La Tierra donde Nadie es Viejo.

La Tierra donde Nadie es Viejo.

 

Me gustaría que me acompañaras en un viaje de descubrimiento. Exploraremos un lugar donde las reglas de la existencia cotidiana no tienen aplicación. Estas reglas dicen, explícitamente, que envejecer, tomarse frágil y morir es el destino último de todos. Y así ha ocurrido, siglo tras siglo. Sin embargo, quiero que dejes en suspenso tus supuestos sobre lo qué llamamos realidad, para que podamos convertimos en pioneros en una tierra donde el vigor juvenil, la renovación, la creatividad, el gozo, la satisfacción y la atemporalidad son experiencias comunes de la vida cotidiana, donde la vejez, la senectud, la invalidez y la muerte no existen y no son siquiera tenidas en cuenta como posibilidad.

Si existe un lugar así. qué nos impide ir allí? No se trata de una oscura masa continental ni es un peligroso mar no registrado en los mapas. Es nuestro condicionamiento, nuestra visión del mundo actual y colectiva, la que nos enseñaron nuestros padres, los maestros y la sociedad. Esta manera de ver las cosas (el antiguo paradigma) ha sido justamente llamado hipnosis de condicionamiento social: una ficción inducida y en la que todos hemos acordado colectivamente participar.

Tu cuerpo envejece sin que puedas dominarlo porque ha sido programado para cumplir las reglas de ese condicionamiento colectivo. Si algo hay de natural e inevitable en el proceso del envejecimiento, no se podrá saber hasta que se rompan las cadenas de nuestras antiguas creencias. A fin de crear la experiencia del cuerpo sin edad y la mente sin tiempo, es preciso que descartes diez supuestos sobre quién eres y cuál es la verdadera naturaleza de la mente y el cuerpo. Estos supuestos constituyen los cimientos de la visión del mundo que compartimos.

Ellos son:

1.- Existe un mundo objetivo, independiente del observador, y nuestros cuerpos son un aspecto de este mundo objetivo.

2.- El cuerpo está compuesto por masas de materia, separadas entre si en el tiempo y el espacio.

3.- Mente y cuerpo son cosas separadas e independientes la una de la otra.

4.- El materialismo es primario, la consciencia es secundaria. En otras palabras, somos máquinas físicas que han aprendido a pensar.

5- La consciencia humana puede ser explicada por completo como producto de la bioquímica.

6.- Como individuos, somos entidades desconectadas y autosuficientes.

7.- Nuestra percepción del mundo es automática y nos brinda una imagen adecuada de cómo son realmente las cosas.

8.- Nuestra verdadera naturaleza queda totalmente definida por el cuerpo, el yo y la personalidad. Somos briznas de recuerdos y deseos encerrados en paquetes de came y huesos.

9.- El tiempo existe como absoluto y somos cautivos de ese absoluto. Nadie escapa a los estragos del tiempo.

10.- El sufrimiento es necesario: forma parte de la realidad. Somos víctimas inevitables de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte.

Estos supuestos van mucho más allá del envejecimiento: definen un mundo de separación, decadencia y muerte. El tiempo es visto como una prisión de la que nadie escapa: nuestro cuerpo es una máquina bioquímica que. como todas las máquinas, debe acabar por detenerse. A cierta edad – afirmó Lewis Thomas cierta vez – está en nuestra naturaleza desgastarnos, caer en trastornos y morir, y eso es todo. Esta postura, la línea dura de 1a ciencia materialista, pasa por alto una gran parte de la naturaleza humana. Somos las únicas criaturas de la Tierra que pueden cambiar su biología por lo que piensan y sienten. Poseemos el único sistema nervioso que tiene consciencia del fenómeno del envejecimiento. Los leones y los tigres viejos no se dan cuenta de lo que les pasa, pero nosotros si. Y como tenemos consciencia de las cosas, nuestro estado mental influye sobre aquello de lo que tenemos consciencia.

Seria imposible aislar un solo pensamiento, una sensación, una sola creencia o supuesto que no tenga algún efecto sobre el envejecimiento, directa o indirectamente. Nuestras células escuchan constantemente a nuestros pensamientos y se ven cambiadas por ellos. Un ataque de depresión puede causar desastres en el sistema inmunológico; enamorarse puede fortalecerlo. La desesperación y la falta de esperanzas aumentan el riesgo de sufrir ataques cardiacos o contraer un cáncer, acortando así la vida. El gozo y la satisfacción nos mantienen saludables y prolongan la vida. Esto significa que no es posible trazar con certeza la línea entre biología y psicología. El recuerdo de una tensión, que es sólo una brizna de pensamiento, libera el mismo torrente de hormonas destructivas que la tensión en sí.

Como la mente influye sobre todas las células del cuerpo, el envejecimiento humano es fluido y cambiante; puede acelerarse, demorarse. detenerse un tiempo y hasta revertirse. Cientos de descubrimientos científicos de las tres últimas décadas han verificado que el envejecimiento depende del individuo en un grado mucho mayor del que se ha soñado nunca.

Sin embargo, el descubrimiento más significativo no se encuentra en los hallazgos aislados, sino en una visión del mundo completamente nueva. Los diez supuestos del antiguo paradigma no describen acertadamente nuestra realidad. Son invenciones de la mente humana que hemos convertido en reglas. Para desafiar el envejecimiento en su centro mismo, es preciso desafiar primero toda esta visión del mundo, pues nada tiene más poder sobre el cuerpo que las creencias de la mente.

Cada supuesto del antiguo paradigma se puede reemplazar con una versión más completa y expandida de la verdad. Estos nuevos supuestos son también sólo ideas creadas por la mente humana, pero nos otorgan mucha más libertad y poder. Nos brindan la capacidad de reescribir el programa de envejecimiento que ahora dirige nuestras células.

Los diez supuestos nuevos son:

1.- El mundo físico, incluidos nuestros cuerpos, es una reacción del observador. Creamos el cuerpo según creamos la experiencia de nuestro mundo,

2.- En su estado esencial, el cuerpo está compuesto de energía y de información, no de materia sólida. Esta energía e información es un afloramiento de infinitos campos de energía e información que abarcan el universo.

3.- La mente y el cuerpo son inseparablemente uno. La unidad que soy yo se separa en dos corrientes de experiencia. Experimento la corriente subjetiva como ideas, sentimientos y deseos. Experimento la corriente objetiva como mi cuerpo. Sin embargo, en un plano más profundo las dos corrientes se encuentran en una sola fuente creativa. Es a partir de esta fuente desde donde debemos vivir,

4.- La bioquímica del cuerpo es un producto de la consciencia. Creencias, pensamientos y emociones crean las reacciones químicas que sostienen la vida en cada célula. Una célula envejecida es el producto final de la consciencia que ha olvidado cómo mantenerse nueva.

5.- La percepción parece ser automática, pero en realidad es un fenómeno aprendido. El mundo en que vives, incluida la experiencia de tu cuerpo, está completamente inspirado en el modo en que aprendiste a percibirlo. Si cambias tu percepción, cambias la experiencia de tu cuerpo y de tu mundo.

6.- Hay impulsos de inteligencia que crean en tu cuerpo formas nuevas a cada segundo. Lo que tú eres equivale a la suma total de estos impulsos y, al cambiar sus esquemas, cambiaras tú.

7.- Aunque cada persona parezca separada e independiente, todos nosotros estamos conectados a patrones de inteligencia que gobiernan el cosmos entero. Nuestros cuerpos son parte de un cuerpo universal; nuestras mentes, un aspecto de la mente universal.

8.- El tiempo no existe como absoluto; sólo la eternidad. El tiempo es eternidad cuantificada, atemporalidad cortada por nosotros en fragmentos y trozos (segundos, horas, días, años). Lo que llamamos tiempo lineal es un reflejo de nuestro modo de percibir el cambio. Si pudiéramos percibir lo inmutable, el tiempo dejaría de existir tal como lo conocemos. Podemos aprender como empezar la metabolización de lo inmutable, la eternidad, lo absoluto. Al hacerlo estaremos listos para crear la fisiología de la inmortalidad.

9.- Cada uno de nosotros habita una realidad que se encuentra más allá de todo cambio. En lo más profundo de nosotros, sin que lo sepan los cinco sentidos, existe un intimo núcleo de ser, un campo de inmutabilidad que crea la personalidad, el yo y el cuerpo. Este ser es nuestro estado esencial; es quien realmente somos.

10.- No somos víctimas del envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Estos son partes del escenario, no del espectador, que es inmune a cualquier forma de cambio. Ese espectador es el espíritu. la expresión del ser eterno.

Estos son vastos supuestos, factores de una nueva realidad, pero todos se basan en los descubrimientos de la física cuántica hechos hace casi cien años. Las semillas de este nuevo paradigma fueron plantadas por Einstein, Bohr, Heisenberg y los demás pioneros de la física cuántica, quienes comprendieron que el modo aceptado de ver el mundo físico era falso. Aunque las cosas de allí fuera parecen reales, no hay prueba de la realidad aparte del observador. No hay dos personas que compartan exactamente el mismo universo. Cada visión del mundo crea su propio mundo.

Quiero convencerte de que eres mucho más que tu limitado cuerpo, tu yo y tu personalidad. Las reglas de causa y efecto, tal como las aceptas, te han apretado en el volumen de un cuerpo y la duración de una vida. En realidad, el campo de la vida humana es abierto e ilimitado. En su plano más profundo, tu cuerpo carece de edad y tu mente, de tiempo. Una vez que te identifiques con esa realidad, que es consistente con la visión cuántica del mundo, el envejecimiento cambiará fundamentalmente.

Acabemos con la tiranía de los sentidos

Por qué aceptamos algo como real ? Porque podemos verlo y tocarlo. Todo el mundo tiene un prejuicio en favor de las cosas que son reconfortantemente tridimensionales, tal como nos lo informan nuestros cinco sentidos. La vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato sirven para reforzar el mismo mensaje: las cosas son lo que parecen. Según esta realidad, la Tierra es plana. el suelo se mantiene estacionario bajo tus pies, el sol se eleva por el este y se pone por el oeste, todo porque así lo parece a los sentidos. Estos hechos fueron inmutables todo el tiempo que se aceptó sin cuestionamiento a los cinco sentidos.

Einstein comprendió que el tiempo y el espacio también son productos de nuestros cinco sentidos; vemos y tocamos cosas que ocupan tres dimensiones y experimentamos los hechos como si ocurrieran en orden de secuencia. Sin embargo, Einstein y sus colegas pudieron retirar esta máscara de apariencias. Reacomodaron el tiempo y el espacio en una nueva geometría que no tenía principio ni fin, bordes ni solidez. Cada partícula sólida del universo resultó ser un fantasmal manojo de energía que vibraba en un inmenso vacío.

El antiguo modelo del espacio-tiempo quedó hecho trizas, reemplazado por un atemporal y fluyente campo de transformación constante. Este campo cuántico no está separado de nosotros: es nosotros. Allí donde va la Naturaleza para crear estrellas, galaxias, quarks y leptones, tú y yo vamos para creamos a nosotros mismos. La gran ventaja de esta nueva visión del mundo es su inmensa creatividad: el cuerpo humano, como todo lo demás en el cosmos, es constantemente hecho de nuevo a cada segundo. Aunque tus sentidos informen que habitas en un cuerpo sólido en el tiempo y el espacio, ésta es sólo la capa más superficial de la realidad. Tu cuerpo es algo mucho más milagroso: un organismo fluyente, potenciado por millones de años de inteligencia. Esa inteligencia está dedicada a supervisar el cambio constante que tiene lugar dentro de ti. Cada célula es una terminal en miniatura conectada al ordenador cósmico.

Desde esta perspectiva, apenas parece posible que los seres humanos puedan envejecer. Por débil e indefenso que parezca un bebé recién nacido, tiene una estupenda defensa contra los estragos del tiempo. Si el bebé pudiera conservar su estado de inmunidad casi invulnerable, todos viviríamos por lo menos doscientos años, según calculan los fisiólogos. Si el bebé pudiera conservar sus relucientes arterias, flexibles como la seda, el colesterol no hallaría dónde alojarse y las enfermedades cardiacas serian desconocidas. Cada una de los cincuenta billones de células de un recién nacido es límpida como una gota de lluvia, sin rastros de desechos tóxicos; esas células no tienen motivo para envejecer, porque dentro de ellas nada ha comenzado a desordenar su perfecto funcionamiento. Sin embargo, las células del bebé no son nuevas, en realidad: los átomos que contienen han estado circulando por el cosmos durante miles de millones de años. Pero el bebé es nuevo merced a una inteligencia invisible que se ha unido para modelar una forma de vida única. El campo atemporal ha inventado un nuevo paso de baile: los ritmos palpitantes de un cuerpo recién nacido.

El envejecimiento es una máscara de la pérdida de esta inteligencia. La física cuántica nos dice que no hay final para la danza cósmica: el campo de energía e información universal nunca deja de transformarse, tomándose nuevo a cada instante. Nuestros cuerpos obedecen a ese mismo impulso creativo. A cada segundo, en cada célula se producen aproximadamente seis billones de reacciones. Si alguna vez se detuviera esa corriente de transformación, tus células caerían en el desorden, que es sinónimo de envejecimiento.

El pan de ayer se vuelve rancio porque está allí, presa de la humedad, los hongos, la oxidación y varios procesos químicos destructivos. Un barranco de tiza se desmorona con el tiempo porque el viento y la lluvia lo castigan. sin que él tenga poder para reconstruirse. Nuestros cuerpos también soportan el proceso de oxidación y el ataque de hongos y gérmenes diversos; están expuestos al mismo viento, a la misma lluvia. Pero nosotros, a diferencia de la hogaza de pan o el barranco de tiza, podemos renovamos. Nuestros huesos no se limitan a acumular calcio, como la tiza: lo hacen circular. Constantemente entran a nuestros huesos nuevos átomos de calcio, que vuelven a salir para convertirse en parte de la sangre, la piel u otras células, según lo exijan las necesidades del cuerpo.

A fin de mantener la vida, tu cuerpo debe vivir en las alas del cambio. En este momento exhalas átomos de hidrógeno, oxígeno, carbono y nitrógeno que, apenas un instante antes, estaban encerrados en materia sólida; tu estómago, tu hígado, el corazón, los pulmones y el cerebro van desapareciendo en el aire, reemplazados tan rápida e incesantemente como se descomponen. La piel se renueva una vez al mes; el recubrimiento del estómago, cada cinco días; el hígado, cada seis semanas; el esqueleto, cada tres meses.

A simple vista, estos órganos parecen iguales en cada momento, pero están en flujo permanente. Hacia finales de este año, el 98 por ciento de los átomos de tu cuerpo habrán sido cambiados por otros nuevos.

Una enorme proporción de este cambio incesante obra en tu beneficio. Sólo una enzima entre millones reacciona con un aminoácido de un modo que no alcance la perfección; apenas una neurona entre miles de millones efectúa una mala descarga; en una hebra de ácido desoxirribonucleico. codificada con millones y más millones de informaciones genéticas, sólo una puede dejar de repararse correctamente cuando se produce un daño. Estos raros errores son imperceptibles y uno piensa que no tienen mucha importancia. El cuerpo humano es como un gran actor shakespeariano, capaz de representar mil veces a Hamlet y vacilar en una sola sílaba. Pero las grietas invisibles en la perfección del cuerpo tienen su importancia. La precisión de nuestras células va fallando en lenta proporción. Lo siempre nuevo se toma levemente menos nuevo. Y envejecemos.

A partir de los 30 años, al paso de tortuga de un 1 por ciento anual, el cuerpo humano medio empieza a descalabrarse: aparecen arrugas, la piel pierde su tono y su frescura, los músculos comienzan a aflojarse. En vez de indicar tres partes de músculo por una de grasa. las proporciones se van igualando: la vista y el oído disminuyen: los huesos se afinan y se toman quebradizos. La fuerza y la resistencia declinan sin pausa, con lo que nos es más difícil realizar el mismo trabajo que antes. Asciende la presión sanguínea y muchos elementos bioquímicos se apartan de sus niveles óptimos; el más preocupante para los médicos es el colesterol, que se eleva gradualmente con el correr de los años, marcando el insidioso avance de las dolencias cardiacas, que matan a más personas que ninguna otra enfermedad. En otros frentes, las mutaciones celulares comienzan a desmandarse, creando tumores malignos que atacan a una persona de cada tres, sobre todo después de los 65 años.

Con el tiempo, estos diversos cambios de la edad, como los llaman los gerontólogos, ejercen una influencia masiva. Son las mil pequeñas olas que traen la marea de la vejez. Pero en cualquier momento dado, el envejecimiento sólo explica el 1 por ciento del total de cambios que se producen anualmente en tu cuerpo. En otras palabras: el 99 por ciento de la energía e inteligencia que te componen permanece sin tocar por el proceso de envejecimiento. Si tomamos el cuerpo como proceso, al eliminar este 1 por ciento de disfunción se acabaría con el envejecimiento. Pero cómo atacamos ese 1 por ciento ? Para responder a esto debemos hallar la llave de control que manipula la inteligencia interior del cuerpo.

La nueva realidad introducida por la física cuántica nos ha posibilitado, por primera vez, manipular la inteligencia invisible que subyace bajo el mundo visible. Einstein nos enseñó que el cuerpo físico, como todos los objetos materiales, es una ilusión: tratar de manipularlo puede ser como asir la sombra y pasar por alto la sustancia. El mundo invisible es el verdadero mundo: cuando estamos dispuestos a explorar los planos no vistos del cuerpo, podemos recurrir al inmenso poder creativo que yace en nuestra fuente. Permíteme expandirme sobre los diez principios del nuevo paradigma a la luz de ese potencial oculto que espera bajo la superficie de la vida.

