Las Conciencias

Las Conciencias

Existen dos sentidos de la palabra conciencia, y hay consenso implícito en escribirlas en castellano de forma diferente:

Se dice: he tomado consciencia de…. En esta expresión la palabra consciencia es sinónimo de conocimiento. Esta conciencia es la facultad de conocer. Es llamada la
consciencia psicológica.

Decimos también: Mi conciencia no me reprocha nada, Juzguen en conciencia. En estas expresiones la palabra conciencia designa un centro de referencia interno.

Antes de efectuar una acción, reflexionamos buscando aquello que es mejor. Este algo en nosotros es la conciencia. Ella nos indica el camino del bien. Ella es un llamado. Después de actuar, sucede que nos sentimos insatisfechos de nosotros mismos, como si no hubiéramos seguido una fuerza interior, aquello que nos pedía nuestro camino de crecimiento. Es la conciencia reaccionando como un juez. Entonces es llamada conciencia moral.

Libertad, responsabilidad, conciencia

El ser humano tiene la facultad de escoger sus actos. No está librado sólo a sus instintos, como el animal, Él es libre.

Sus actos decididos libremente favorecen o no el crecimiento de su ser. De allí las satisfacciones o insatisfacciones, percepción vaga o clara de su responsabilidad. Quién va a indicarle los caminos de su crecimiento y por lo tanto los buenos actos ? Quién va a indicarle los atolladeros y por lo tanto sus malos actos ? Aquí encontramos la verdadera noción del bien y del mal:

Es bueno lo que construye el ser. Es malo lo que bloquea o frena el crecimiento del ser.
Quién va a marcar el camino de bien y de mal ? Ya que el ser humano nace desprovisto de criterio, consideremos la importancia que tiene el otro para ayudarnos a acceder al conocimiento del bien y del mal.

En un principio los padres y el entorno inmediato le inculcarán las primeras nociones del bien y del mal. Llegará el día en que él mismo será capaz de discernir entre su bien y su mal. Este mecanismo interno que le hace llamar buenos a ciertos actos y malos a otros, es la conciencia. En el punto de partida, éste será la conciencia de los padres. Más adelante él se dará a sí mismo sus criterios del bien y del mal. Puede llegar el día en que él discernirá en el nivel de su ser profundo, otra conciencia, la verdadera.

1.- Tres tipos de conciencia

Las presentaremos en su orden de aparición, En la edad adulta funcionan en forma simultánea, pero cada uno tiende a remitirse más a una que a otra.

a) – La Conciencia Socializada

Las primeras nociones del bien y del mal que hemos conocido nos han sido inculcadas por nuestro medio familiar. Hemos internalizado un conjunto de prohibiciones, de imperativos, toda una constelación de nociones mentales que han constituido nuestra primera conciencia. Los diversos grupos en los cuales hemos vivido también nos han marcado por su escala de valores.

Aún hoy estamos impregnados de esta moral aprendida en nuestra infancia y en nuestra juventud. El mecanismo de internalización de los valores de un medio permanece durante toda la vida. Adoptamos fácilmente el código moral de los universos sociales en los cuales vivimos y podemos constatar en nosotros la coexistencia de diversas morales que guían nuestras acciones dependiendo de nuestro paso de un universo a otro:

– moral de los negocios;

– moral del medio social al cual pertenecemos;

– moral profesional o ética profesional;

– moral política;

– moral sindical;

– moral religiosa;

– moral familiar.

Puede resultar de aquí una falta de unidad del ser.

De hecho uno no decide su vida por sí mismo, somos llevados por el super-ego, estamos alienados, vivimos en un cierto infantilismo, somos como corderos de un rebaño. Vivimos una moral colectiva.

Esta alienación es a menudo inconsciente. Ella se vuelve consciente el día en que uno decide alejarse de esta influencia social. En ese momento tomamos conciencia del poder de los lazos que nos ceñían.

El centro de referencia para actuar son los otros: sus principios, sus formas de actuar, sus reglamentos, sus leyes.

En el corazón de este mecanismo de la conciencia socializada se encuentra la necesidad imperiosa de ser reconocido, estimado, amado, de no desagradar, de no crearse problemas con los demás. Al no encontrar solidez, seguridad en uno mismo, uno la busca en la aprobación de los otros.

Escapar a esta conciencia socializada no es fácil ya que llevar a cabo actos que pasen por alto las normas aprendidas del medio, provoca un sentimiento de inseguridad de inquietud, y a veces, aun de angustia. Entonces tenemos tendencia a culpamos y nos esforzamos por volver al camino recto.

El pedir perdón a aquellos a quienes creemos haber afligido es a menudo un medio de apaciguar esta angustia, esta inquietud. Esto juega el papel de tranquilizante psicológico. Además es un medio de reconquistar la estima, de la cual nos creemos privados y la que necesitamos imperiosamente.

Es a esa conciencia a la que se refiere el escrupuloso.

La conciencia socializada se encuentra en el nivel del funcionamiento sensible, impulsivo, espontáneo. Es en este nivel que nacen los instintos. Ella tiende a encuadrarlos, a canalizarlos hacia lo que las sociedades – familiar, religiosa, política y económica – llaman bien y mal.

Cuando estas sociedades ya no consiguen encauzar de esta manera las presiones instintivas de sus miembros, ya sea porque ellas mismas ponen en tela de juicio sus nociones del bien y del mal, ya sea porque los interesados se resisten, nos encontramos frente a un vacío de obligaciones sociales.

Aquellos que tienen una conciencia personal salen adelante. Los otros flotan de una corriente de pensamiento a otra o se instalan en la fantasía de sus instintos.

b) – La Conciencia Cerebral

Con la adolescencia se despierta la capacidad de tener ideas personales y de decidir la vida por uno mismo. Se produce entonces un rechazo de la conciencia socializada heredada de la fase precedente. Al mismo tiempo se construye un código personal de moral cuyos elementos son sacados de aquí y de allá, y reunidos en ensayos de síntesis personal.

En la edad adulta este código personal se ha vuelto relativamente estable. Es la expresión del ideal de vida que uno ha escogido y que se esfuerza por realizar. Este funcionamiento de conciencia es captado al nivel de la cabeza, de allí el nombre de conciencia cerebral.

