Rejuvenece tu Cerebro

Dr. Dharma Singh Khalsa
Urano.

El cerebro es la sede de la mente. Si su funcionamiento no es correcto, perdemos nuestras capacidades mentales, nuestra personalidad y nuestra alegría de vivir. Este libro revolucionario auna los últimos descubrimientos de la medicina occidental con técnicas orientales en un programa completo que le permitirá:

-Pensar mejor y aumentar la memoria y la capacidad de concentración.
-Sentirse más vital y optimista.
-Aprender a respirar y a relajarse para superar situaciones estresantes
-Prevenir o paliar la enfermedad de Alzheimer, la depresión y otros efectos del declive mental asociado a la edad.

Estrategias para superar el Estrés

Estrategias para superar el Estrés

Históricamente, el concepto de estrés ha sido motivo de análisis empíricos y teóricos en relación con la salud física y psicológica de las personas. Sólo después de la segunda guerra mundial, y al cabo de numerosas investigaciones el término pudo ser conceptualizado de manera sistemática.

El estrés puede ser definido como un conjunto de estímulos externos (tanto eventos inesperados del entorno como también psicológicos, tales como pérdidas, enfermedades, problemas laborales, etc.) También se puede considerar como una reacción de respuesta, que es la manera en que el concepto es utilizado cotidianamente en medicina. En este caso se observa una disposición de determinados seres humanos a reaccionar frente a determinados eventos hasta caer en un estado de estrés.

Ambas definiciones son limitadas. Primero porque no consideran las diferencias individuales en la capacidad con que cada individuo cuenta para enfrentar el estímulo estresante que se le presenta, y segundo porque tampoco es posible evaluar y determinar las condiciones bajo las cuales determinados estímulos pueden resultar estresantes, sino que considera que determinadas situaciones son universalmente estresantes, sin considerar el entorno psicológico, cultural o geográfico en que ellas se presenten.

Se concretiza el concepto relacionando ambas posiciones al considerar que el estrés debe definirse de acuerdo a la relación que establece el individuo con su entorno. Esta última concepción proporciona una valiosa contextualización del estrés al considerarlo como un proceso de interacción entre un estímulo o acción y una respuesta o reacción. Agrega un componente vital, y activo del individuo, de naturaleza eminentemente variable, que consiste en la capacidad individual de modificar el impacto del estímulo estresor mediante estrategias cognitivas, emocionales y conductuales.

Es decir los seres humanos tendríamos o no la habilidad para poder manejar las situaciones estresantes dependiendo de cuales son los recursos disponibles de Estrategias que tenga un sujeto, de aquí la importancia que estos tienen en la relación stress-salud-enfermedad.

Un factor que modela la reacción del individuo ante un determinado estímulo es la mediación cognitiva, enfoque al cual pertenece los estudios de diversas estrategias. Esta evaluación cognitiva es el proceso mediante el cual una persona evalúa cual es la incidencia del problema al que se está enfrentado Existen tres clases de evaluación cognitiva; la primaria, la secundaria y la reevaluación.

La evaluación primaria consta de la percepción del sujeto sobre la gravedad del problema y las implicaciones en su bienestar, y éstas serán catalogados como relevantes o irrelevantes, y que le causarán mayor o menos estrés.

Las evaluaciones secundarias corresponden a las posibles respuestas destinadas a orientar las demandas psicológicas y ambientales de tal encuentro. Es decir, la persona determina en la evaluación secundaria qué opciones y recursos tiene disponibles en ese momento para manejar la situación.

La reevaluación de la situación consiste en una nueva evaluación primaria o secundaria que puede hacer el sujeto, a partir de la nueva información que obtenga del ambiente durante el proceso.

La evaluación cognitiva que haga una persona estará siempre influenciada por factores personales como son sus compromisos y todo lo que sea significativo para él, junto con sus creencias que determinarán la forma cómo él entienda las cosas y el significado personal que les dé, y también estará influenciada por factores situacionales. Los factores situacionales serán las características particulares del acontecimiento amenazante, es decir, la novedad, que será amenazante sólo si hay aspectos que alguna vez le hayan causado perjuicios al sujeto, el que el acontecimiento sea o no predecible, y a mayor predictibilidad mayor estrés, y finalmente la incertidumbre que produzca el acontecimiento que será proporcional a la amenaza.