1.- No hay un mundo objetivo independiente del observador

El mundo que aceptas como real parece tener cualidades definidas. Algunas cosas son grandes; otras, pequeñas: algunas cosas son duras; otras, blandas. Sin embargo, ninguna de estas cualidades tiene significado fuera de tu percepción. Toma un objeto cualquiera: una silla plegable, por ejemplo. Para ti la silla no es muy grande: para una hormiga, sin embargo, es inmensa. Para ti la silla es dura, pero un neutrino la atravesaría sin aminorar su marcha, porque para una partícula subatómica los átomos de la silla están separados por kilómetros enteros. La silla parece estar inmóvil, pero si la observaras desde el espacio exterior la verlas pasar girando, con todo lo que hay en la Tierra, a 1.600 kilómetros por hora. De igual modo, cualquier descripción que hagas de la silla se puede alterar por completo, simplemente cambiando tu percepción. Si la silla es roja, puedes hacer que parezca negra mirándola a través de un cristal verde. Si la silla pesa dos kilos y medio, puedes reducir su peso a un kilo poniéndola en la Luna o aumentarlo a cincuenta mil kilos poniéndola en el campo gravitatorio de una estrella densa.

Como no hay cualidades absolutas en el mundo material, es falso decir que existe siquiera un mundo independiente allí fuera. El mundo es un reflejo del aparato sensorial que lo registra. El sistema nervioso humano capta sólo una fracción insignificante, menos de una parte por mil millones, de la energía total que vibra en el medio. Otros sistemas nerviosos, tales como el de un murciélago o una serpiente, reflejan un mundo diferente que coexiste con el nuestro. El murciélago percibe un mundo de ultrasonido: la serpiente, un mundo de luz infrarroja, ambos ocultos para nosotros.

Allí fuera sólo hay, en realidad, datos sin forma, en estado bruto, esperando ser interpretados por ti, el que percibe. Tomas una sopa cuántica en flujo, radicalmente ambigua, como la llaman los físicos, y utilizas tus sentidos para congelar esa sopa en el mundo sólido tridimensional. Sir John Eccles, el eminente neurólogo británico, pincha la ilusión sensorial con una aseveración asombrosa, pero irrefutable: Debéis comprender que no hay color en el mundo natural, ni sonido; nada de ese tipo: ni texturas, ni diseños, ni belleza ni aromas… En pocas palabras, ninguno de los hechos objetivos en los que solemos basar nuestra realidad es fundamentalmente válido.

Por perturbador que esto pueda parecer, es una increíble liberación comprender que puedes cambiar tu mundo, incluido tu cuerpo, simplemente cambiando tu percepción. En este mismo instante, la percepción que tienes de ti mismo está causando cambios inmensos en tu cuerpo. Para dar un ejemplo: en Estados Unidos y en Inglaterra, la jubilación obligatoria a la edad de 65 años establece una fecha de corte arbitraria para la utilidad social. El día antes de cumplir los 65 años, un trabajador aporta a la sociedad su obra y su valor; el día después se convierte en uno de los que dependen de la sociedad. Desde el punto de vista médico, los resultados de este cambio perceptual pueden ser desastrosos. En los primeros años posteriores a la jubilación, el ataque cardiaco y el cáncer se elevan raudamente; una muerte prematura se adueña de hombres que eran saludables antes de jubilarse. La muerte por retiro prematuro, como se llama al síndrome, depende de la percepción de que se han terminado nuestros días útiles; esto es sólo una percepción, pero basada en quien la sostiene para crear enfermedad y muerte.

Por comparación, en aquellas sociedades que aceptan la vejez como parte de la trama social, los ancianos se mantienen sumamente vigorosos: levantan pesos, trepan y flexionan la espalda de un modo que no aceptamos como normal en nuestros mayores.

Si examinas las células viejas, como las que forman manchas parduscas en la piel, con un microscopio de alta potencia, la escena presenta la devastación de una zona en guerra. Por aquí y por allá corren vetas fibrosas: los depósitos de grasa y desechos metabólicos sin descartar forman feos terrones: esos pigmentos oscuros y amarillentos que llamamos lipofucina se han acumulado al punto de ensuciar entre un 10 y un 30 por ciento del interior de la célula.

Esta escena de devastación es creada por procesos subcelulares que han fallado: mas si miras con una lente menos materialista, verás que las células viejas son como mapas de la experiencia de una persona. Allí están impresas las cosas que te han hecho sufrir junto con las que te han proporcionado alegría. Las tensiones que olvidaste hace tiempo en el plano consciente siguen enviando señales, como microchips sepultados, y te causan ansiedad, nerviosismo, fatiga, aprensión, resentimientos, dudas, desilusiones; esas reacciones cruzan la barrera entre mente y cuerpo para convertirse en parte de ti. Los depósitos tóxicos acumulados en las células viejas no se presentan de modo uniforme: algunas personas adquieren muchos más que otras, aunque entre ellas exista poca diferencia genética. Por la época en que cumplas los 70 años, tus células tendrán un aspecto único, pues reflejarán las experiencias únicas que has procesado y metabolizado en tus tejidos y órganos.

El poder procesar las caóticas vibraciones en bruto de la sopa cuántica, convirtiéndolas en fragmentos de realidad significativos y ordenados, abre enormes posibilidades creativas. Sin embargo, estas posibilidades sólo existen cuando tienes consciencia de ellas. Mientras lees esto, una enorme porción de tu consciencia se dedica a crear tu cuerpo sin participación tuya. El que llamamos sistema nervioso autónomo o involuntario fue diseñado para manejar funciones que han escapado a tu consciencia. Si echaras a andar por la calle absorto en tus pensamientos, los centros involuntarios de tu cerebro no dejarían de lidiar con el mundo, alertas a cualquier peligro y preparados para activar instantáneamente la reacción.

Cien cosas a las que no prestas ninguna atención prosiguen sin pausa: respirar, digerir, crear células nuevas, reparar las viejas dañadas, purificar toxinas, mantener el equilibrio hormonal, convertir la energía acumulada de grasa en glucemia, dilatar las pupilas, subir y bajar la presión arterial, mantener la temperatura del cuerpo, balancearse al caminar, mover la sangre entre los grupos de músculos que hacen el mayor esfuerzo y percibir ruidos y movimientos en el ambiente circundante.

Estos procesos automáticos juegan un papel enorme en el envejecimiento, pues al envejecer declina nuestra capacidad de coordinar estas funciones. Una vida entera de existencia inconsciente conduce a numerosos deterioros: en cambio, una vida entera de participación consciente los previene. El mero acto de prestar atención consciente a las funciones corporales, en vez de dejarlas en piloto automático, cambiará tu modo de envejecer. Todas las funciones supuestamente involuntarias, desde el latir del corazón y el respirar hasta la digestión y la regulación de hormonas, se pueden tratar conscientemente. La era de la biorrealimentación y la meditación nos lo han enseñado: se ha instruido a pacientes, en laboratorios mente-cuerpo, para que bajen a voluntad su presión sanguínea o para que reduzcan las secreciones ácidas que provocan las úlceras, entre varias decenas de cosas. Por qué no aplicar esta capacidad al proceso de envejecimiento? Por qué no cambiar los viejos patrones de percepción por otros nuevos? Como ya veremos, abundan las técnicas para influir ventajosamente sobre el sistema nervioso involuntario.

2.- Nuestro cuerpo está compuesto de energia e información

Para transformar los patrones del pasado debes saber de qué están hechos. Tu cuerpo parece estar compuesto de materia sólida que se puede descomponer en moléculas y átomos, pero la física cuántica nos dice que cada átomo es en más del 99,9999 por ciento espacio vacío, y que las partículas subatómicas que se mueven a fulgurante velocidad por ese espacio son, en realidad, manojos de energía vibrante. Sin embargo, estas vibraciones no se producen al azar y sin significado: portan información. Así, un grupo de vibraciones es codificado como átomo de hidrógeno: otro, como oxigeno. Cada elemento es, de hecho, su propio código único.

Los códigos son abstractos: también lo son, en último término, nuestro cosmos y cuanto contiene. Si descomponemos la estructura física del cuerpo para llegar a su fuente última, nos veremos en un callejón sin salida, pues las moléculas ceden paso a átomos: los átomos, a partículas subatómicas, y estas partículas, a fantasmas de energía que se disuelven en un espacio vacío. Este vacio está misteriosamente impreso con información, aun antes de que se exprese información alguna. Así como en tu memoria existen, silenciosamente, miles de palabras sin que las pronuncies, así el campo cuántico contiene el universo entero de forma inexpresada: así ha sido desde la Gran Explosión, cuando millones de galaxias estaban comprimidas en un espacio millones de veces más pequeño que el punto con que acaba esta frase. Sin embargo, aun antes de ese punto infinitesimal, la estructura del universo existía de forma inmanifiesta.

La materia esencial del universo, incluido tu cuerpo, es no materia, pero no es no materia vulgar. Es no materia pensante. El vacío que existe dentro de cada átomo palpita de inteligencia invisible. Los genetistas localizan primariamente esa inteligencia dentro del ADN, pero sólo en aras de la conveniencia. La vida se despliega a medida que el ADN imparte su inteligencia codificada a su gemelo activo, el ácido ribonucleico. que a su vez entra en la célula e imparte fragmentos de inteligencia a miles de enzimas, las que luego usan sus fragmentos específicos de inteligencia para hacer proteínas. En cada punto de esta secuencia es preciso intercambiar energía e información: de lo contrario no se podría construir vida a partir de la materia inerte.

El cuerpo humano obtiene su energía primaria quemando azúcar, que es transportado a las células en forma de glucosa o glucemia. La estructura química de la glucosa se relaciona estrechamente con la de la sacarosa o azúcar común de mesa. Pero si quemas azúcar común no obtendrás las exquisitas y complejas estructuras de una célula viviente; sólo obtendrás un terrón chamuscado de ceniza, rastros de agua y dióxido de carbono en el aire.

El metabolismo es más que un proceso de combustión: es un acto inteligente. El mismo azúcar que permanece inerte en un cubo mantiene la vida con su energía, porque las células del cuerpo le infunden una nueva información. El azúcar puede aportar su energía a una célula del riñón, del corazón o del cerebro, por ejemplo. Todas estas células contienen formas de inteligencia completamente únicas: la contracción rítmica de una célula cardiaca se diferencia por completo de las descargas eléctricas de una célula cerebral o del intercambio de sodio de una célula renal.

Por maravillosa que sea esta riqueza de inteligencia diversa, en el fondo hay una sola inteligencia compartida por todo el cuerpo. Es el flujo de esa inteligencia lo que te mantiene vivo; cuando deja de fluir, en el momento de la muerte, todo el conocimiento depositado en tu ADN queda inutilizado. Al envejecer, este flujo de inteligencia se ve dificultado de varias maneras. La inteligencia específica de los sistemas inmunológico, nervioso y endocrino comienza a caer: los fisiólogos saben ahora que estos tres sistemas funcionan como controles principales del cuerpo. Las células inmunológicas y las glándulas endocrinas están equipadas con los mismos receptores de señales cerebrales que las neuronas; por lo tanto, son como una extensión del cerebro. Esto nos impide confinar la senectud a la materia gris; cuando se pierde inteligencia en el sistema inmunológico o en el endocrino, se infiltra la senectud en todo el cuerpo.

Como todo esto ocurre en un plano invisible e inmanifiesto, las pérdidas pasan desapercibidas hasta que llegan a una etapa muy avanzada y se expresan en un síntoma físico. Los cinco sentidos no pueden profundizar tanto como para experimentar los millones de intercambios cuánticos que crean el envejecimiento. La tasa de cambio es, a un tiempo. demasiado veloz y demasiado lenta: demasiado veloz, porque las reacciones químicas individuales requieren menos de una diezmilésima de segundo; demasiado lenta, porque su efecto acumulativo no se mostrará en años enteros. Estas reacciones involucran información y energía en una escala millones de veces más pequeña que un solo átomo.

El deterioro de la edad seria inevitable si el cuerpo fuera simplemente material, porque todas las cosas materiales son presa de la entropía, la tendencia de los sistemas ordenados a desordenarse. El ejemplo dásico de la entropía es un automóvil que se oxida en un basurero; la entropía descompone la ordenada maquinaria en óxido deshecho. No hay posibilidades de que el proceso funcione a la inversa, de que un montón de chatarra oxidada se recomponga en un auto nuevo. Pero la entropía no se aplica a la inteligencia: una parte invisible de nosotros es inmune a los estragos del tiempo. La ciencia moderna apenas comienza a descubrir las implicaciones de todo esto, pero ha sido impartido durante siglos mediante las tradiciones espirituales en las que los maestros han preservado la juventud del cuerpo hasta edad muy avanzada.

La India. China. Japón y. en menor proporción, el Occidente cristiano, han dado nacimiento a sabios que captaron su naturaleza esencial como flujo de inteligencia. Al preservar y nutrir ese flujo año tras año, superaron la entropía desde un plano más profundo de la Naturaleza. En la India, el flujo de inteligencia recibe el nombre de prana (generalmente traducido como fuerza vital), que puede aumentar y decrecer a voluntad, mover de un lado a otro y manipular a fin de mantener el orden y la juventud en el cuerpo físico. Como ya veremos, la capacidad de establecer contacto con el prana y utilizarlo está dentro de todos nosotros. Los yoguis mueven el prana sin utilizar otra cosa que la atención, pues, en un plano profundo, la atención y el prana son lo mismo: la vida es consciencia, la consciencia es vida.

3.- Mente y cuerpo son inseparablemente uno

La inteligencia es mucho más flexible que la máscara de material que la oculta. La inteligencia puede expresarse por igual como pensamiento o como molécula. Una emoción básica como el miedo se puede describir como sensación abstracta o como tangible molécula de la hormona adrenalina. Sin la sensación no hay hormona: sin la hormona no hay sensación. De la misma forma, no hay dolor sin las señales nerviosas que transmiten el dolor; no hay alivio para el dolor sin las endorfinas que se ajustan a los receptores del dolor para bloquear esas señales. La revolución que llamamos medicina mente-cuerpo se basó en este simple descubrimiento: dondequiera que va un pensamiento, un elemento químico lo acompaña. Este esclarecimiento se ha convertido en una herramienta poderosa que nos permite comprender, por ejemplo, por qué las viudas recientes tienen dos veces más probabilidades de desarrollar un cáncer de mama, o por qué las enfermedades son cuatro veces más probables en los depresivos crónicos. En ambos casos, los estados de aflicción mental se convierten en los bioquímicos que crean la enfermedad.

En mi práctica profesional puedo encontrarme con dos pacientes atacados de angina de pecho, ese típico dolor opresivo, sofocante, característico de la dolencia cardiaca. Un paciente podrá nadar, correr y hasta escalar montañas, ignorando totalmente su dolor o quizá sin sentirlo siquiera, mientras que el otro casi se desmaya de dolor con sólo levantarse del sillón.

Mi primer impulso será buscar una diferencia física entre ellos, pero puedo hallarla o no. Según los cardiólogos, hay dolor de angina cuando una de las tres arterias coronarias, al menos, está bloqueada en un 50 por ciento. Este bloqueo se presenta casi siempre bajo la forma de un ateroma, una lesión en la parte interior de la pared arterial, formada por células muertas, coágulos de sangre y placas grasas. Sin embargo, eso del 50 por ciento bloqueado es sólo una regla práctica. Algunos pacientes de angina quedan incapacitados por el dolor cuando sólo tienen una pequeña lesión en una sola arteria, que apenas obstruye el flujo sanguíneo: otros, en cambio, han corrido maratones pese a grandes bloqueos múltiples que afectaban hasta un 85 por ciento. Debería agregar que la angina de pecho no siempre es provocada por un bloqueo físico. Las arterias están rodeadas de una capa de células musculares que pueden sufrir espasmos y comprimir el vaso sanguíneo, cerrándolo, pero se trata de una reacción muy individual.

En términos de mente-cuerpo, mis dos pacientes expresan diferentes interpretaciones del dolor. Cada paciente imprime a su estado una perspectiva única: el dolor (o cualquier otro síntoma) emerge a la consciencia sólo después de interactuar con todas las influencias que operan en el sistema mente-cuerpo. No hay una sola respuesta para todos, ni siquiera para la misma persona en dos momentos distintos. Las señales de dolor son datos en bruto que pueden ser aplicados a muchos fines. El atletismo de alto esfuerzo, como la carrera de larga distancia, somete al atleta a un dolor que él interpreta como señal de logro (El que quiera pez, que se moje los pies); el mismo dolor, infligido en otras circunstancias, sería muy mal recibido. Los corredores admiran a los entrenadores que los empujan hasta el limite, pero tal vez detestarían un tratamiento semejante en el servicio militar.

La medicina apenas comienza a utilizar el vínculo mente-cuerpo para curar: la derrota del dolor es un buen ejemplo. Mediante el suministro de un placebo o droga inocua, el 30 por ciento de los pacientes experimenta el mismo alivio frente al dolor que el que habrían sentido si hubieran tomado un verdadero calmante. Pero el efecto mente-cuerpo es mucho más sagrado. La misma píldora inocua se puede utilizar para calmar el dolor, para impedir las secreciones gástricas excesivas en los enfermos de úlcera, para bajar la presión arterial o combatir los tumores. Se pueden inducir todos los efectos colaterales de la quimioterapia. incluyendo la pérdida de pelo y las náuseas, si suministramos a los cancerosos una píldora de azúcar y les aseguramos que se trata de una poderosa droga anticancer. Existen casos en que simples inyecciones de solución salina estéril han llevado a la remisión de tumores malignos avanzados.

