Teoría Hemisferica o de los estilos cognocitivos

Teoría Hemisferica o de los estilos cognocitivos

La diferencia entre racional y emotivo ha sido la característica del el hombre desde los inicios de nuestra era. Basta citar la polaridad sostenida por la estética clásica griega que nombraba como apolíneo a todo aquello que dignificaba la virtud y la verdad, valores de la razón humana y dionisíaco a todo aquello donde la emotividad aparecía acentuada y daba paso directo a la pasión desequilibrada. Esta polaridad de contrarios en constante conflicto, conocida por el hombre desde la antigüedad, hoy posee fundamento desde las investigaciones realizadas en enfermos con serios daños cerebrales.

El desarrollo de la neurocirugía ha abierto otros caminos, permitiendo elaborar nuevos métodos y técnicas. Para poder determinar los límites de una lesión, los cirujanos estimulan a veces el cerebro aplicándole un ligero electroshock durante la operación. Como la mayor parte de las operaciones del cerebro se realizan bajo anestesia local, el médico – que necesita conocer el estado del paciente durante las diversas fases de la operación – puede hablarle y saber lo que siente con dicho estímulo.

En el caso de los enfermos de epilepsia, se desea impedir a toda costa que la enfermedad se propague de un hemisferio a otro. Se usa entonces la comisurotomía o split brain, en que se seccionan todas las fibras nerviosas que unen los dos hemisferios, las que están situadas en el cuerpo calloso. Con ésto, ambos hemisferios quedan funcionando en forma independiente. Al no estar unidos, el paciente tiende a reaccionar con sólo uno de ellos, caracterizando toda la gama de posibilidades con que cada hemisferio habilita la acción del hombre.

Después de efectuada la operación de corte del haz de fibras nerviosas que une los dos hemisferios, la capacidad lingüística del paciente queda prácticamente perturbada, aunque se mantiene la autoconsciencia general del sujeto. Esto va acompañado de la inconsciencia de cuanto acontece en el hemisferio derecho.

Se ha formulado la teoría de que en las personas normales los contenidos del hemisferio derecho sólo alcanzan la consciencia luego de ser transmitidos al hemisferio izquierdo. Pero el tráfico no es unidireccional. Los 200 millones de neuronas que cruzan de un lado a otro llevan una impresionante cantidad de información en ambos sentidos.

Existe la tendencia de abandonar el concepto de hemisferio dominante. Bogen y Sperry postulan la existencia de otra mente en el hemisferio derecho que no puede comunicarse con nosotros a través del lenguaje.

De todas estas investigaciones surgió el concepto de estilo cognitivo, determinando dos estilos de conocer uno para cada hemisferio cerebral, los que son opuestos. Es decir, el hombre posee una polaridad como estructura para lograr un conocimiento. La caracterización de cada estilo, lograda a partir de estas investigaciones, es la siguiente:

A.- Hemisferio izquierdo

Se relaciona con el pensamiento lógico, racional y su forma de actuar es:

1. – Secuencial.- Su pensar se desarrolla en forma ordenada y lineal. Realiza los análisis en forma puntual, unidad por unidad.

2.- Analítico.- Descompone la realidad observando cada parte y revisando sus elementos más pequeños.

3.- Lógico.- Construye el conocimiento a partir de premisas que, a través de una serie de pasos lógicos y ordenados, logra concretar en conclusiones.

4.- Racional.- Sus conclusiones las realiza sobre la base de hechos y razones.

5.- Abstracto.- Separa selectivamente una parte, o subsistema y hace que éste represente la realidad.

6.- Conceptual.- El proceso de pensamiento gIra en torno a conceptos e ideas.

7.- Digital.- Usa un lenguaje lineal y preciso en relación a las connotaciones exactas de las cosas.

8.- Objetivo.- Es un pensamiento que está directamente ligado al objeto analizado y referido a la realidad externa.

9.- Reflexivo.- Dualiza la situación, considerando antes de actuar las experiencias pasadas y sus posibilidades futuras.

10.- Proposicional.- Se fija metas y tiende a ser consecuente con ellas, estableciendo medios claros y definidos para lograrlas.

11.- Convergente.- Llega a una solución o alternativa y produce un solo significado.

B.- Hemisferio derecho.

Se relaciona con el pensamiento perceptual y alógico. No es ilógico, el prefijo a significa una lógica propia y coherente, fuera de la lógica abstracta convencional. Su forma de actuar es la siguiente:

1.- Simultáneo y múltiple.- Recepciona conjuntamente toda la variedad de estímulos externos e internos, siendo asociativo.

2.- Holístico.- Integra la realidad en un conjunto organizado centrándose en el todo percibido. Es capaz de construir la totalidad a partir de un detalle de ésta.

3.- Intuitivo.- Aprehende la realidad sobre la base de corazonadas, sentimientos, datos incompletos, etc.

4.- Concreto.- Relaciona los objetos o sistemas totales, tal como se presentan en el aquí y en el ahora.

5.- No racional.- Llega a conclusiones sin pasos lógicos intermedios y sin un sustento de hechos
y razones.

6.- Perceptual.- Utiliza preferentemente experiencias, impresiones sensoriales e imágenes.