Las faltas a esta conciencia crean un sentimiento de culpabilidad. Uno se siente decepcionado, humillado, vejado, amargado. Se había apuntado más alto. Uno se creía capaz de algo mejor.

c) – La Conciencia Profunda

Existe en nosotros otra conciencia que no es la voz de los demás ( conciencia socializada), ni la voz de nuestras ambiciones personales (conciencia cerebral). Es la voz de nuestro ser en crecimiento, Para percibirla hay que interiorizarse al nivel de la zona profunda y preguntarse: qué siento yo que sea bueno para mí ahora ? qué decisión debo tomar para ser fiel a lo que siento que es lo mejor de mí ? qué iría en la dirección de la vida que siento en lo más profundo de mí mismo ? qué es lo que anhela vivir en mí ?

Hay que dejar aflorar las respuestas, fluir las intuiciones. Hay que frenar la conciencia cerebral, que siempre tiene las respuestas listas.

Los llamados que nacen en este nivel profundo presentan muchas características:

Son realistas. Corresponden a las capacidades reales del ser. No están más allá de las fuerzas como lo están a menudo los llamados de la conciencia cerebral. Están en la medida de las fuerzas de hoy y de la situación presente.

Ayudan a llegar a ser uno mismo. Construyen la personalidad de acuerdo a lo que ella es. No piden una docilidad a los otros como aquellos que provienen de la conciencia socializada.

Parecen provenir de más allá de uno mismo, de una instancia que, a la vez, es más grande que nosotros y que, sin embargo, coincide bien con nosotros. De allí el carácter de absoluto que se le reconoce a esta conciencia profunda cuando se nos vuelve familiar.

El examen de conciencia hecho en este nivel para detectar aquello que anhela vivir en nosotros, para discernir lo que sería bueno cambiar en nuestra vida, para descubrir las orientaciones profundas que deberíamos tomar, es muy beneficioso para un desarrollo del ser y para una construcción de la personalidad.

Allí percibimos no sólo invitaciones a ser sino que encontramos además las energías vitales que hacen ser. Es a la vez una confrontación y una comunión con el ser de donde uno sale más vitalizado.

Cuando uno percibe que es infiel a estas líneas de crecimiento o a estos llamados no se tiene un sentimiento de culpabilidad como en la referencia a las otras conciencias.

Se siente una melancolía apacible. Uno se siente pobre, débil, limitado, pero no se sufre, se lo acepta, Y se comulga nuevamente con los flujos de vida que nacen a esta profundidad.

2.- Evolución de la personalidad y niveles de conciencia

a) – Aprender o discernir nuestros funcionamientos de conciencia

A lo largo de nuestra vida hay coexistencia y funcionamiento simultáneo de las tres formas de conciencia. Es importante poder distinguirlas, saber a cuál de ellas nos referimos más espontáneamente y cuál predomina.

Al momento de tomar una decisión cuál es nuestro reflejo ? Qué es lo que los demás esperan que yo haga ? Qué va a agradarles o a desagradarles? Conciencia socializada.

Qué es lo que debo hacer ? Qué es preciso que haga ? Algunas personas tienen un sentimiento muy agudo de su deber y tienden siempre a cumplirlo. Conciencia cerebral.

En profundidad, qué es lo que siento que es bueno que haga ? Conciencia profunda.

Por cierto que en una decisión interfieren las tres conciencias. Es bueno ser capaces de distinguir sus funcionamientos para vivir lúcidamente la vida en el sentido del cumplimiento de sí.

Luego de actuar, uno se siente a veces insatisfecho, incómodo. Es importante pesquisar a qué se debe esta incomodidad y ante quién nos sentimos culpables.

La inquietud, la inseguridad son el índice de funcionamiento de la conciencia socializada. Hemos transgredido quizás ciertas reglas sociales. Aquello que está mal a sus ojos, yo lo he hecho.

El desagrado de sí, la decepción, la amargura, la humillación, son el índice de funcionamiento de la conciencia cerebral. Es ante el ideal de sí mismo que uno se siente culpable. Aquello que está mal a mis ojos, yo lo he hecho.

Si no es ni uno ni otro de estos sentimientos, es quizás que hemos sido infieles a lo mejor de nosotros mismos, a nuestro ser en profundidad y al Absoluto que encontramos allí.
Aquello que está mal a Tus ojos, yo lo he hecho.

Esta clarificación permite conocerse y readecuarse.

b) – Edad psicológica y niveles de conciencia

La evolución psicológica y moral de un ser no sigue necesariamente a la evolución biológica. Incluso se pueden tener comportamientos infantiles o de adolescentes a los 50 años. Se pueden caracterizar las etapas de la evolución psicológica en referencia al funcionamiento de la conciencia predominante:

La infancia se caracteriza por el predominio de la conciencia socializada. La adolescencia comienza por el rechazo de la conciencia socializada y el inicio de la conciencia cerebral. La edad adulta se caracteriza por el predominio de la conciencia cerebral.

Por último el sabio es aquel que ha sabido tomar distancia respecto a los demás y a sí mismo y que habitualmente se refiere a su conciencia profunda para actuar.

Uno puede tener una edad psicológica diferente según las etapas de su vida. Por ejemplo, se puede ser adulto en la vida profesional, infantil en la vida religiosa y adolescente en las relaciones familiares y políticas. Claramente la unidad no se ha realizado, no se ha alcanzado la estabilidad, la madurez.

c) – No podemos ahorrarnos la fase adolescente.

Esta fase se caracteriza por el rechazo de la conciencia socializada y el deseo de gobernarse a sí mismo de acuerdo al ideal de sí que uno se ha forjado entonces. Es una fase de tanteos en la búsqueda de sí y de su idea. Vendrá una estabilización y esta será la fase adulta.

La Relación con los Otros

La Relación con los Otros

Sea en terapia, en cursos de formación, en intercambios personales o íntimos, es frecuente escuchar una queja que expresa un rechazo, una repulsa, o un cuestionamiento de la conducta de otro:

“El (ella) no comprende nada – él (ella) no me entiende – él (ella) jamás me ha amado ~ él (ella) no habla sino de sí mismo (a) – él (ella) no piensa más que en sí – él (ella) prefiere a los muchachos – él (ella) no ha soportado jamás a las niñas”

Este “él (ella)” a quien se acusa es a menudo un padre (madre), un ser amado, alguien próximo. En todo caso, un ser decepcionante que ha frustrado nuestras expectativas, que nos ha herido sentimentalmente. Nosotros le echamos encima todo nuestro resentimiento, lo acusamos de todas las insuficiencias, lo hacemos responsable de todo lo malo que nos sucede, de nuestros fracasos y lágrimas. Esta omnipotencia atribuida al otro, estas proyecciones, estas quejas y estas repulsas, tienen como resultado librarnos de la responsabilidad de hacernos cargo de nosotros mismos. Nos será entonces difícil admitir que en una relación somos responsables de lo que experimentamos y de nuestros resentimientos.