En resumen, el estrés se define como la relación de una persona con su ambiente y que es experimentada como conflictiva por la persona, o sentida con desagrado o malestar. La persona primero evaluará la situación, y dependiendo de esta evaluación, podrá pasar de la pasividad a la actividad, determinando con esto la estrategia adecuada para poder enfrentar esta situación amenazante.

Una de las estrategias sería la respuesta conductual aprendida, que permite disminuir el grado de activación producida por ella misma mediante la neutralización de una situación estresante. El aprendizaje de esta respuesta se realiza por un reforzamiento positivo al disminuir la tensión en sí.

Otra corriente de pensamiento pone énfasis en el papel de la cognición y de la racionalización del individuo y su entorno, dejando en segundo plano la conducta. Se considera como el conjunto de pensamientos y actos realistas y flexibles que solucionan los problemas y, por tanto, reducen el estrés.

La psicología del yo considera que el individuo utiliza distintos mecanismos para manejar su relación con el ambiente. Propone una jerarquía que pasa de lo más maduro y organizado a lo más regresivo hasta psicótico (fragmentación del yo).

En la psicología del yo, la estrategia corresponde a un rasgo estructural que determina permanentemente la forma como un determinado individuo afronta una situación estresante. Si una persona evita o se aproxima de determinada manera en una situación dada, se esperará que evite o se aproxime de la misma manera en todas las situaciones estresantes que experimente. Ahora bien, esto no significa que la estrategia no pueda ser estable en el tiempo o que el individuo muestre ciertas preferencias por alguna estrategia en particular. De hecho hay autores que lo consideran como una habilidad el manejar situaciones estresantes de acuerdo a los recursos que cada persona tenga, y que van a desempeñar un rol crucial en como esta persona funcione en general frente a estos eventos por considerarlo como una característica estable.

Es importante diferenciar estas estrategias aprendidas de las conductas adaptativas automáticas y también de los resultados obtenidos a partir de ella. Las conductas adaptativas automáticas no requieren de esfuerzo para que se lleven a cabo, un gran número de nuestras conductas son en un comienzo aprendidas requiriendo un período de adaptación pues hay ciertas situaciones que pueden desbordar los recursos que el individuo posea para enfrentar una situación. Pero, sin embargo, con la repetición las conductas se hacen automáticas y ya no requieren una mediatización. Cuando esto sucede y ya no requieren de un esfuerzo dejan de ser una estrategia volitiva para ser una conducta automática adaptativa. Como dijimos anteriormente, es importante también distinguir los resultados obtenidos. Cuando hablamos de estrategias estamos refiriéndonos al conjunto de esfuerzos que se realizan con el fin de manejar una relación con el medio, y no el producto final resultante de la aplicación de dichos esfuerzos. Es por esta razón que no se debe considerar con anticipación su efectividad, ya que en ocasiones una misma estrategia puede generar diversos resultados dependiendo de los individuos y de las situaciones a que se enfrenten y a los tiempos de aplicación.

Existen opiniones encontradas respecto del valor y significado de las consecuencias que acarrea afrontar situaciones de manera evitativa, es decir retirándose, no enfrentándola. Puede ser poco efectiva, por ejemplo, para afrontar una enfermedad, puesto que evitar el tratamiento o las instrucciones médicas aumenta el peligro o daño provocado por la misma enfermedad. Sin embargo las estrategias de evitación o negación pueden tener consecuencias positivas, como por ejemplo:

a) disminución del nivel de perturbación producido por una experiencia estresante, sin que esto produzca más daño, en circunstancias que no se puede hacer nada significativo para contrarrestar la amenaza;

b) negación positiva cuando sólo se niegan partes de la situación. Por ejemplo es mejor negar el que el diagnóstico de cáncer implica la muerte inminente, mientras que negar la enfermedad puede llevar a consecuencias negativas para la salud del sujeto.

c) si la situación estresante es incontrolable, una negación conducirá a reducir el nivel de activación del sujeto, y también el proceso de la información referida a la amenaza.

El momento en que se niega una situación, trae inmediatas consecuencias negativas ya que es cuando éste se hace menos manejable.

Se conceptualiza la estrategia señalando que este es un proceso y no un rasgo, diferente de la conducta adaptativa automatizada, del resultado obtenido y del dominio ejercido sobre el ambiente. De esta manera, y luego de muchos años de estudio e investigación, Lazarus y Folkman proponen la siguiente definición: Aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que exceden o desbordan los recursos del individuo .

