La personalidad neurótica de nuestro tiempo

Karen Horney
Paidós.

Este libro ofrece al lector un panorama de las actuales perturbaciones en la vida social y privada. La idea central es que, ante circunstancias adversas, los individuos reaccionan desarrollando determinadas actitudes o estrategias defensivas que les permiten hacer frente al medio y obtener una cierta gratificación. Específicamente, los individuos utilizan tales estrategias para enfrentarse a – o minimizar- los sentimientos de angustia y para conseguir relacionarse con otros. Cuando las citadas estrategias son exageradas o inapropiadas. se denominan “tendencias neuróticas”. La autora sostiene que tales tendencias no son por naturaleza instintivas, sino que dependen en gran medida de la situación en que vive una persona.

El dilema de la incapacidad neurótica de querer y de la angustiosa necesidad de ser querido, asì como el papel del amor como alivio o ilusión, son estudiados en este libro con detenimiento, penetración y claridad.

Gimnasia Cerebral en Acción

Gimnasia Cerebral en Acción

Marilyn vos Savant.-
Editorial Edaf

Este no es un libro más de ayuda sino una obra revolucionaria por su estructura expositiva, su sencila concepción pedagógica y su imaginativa
presentación. Un libro destinado a durar, que se utilizará tanto en casa como en las aulas.

Todos hemos ido perdiendo a lo largo de la vida los conocimientos adquiridos en nuestra época de formación afirma la autora pero esto
no significa que sea imposible recuperarlos.Este libro es un curso privado en el que ella le ofrece su experiencia para que usted la incorpore
a su proceso personal de aprendizaje cotidiano. Nos enseña a plantearnos los problemas de la vida diaria desde una perspectiva mental más amplia,
a emplear la lógica y el razonamiento de una manera insospechada, y a ser creativo en cualquier circunstancia.

Se trata de un manual de información y de aprendizaje que utiliza una metodología que ha sido probada con gran éxito. A lo largo de esta
obra, la autora ofrece muchos ejercicios inteligentes, estructurados en capítulos, según un programa que combina 16 campos de la inteligencia
con otros tantos ámbitos del conocimiento. El resultado es una obra que abarca todas las técnicas conocidas de aprendizaje.

Marilyn vos Savant ha conquistado un lugar en el libro Guiness de los records por poseer el coeficiente intelectectual mas alto del mundo
(C. I. 228). Es autora de numerosos best-sellers, entre ellos éste. Está casada con el famoso cardiólogo Robert Jarrik

El Trastorno Depresivo

El Trastorno Depresivo

Introducción

Las emociones de tristeza y pena constituyen una fuente intrínseca de la condición humana. El trastorno depresivo parece ser una de las primeras enfermedades mentales que fueron descritas en la historia de la humanidad. Hipócrates en el siglo IV A. C. describe los síntomas de la melancolía, siendo su agente causal la llamada bilis negra que altera el humor. La razón puede ser que la alteración del ánimo, la tristeza o la exaltación eufórica son experiencias más fáciles de comprender y que nos acercan más al dolor humano.
En todos los siglos aparecen tanto filósofos como médicos, – y a partir del siglo IX – psicólogos y psiquiatras, que han tratado de entender porqué el hombre se deprime.

La depresión es hoy día uno de los trastornos más diagnosticados en el mundo actual. En todos los países industrializados la incidencia de la depresión ha ido aumentando cada decenio a lo largo del último siglo. Según las últimas estadísticas mundiales, ella puede afectar al 25% de las personas en algún momento de su historia vital y representa el l0% de las consultas de medicina ambulatoria y el 50% de las consultas al psicólogo.

La depresión patológica – esta abrumadora y con frecuencia imprevista desesperación – se distingue de la pesadumbre por su intensidad, duración y evidente irracionalidad, y por sus efectos en la vida de aquel que la sufre, que perjudican el desempeño normal de la persona en todos los ámbitos.

El porqué algunos individuos llegan a ser depresivos y cual es el tratamiento que debe utilizarse para dejar de serlo, son las preguntas que se han tratado de responder a lo largo de la historia, desde un enfoque medico-psiquiátrico y sus estudios bioquímicos, hasta las más diversas teorías psicológicas que tratan de explicar la depresión como una respuesta a conflictos intrapsíquicos, causados por ciertos eventos o alteraciones que cada uno va a describir para poder explicar las causas de la depresión.

Sintomatología de la Depresión

La depresión es un trastorno del ánimo que afecta a toda la persona: mente y cuerpo, su salud física, los sentimientos y la relación con los demás. El ánimo está constituído por el afecto, el impulso o las ganas para hacer algo determinado o la falta o pérdida del ánimo, que es la depresión.

Los principales trastornos del ánimo son:

* Depresión mayor.- La persona presenta en forma permanente un estado de ánimo caracterizado por una tristeza severa.

* Trastorno bipolar o enfermedad maniático-depresiva.- El paciente pasa por períodos de manía y por períodos de depresión.

* Distimia.- Estado de depresión menos marcado que la depresión mayor, y que se ha extendido en el tiempo por un período de más de dos años.

* Similar al trastorno bipolar, pero de menor intensidad.

Existe coincidencia en que los signos y síntomas de la depresión y también en que el grado en que éstos
se presentan, más las combinaciones de los mismos, son variables que van a repercutir en la gravedad del trastorno.

Cada teoría en particular se centra en algunos aspectos que se consideran de vital importancia en la explicación de las causas de la depresión y su posterior tratamiento. Los enfoques médicos se localizan en los cambios bioquímicos y en la utilización de ciertos fármacos para su tratamiento. En cambio, en los enfoques psicológicos, las causas de la depresión se asocian más bien a conflictos intrapsíquicos. Cada teoría acentuará distintas áreas donde se considera que está la causa de la depresión, y desde allí su posible tratamiento sería la psicoterapia.

