el mundo temporal, ofrecemos todo lo que nuestro ego valora. para obtener la vida real que trasciende la apariencia. Así, El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. (Juan 12:25) Si lo exterior queda intacto, lo interior nunca podrá hallar salida.

Cuando decimos perder nos referimos naturalmente al apego a la vida exterior; no es lo mismo tener y disfrutar un bien que temer perderlo, no es lo mismo amar a alguien que desear poseer a una persona, y sufrir si no lo logramos, lo que es la antítesis del amor verdadero. Así. cada vez que perdemos no hacemos más que ganar. El que va desgastando su duro caparazón, como decía Unamuno, cultiva un estado permanente de aceptación a lo que acontece a su alrededor; nada de lo que pase o deje de pasar, nada de lo que tenga o deje de tener es capaz de hacerlo feliz ni desgraciado. Cada problema frente al que no reacciona irritado, cada insulto frente al que no se altera, cada logro que no lo excita, son la prueba de su avance. Su única fuente de gozo y desdicha está en su interior, en su capacidad para mantenerse conectado o no con su fuente central, con su Yo Superior.

La energía amorosa del Yo Superior no cesa de actuar sobre el ego, de mil maneras, intentando disciplinarlo. Sin embargo, aquí está nuestra dificultad; nos afligimos por pequeñeces, murmuramos ante pequeñas pérdidas o dificultades. Todas las experiencias y problemas diarios se nos presentan con el propósito de que tomemos consciencia de algo específico, todo cuanto nos sucede es lo mejor que nos puede suceder ahora para nuestra evolución. El Yo Superior está preparando el camino para acercarnos a él, sin embargo, no lo reconocemos y nos sentimos desdichados, discutimos, renegamos de nuestra mala suerte o destino y nos volvemos negativos en nuestra actitud. El Yo Superior no derrocha nada, todo lo que hace llegar a nuestras vidas tiene significado. El motivo detrás de todas las acciones del Yo Superior es destruir nuestro hombre temporal, cincelándonos diariamente para nuestro desarrollo. El quiebre del ego es el camino de la paz interior, el camino de los frutos gozosos, pero también es un camino manchado con la sangre de muchas heridas, producto de la destrucción del caparazón, el que incluye todo lo que pertenece al hombre exterior: opiniones, maneras, astucia, amor propio, todo.

El trabajo de observación y aumento de consciencia para construir al yo unificado es la parte más dura y larga, la que requiere de gran perseverancia y paciencia con nosotros mismos, por nuestra ignorancia y numerosas recaídas. Si bien no se debe dejar nunca de luchar, en cualquier parte del camino es posible ser tocados por la gracia, la transformadora energía del Yo Superior que se ha apiadado de nuestros esfuerzos. Por lo tanto, si nunca antes nos hemos dedicado atentamente a la obra de nuestra propia unificación, intentémoslo, diciendo, desde lo más profundo, Señor, hágase Tu voluntad, sin condiciones, sin reservas.

En ocasiones pasan muchos años y algunas personas permanecen aparentemente sin cambio alguno. Esto sucede porque ciertos individuos tienen emociones, deseos o pensamientos muy fuertes o intensos. No se dan cuenta del trabajo que está siendo realizado, ven solamente que los hombres o las circunstancias se les oponen, que lo que los rodea es demasiado difícil, que tienen mala suerte, que los otros son los culpables. Nuestra principal tarea es la toma de consciencia de que precisamente eso es lo que las dificultades u obstáculos tratan de mostrarnos: que vamos cuesta arriba en el camino de evolución. Si no lo logramos, seguiremos teniendo ese mismo tipo de dificultades, y aún en mayor grado, hasta que comprendamos lo fútil, lo vano de esas ocupaciones. De hecho, es nuestra escasa comprensión, nuestra minúscula consciencia, lo que nos mantiene aparte del Yo Superior, ignorantes de nuestra identidad profunda.

El otro gran impedimento para la doma del ego es el amor propio, que también es miopía, pues es la visión exclusiva y separatista del ego; es decir, buscamos con desesperación una moneda en el camino mientras en nuestro propio jardín hay un gran tesoro enterrado que ni siquiera intentamos encontrar. Recordemos que la única razón para toda mala interpretación, todo mal humor, todo descontento, es que secreta o abiertamente amamos sólo a nuestro ego, que es una dura cáscara; y el objetivo de una cáscara es mantener algo separado, aislado, aparte, de la verdadera vida. Así, planeamos formas para escapar del sufrimiento y los problemas, y muchas veces los problemas aumentan debido a nuestra búsqueda de un camino para escapar, lo que sólo demora aún más la liberación. Pero no podemos huir de nosotros mismos por mucho tiempo.

Dianética

Dianética

Su creador, Ronald Hubbard, nos habla de ella como la ciencia moderna de la salud mental. Desde la antigüedad hasta hoy día la mente continúa siendo la más desconocida de las cualidades humanas y por consiguiente sus enfermedades nos resultan frecuentemente inexplicables, y más aún indescifrables.