Al conceptualizar la estrategia como un proceso, se refiere a lo que el sujeto piensa o hace y no a lo que haría en determinadas ocasiones. Este proceso analizado en un contexto siempre irá dirigido a situaciones específicas, y visto como tal, dará la posibilidad de variar las estrategias en curso. Esto, debido a que la relación con el medio puede ir cambiando, así, en un determinado momento puede ser útil ocupar estrategias defensivas, pero en otro lo serán aquellas que apunten a la solución de la situación amenazante.

El cambio de las estrategias se produce mediante los mecanismos de evaluación y reevaluación de la relación variable que existe entre el sujeto y el medio ambiente. Cualquier cambio en el individuo o en su entorno, que modifique su relación, será seguida por una reevaluación del hecho acaecido, de su importancia y de las posibilidades de acción pertinentes. El hecho de que exista una constante reevaluación incidirá en que las estrategias se verán influenciadas.

Al considerarlas como un proceso con distintas etapas durante el transcurso de la experiencia estresante
o amenazante, necesariamente se establecen distintos tipos de estrategias. Por tratarse de una concepción relativamente nueva dentro del ámbito psicológico, no existe igualdad de criterios en cuanto al tipo y número de estrategias, por lo tanto en la literatura científica nos encontramos con diferentes propuestas exploratorias y clasificatorias. Por ejemplo, Main, en relación con la separación de un niño y su madre, observa que el niño transita por tres etapas, la protesta, la desesperación y la desvinculación, (ver también Lazarus y Folkman). La pérdida de un compromiso origina un aumento del esfuerzo y nivel de concentración, y luego, frustración y enfado, y depresión en caso de una perdida definitiva (Klinger, Lazarus y Folkman,).

Como podemos observar, hay dos grandes tipos de estrategias que son descritas y son las que se focalizan en el problema y las que se focalizan en las emociones. Es decir, las clasificaciones más recientes incluyen y/o comparten aspectos de las clasificaciones pioneras.

En relación con las funciones que cumplen los estilos, los orientados hacia el problema, serán alterar o manipular la situación de amenaza, y los orientados a la emoción, será regular la respuesta emocional desencadenada por el problema.

Entre las estrategias dirigidas a la emoción nos encontramos con la minimización, la atención selectiva, el distanciamiento, la evitación, el comparar positivamente, el seleccionar en forma selectiva y la extracción de valores positivos de las vivencias negativas.

Otro tipo dirigido también a la emoción, es el que ayuda a experimentar de otra forma la situación que nos amenaza, es decir, a través de la resignificación. De esa manera el individuo hace un intento por conservar la esperanza y el optimismo, para negar tanto el hecho como su implicación, para no tener que aceptar lo peor, para actuar como si lo ocurrido no nos importara, etc. Las estrategias dirigidas al problema se dividen en las que se orientan al individuo y al entorno. Las que se dirigen al individuo intentan cambiar la motivación o la cognición del sujeto, el despliegue de pautas de acción, la búsqueda de vías alternativas de gratificación, el aprendizaje de recursos nuevos y la disminución de la intervención del yo. Por otro lado, las estrategias dirigidas al entorno intentan modificar las tensiones que se producen en el ambiente, los recursos y los obstáculos con lo que se tropieza el individuo.

Tras la evaluación de la situación cada individuo escogerá un estilo particular. Si evalúa que las condiciones amenazantes son susceptibles de modificación probablemente escogerá las estrategias orientadas al problema, como la búsqueda de información, planificación, etc. Si el individuo evalúa que no puede modificar la situación que lo amenaza tenderá a utilizar estrategias orientadas a regular las emociones, como escape, evitación, aceptación de la propia responsabilidad, búsqueda de apoyo emocional, autocontrol, etc. Los estilos orientados al problema y a la emoción influyen entre sí, y pueden interferirse o bien potenciarse.

La Superación del Resentimiento

La Superación del Resentimiento

En nuestro trabajo de crecimiento personal enfrentamos cada día muchos desafíos que nos obligan a estar siempre alertas para superarlos. Si somos capaces de ver con honestidad cuáles son nuestras fortalezas y debilidades a medida que se nos presentan los problemas, habremos logrado una meta importante en el camino de nuestra superación personal. Sin embargo, esta no es tarea fácil. No nos gusta reconocer nuestras faltas y menos aún que sean otros los que nos las hagan ver.