Pero todos los enfoques coinciden en los signos y síntomas que aparecen en la depresión, focalizados principalmente en cuatro áreas: afectiva, cognitiva, conductual y neurovegetativa, los cuales son:

a) Alteraciones en el estado de ánimo: hay tristeza, insatisfacción, abatimiento, llanto.
b) Cambios en el pensamiento: pesimismo, ideas de culpabilidad, auto acusación, pérdida de interés y motivación, disminución de la eficacia y de la concentració.;
c) Cambios en la conducta y en el aspecto: negligencia en el aspecto personal, retardo psicomotor, agitación.
d) Síntomas somáticos: pérdida de apetito, de peso, estreñimiento, sueño poco profundo, dolores, alteraciones de la menstruación, pérdida de la líbido.
e) Rasgos de ansiedad: aunque sea la tristeza la perturbación central del estado de ánimo, muchos pacientes depresivos ofrecen también rasgos de ansiedad. Pueden quejarse, además, de indecisión y de temores vagos e inespecíficos, y presentar el temblor y los accesos de sudoración inherentes a los estados de ansiedad.
f) Conducta suicida: el suicidio se ha convertido en una causa de muerte que ha ido creciendo en importancia en todo el mundo. Aunque muchos son los factores que contribuyen al desarrollo de
pensamientos o intentos suicidas, es evidente que la depresión desempeña una función central en este problema. Las ideas de culpabilidad y desesperación presentes en el depresivo pueden conducirlo a creer
que merece la muerte como castigo, o a ver un futuro tan negro que sea mejor morir que vivir en el estado actual.

Para diagnosticar un cuadro depresivo los síntomas deben presentarse por lo menos durante dos semanas. Cuando la intensidad de éstos es muy notoria, no es necesario esperar las dos semanas para su
diagnóstico.

Criterios de diagnóstico para el episodio depresivo

Al menos dos de los síntomas más típicos deben estar presentes:
a) ánimo depresivo
b) pérdida del interés y de la capacidad de disfrutar
c) aumento de la fatigabilidad.

Deben agregarse por lo menos dos de los siguientes síntomas:
d) disminución de la atención y concentración
e) pérdida de la confianza en sí mismo y sentimiento de inferioridad
f) ideas de culpa y de inutilidad
g) una perspectiva sombría del futuro
h) pensamientos y actos suicidas o de autoagresión
i) trastorno del sueño
j) pérdida del apetito.

Criterios de diagnósticos para determinar el trastorno depresivo

l.- Trastorno depresivo mayor, de carácter único:
a) presencia de un único episodio depresivo mayor;
b) éste no se explica mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no está superpuesto a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no
especificado;
c) nunca se ha producido antes un episodio maníatico, uno mixto o uno hipomaníaco.

2.- Trastorno depresivo mayor, recidivante:
a) presencia de dos o más episodios depresivos mayores. Para ser considerados como separados debe haber un intervalo de al menos dos meses seguidos en los que no se cumplan los criterios de un episodio
depresivo mayor;
b) los episodios depresivos mayores no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una esquizofrenia, un trastorno esquizoforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado;
c) nunca se ha producido antes un episodio maníatico, un episodio mixto o un episodio hipomaníatico.

3.- Trastorno distímico:
a) estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día en la mayoría de los días, manifestado por el sujeto u observado por los demás, durante al menos dos años. En los niños y adolescentes se puede manifestar como ánimo irritable y la duración debe ser de al menos un año;
b) presencia de dos o más de los siguientes síntomas: pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para concentrarse o tomar decisiones,
sentimientos de desesperanza;
c) no ha habido ningún episodio depresivo mayor durante los primeros dos años de la alteración;
d) nunca ha habido un episodio maníatico, un episodio mixto o un episodio hipomaníatico y nunca se han cumplido los criterios para el trastorno ciclotímico;
e) la alteración no aparece exclusivamente en el trascurso de un trastorno psicótico crónico, como son la esquizofrenia o el trastorno delirante;
f) los síntomas no son debidos a efectos fisiológicos directos de una sustancia o a una enfermedad física;
g) los síntomas causan un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo.

4.- Trastorno depresivo no especificado:
Este incluye los trastornos con síntomas depresivos que no cumplen con los criterios de: Trastorno depresivo mayor, Trastorno distímico, Trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo o Trastorno adaptativo con estado de ánimo mixto ansioso y depresivo. Algunas veces los síntomas depresivos se
presentan como parte de los trastornos de ansiedad no especificados.

Podemos citar los siguientes:
a) trastorno disfórico premenstrual;
b) trastorno depresivo menor: episodios de al menos dos semanas de síntomas depresivos, pero con menos de los cinco items exigidos para el trastorno depresivo mayor;
c) trastorno depresivo breve recidivante;
d) trastorno depresivo post psicótico en la esquizofrenia;
e) un trastorno depresivo mayor superpuesto a un trastorno psicótico no especificado o a la fase activa de la esquizofrenia;
f) casos en los que se ha llegado a la conclusión de que hay un trastorno depresivo, pero no es posible determinar si es primario debido a enfermedad física, o inducido por alguna sustancia.

Se debe catalogar cada trastorno depresivo con una codificación del estado del episodio actual o más reciente, como leve, moderado, con o sin síntomas psicóticos, en remisión total o parcial y/o no especificado.

Enfoques médico-psiquiátricos

El tema de la depresión ha sido objeto de investigación , tanto en sus causas como en sus posibles tratamientos. Uno de los tratamientos que se utilizaron en los años treinta del siglo pasado para las depresiones graves fue el electroshock. Esta técnica produjo mucha controversia , ya que asocia las alteraciones de la vida psicológica del paciente a una descompensación o alteración en los neurotrasmisores. Por lo tanto, en la vida afectiva del paciente el electroshock produciría una concentración masiva de neurotrasmisores dando como resultado una rápida mejoría de los síntomas. Actualmente, su utilidad se admite sólo para casos de sintomatología muy grave, como es la depresión mayor, unipolar con psicosis y melancolía estuporosa, la que requiere de un manejo rápido ya que está en peligro la vida del paciente.