Desde las más antiguas filosofías hasta las más actualizadas investigaciones sobre la mente, nos encontramos con una única metodología que se puede resumir en “Conócete a ti mismo.” En la Dianética, el autoanálisis es el pilar fundamental de la recuperación de los potenciales perdidos o desconocidos que permiten al individuo enfrentar la vida de una forma creativa. En ella, aprender a conocerse es fundamental para aceptarse y para convertirse en su propio amigo, como punto de partida del crecimiento personal y de la interrelación con los otros.

Supervivencia:
Para la Dianética, el principio dinámico de toda existencia es la supervivencia, y la garantía de ella es la abundancia. Así como el agricultor siembra más de lo necesario contemplando las inclemencias del tiempo y las posibles plagas, un individuo sobrevive en la medida que puede procurarse y guardar medios de supervivencia.

En este contexto los jóvenes tienen más posibilidades de sobrevivir, ya que tienen más resistencia y pueden contar con sus sueños de juventud que no han sido aún rotos por el fracaso. Se sobrevive en la medida que el ser humano es fiel a sí mismo, a su familia, a sus amigos y a las leyes del universo.

Aunque todos sabemos que lo opuesto del sobrevivir es sucumbir, no hay una línea muy neta entre ellos, sino más bien una escala graduada, La línea de demarcación no es la muerte sino lo que podríamos llamar los escalones de variación de la consciencia del individuo.

El arma más grande con que cuenta el individuo para sobrevivir, en vez de garras y colmillos, es la capacidad de razonar. El pensamiento es el arma de elección, ya que por su intermedio la humanidad logra realizar procesos de adaptación al medio, así como también le permite crear sistemas e instrumentos que modifican el medio. Por oposición, cualquier enemigo atacará en primer lugar el derecho y la facultad de razonar del ser humano.

Si comparamos las diferentes respuestas entre un joven y un viejo frente a las fuerzas que se oponen a la vida, veremos que este último, aunque tiene entre sus manos la experiencia, es incapaz de incorporarla eficazmente porque se ha deteriorado su capacidad de razonar. Por el contrario, el joven reacciona demasiado rápido, faltándole todo el caudal de la experiencia. Imaginen ahora a un hombre que hubiese guardado toda su facultad de razonar y poseyera una experiencia considerable. No es la experiencia la que ahoga el deseo de vivir sino el dolor y la pérdida de la libertad. Por eso sería fantástico que cualquier persona pudiese borrar de su vida todo el sufrimiento físico y moral que ha acumulado.

La consciencia que tenemos del mundo no es absoluta, vamos cambiando nuestra percepción de él con el paso del tiempo. A medida que decrece la consciencia que tenemos del resplandor del mundo, nuestra propia consciencia decrece y por consiguiente se van oscureciendo nuestras percepciones. Poco a poco el sufrimiento va adormeciendo la consciencia, lo que nos lleva a la incapacidad de ver, de sentir y de pensar, para terminar con la incapacidad de ser, que es la muerte o la inconsciencia total. .

La Dianética nos ayuda a buscar un camino hacia la consciencia y más aún hacia la vida. La vida tiene el poder de reunir y organizar la materia y la energía en el espacio y en el tiempo, y animarlas. Todo organismo tiene esa energía que llamamos vida, y recordemos que la primera tendencia de la vida es sobrevivir. La vida debe acumular suficiente materia y energía para formar un organismo y más tarde para permitirle a este aliarse a otros con el fin de nutrirse y protegerse. En el caso del hombre es fundamental la búsqueda de placer como aquello que le ayuda a sobrevivir en oposición del dolor que lo acerca a la muerte. La felicidad puede definirse como el hecho de superar los obstáculos para llegar a un fin deseable, que en el fondo es un fin de supervivencia.

Para Hubbard, en este punto es trascendente la acción del espíritu del organismo como el encargado de imaginar diferentes medios de evitar el dolor y alcanzar el placer. Se puede considerar al espíritu como al ser todo entero, mortal e inmortal, que busca garantizar y dirigir los actos que llevan a la supervivencia tanto a su organismo como a los otros que interactúan con él.

Cuando un espíritu se apaga y se embota, empieza a dar soluciones mediocres, sólo aplicables al éxito individual, dejando de importarle que su acción implique avasallar y dominar a los otros por la fuerza, olvidando que la supervivencia del uno depende totalmente de su cooperación con los otros. Podríamos decir que este espíritu se dirige hacia la muerte, que es el método por el cual la vida separa a un organismo indeseable, a fin de que otros nuevos puedan nacer y prosperar. Este viaje semi-inconsciente de un espíritu hacia la muerte siempre arrastra a otros organismos, de forma que se convierte en un peligro para los demás.

En este grupo encontramos al sujeto que protagoniza constantes accidentes, al egoísta, al criminal y al suicida entre otros; para ellos su única y real meta es la muerte, muerte para los demás, muerte para él mismo y el universo que lo rodea.

El dolor, como un elemento activo en la supervivencia, es el encargado de dar la alarma frente a cualquier agresión o pérdida permitiéndonos evitar aquello que nos amenaza. Pero a la vez la acumulación del dolor apaga un organismo y lo lleva a la muerte. La acumulación de los golpes recibidos en la vida da como resultado la disminución progresiva de la consciencia.