Como la misma píldora inerte puede provocar respuestas tan distintas, debemos llegar a la conclusión de que el cuerpo es capaz de producir cualquier respuesta bioquimica, una vez que la mente recibe la sugerencia adecuada. La píldora en sí carece de significado: el poder que activa el efecto placebo es el poder de la sugestión por sí solo. Esta sugestión se convierte luego en la intención del cuerpo de curarse. Entonces. por qué no saltear el engaño de la píldora de azúcar para ir directamente a la intención? Si pudiéramos activar efectivamente la intención de no envejecer, el cuerpo la llevaría a cabo de manera automática.

Contamos con pruebas muy excitantes para demostrar que esa posibilidad existe. Una de las enfermedades más temidas de la vejez es el mal de Parkinson, dolencia neurológica que provoca movimientos musculares incontrolables y un drástico retardo de las acciones corporales, tales como caminar; con el tiempo el cuerpo se pone tan rígido que el paciente no puede moverse en absoluto. Se ha identificado el origen del Parkinson en un inexplicable agotamiento de un elemento químico cerebral de importancia crítica llamado dopamina. Pero también existe un mal de Parkinson simulado, que ocurre cuando las células cerebrales que producen la dopamina han sido destruidas químicamente por ciertas drogas. Imaginemos a un paciente afectado por este tipo de Parkinson en una etapa avanzada de inmovilización. Si trata de caminar, sólo dará uno o dos pasos antes de detenerse, tieso como una estatua.

Sin embargo, si trazamos una línea en el suelo y le decimos: Crúcela, esa persona podrá caminar hasta cruzarla milagrosamente. Pese a que la producción de dopamina es completamente involuntaria y su provisión parece exhausta (como lo demuestra el hecho de que su cerebro no pueda ordenar a los músculos de las piernas dar un paso más), con la sola intención de caminar el cerebro despierta. Esa persona puede petrificarse otra vez después de unos pocos segundos, pero una vez más, si le pedimos que franquee una línea imaginaria, el cerebro volverá a responder. Por extensión, la invalidez y la inactividad que presentan muchos ancianos es sólo un estado latente. Al renovar sus intenciones de llevar una vida activa y útil, muchos ancianos pueden mejorar drásticamente su capacidad motriz, su fuerza, su agilidad y la rapidez mental.

La intención es parte activa de la atención: es la manera de convertir los procesos automáticos en conscientes. Utilizando simples ejercicios de mente-cuerpo, casi cualquier paciente puede aprender, en pocas sesiones, a convertir un ritmo cardiaco precipitado, un jadeo asmático o la ansiedad flotante en una reacción más normal. Lo que parece fuera de control puede ser controlado mediante la técnica adecuada. Las implicaciones para el envejecimiento son enormes. Al insertar una intención en los procesos de pensamiento tal como: Quiero mejorar todos los días mi energía y mi vigor, puedes comenzar a ejercer control sobre esos centros cerebrales que determinan cuánta energía se expresará en la actividad. La declinación del vigor en la ancianidad se debe, mayormente, a que la gente espera declinar. Sin desearlo, han implantado una intención derrotista bajo la forma de una potente creencia, y el vinculo mente-cuerpo cumple automáticamente esta intención.

Nuestras intenciones pasadas crean programas obsoletos que parecen tener dominio sobre nosotros. En verdad, el poder de la intención se puede despertar de nuevo en cualquier momento. Mucho antes de envejecer, puedes evitar esas pérdidas si programas tu mente para mantenerte joven, utilizando el poder de tu intención.

4.- La bioquimica del cuerpo es un producto de la consciencla

Una de las mayores limitaciones del antiguo paradigma era el supuesto de que nuestra consciencia no desempeña ningún papel en cuanto a explicar lo que nos está ocurriendo en el cuerpo. Sin embargo, no se puede entender la curación de una persona a menos que se entiendan también sus creencias, supuestos, expectativas y la imagen que tiene de si misma. Aunque la imagen del cuerpo como máquina sin mente continúa dominando la corriente principal de la medicina occidental, existen incuestionables evidencias que demuestran lo contrario. Se puede demostrar que las tasas de muerte por cáncer y enfermedades cardiacas son más altas entre las personas que padecen tensiones psicológicas, y más bajas entre quienes tienen un fuerte sentido de resolución y bienestar.

Uno de los estudios médicos más divulgados en los últimos años es el realizado por David Spiegel, psiquiatra de Stanford. quien se propuso demostrar que el estado mental de los pacientes no influía en el hecho de que sobrevivieran o no al cáncer. Como tantos facultativos, pensaba que asignar importancia a las creencias y actitudes del paciente haría más mal que bien, pues la idea de yo me provoqué el cáncer originaria sentimientos de culpa y auto reproche. Spiegel tomó a ochenta y seis mujeres con cáncer de mama avanzado (enfermas a las que. básicamente, no se podia ayudar con tratamientos convencionales) y brindó a la mitad de ellas sesiones semanales de psicoterapia, combinadas con lecciones de auto hipnosis. Bajo cualquier criterio, esto representa una intervención minima; qué podia hacer una mujer en una hora de terapia por semana, tiempo que debía compartir con varias pacientes más, para combatir una enfermedad que es inevitablemente fatal en etapas avanzadas? La respuesta parecía obvia.

Sin embargo, después de seguir a las pacientes durante diez años. Spiegel quedó atónito al descubrir que el grupo sometido a terapia sobrevivió, en término medio, el doble que el otro grupo. Más revelador aún era el hecho de que, a esa tardia fecha, sólo quedaran tres mujeres con vida, todas ellas del grupo de terapia. Este estudio es asombroso porque el investigador no esperaba descubrir efecto alguno. Pero otros investigadores aportaron una década de hallazgos similares. Un meticuloso estudio realizado por Yale en 1987, según el informe de M. R. Jensen, descubrió que el cáncer de mama se extendía con mayor celeridad entre las mujeres de personalidad reprimida, carentes de esperanzas e incapaces de expresar enojo, miedo y otras emociones negativas. Han surgido descubrimientos similares sobre la artritis reumatoidea, el asma, el dolor intratable y otras dolencias.

Dominados por el paradigma antiguo, los médicos tienen prejuicios contra esos resultados. Tal como señala Larry Dossey en su esclarecido libro Medicine and Meaning (Medicina y Significado ): El mensaje dominante, que se predica incesantemente en las páginas editoriales de las publicaciones médicas y en las aulas de las universidades, es que “la biología inherente a la enfermedad” tiene una importancia abrumadora, mientras que sentimientos, emociones y actitudes son simples compañeros de viaje.Lo que nos enseña el nuevo paradigma es que las emociones no son hechos fugaces, aislados en el espacio mental; son expresiones de la consciencia, materia fundamental de la vida. En todas las tradiciones religiosas, el aliento de la vida es el espíritu. Elevar o bajar el espíritu a alguien significa algo fundamental que el cuerpo debe reflejar.

La consciencia marca una enorme diferencia en el envejecimiento, pues, aunque toda especie de vida superior envejece, sólo los humanos sabemos lo que nos pasa, y traducimos este conocimiento en decadencia misma. El miedo a la vejez te hace envejecer más aprisa; aceptarla con gracia, en cambio, aleja de tu puerta a muchas miserias, tanto físicas como mentales. El dicho del sentido común Eres tan viejo como crees serlo tiene profundas implicaciones. Qué es un pensamiento ? Es un impulso de energía e información, como todo lo que existe en la Naturaleza. Los paquetes de información y energía que rotulamos árboles, estrellas, montañas y océanos podrían ser considerados también pensamientos de la Naturaleza, pero nuestros pensamientos son diferentes en un aspecto importante. La Naturaleza queda varada con sus pensamientos una vez que sus patrones han sido establecidos: cosas tales como las estrellas y los árboles siguen un ciclo de crecimiento que pasa automáticamente por las etapas de nacimiento, desarrollo, decadencia y disolución.

Nosotros, en cambio no estamos varados en nuestro ciclo de vida: al tener consciencia, participamos en todas las reacciones que se producen dentro de nosotros. Los problemas surgen cuando no nos reconocemos responsables de lo que hacemos. En su libro The Holographic Universe ( El Universo Holográfico). Michael Talbot traza una brillante comparación con el rey Midas. Como todo lo que tocaba se convertía en oro, Midas nunca pudo conocer la verdadera textura de nada. Agua, trigo, carne o plumas. todo se convertía en el mismo metal duro en cuanto él lo tocaba, ( y murió de hambre). De igual manera, como nuestra consciencia convierte el campo cuántico en realidad material común, no podemos conocer la verdadera textura de la realidad cuántica en sí, ni por medio de nuestros cinco sentidos ni pensando en ello, pues un pensamiento también transforma el campo: toma las infinitas posibilidades del vacío y da forma a un hecho específico del espacio-tiempo.

Lo que llamas tu cuerpo es también un hecho específico del espacio-tiempo, y al experimentar su materialidad pasas por alto el toque de Midas, que convierte el potencial abstracto puro en algo sólido. A menos que cobres consciencia de la consciencia jamás podrás sorprenderte a ti mismo en el acto de la transformación.

5.- La percepción es un fenómeno aprendido

El poder de la consciencia no cambiaría en nada nuestra vida si la Naturaleza nos hubiera provisto a todos con las mismas respuestas ante la experiencia. Obviamente no es así: no hay dos personas que compartan la misma percepción de nada. La cara de la persona que amas puede ser la cara de mi peor enemigo: la comida que te despierta apetito puede provocarme náuseas. Estas respuestas personales deben ser aprendidas; allí es donde se originan las diferencias. El aprendizaje es un uso muy activo de la mente, que lleva a cambios muy activos del cuerpo. Las percepciones de amor, odio, placer y náusea estimulan el cuerpo en direcciones sumamente distintas. En pocas palabras, nuestro cuerpo es el resultado físico de todas las interpretaciones que hemos aprendido a hacer desde que nacimos.

Algunos pacientes sometidos a trasplante de órganos relatan experiencias extrañas después de recibir un riñón, un hígado o un corazón donado. Sin saber quién era el donante, comienzan a participar de sus recuerdos. Cuando se colocan los tejidos de una persona dentro de un extraño, se comienzan a liberar asociaciones que pertenecían a otro. En un caso de trasplante de corazón, la mujer despertó con antojo de cerveza y pollo de McDonald’s; eso la sorprendió, porque nunca antes había deseado esas cosas.

Cuando comenzó a tener sueños misteriosos, en los que se le presentaba un joven llamado Timmy, rastreó al donante de su nuevo corazón, que resultó ser la víctima de un accidente de tránsito. Al ponerse en contacto con su familia, descubrió que la víctima era un joven llamado Timmy. La mujer quedó estupefacta al descubrir que el joven tenía predilección por la cerveza y que había muerto al volver a su casa desde un local de McDonald’s.

En vez de buscar una explicación sobrenatural para estos incidentes, podríamos ver en ellos la confirmación de que nuestro cuerpo está hecho de experiencias transformadas en expresión física. Como la experiencia es algo que incorporamos (literalmente convertimos en cuerpo) nuestros recuerdos se han infiltrado en nuestras células; por ende, recibir las células de otro es recibir al mismo tiempo sus recuerdos.

Tus células procesan constantemente la experiencia y la metabolizan según tus criterios personales. No te limitas a absorber datos crudos por los ojos y los oídos y a sellarlos con un juicio, sino que te conviertes físicamente en la interpretación, al interiorizarla. Quien está deprimido por haber perdido su empleo proyecta tristeza en todo su cuerpo: la producción de neurotransmisores del cerebro se agota, bajan los niveles de hormonas, se interrumpe el ciclo del sueño, los receptores neuropéptidos de la superficie exterior de las células epiteliales se distorsionan, las placas de la sangre se toman más pegajosas y propensas a aglutinarse: hasta sus lágrimas contienen rastros químicos diferentes de las lágrimas de alegría.

Todo este perfil bioquímico se altera dramáticamente cuando esa persona halla un nuevo empleo y, si es más satisfactorio, su producción de neurotransmisores. hormonas, receptores y todos los otros bioquímicos vitales hasta el mismo ADN – empieza a reflejar ese súbito giro favorable. Aunque damos por supuesto que el ADN es un depósito cerrado de información genética. su gemelo activo, el ARN, responde a la existencia cotidiana. Los estudiantes de medicina, en tiempos de exámenes, presentan una producción reducida de interleukina 2. elemento critico en la respuesta inmunológica que combate el cáncer. La producción de interleukina 2 está bajo el control del mensajero ARN, lo cual significa que el nerviosismo del estudiante por aprobar sus exámenes habla directamente a sus genes.

Este punto refuerza la gran necesidad de utilizar nuestra consciencia para crear los cuerpos que en verdad deseamos. El nerviosismo por un examen de medicina pasa tarde o temprano, como pasa la depresión por un empleo perdido, pero el proceso de envejecimiento debe ser contrarrestado todos los días. Tu interpretación de cómo envejeces es crítica para lo que ocurra en las próximas cuatro, cinco o seis décadas. En términos neurológicos, una señal cerebral es sólo una serie de fluctuaciones de energía. Si estás en coma, estas señales no tienen significado; si estás alerta y consciente, las mismas señales se abren a infinitas interpretaciones creativas. Shakespeare no hacia metáforas cuando escribió la frase de Próspero: Somos la materia de la que están hechos los sueños. El cuerpo es como un sueño manifiesto, una proyección tridimensional de señales cerebrales, que se transforman en el estado que llamamos real.

El envejecimiento no es sino una serie de transformaciones mal orientadas, procesos que deberían mantenerse estables, equilibrados y en renovación, pero que se desvían de su curso debido. Esto se presenta como cambio físico; sin embargo, lo que en realidad ha ocurrido es que tu consciencia (no importa si en tu mente o en tus células) se desvió primero. Al tomar consciencia de cómo se produjo ese error, puedes poner nuevamente en línea la bioquímica de tu cuerpo. No hay bioquímica fuera de la consciencia; cada célula de tu cuerpo tiene perfecta consciencia de lo que piensas y sientes sobre ti mismo. Una vez que aceptas ese hecho, desaparece toda ilusión de ser víctima de un cuerpo sin mente, que se degenera al azar.

6.- Hay impulsos de inteligencia que crean constantemente el cuerpo en nuevas formas cada segundo

Crear el cuerpo en formas nuevas es necesario a fin de satisfacer las cambiantes exigencias de la vida. La visión que un niño tiene de la realidad, por ejemplo, contiene mucho que no es familiar; hasta que aprenda más sobre el mundo, su cuerpo se expresa en una conducta inexperta y mal coordinada. A los tres meses de edad, el bebé no puede diferenciar entre una escalera y la pintura de una escalera. Su cerebro no ha captado lo que es la ilusión óptica. Hacia los seis meses su realidad ha cambiado: a esa edad los bebés saben reconocer las ilusiones ópticas; usando ese conocimiento, sus cuerpos pueden manejarse mejor en el espacio tridimensional. Los espejos dejan de parecer agujeros en la pared; se puede subir por las escaleras de verdad, pero no por las pinturas de escaleras; lo redondo es diferente de lo plano; etcétera. Ese cambio de percepción no es sólo mental: se ha logrado toda una manera nueva de usar los ojos y las manos: han sido afectadas las dimensiones físicas de diversos centros cerebrales para el reconocimiento de formas y la coordinación motriz.

Mientras en tu cerebro continúen entrando percepciones nuevas, tu cuerpo podrá responder de nuevas maneras. No hay secreto de juventud más poderoso. Tal como lo expresó sucintamente un paciente mío, de 80 años: Cuando dejas de crecer, envejeces. Los nuevos conocimientos, las habilidades nuevas, las nuevas maneras de mirar el mundo, mantienen en crecimiento a la mente y al cuerpo; mientras así sea, se expresa la tendencia natural de ser nuevo a cada segundo.

En el mundo cuántico el cambio es inevitable; el envejecimiento, no. La edad cronológica de nuestro cuerpo físico no viene al caso. El cincuentón más juvenil tiene moléculas cuya edad es la misma de las del cincuentón más envejecido. En ambos casos, la edad cronológica del cuerpo se podría establecer en cinco mil millones de años (edad de los diversos átomos), un año (el tiempo que tardan estos átomos en reemplazarse dentro de nuestros tejidos), o tres segundos (el tiempo que tarda una célula en revolver sus enzimas para procesar comida, aire y agua).

En verdad, tienes tanta edad como la información que gira a través de ti, y eso es una gran suerte. Puedes controlar el contenido de información del campo cuántico. Aunque existe cierta cantidad de información fija en los átomos de comida, aire y agua que constituyen cada célula, el poder de transformar esa información está sujeto al libre albedrío. Una cosa que puedes poseer sin limites en este mundo es tu interpretación de él. Existen notables casos médicos de niños pequeños, por ejemplo, que por sentirse muy carentes de amor dejaron de crecer. Este síndrome, llamado enanismo psicosocial, se presenta entre niños gravemente maltratados, que convierten su falta de amor y afecto en un agotamiento de la hormona del crecimiento, desafiando la suposición de que la hormona del crecimiento se libera según ritmos previamente programados que todo niño lleva impresos en su ADN. En estos casos, el poder de la interpretación se impone al sello genético, provocando un cambio en los campos de información del cuerpo.

De la auto interacción de una persona surgen interpretaciones que se experimentan como diálogo interno. Pensamientos, juicios y sensaciones giran sin cesar en la mente: Esto me gusta, aquello no me gusta. A me da miedo, de B no estoy seguro, etcétera. El diálogo interno no es ruido mental al azar; lo generan en un plano profundo tus creencias y supuestos. Se define la creencia esencial como algo que das por cierto sobre la realidad; mientras te aferres a ella, tu creencia ajustará los campos de información de tu cuerpo a ciertos parámetros: percibirás algo como agradable o desagradable, aflictivo o gozoso, según cómo responda a tus expectativas.