En los años cincuenta, comienza una revolución farmacológica con el empleo de los antidepresivos y los antipsicóticos. La aparición de estos fármacos va unida a las investigaciones que intentan conocer la
causa de la alteración anímica, es decir, su etiología en alteraciones bioquímicas. La práctica médica se ha enfocado en el estudio de los cambios biológicos del sistema nervioso central o del sistema autónomo y de las glándulas endocrinas, utilizando para su tratamiento el uso de fármacos. Estos constantemente se están haciendo más específicos y dirigidos a aminorar y controlar ciertos síntomas, dependiendo del trastorno que se está tratando. En el caso de la depresión se busca corregir la disminución del ánimo, los rasgos ansiosos y la gravedad que pueda presentar la ideación suicida.

En la actualidad se sabe que los mensajeros o neurotrasmisores involucrados en la depresión pueden ser manipulados por los antidepresivos y alterados hacia una situación no depresiva. Entre estos neurotrasmisores los que más se relacionan con el manejo y la comprensión de la depresión son la serotonina, la noradrenalina y la dopamina.

Si la psicopatología en su origen debe considerarse primariamente psicológica o biológica y si los síntomas primarios se dan en el terreno del estado de ánimo, de la conducta o del conocimiento, lo cierto es que produce cierta actividad y cambio en los síntomas biológicos.

Las causas de la depresión parecen ser múltiples. De hecho, la mayoría de los tratamientos trabajan en dos niveles: farmacológico y psicoterapéutico. Existe una multicausalidad, es decir, que podemos encontrarnos con una cierta predisposición biológica, ya sea por la herencia o por alteraciones hormonales y bioquímicas, o con un estilo de personalidad predepresiva o melancólica, debida a factores de crianza o situaciones estresantes vitales en la infancia, las que se pueden desencadenar en situaciones ambientales que aporten conflictos específicos.

Teorías psicológicas

Ha habido un constante interés en la determinación de la o las causas del sufrimiento psicológico en los seres humanos, a través de diferentes teorías.

Dentro de las teorías cognitivas, podemos citar a Seligman, quien a través de sus investigaciones en animales en relación a la indefensión o desesperanza aprendida, se interesa en la depresión, descubriendo similitudes entre los síntomas de ambos; a Beck, quien logra establecer que la visión negativa de sí misma, del mundo y de su futuro que la persona depresiva tiene, son reflejos de su forma de pensar o de estructurar la realidad. Según Beck, los esquemas juegan un papel preponderante, guiando nuestros pensamientos, conducta y sentimientos de acuerdo a la interpretación que hacemos de los eventos ambientales a los que nos enfrentamos.

Seligman no trata de explicar todo el espectro de las depresiones, sino principalmente aquelllas en las que el individuo es lento para iniciar respuestas, se considera a sí mismo sin esperanzas y ve negro su futuro. Se enfrenta además con una disminución en las respuestas agresivas, con pérdida de apetito y cambios fisiológicos, todo lo cual como una reacción a la pérdida del control sobre la gratificación y la posibilidad de aliviar el sufrimiento que enfrenta.

Estos resultados muestran empíricamente que tanto la depresión, tal y como se da en la vida real, como la desesperanza inducida por acontecimientos incontrolables, resultan de una disposición cognitiva negativa, consistente en la creencia de que el éxito y el fracaso son independientes de los propios esfuerzos. La persona cree que toda acción es inútil, que sus actos no tienen ningún sentido. Lo que nos protegería de la depresión , según Seligman, es la percepción de que son las acciones de uno mismo las que controlan la experiencia.

Seligman considera que el suponer a la depresión como un trastorno cognitivo o emocional será insostenible con el tiempo, pues es innegable la perfecta interdependencia de sentimientos y pensamientos. No nos sentimos deprimidos sin tener pensamientos depresivos, ni se tienen pensamientos depresivos sin sentirse deprimido.

Desde esta perspectiva, la meta central de una terapia con éxito debería ser lograr que el paciente llegue a creer que sus respuestas producen la gratificación que desea; que es, en pocas palabras, un ser humano eficaz.

Seligman, Bowlby y otros teóricos le dan una importancia central al desarrollo infantil, especialmente en referencia hacia el porqué algunas personas hacen trastornos depresivos y otras no, o porqué algunas pueden salir relativamente rápido de un evento estresor y otras no. Deducen que probablemente las personas que salen relativamente bien de una depresión son aquellas que a lo largo de su vida han tenido una amplia experiencia de control sobre las personas que los rodeaban y sobre los eventos de su vida en general. Estas situaciones los hacen ver el futuro con optimismo y con una capacidad de control sobre experiencias difíciles. Por el contrario, las personas con muy poco dominio sobre su ambiente, con una vida llena de situaciones en las que se vieron impotentes para influir sobre sus fuentes de alivio y sufrimiento, tienden a tener una predisposición al pesimismo y a caer, por lo tanto, en estados depresivos.

Las investigaciones desarrolladas en relación a la depresión coinciden en general en que el trastorno del pensamiento que manifiestan los pacientes depresivos es una consecuencia de una alteración básica del estado de ánimo. Sin embargo, Beck ha sugerido que existe una alteración previa en el pensar que causa precisamente el desarrollo de la alteración del estado de ánimo. Mendels señala: Las respuestas afectivas se determinan por la forma en que un individuo estructura sus experiencias. De manera que, si la conceptualización de una situación por un individuo posee un contenido desagradable, dicho individuo experimentará una respuesta afectiva desagradable consecuente con aquella. Según Beck, cada persona tiene un esquema, una norma o un marco del pensar, con el que enfoca y experimenta la vida. La naturaleza y las características específicas de este esquema determinan las respuestas propias del individuo. Para este autor, las personas que desarrollan una depresión tienen esquemas relacionados con la minusvalía de ellos mismos, y aquellos que despliegan estados de ansiedad parten de esquemas en los que, entre otros factores, entra como componente la anticipación del daño personal.

Entre las formas de pensar que Beck considera como características de los pacientes depresivos pueden enumerarse la subestimación de sí mismo, las ideas de pérdida, la autocrítica, la autoinculpación, los frecuentes autopreceptos y mandatos y los deseos de huída y suicidio. Subyacente a todas ellas se encuentra una distorsión de la realidad y un prejuicio sistemático de los pacientes contra sí mismos.