En efecto, las sensaciones que circulan en nosotros, es nuestro cuerpo quien las experimenta, los sentimientos que nos atraviesan, es nuestra sensibilidad quien la siente. El hacernos responsables de nuestros propios afectos nos puede ayudar a cambiar muchas cosas en nuestras relaciones con los otros y, aún, en relación con nosotros mismos.

Si acepto adoptar este punto de vista: “soy responsable de lo que siento”, muchas de mis actitudes y maneras de pensar deberán modificarse. Mi opinión sobre los otros y sobre mí mismo tendrá que transformarse. Esto es laborioso como una ascesis, tan natural y espontánea es la tendencia de proyectar sobre el otro el problema que tenemos con él.

Esta toma de consciencia de mi propia responsabilidad por lo que vivo, me ha dado, en cuanto a mí, un sentimiento de libertad inesperado que ha favorecido en mucho mi autonomía, en particular en mis relaciones personales, en las que yo me sentía a menudo dependiente y a veces alienado. Si considero que una relación tiene dos extremidades, me incumbe hacerme cargo de la extremidad que me toca.

A partir de esa hipótesis, podemos enfrentar un mejor manejo de la polución que inevitablemente se produce en toda relación; regular el impacto y la resonancia de los mensajes del otro sobre nosotros; aprender a re-encuadrar los eventos, los “problemas o las agresiones inevitables que surgen del trato cotidiano; hacernos cargo directamente de la satisfacción de un cierto número de necesidades elementales.

Todo cuerpo viviente excreta desechos. Es el signo mismo de que está vivo. Y, paradojalmente, esta producción de desechos testimonia su vitalidad, su dinamismo. Si una relación está viva, ella producirá desechos. Excretará escorias, parásitos que, si no son tomados en cuenta y evacuados, emponzoñarán, en el sentido fuerte del término, las relaciones y a veces la vida personal, profesional y social.

En estado de hibernación relacional, se producen mucho menos desechos. Esto explica el estado de minusvida, de momificación de ciertas personas que viven a muy poquito fuego, a pasitos, una vida pequeñita.

El miedo mata más el Amor
que no importa qué plaga.


De donde vienen esos desechos y qué son? Vienen en particular de mal entendidos inherentes a toda tentativa de relación:

– Lo que yo digo y que no es entendido.

– Yo respondo, no a lo que dijo el otro, sino a lo que yo he comprendido de lo que dijo el otro.

– Yo descifro y asocio con unos filtros y una sensibilidad que me son propios… sin reconocer la sensibilidad, los códigos o los sistemas de valor del otro.

– Olvido de negociar conmigo mismo mis miedos, mis deseos, mis recursos, mis límites, antes de negociar con el otro.

– Trato de hacer entrar al otro en mis creencias.

– Quiero convencerlo de la justeza de mi punto de vista… por su bien.

– Quiero cambiarlo,

Es mucho más fácil ser desdichado que ser feliz
y…vamos de preferencia por el camino fácil.


A cada tentativa de intercambio, me arriesgo a ser influenciado, a ser decepcionado, a sentirme inseguro, a ser sobrepasado por el otro a veces más allá de mis posibilidades. Puedo también elegir, priorizar mis intentos. Unas expectativas demasiado cargadas, demasiado investidas de esperanzas de aprobación del entorno o del otro, me van a hacer vulnerable a todas las frustraciones cuando las respuestas sean insuficientes o diferentes de lo que yo había proyectado. Nosotros imaginamos, con frecuencia demasiado fácilmente, cómo debe comportarse el otro y lo encerramos (sin que él lo sepa) en un marco de comportamiento-respuesta que él debería tener respecto a nosotros. Esta es la fuente de una infinidad de decepciones, frustraciones y malestar que demandarán en seguida un gran gasto de energía para superarlos. Debo entonces ser más lúcido, más selectivo y más realista en mis expectativas. Puedo también hacerme cargo directamente de varias de mis necesidades en lugar de hacer responsable al otro de su satisfacción, Este último aspecto constituye una de las fuentes más mortales de frustración mutua que puede infligirse una relación hombre-mujer:

“Yo te hago responsable de la satisfacción de mis necesidades y de mis expectativas, de mi estado de suficiencia o de insuficiencia, lo que quiere decir también de mis frustraciones, de mi sufrimiento, de mi pesar o de mi gusto por la vida.”

La sola manera de no correr jamás el riesgo de
morir de sed es transformarse en una fuente.
Es difícil manejar el impacto, la resonancia, las emociones negativas suscitadas por los actos o las palabras de otro hacia nosotros. En efecto, no tenemos ninguna inmunidad frente a la carga negativa de ciertos mensajes. Una pequeña frase sin importancia, una palabra de connotación afectiva va a resonarnos dentro, va literalmente a proyectarnos fuera de nosotros o nos envenenará. Cada cual ha podido hacer una experiencia de ese tipo cuando después de una conversación, de un llamado telefónico, al recibir una carta, experimentamos un sentimiento difuso de malestar, de tensión, de angustia, que viene como un ácido, un veneno persistente, a trastornar nuestro organismo, nuestros pensamientos, durante varias horas, a veces durante varios días. Sabemos mal como diferenciarnos de los otros y, por lo tanto, de sus impactos. La regla en este terreno podría ser: “Mientras más mala sea la comunicación, más es preciso mantener activa la relación, es decir, escuchar conservando la atención y la apertura, en lugar de alejarse y romper la relación. Será, por ejemplo, necesario reformular lo dicho invitando al otro a extenderse sobre los términos del primer mensaje. Se le puede pedir que lo exprese con sus propias palabras que estarán más cerca de su pensamiento, permitiéndole así una mejor definición del asunto que cuando lo interpretaba a través de las palabras de otro. La invitación a adoptar un lenguaje propio lo llevará a ocupar “su lugar” en la relación y a interesarse en cambios que le serían más sugerentes.