7.- Analógico.- Utiliza un lenguaje simbólico, metafórico.

8.- Subjetivo.- Su pensamiento está ligado al sujeto, a la forma en que vivencia Ia situación y a sí mismo.

9.- Espontáneo.- Relaciona en forma inmediata distintas situaciones pasadas con la actual.

Cada una de estas características aquí enumeradas conforma, en su unidad hemisférica, un modo de conocimiento y un estilo de actuación que permite al hombre tener a su disposición una variedad infinita de posibilidades de relación con su medio, a partir de la forma en que se relacionan cada uno de estos elementos. En este sentido, el actuar humano es el punto de confluencia de la polaridad planteada como estructura. Esta acción se encontrará acentuada, dependiendo de las circunstancias, por el estilo cognitivo que mejor se adapte a la situación que se está viviendo.

Cada estilo, además de ser un medio por el que se puede conocer, posee la cualidad de lograr una comunicación efectiva en niveles distintos, dependiendo, nuevamente, de la circunstancia en que el vínculo se produce. Esta tipificación general se conforma a través del desarrollo psicológico del individuo.

Hace algunos años han comenzado a estudiarse métodos que permitan aumentar el nivel de integración entre ambos hemisferios. Entre las reglas utilizadas, la meditación y la repetición monótona parecieron ser las más adecuadas. Aumentaron la coherencia y la armonía de las ondas registradas por el electroencefalograma, pareciendo haber un mayor sincronismo entre ambas partes de la corteza.

Sintetizando lo dicho: la ciencia, como máximo exponente del pensamiento racional y analítico, es una creación extraordinaria de nuestro hemisferio izquierdo. Debido a su dominio del lenguaje, este hemisferio está unido al yo autoconsciente. En cambio, la creación artística y el pensamiento holístico son la obra cumbre del hemisferio derecho, especializado en la conceptualización no verbal y ligado a la consciencia transpersonal.

La persona verdaderamente creativa es aquella en la que se establece un equilibrio dinámico entre las capacidades representadas por ambos hemisferios.

Pablo Ulloa V.

Profesor de Educación Musical.

El Hombre y sus Necesidades Fundamentales

El Hombre y sus Necesidades Fundamentales

La necesidad fundamental del ser humano es vivir siendo él mismo, realizándose. Esta necesidad fundamental y global se expresa en múltiples necesidades que no siempre son conscientes. Algunas se imponen con fuerza, otras menos. Los avances de la civilización y los anhelos de progreso personal facilitan la aparición de estas necesidades en la consciencia. Las podemos agrupar en cuatro aspectos fundamentales del hombre:

a) Su ser corporal
b) Su inteligencia
c) Su ser social
d) Su sentido de trascendencia

Como ser corporal, el hombre necesita un mínimo de bienestar, con ingresos que le permitan vivir decentemente y en condiciones de vida y de trabajo que no sean perjudiciales para su salud. Esto junto a un adecuado reposo y distracción que evite las tensiones exageradas.

Como ser inteligente, necesita desarrollar su capacidad de comprender y de expresarse y siente la necesidad de actuar bajo su propia responsabilidad en armonía con su capacidad. Tener libertad para actuar, tomar iniciativas y el ejercer su creatividad. Poder participar en la vida de los grupos en los que está insertado y ser tomado en cuenta en las decisiones que le conciernan.

Como ser social, tiene necesidad de los demás para llegar a ser él mismo y realizarse. Necesita ser reconocido, aceptado, estimado, amado. Sin ese ambiente de calor humano vegeta o se marchita. Necesita una cantidad adecuada de relaciones. Si son demasiado pocas, su personalidad no se desarrolla o retrocede; si hay un exceso, la personalidad se satura y se asfixia. También influye la calidad de las relaciones, si son superficiales y vacías no proporcionan estímulo para crecer. El ser humano tiene necesidad de dialogar en profundidad para desarrollarse en plenitud, Existe la necesidad de asociarse con otros para realizar algo más grande y mejor, y también la necesidad de justicia, paz y armonía social.

En relación al sentido de trascendencia, la necesidad fundamental de vivir, de ser uno mismo y de realizarse se concibe como ligada a una exigencia interior que transciende al ser humano y que podría conducirlo, paradójicamente, a sacrificar su vida corporal y otras de sus necesidades, para serle fiel. El hombre está ligado a un Absoluto interior que se denomina de distinta manera según las referencias ideológicas o religiosas en las que se viva. Este Absoluto le hace sentir la necesidad de dar un sentido a su vida, adhiriéndose a algo que transcienda al individuo; a vivir en fidelidad a ese ideal, y a la necesidad de profesar libremente sus creencias, cualesquiera que sean, o de servir al ideal que ha elegido libremente.

Cuando estas necesidades fundamentales no están satisfechas, el hombre se siente frustrado. Experimentando la aspiración de su ser de transformarse en aquello de lo que se siente capaz, puede reaccionar agresivamente contra aquel o aquellos que en alguna forma lo coartan. Esta agresividad puede dirigirse a personas u objetos. Algunos pueden capitular, encerrándose en la pasividad o la evasión. Cuando las necesidades fundamentales del hombre están satisfechas, puede realizarse un desarrollo normal.