Beck describió los principales procesos del pensamiento que influyen en el desarrollo del estado cognoscitivo de los depresivos, tales como la deducción arbitraria, la abstracción parcial, la generalización excesiva, la magnificación y la minimización, junto con la clasificación inexacta.

Dentro de las teorías psicodinámicas, el Psicoanálisis y varios de sus exponentes han teorizado sobre las causas de la depresión, algunos han seguido la línea de Freud, como Klein; en cambio otros han derivado en otras teorías pero con base en la teoría psicoanalítica, como Bowlby.

Freud pensaba que la depresión se debía a que los sentimientos inconscientes de hostilidad hacia la pérdida de una persona, ya fuera real o simbólica, se dirigían hacia sí mismo. Este pensamiento lo expone fundamentalmente en su trabajo Duelo y Melancolía. En él explica que la gran diferencia entre pesadumbre y depresión consiste en que en esta última hay una acentuada pérdida de autoestima. En el duelo esta pérdida es consciente, mientras que en la depresión la verdadera pérdida es inconsciente.

La ausencia de amor y de apoyo de una figura significativa (por lo general, uno de los padres) durante un estadio crucial del desarrollo predispone a un individuo a la depresión en épocas posteriores de la vida. Según Mendels, es esta pérdida lo que origina la depresión, aunque pueda ser simbólica y no reconocida como tal. Consideraba que el reproche y la pérdida de estimación propia que se desarrollan en la depresión están dirigidas a la persona introyectada.

Por otro lado, Klein propone una base psicodinámica distinta para explicar el desarrollo de la depresión. Para ella, la base de la depresión se forma durante el primer año de vida y piensa, igual que Freud, que las primeras figuras significativas son de una vital importancia para el ser humano. Afirma, además, que todos los niños atraviesan un estadio evolutivo, al que dio el nombre de actitud depresiva, que se caracteriza como fase de tristeza, temor y culpa. El niño al sentirse frustrado por la carencia de amor (es imposible, en esa época, satisfacer todas sus exigencias) se irrita contra la madre y desarrolla fantasías de tipo sádico y destructivo respecto a ella. El llega a temer que estas fantasías destruirán realmente a su madre y despliega entonces sentimientos de ansiedad y de culpa. Como todavía es incapaz de distinguir el mundo externo (su madre) del interno (él mismo y sus imágenes internas de la madre) el temor de llegar a destruirla se transforma, en parte, en temor de destruirse a sí mismo. Esta fase es la que Klein denominó actitud depresiva.

Por lo general, se daría que el niño comprueba que la madre a la cual odia (objeto malo) y a la que ama (objeto bueno) son de hecho una, un objeto total, y esto conduciría a una solución satisfactoria de la actitud depresiva. Sin embargo, si no se produce esta reunión de los dos sujetos en uno solo (una falla en la institución del objeto bueno interno) porque los sentimientos de agresión y de odio resultan más fuertes
que los de amor, se ha sentado ya una base patológica para el desarrollo de las depresiones en la vida adulta.

Los estudios de Freud en relación a la vida emocional de los niños lo hizo generar la hipótesis de que en los primeros años de vida es una regla que seamos impulsados, tanto hacia nuestos padres como hacia nuestros hermanos, por sentimientos de ira y de odio, y también de apego y amor. Hoy sabemos que el miedo y el sentimiento de culpa procedentes de este tipo de conflictos son los que subyacen en muchas enfermedades psíquicas. Consisten en la incapacidad para enfrentarse con dicho miedo y dicho sentimento de culpa, situación que fundamenta muchos trastornos caracterológicos, incluyendo la delincuencia crónica.

Según Mendels, la regulación de la ambivalencia es de esencial importancia para el desarrollo de la personalidad. El poder enfrentarse a los propios impulsos contradictorios, poder dirigirlos y controlarlos correctamente es vital, ya que sabemos que el conflicto en sí no constituye algo patológico, por el contrario, es el estado normal en la vida de los seres humanos.

Conclusiones

Las vivencias de mayor riesgo para el equilibrio emocional corresponden a los problemas familiares, de pareja, de independencia, y aquellos que amenazan la imagen de la persona. Guidano postula que estos problemas activan en los pacientes sentimientos de vacío y congoja al no poder mantener una relación significativa y recíproca, logrando una aceptable sentido de sí mismo, o bien, procurando mantener constantemente una confirmación de los demás hacia su competencia.

Las posibilidades de hacer un cuadro depresivo aumentan cuando se dan una o varias de las siguientes condiciones:

a) Estos problemas no son enfrentados en su debido tiempo.
b) El sujeto tiende a no pedir ayuda a personas significativas, ya sea para ser acogido y escuchado, como también ayudado a resolver el problema, tanto en el área afectiva, instrumental o de apoyo social.
c) Existe una tendencia a evitar pensar en el problema.

Existen investigaciones que nos indican que los sujetos que no buscan compartir sus emociones con otros tienen más pensamientos intrusivos, con una menor recuperación afectiva y con más problemas de salud. Por otra parte, las personas que frecuentemente utilizan estilos evitativos para enfrentar problemas muestran una mayor cantidad de síntomas depresivos que los que no los utilizan.

La utilización de evitación cognitiva es útil sólo a corto plazo. A largo plazo, se debería propender a la reevaluación de las situaciones, la elaboración de un hecho y la búsqueda de soluciones, si no definitivas por lo menos parciales. Esto coincide con los postulados de Guidano, que explica que, a menor capacidad de una persona para generar nuevas soluciones, con menor flexibilidad y capacidad de abstracción psicológica, habrá un mayor riesgo de psicopatología.