Hay dificultad en aceptar que la persona
más importante del mundo para ti, eres tú,
y la más importante para mí, soy yo.
Concretamente esto puede traducirse como: “Mientras más dificultades tenga en una relación, más debo guardar el contacto para crear, no la oposición, sino la aproximación”. Y esto por medios simples:

– Hacer reformular el mensaje cada vez que éste es incompleto o ambiguo, hacer precisar la intencionalidad, el sentido, dado por el otro. Qué me dijo realmente ? La madre que dice a su hija: “Me pregunto a quien te vas a parecer si continúas así…”

– Releer la carta recibida, demandar la significación de las palabras o de los actos. Invitar a decir más, en lugar de apoderarse del mensaje como de un todo.

– No dejarse encerrar, o encerrarse uno mismo en el primer sentido (agresivo, desvalorizador) que se ha dado al mensaje.

Es aquel que recibe el mensaje quien
le da la significación que él elige.
Nosotros comprendemos a menudo a contrasentido, según nuestro grado de vulnerabilidad, de intolerancia a flor de piel. Nuestra selectividad nos impide comprender, o puede deberse también a la falta de claridad en la expresión del otro (ambivalencia, doble mensaje). La mayor parte del tiempo, el otro (o nosotros en su representación) nos propone dos posiciones relacionales:

– aceptación, aprobación, sumisión, o pseudo aceptación.

– oposición, rechazo, bloqueo, huída o dimisión.

Estos son los dos grandes ejes más frecuentes de la comunicación interpersonal, en particular el de la oposición. Cuántas veces nos escuchamos decir:- Ah, no !, no estoy de acuerdo… ” y cuánta energía perdida en contradecir, luchar, menoscabar el punto de vista o la posición del otro. Cuánto tiempo gastado, cuántos sufrimientos vanos en mantener en muchas relaciones próximas la pseudo-aceptación, la falsa aprobación, el “sí, pero…”, el bloqueo, el sabotaje o el rechazo.

Tu vida vendrá siempre en tu ayuda, a condición
de que hagas un esfuerzo por comprenderla.
Proponemos dos posiciones relacionales positivas, constructivas:

– Salir de la oposición para crear la aproximación. Acercar nuestro punto de vista al costado del otro no sobre el del otro. Esto supone aceptar situarse, definirse, “es aquí donde yo estoy, este es mi punto de vista, mi posición, mi proyecto…”

– Crear una dinámica de confrontación con el otro. Confrontarse es ser capaz de tres maneras de relacionarse:

1.- Confirmar al otro:

“Sí, entendí tu punto de vista.” “Si comprendí bien, lo que tú quieres es ir de vacaciones a la montaña, y no a la playa”.

La palabra más dinámica del lenguaje relacional es Sí. Confirmar no es aprobar, aceptar, estar de acuerdo, sino que quiere decir:

“Te reconozco, te tomo en cuenta, como diciendo esto, proponiendo esto…

Es un punto importante a nuestro favor cuando reconocemos al otro tal como él se vive, se percibe, se siente. Este poder de confirmación permite que el intercambio sea hecho sobre una base de escucha y reciprocidad favorable.

2.- Afirmación de sí.

Después de haber confirmado al otro, puedo asumir mi posición, aportar mi punto de vista. Esto supone que soy capaz de definirme, de situarme, de afirmarme frente al otro. Muchos de nosotros no sabemos, no nos atrevemos a afirmarnos y preferimos mantener la oposición. Cuando sentimos malestar de definirnos, de reconocer nuestro deseo, preferimos identificarnos con el del otro o negarlo, o luchar en contra.

3.- Poner en evidencia la diferenciación.

Después de haber confirmado al otro, después de haberse afirmado delante de él, introducir la diferenciación: “Tenemos dos puntos de vista diferentes, tenemos una divergencia sobre tal o cual aspecto. No tenemos la misma vivencia del hecho.”

Es sobre la aceptación de estas diferencias que nace el respeto al otro y a uno mismo. Ser reconocido, reconocerse en su diferenciación, es salir de la búsqueda de aprobación, de la dependencia, hacia una mejor afirmación de sí.

Cuando se ha sido herido, se puede aliviar el malestar, el sufrimiento o el resentimiento que se instala, por un acto simbólico.

Por ejemplo, escribir sin censura y aún de manera ultrajante, expresando la cólera, la desesperación, las acusaciones. Escribir para sí mismo y romper después la carta cuando la tormenta se haya apaciguado. Simbolizar la situación representándola con objetos. Otorgarse una gratificación inmediata, un baño tibio (el agua absorbe lo negativo) como un apósito para la herida. Dibujar o pintar el estado de ánimo interior.

Cualquiera de estos actos introduce una ligera distancia entre el hecho y nosotros, lo que nos permite no identificarnos totalmente con el sentimiento de cólera, de rechazo, de pesar, o de sentirnos malvados o nulos.

Localizar cuál parte de mí es la que ha sido herida, qué imagen de mí fue estropeada. Localizar el resentimiento. Por ejemplo, las burlas o críticas sobre mi físico me recuerdan las burlas de mi padre cuando yo me ruborizaba.

Teniendo otra visión sobre mí, sobre el otro, sobre la situación, efectuando un re-enfoque, se puede reversar la polarización de los sentimientos.

Viendo el aspecto positivo de un evento, se modifica su influencia y esto permite afirmarse diferentemente, sobreponerse al sentimiento de fracaso, provocar una comunicación más auténtica a partir de un enfrentamiento.

Psicoanálisis del Amor

Ignace Lepp
Ediciones Carlos Lohlé.

Es imposible hablar seriamente de los problemas relativos al amor y a la sexualidad, sin referirse a la suma de experiencias y de reflexiones acumuladas por los especialistas de la psicología profunda. Descubrimos así en este libro hasta qué punto el amor desempeña un papel fundamental en la existencia de los seres que menos lo sospechan. Vemos cómo el impulso amoroso se halla sujeto a desviaciones, a “perversiones” diversas y cómo puede sublimarse hasta las cimas de la amistad y de la comunion mística.

En esta obra no se hallarán especulaciones abstractas, ni polémicas, sino un examen sagaz de los muchos obstáculos que impiden a los hombres y mujeres de nuestro tiempo alcanzar el amor auténtico y equilibrado. Se estudian aquí todas las formas del amor, todas las variedades de temperamentos afectivos. Constituye, por consiguiente, un libro sumamente útil para los padres y los educadores, además de ser interesante y provechoso para cualquier persona culta.