Pero, además de satisfacer sus necesidades, el hombre necesita que le reconozcan sus derechos; éstos se desprenden, lógicamente, de las necesidades ya descritas. Honrar estos derechos del hombre es facilitar su progreso. Los demás hombres tienen las mismas necesidades que nosotros tenemos. De ahí se deriva nuestro deber de responder a estas necesidades de los demás de acuerdo a nuestras posibilidades.

El ejercicio de estos derechos, reconocidos explícitamente o no por las leyes, tiene sus límites. Es normal, ciertamente, que se les ejerza, que se les reivindique o que se les promueva, aun provocando tensiones sociales. Sin embargo, estas tensiones deben ser tolerables para el cuerpo social dentro del cual se vive, Traspasar el punto límite de tolerancia provocaría un efecto nocivo para el que lo ejecuta, es decir, para el que ha creado esta tensión. Este punto de tolerancia varía según los grupos y, dentro de un mismo grupo, según el grado de madurez.

En efecto, una de las necesidades del hombre que se puede considerar fundamental en cuanto ser social, es la necesidad de aceptación mutua, de paz y de armonía. Si se frustrara a sí mismo en una de sus necesidades más vitales, no tardaría en soportar las consecuencias. Sin hablar del perjuicio que podría causar eventualmente a los demás, quienes, a su vez, también tienen derechos.

Esto significa que el hombre debe aprender a vivir armónicamente el conjunto de sus necesidades para no destruir con una mano lo que quiere construir con la otra.

André Rochais

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Apuntes Curso PRH.
86 Poitiers
France.

El Miedo

El Miedo

El miedo, como contrapunto de la felicidad, bloquea la plenitud de la existencia del ser humano. Su raíz se da en la lucha constante entre la luz y las tinieblas en la vida personal de cada uno. El miedo y la angustia son connaturales a la existencia humana y causa de un proceso de inseguridad, que lleva a la timidez, al temor y un conjunto de complejos que limitan al hombre quitándole el sentido de la vida y del futuro,

En la sociedad actual, la crisis de valores trascendentes ha llevado al hombre a reemplazarlos por valores contingentes, poniendo su confianza en la ciencia y la tecnología. Esto ha tenido como consecuencia un verdadero paroxismo por conseguir un mejor status social, seguridad económica, reconocimiento, estimación, poder, etc., produciendo una crisis íntima en el hombre que ha perdido su centro en Dios, reemplazándolo por ídolos que no lo satisfacen sino que lo conducen a una gran desdicha humana.

Sin embargo, el miedo tiene una función: nos señala la dirección del crecimiento. Nos hace ver las fronteras, el territorio no conquistado de nosotros mismos. Conquistamos esos terrenos oscuros dentro de uno, lo que nos hace crecer, no sólo a nosotros sino también a los demás. Poco a poco vamos conquistando el reino del amor, la esperanza, la plenitud, la intuición de felicidad, que son la cara opuesta del miedo, la angustia y la tristeza.

Cómo descubrimos nuestros miedos? Muchos de ellos los conocemos muy bien, pero otros son inconscientes. Estos últimos se nos revelan en los sueños, sobre todo en aquellos sueños repetitivos que nos están indicando que hay algo en nosotros que nos hace daño y hay que arreglar. Debemos recordar que la emoción negativa del miedo se graba incluso en el cuerpo. Hay una dimensión corporal, somática: el miedo se fija en cada célula del cuerpo.

Si enumeráramos las diferentes clases de miedos no terminaríamos fácilmente; nombraremos sólo algunos: miedo a la muerte, al dolor, a la soledad, al rechazo, al sufrimiento, al futuro, a la incomprensión, al castigo, a lo desconocido, a las restricciones, a la escasez, etc. Lo importante es conocer cuáles son nuestros miedos y liberarnos de ellos para lograr en plenitud el proyecto divino en cada uno de nosotros.

Según el padre Juan de Castro – psicólogo y sacerdote – es necesario distinguir entre miedo y angustia: Lo primero es una reacción defensiva de tipo psico-afectivo, frente a una situación que se capta como amenazante. Pareciera que miedo y angustia fueran la misma reacción, pero no es así. El miedo tiene un objeto preciso, en cambio la angustia es difusa, es más bien una reacción que se queda en lo interno.

El temor, espanto, pavor, terror, pertenecen más bien al miedo; la inquietud, la ansiedad, la melancolía, más bien a la angustia. El primero lleva hacia lo conocido, la segunda hacia lo desconocido.

Pero, a diferencia de lo que muchos puedan pensar, el miedo es también positivo, Frente a hechos reales que en sí son amenazantes, el hombre debe defender su propia integridad física o psicológica, y es el miedo el que gatilla la acción.

Incluso la angustia es un mecanismo que el hombre tiene para no deshumanizarse, Según Freud, el yo segrega la angustia ante el conflicto en forma inconsciente, y es el conflicto a su vez, el que hace crecer al ser humano. Esta reacción es una especie de luz roja que se enciende ante el peligro de deshumanización, en el que el hombre no enfrentaría los conflictos.