En el ámbito terapéutico, convendría enfatizar la capacidad adaptativa individual en su forma particular y única para enfrentar un problema. El poder cambiar la representación subjetiva de los elementos inherentes a una situación amenazante, los que constituyen un factor de potencial importancia en la relación salud – enfermedad. Debería promoverse la toma de consciencia de que hay tendencias a no acercarse a los demás para compartir las vivencias que los complican y que no se pide ayuda concreta para solucionar estos problemas. Es conveniente ahondar en las emociones, no bastando sólo con reconocerlas sino también poder expresarlas correctamente y encontrarles un sentido. Es interesante poder comprender nuestros esquemas emocionales y el porqué, a partir de ellos, le damos un significado especial a los acontecimientos de nuestra vida y el cómo, en cierta forma, nos tienden a determinar la manera en que enfrentamos las distintas situaciones.

Angela Valladares M.

Psicóloga Clínica Universidad Santo Tomás
Psicoterapia Adultos – Neurosis depresivas – Crisis Existenciales
Consultas: 09-3495594

Más Información:
Beck, A. T.- Depression: Clinical, Experimental and Theorical Aspects.- Harper and Row.
Freud, S.- Mourning and Melancholia.- Collected Papers.- Hogarth Press
Guidano, V. F.- El Sí Mismo en Proceso.- Paidós
Klein, M.- Amor, Culpa y Reparación.- Paidós
Mendels, J. S.- La Depresión.-Herder
Seligman, M.- Indefensión en la Depresión, el Desarrollo y la Muerte.-Debate

La Inteligencia

La Inteligencia

A principios de este siglo, en 1904, un psicólogo francés, Alfred Binet, creó con éxito el primer test científico para medir la inteligencia humana. Era integrante de una comisión encargada de separar los estudiantes retrasados de los normales. Allí se asoció al Dr. Teodoro Simon, que había trabajado con niños deficientes mentales. Durante sus investigaciones llegaron a la conclusión de que, por regla general, se podían alcanzar determinados niveles de desarrollo mental a ciertas edades, lo que dio origen al concepto de edad mental que podía o no coincidir con la edad cronológica. Si un niño de ocho años sólo podía actuar como un niño normal de seis, era obvio que tenia un retraso mental de dos años.

Muerto Binet, William Stern recomendó que se relacionara la edad cronológica, no con la diferencia entre lo normal y lo anormal, sino con la edad mental en sí. De este modo era posible obtener el coeficiente mental. Para Stern – a diferencia de Binet – una diferencia de dos años no era lo mismo a los cuatro años que a los doce. Entonces ideó la siguiente fórmula: El coeficiente mental es igual a la edad mental dividida por la edad cronológica. Así, un niño de ocho años con una edad mental de seis, tiene un coeficiente mental de 6 dividido por 8 = 0,75.

Fue el profesor norteamericano L. M. Terman, de la Universidad de Stanford, quien estableció nuevas normas de inteligencia sobre la base de pruebas hechas sobre más de mil niños y cuatrocientos adultos.
De allí se deriva el C. I. o coeficiente de inteligencia. En él se multiplicaba el resultado por cien para eliminar los decimales. En el ejemplo anterior esto daría un resultado de 75. Un niño de capacidad normal tiene un C.I de 100. A los cuatro años, un niño adelantado dos años en relación a su edad tendría un C. I. de 150, casi un genio. Pero un niño de ocho años que esté dos años adelantado, tendrá un C. I. de 125, superior al corriente, pero no excepcional.

Las investigaciones sobre rendimiento escolar y dificultades de aprendizaje efectuadas después de 1945 verificaron, sin embargo, que la relación entre capacidad y rendimiento es muy relativa. Estudios psicológicos demostraron que muchos niños con dificultades severas para aprender en clase eran muy inteligentes cuando adultos en actividades no escolares, como ser negocios, arte o política. Esta situación motivó a los psicólogos a cuestionar el concepto psicométrico escolar de inteligencia y evaluar otros factores, como el rendimiento laboral, la eficiencia y rapidez en tomar decisiones, el procesamiento de la información y la velocidad del funcionamiento cerebral. La inteligencia aparecería determinada por la velocidad del procesamiento cerebral de la información.

Los psicólogos Jacob W, Getzels y Philip W. Jackson también se mostraron escépticos sobre el concepto tradicional de inteligencia. Después de arduos estudios llegaron a establecer que sólo existía una correlación baja entre la facultad de inventiva y los C. I. altos. Para obtener un alto coeficiente en un test de inteligencia, el individuo necesita recordar, reconocer, a veces resolver y decidir, pero no inventar ni innovar. Estas dos últimas características que se consideran productivas son las que tienen que ver con la facultad creadora.

Diversos Tipos de Inteligencia
Se ha discutido mucho si la inteligencia es una función unitaria o la suma de varias funciones aisladas. Existen seres humanos cuya memoria es buena, pero no así su inventiva. Otros cuyo razonamiento abstracto es débil, pero que son capaces de armar una máquina muy complicada con mirar una sola vez el plano o diseño. En suma, hay sujetos que están por debajo de la capacidad promedio en muchas operaciones mentales importantes y que, sin embargo, poseen algunas facultades extraordinarias.

Definir en pocas palabras lo que es la inteligencia no es fácil. Existen múltiples definiciones, unas ponen el acento en unas características, otras lo hacen en otras. A veces indica la viveza de la percepción, la sagacidad o la alta capacidad de comprensión con retención de conceptos que son asimilados como conocimientos. Otras veces es la capacidad para discurrir con buen criterio en forma original o creativa. En ocasiones, hasta se la confunde con una buena memoria. Se podría decir también que la inteligencia es la integración coordinada y coherente de las funciones cerebrales más nobles y que origina un comportamiento hábil, original y equilibrado.

Binet definía la inteligencia como aptitud para aprender y como forma de comportarse. El niño inteligente era el que obtenía buenas notas en la escuela.

La inteligencia – decía William Stern – es una capacidad general del sujeto para ajustar su pensamiento hacia nuevos requerimientos.

El psicólogo David Wechsler ha señalado que la inteligencia es la capacidad global del individuo para actuar con finalidad, para pensar racionalmente y para entenderse de un modo efectivo con su medio ambiente.

William ]ames, en una de sus obras, pone en duda de que el hombre ejercite al máximo su mente. Al respecto escribió: Si pensamos en todo lo que deberíamos ser, llegaremos a la conclusión de que estamos despiertos a medias. Sólo aprovechamos una parte pequeña de nuestros recursos mentales.