La personalidad neurótica de nuestro tiempo

Karen Horney
Paidós.

Este libro ofrece al lector un panorama de las actuales perturbaciones en la vida social y privada. La idea central es que, ante circunstancias adversas, los individuos reaccionan desarrollando determinadas actitudes o estrategias defensivas que les permiten hacer frente al medio y obtener una cierta gratificación. Específicamente, los individuos utilizan tales estrategias para enfrentarse a – o minimizar- los sentimientos de angustia y para conseguir relacionarse con otros. Cuando las citadas estrategias son exageradas o inapropiadas. se denominan “tendencias neuróticas”. La autora sostiene que tales tendencias no son por naturaleza instintivas, sino que dependen en gran medida de la situación en que vive una persona.

El dilema de la incapacidad neurótica de querer y de la angustiosa necesidad de ser querido, asì como el papel del amor como alivio o ilusión, son estudiados en este libro con detenimiento, penetración y claridad.

Gimnasia Cerebral en Acción

Gimnasia Cerebral en Acción

Marilyn vos Savant.-
Editorial Edaf

Este no es un libro más de ayuda sino una obra revolucionaria por su estructura expositiva, su sencila concepción pedagógica y su imaginativa
presentación. Un libro destinado a durar, que se utilizará tanto en casa como en las aulas.

Todos hemos ido perdiendo a lo largo de la vida los conocimientos adquiridos en nuestra época de formación afirma la autora pero esto
no significa que sea imposible recuperarlos.Este libro es un curso privado en el que ella le ofrece su experiencia para que usted la incorpore
a su proceso personal de aprendizaje cotidiano. Nos enseña a plantearnos los problemas de la vida diaria desde una perspectiva mental más amplia,
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Se trata de un manual de información y de aprendizaje que utiliza una metodología que ha sido probada con gran éxito. A lo largo de esta
obra, la autora ofrece muchos ejercicios inteligentes, estructurados en capítulos, según un programa que combina 16 campos de la inteligencia
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Marilyn vos Savant ha conquistado un lugar en el libro Guiness de los records por poseer el coeficiente intelectectual mas alto del mundo
(C. I. 228). Es autora de numerosos best-sellers, entre ellos éste. Está casada con el famoso cardiólogo Robert Jarrik

El Trastorno Depresivo

El Trastorno Depresivo

Introducción

Las emociones de tristeza y pena constituyen una fuente intrínseca de la condición humana. El trastorno depresivo parece ser una de las primeras enfermedades mentales que fueron descritas en la historia de la humanidad. Hipócrates en el siglo IV A. C. describe los síntomas de la melancolía, siendo su agente causal la llamada bilis negra que altera el humor. La razón puede ser que la alteración del ánimo, la tristeza o la exaltación eufórica son experiencias más fáciles de comprender y que nos acercan más al dolor humano.
En todos los siglos aparecen tanto filósofos como médicos, – y a partir del siglo IX – psicólogos y psiquiatras, que han tratado de entender porqué el hombre se deprime.

La depresión es hoy día uno de los trastornos más diagnosticados en el mundo actual. En todos los países industrializados la incidencia de la depresión ha ido aumentando cada decenio a lo largo del último siglo. Según las últimas estadísticas mundiales, ella puede afectar al 25% de las personas en algún momento de su historia vital y representa el l0% de las consultas de medicina ambulatoria y el 50% de las consultas al psicólogo.

La depresión patológica – esta abrumadora y con frecuencia imprevista desesperación – se distingue de la pesadumbre por su intensidad, duración y evidente irracionalidad, y por sus efectos en la vida de aquel que la sufre, que perjudican el desempeño normal de la persona en todos los ámbitos.

El porqué algunos individuos llegan a ser depresivos y cual es el tratamiento que debe utilizarse para dejar de serlo, son las preguntas que se han tratado de responder a lo largo de la historia, desde un enfoque medico-psiquiátrico y sus estudios bioquímicos, hasta las más diversas teorías psicológicas que tratan de explicar la depresión como una respuesta a conflictos intrapsíquicos, causados por ciertos eventos o alteraciones que cada uno va a describir para poder explicar las causas de la depresión.

Sintomatología de la Depresión

La depresión es un trastorno del ánimo que afecta a toda la persona: mente y cuerpo, su salud física, los sentimientos y la relación con los demás. El ánimo está constituído por el afecto, el impulso o las ganas para hacer algo determinado o la falta o pérdida del ánimo, que es la depresión.

Los principales trastornos del ánimo son:

* Depresión mayor.- La persona presenta en forma permanente un estado de ánimo caracterizado por una tristeza severa.

* Trastorno bipolar o enfermedad maniático-depresiva.- El paciente pasa por períodos de manía y por períodos de depresión.

* Distimia.- Estado de depresión menos marcado que la depresión mayor, y que se ha extendido en el tiempo por un período de más de dos años.

* Similar al trastorno bipolar, pero de menor intensidad.

Existe coincidencia en que los signos y síntomas de la depresión y también en que el grado en que éstos
se presentan, más las combinaciones de los mismos, son variables que van a repercutir en la gravedad del trastorno.

Cada teoría en particular se centra en algunos aspectos que se consideran de vital importancia en la explicación de las causas de la depresión y su posterior tratamiento. Los enfoques médicos se localizan en los cambios bioquímicos y en la utilización de ciertos fármacos para su tratamiento. En cambio, en los enfoques psicológicos, las causas de la depresión se asocian más bien a conflictos intrapsíquicos. Cada teoría acentuará distintas áreas donde se considera que está la causa de la depresión, y desde allí su posible tratamiento sería la psicoterapia.