Respecto a los fundamentos psicológicos del miedo, el Dr. Peña y Lillo considera cuatro actitudes erróneas responsables de la mayoría de los sufrimientos que esclavizan al ser humano. Estas cuatro actitudes básicas serían:

1.- Anticipación imaginaria
2.- Contaminación del presente por el pasado
3.- Resistencia al sufrimiento
4.- El deseo y la ambición.

En relación a la anticipación imaginaria, el Dr. Peña y Lillo dice: El miedo es el producto y fruto de la imaginación, esa maestra de falsedad que – a juicio de Pascal – ha creado una segunda naturaleza. Los temores del hombre, en rigor, no se encuentran en el presente sino en la anticipación fantástica de lo por venir, único horizonte donde es posible la experiencia de riesgo y amenaza. Sufrimos así inútilmente lo que, según nuestra imaginación, sucederá en nuestro futuro próximo o remoto, gastando tal cantidad de energías en nuestras preocupaciones que no tenemos fuerzas para vivir creativamente el presente.

Nuestro segundo gran mal es ser arrastrados constantemente por el flujo de nuestra consciencia a vivir en el pasado, perdiéndonos lo único que realmente tenemos: el presente. No vivimos el Aquí y Ahora por sumergirnos en un pasado generalmente poblado de hechos vividos que aún nos tienen atados emocionalmente, con sus culpas, resentimientos, frustraciones, etc, Esta contaminación posibilita el temor de que tales hechos vuelvan a suceder y nos hace desconfiados e infelices en el presente. Nunca nos atenemos al presente – ha dicho Pascal – sino que recordamos el pasado y anticipamos el porvenir. Vivimos en tiempos que no son los nuestros y no estamos disponibles para ser felices, Por eso, inevitablemente, no lo somos.

Los recuerdos exagerados del pasado o hipermnesia – donde la memoria es excesiva o exagerada son fuentes de angustias y temores que pueden derivar en neurosis. La memoria emocional juega aquí un papel predominante. Quedamos ligados emocionalmente a los hechos del pasado , lo que nos impide vivir el sentido actual de la vida.

Esta emoción negativa que produce tanto daño es aprendida tal como son las otras. Todo hecho vivido con angustia queda registrado dentro de nosotros y se activa como un toque de alarma en cada situación que
se le asemeja. No es la nueva situación la que nos llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que hemos vivido anteriormente y que no hemos podido resolver. De ahí la necesidad de estar alertas para observar claramente el origen de nuestros miedos. Si llegamos a su raíz, nos liberamos de ser sus esclavos y tendremos libertad para ser felices como Dios quiere que seamos.

La resistencia al sufrimiento es el tercer fundamento psicológico del miedo, Generalmente pensamos que la desdicha o felicidad dependen de lo penoso o afortunado que sea un acontecimiento. Pero como dice el Dr. Peña y Lillo – … en estricto rigor, ni el gozo ni la tristeza existen en la naturaleza, sino sólo en la consciencia del hombre y surgen, en última instancia, de la propia actitud con que se enfrenta la vida, En cierto modo, los hechos son neutros o, al menos, no necesariamente gratos o dolorosos, y somos nosotros mismos los que les damos un significado.

Esto nos recuerda al emperador y filósofo romano, Marco Aurelio, quien apunta en el mismo sentido diciendo: Si algo exterior te atormenta, observa que no es la causa externa lo que motiva tu tormento, sino la manera que tienes de considerarla. Manera que puedes cambiar en cuanto te lo propongas, con lo que cesará tu tormento.

Tendemos a resistir el dolor y el sufrimiento, ya sean físicos, psíquicos o espirituales. Sin embargo, el dolor físico está indicándonos que algo anda mal en nuestro organismo y debemos remediarlo. Hay veces, también, en que la voz de nuestra conciencia nos dice que hemos actuado mal y sentimos un dolor moral que llamamos remordimiento, y que nos está incitando a enmendar nuestra conducta. En resumen, no debemos temer enfrentar estos dolores. Al contrario, hay que acogerlos, penetrarlos y procurar descubrir
su significado el que, en última instancia, nos resultará beneficioso.

Finalmente, el deseo y la ambición son grandes generadores de miedo, ya sea por miedo a perder lo que tenemos: bienestar, éxito, prestigio, posesiones materiales, o por miedo a no alcanzar todo eso a pesar de nuestros esfuerzos. A menudo, al mirar estos deseos no cumplidos en retrospectiva, nos congratulamos de no haber logrado lo que entonces deseábamos. El deseo en sí mismo no es necesariamente negativo, se puede sentir un gran deseo de mejorar en el aspecto humano, superarse en los diversos ámbitos de la vida. Lo importante es no apegarse a lo que se posee porque se suscita el miedo a quedar desposeído. El desapego interior obedece a la superación del afán de dominio y de la dependencia a personas o cosas.

Conviene examinar otro enfoque a este tema, presentado por el notable psiquiatra italiano Roberto Assagioli. Según él, existen cinco tipos principales de miedos que son el fundamento de los cinco instintos básicos.

El primero es el instinto de conservación, que tiene como raíz el miedo a la muerte.

El segundo es el impulso sexual, que surge del miedo a la soledad y de la sensación de estar incompletos.