Todo el talento que poseo – dijo Alexander Hamilton – consiste en que, cuando me ocupo de un asunto, lo estudio profundamente. Día y noche lo tengo delante de mí. El esfuerzo que he realizado es lo que la gente se complace en considerar fruto del talento, pero sólo es fruto del trabajo y la reflexión.

Para Spencer, la inteligencia era el permanente proceso de adaptación interna del organismo a las condiciones cambiantes del medio externo.

Piaget consideró la inteligencia como un proceso complejo y evolutivo de adaptación al medio, determinado por estructuras psicológicas que se desarrollan en el intercambio entre el niño y su ambiente. La consideraba un proceso selectivo. Según él, en la evolución de la especie humana, durante millones de años sobrevivieron los más inteligentes.

John EccIes y Karl Popper aluden a la existencia de tres mundos: el biológico cerebral y corporal, el de la mente que se experimenta a sí misma por dentro, y el mundo externo de las creaciones objetivadas de la mente. Se trataría de tres realidades de distinto tipo que se fusionan para hacer posible el funcionamiento de la inteligencia.

Thorndike, uno de los padres de la psicología, pensaba que existía sólo una clase de inteligencia hecha por asociaciones de aprendizaje, la que actuaba gracias a la capacidad de abstracción, generalización, uso de relaciones, selección de juicios y raciocinios, así como de la facilidad de salir adelante de situaciones nuevas e inesperadas.

Jennsen y Gagné hablaron de aprendizaje acumulativo y propusieron una serie de etapas para el desarrollo intelectual: relaciones y conexión estímulo-respuesta, asociación verbal y motora, discriminación de conceptos y reglas simples de razonamiento.

Más tarde, G. H. Thompson demostró empíricamente cómo los aprendizajes actúan y se organizan en una trama múltiple a través de lazos intrincados.

Humpheys, partiendo de las ideas de Thompson, amplió el repertorio de aptitudes adquiridas de modo de hacer aparecer distintos instrumentos de medición y de ordenamiento del mundo intelectual. Generó así el llamado Cuestionario de Thompson-Humpheys, que se agregó a la Escala de Weschler y al Coeficiente Intelectual de Binet-Stern.

Vernon, en 1972, planteó tres tipos de inteligencia:

A.- Es el equipamiento genético de una persona, que determina su potencial intelectual.

B.- Es el proceso de interacción con el medio. Varía según los desafíos que la persona tenga que enfrentar en la vida.

C.- Es la inteligencia que evalúan los tests psicométricos y depende de la naturaleza de los mismos.

El psiquiatra español Enrique Rojas define la inteligencia como: el producto que resulta de utilizar en forma correcta y adecuada el procesamiento de la información, a través de unidades de análisis y mecanismos internos, que saben diferenciar lo accesorio de lo fundamental, así como integrar y asociar los distintos niveles de recepción de datos. Él diferencia distintos tipos de inteligencia:

Inteligencia espontánea: Brota de forma natural sin necesidad de ser estimulada, emergiendo en forma fluida.

Inteligencia provocada: Necesita de estímulos externos que le ayuden a vencer una cierta inercia. Por lo general, eso sucede en momentos de tensión o peligro, o en circunstancias que requieran mayores recursos psicológicos de los habituales.

Inteligencia analítica: Trata de escudriñar los problemas, separando, distinguiendo y puntualizando los distintos aspectos del tema a tratar. Observa, distingue, matiza, desmenuza y va aplicando criterios de segmentación.

Inteligencia sintética: Resume las características más relevantes que definan el objeto en las que se encierre la médula del asunto.

Inteligencia objetiva: Puede medir y captar en forma clara, rotunda y manifiesta la relación yo-mundo.

Inteligencia subjetiva: Actúa sobre la realidad, transformándola de algún modo por medio de la imaginación y de la fantasía.

Inteligencia teórica: Es capaz de moverse dentro de un terreno conceptual, abstracto, hilvanando ideas, pensamientos, juicios, razonamientos. Su medio es la reflexión y la importancia del lenguaje es esencial, Abunda más en el individuo introvertido y también en el científico.

Inteligencia práctica: Significa capacidad para resolver un problema nuevo que surge de forma inesperada y que exige ensayar una solución inmediata. Se dispara en forma directa y eficaz, casi como un reflejo. Está al servicio de la acción y es propia de personas extravertidas, abiertas, comunicativas.

Inteligencia metódica: Es sistemática, precisa, sigue los pasos de una serie de premisas bien coordinadas, con argumentos firmes y contundentes. Todo es minucioso, prolijo, parejo, muestra un proceso muy ordenado en su funcionamiento.

Inteligencia analógica: En ella se recurre a equivalencias, similitudes, metáforas, comparaciones, como medios para expresar el pensamiento.

Inteligencia discursiva: Demuestra facilidad para expresarse verbalmente, con un estilo claro, bien definido – que impresiona al auditor – con el que consigue trasmitir un mensaje adecuado.

Inteligencia matemática: Generalmente va asociada a la inteligencia teórica. Nos recuerda que la matemática no forma hombres sabios sino que prudentes. Se basa en la ponderación de sus argumentos.

Inteligencia social: Permite mantener conversaciones con personas desconocidas sin
inhibirse; no bloquearse verbalmente ante una situación difícil; saber decir que no en forma determinante, sin dureza ni brusquedad; saber aceptar una broma pesada o una crítica sin manifestar fastidio ni molestia; poder mantener una conversación superficial, fluida y amena, sobre diversos temas en reuniones sociales en las que no se puede hablar en profundidad.

Inteligencia individual: Ella se manifiesta en una relación de tú a tú en la que se haya formado un ambiente de armonía e intimidad. Se da en las personas introvertidas, tímidas, obsesivas, con tendencia a una personalidad por evitación.