Pero todos los enfoques coinciden en los signos y síntomas que aparecen en la depresión, focalizados principalmente en cuatro áreas: afectiva, cognitiva, conductual y neurovegetativa, los cuales son:

a) Alteraciones en el estado de ánimo: hay tristeza, insatisfacción, abatimiento, llanto.
b) Cambios en el pensamiento: pesimismo, ideas de culpabilidad, auto acusación, pérdida de interés y motivación, disminución de la eficacia y de la concentració.;
c) Cambios en la conducta y en el aspecto: negligencia en el aspecto personal, retardo psicomotor, agitación.
d) Síntomas somáticos: pérdida de apetito, de peso, estreñimiento, sueño poco profundo, dolores, alteraciones de la menstruación, pérdida de la líbido.
e) Rasgos de ansiedad: aunque sea la tristeza la perturbación central del estado de ánimo, muchos pacientes depresivos ofrecen también rasgos de ansiedad. Pueden quejarse, además, de indecisión y de temores vagos e inespecíficos, y presentar el temblor y los accesos de sudoración inherentes a los estados de ansiedad.
f) Conducta suicida: el suicidio se ha convertido en una causa de muerte que ha ido creciendo en importancia en todo el mundo. Aunque muchos son los factores que contribuyen al desarrollo de
pensamientos o intentos suicidas, es evidente que la depresión desempeña una función central en este problema. Las ideas de culpabilidad y desesperación presentes en el depresivo pueden conducirlo a creer
que merece la muerte como castigo, o a ver un futuro tan negro que sea mejor morir que vivir en el estado actual.

Para diagnosticar un cuadro depresivo los síntomas deben presentarse por lo menos durante dos semanas. Cuando la intensidad de éstos es muy notoria, no es necesario esperar las dos semanas para su
diagnóstico.

Criterios de diagnóstico para el episodio depresivo

Al menos dos de los síntomas más típicos deben estar presentes:
a) ánimo depresivo
b) pérdida del interés y de la capacidad de disfrutar
c) aumento de la fatigabilidad.

Deben agregarse por lo menos dos de los siguientes síntomas:
d) disminución de la atención y concentración
e) pérdida de la confianza en sí mismo y sentimiento de inferioridad
f) ideas de culpa y de inutilidad
g) una perspectiva sombría del futuro
h) pensamientos y actos suicidas o de autoagresión
i) trastorno del sueño
j) pérdida del apetito.

Criterios de diagnósticos para determinar el trastorno depresivo

l.- Trastorno depresivo mayor, de carácter único:
a) presencia de un único episodio depresivo mayor;
b) éste no se explica mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no está superpuesto a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no
especificado;
c) nunca se ha producido antes un episodio maníatico, uno mixto o uno hipomaníaco.

2.- Trastorno depresivo mayor, recidivante:
a) presencia de dos o más episodios depresivos mayores. Para ser considerados como separados debe haber un intervalo de al menos dos meses seguidos en los que no se cumplan los criterios de un episodio
depresivo mayor;
b) los episodios depresivos mayores no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una esquizofrenia, un trastorno esquizoforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado;
c) nunca se ha producido antes un episodio maníatico, un episodio mixto o un episodio hipomaníatico.

3.- Trastorno distímico:
a) estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día en la mayoría de los días, manifestado por el sujeto u observado por los demás, durante al menos dos años. En los niños y adolescentes se puede manifestar como ánimo irritable y la duración debe ser de al menos un año;
b) presencia de dos o más de los siguientes síntomas: pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para concentrarse o tomar decisiones,
sentimientos de desesperanza;
c) no ha habido ningún episodio depresivo mayor durante los primeros dos años de la alteración;
d) nunca ha habido un episodio maníatico, un episodio mixto o un episodio hipomaníatico y nunca se han cumplido los criterios para el trastorno ciclotímico;
e) la alteración no aparece exclusivamente en el trascurso de un trastorno psicótico crónico, como son la esquizofrenia o el trastorno delirante;
f) los síntomas no son debidos a efectos fisiológicos directos de una sustancia o a una enfermedad física;
g) los síntomas causan un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo.

4.- Trastorno depresivo no especificado:
Este incluye los trastornos con síntomas depresivos que no cumplen con los criterios de: Trastorno depresivo mayor, Trastorno distímico, Trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo o Trastorno adaptativo con estado de ánimo mixto ansioso y depresivo. Algunas veces los síntomas depresivos se
presentan como parte de los trastornos de ansiedad no especificados.

Podemos citar los siguientes:
a) trastorno disfórico premenstrual;
b) trastorno depresivo menor: episodios de al menos dos semanas de síntomas depresivos, pero con menos de los cinco items exigidos para el trastorno depresivo mayor;
c) trastorno depresivo breve recidivante;
d) trastorno depresivo post psicótico en la esquizofrenia;
e) un trastorno depresivo mayor superpuesto a un trastorno psicótico no especificado o a la fase activa de la esquizofrenia;
f) casos en los que se ha llegado a la conclusión de que hay un trastorno depresivo, pero no es posible determinar si es primario debido a enfermedad física, o inducido por alguna sustancia.

Se debe catalogar cada trastorno depresivo con una codificación del estado del episodio actual o más reciente, como leve, moderado, con o sin síntomas psicóticos, en remisión total o parcial y/o no especificado.

Enfoques médico-psiquiátricos

El tema de la depresión ha sido objeto de investigación , tanto en sus causas como en sus posibles tratamientos. Uno de los tratamientos que se utilizaron en los años treinta del siglo pasado para las depresiones graves fue el electroshock. Esta técnica produjo mucha controversia , ya que asocia las alteraciones de la vida psicológica del paciente a una descompensación o alteración en los neurotrasmisores. Por lo tanto, en la vida afectiva del paciente el electroshock produciría una concentración masiva de neurotrasmisores dando como resultado una rápida mejoría de los síntomas. Actualmente, su utilidad se admite sólo para casos de sintomatología muy grave, como es la depresión mayor, unipolar con psicosis y melancolía estuporosa, la que requiere de un manejo rápido ya que está en peligro la vida del paciente.

En los años cincuenta, comienza una revolución farmacológica con el empleo de los antidepresivos y los antipsicóticos. La aparición de estos fármacos va unida a las investigaciones que intentan conocer la
causa de la alteración anímica, es decir, su etiología en alteraciones bioquímicas. La práctica médica se ha enfocado en el estudio de los cambios biológicos del sistema nervioso central o del sistema autónomo y de las glándulas endocrinas, utilizando para su tratamiento el uso de fármacos. Estos constantemente se están haciendo más específicos y dirigidos a aminorar y controlar ciertos síntomas, dependiendo del trastorno que se está tratando. En el caso de la depresión se busca corregir la disminución del ánimo, los rasgos ansiosos y la gravedad que pueda presentar la ideación suicida.