Cuando cambia la interpretación de alguien, se produce también un cambio en su realidad. En el caso de los niños que sufren de enanismo psicosocial, ponerlos en un ambiente amoroso resulta más efectivo que administrarles hormonas de crecimiento (su creencia de que son indeseables e indignos puede ser tan potente que el cuerpo no crezca, aun cuando se le inyecten hormonas). Sin embargo, si los padres adoptivos amorosos pueden transformar la creencia esencial de los niños que se consideran indignos de amor, éstos responden con torrentes de hormonas de crecimiento, producidas naturalmente, y eso suele llevarlos a un estado normal de estatura, peso y desarrollo. Cuando se ven de otro modo, su realidad personal se altera en un plano fisiológico. He aquí una poderosa metáfora de cómo el miedo a envejecer y la profunda convicción de que estamos destinados a la decadencia puede transformarse en envejecimiento en si, como profecía auto cumplida generada por la imagen destructiva que tenemos de nosotros mismos.

Para escapar de esta prisión, necesitamos invertir las creencias basadas en el miedo. En vez de creer que el cuerpo decae con el tiempo, nutre la creencia de que tu cuerpo es nuevo a cada instante. En vez de creer que tu cuerpo es una máquina sin mente, nutre la creencia de que tu cuerpo está impregnado de la profunda inteligencia de la vida, cuya única finalidad es mantenerte. Estas nuevas creencias no son sólo más gratas: son ciertas; experimentamos el goce de la vida por medio del cuerpo, y por eso es natural creer que el cuerpo no se nos opone, sino que desea lo mismo que deseamos nosotros.

7.- Pese a la apariencia de ser individuos separados, todos estamos conectados con los modelos de inteligencia que gobiernan el cosmos

Tú y tu ambiente sois una sola cosa. Si te observas, percibirás que tu cuerpo cesa en cierto punto; está separado de la pared de tu cuarto o del árbol de la acera por un espacio vacío. Sin embargo, en términos cuánticos la distinción entre sólido y vacío es insignificante. Cada centímetro cúbico del espacio cuántico está lleno de una cantidad casi infinita de energía. y la más pequeña vibración es parte de vastos campos de vibración que abarcan galaxias enteras. En un sentido muy real, tu ambiente es tu cuerpo prolongado: con cada aliento inhalas cientos de millones de átomos exhalados ayer por alguien en China. Todo el oxigeno, el agua y la luz solar que te rodean son apenas distinguibles de lo que hay dentro de ti.

Si quieres, puedes experimentarle en estado de unidad con todo aquello que está en contacto contigo. En el estado de vigilia común, tocas una rosa con el dedo y la sientes sólida, pero en verdad un manojo de energía e información (tu dedo) entra en contacto con otro manojo de energía e información (la rosa).Tu dedo y la cosa que toca son sólo diminutos afloramientos del campo infinito que llamamos universo. Esta verdad inspiró a los antiguos sabios de la India, que declararon:

Así como es el microcosmos, así es el macrocosmos. Así como es el átomo, así es el universo. Así como es el cuerpo humano, así es el cuerpo cósmico. Así como es la mente humana, así es la mente cósmica.

No se trata sólo de enseñanzas místicas, sino de experiencias reales de quienes pudieron liberar su consciencia del estado de separación para identificarse, en cambio, con la unidad de todo. En la consciencia de unidad, personas, cosas y hechos de allí fuera se convierten todos en parte de tu cuerpo: de hecho, eres sólo un espejo de relaciones centradas en estas influencias. El famoso naturalista John Muir declaró: Cada vez que tratamos de tomar algo por sí solo, lo encontramos amarrado a todo lo demás del universo. Esto no debería ser una rara experiencia, sino el primer bloque en el edificio de todo lo que sabemos.

La posibilidad de experimentar la unidad tiene tremendas implicaciones en el envejecimiento, porque, cuando mantienes una interacción armoniosa con tu cuerpo prolongado, te sientes alegre, saludable y juvenil. El miedo nace de la separación, sostenían los antiguos sabios indios: con esta afirmación ahondaron profundamente en el porqué del envejecer. Al vernos como cosa aparte, creamos el caos y el desorden entre nosotros y las cosas de allí fuera. Provocamos guerras y destruimos el medio ambiente. La muerte, el estado final de separación, se cierne como temible ignoto: la perspectiva misma del cambio, que es parte de la vida, crea un temor pues connota pérdida indecible.

El miedo trae a la violencia como inevitable estela. Al estar separados de otras personas, cosas y hechos, queremos obligarlos a ser lo que deseamos. En la armonía no hay violencia. En vez de tratar ligeramente de controlar lo incontrolable, la persona en unidad aprende la aceptación, no porque sea preciso, sino porque en verdad hay paz y orden en si misma y en su cuerpo prolongado. Krishnamurti. el sabio moderno, llegó a ser un maravilloso nonagenario, siempre alerta, lleno de sabiduría y vitalidad nunca disminuida. Recuerdo haberlo visto subir brincando los peldaños de un estrado, cuando ya tenía 85 años. Me conmoví profundamente cuando una mujer que lo conocía desde hacia muchos años me dijo: He descubierto una cosa en él: carece por completo de violencia.

La visión cuántica del mundo no es espiritual en sus ecuaciones y postulados, pero Einstein y sus colegas compartían una reverencia mística por sus descubrimientos.

Niels Bohr comparó el aspecto ondular de la materia con la mente cósmica; al fin de su vida. Erwin Schródinger estaba convencido de que el universo en sí era una mente viva (haciéndose eco de Isaac Newton. quien sostenía que la gravedad y todas las otras fuerzas eran pensamientos en la mente de Dios). La verdad es que sondear en nuestro propio espíritu siempre lleva a los humanos a los limites del espíritu en su sentido más amplio. Al poner esta coincidencia en términos objetivos, el nuevo paradigma nos permite cruzar realmente el límite que en otros tiempos dividía mente, cuerpo y espíritu.

La transformación de separación a unidad, de conflicto a paz, es la meta de todas las tradiciones espirituales.
Acaso no vivimos en el mismo mundo objetivo?, preguntó cierta vez un discípulo a su guru. Sí ! respondió el maestro , pero tú te ves a ti mismo en el mundo y yo veo al mundo en mí mismo. Ese pequeño cambio perceptual crea una enorme diferencia entre libertad y servidumbre.

Todos nosotros somos siervos del desorden que creamos al considerarnos separados y aislados. El perfecto ejemplo es la personalidad de tipo A, con su conducta extenuante y frustrada, con su eterna sensación de estar presionado por fechas tope. Ese tipo de persona, incapaz de relajarse con ninguna clase de aceptación, de dejarse llevar, alimenta sus dolores pasados convirtiéndolos en ira; este torbellino reprimido se proyecta en el medio como hostilidad, impaciencia, reproches y pánico no asumido. En su esfuerzo incesante por dominar a otros, esa persona reacciona ante las pequeñas tensiones con duras criticas contra sí misma y contra los otros. En la creación de tanto caos, la persona de tipo A, sobre todo si pertenece al mundo del comercio, se engaña pensando que está compitiendo con éxito. En realidad, su nivel de eficiencia es muy bajo y. al acumularse las frustraciones, la retroalimentación que esta personalidad recibe de su cuerpo prolongado crea más desastres dentro del cuerpo físico. Aumentan el colesterol y la presión arterial; el corazón se ve sujeto a innecesarias tensiones, con lo que crece gravemente el riesgo de una apoplejía o de un ataque cardiaco fatal.

El tipo A es un ejemplo extremo del daño que se produce al no interactuar armoniosamente con el propio cuerpo prolongado. Como vemos, la tensión que percibimos en el medio se relaciona directamente con casi todos los cambios relacionados con la edad que atacan a todos. Lo que nos envejece no es tanto la tensión como la percepción de la tensión. Quien no ve al mundo de allí fuera como amenaza puede coexistir con el medio, libre de los daños causados por la respuesta a las tensiones. En muchos sentidos, lo más importante que se puede hacer para experimentar un mundo sin envejecimiento es alimentar el conocimiento de que el mundo es uno mismo.

8.- El tiempo no es absoluto. la realidad subyacente de todas las cosas es eterna. y lo que llamamos tiempo es, en realidad, eternidad cuantificada

Aunque nuestro cuerpo y todo el mundo físico son un despliegue de cambio constante, la realidad es más que el proceso. El universo nació y se desarrolla. Cuando nació surgieron la existencia, el tiempo y el espacio. Antes del momento de la Gran Explosión, el tiempo y el espacio no existían tal como los conocemos. Sin embargo, para la mente racional es casi imposible formularse preguntas tales como: Qué había antes del tiempo? y
Qué puede ser más grande que el espacio? El mismo Einstein, cuando elaboraba en su juventud los principios cuánticos por primera vez, retenía la antigua idea, abrazada por Newton, de que el universo era estable, de que el tiempo y el espacio eran constantes eternas, que nunca habían nacido y jamás morirían.

Esta versión estable de la realidad sigue siendo la que nos brindan nuestros cinco sentidos. No se puede ver ni sentir el tiempo cuando se acelera o se retarda, aun cuando Einstein demostró que así actúa el tiempo: no se puede sentir el espacio cuando se expande o se contrae, aunque también eso es parte de un universo rítmico. Para ir más allá, imaginar esas regiones sin dimensión donde nacen el tiempo y el espacio requiere un cambio radical en la percepción. Este cambio se nos impone porque el universo debe tener algún tipo de fuente atemporal… y lo mismo vale para nosotros.

Consideramos que existimos en el tiempo porque el cuerpo está compuesto de cambio: para cambiar, es preciso tener un flujo o secuencia. En esta secuencia existe un antes y un después: antes de este aliento hubo un último aliento, después de este latido vendrá el latido próximo. Pero teóricamente, si dispusiéramos del tiempo y el equipo necesarios, se podría hacer un electrocardiograma de todos los latidos que tuvo un corazón en su existencia y, con el gráfico en la mano, tendríamos pasado, presente y futuro contenidos en un mismo lugar. Podríamos mirarlo en posición invertida o de atrás hacia delante: podríamos plegarlo por la mitad, para que el último latido y el primero estuvieran el uno junto al otro

Este tipo de manipulación es lo que revela la física cuántica sobre los hechos más básicos del espacio tiempo en la Naturaleza. Cuando dos partículas intercambian estados de energía, pueden moverse hacia atrás en el tiempo con tanta facilidad como hacia delante: las cosas que ocurrieron en el pasado se pueden alterar por hechos de energía en el futuro. Toda la noción del tiempo como flecha disparada inexorablemente hacia delante ha quedado para siempre hecha trizas en las complejas geometrías del espacio cuántico, donde hebras y curvas multidimensionales llevan el tiempo hacia todos lados y hasta lo detienen.

El único absoluto que nos resta es lo atemporal. pues ahora comprendemos que nuestro universo entero es sólo un incidente que brota de una realidad mayor. Lo que percibimos como segundos, minutos, horas, días y años son trozos cortados de esa realidad mayor. A ti, el perceptor, te corresponde cortar lo atemporal del modo que desees: tu consciencia crea el tiempo que experimentas. Quien experimenta el tiempo como un articulo escaso que se escapa sin cesar crea una realidad personal muy diferente de la que crea quien percibe tener todo el tiempo del mundo. Pasas el día presionado por la falta de tiempo? Padeces esos síntomas de pánico y ahogo que provoca la enfermedad del tiempo. traducida por el cuerpo en ritmo cardiaco acelerado o irregular, ritmos digestivos distorsionados, insomnio y alta presión sanguínea? Estas diferencias individuales expresan nuestra manera de percibir el cambio, pues la percepción del cambio crea nuestra experiencia del tiempo.

Cuando fijas tu atención en el pasado o en el futuro, estás en el. campo del tiempo, creando envejecimiento. Un maestro indio, que parecía notablemente joven para su edad, explicó esto diciendo: La mayoría pasa la vida en el pasado o en el futuro, pero mi vida está supremamente concentrada en el presente. Cuando una vida se concentra en el presente es más real, porque el pasado y el futuro no la afectan. En este momento, dónde están el pasado y el futuro? En ninguna parte. Sólo existe el momento presente: pasado y futuro son proyecciones mentales. Si puedes liberarte de estas proyecciones, sin tratar de revivir el pasado ni de dominar el futuro, se abre un espacio para una experiencia completamente nueva: la experiencia del cuerpo sin edad y la mente sin tiempo.

Es de una gran importancia poder identificarse con una realidad que no esté limitada por el tiempo; de lo contrario no hay forma de escapar a la decadencia que el tiempo trae inevitablemente. Un simple ejercicio de mente-cuerpo te permitirá captar un atisbo de la atemporalidad: elige un momento del día en que te sientas relajado y sin presiones. Siéntate tranquilamente en una silla cómoda y quítate el reloj, dejándolo a mano para que puedas consultarlo fácilmente sin necesidad de recogerlo ni de mover mucho la cabeza. Ahora cierra los ojos y toma consciencia de tu respiración. Deja que tu atención siga la corriente del aliento que entra en tu cuerpo y sale de él. Imagina que todo tu cuerpo se alza y cae con el flujo de cada aliento. Al cabo de uno o dos minutos sentirás que el calor y la relajación invaden tus músculos.

Cuando te sientas muy asentado y sereno por dentro, abre lentamente los ojos y echa un vistazo al segundero de tu reloj. Qué hace? Según tu grado de relajación, el segundero se comportará de maneras diferentes. Para algunas personas se habrá detenido por entero, efecto que durará entre uno y hasta tres segundos. Para otros, la manecilla vacilará medio segundo, para luego volver de un salto a su marcha normal. Otros verán que se mueve, pero a un paso más lento que el habitual. A menos que hayas intentado este pequeño experimento, parece muy improbable, pero una vez que hayas pasado por la experiencia de ver detenerse un reloj no volverás a dudar de que el tiempo es producto de la percepción. El único tiempo existente es el que capta tu consciencia.

Puedes aprender a llevar tu consciencia a voluntad a la región de atemporalidad. Para dominar esta experiencia, la meditación es la técnica clásica. En la meditación, la mente activa se retira hacia su fuente: así como el universo cambiante debió de tener una fuente más allá del cambio, tu mente, con su incansable actividad, surge de un estado de consciencia más allá del pensamiento, de la sensación, de las emociones, del deseo y la memoria. Se trata de una experiencia personal profunda. En el estado de atemporalidad o consciencia trascendente, experimentas la sensación de plenitud. En vez de cambio, pérdida y decadencia, hay estabilidad y satisfacción. Sientes que el infinito está en todas partes. Cuando esta experiencia se convierte en realidad, desaparecen los miedos asociados con el cambio; la fragmentación de la eternidad en segundos. horas, días y años se toma secundaria, y primaria la perfección de todo momento.

Ahora que la meditación ha entrado en la experiencia cultural de Occidente, los investigadores han aplicado mediciones científicas a la experiencia subjetiva del silencio, la plenitud y la eternidad. Han descubierto que el estado fisiológico de los meditadores sufre cambios definidos hacia un funcionamiento más eficiente. Cientos de hallazgos individuales demuestran un ritmo respiratorio más lento, una reducción en el consumo de oxígeno y un ritmo metabólico disminuido. En cuanto al envejecimiento, la conclusión más significativa es que se revierte el desequilibrio hormonal asociado con el estrés, del cual sabemos que acelera el proceso de envejecimiento. Esto, a su vez, retarda y hasta revierte el proceso de envejecimiento, según mediciones de diversos cambios biológicos asociados con la decadencia. Por mi experiencia con estudios de personas que practicaban la meditación trascendental, se ha establecido que quienes han meditado mucho tiempo pueden presentar una edad biológica entre cinco y doce años menor que su edad cronológica.

El aspecto más fascinante de esta investigación, que se prolonga desde hace más de dos décadas, es que el proceso biológico del envejecimiento en sí no necesita ser manipulado; se pueden alcanzar los resultados deseados sólo por medio de la consciencia. En otras palabras. la meditación altera el marco de referencia que brinda a la persona su experiencia del tiempo. En un plano cuántico, los hechos físicos del espacio tiempo, tales como el ritmo cardiaco y los niveles hormonales, se pueden afectar simplemente llevando la mente a una realidad donde el tiempo no ejerce un mando tan poderoso. El nuevo paradigma nos demuestra que el tiempo tiene muchos planos y que todos están a nuestra disposición en nuestra propia consciencia.

9.- Todos habitamos una realidad de no cambio. que yace mas allá de todo cambio. La experiencia de esta realidad pone el cambio bajo nuestro dominio

Por el momento, la única fisiología que puedes sostener se basa en el tiempo. Sin embargo, el hecho de que el tiempo esté ligado con la consciencia implica que podrías sostener un estilo de funcionamiento muy diferente: la fisiología de la inmortalidad, que correspondería a la experiencia del no cambio. El no cambio no se puede crear como producto del cambio. Requiere salir de la consciencia ligada con el tiempo para pasar a la consciencia atemporal. Este movimiento tiene muchas gradaciones. Por ejemplo: si estás muy escaso de tiempo en tu trabajo, la reacción de tu cuerpo a la presión no es automática; algunas personas florecen bajo la presión del tiempo, utilizándola para alimentar su creatividad y su energía, mientras que otras se ven derrotadas por ella, pierden el incentivo y sienten una carga que no les dará satisfacción comparada con el estrés que les provoca.

La persona que responde con creatividad ha aprendido a no identificarse con la presión del tiempo; la ha trascendido, al menos en parte, a diferencia de quien se siente constreñido por el estrés. Para ésta la identificación con el tiempo se ha tornado abrumadora: no puede escapar del tictac del reloj interno; su cuerpo no puede sino reflejar su estado anímico. De varias maneras sutiles, nuestras células se ajustan constantemente a nuestra percepción del tiempo: un biólogo diría que hemos encadenado, o trabado en secuencia, una serie de procesos que abarcan millones de acontecimientos relacionados con la mente y el cuerpo.