Todos estos distintos tipos de inteligencia se encuentran mezclados en las diferentes personas – según sean sus características psicológicas – predominando unas u otras en mayor o menor grado. Hay pares antagónicos como ser: inteligencia analítica y sintética, teórica y práctica, metódica y analógica, objetiva
y subjetiva.

Carmen Bustos

Más Información:
Jung, C. G.- Tipos Psicológicos.- Sudamericana

Carl Rogers

Carl Rogers

CarlRogersJunto con Maslow, Carl Rogers (1902-1987) fue uno de los pioneros de la psicología humanista, interesándose en la evolución del ser humano y confiando cada vez más en las posibilidades innatas de su crecimiento interior.

Empezó alterando la relación terapéutica al denominar al paciente como cliente, dándole a esta relación el aspecto de un verdadero encuentro personal amistoso. Consideraba que la terapia debía estar centrada en el cliente, y que este debía tener la oportunidad de dejar aflorar a la superficie sus problemas latentes sin mayor intervención del terapeuta. Pensaba que la persona llevaba en sí todas las potencialidades necesarias para su curación y evolución y que sólo necesitaba un entorno afectuoso y psicológicamente favorable para su maduración emocional.

Fue también uno de los principales impulsores de las terapias de grupo o grupos de encuentro, los que se han difundido a la mayoría de los países. En estos grupos se aprende la tolerancia hacia los demás, el permitirles que piensen o sientan de modo diferente al nuestro. No tiene sentido intentar transformar a la gente y empujarla a ser como nosotros suponemos que debieran ser. Cada cual tiene el derecho de vivir
sus experiencias a su manera y a descubrir en ellas sus propios significados. La aceptación del otro tal como es resulta un camino de doble vía: doy y recibo comprensión, afecto, amistad.

Rogers señala tres condiciones fundamentales para el éxito de toda relación humana, tanto la de terapeuta y cliente, como la existente entre padres e hijos, profesores y alumnos, jefes y subordinados, etc. Ellas son la autenticidad, la aceptación incondicional y la empatía.

Autenticidad: Quien controle la relación debe mostrarse tal como es, sin pretender desempeñar un papel directivo, expresando en forma trasparente sus propios sentimientos. No mostrarse tranquilo y satisfecho cuando, en realidad, está enojado y descontento. No aparentar que conoce todas las respuestas cuando no es cierto. No intentar parecer cariñoso cuando se siente hostil, No mostrarse seguro de sí cuando siente temor. No aparentar excelente salud cuando tiene un malestar físico. No colocarse en actitud defensiva, la que lo hará comportarse de manera superficial y opuesta a sus verdaderos sentimientos. Resumiendo, no intentar parecer un super hombre (o super mujer).

Todo esto implica que la persona tiene que empezar por aceptarse a sí misma. Cómo podría aceptar a otros, si no empieza por ella? El aceptarse a sí mismo es la consecuencia de la observación de sí, condición indispensable para que se empiece a producir un cambio en todo aquello que parece imperfecto. Es precisamente lo que el terapeuta espera conseguir en su cliente. Jung decía: No puedo pedirle a mis pacientes que hagan algo que yo no soy capaz de hacer.

En el intento por descubrir su auténtico yo, la persona necesita examinar los diversos aspectos de sus experiencias para poder reconocer y enfrentar las profundas contradicciones que a menudo descubre. Reconoce, entonces, que gran parte de su vida está orientada a ser lo que debería ser y no lo que en realidad es. Por lo general, ha estado respondiendo a exigencias o expectativas ajenas y no a sus verdaderos sentimientos. Se da cuenta que ha tratado de comprar cariño al comportarse como los demás esperaban que lo hiciera. Comprende que su conducta habitual es sólo una máscara, una apariencia tras de la cual procura esconderse. Tiene la impresión de que puede resultar peligroso o potencialmente nocivo mostrarse tal como se es.

Además, la persona tiene que ponderar el hecho de que no es un producto terminado, salido de una fábrica con un bajo parámetro de control de calidad, sino un proceso vivo, abierto al cambio, capaz de evolucionar
y de realizar todas las potencialidades que le fueron otorgadas en su nacimiento.

Ella va descubriendo paulatinamente la confianza en sí misma, que es el instrumento más adecuado para producir la respuesta más satisfactoria a cualquier situación dada. Es capaz de aprender de sus errores y puede corregir las decisiones equivocadas. Puede observar sus sentimientos e impulsos, a menudo complejos y contradictorios, evaluar las exigencias sociales y personales y aceptarlas o no, según su propio discernimiento, sin dejarse manipular en beneficio interesado de otros. Llega progresivamente a sentir que cada vez necesita menos depender de la evaluación que los demás hagan de ella. Aprende a confiar en su propio juicio para decidir y elegir lo más conveniente. Es profundamente estimulante adentrarse en la compleja corriente de la experiencia y tener la fascinante posibilidad de intentar comprender sus potencialidades siempre cambiantes.

El aceptarse a sí mismo y permitirse ser auténtico hace que las relaciones personales se vuelvan vitales, cálidas, significativas. Si procuramos comunicarnos con alguien desde nuestro centro interno (la esencia) conseguimos tocar al otro en su propio centro. Ya no estamos entablando una relación superficial, a nivel
de personalidad, al estilo de los juegos que juega la gente, de los que habla Berne en su Análisis Transaccional.

Aceptación incondicional: Hay que aceptar al otro con todas sus características, nos gusten o no, valorándolo como esa persona única que es, sin intentar amoldarlo a nuestros propios criterios. Esto resulta más fácil una vez que uno se ha aceptado a sí mismo. Se ha aprendido por propia experiencia que el camino al cambio pasa por la aceptación de lo que es. Cómo podríamos cambiar algo sin conocer antes ese algo?

Cuesta, de todas maneras, permitir que nuestros padres, hijos, cónyuges, opinen de modo diferente al nuestro sobre determinados temas o problemas. Implica, a veces, tener que aceptar su hostilidad, su enojo, su critica peyorativa. Cualquier reacción de nuestra parte añadiría leña a la hoguera. Tenemos que pensar qué es lo que deseamos conseguir, romper la relación, o conservarla, volviéndola armoniosa?