El tercero es el instinto gregario, y también él tiene su origen en el miedo que experimenta el sujeto al sentirse un débil e inseguro individuo separado, lo que lo induce a buscar apoyo y seguridad en sus asociaciones con los demás.

El cuarto es la tendencia a la autoafirmación. Esto podría parecer el polo opuesto del miedo, pero en un análisis más profundo muestra que al menos una de sus raíces es el miedo a no ser apreciados, reconocidos o valorados como lo merecemos (o creemos merecer) y, por consiguiente, de no disponer sobre los demás de todo el poder que desearíamos.

El quinto es la tendencia a indagar, la sed de saber suscitada por el miedo a lo desconocido y al misterio.

Cómo podemos librarnos del miedo? Según Assagioli, existen dos grupos de medios: los psicológicos y los espirituales, los cuales actúan a distinto nivel, por lo que es aconsejable que se usen conjuntamente.

1 .- Métodos psicológicos:

1.- Uso de la mente – Reflexión – Persuasión.
La relación entre la mente y las emociones varía en función de los diferentes niveles de desarrollo psicológico:

a) La mente se halla sometida a las emociones.

b) La mente se halla desvinculada de éstas, pero es incapaz de modificarlas de forma eficaz.

c) Dominio y transmutación de las emociones por parte de la mente.

2.- Psicoanálisis. La exploración del inconsciente. Hallar las raíces del miedo y llevarlas a la luz de la consciencia,

3.- Desvío y sustitución por medio de:
a) Actividades físicas y deportivas.
b) Dirigir la atención hacia otros puntos,
c) Utilizar el humor. Esto puede resultar muy eficaz.
d) Cultivar emociones positivas y dinámicas: valor, alegría, etc.

4.- Ejercicios psicológicos.
a) Sugestiones y afirmaciones.
b) Entrenamiento mediante la imaginación: intentar representarse el acontecimiento temido
(examen, discusiones, etc.) antes que se realice. Repetirlo en la imaginación hasta que el
miedo haya desaparecido.

2.- Métodos espirituales.

Cualquier miedo está basado en la ignorancia o en el error, y puede ser vencido fácilmente por la luz de la verdad y mediante la realización espiritual.

En relación a las diferentes tendencias:

1.- Instinto de conservación, miedo a la muerte,
Desde el punto de vista espiritual, la muerte no existe. Cuando abandonamos el cuerpo físico pasamos
a una vida mejor, mucho más libre y hermosa.

2 y 3.- Miedo a la soledad y al aislamiento. Se supera:
a) Mediante la comunión con Dios, con la Vida y con el Ser inmortal.
b) Con el amor espiritual, el compañerismo y la vida de grupo.

El aislamiento no es más que una ilusión. Somos en todo momento partícipes de la Vida universal, en
presencia y unión con lo Supremo.

4.- Miedo al fracaso, sentimientos de inferioridad y, de ahí, una excesiva y separativa tendencia a la
autoafirmación.
Esta se elimina por medio del reconocimiento de nuestros poderes latentes y de nuestra naturaleza
espiritual.

5.- Miedo de lo desconocido y del futuro. Este se supera:
a) Mediante la reflexión de que los males que tememos a menudo ni siquiera aparecen, más bien son otros
los que se presentan.
b) Con la fe de que no se nos impondrán pruebas superiores a nuestra resistencia. Las dificultades
suscitan las energías necesarias para superarlas,
c) Con el desarrollo de la consciencia y de la sabiduría. La ciencia ha eliminado muchos miedos
supersticiosos: cuanto más se sabe, menos se teme. El verdadero conocimiento espiritual es la intuición
íntima y directa, es la iluminación, la identificación con la verdad y con la vida, que son esencialmente
una única realidad.

Rejuvenece tu Cerebro

Dr. Dharma Singh Khalsa
Urano.

El cerebro es la sede de la mente. Si su funcionamiento no es correcto, perdemos nuestras capacidades mentales, nuestra personalidad y nuestra alegría de vivir. Este libro revolucionario auna los últimos descubrimientos de la medicina occidental con técnicas orientales en un programa completo que le permitirá:

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Estrategias para superar el Estrés

Estrategias para superar el Estrés

Históricamente, el concepto de estrés ha sido motivo de análisis empíricos y teóricos en relación con la salud física y psicológica de las personas. Sólo después de la segunda guerra mundial, y al cabo de numerosas investigaciones el término pudo ser conceptualizado de manera sistemática.

El estrés puede ser definido como un conjunto de estímulos externos (tanto eventos inesperados del entorno como también psicológicos, tales como pérdidas, enfermedades, problemas laborales, etc.) También se puede considerar como una reacción de respuesta, que es la manera en que el concepto es utilizado cotidianamente en medicina. En este caso se observa una disposición de determinados seres humanos a reaccionar frente a determinados eventos hasta caer en un estado de estrés.

Ambas definiciones son limitadas. Primero porque no consideran las diferencias individuales en la capacidad con que cada individuo cuenta para enfrentar el estímulo estresante que se le presenta, y segundo porque tampoco es posible evaluar y determinar las condiciones bajo las cuales determinados estímulos pueden resultar estresantes, sino que considera que determinadas situaciones son universalmente estresantes, sin considerar el entorno psicológico, cultural o geográfico en que ellas se presenten.