En la actualidad se sabe que los mensajeros o neurotrasmisores involucrados en la depresión pueden ser manipulados por los antidepresivos y alterados hacia una situación no depresiva. Entre estos neurotrasmisores los que más se relacionan con el manejo y la comprensión de la depresión son la serotonina, la noradrenalina y la dopamina.

Si la psicopatología en su origen debe considerarse primariamente psicológica o biológica y si los síntomas primarios se dan en el terreno del estado de ánimo, de la conducta o del conocimiento, lo cierto es que produce cierta actividad y cambio en los síntomas biológicos.

Las causas de la depresión parecen ser múltiples. De hecho, la mayoría de los tratamientos trabajan en dos niveles: farmacológico y psicoterapéutico. Existe una multicausalidad, es decir, que podemos encontrarnos con una cierta predisposición biológica, ya sea por la herencia o por alteraciones hormonales y bioquímicas, o con un estilo de personalidad predepresiva o melancólica, debida a factores de crianza o situaciones estresantes vitales en la infancia, las que se pueden desencadenar en situaciones ambientales que aporten conflictos específicos.

Teorías psicológicas

Ha habido un constante interés en la determinación de la o las causas del sufrimiento psicológico en los seres humanos, a través de diferentes teorías.

Dentro de las teorías cognitivas, podemos citar a Seligman, quien a través de sus investigaciones en animales en relación a la indefensión o desesperanza aprendida, se interesa en la depresión, descubriendo similitudes entre los síntomas de ambos; a Beck, quien logra establecer que la visión negativa de sí misma, del mundo y de su futuro que la persona depresiva tiene, son reflejos de su forma de pensar o de estructurar la realidad. Según Beck, los esquemas juegan un papel preponderante, guiando nuestros pensamientos, conducta y sentimientos de acuerdo a la interpretación que hacemos de los eventos ambientales a los que nos enfrentamos.

Seligman no trata de explicar todo el espectro de las depresiones, sino principalmente aquelllas en las que el individuo es lento para iniciar respuestas, se considera a sí mismo sin esperanzas y ve negro su futuro. Se enfrenta además con una disminución en las respuestas agresivas, con pérdida de apetito y cambios fisiológicos, todo lo cual como una reacción a la pérdida del control sobre la gratificación y la posibilidad de aliviar el sufrimiento que enfrenta.

Estos resultados muestran empíricamente que tanto la depresión, tal y como se da en la vida real, como la desesperanza inducida por acontecimientos incontrolables, resultan de una disposición cognitiva negativa, consistente en la creencia de que el éxito y el fracaso son independientes de los propios esfuerzos. La persona cree que toda acción es inútil, que sus actos no tienen ningún sentido. Lo que nos protegería de la depresión , según Seligman, es la percepción de que son las acciones de uno mismo las que controlan la experiencia.

Seligman considera que el suponer a la depresión como un trastorno cognitivo o emocional será insostenible con el tiempo, pues es innegable la perfecta interdependencia de sentimientos y pensamientos. No nos sentimos deprimidos sin tener pensamientos depresivos, ni se tienen pensamientos depresivos sin sentirse deprimido.

Desde esta perspectiva, la meta central de una terapia con éxito debería ser lograr que el paciente llegue a creer que sus respuestas producen la gratificación que desea; que es, en pocas palabras, un ser humano eficaz.

Seligman, Bowlby y otros teóricos le dan una importancia central al desarrollo infantil, especialmente en referencia hacia el porqué algunas personas hacen trastornos depresivos y otras no, o porqué algunas pueden salir relativamente rápido de un evento estresor y otras no. Deducen que probablemente las personas que salen relativamente bien de una depresión son aquellas que a lo largo de su vida han tenido una amplia experiencia de control sobre las personas que los rodeaban y sobre los eventos de su vida en general. Estas situaciones los hacen ver el futuro con optimismo y con una capacidad de control sobre experiencias difíciles. Por el contrario, las personas con muy poco dominio sobre su ambiente, con una vida llena de situaciones en las que se vieron impotentes para influir sobre sus fuentes de alivio y sufrimiento, tienden a tener una predisposición al pesimismo y a caer, por lo tanto, en estados depresivos.

Las investigaciones desarrolladas en relación a la depresión coinciden en general en que el trastorno del pensamiento que manifiestan los pacientes depresivos es una consecuencia de una alteración básica del estado de ánimo. Sin embargo, Beck ha sugerido que existe una alteración previa en el pensar que causa precisamente el desarrollo de la alteración del estado de ánimo. Mendels señala: Las respuestas afectivas se determinan por la forma en que un individuo estructura sus experiencias. De manera que, si la conceptualización de una situación por un individuo posee un contenido desagradable, dicho individuo experimentará una respuesta afectiva desagradable consecuente con aquella. Según Beck, cada persona tiene un esquema, una norma o un marco del pensar, con el que enfoca y experimenta la vida. La naturaleza y las características específicas de este esquema determinan las respuestas propias del individuo. Para este autor, las personas que desarrollan una depresión tienen esquemas relacionados con la minusvalía de ellos mismos, y aquellos que despliegan estados de ansiedad parten de esquemas en los que, entre otros factores, entra como componente la anticipación del daño personal.

Entre las formas de pensar que Beck considera como características de los pacientes depresivos pueden enumerarse la subestimación de sí mismo, las ideas de pérdida, la autocrítica, la autoinculpación, los frecuentes autopreceptos y mandatos y los deseos de huída y suicidio. Subyacente a todas ellas se encuentra una distorsión de la realidad y un prejuicio sistemático de los pacientes contra sí mismos.

Beck describió los principales procesos del pensamiento que influyen en el desarrollo del estado cognoscitivo de los depresivos, tales como la deducción arbitraria, la abstracción parcial, la generalización excesiva, la magnificación y la minimización, junto con la clasificación inexacta.

Dentro de las teorías psicodinámicas, el Psicoanálisis y varios de sus exponentes han teorizado sobre las causas de la depresión, algunos han seguido la línea de Freud, como Klein; en cambio otros han derivado en otras teorías pero con base en la teoría psicoanalítica, como Bowlby.

Freud pensaba que la depresión se debía a que los sentimientos inconscientes de hostilidad hacia la pérdida de una persona, ya fuera real o simbólica, se dirigían hacia sí mismo. Este pensamiento lo expone fundamentalmente en su trabajo Duelo y Melancolía. En él explica que la gran diferencia entre pesadumbre y depresión consiste en que en esta última hay una acentuada pérdida de autoestima. En el duelo esta pérdida es consciente, mientras que en la depresión la verdadera pérdida es inconsciente.