Es muy grande la tentación de corregir o de señalar errores cuando estamos escuchando a alguien. Además, nos cuesta aceptar cada uno de los distintos aspectos que la persona nos está mostrando. Por muy disimulada que sea nuestra desaprobación, igual la persona puede percibirla. Hay cierta gente hipersensible que tiene un radar para detectar el más mínimo signo de rechazo, y entonces se cierra herméticamente, para nunca más. Esto ocurre de preferencia en los pre adolescentes.

Cualquier tipo de evaluación externa puede representar para algunas personas una amenaza, la que inhibe la expresión espontánea de sus sentimientos. Incluso una evaluación positiva puede sonar tan amenazadora como una negativa: Te estoy evaluando bien porque hiciste/dijiste, algo que me agradó; pero si haces/dices algo que no me agrade, mi evaluación será desfavorable. Mientras más libre de juicios y evaluaciones pueda mantenerse una relación, más fácil resultará para la otra persona llegar a la comprensión de que – en última instancia – lo que más importa es su propio juicio. Entonces se sentirá libre para asumir su propia responsabilidad al manejar su vida. Cuanto más comprendido y aceptado se sienta, más fácil le resultará abandonar sus mecanismos de defensa y comenzar el camino hacia su propia maduración.

Empatía: Hay que esforzarse en vivenciar la situación y los sentimientos de la otra personar, procurar introducirse dentro de ella hasta el punto de poder intuir aquello que ella misma no ve. Hasta qué punto eso puede ser una técnica factible de ser enseñada? Más bien depende de la sensibilidad innata del terapeuta, que le hace posible quedarse en blanco, abrirse totalmente al otro de modo que resuene en él, como si se hubiese transformado en una antena parabólica. Emerson decía: Lo que tú eres habla tan alto que no me deja escuchar lo que dices. Igual pensaba Jung cuando entrevistaba por primera vez a alguien: A este hombre no lo conozco. Entonces olvidaba todo lo que sabía, se abría por entero al paciente y le dejaba tomar de él justo aquello que necesitaba.

Esta comprensión empática exige no olvidar que se trata de los sentimientos de otra persona y no de los nuestros. Si lo que escuchamos tiene alguna relación con problemas o sentimientos nuestros, es muy fácil identificarse con ellos y sufrir el dolor del otro como si fuera nuestro. La identificación nubla nuestro raciocinio y nos impediría ver con suficiente lucidez cómo podríamos ayudar al otro a clarificar sus propios problemas. Se trata de no sentirse deprimido por su depresión, angustiado por su angustia ni absorbido por su necesidad de dependencia.

Lo ideal es poder entrar en el mundo privado del otro y ver sus sentimientos y motivaciones, sin juzgar ni evaluar, tal como él los ve. Moverse en ese ámbito con delicadeza, sin pisotear conceptos o valores que son importantes para él. Se trata de percibir intuitivamente, no sólo aquellas experiencias que para él son conscientes, sino también esas otras que percibe apenas en forma velada y confusa.

Según decía Rogers: Cuando la persona se da cuenta de que se le ha oído en profundidad, se le humedecen los ojos… Es como si un prisionero encerrado en una mazmorra – o un sepultado vivo – consiguiera por fin comunicarse con el exterior. Simplemente eso le basta para liberarse de su aislamiento. Acaba de convertirse de nuevo en un ser humano.

A Rogers le preocupaba la situación actual del mundo, interpretando el caos contemporáneo como los dolores de parto de un mundo nuevo, simultáneo al nacimiento de un nuevo ser humano, capaz de vivir en esa nueva era, en ese mundo transformado. El era consciente de los obstáculos que podría encontrar este nuevo tipo de personas. Las instituciones establecidas defenderían la tradición y se opondrían a toda iniciativa de cambio. El poder siempre ha querido moldear las consciencias y, para ello, puede hacer uso de las nuevas tecnologías emergentes. El dogmatismo y el temor al cambio predominan en las esferas políticas. Pero, a pesar de todo eso, era optimista:

La física teórica no podrá ser suprimida. El biofeedback tenderá a progresar, no a desaparecer. Los conocimientos sobre las maneras de desarrollar el potencial humano seguirán acrecentándose. Los nuevos métodos científicos no se evaporarán. Los grandes cambios en nuestra percepción del universo están aquí. Nos desafiarán, lo quieramos o no. Y aquellos que logren desenvolverse en tales nuevos modelos tendrán una gran oportunidad de supervivencia. A menos que nos autodestruyamos, nos deslizaremos inevitablemente hacia un mundo nuevo, a pesar de todas las actuales perturbaciones. Ellas forzarán una transformación hacia un sistema nuevo, más coherente. Un renovado amor por la naturaleza y por cada persona, una comprensión de la unidad espiritual del universo, parecen emerger con esta nueva visión del mundo. Avizoro un mundo donde haya lugar para una persona más completa e integral. Esta es, al menos, mi más profunda esperanza.

Fernanda Andrade

Más Información:
Rogers, Carl.- El Camino del Ser.- Kairós
Rogers, Carl.-El Proceso de Convertirse en Persona.- Herder

Psicoanálisis de la Amistad

Ignace Lepp.- Editorial Carlos Lohlé

Desde la más remota antigüedad, moralistas, filósofos y poetas innumerables han celebrado la amistad como el más preciado de los bienes. Mientras el hombre no haya vivido la experiencia de una amistad sólida y profunda, le atormentará una visión pesimista de la naturaleza humana. Y porque no creen en la posibilidad de tal amistad, algunas filosofías modernas proclaman absurda la condición del hombre.

La vasta experiencia en psicología profunda del autor lo convierte en el mejor consejero de la amistad que pueda desearse. Tras haberla diferenciado de la simple camaradería, expone y analiza todos los géneros y sus aspectos tan diversos: amistad entre hombres, entre mujeres, entre hombres y mujeres, entre esposos, entre padres e hijos, y se esfuerza por dar una respuesta cabal en cuestiones tan debatidas como las de amistades particulares masculinas y femeninas, y la amistad entre los pueblos.