Se concretiza el concepto relacionando ambas posiciones al considerar que el estrés debe definirse de acuerdo a la relación que establece el individuo con su entorno. Esta última concepción proporciona una valiosa contextualización del estrés al considerarlo como un proceso de interacción entre un estímulo o acción y una respuesta o reacción. Agrega un componente vital, y activo del individuo, de naturaleza eminentemente variable, que consiste en la capacidad individual de modificar el impacto del estímulo estresor mediante estrategias cognitivas, emocionales y conductuales.

Es decir los seres humanos tendríamos o no la habilidad para poder manejar las situaciones estresantes dependiendo de cuales son los recursos disponibles de Estrategias que tenga un sujeto, de aquí la importancia que estos tienen en la relación stress-salud-enfermedad.

Un factor que modela la reacción del individuo ante un determinado estímulo es la mediación cognitiva, enfoque al cual pertenece los estudios de diversas estrategias. Esta evaluación cognitiva es el proceso mediante el cual una persona evalúa cual es la incidencia del problema al que se está enfrentado Existen tres clases de evaluación cognitiva; la primaria, la secundaria y la reevaluación.

La evaluación primaria consta de la percepción del sujeto sobre la gravedad del problema y las implicaciones en su bienestar, y éstas serán catalogados como relevantes o irrelevantes, y que le causarán mayor o menos estrés.

Las evaluaciones secundarias corresponden a las posibles respuestas destinadas a orientar las demandas psicológicas y ambientales de tal encuentro. Es decir, la persona determina en la evaluación secundaria qué opciones y recursos tiene disponibles en ese momento para manejar la situación.

La reevaluación de la situación consiste en una nueva evaluación primaria o secundaria que puede hacer el sujeto, a partir de la nueva información que obtenga del ambiente durante el proceso.

La evaluación cognitiva que haga una persona estará siempre influenciada por factores personales como son sus compromisos y todo lo que sea significativo para él, junto con sus creencias que determinarán la forma cómo él entienda las cosas y el significado personal que les dé, y también estará influenciada por factores situacionales. Los factores situacionales serán las características particulares del acontecimiento amenazante, es decir, la novedad, que será amenazante sólo si hay aspectos que alguna vez le hayan causado perjuicios al sujeto, el que el acontecimiento sea o no predecible, y a mayor predictibilidad mayor estrés, y finalmente la incertidumbre que produzca el acontecimiento que será proporcional a la amenaza.

En resumen, el estrés se define como la relación de una persona con su ambiente y que es experimentada como conflictiva por la persona, o sentida con desagrado o malestar. La persona primero evaluará la situación, y dependiendo de esta evaluación, podrá pasar de la pasividad a la actividad, determinando con esto la estrategia adecuada para poder enfrentar esta situación amenazante.

Una de las estrategias sería la respuesta conductual aprendida, que permite disminuir el grado de activación producida por ella misma mediante la neutralización de una situación estresante. El aprendizaje de esta respuesta se realiza por un reforzamiento positivo al disminuir la tensión en sí.

Otra corriente de pensamiento pone énfasis en el papel de la cognición y de la racionalización del individuo y su entorno, dejando en segundo plano la conducta. Se considera como el conjunto de pensamientos y actos realistas y flexibles que solucionan los problemas y, por tanto, reducen el estrés.

La psicología del yo considera que el individuo utiliza distintos mecanismos para manejar su relación con el ambiente. Propone una jerarquía que pasa de lo más maduro y organizado a lo más regresivo hasta psicótico (fragmentación del yo).

En la psicología del yo, la estrategia corresponde a un rasgo estructural que determina permanentemente la forma como un determinado individuo afronta una situación estresante. Si una persona evita o se aproxima de determinada manera en una situación dada, se esperará que evite o se aproxime de la misma manera en todas las situaciones estresantes que experimente. Ahora bien, esto no significa que la estrategia no pueda ser estable en el tiempo o que el individuo muestre ciertas preferencias por alguna estrategia en particular. De hecho hay autores que lo consideran como una habilidad el manejar situaciones estresantes de acuerdo a los recursos que cada persona tenga, y que van a desempeñar un rol crucial en como esta persona funcione en general frente a estos eventos por considerarlo como una característica estable.

Es importante diferenciar estas estrategias aprendidas de las conductas adaptativas automáticas y también de los resultados obtenidos a partir de ella. Las conductas adaptativas automáticas no requieren de esfuerzo para que se lleven a cabo, un gran número de nuestras conductas son en un comienzo aprendidas requiriendo un período de adaptación pues hay ciertas situaciones que pueden desbordar los recursos que el individuo posea para enfrentar una situación. Pero, sin embargo, con la repetición las conductas se hacen automáticas y ya no requieren una mediatización. Cuando esto sucede y ya no requieren de un esfuerzo dejan de ser una estrategia volitiva para ser una conducta automática adaptativa. Como dijimos anteriormente, es importante también distinguir los resultados obtenidos. Cuando hablamos de estrategias estamos refiriéndonos al conjunto de esfuerzos que se realizan con el fin de manejar una relación con el medio, y no el producto final resultante de la aplicación de dichos esfuerzos. Es por esta razón que no se debe considerar con anticipación su efectividad, ya que en ocasiones una misma estrategia puede generar diversos resultados dependiendo de los individuos y de las situaciones a que se enfrenten y a los tiempos de aplicación.