Cuántos amigos se pierden en el camino de la vida por esta razón!

Si realmente fuéramos sinceros con nosotros mismos, estaríamos conscientes de que nuestras emociones negativas bloquean las energías que necesitamos para sentirnos bien física, psíquica y espiritualmente, y nos esforzaríamos en erradicarlas. No sólo nos beneficiaríamos nosotros sino también aquellos con quienes nos relacionamos.

Una de las emociones negativas más frecuentes y más difícil de superar es el resentimiento. Aquellas personas que nos han hecho daño siguen siendo nuestros deudores aunque haya pasado mucho tiempo. No importa que estén muertos o con vida, ya que el dominio del oscuro recuerdo no respeta fronteras. Tampoco hay diferencia en que el odio y el deseo de venganza se anuden en nuestro corazón desde la niñez o desde el ayer reciente. Nuestro tiempo psíquico es inmóvil. Por eso siempre estos recuerdos acechan, para surgir disfrazados de distintos temores cuando la oportunidad se presenta propicia. Esos temores son el veneno que debemos probar cada vez. El recordar a los que nos han causado sufrimientos, como también hechos y circunstancias dolorosas, abren de nuevo nuestras heridas. Repasamos con amargura esas situaciones y
la idea de desquitarnos puede obsesionarnos. Pero debemos considerar el hecho de que siempre es mejor vivir el presente que quedarnos atrapados en un pasado doloroso lleno de resentimientos y culpas.

Viviendo en forma sana y positiva cada momento de nuestra vida, es posible mirar con optimismo el futuro, y los buenos sentimientos que se originan allanan el camino hacia la curación definitiva.

Sólo el perdón es el bálsamo que puede curar el dolor que nos causa el resentimiento, No es cuestión de esperar que el tiempo se encargue de borrarlo. Muchas personas dicen: perdono pero no olvido, sintiéndose culpables por no olvidar. Para dejar de recordar tendríamos que sufrir de amnesia. Además, la experiencia de los agravios sufridos nos enseñan a impedir que vuelvan a dañarnos y nos sirven de lección para no dañar a otros.

El perdón nos libera de la pesadilla del otro y nos devuelve el don más preciado: la paz interior. Pensemos: Todo enemigo y todo resentimiento que habite en mi interior, limita mi presente y obstruye mi futuro. Mi trabajo de reconciliación con mi pasado asume un papel de la mayor importancia para mi crecimiento personal y mi eficacia en la vida diaria. No importa si el otro es digno o no de ser perdonado, es uno mismo quien merece superar el resentimiento.

Pero, si el perdonar al que nos ha ofendido es tan beneficioso, por qué nos resistimos tanto a perdonar? Debemos recordar que se trata de un proceso que muchas veces sobrepasa nuestra capacidad o voluntad. Podemos facilitarlo de varias maneras:

1.- Hablar con alguien que sepa escuchar, contándole el conflicto que nos aflige.

2.- Escribir una carta al agresor – la que no enviaremos – con la mayor franqueza de la que seamos capaces, sin limitaciones, aunque nuestras expresiones sean injuriosas. Vaciar nuestro saco por completo, diciendo todo lo que hubiéramos querido decir en el momento en que ocurrió el agravio.

3.- Acostumbrarnos a ser indulgentes con las ofensas menores que nos causan aquellos con quienes tratamos en el contacto diario.

4.- Recurrir a la oración o a la meditación como un medio muy eficaz para liberar nuestro espíritu de la ira o de los deseos de venganza.

Cuando por fin hemos logrado perdonar, cuando de corazón podemos pronunciar aquellas palabras mágicas: te perdono, es como si nos arrancáramos un puñal clavado en el pecho. Es posible que nos sobrevenga
lo que los cristianos llaman el don de lágrimas. Son lágrimas que nos limpian, nos refrescan y nos liberan. Un inmenso alivio empieza a invadirnos. Nos sentimos buenos, merecedores de ser a nuestra vez perdonados. Sentimos que la vida es para vivirla con alegría, qué la naturaleza es hermosa, que los sentimientos que bendicen empiezan a surgir desde el fondo del alma que ahora está en paz.

Sofía Roepke