Es importantísimo comprender que se puede llegar a un estado donde se puedan realinear los procesos ligados con el tiempo. Lo demuestra una simple analogía: observa tu cuerpo físico como si fuera un registro de señales intercambiadas entre tu cerebro y todas las células. El sistema nervioso que establece las clases de mensajes enviados, funciona como software del cuerpo: la mirlada de diferentes hormonas. neurotransmisores y otras moléculas mensajeras son la información que se procesa mediante el software. Todo esto constituye la programación visible de tu cuerpo. Pero dónde está el programador? No es visible, pero debe de existir.

A cada segundo se toman miles de decisiones en el sistema mente-cuerpo, incontables elecciones que permiten a tu fisiología adaptarse a las exigencias de la vida.

Si estando en la India veo una cobra en el sendero y salto hacia atrás atemorizado, se puede ver el aparato visible que controla este acontecimiento en las reacciones musculares que exhibo, activadas por señales químicas de mi sistema nervioso. Mi ritmo cardiaco acelerado y mi respiración agitada son otras señales visibles de que se ha puesto en acción la hormona adrenalina, segregada por la corteza suprarrenal como reacción ante un elemento químico cerebral especifico (ACTH) enviado por la pituitaria. Si un bioquímico pudiera rastrear cada una de las moléculas involucradas en mi reacción de temor, aun así pasaría por alto al invisible tomador de decisiones que decidió tener la reacción, pues. si bien reaccioné en una fracción de segundo, mi cuerpo no saltó hacia atrás de manera estúpida. Una persona con una programación muy diferente presentaría reacciones muy diferentes. Un coleccionista de serpientes podría inclinarse hacia delante con interés; un devoto hindú, al reconocer una forma de Shiva. podría arrodillarse con religioso respeto.

El hecho es que cualquier reacción habría sido posible: pánico, ira, histeria, parálisis, apatía, curiosidad, deleite, etcétera. El programador invisible es ilimitado en cuanto a sus modos de programar el aparato visible del cuerpo. En el momento en que tropecé con la serpiente, todos los procesos básicos de mi fisiología (respiración, digestión, metabolismo, eliminación, percepción y pensamiento) dependían del significado que tuviera una cobra para mi personalmente.

Hay verdad en el dicho de Aldous Huxley: La experiencia no es lo que te ocurre; es lo que haces con lo que te ocurre.

Dónde puedes localizar un significado? La respuesta rápida y fácil es decir que está localizado en el cerebro; pero este órgano está en flujo constante, junto con todos los demás. Como aves migratorias, con cada segundo entran y salen de mi cerebro miles de millones de átomos. En él se arremolinan ondas eléctricas que nunca forman el mismo esquema dos veces en la vida. Su química básica puede variar según lo que se coma en el almuerzo o si se experimenta un brusco cambio de humor. Sin embargo, mi recuerdo de la serpiente no se disuelve en ese mar de cambio. Mis recuerdos están a disposición del programador. que se mantiene por encima de la memoria, observando silenciosamente mi vida, tomando en cuenta mis experiencias, siempre listo para albergar la posibilidad de nuevas elecciones. Pues este programador no es sino la consciencia de la elección. Aprecia el cambio sin dejarse abrumar; por lo tanto, escapa a las limitaciones vinculadas con el tiempo que surgen en el mundo normal de causa efecto.

El yo que teme a las serpientes aprendió ese temor en algún momento del pasado. Todas mis reacciones son parte del yo vinculado con el tiempo y sus tendencias. En menos de una milésima de segundo, su miedo previamente programado despierta toda la secuencia de mensajes corporales que producen mis acciones. Para la mayoría de nosotros no hay otro yo perceptible, porque no hemos aprendido a identificarnos con el tomador de decisiones, el testigo silencioso, cuya consciencia no está definida por el pasado. Sin embargo, de un modo sutil, todos sentimos que algo dentro de nosotros no ha cambiado mucho, si acaso, desde que éramos pequeños. Cuando despertamos por la mañana hay un segundo de consciencia pura, antes de que el viejo condicionamiento caiga automáticamente en su lugar. En ese momento eres tú mismo: ni feliz ni triste, ni importante ni humilde, ni viejo ni joven.

Cuando despierto por la mañana, este yo se viste muy pronto con el manto de la experiencia; en cuestión de segundos recuerdo quién soy. por ejemplo: un médico de 46 años con esposa, dos hijos, un hogar en las afueras de Boston y diez minutos para llegar a la clínica. Esa identidad es el producto del cambio. El yo que está más allá del cambio podría estar despertando en cualquier parte: en Delhi, con 5 años de edad, olfateando la comida preparada por mi abuela, o en Florida, con 80 años, escuchando el viento entre las palmeras. Este yo invariable, al que los antiguos sabios de la India llamaban simplemente el Ser, me sirve como punto real de referencia para la experiencia. Cualquier otro punto de referencia está limitado por el cambio, la decadencia y la pérdida: cualquier otro sentido del yo se identifica con el dolor o el placer, la pobreza o la salud, la felicidad o la tristeza, la juventud o la vejez, todas las condiciones vinculadas con el tiempo que impone el mundo relativo.

En la consciencia de unidad, se puede explicar el mundo como una corriente del Espíritu que es consciencia. Todo nuestro objetivo consiste en establecer una relación íntima con el Ser como Espíritu. En la medida en que creamos esta intimidad, se hace realidad la experiencia del cuerpo sin edad y la mente sin cuerpo.

10.- No somos víctimas del envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Estos son parte del escenario, no el espectador. que es inmune a cualquier forma de cambio

La vida, en su fuente, es creación. Cuando te pones en contacto con tu propia inteligencia interior, te pones en contacto con el núcleo creativo de la vida. En el antiguo paradigma se asignaba el control de la vida al ADN, molécula de enorme complejidad que ha revelado a los genetistas menos del 1 por ciento de sus secretos. En el nuevo paradigma, el control de la vida pertenece a la consciencia. Todos los ejemplos citados aquí (de niños que pueden reducir la secreción de hormonas de crecimiento, de estudiantes de medicina que alteran su producción de interleukinas cuando se sienten nerviosos, de yoguis que pueden manipular a voluntad el ritmo cardiaco) indican que los procesos corporales más básicos responden a nuestro estado de ánimo.

Los millones y millones de cambios que se producen en nuestras células son sólo el pasajero panorama de la vida: detrás de la máscara está el que ve, quien representa la fuente del flujo de la consciencia. Todo lo que yo pueda experimentar comienza y termina con la consciencia; cada pensamiento o emoción que captura mi atención es un diminuto fragmento de consciencia: todas las metas y expectativas que me fijo están organizadas en la consciencia. Lo que los antiguos sabios llamaban Ser se puede definir, según los términos de la psicología moderna, como un continuo de consciencia, y el estado conocido como consciencia de unidad es el estado en que la consciencia es completa: la persona conoce todo el continuo de si misma sin máscaras, ilusiones, vacíos ni fragmentos quebrados.

Como no mantenemos la continuidad de nuestra consciencia, todos caemos en vacíos de un tipo u otro. Vastas zonas de nuestra existencia corporal escapan al control, llevando a la enfermedad, la vejez y la muerte. Pero eso es de esperar cuando la consciencia se ha fragmentado. En una famosa serie de experimentos realizados a principios de la década de los setenta en la clínica Menninger, Swami Rama, un célebre adepto espiritual de la India, demostró su capacidad de elevar su ritmo cardiaco de 70 a 300 pulsaciones por minuto, lo cual está muy por encima del alcance normal. Esencialmente los latidos de su corazón se convirtieron en una palpitación que ya no bombeaba sangre de la manera rítmica normal. En una persona común, las palpitaciones pueden provocar un paro cardiaco y otros problemas graves y hasta fatales: es algo que todos los años ataca a miles de personas desprevenidas.

Sin embargo. Swami Rama no se vio afectado por ese hecho cardiaco, que estaba bajo el dominio directo de su consciencia. Esto implica que, si una persona muere en cuestión de minutos por una interrupción súbita de su ritmo cardiaco normal (esta categoría cubre todo tipo de arritmias, fibrilación y taquicardia). en realidad ha sufrido una pérdida de consciencia. En nuestra materialista visión del mundo, localizamos esta pérdida en el músculo cardiaco, diciendo que las señales electroquímicas que coordinan un latir saludable del corazón se han desordenado. En vez de orquestar sus contracciones individuales en una pulsación pareja y unificada en todo el corazón, muchos millones de células cardiacas caen en contracciones aisladas y caóticas, haciendo que el órgano parezca un saco de serpientes retorcidas.

Sin embargo, este horrendo espectáculo, temido por todos los cardiólogos, es secundario: lo primario es la pérdida de consciencia entre las células del corazón. Esta pérdida de consciencia no es local, sino general. La persona misma ha perdido contacto con los planos profundos de inteligencia que gobiernan y controlan sus células: en verdad, cada célula no es sino inteligencia organizada en diversas capas de patrones visibles e invisibles. Un adepto como Swami Rama nos demuestra que nuestra consciencia no debe ser así fragmentada y reducida. Si uno se conociera tal como es, comprendería que es la fuente, el curso y la meta de toda esa inteligencia fluyente. Lo que las tradiciones religiosas del mundo llaman Espíritu es la totalidad, la continuidad de la consciencia que supervisa todos los fragmentos y las piezas de la consciencia.

Son los vacíos en el conocimiento de nosotros mismos los que nos hacen víctimas de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Perder la consciencia es perder inteligencia: perder inteligencia es perder el dominio sobre el producto final de la inteligencia: el cuerpo humano. Por lo tanto, la lección más valiosa que puede enseñarnos el nuevo paradigma es ésta: si quieres cambiar tu cuerpo, cambia primero tu consciencia. Todo lo que te ocurre es resultado de cómo te ves a ti mismo, hasta un punto que podría parecerte muy extraño. En las batallas marítimas de la Primera Guerra Mundial, los marineros alemanes se encontraban a veces inmovilizados en botes salvavidas durante días y semanas enteras tras haberse hundido su barco. Invariablemente los primeros en morir eran los más jóvenes. Este fenómeno fue un misterio hasta que se comprendió que los marineros mayores, por haber sobrevivido a otros naufragios, sabían que la crisis se podía superar; los jóvenes, que carecían de esa experiencia, perecían por verse atrapados en una situación sin esperanzas.

Guiándose por esos incidentes, los investigadores que trabajan con animales han logrado inducir un envejecimiento rápido, enfermedad y muerte en ratas y ratones de laboratorio al ponerlos en situaciones de gran estrés: por ejemplo, se los arroja en depósitos de agua sin ninguna posibilidad de escapar. Los animales que nunca se han encontrado en una situación semejante la perciben como desesperada; pronto se dan por vencidos y mueren. Los animales que han sido gradualmente condicionados a los depósitos perseveran y sobreviven, nadando largas horas sin que sus tejidos presenten señales de deterioro producido por el estrés.

La historia del envejecimiento humano se caracteriza en gran parte por la desesperanza. Nuestras temibles imágenes del envejecer, acompañadas de las elevadas tasas de enfermedad y senilidad entre los ancianos, daban como resultado sombrías expectativas que se cumplian por sí solas. La ancianidad era una época de inevitable declinación y pérdida, de creciente debilidad física y mental. Ahora toda nuestra sociedad despierta a una nueva percepción del envejecimiento; personas de 60 y 70 años esperan normalmente verse tan vigorosos y saludables como a los 40 y a los 50.

Pero hay un supuesto subyacente que no ha sufrido un desafio radical: que los humanos deben envejecer. Tener que envejecer es un hecho que heredamos del viejo paradigma, tercamente fijado en nuestra visión del mundo hasta que un cambio de consciencia pueda traer nuevos hechos a la luz. Una visión del mundo es sólo un modo de ordenar la infinita energía del universo en un sistema que tenga sentido. El envejecimiento tenía sentido en un esquema de la Naturaleza donde todas las cosas cambiaban, se marchitaban y morían. Tiene mucho menos sentido en un mundo donde nos rodea por doquier un interminable flujo de inteligencia en constante renovación. A ti te corresponde elegir qué punto de vista adoptar. Puedes optar por ver que la rosa florece y muere; puedes optar por ver la rosa como una ola de vida que nunca acaba, pues el año próximo surgirán nuevas rosas de las semillas de ésta.

La materia es un momento cautivo en el espacio y en el tiempo: con una visión materialista del mundo y de nosotros mismos, hacemos que los aspectos cautivos del universo asuman demasiada importancia. Quiero que experimentes lo fluida y sin esfuerzo que podría ser la existencia si cambiaras tu visión del mundo. Pese a su sólido aspecto físico, tu cuerpo se parece mucho a un río, semejante al río sagrado que tan bellamente describió Herrnann Hesse en su espiritual novela Siddhartha. En dicho libro llega un momento en que Siddhartha, el buscador de la iluminación, halla finalmente la paz. Tras años de vagar, termina junto a un gran río de la India, donde una voz interior le susurra: Ama este río, quédate junto a él. aprende de él. Para mi, este susurro dice algo sobre mi cuerpo, que fluye y fluye en los procesos de su vida. Como los ríos, mi cuerpo cambia cuando cambia el momento. Si yo pudiera hacer lo mismo, no habría vacíos en mi vida, ni recuerdos de traumas pasados que activaran nuevo dolor, ni expectativa de dolores futuros que me hicieran contraer de miedo.

Tu cuerpo es el río de vida que te sustenta. pero lo hace humildemente, sin pretender reconocimiento. Si te sientas y lo escuchas, descubrirás que en ti y dentro de ti mora una profunda inteligencia. No se trata de una inteligencia de palabras, pues el conocimiento de las palabras, comparado con los millones de años de sabiduría entretejidos en una sola célula, no parece tan grande. Siddhartha quería aprender del río y escuchar, lo que tiene una tremenda importancia. Hace falta desear la reunión con el flujo del cuerpo para poder aprender de él. y eso significa que debes estar dispuesto a abrirte al conocimiento que fue pasado por alto en tu antigua manera de ver.

Hesse proseguía: Le pareció que quien comprendiera a ese río y a sus secretos comprendería mucho más, muchos secretos, todos los secretos. Todo lo que te haya ocurrido está registrado en tu cuerpo, pero lo más importante es que allí hay también nuevas posibilidades. El envejecimiento parece ser algo que te está pasando, cuando en realidad es en gran parte algo que tu cuerpo ha aprendido a hacer. Ha aprendido a cumplir con la programación que tú, el programador, le suministraste. Como mucha de esta programación fue inconsciente, dictada por creencias y supuestos de los que difícilmente tenías consciencia, es importante derruir todo el edificio de ideas que te dio el mundo material tal como lo conoces.

Ahora necesitamos regresar al cuerpo, pues la experiencia íntima que tenemos de nuestro yo físico contiene la verdad más personal. El estar a gusto con sus sensaciones de este momento te permite escapar a la sombra de amenaza que pende, sobre todo cuando el orden va perdiendo la batalla contra la entropía. Ese es el mundo en el que se nos ha enseñado a creer. Pero hay otro modo y otro mundo. Tal fue la mayor lección que Siddhartha aprendió del río. Al final de la novela conversa sobre eso con su más antiguo amigo y compañero. Vasudeva:

Has aprendido tú también el secreto del río, que no existe el tiempo ni cosa parecida?
Una luminosa sonrisa se extendió en el rostro de Vasudeva.

Sí. Siddhartha. Es esto lo que quieres decir? Que el río está en todas partes al mismo tiempo: en la fuente y en la desembocadura en la cascada, en la barcaza, en la corriente, en el océano y en las montañas, dondequiera, y que para él sólo existe el presente, sin la sombra del pasado ni la sombra del futuro?

Eso es dijo Siddhartha , y cuando aprendí eso, revisé mi vida y era también un río, y Siddhartha el niño. Siddhartha el hombre maduro y Siddhartha el anciano estaban separados sólo por sombras, no por la realidad.

Habló con deleite, pero Vasudeva se limitó a sonreírle radiante, y a señalar su acuerdo con un movimiento de cabeza.

El autoengaño fomentado por siglos de materialismo es que podemos conquistar el río y dominar su flujo. La verdad sobre cada uno de nosotros es que nuestra vida se extiende en campos de experiencia más y más grandes. No hay limites para la energía, la información y la inteligencia concentradas en la existencia de una persona. En forma física, esta infinita creatividad ha sido encarnada en tus células: de forma no manifiesta se expresa en el silencio de la mente, en el vacío que, en realidad, es una plenitud de ignotos significados posibles, posibles verdades, posibles creaciones. El vacío que hay en el centro de cada átomo es el vientre del universo: en el destello de un pensamiento, cuando interactúan dos neuronas, hay una oportunidad para que nazca un nuevo mundo. Este libro está dedicado a explorar ese silencio en que el aliento del tiempo no marchita, sino que renueva. Mira hacia la tierra donde nadie es viejo: no está en ninguna parte, sino en ti.

Deepak Chopra

 

Extractado por Matilde Fernández de
Cuerpos sin Edad, Mentes sin Tiempo.-
Ed. Javier Vergara.

 

 

La Técnica Alexander

Jonathan Drake.- Edaf

Esta técnica es un método muy efectivo para mejorar el funcionamiento de la mente y del cuerpo. Puede prevenir y aliviar dolores de espalda y de cuello, lesiones deportivas, la osteoartritis, dolencias relacionadas con el estrés, jaquecas, problemas respiratorios, hipertensión, depresión ansiedad, fatiga y otras dolencias relacionadas con las ya enumeradas.