Existen opiniones encontradas respecto del valor y significado de las consecuencias que acarrea afrontar situaciones de manera evitativa, es decir retirándose, no enfrentándola. Puede ser poco efectiva, por ejemplo, para afrontar una enfermedad, puesto que evitar el tratamiento o las instrucciones médicas aumenta el peligro o daño provocado por la misma enfermedad. Sin embargo las estrategias de evitación o negación pueden tener consecuencias positivas, como por ejemplo:

a) disminución del nivel de perturbación producido por una experiencia estresante, sin que esto produzca más daño, en circunstancias que no se puede hacer nada significativo para contrarrestar la amenaza;

b) negación positiva cuando sólo se niegan partes de la situación. Por ejemplo es mejor negar el que el diagnóstico de cáncer implica la muerte inminente, mientras que negar la enfermedad puede llevar a consecuencias negativas para la salud del sujeto.

c) si la situación estresante es incontrolable, una negación conducirá a reducir el nivel de activación del sujeto, y también el proceso de la información referida a la amenaza.

El momento en que se niega una situación, trae inmediatas consecuencias negativas ya que es cuando éste se hace menos manejable.

Se conceptualiza la estrategia señalando que este es un proceso y no un rasgo, diferente de la conducta adaptativa automatizada, del resultado obtenido y del dominio ejercido sobre el ambiente. De esta manera, y luego de muchos años de estudio e investigación, Lazarus y Folkman proponen la siguiente definición: Aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que exceden o desbordan los recursos del individuo .

Al conceptualizar la estrategia como un proceso, se refiere a lo que el sujeto piensa o hace y no a lo que haría en determinadas ocasiones. Este proceso analizado en un contexto siempre irá dirigido a situaciones específicas, y visto como tal, dará la posibilidad de variar las estrategias en curso. Esto, debido a que la relación con el medio puede ir cambiando, así, en un determinado momento puede ser útil ocupar estrategias defensivas, pero en otro lo serán aquellas que apunten a la solución de la situación amenazante.

El cambio de las estrategias se produce mediante los mecanismos de evaluación y reevaluación de la relación variable que existe entre el sujeto y el medio ambiente. Cualquier cambio en el individuo o en su entorno, que modifique su relación, será seguida por una reevaluación del hecho acaecido, de su importancia y de las posibilidades de acción pertinentes. El hecho de que exista una constante reevaluación incidirá en que las estrategias se verán influenciadas.

Al considerarlas como un proceso con distintas etapas durante el transcurso de la experiencia estresante
o amenazante, necesariamente se establecen distintos tipos de estrategias. Por tratarse de una concepción relativamente nueva dentro del ámbito psicológico, no existe igualdad de criterios en cuanto al tipo y número de estrategias, por lo tanto en la literatura científica nos encontramos con diferentes propuestas exploratorias y clasificatorias. Por ejemplo, Main, en relación con la separación de un niño y su madre, observa que el niño transita por tres etapas, la protesta, la desesperación y la desvinculación, (ver también Lazarus y Folkman). La pérdida de un compromiso origina un aumento del esfuerzo y nivel de concentración, y luego, frustración y enfado, y depresión en caso de una perdida definitiva (Klinger, Lazarus y Folkman,).

Como podemos observar, hay dos grandes tipos de estrategias que son descritas y son las que se focalizan en el problema y las que se focalizan en las emociones. Es decir, las clasificaciones más recientes incluyen y/o comparten aspectos de las clasificaciones pioneras.

En relación con las funciones que cumplen los estilos, los orientados hacia el problema, serán alterar o manipular la situación de amenaza, y los orientados a la emoción, será regular la respuesta emocional desencadenada por el problema.

Entre las estrategias dirigidas a la emoción nos encontramos con la minimización, la atención selectiva, el distanciamiento, la evitación, el comparar positivamente, el seleccionar en forma selectiva y la extracción de valores positivos de las vivencias negativas.

Otro tipo dirigido también a la emoción, es el que ayuda a experimentar de otra forma la situación que nos amenaza, es decir, a través de la resignificación. De esa manera el individuo hace un intento por conservar la esperanza y el optimismo, para negar tanto el hecho como su implicación, para no tener que aceptar lo peor, para actuar como si lo ocurrido no nos importara, etc. Las estrategias dirigidas al problema se dividen en las que se orientan al individuo y al entorno. Las que se dirigen al individuo intentan cambiar la motivación o la cognición del sujeto, el despliegue de pautas de acción, la búsqueda de vías alternativas de gratificación, el aprendizaje de recursos nuevos y la disminución de la intervención del yo. Por otro lado, las estrategias dirigidas al entorno intentan modificar las tensiones que se producen en el ambiente, los recursos y los obstáculos con lo que se tropieza el individuo.