Uno de los principales descubrimientos de la Dianética fue que la inconsciencia y todo el dolor que la acompaña se encuentran almacenados en una parte del espíritu, y que este dolor y esta inconsciencia se acumulan hasta que el organismo empieza a morir. Y en segundo término descubrió que este dolor puede ser anulado, conduciendo al individuo a un retorno de la consciencia plena y de la rehabilitación hacia la supervivencia devolviéndole así su salud y su vitalidad. El cuerpo humano poseía un poder extraordinario de repararse a sí mismo cuando los recuerdos de los dolores sucesivos habían sido borrados.

Según la descripción de su creador, la Dianética:

1.- Es una ciencia organizada del pensamiento basada en leyes naturales.

2.- Contiene una técnica terapéutica con la que se puede tratar todas las enfermedades mentales inorgánicas y todas las enfermedades mentales psicosomáticas orgánicas.

3.- Produce un alza de las capacidades humanas por sobre lo normal.

4.- Proporciona una completa comprensión de la mente y de sus potencialidades.

5.- Descubre la naturaleza básica del hombre y llega a la conclusión de que es buena.

6.- Descubre a la única fuente de trastorno mental.

7.- Demuestra la capacidad de almacenar y recordar de la memoria.

8.- Descubre las capacidades máximas de grabación de la mente.

9.- Es contraria al uso de cirugía o electroshock con el objeto de producir docilidad en los pacientes psiquiátricos.

El claro y el aberrado:
En Dianética se le llama claro al individuo en estado óptimo y se usa el verbo aclarar como el camino para llegar a ese estado. Cualquiera de las percepciones del individuo puede estar aberrada por trastornos psíquicos que impiden que la capacidad analítica de la persona se dé cuenta de las sensaciones que percibe. Debido a esto, hay personas que se alteran al percibir ruidos, colores, olores, etc., demasiado intensos, mientras que para otras personas esos mismos niveles sólo suelen provocarle relajación.

Si bien esta diferencia de percepción entre claros y aberrados es interesante, lo más destacable es la capacidad de recordar de un claro. Esta capacidad inherente de recordar se la denomina retornar, y consiste en la capacidad de la persona para enviar una parte de su mente a un período pasado, ya sea en forma mental, o bien combinando la forma física y mental de modo que puede llegar a reexperimentar sucesos que han tenido lugar en el pasado, con las mismas sensaciones que entonces. Se le pide que retroceda en el riel del tiempo hasta el momento en que presentó por primera vez tal o cual síntoma.

Este retornar es muy diferente a la regresión hipnótica, ya que en este caso la persona está totalmente despierta y consciente de modo que le es posible revivir y examinar las imágenes en movimiento y otras percepciones que fueron grabadas en el momento del suceso. Estos recuerdos son de tipo visual, auditivo, táctil, olfatorio, rítmico, cenestésico, somático, térmico y orgánico.

La mente:
La mente humana está encargada de percibir y retener datos, de llegar a conclusiones, así como de plantear y resolver problemas relacionados con el organismo.

La inteligencia es la habilidad para percibir, plantear y resolver problemas. Está inhibida por los engramas, que alimentan la mente analítica con datos falsos o incorrectamente clasificados. A su vez los engramas obstaculizan y dispersan la fuerza vital, Se puede decir que un engrama es un momento de inconsciencia que contiene dolor físico o emoción dolorosa con todas sus percepciones. Estos engramas sólo pueden ser ingresados en momentos de inconsciencia donde la mente analítica está atenuada.

La mente reactiva es aquella parte de la mente que archiva y retiene el dolor físico y la emoción dolorosa, y trata de dirigir al organismo mediante estímulo y respuesta.

La mente somática es la que, dirigida por la mente analítica o la reactiva, ejecuta las soluciones a nivel físico.

Las aberraciones, entre las que se incluye todo comportamiento trastornado o irracional, tienen como única causa a los engramas, al igual que las enfermedades psicosomáticas.

Por todo lo expuesto anteriormente podemos decir que el objeto de la dianética es producir un liberado, es decir un individuo del cual se ha eliminado la tensión o angustia más importante, o un claro, que es aquel que como resultado de la terapia no tiene enfermedades psicosómaticas o aberraciones potenciales.

Auditor es alguien adiestrado en la aplicación de esta técnica, no es un guía o consejero del paciente, está allí sólo para auditar (escuchar). Su tarea es proteger al paciente durante la terapia y computar, porque el paciente solo no puede llegar al banco de engramas y contactarse con ellos. La técnica no va dirigida contra el paciente sino contra el banco de engramas. Si el paciente gime o maldice, en realidad son los engramas hablando y es en ese momento donde hay que atacarlos y no huir o sucumbir frente a ellos. Es por eso que el auditor debe ser capaz de permanecer tranquilo, manteniendo firme en su mente que cada gemido es un paso hacia la meta.

La Dianética permite a cualquier persona la posibilidad de retornar a una experiencia del pasado, puesto que en el banco de la memoria se encuentra todo archivado, ya sea por temas, cronológicamente o por conclusiones o asociaciones.