El autor nos explica en términos simples y directos como fue desarrollada esta técnica por F. M. Alexander, qué podemos esperar de una sesión y cómo utilizarla en la vida diaria para aumentar la salud y el bienestar.

Jonathan Drake, diplomado en terapias corporales, es un experto profesor de la técnica Alexander y consultor de organizaciones con problemas ergonómicos.

Rigidez Muscular: Mal de Muchos

Rigidez Muscular: Mal de Muchos

Françoize Mezières, una Revolución.

Al otro lado de la casa había algunos coches con matrícula de todas las regiones de Francia, Suiza, Bélgica. Una decena de cursillistas trabajaremos aquí durante un mes, todos especialistas en gimnasia médica.

Ya estamos reunidos en la planta baja, en una gran sala. Absolutamente vacía. Ni una sola máquina. Ni un solo aparato especial. Ni siquiera una mesa de masaje. Únicamente una pequeña alfombra. Sorprendidos, tal vez un poco desconfiados, lo que veremos y oiremos a continuación nos desconcertará mucho más todavía.

Françoise Mézières ocupa su lugar en el centro de la habitación y nos invita a sentarnos en el suelo en torno a ella.

– Amigos míos, quieren ustedes recordarme cuál es la causa principal de las deformaciones que van ustedes a tratar?

Algo que nos es familiar, tranquilizador. Varias voces responden a la vez: la gravedad, la debilidad de los músculos posteriores, el reumatismo, la artrosis, la artritis, la astenia, la descalcificación

Françoise Mézières nos mira fijamente con sus ojos claros.

– Amigos míos, si hace veinticinco años me hubieran formulado la misma pregunta, hubiera sacado a relucir las mismas estupideces que acaban ustedes de pronunciar.

Un pesado silencio en la sala. Tormentoso. Françoise Mézières continúa:

– La enseñanza clásica inhibe. Nos enseña a medir con hilos de plomo, de espirómetros, a diagnosticar y después a tratar, sirviéndonos de una rica panoplia de máquinas científicas, corsés, escayolas, las deformaciones consideradas como curables por los métodos de la kinesiterapia. En cuanto a los físicos ingratos, desproporcionados, torcidos, hemos de aceptarlos como normales, bien porque son clasificables entre los tipos morfológicos reconocidos, porque la fealdad no se incluye en nuestra lista oficial de enfermedades. Para las deformaciones llamadas fijas a causa de su extremada rigidez, aunque en realidad continúan siempre agravándose, se nos ruega que las abandonemos a Doña Cirugía o a su triste destino.

– Pero yo les digo que nuestra mirada no puede detenerse en cada zona de crispación. No podemos cerrar los ojos ante la realidad para mejor obligarla a conformarse a los conceptos académicos. Es preciso que sólo tengamos ojos para la morfología perfecta y que nos dejemos guiar únicamente por la elegancia de las formas.

El asombro que planea en el aire no rompe, sin embargo, el silencio.

– Voy a pedirles algo nuevo. Voy a pedirles que observen. Voy a pedirles que palpen con sus manos y no a través de instrumentos. Y luego les pediré que crean, no en lo que han leído, sino en lo que han percibido.

Para entrenar nuestras facultades de observación, nos dijo que considerásemos en primer término la sacrosanta verdad de la gravedad, que nos atrae, se dice, hacia delante y a la cual resistimos, se dice también, gracias a la acción intensa de los músculos de la espalda. Todas nuestras desdichas proceden, pues, al parecer de esta fuerte acción que nuestros débiles músculos están obligados a ejercer para sostener la columna vertebral, para impedirnos caer hacia delante. Fortificar esos músculos para ayudarnos a cumplir su tarea principal debería ser, por lo tanto, una de las funciones más importantes de nuestro trabajo.

– En resumen, eso es precisamente lo que les han enseñado, no?

Asentimientos con la cabeza. Después, un silencio lleno de desconfianza.

– Para comenzar, voy a hacerles una breve pregunta: por qué esa famosa gravedad ha de atraernos hacia delante y no hacia atrás?

Nadie respondió.

– Ahora voy a pedirles que se levanten y adopten la postura que se acostumbra llamar vertical, pero que es simplemente bípeda. Bien. Cómo nos mantenemos en equilibrio? Traten de observarse a sí mismos. Quizá consigan darse cuenta de nuevo de lo que descubrieron la primera vez en que se sostuvieron de pie sin ayuda.

Así, observando el movimiento de mi propio cuerpo, comprendí que conseguía el equilibrio al desplazar el peso del cuerpo. Mantenía la cabeza y el vientre hacia delante y arqueaba los riñones hacia atrás. Porque en realidad se trataba no sólo de no caer hacia atrás, sino de no caer tampoco hacia delante.

Sin embargo, ese desplazamiento de las masas del cuerpo cabeza, vientre, espalda – acentúa las curvaturas vertebrales. Con la cabeza hacia adelante, los músculos insertos en las vértebras cervicales se repliegan y mantienen las vértebras en un arco cóncavo. Como el cerrar un acordeón de un lado hace que el otro abra ampliamente sus pliegues en arco de círculo. Lo mismo ocurre con los músculos de la parte inferior de la espalda en relación con las vértebras lumbares. Y esta curvatura y replegamiento de la musculatura posterior el precio de nuestro equilibrio – se agrava lógicamente en el curso de la vida.

Consecuentemente, el problema no reside en la insuficiencia de la musculatura posterior, sino en su exceso de fuerza. No se trata, pues, de fortificar los músculos de la espalda, ya excesivamente contraídos, ni de ayudarles a sostener mejor las vértebras. Al contrario. Hay que estirar los músculos posteriores para que dejen de tirar de las vértebras, mantenidas en arco cóncavo.

Françoise Mézières explicó que el acortamiento de los músculos posteriores no se debía solamente al esfuerzo por mantenerse en equilibrio, sino a todos los movimientos de media y gran amplitud ejecutados por los brazos y las piernas, solidarios de la columna vertebral. Cada vez que levantamos los brazos por encima de los hombros, cada vez que apartamos las piernas más de cuarenta y cinco grados, los músculos de la espalda se acortan todavía más. El acortamiento, la contracción de los músculos posteriores, se acompaña siempre de la rotación interna de los miembros y asimismo del bloqueo del diafragma.

– Por lo tanto, es contra ese acortamiento contra lo que hay que luchar, amigos míos. Si, sabiendo eso, continúan queriendo fortificar la espalda de sus enfermos, volverla más tensa, serán ustedes peligrosos e irresponsables.

Pero lo esencial de su descubrimiento radica en que, al eliminar la incurvación de un segmento de la columna vertebral, se la desplaza a otro segmento. Por ejemplo, corrigiendo la curvatura de las vértebras lumbares se hunde la nuca, y viceversa. Alargando un músculo posterior cualquiera se provoca el acortamiento de los músculos posteriores en su conjunto, que se comportan como si formaran un solo músculo extendido desde la cabeza hasta la planta de los pies. De ahí la inanidad de un trabajo segmentario que se ocupa del cuerpo como se ocuparía de un objeto industrial formado por piezas separadas. Es absolutamente necesario considerar y tratar el cuerpo como una unidad, tomando en cuenta, no una multitud de síntomas, sino la única causa de sus deformaciones: el acortamiento de toda la musculatura posterior, efecto inevitable de los movimientos cotidianos del cuerpo.

Nos comunicó esta conclusión con una perfecta certidumbre, nacida, no del orgullo, sino de veinticinco años de experiencia profesional. Porque, una vez realizado su descubrimiento, no vio jamás una deformación que no se debiese a ese exceso de contracción de la musculatura posterior. Por lo demás, en los dos años que siguieron a su descubrimiento, que se oponía a todo lo que ella misma había aprendido y enseñado durante años, trató de probarse que sus nuevas observaciones eran falsas. Pero eran ciertas. Por eso no le quedaba más que forjar un método de trabajo, no solamente basado en la observación de los hechos, sino confirmado por un conocimiento más profundo de la anatomía, del mecanismo articular, de la neurología, un método irrefutable, de un rigor perfecto, que parece extremadamente sencillo, pero que es extraordinariamente matizado y se adapta a las necesidades particulares de cada enfermo Un método que le ha valido su exclusión de los bastiones oficiales.

Mientras ella hablaba, yo pensaba que no sólo el individuo tiene de su cuerpo una impresión parcial. Los especialistas de la gimnasia, los médicos, los cirujanos consideran el cuerpo humano por segmentos. Y si no fuera solamente su formación profesional lo que inhibe sus percepciones, sino también su manera fragmentaria de vivir su propio cuerpo?

Y ese acortamiento, que se agrava indefectiblemente con los años, no tendrá, paralelamente a las deformaciones físicas que engendra, un efecto nefasto sobre el psiquismo del individuo? Sentirse comprimido, físicamente reducido, no es exactamente lo contrario de la sensación de plenitud? Sentirse aplastado por la propia musculatura, no da la impresión de ser aplastado por la vida? Liberarse no quiere decir literalmente liberar la musculatura para alcanzar las dimensiones a que aspiramos, las dimensiones que nos corresponden? No es preferible poder prolongar la imagen que nos forjamos de nosotros mismos mediante la elasticidad de los músculos y los gestos que contar tan sólo con el efecto de la ropa, de los adornos?

La voz de uno de los que seguían el curso interrumpió mis pensamientos.

– Pero señorita Mézières, habla usted como si el cuerpo estuviese formado únicamente de músculos. Y las deformaciones de los huesos, de las articulaciones?

Françoise Mézières nos explicó que, a excepción de las fracturas y de ciertas deformaciones congénitas, son los músculos los responsables de las deformaciones en los huesos y las articulaciones. Acortados, los músculos tiran de los huesos sobre los que se insertan y hacen que, a la larga, las superficies articulares dejen de corresponderse con la exactitud necesaria. El cartílago que rodea los extremos de los huesos se desgasta.

En la medida en que son los músculos los responsables del movimiento de los segmentos, Françoise Mézières nos aconsejó desconfiar de las radiografías, que parecen mostrar una articulación fijada para siempre y que es, por lo tanto, del exclusivo dominio de la cirugía. Ahora bien, si conserva al menos un esbozo de movimiento posible y si el enfermo siente dolor al ejecutar ese movimiento, sus articulaciones, a pesar de las apariencias, no se hallan soldadas y pueden tratarse relajando la contracción de los músculos periféricos.

– El cuerpo no se compone sólo de músculos, pero sólo los músculos determinan la forma del cuerpo.

Y a continuación nos contó la historia de una señora muy anciana que había vivido en su pueblo. Padeciendo la enfermedad de Parkinson, con numerosas complicaciones, su cuerpo se había encorvado hasta doblarse por la mitad y su cabeza permanecía siempre en el mismo ángulo. Dormía doblada, no se había enderezado desde años atrás. El día en que murió, Françoise Mézières pasó por delante de su casa. Entró y encontró a la difunta extendida sobre su lecho. Perfectamente recta !

– Naturalmente, una vez muerta, los músculos habían soltado su presa sobre los huesos y se había conseguido extenderla sin dificultad. En el cementerio, saben?, todos los esqueletos se parecen.

Antes de comentar más ampliamente la muy rara facultad que posee Françoise Mézières de ver con una claridad que ningún prejuicio oscurece, quisiera exponer algunos de sus otros conceptos, entre ellos, la búsqueda de la elegancia en las formas.

La Morfología Perfecta

La gimnasia médica clásica se contenta con analizar y clasificar los diferentes tipos de morfología que se consideran como constitucionales y, a causa de ello, como irreversibles. Ya sea uno longuilíneo, brevilíneo, redondeado, plano o curvo, uno es como es. Por el hecho de ser corriente, se juzga como normal nuestra estructura imperfecta. Acaso la belleza de las justas proporciones no constituye, como la salud, un don raramente acordado por la ingrata naturaleza? La belleza, al ser la excepción, se estima entonces como anormal.

Françoise Mézières afirma que la morfología no debería ser la ciencia que clasifica los dismorfismos, sino el arte de reconocer la forma perfecta, la única morfología normal. Ella nos enseñó a no aceptar ningún trabajo que no tienda hacia esa forma perfecta. Porque ni la importancia de la desviación del sujeto ni su edad le impiden aproximarse sensiblemente a ella. Ante la estupefacción de sus cursillistas, Françoise Mézières declaró que ni el tipo morfológico, aún hereditario, ni las deformaciones adquiridas ( a excepción de las fracturas y mutilaciones) son irreversibles. Incluso había comprobado que el cuerpo de las personas de edad (el decano de sus pacientes tenía ochenta y cinco años) es más maleable que el de los jóvenes y que podía obtener de ellas resultados asombrosos.

Buenos días, mi cuerpo.

Buenos días, mi cuerpo.

Es a ti a quien quiero decir hoy día cuánto te agradezco el haberme acompañado por tan largo tiempo sobre los múltiples caminos de mi vida. Yo no siempre te he otorgado el interés, el afecto o simplemente el respeto que te mereces. Incluso, a menudo te he ignorado, maltratado, aporreado con miradas indiferentes, con silencios plenos de duda, de reproches violentos, Tú eres el compañero de quien más he abusado, al que más he traicionado.

Y hoy día, en la mitad de mi vida te descubro, un poco emocionado, con tus cicatrices secretas, con tu laxitud, con tus maravillas, con tus posibilidades.

Me sorprendo de amarte con deseos de darte mimos, caricias, bienestar.

Quisiera hacerte regalos únicos, diseñar flores sobre tu piel, por ejemplo, ofrecerte a Mozart, darte las risas del sol, o introducirte a los sueños de las estrellas.

 

BuenosDiasMiCuerpo

 

Cuerpo mío, hoy te quiero decir que te soy fiel. No a pesar mío, sino en la aceptación profunda de tu amor.

Sí, yo he descubierto que tú me amas, cuerpo mío, que tú cuidas de mí, que estabas vigilante y asombrosamente presente en todos los actos de mi vida. Cuántas violencias has afrontado para dejarme nacer, para dejarme ser, crecer contigo? Cuántas enfermedades me has evitado? Cuántos accidentes has atravesado para salvarme la vida? Cuántos abandonos has aceptado para dejarme entrar en el placer? Bien seguro que a veces sucede que lo comparto contigo y que te dejo ser amado por otros, por una que yo conozco y que te conquistaría si yo la dejara hacer…

Cuerpo mío, ahora que te he encontrado, no te dejaré más… Iremos hasta el final de nuestra vida en común y, suceda lo que suceda, envejeceremos juntos.

Jacques Salomé.

 

Traducido y extractado por Luisa Riquelme de
Question de
Editions Ritz.
Paris.

 

El Entrenamiento Autógeno.

El Entrenamiento Autógeno.

Autorrelajación Concentrativa

Entrenamiento autógeno significa ejercitarse por sí mismo. El método se basa en la concepción de que el ser humano no está formado por dos partes separadas, el cuerpo terreno y el alma supraterrena, sino que constituye una unidad, un organismo animado. Por este motivo el aprendizaje espiritual es capaz de influir sobre el comportamiento total del organismo: el alma influye sobre el cuerpo. La persona cuya intranquilidad interna del cuerpo y del alma se manifiesta por palpitaciones (neurosis cardíaca), puede curarse por hipnosis u otros procedimientos de psicoterapia. Un paciente con asma bronquial (espasmo de las vías respiratorias) puede verse libre de su afección por medios análogos. El entrenamiento autógeno forma parte de los tratamientos que se engloban bajo el rótulo de terapia psicosomática.

El entrenamiento autógeno tiene su origen en la experiencia médica proporcionada por la hipnosis. Esta es un estado parecido al sueño que se consigue por influencia psíquica sobre las personas normales; resulta más difícil producirlo en las personas nerviosas o neuróticas. En los enfermos mentales, la hipnosis sólo se consigue excepcionalmente. En la hipnosis profunda se llega a conseguir un estado de sonambulismo. Cuando la hipnosis es menos profunda, produce un estado de agradable tranquilidad en el que se mantiene despierta la vida interior (fantasías, sentimientos, etc.) mientras se olvida total o parcialmente el mundo exterior. Durante la hipnosis pueden recordarse hechos y conocimientos ya olvidados. La hipnosis pura sin otras sugestiones es un estado de concentración interna que produce un efecto bienhechor, tranquilizante
y de restablecimiento. La supresión de los estímulos externos puede llevarse a un grado tal que permita la realización de partos y de operaciones de envergadura sin anestesia, gracias a la sugestión analgésica.

Tampoco en la hipnosis es posible la separación de cuerpo y alma. Hay que habituarse a comprender que la hipnosis, al igual que el sueño nocturno, el cansancio, el lenguaje, etc., constituye una actividad de la unidad psicofísica. A esto se debe que la persona que se halla en hipnosis tranquila perciba también un cambio característico en su cuerpo, consistente en una peculiar sensación de peso y calor. La sensación
de peso tiene su origen en el relajamiento de los músculos que habitualmente sostienen el cuerpo mediante su tonicidad. La sensación de calor se debe a la dilatación de los vasos sanguíneos y al consiguiente aumento de irrigación. De esto se deduce que lo fundamental en el paso a la hipnosis es el relajamiento de los músculos y de los vasos sanguíneos, igual a como ocurre en el sueño nocturno. Esto se consigue mediante el dominio progresivo de la concentración. El entrenamiento autógeno, o autorrelajación concentrativa, permite alcanzar el mencionado estado de reposo similar al sueño sin que se precise la colaboración de otra persona. Es un método por el cual se consigue el ensimismamiento por propia iniciativa y de manera progresiva y ordenada, haciendo fructíferas las fuerzas del mundo interior dentro de límites adecuados.

Todo aprendizaje persigue dos propósitos:
a) aumento de los rendimientos vitales
b) eliminación de errores.