Tras la evaluación de la situación cada individuo escogerá un estilo particular. Si evalúa que las condiciones amenazantes son susceptibles de modificación probablemente escogerá las estrategias orientadas al problema, como la búsqueda de información, planificación, etc. Si el individuo evalúa que no puede modificar la situación que lo amenaza tenderá a utilizar estrategias orientadas a regular las emociones, como escape, evitación, aceptación de la propia responsabilidad, búsqueda de apoyo emocional, autocontrol, etc. Los estilos orientados al problema y a la emoción influyen entre sí, y pueden interferirse o bien potenciarse.

La Superación del Resentimiento

La Superación del Resentimiento

En nuestro trabajo de crecimiento personal enfrentamos cada día muchos desafíos que nos obligan a estar siempre alertas para superarlos. Si somos capaces de ver con honestidad cuáles son nuestras fortalezas y debilidades a medida que se nos presentan los problemas, habremos logrado una meta importante en el camino de nuestra superación personal. Sin embargo, esta no es tarea fácil. No nos gusta reconocer nuestras faltas y menos aún que sean otros los que nos las hagan ver.

Cuántos amigos se pierden en el camino de la vida por esta razón!

Si realmente fuéramos sinceros con nosotros mismos, estaríamos conscientes de que nuestras emociones negativas bloquean las energías que necesitamos para sentirnos bien física, psíquica y espiritualmente, y nos esforzaríamos en erradicarlas. No sólo nos beneficiaríamos nosotros sino también aquellos con quienes nos relacionamos.

Una de las emociones negativas más frecuentes y más difícil de superar es el resentimiento. Aquellas personas que nos han hecho daño siguen siendo nuestros deudores aunque haya pasado mucho tiempo. No importa que estén muertos o con vida, ya que el dominio del oscuro recuerdo no respeta fronteras. Tampoco hay diferencia en que el odio y el deseo de venganza se anuden en nuestro corazón desde la niñez o desde el ayer reciente. Nuestro tiempo psíquico es inmóvil. Por eso siempre estos recuerdos acechan, para surgir disfrazados de distintos temores cuando la oportunidad se presenta propicia. Esos temores son el veneno que debemos probar cada vez. El recordar a los que nos han causado sufrimientos, como también hechos y circunstancias dolorosas, abren de nuevo nuestras heridas. Repasamos con amargura esas situaciones y
la idea de desquitarnos puede obsesionarnos. Pero debemos considerar el hecho de que siempre es mejor vivir el presente que quedarnos atrapados en un pasado doloroso lleno de resentimientos y culpas.

Viviendo en forma sana y positiva cada momento de nuestra vida, es posible mirar con optimismo el futuro, y los buenos sentimientos que se originan allanan el camino hacia la curación definitiva.

Sólo el perdón es el bálsamo que puede curar el dolor que nos causa el resentimiento, No es cuestión de esperar que el tiempo se encargue de borrarlo. Muchas personas dicen: perdono pero no olvido, sintiéndose culpables por no olvidar. Para dejar de recordar tendríamos que sufrir de amnesia. Además, la experiencia de los agravios sufridos nos enseñan a impedir que vuelvan a dañarnos y nos sirven de lección para no dañar a otros.

El perdón nos libera de la pesadilla del otro y nos devuelve el don más preciado: la paz interior. Pensemos: Todo enemigo y todo resentimiento que habite en mi interior, limita mi presente y obstruye mi futuro. Mi trabajo de reconciliación con mi pasado asume un papel de la mayor importancia para mi crecimiento personal y mi eficacia en la vida diaria. No importa si el otro es digno o no de ser perdonado, es uno mismo quien merece superar el resentimiento.

Pero, si el perdonar al que nos ha ofendido es tan beneficioso, por qué nos resistimos tanto a perdonar? Debemos recordar que se trata de un proceso que muchas veces sobrepasa nuestra capacidad o voluntad. Podemos facilitarlo de varias maneras:

1.- Hablar con alguien que sepa escuchar, contándole el conflicto que nos aflige.

2.- Escribir una carta al agresor – la que no enviaremos – con la mayor franqueza de la que seamos capaces, sin limitaciones, aunque nuestras expresiones sean injuriosas. Vaciar nuestro saco por completo, diciendo todo lo que hubiéramos querido decir en el momento en que ocurrió el agravio.

3.- Acostumbrarnos a ser indulgentes con las ofensas menores que nos causan aquellos con quienes tratamos en el contacto diario.

4.- Recurrir a la oración o a la meditación como un medio muy eficaz para liberar nuestro espíritu de la ira o de los deseos de venganza.

Cuando por fin hemos logrado perdonar, cuando de corazón podemos pronunciar aquellas palabras mágicas: te perdono, es como si nos arrancáramos un puñal clavado en el pecho. Es posible que nos sobrevenga
lo que los cristianos llaman el don de lágrimas. Son lágrimas que nos limpian, nos refrescan y nos liberan. Un inmenso alivio empieza a invadirnos. Nos sentimos buenos, merecedores de ser a nuestra vez perdonados. Sentimos que la vida es para vivirla con alegría, qué la naturaleza es hermosa, que los sentimientos que bendicen empiezan a surgir desde el fondo del alma que ahora está en paz.

Sofía Roepke