Finalmente, podemos concluir que en esta terapia lo fundamental es despertar en una persona cada período de su vida en el que se le ha obligado a entrar en inconsciencia. Para ello se cuenta con tres elementos fundamentales que son la línea temporal – el riel del tiempo – el mecanismo de retornar y el archivero, que es un personaje que coopera con el auditor. Este corresponde a la parte de la mente que va en busca del dato. Como las sesiones son dos veces por semana, el archivero tiene tres días para encontrar la carpeta con los datos pedidos; si no son solicitados en esa oportunidad, el archivero los devuelve al archivo.

Una vez que el preclaro repasa los datos extraídos, desaparece la carga y por consiguiente el engrama mismo, liberándose una gran cantidad de energía emocional que se encontraba atrapada en el banco reactivo. Gracias a esta energía renovadora la persona va recobrando su salud y su consciencia, convirtiéndose en una persona sin represiones, con gran capacidad de respuestas creativas.

Vivir es Estar en Relación

Vivir es Estar en Relación

No parece que haya salvadores en los dominios económicos, políticos o religiosos. Si contemplamos racionalmente alrededor nuestro, no percibimos ninguna posibilidad de que puedan cesar las guerras. A pesar de las religiones organizadas, continuamos siendo individuos desdichados, sin paz dentro de nosotros. Si encontramos placeres y obtenemos algunas riquezas, no sabemos cómo utilizarlos. Por donde empezar ? Nadie me ayudará sin explotarme, sin imponerme una autoridad ?

Así, conservando nuestra libertad y nuestra integridad, por nuestra propia iniciativa, podríamos descubrir una salida a las desesperantes circunstancias actuales ?

Si una tal investigación pudiera nacer en el corazón del hombre, pienso entonces que existe una esperanza para el futuro de la raza humana, porque vosotros y yo individuos ordinarios constituimos la realidad. Es preciso que resolvamos nuestros problemas por nosotros mismos y solos. Es preciso que afrontemos los desafíos utilizando nuestros propios recursos.

Así, procuramos preservar nuestra salud mental, viendo si hay en nosotros gérmenes de violencia, si existen en nuestro interior conflictos y contradicciones, si es posible tener una manera diferente de vivir.

El contenido de una búsqueda religiosa es el de interrogarse sobre la validez de lo que existe, y estimular en nuestro ser una buena voluntad, un consentimiento a explorar una manera de vivir enteramente nueva.

Una investigación religiosa no comienza por intentar alcanzar un Dios ideal, un alma que declaramos querer descubrir, sino que empieza por los hechos de nuestra propia vida, aquí y ahora. No hay nada de misterioso en la ciencia de la vida. Formamos parte del mundo y de la sociedad. La violencia, los conflictos que vemos alrededor nuestro, tienen sus raíces en nosotros mismos. cómo tratarlos ?

Nos es muy difícil llevarnos bien con los hechos que ocurren en nuestra vida. Nos sentimos víctimas de estructuras sociales, económicas y políticas. Son los otros los culpables, son ellos quienes tienen la responsabilidad de lo que nos sucede. No nos damos cuenta de que somos parte de la sociedad y que, por nuestra propia manera de vivir, contribuimos a la violencia, a la agresión y a las injusticias.

La acción social comienza en nuestra propia vida. Una búsqueda religiosa, acompañada de una percepción lúcida de la situación mundial, es el comienzo de una acción social directa y penetrante, porque se comienza por tratar al ser humano, un ejemplar del conjunto de la humanidad. Así nos volvemos hacia nosotros mismos, interrogándonos: Existe algún desorden en mi vida ?

Entonces podremos descubrir que hay en nosotros numerosos conflictos y contradicciones que perturban nuestra existencia. Nos damos cuenta que somos los esclavos de nuestra mente y de nuestro cuerpo, condenados a repetir incansablemente los modelos habituales que nos alejan del placer y del consuelo. Nadie nos puede ayudar, sino la vida que nos rodea. Estamos enfrentados a sondear nuestro interior, sin evadirnos en busca de un instructor.

Comenzamos nuestra búsqueda por nosotros mismos y descubrimos entonces nuestra esclavitud a numerosos hábitos. Lo que llamamos nuestra vida es una sucesión en cadena de reacciones, de actividades repetidas. Reaccionamos a contradicciones internas y externas. Nuestra vida es un movimiento continuo de modelos rutinarios. Los impulsos dentro de nosotros crean conflictos a los cuales reaccionamos y eso lo llamamos actuar. Las emociones, los pensamientos y los sentimientos que hemos almacenado, aportados por la familia y la sociedad, crean sus propios conflictos a los cuales reaccionamos, y es así como nos sentimos vivir.

Al comienzo de una tal encuesta nos damos cuenta de nuestra ignorancia de lo que es un acto libre, y descubrimos que no somos más que un conjunto de reacciones. Todos los movimientos efectuados desde el comienzo al fin del día no son acciones espontáneas nacidas de nuestra propia iniciativa, sino simplemente una reacción a alguna necesidad. En la mañana nos levantamos temprano porque tenemos que ir al trabajo, si no tuviéramos esa obligación, nos levantaríamos mucho más tarde. Comemos a horas prefijadas, tengamos o no hambre, sin preocuparnos de si ese tipo de comida conviene o no a nuestro cuerpo. La vida es una cadena de actividades repetidas, mecánicas y, si no existieran problemas exteriores socioeconómicos o políticos podría ser que no nos moviéramos, que nos hundiéramos en la pereza y el ocio, sin saber qué hacer de nosotros.