Lo mismo vale para el entrenamiento autógeno. Puede ser de utilidad para mejorar valores positivos, tales como rendimiento en el trabajo, autodominio, etc., o disminuir, e incluso suprimir, factores negativos, nerviosidad, angustia, insomnio, etc. La relajación en el entrenamiento autógeno no es sólo un camino para llegar a la tranquilidad del ensimismamiento, sino que tiene además un valor intrínseco. Todo lo vivo oscila entre dos polos: tensión-relajación. El animal sano cuando está inactivo, duerme. El hombre moderno necesita un máximo de tensión en su rendimiento y autodominio. Por este motivo sufre fácilmente de espasmos con el consiguiente trastorno de sus funciones mecánicas, como son la digestión, la respiración, el sueño, etc. sin mencionar los efectos en sus sentimientos vitales y en la esfera psíquica. El entrenamiento autógeno exige una participación incondicional y perseverante de la concentración interna, pero no recurre a la voluntad consciente, tensa y activa, sino que se sirve de una entrega interior a determinadas representaciones preestablecidas; del mismo modo que sólo se puede conciliar el sueño cuando hay un entregarse a él y no cuando existe una voluntad activa de dormir. Los diferentes ejercicios están escalonados de tal forma que se empieza por los más simples e insignificantes. A medida que se progresa en el aprendizaje y se combinan los ejercicios, se alcanza un estado semejante al de un agradable baño caliente, manteniendo la cabeza fresca. El que se abandona pasivamente a la sensación
que le produce un baño caliente, es capaz de quedarse dormido como si hubiera ingerido un hipnótico. De igual forma hay que entregarse a los diversos ejercicios de nuestro método.

La relajación progresiva interna producida por este método conduce a una conmutación de todo el organismo en su nivel interno que permite mejorar lo bueno y eliminar lo malo. Con la relajación y concentración se puede conseguir:

l.- Restablecimiento después de una enfermedad (convalescencia).

2.- Autotranquilización, conseguida por relajación interna y no por propia imposición. Disgusto, violencia, temor – en resumen todas las emociones negativas – deben su poder a la fuerte conmoción del organismo. Es un círculo vicioso en el que ambos factores se nutren mutuamente. Si se tiene en cuenta que la angustia transcurre con temblor y que éste significa tensión, se comprende que la angustia disminuya cuando se efectúa la relajación. La misma palabra angustia (angostarse, estrecharse) significa espasmodización. La persona que domine la autorrelajación concentrativa es capaz de provocar una relajación interna en el momento de la angustia. De la tormenta orgánica producida por esta emoción negativa queda sólo un pálido reflejo fácil de eliminar. Ha tenido lugar una autotranquilización por amortiguación de la resonancia afectiva. De manera análoga, el entrenamiento autógeno es el camino natural del sueño.

3.- Autorregulación de funciones orgánicas consideradas involuntarias, por ejemplo, la circulación sanguínea (hipertensos).

4,- Aumento del rendimiento laboral, por ejemplo, mejor memoria, disminución de la fatiga.

S.- Disminución y aun supresión del dolor físico. No se trata del aumento de la capacidad de sufrimiento, sino de una desaparición, e incluso una no aparición del dolor.

6.- Autodeterminación conseguida por la formulación de propósitos representados en estado de concentración. Esta formulación de propósitos actúa automáticamente al igual que las sugestiones posthipnóticas.

7.- Autocrítica y autodominio conseguidos por visión interior en el curso de la concentración.

Los Ejercicios

Experiencia previa
Apóyense ambos codos sobre la mesa y sujétese entre las yemas de ambos índices un hilo de unos 30 cm del que penda un objeto pesado, por ejemplo, un anillo. Póngase un reloj precisamente debajo del péndulo y obsérvese el eje VI – XII. El péndulo empezará a oscilar por sí mismo en la dirección pensada. Provóquese el mismo movimiento voluntariamente y se tendrá una sensación totalmente distinta, de actividad, de tensión muscular. Una idea representada con suficiente intensidad, una concentración, determina un manifiesto movimiento involuntario. La experiencia muestra que esto sucede en toda persona normal. No es que el alma piense y que el cuerpo la siga, sino que es la totalidad psicosomática la que vive por imaginación el movimiento del péndulo. Esta sencilla experiencia es el punto de partida para la comprensión de los ejercicios. Así, por ejemplo, si se quiere relajar la musculatura de un brazo por concentración, sólo hay que representarse interiormente en forma concentrada dicho estado de relajación. La relajación muscular se traduce por sensación de peso. En el entrenamiento autógeno sólo tenemos que concentrarnos en la fórmula el brazo está pesado y, al igual que en el movimiento del péndulo, sobreviene la sensación correspondiente que se acompaña de relajación muscular, como puede observarse con facilidad.

Basándose en este fenómeno, se elabora la relajación concentrativa en seis zonas diferentes:

1.- Músculos
2.- Vasos sanguíneos
3.- Corazón
4.- Respiración
5.- Organos abdominales
6.- Cabeza

Es un error empezar el entrenamiento ejecutando simultáneamente todos los ejercicios, porque entonces la concentración abarca un campo demasiado amplio. El entrenamiento debe comenzar por un brazo: el derecho en el diestro, el izquierdo en el zurdo. Condiciones indispensables para un buen entrenamiento son en primer lugar una postura cómoda, de lo contrario vienen tensiones de origen mecánico que pueden hacer fracasar el entrenamiento; además, se necesita una habitación tranquila, en penumbra y con temperatura agradable.

Si se efectúa el entrenamiento regularmente con un solo brazo, la sensación de peso que se consigue se extiende a otras zonas, porque el sistema nervioso las relaciona entre sí. De este modo se relajan las otras tres extremidades. Si se practica indistintamente con un brazo u otro, nunca se llegará a conseguir buenos resultados.

1er. Ejercicio:
El Peso. Relajación muscular

El entrenamiento autógeno tiene su punto de partida en la musculatura voluntaria, porque éste es el sistema mejor conocido y que más obedece al hombre. Además, la hipnosis nos enseña que lo que más fácilmente se presenta es la relajación muscular. Esta es percibida como peso en el cuerpo, cosa de todos conocida, porque se produce al conciliar el sueño. Toda atención hacia el mundo externo va acompañada de tensión muscular: mirar, hablar, coger, caminar, etc., precisan de movimientos musculares. Con justicia es calificada de tensión toda actitud de espera anhelante. porque en ella todos los músculos están tensos, Muchas personas expresan su concentración mental con un fruncimiento del entrecejo. Todo propósito, incluso la idea de efectuar un movimiento, provoca tensión en los músculos voluntarios. Nos sentimos diferentes en postura firmes a cuando estamos en estado de lasitud.

Para el primer ejercicio, la mejor postura es la sentada, Resulta muy adecuada una butaca de respaldo alto que permita apoyar la cabeza, con mullidos brazos donde apoyar las extremidades superiores. El codo debe quedar abierto en ángulo obtuso de unos 130′. porque de esa manera los extensores y los flexores están en equilibrio. Hay que apoyar la espalda cómodamente, lo mismo que la nuca. Se puede recurrir a pequeños almohadones que ayuden a sostener la postura. Los pies se apoyarán en toda su extensión en el suelo, las rodillas se mantendrán hacia afuera, lo que evitará mantener tensiones musculares en los muslos. La mayoría de las personas tienden a juntar las rodillas cuando están sentadas, tensando así las extremidades inferiores.

Si no se dispone de butaca, es posible tenderse de espaldas, con la nuca cuidadosamente apoyada, los brazos extendidos a lo largo del cuerpo con los codos ligeramente doblados y las palmas de las manos hacia abajo, Las puntas de los pies irán dirigidas hacia afuera.

Existe, además, una tercera postura. La persona se sienta en un banco o taburete sin apoyar la espalda. Se afloja todo el cuerpo, los brazos cuelgan a los lados, la espalda se encorva, la cabeza pende hacia adelante. El tronco queda hundido en sí mismo sin inclinación alguna. Al disminuir de esta forma el tono muscular, la persona queda como colgando de su propio esqueleto, en particular de su columna vertebral, de sus articulaciones y ligamentos. A continuación se hacen balancear los brazos y se colocan luego sobre los muslos, apoyándolos por el tercio superior del antebrazo, cuidando que el ángulo del codo sea el ya mencionado y que las manos queden colgando entre las piernas sin tocarse. Esta se denomina postura de cochero.
En una de estas tres posturas se empieza con el primer ejercicio. Para facilitar la concentración interna se cierran los ojos y la persona se presenta mentalmente, con la máxima concentración posible, la fórmula: Estoy completamente tranquilo, que es el objetivo final del método. Después de mantener esta frase en
la mente uno o dos minutos, se sigue con: El brazo derecho está pesado. Esta es la primera fórmula del entrenamiento. Se mantiene la concentración en ella, sin hablar ni realizar ningún movimiento. En toda persona normal se presenta, después de un poco de práctica, una manifiesta sensación de peso localizada preferentemente en el codo, antebrazo y mano.

Después de un plazo máximo de tres minutos se efectúa el retroceso, que también debe aprenderse concienzudamente para conseguir que todo el proceso se realice de una forma cada vez más automática. Tiene que efectuarse siempre así:

1.- El brazo se flexiona y extiende varias veces con energía.
2.- Se hacen una respiraciones profundas.
3.- Se abren los ojos.

La fórmula resumida es: Sacudir el brazo – respirar profundo – abrir los ojos.

El aprendizaje del método sólo es posible si la relajación se efectúa con todo cuidado, precaución y perseverancia, y si el retroceso se hace con exactitud. El entrenamiento autógeno sólo da sus frutos si se domina la técnica. Hay que conceder la misma importancia al tiempo de duración de los ejercicios que a la buena ejecución de ellos. En los primeros quince días pueden practicarse tres sesiones diarias (mañana, tarde y noche), de hasta tres minutos de duración. Si al principio del aprendizaje la persona alarga los ejercicios por querer hacerlos demasiado bien, aparecen tensiones inconscientes, y entonces nota que la sensación de peso, en lugar de hacerse más intensa, cede y desaparece progresivamente.

Al cabo de unos seis días de entrenamiento, la sensación de peso aparece más rápida e intensa, a la vez que se insinúa en las otras extremidades, sobre todo en el otro brazo. Cuando ella ya exista en ambos brazos, el retroceso se efectúa sacudiendo ambos brazos al mismo tiempo. El peso de las piernas no precisa de un especial retroceso, ya que éstas se mueven más automáticamente.

Habitualmente, el entrenamiento está lo suficientemente avanzado a las tres semanas, de modo que con sólo un momento de concentración interna ya se relajan con pesadez de plomo brazos y piernas al mismo tiempo. A partir de este momento la duración de los ejercicios puede establecerse en cinco minutos. Entonces es la ocasión para pasar al segundo ejercicio de relajación vascular.

Hay que tener presente que los tiempos calculados para que se manifiesten los efectos del ejercicio son promedios. Varían mucho de una persona a otra, porque dependen del grado de tensión de quien los aborda. En casos extremos, hay personas que han demorados tres y más meses en sentir las primeras sensaciones de peso en los dedos de la mano derecha.

2º Ejercicio:
Calor.- Relajación vascular

Los ejercicios musculares no tienen en sí nada de sorprendente, ya que el profano considera los músculos sometidos a la voluntad. El que los vasos sanguíneos puedan ser objeto de entrenamiento ya es algo más extraño. Pero no hay que olvidar.que todas las emociones van acompañadas de reacciones vasculares (rubor, palidez). Por otra parte, el endurecimiento físico para soportar bajas temperaturas, por medio de baños de aire y de agua fría, ejercita los vasos sanguíneos. También son conocidos los cambios vasculares en la hipnosis, durante la cual se puede producir enrojecimiento, aumento de calor en una zona determinada, detención de una hemorragia, quemaduras por sugestión, etc. El entrenamiento autógeno ha aprovechado de manera sistemática estas experiencias aplicándolas a su doble finalidad:

1.- Dominio corporal.
2.- Relajación por concentración.

Las arterias que conducen la sangre desde el corazón a los órganos, los capilares y las venas que devuelven la sangre al corazón, constituyen, conjuntamente con la circulación pulmonar y hepática, el corazón periférico. Los plexos capilares de la piel son capaces de almacenar una tercera parte de la sangre del organismo. La distribución de la sangre en los vasos, por dilatación y constricción de los mismos, se regula a través del sistema nervioso y es determinada por la actividad, las emociones y las inhibiciones de ellas. El corazón periférico – el sistema vascular – es un aparato vivo de presión y velocidad circulatoria variable. Toda reacción parcial repercute sobre la totalidad del sistema.

Cuando ya se domina la sensación de peso – nunca antes – el ejercicio se amplia a:

1.- Estoy completamente tranquilo.
2.- Los brazos y piernas están pesados.
3.- El brazo derecho está caliente.

En personas normales aparece muy pronto una sensación interna de calor fluyente, casi siempre desde el codo al antebrazo y mano. Así como la relajación muscular sentida como peso ha podido ser medida por medios mioeléctricos u otros, también la sensación de calor ha sido detectada como una radiación calórica de más de un grado Celsius cuando se ha podido llegar a un buen dominio del ejercicio del calor.

Cada ejercicio se realizará empezando por el principio y sin omitir ninguna fórmula. En el curso ulterior del entrenamiento se observa cómo la sensación de calor se hace cada vez más manifiesta en el brazo de la prueba y luego se extiende a las restantes extremidades. Para conseguir esto se requieren de dos a cuatro semanas. Además, se puede observar cómo, a medida que progresa el entrenamiento, el peso y el calor se van extendiendo al tronco. La relajación de los vasos sanguíneos ejerce una influencia especialmente sedante, muy beneficiosa para los hipertensos.

Cuando se pasa a un nuevo ejercicio, la persona debe concentrarse ante todo en los ya conocidos, y destinar al nuevo ejercicio un tiempo tan corto como señalamos al comienzo. Superados los ejercicios de peso y calor se continúa con el siguiente.

3er. Ejercicio:
Regulación cardíaca

El corazón es un músculo contráctil de actividad continua, interrumpida sólo por cortas pausas de reposo, que está sometido a una complicada regulación nerviosa. Mediante el ejercicio del calor, la persona ya aprendió a regular en forma autógena un sistema orgánico involuntario como es el vascular. En el tercer ejercicio se aprende a hacer lo mismo con el corazón.

La relajación de los músculos se consiguió mediante la concentración en la fórmula peso y la de los vasos sanguíneos por la fórmula calor. Qué sensaciones produce el corazón? Algunos pacientes las conocen a través de esfuerzos, emociones, fiebre, etc.; pero la mayoría de las personas normales tendrá que descubrirlas. Esto se efectúa de la siguiente manera: Estando la persona tendida de espaldas, apoya
el codo derecho contra el costado de tal manera que quede situado al mismo nivel del plano anterior del tórax; la mano derecha se aplica a la región precordial, por sobre la tetilla derecha hacia el esternón. El brazo izquierdo queda extendido a lo largo del cuerpo, con la palma hacia abajo y el codo ligeramente doblado. A continuación se concentran tranquilidad, peso, calor, procurando localizarlos en la región del tórax en que se apoya la mano. El peso de la mano es una especie de indicador. Al cabo de algunos ejercicios empiezan a percibirse sensaciones cardíacas. Repitiendo toda la cadena de ejercicios ya hechos: tranquilidad-peso-calor, hay que concentrarse en esta región con la siguiente fórmula:

El corazón late tranquilo y fuerte.

Cuando se ha aprendido a sentir el corazón y se ha descubierto la sensación cardíaca, la mano ya no se aplica en la región precordial, sino que se procura influir sobre el corazón directamente, sin ayuda externa. Nunca se deberá intentar la lentificación del pulso por ser perjudicial.

4º Ejercicio:
Regulación respiratoria

La respiración es una función en la que influyen factores voluntarios e involuntarios. De la misma manera como el peso y el calor se extienden espontáneamente desde el brazo de prueba a los otros miembros, la relajación interna elaborada a través de una relajación muscular, vascular y cardíaca se extiende de una manera natural a la respiración. En el Entrenamiento Autógeno todo cambio voluntario en la respiración constituye una interferencia, porque significa tensión y actividad. La persona que se entrena debe obtener primero las sensaciones correspondientes a los ejercicios N 1 al 3 y a continuación, se concentrará en la fórmula:

La respiración es tranquila,

Algunas personas caen en la tentación de hacer ejercicios respiratorios voluntarios. Esto debe evitarse de manera tajante, La tranquilización de la respiración tiene que surgir como resultante de la completa sintonización de reposo. Para evitar cualquier movimiento respiratorio voluntario es recomendable utilizar
la fórmula concentrativa suplementaria:

Algo respira en mí.

La respiración debe ser como un soporte que mantenga a flote al sujeto que se ejercita. Este debe dejarse llevar por la respiración como si flotara sobre tranquilas olas.

El dominio de este ejercicio puede alcanzarse en diez o quince días, o sea de seis a diez semanas de haber iniciado el entrenamiento.

5º Ejercicio:
Regulación órganos abdominales.- Plexo solar.

Los órganos abdominales necesitan ser relajados al igual que los torácicos y las extremidades. Para conseguirlo es preciso concentrarse sobre el mayor nudo nervioso vital del abdomen: el plexo solar. Está situado aproximadamente en la mitad de la línea que une el ombligo con el extremo inferior del esternón, o sea en la mitad superior del abdomen. Después de haber pasado cuidadosamente por los ejercicios N 1 al 4, se emplea la fórmula:

El plexo solar irradia calor.

Este ejercicio también precisa, en condiciones normales, de diez a quince días. Se facilita a veces imaginando que el aire exhalado se dirige al abdomen.