La ausencia de amor y de apoyo de una figura significativa (por lo general, uno de los padres) durante un estadio crucial del desarrollo predispone a un individuo a la depresión en épocas posteriores de la vida. Según Mendels, es esta pérdida lo que origina la depresión, aunque pueda ser simbólica y no reconocida como tal. Consideraba que el reproche y la pérdida de estimación propia que se desarrollan en la depresión están dirigidas a la persona introyectada.

Por otro lado, Klein propone una base psicodinámica distinta para explicar el desarrollo de la depresión. Para ella, la base de la depresión se forma durante el primer año de vida y piensa, igual que Freud, que las primeras figuras significativas son de una vital importancia para el ser humano. Afirma, además, que todos los niños atraviesan un estadio evolutivo, al que dio el nombre de actitud depresiva, que se caracteriza como fase de tristeza, temor y culpa. El niño al sentirse frustrado por la carencia de amor (es imposible, en esa época, satisfacer todas sus exigencias) se irrita contra la madre y desarrolla fantasías de tipo sádico y destructivo respecto a ella. El llega a temer que estas fantasías destruirán realmente a su madre y despliega entonces sentimientos de ansiedad y de culpa. Como todavía es incapaz de distinguir el mundo externo (su madre) del interno (él mismo y sus imágenes internas de la madre) el temor de llegar a destruirla se transforma, en parte, en temor de destruirse a sí mismo. Esta fase es la que Klein denominó actitud depresiva.

Por lo general, se daría que el niño comprueba que la madre a la cual odia (objeto malo) y a la que ama (objeto bueno) son de hecho una, un objeto total, y esto conduciría a una solución satisfactoria de la actitud depresiva. Sin embargo, si no se produce esta reunión de los dos sujetos en uno solo (una falla en la institución del objeto bueno interno) porque los sentimientos de agresión y de odio resultan más fuertes
que los de amor, se ha sentado ya una base patológica para el desarrollo de las depresiones en la vida adulta.

Los estudios de Freud en relación a la vida emocional de los niños lo hizo generar la hipótesis de que en los primeros años de vida es una regla que seamos impulsados, tanto hacia nuestos padres como hacia nuestros hermanos, por sentimientos de ira y de odio, y también de apego y amor. Hoy sabemos que el miedo y el sentimiento de culpa procedentes de este tipo de conflictos son los que subyacen en muchas enfermedades psíquicas. Consisten en la incapacidad para enfrentarse con dicho miedo y dicho sentimento de culpa, situación que fundamenta muchos trastornos caracterológicos, incluyendo la delincuencia crónica.

Según Mendels, la regulación de la ambivalencia es de esencial importancia para el desarrollo de la personalidad. El poder enfrentarse a los propios impulsos contradictorios, poder dirigirlos y controlarlos correctamente es vital, ya que sabemos que el conflicto en sí no constituye algo patológico, por el contrario, es el estado normal en la vida de los seres humanos.

Conclusiones

Las vivencias de mayor riesgo para el equilibrio emocional corresponden a los problemas familiares, de pareja, de independencia, y aquellos que amenazan la imagen de la persona. Guidano postula que estos problemas activan en los pacientes sentimientos de vacío y congoja al no poder mantener una relación significativa y recíproca, logrando una aceptable sentido de sí mismo, o bien, procurando mantener constantemente una confirmación de los demás hacia su competencia.

Las posibilidades de hacer un cuadro depresivo aumentan cuando se dan una o varias de las siguientes condiciones:

a) Estos problemas no son enfrentados en su debido tiempo.
b) El sujeto tiende a no pedir ayuda a personas significativas, ya sea para ser acogido y escuchado, como también ayudado a resolver el problema, tanto en el área afectiva, instrumental o de apoyo social.
c) Existe una tendencia a evitar pensar en el problema.

Existen investigaciones que nos indican que los sujetos que no buscan compartir sus emociones con otros tienen más pensamientos intrusivos, con una menor recuperación afectiva y con más problemas de salud. Por otra parte, las personas que frecuentemente utilizan estilos evitativos para enfrentar problemas muestran una mayor cantidad de síntomas depresivos que los que no los utilizan.

La utilización de evitación cognitiva es útil sólo a corto plazo. A largo plazo, se debería propender a la reevaluación de las situaciones, la elaboración de un hecho y la búsqueda de soluciones, si no definitivas por lo menos parciales. Esto coincide con los postulados de Guidano, que explica que, a menor capacidad de una persona para generar nuevas soluciones, con menor flexibilidad y capacidad de abstracción psicológica, habrá un mayor riesgo de psicopatología.

En el ámbito terapéutico, convendría enfatizar la capacidad adaptativa individual en su forma particular y única para enfrentar un problema. El poder cambiar la representación subjetiva de los elementos inherentes a una situación amenazante, los que constituyen un factor de potencial importancia en la relación salud – enfermedad. Debería promoverse la toma de consciencia de que hay tendencias a no acercarse a los demás para compartir las vivencias que los complican y que no se pide ayuda concreta para solucionar estos problemas. Es conveniente ahondar en las emociones, no bastando sólo con reconocerlas sino también poder expresarlas correctamente y encontrarles un sentido. Es interesante poder comprender nuestros esquemas emocionales y el porqué, a partir de ellos, le damos un significado especial a los acontecimientos de nuestra vida y el cómo, en cierta forma, nos tienden a determinar la manera en que enfrentamos las distintas situaciones.

Angela Valladares M.

Psicóloga Clínica Universidad Santo Tomás
Psicoterapia Adultos – Neurosis depresivas – Crisis Existenciales
Consultas: 09-3495594

Más Información:
Beck, A. T.- Depression: Clinical, Experimental and Theorical Aspects.- Harper and Row.
Freud, S.- Mourning and Melancholia.- Collected Papers.- Hogarth Press
Guidano, V. F.- El Sí Mismo en Proceso.- Paidós
Klein, M.- Amor, Culpa y Reparación.- Paidós
Mendels, J. S.- La Depresión.-Herder
Seligman, M.- Indefensión en la Depresión, el Desarrollo y la Muerte.-Debate