Nuestra existencia no es un movimiento espontáneo surgido de la voluntad. Lo que nosotros ignoramos son los simples hechos de nuestra vida. El contenido de nuestra existencia son estas actividades repetitivas y mecánicas en las que no hay ninguna vitalidad. Podemos habitar las moradas más confortables, llevar ropas más bellas y tener la mejor alimentación, y faltarnos vigor, vitalidad o pasión por la vida.

La vida no es una simple teoría abstracta, ella no es algo exterior proyectado en un mañana: la vida es aquí y ahora, en este presente. Si existe una eternidad, un infinito cualquiera, ello se muestra a nosotros bajo la forma del momento presente y aporta su misterio en el minúsculo fragmento de este instante. O nos comunicamos con él para descubrirlo o no nos comunicamos y dejamos de vivir este momento. La eternidad está contenida en el instante, el infinito en el ahora.

Con un poco de humildad descubrimos que hemos seguido modelos de comportamiento. Podemos escoger estos u otros modelos, pero cambiar unos por otros no implica la libertad, no conduce a un crecimiento interior. Es la misma actividad la que continúa en el hecho de adquirir un modelo para modificar nuestra manera de actuar y repetirlo luego día tras día. Ya sea que se trate de modelos de antiguas escrituras o de nuevos métodos de comportamiento, la calidad de nuestra consciencia interior permanece la misma. Repetimos esa actividad mecánica sin estar atentos a ella. Las actividades continúan automáticamente porque estas repeticiones producen una cierta forma de seguridad. Si las suprimiéramos, tendríamos que aprender a vivir por nosotros mismos, dar los primeros pasos. Entonces el miedo nos invade: Podríamos descubrir la verdad o no. Entonces por qué renunciar a nuestra seguridad ?

El temor a la inseguridad interrumpe nuestra investigación. Decidimos que con miras a esta encuesta, a esta búsqueda espiritual, modificaremos nuestros modelos de comportamiento, prestando fidelidad a diversas ideologías. Cambiamos de autoridades y nos sentimos que estamos creciendo. Podemos hacer esto por siglos. En la vida colectiva hemos cambiado de modelos: del capitalismo al comunismo, del liberalismo al socialismo, etc. Interiormente también hemos cambiado de doctrinas religiosas; pero nada de esto nos ha llevado muy lejos, nuestros cambios no nos han ayudado.

Podemos entonces decirnos: No más repeticiones, no más actividades mecánicas, no más aceptación de la autoridad ni de modelos ya sea el más reciente o el más antiguo porque amamos la libertad y queremos vivir en libertad comencemos este primer paso en absoluta libertad !

Si el impulso a descubrir la significación de la vida brota del corazón, la persona renace en el instante mismo de su búsqueda. Tendremos el coraje de actuar así ? Será para nosotros una dura tarea. Nos volveremos hacia nuestro físico para tomar consciencia de él. Damos esto por supuesto, pero la verdad es que nunca hemos sido conscientes de nuestro cuerpo. Creemos saberlo todo, pero saber no es comprender. Lo que sabemos del cuerpo lo hemos adquirido en los libros, pero nunca nos hemos vuelto hacia él, ni entrado en contacto consciente con él, porque pensamos que es una cosa terrestre y que la búsqueda religiosa es algo elevado, que no tiene nada que ver con el cuerpo.

El segundo descubrimiento es que hemos dividido la vida en espiritual y material o física. Hemos fragmentado la vida sin jamás prestar la menor atención a este fantástico y maravilloso instrumento que usamos de día y de noche, sin jamás entrar en relación con él. Debemos tomar consciencia de la división y de la fragmentación de la que somos víctimas. La plaga de la fragmentación es el terreno árido donde crece la miseria. La vida no puede ser dividida en física y espiritual, religiosa y secular. La vida es única, no fragmentable, es una totalidad homogénea.

Debemos empezar por apoyarnos en la estructura física, que tiene que ser mantenida viva, alerta, sensitiva y penetrante; la inteligencia en el cuerpo debe ser movilizada, activada. Llegamos así a interrogarnos sobre el régimen de nuestra vida, que tiene que fundarse en una base científica, para descubrir lo que el cuerpo acepta o no, qué es bueno para él, y qué tipo de alimentación y de ejercicio necesita.

Este equipamiento es absolutamente necesario para que se produzca una investigación ulterior. Si el sistema nervioso no es sólido, entonces los más débiles movimientos en el mundo físico llevarán a un desequilibrio nervioso. La exploración de una nueva manera de vivir requiere nuestra atención en los menores detalles. Nada puede ser excluido de esta exploración. Descubramos entonces cuál será el momento adecuado para levantarse y para ir a la cama, las horas de comida, la alimentación que nutrirá la energía nerviosa, etc.

La religión no es una búsqueda intelectual, es el compromiso de la persona entera a través de su propia vida. Ella no consiste en rumiar intelectualmente ideas provenientes de un Cristo o de un Buda. No podemos continuar con las antiguas maneras de vivir y, a la vez, emprender una búsqueda espiritual. Dejemos esto bien claro antes de seguir.

Desde que comprendemos lo que es justo, lo que es falso debe ser abandonado, sin que parezca una renuncia. Así no se deja al cuerpo enmohecerse en la pereza o el ocio. Él es mantenido vivo, ágil y enérgico. No tenemos idea de cuánta energía encierra el cuerpo. No utilizamos todas la energía de la que disponemos, ni aún en el plano biológico. Hay técnicas que pueden ayudar a la persona a vitalizar el cuerpo de tal forma que las energías físicas adormecidas sean liberadas. Es absolutamente necesario adoptar un nuevo enfoque de ejercicios, sueño, nutrición, tipo de lecho que se usa, etc. Sin esa base, no habría manera de crecer y progresar.

Hemos visto cómo las antiguas vías de crecimiento han perdido toda relación con el contexto de la vida moderna, no podemos regresar a ella, no tenemos pautas de referencias. Es preciso crear nuestra propias maneras de vivir.

Hemos considerado la estructura física con justicia, la hemos ayudado y educado para que crezca en un estado de vigilancia y de atención. Así, cuando vemos algo, los ojos reciben la totalidad de la unidad de percepción. Pero, si el cuerpo está letárgico, perezoso, indolente, aun con los ojos abiertos no recibiremos más que una parte de esa unidad de percepción y no podremos integrarla a la totalidad. La atención no está presente, falta la profundización de la percepción y el acto de ver queda incompleto, defectuoso e imperfecto.

Si experimentamos por nosotros mismos, podemos constatar las insuficiencia y deficiencias de la percepción. Entonces, la calidad de percibir, de escuchar, se transforma porque los sentidos vienen a estar más alertas y despiertos. No tenemos otro medio de comunicarnos con el mundo exterior que estos admirables sentidos. Si les aportamos interés, respeto y afecto, los educaremos. La educación es el único medio de engendrar una total revolución no-violenta hacia nosotros mismos. Gracias a la educación, el dispositivo es bien equipado y la transformación se produce por ella misma.

Hecho esto, conviene que nos interroguemos Bien, es posible que sea la mente la que esté en desorden, que cambia de humor; alegre en un instante, deprimida al momento siguiente. Es la mente la que crea los problemas y que se apega o desapega, se complace o siente desagrado. Es entonces ella quién crea todo este caos.

Ya hemos notado que la mente repite toda clase de modelos. Hemos hablado del cuerpo y de la manera en que su sensibilidad irá en ayuda de la mente. Pero, al interrogarnos, notamos que ella es fuente de mucha miseria. Qué hacer ? Era fácil considerar el cuerpo, estudiarlo, pero ahora será necesario observar la mente y comprender su mecanismo. Podemos leer libros sobre psicología, pero eso nos dará sólo información teórica. Si queremos realmente comprender cómo funciona la mente es necesario observarla mientras está en movimiento. Necesitamos una información directa, de primera mano. El observar con atención exige no permitir que después de la percepción surjan reacciones subjetivas que se mezclen con ella evaluando, comparando o juzgando en función del pasado.

La Soledad, Comunión con el Misterio Interior

La Soledad, Comunión con el Misterio Interior

Se presentan tantas formas de soledad como sujetos que intentan vivirla. Considerada en su apariencia exterior, el acceso a la soledad debe resultar de una elección deliberada. Impuesta desde fuera, por motivos independientes de la voluntad, llega a ser rápidamente una prueba insostenible que se trata de evitar por todos los medios posibles. Si no, ella engendra un estado depresivo tanto más cruel cuanto resulta imposible de superar.

El error estaría en creer en la uniformidad de la existencia solitaria. Los tipos de soledad son diversos: corresponden a particularidades, a diferencias esenciales y también a vocaciones a descubrir por un previo conocimiento de sí.

De todas maneras – dejando a un lado los casos excepcionales – la opción por la soledad no concierne a la gente joven ni aun a individuos de edad madura. Es al fin de la existencia cuando se la privilegia, Como individuo marginal, el solitario se retira conscientemente del paso de los eventos y del mundo exterior. Y esto por motivaciones estrictamente personales.

Salvo excepciones, aquellos que tienen cargas de familia, padres, hijos, no desean vivir en soledad. La elección concierne a personas privadas de responsabilidades y provistas de un temperamento independiente. Conscientes de su ignorancia, ellas desean corregirla antes de su deceso.

Siguiendo un pasaje del Eclesiastés: ”Hay un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar lo plantado… un tiempo para guardar y un tiempo para gastar… un tiempo para callar y un tiempo para hablar…” Glosando estos textos, sería posible agregar: “hay un tiempo para viajar y un tiempo para la estabilidad; un tiempo para enseñar a otros, ser conocido, y un tiempo para entrar de una manera definitiva en el Incógnito, en el perfecto anonimato antes y después del deceso.” Esta decisión conviene a ciertos solitarios y ella debiera ser totalmente respetada por sus amigos y también por desconocidos que quisieran tomarlos como tema de artículos publicables.

La soledad reviste muchos aspectos: vivir solo, sin compañero o compañera. Reencontrarse raramente con alguien. Ausencia de visitas. Lucha incesante contra el vagabundeo de los pensamientos. Las distracciones – desde fuera y desde dentro – provocan somnolencia ligera o profunda.

Creerse solitario porque se vive solo en una ciudad – grande o pequeña – no coincide con la verdadera soledad. Encontrar personas en el metro, el autobús, la calle, aporta elementos de disipación.

Los peligros:
Aquel que pensara encontrar la tranquilidad gracias a la elección de la soledad se equivocaría bochornosamente. El sujeto en cuestión va a enfrentar zonas de sombras de las que nunca ha podido liberarse durante su existencia. Sus “enemigos” varían, No son idénticos a los de su juventud y de su madurez.

Frente a la soledad, los peligros son numerosos. jamás serán vencidos de manera definitiva: combatirlos forma parte del quehacer cotidiano. Un solitario no advertido podría creerse superior porque parece ser autosuficiente. Así puede deslizarse inadvertidamente en él un orgullo pueril. El placer de compararse con otros debe ser enteramente destruido, si no, se instalará una fluctuación errónea en el individuo que pensará estar arraigado en la soledad, como un árbol lo está en la tierra.

Un estado constante de vela y de vigilancia resulta indispensable. Esto no es fácil de mantener. Si se relaja, o simplemente se despereza, el solitario se sumergirá en un hormiguero de ilusiones. Ellas rondan en torno de él y en ciertos momentos de inatención lo invaden y proliferan a la manera de las ratas.

El abanico de errores por evitar está formado de diversas varillas. El solitario que se tomara por un dador de consejos se instalaría en la mentira. No tiene que considerarse como un gurú. A la búsqueda de discípulos, él se mostraría como un comediante más o menos dotado. La soledad exige levantar todas las máscaras con las que haya podido ataviarse durante su existencia. Ellas se embuten las unas en las otras, como las muñecas rusas, conteniendo siempre ejemplares más y más reducidos.

Los desbloqueos se imponen en particular en relación al pasado. Un solitario se debe desprender de los recuerdos remontándose a la infancia, a su juventud, a su madurez. De otra manera, será un perpetuo prisionero de sí mismo. Ahora bien, la soledad engendra la libertad. No ser más su verdugo o su carcelero. Evadirse a fin de optar por una vida totalmente nueva.

La acedía (desabrimiento espiritual) puede alcanzar al solitario. A menudo, esta actitud está acompañada de “pensamientos oscuros” y de una tristeza engendrando un gran desasosiego. Es la profundidad de la interiorización la que la hace emerger.

El contexto exterior:
En qué medida el solitario debe mantenerse aparte del contexto histórico? Una pregunta como esa supone muchas respuestas. Romper con el tiempo histórico es a menudo un señuelo. Ciertas personas quieren salvaguardar su tranquilidad desinteresándose de las guerras, la violencia, el sufrimiento humano. Todos aquellos puntos neurálgicos sobre los cuales es imposible ejercer la menor influencia.

Poco importa el lugar donde se encuentre el solitario. Siempre lo salpicarán las repercusiones de la incoherencia actual, Ellas flotan en el aire que él respira y lo alcanzan como un latigazo o secretamente, Según el temperamento, desprenderse del tiempo exterior puede demandar grandes esfuerzos.

El tema de la meditación:
Dedicarse a la meditación y al estudio conviene al solitario. Esa será su labor cotidiana mantenida con firmeza. Siguiendo sus opciones, tendrá en cuenta sus preferencias sin tener que soportar el ser influido desde el exterior. Se impone el que sea fiel a su singularidad, lo que está estrechamente ligado a su cultura. De todas maneras. ahora estamos en una época orientada al universalismo. La aproximación a los misterios varía necesariamente en el curso de la historia. Es posible la apertura en la medida en que sea evitado todo sincretismo. Existe ahí una trampa de fácil acceso, de la cual el buscador – privado de discernimiento – fácilmente llega a ser una víctima.

Los autores que hayan sido importantes a lo largo de la existencia no tienen que ser abandonados. Por ejemplo, Meister Eckhart que puede ser releído provechosamente. Otros textos pueden también constituir una ayuda eficaz, como el Upanishad del Renunciamiento:

“Quien no tiene ningún sentido de la estima de sí, carece de ego, está libre de los contrarios, no tiene dudas, no entra en cólera, no siente odio ni miente.”

“El sabio no tiene signos visibles, ni meta visible, como el insensato o como el niño. Es poeta, pero, como si fuera un mudo, debe mostrar el Ser a los hombres por su sola visión del Ser.”

“Que el sabio no actúe ni hable, no tenga ni buenos ni malos pensamientos de este mundo; no teniendo placer sino en el Ser.”

Es posible agregar pasajes de Jacob Böhme recientemente publicados:

– Si tú puedes por un instante elevarte a ese lugar donde no habita ninguna criatura, entonces tú oirás lo que Dios dice.

– Este lugar está próximo – pregunta el discípulo – o está lejano?

– El está en tí – dice el Maestro – si tú puedes durante una hora hacer silencio en tu voluntad y en tu pensamiento, entonces tú escucharás las palabras inexpresables de Dios.
Cuando tú te mantienes en el reposo del pensar y del querer de tu existencia propia, entonces el oído, la vista y la palabra eterna se manifestarán en ti, y Dios escuchará y verá por ti.
Tu propio oído, tu propia voluntad, tu propia vista, eso es lo que te impide ver y escuchar a Dios.
Pero si has abandonado lo imaginario, entonces te encuentras en lo que está más allá de las imágenes y tú dominas todas las criaturas en el fondo desde donde ellas han sido creadas. Y nada sobre la tierra puede perjudicarte, pues todas las cosas te son indiferentes y no hay nada que no te sea indiferente.
Allá donde el hombre no habita, es allá donde tiene en el hombre su habitación.

– Cómo es posible que pocos hombres Lo encuentren siendo que todos lo desean? – pregunta el discípulo.

– Es que todos ellos Le buscan en las cosas – responde el Maestro – es decir, en la opinión imaginaria, en su propio deseo, y casi todos ellos cifran su satisfacción en la naturaleza.
Aun si el Amor se ofrece a ellos, El no encuentra lugar en ellos. Pues lo imaginario de la voluntad propia se ha instalado en su lugar y quiere tener en sí lo imaginario de su propia satisfacción.
Allá donde el camino es más rudo, vé. Lo que el mundo rechaza, tómalo. Lo que el mundo haga, no lo hagas tú,”

Novedad del instante presente:
La verdadera soledad da acceso a una dimensión desconocida. Ella supone un aprendizaje, tal como para los niños es la lectura, o aun una lengua extranjera para un adulto.

El hombre no se sumerge en la soledad como un bañista que se lanza confiadamente en un lago porque sabe nadar. La iniciación a la soledad es un arte comparable al “arte de amar” y también al “arte de morir”. Muerte a sí mismo adelantándose al deceso. La formación del solitario supone previamente no un saber sino un conocimiento. Este modifica su horizonte. La novedad consiste en pasar de lo conocido a lo desconocido. Sólo puede hablar de la soledad aquel que posee la experiencia. Lo nuevo de la vida instaurada por la soledad aparece comparable a un deceso. De una cierta manera, una forma de muerte está detrás de ella. Comporta un abandono del pasado y también de todo porvenir.

Esta novedad de vida proviene del acceso al instante presente, favoreciendo la libertad y el equilibrio. El solitario elige caminar dando un paso tras otro, facilitando el vaciado. El descubrimiento de lo desconocido que él va a vivir le parece al comienzo una insularidad. Este aislamiento será roto en la medida donde, separándose de sí mismo, el solitario percibe que mientras más se vacía de lo inútil, más llega a ser el hermano de todas las criaturas: vegetales, animales, hombres. Y esto sin ninguna excepción. Toda tendencia racista constituiría una trampa, una mentira. El no tiene ni que rechazar ni que privilegiar.

Marco Aurelio ha insistido sobre la fugacidad del instante presente. El aconseja: No te dejes turbar por la representación global de toda tu vida. El agrega: El presente disminuye al máximo si se trata de delimitarlo”. Esta delimitación del presente permite percibir su carácter infinitesimal. En lo inmediato, el porvenir deviene pasado.

Salir de sí, separarse de sí, hacer el vacío. Ahora bien, el vacío llama a lo pleno. Esta plenitud tiene que ver con el acceso a una nueva dimensión. Poco importa el nombre que se le dé. Ninguno le conviene. La estación designando el instante presente coincide con una perpetua primavera ofreciendo sus flores y sus frutos. El cerezo no come sus cerezas ni el manzano sus manzanas. Ellos las dan sin glorificarse por eso. Que el solitario los imite, él no experimentará ninguna consciencia de lo que lo atraviesa gratuitamente y que puede alcanzar al prójimo en el secreto.

El significado de las diversas soledades corresponde a la densidad de los silencios puntuando las palabras. Las soledades y los silencios inician ecos cuya amplitud es percibida siguiendo el afinamiento de la escucha. Debido a su movilidad, los grados de concentración no cesan de variar. Recogimiento y disipación de la mente engendran oposiciones. La soledad interior y exterior favorecen la acogida y la amplitud de la recepción.

En el Misterio, ciertos ermitaños de Oriente y de Occidente no muestran su rostro. Ellos tienen acceso a una dimensión inusitada: la del ala, del vuelo comprendido en su sentido simbólico. De esta manera ellos salen de la habitual condición humana. No se sabría negar su realidad. (Muy antiguo, este tema del ala ha sido maravillosamente especificado por Platón).

En cuanto a la soledad del corazón, ella se diferencia totalmente de la soledad física. Independiente, ella puede acompañarla. La vastedad del espacio interior es inconmensurable. No estando rodeado por ninguna frontera, es ilimitado.

A nivel simbólico, el corazón posee orejas y ojos, Según el abate Antonio: “Aquel que practique la plegaria del corazón en el desierto es liberado de tres géneros de lucha: la del oído, la de la palabra y la de la vista. No hay más que un solo combate a emprender: el del corazón”.