En esta fase del entrenamiento, hallándose el individuo totalmente relajado, con sensación de peso generalizado y de calor radiante, con el corazón y la respiración tranquilos, se pasa al siguiente ejercicio,

6º Ejercicio:
Regulación de la región cefálica

En el baño sedante que tomamos como modelo para el entrenamiento, se aumentan los efectos si se aplica una compresa fresca (nunca fría) en la frente. Es proverbial decir de una buena persona que tiene el corazón caliente y la cabeza fría. Cualquier emoción agolpa la sangre a la cabeza. Esta es la razón por la cual en el Entrenamiento Autógeno se practica una conmutación especial en la región cefálica. Se efectúan los ejercicios N” 1 al 5, y luego se presenta la fórmula:

La frente está agradablemente fresca.

Esto se hace al comienzo con mucha precaución y sólo durante unos diez segundos.

Así como la representación de calor conduce a una dilatación de los vasos, la representación de frío da lugar a una constricción de ellos y, por consiguiente, a una isquemia refrescante, Como los vasos sanguíneos de todo el organismo están estrechamente relacionados, una constricción vascular local puede repercutir sobre otras zonas vasculares. Un buen ejemplo lo constituye el fenómeno observado en algunas personas en las cuales la introducción de un dedo en agua fría provoca palidez en toda la mano, e incluso en la otra,

En el Entrenamiento Autógeno provocamos la relajación concentrativa desde el cerebro, lo que da lugar a considerables oscilaciones de la irrigación sanguínea. Durante el ejercicio de enfriamiento frontal no son raras las lipotimias y jaquecas, mientras que en el de calor pueden sobrevenir trastornos vasculares y cardíacos. Para mayor seguridad, recomendamos un chequeo médico general previo a la ejecución de estos ejercicios y una cuidadosa dosificación de los ejercicios de acuerdo a las instrucciones dadas.

El enfriamiento frontal puede aprenderse en unos quince días. Como en todas partes existen corrientes de aire imperceptibles, este efecto puede percibirse a veces como un hálito frío, el hálito fantasmal de los espiritistas.

Los seis ejercicios descritos y su generalización constituyen el grado inferior del Entrenamiento Autógeno, Un ejercicio completo los reúne de la siguiente manera:

Estoy completamente tranquilo Brazos y piernas pesados Brazos y piernas calientes El corazón late tranquilo y fuerte La respiración es tranquila. Algo respira en mí Frente agradablemente fresca

A continuación, el retroceso:

Sacudir los brazos
Respirar profundo
Abrir los ojos.

Al cabo de unos tres a seis meses, una persona normal (no neurótica) puede dominar estos seis ejercicios. A partir de ese momento, debe llegarse al absoluto dominio del método, efectuando uno a dos ejercicios diarios durante cuatro a seis meses, con lo cual la intensidad de los fenómenos será cada vez mayor y la aparición de ellos cada vez más rápida. No olvidar que cada ejercicio completo debe terminar con un cuidadoso retroceso: sacudir los brazos – respirar profundo – abrir los ojos. El organismo aprende de esta manera a relajar profundamente todos sus sistemas por concentración interna y a ponerlos nuevamente en tensión gracias al retroceso, El que llega a dominar el método adquiere la capacidad de conmutación autógena: relajación – tensión.

Conseguida esta generalización, puede ser entonces suficiente en la práctica una relajación parcial. La más útil es la de la zona hombros-nuca, Si la persona entrenada provoca peso intenso en esa región, se produce una relajación total con todas sus ventajas. sin que se precise de una postura especial.

Práctica y Aplicación:

En el entrenamiento nunca debe forzarse, ni mantenerse forzadamente, cualquiera de las sintonizaciones.
La persona debe dirigir la atención interna tranquilamente de una a otra representación, como si fuera espectador de sus propias vivencias internas.

Hay que intentar representar las fórmulas de los ejercicios (el brazo está pesado) en forma de imagen: como un anuncio luminoso en la oscuridad, melodía, tonadilla, fotografía, etc. No se debe pensar en ideas, sino que se deben contemplar las imágenes interiores que corresponden a estas fórmulas. No hay que repetir de manera forzada cada imagen, lo que significaría una actitud de tensión activa, que puede producir fácilmente dolores de cabeza y dificultar el entrenamiento. Si aparecen pensamientos ajenos al ejercicio, hay que dejarlos desfilar tranquilamente. Esto resulta tanto, más fácil cuanto más sean representadas las fórmulas como imágenes que se puedan contemplar – o escuchar – cómodamente y sin esfuerzo. De esta manera la relajación se generaliza de forma totalmente natural y persistente.

Cuanto mayor sea el dominio del entrenamiento, tanto más se funden los seis ejercicios en una unidad indisoluble. En este período la conmutación se establece profundamente desde un principio. Al cabo de unos cinco o seis meses la fórmula se resume a tranquilidad-peso-calor-corazón tranquilo-respiración- plexo solar caliente-frente fresca y con ello se cae en conmutación y se produce la sensación general de relajación total.

Como en todos los aprendizajes, en el Entrenamiento Autógeno también puede haber fases de menor rendimiento. Si esto se hace muy manifiesto, lo mejor es volver a comenzar por el primer ejercicio, y al cabo de unos días se volverá al dominio de la totalidad.

Si en el curso de un ejercicio la persona se queda dormida, el despertar puede considerarse como término de la conmutación y no se precisa del retroceso. Durante un ejercicio nocturno no hay que tener la preocupación de efectuar el retroceso, sino que se puede conciliar tranquilamente el sueño.

Fácil de conseguir es la supresión del dolor. Si la persona se concentra, por ejemplo en el dorso de la mano, puede producir un ligero enfriamiento cutáneo parecido al enfriamiento frontal, y a continuación se, presenta la fórmula: La piel no duele. Entonces se presenta en el 50% de los casos una disminución o abolición de la sensibilidad dolorosa. A veces el dolor reaparece después del retroceso. Antes de efectuar el retroceso propiamente tal, hay que sintonizar sensibilidad en el lugar afectado sustituyendo el enfriamiento por calor. En la consulta del odontólogo, al colocarse una inyección, durante la curación de alguna herida, o en cualquier caso similar de la vida cotidiana, la supresión concentrativa del dolor puede ser de gran utilidad.

Pero el Entrenamiento Autógeno también es valioso para la vida en general. Puede aplicarse con diferentes objetivos:

La relajación como medio de restablecimiento. Tensión significa desgaste de energías; relajación es ahorro de las mismas. La energía ahorrada es aplicada por la naturaleza al restablecimiento del organismo. Es una considerable ventaja el poder establecer una conmutación autógena de cinco a veinte minutos cuando precisamos recuperar fuerzas. Lo mismo en lo relacionado con el sueño. La persona que domina el entrenamiento autógeno puede conciliar el sueño a voluntad y despertarse a una hora prefijada.

La relajación como medio de tranquilización. El vivir relajado ahorra energía para las contingencias más importantes. Quien se entrene con perseverancia llegará a adquirir inevitablemente una postura más tranquila, más suelta, ante la vida. Ya no puedo enfadarme dicen muchas personas al cabo de años. La natural tranquilidad a la que conduce la relajación del entrenamiento autógeno no debe confundirse con la carencia de sentimientos. Los que desaparecen son los espasmodizados y erróneos. Los sentimientos puros no sólo permanecen sino que se profundizan.

Progresos y aumentos de rendimiento
La concentración, la introspección, permiten aumentar muchos rendimientos. Están más a la disposición de la persona los sentimientos, las sensaciones (véase descubrimiento de la sensación cardíaca), la comprensión interna y los recuerdos. Tómese como ejemplo una poesía de la época escolar, en su mayor parte olvidada. Regístrese todo lo que se recuerda de ella, luego efectúese la conmutación autógena y con frecuencia se recordará toda la poesía.

Autodominio y autodeterminación
El autodominio que exige la vida cotidiana se facilita mucho por el Entrenamiento Autógeno y con la tranquilización interna y natural que éste produce.

Por nuestro método es posible regular la irrigación sanguínea, el latido cardíaco, etc., funciones consideradas como involuntarias. Esto sólo puede extrañar a quienes comparten el error general de que nuestra musculatura esquelética es voluntaria. En realidad, el niño tiene que descubrir después de muchos tropiezos la dirección de sus brazos, piernas y ojos, al igual que el que se entrena con nuestro método tiene que hacerlo con la sensación cardíaca. El hombre normal sólo domina algunos movimientos,
si quiere realizar otros: gimnasia, conducción de un vehículo, mecanografía, etc., debe conquistar primero su musculatura voluntaria, tiene que entrenarse. No existe, por consiguiente, ninguna diferencia fundamental entre los músculos esqueléticos y los órganos internos (vasos, corazón, tubo gastrointestinal, etc.).

En el curso normal del Entrenamiento Autógeno el dominio de las funciones orgánicas involuntarias sólo es un medio, no un fin en sí mismo. En el tratamiento de muchas enfermedades puede rendir grandes servicios si se efectúa bajo vigilancia médica. Una serie de molestias muy frecuentes, como frialdad de pies y manos, insomnio, rinitis alérgica, colon irritable, responden muy bien, y a veces son resueltas definitivamente con el Entrenamiento Autógeno.

Este método también puede ser útil para influir sobre la actitud ante el mundo y ante sí mismo. Para este fin se toman como objetivos determinados principios que así llegan a hacerse efectivos. De la misma manera que se formula: el brazo está pesado, se puede formular por ejemplo: este trabajo es un placer, El problema será solucionado, la dificultad será vencida, etc. Esta formulación de propósitos en la concentración autógena tiene el mismo efecto automático que las sugestiones hipnóticas, sobre todo si se persevera en ellas durante los ejercicios nocturnos y – sin hacer retroceso – se trasmiten al sueño. La autoeducación plantea interesantes problemas, desde la eliminación de hábitos perjudiciales (fumar) hasta la formación del carácter (el valor es victoria). En este camino es de gran interés la introspección concentrativa .

La relajación del entrenamiento autógeno no debe considerarse como una receta para las actitudes vitales. La vida exige polaridad: por un lado está la realidad y la tensión combativa, por el otro, la relajación constructiva emergiendo del interior. Para esto se ha ideado el Entrenamiento Autógeno como una ayuda gimnástica espiritual.

J. H. Schultz

Extractado por Carmen Bustos de
J. H. Schultz.- El Entrenamiento Autógeno
Editorial Científico-Médica
Barcelona.

 

 

Hablemos de Eutonía

Hablemos de Eutonía

La Eutonía – textualmente tono correcto – es un método desarrollado por Gerda Alexander. Busca la flexibilización total del cuerpo físico, eliminando sus bloqueos e integrándolo a la personalidad verdadera del individuo, libre de imitaciones, modas u obstrucciones psicológicas impuestas al libre movimiento y expresión.

Gerda Alexander nació en Alemania en 1908, inclinándose tempranamente al estudio de la línea rítmica del método Dalcroze.  Su primera motivación fue el baile, pero su mala constitución física y algunas graves enfermedades se lo impidieron. Se dedicó entonces a la formación de personas para el arte escénico en el área operística. También trabajó en establecimientos para niños y adolescentes con perturbaciones mentales.

Siempre se interesó en el movimiento. Realizó numerosos estudios sobre la posibilidad de ejecutar acciones con un esfuerzo mínimo. Disfrutaba observando el equilibrio tonal perfecto en los animales, en algunos malabaristas y en trapecistas de circos orientales, por su manera de efectuar movimientos perfectos sin cansarse, sin excederse, a pesar de la gran exigencia de sus disciplinas. Esto en contraposición con movimientos, incluso de profesionales del espectáculo, que se veían estereotipados, carentes de vida propia, reflejando tensiones excesivas.

Los métodos que ella desarrolló y aplicó con este propósito, a lo largo de muchos años, la llevaron a presentar sus experiencias en el Primer Congreso Internacional de Relajación y Movimiento Funcional en 1959.

La Eutonía se inscribe así como una más de las técnicas modernas que, en diversos ámbitos, tienden a encontrar caminos de integración de la persona vista como un todo indivisible, luego de la insatisfactoria experiencia de su parcelación por la ciencia occidental en los últimos 150 años. En vista de los frustrantes resultados percibidos en áreas tan sensibles como la psicología, la psiquiatría, la educación, la medicina, e incluso, la religión, se ha buscado reconsiderar al ser humano desde un ángulo más amplio e integral. Inspirándose en la cultura oriental, algunos investigadores han hecho suya esa sensibilidad que no aisla la dolencia física de la psíquica, que no secciona al problema del individuo que lo carga, ni al individuo del ambiente en el que se mueve. Tampoco lo desconecta del ambiente de sus relaciones con el resto del mundo y del cosmos. Esta visión integradora cuya modernidad se remonta a miles de años, y que se pone recién en práctica en el mundo occidental, ha dado productos tan valiosos como la Terapia Gestáltica, la Programación Neurolinguística, la Bio-energética, el Rolfing o la Eutonía, que son occidentales y contemporáneos, pero inspirados en conceptos eternos orientales. Esto gracias a personas capaces de mirar por encima de la ultraespecialización y tecnocracia que caracterizan a este lado del mundo.

Inserta en esta concepción amplificada del ser humano, la Eutonia no pretende ser sólo una terapia física, sino un acercamiento a través del cuerpo hacia la unidad total del individuo, permitiéndole alcanzar la expresión de todas sus potencialidad, tanto corporales como psíquicas, en el campo de su entorno social y adaptado a su vida cotidiana y a su época.

Ella pretende obtener el conocimiento y la expresión de la naturaleza de cada cual a través de una toma de consciencia profunda y completa de la propia realidad. Esto conduciría por sí solo a la liberación de las potencialidades creativas de la personalidad del individuo, integrándolo en sí mismo y sus circunstancias, y enriqueciéndolo en forma constante gracias a la flexibilidad adquirida. No se trata de un método rígido y establecido que se aplique de una cierta manera para todos. Por el contrario, es un sistema dinámico que debe adecuarse a cada individuo y a cada situación para permitir el crecimiento del alumno y su paulatina independencia, de modo que cada uno llegue a ser su propio maestro. Como todo buen sistema educativo, procura entregar las herramientas para un aprendizaje continuo.

La toma de consciencia corporal tiene un carácter expansivo hacia el entorno, hacia los demás, a diferencia del Hatha Yoga, que es introspectivo y dirigido, al basarse en una serie de asanas preestablecidos. Se diferencia también de otras técnicas corporales, como el Rolfing, en que en la Eutonía el alumno es activo. El explora sus posibilidades de acuerdo a sus propios límites y facultades de movimiento, desarrollándose paulatinamente en un progreso sin fin, de permanente descubrimiento, a lo largo de su vida. Se diferencia así mismo de las técnicas de des-acorazamiento de W. Reich las que, según Gerda Alexander, pueden ser peligrosas si son realizadas por quien tenga una percepción corporal pobre. Al estar tan relacionada la imagen física con la identidad de la persona, si se le quitan repentinamente sus defensas (corazas), cuando todavía no ha logrado asentarse en la realidad, puede sufrir una aguda crisis destructiva.

Desde luego, la Eutonía tiene las máximas diferencias con la práctica de cualquiera de los sistemas gimnásticos que desarrollan superlativamente la musculatura externa con escasa atención a la musculatura profunda, y sin ningún trabajo sobre la consciencia del cuerpo. Con respecto a la psicoterapia, la Eutonía es capaz de hacer revivir en forma emocional e incluso subconsciente las experiencias traumatizantes, aun las ocurridas en la etapa pre-verbal. Al eliminarse los bloqueos corporales y las fijaciones antiguas, junto con la acentuación de la sensibilidad tanto interna como externa, y al gran aumento de la flexibilidad, hay un aprovechamiento más sutil de cualquier actividad físico-psíquica. No olvidemos que la señora Alexander empezó trabajando con bailarines y actores, y que su propósito era, justamente, que ellos lograran una máxima libertad expresiva.

La Eutonía se preocupa prioritariamente del tono muscular, debido a que éste constituye uno de los mayores reservorios de la experiencia consciente o inconsciente. La vida transcurrida desde la concepción hasta el momento presente, ha determinado una serie de fijaciones vigentes en la actualidad sin que tengamos consciencia de ello. Las formas de relación, las enfermedades, la imitación inconsciente de los mayores o de los ídolos externos, todo va quedando fijado en una cierta tensión, en un cierto tono de algunos grupos musculares o de todo el cuerpo, y se expresa en actitudes recurrentes, en una determinada manera de respirar, un específico tono de voz, un particular comportamiento en situaciones similares. Por eso, el trabajo se va realizando en una toma de consciencia paulatina, descubriendo poco a poco ese yo que está detrás de la fachada, y que se refleja en esa forma de pararnos, de movernos, de hablar o de reaccionar.

El tono se define como la actividad de un músculo en reposo aparente. En estado ideal, debería ser homogéneo en todo el cuerpo, aumentando durante la actividad y disminuyendo durante el reposo, pero esto rara vez se presenta así. El tono es influido por todo aquello con lo que la persona toma contacto consciente o inconscientemente: las propias emociones, la imaginación, el ambiente con todos sus estímulos sensoriales y afectivos, además de los recuerdos del pasado. Hay personas más sensibles que otras, basta con que el día amanezca nublado para estar deprimidos e hipotónicos, por lo tanto, más pesados, con más dificultad para actuar. La Eutonía busca, a través de la sensibilización y de la consciencia corporal, el dominio voluntario del tono muscular, adecuándolo a la actividad requerida mientras ella dura, para luego adaptarse a la siguiente o al reposo. Además se aprende a filtrar aquellos estímulos que afectan negativamente al tono. Un músculo hipertónico se considera tan inadaptado como uno hipotónico. Los que están fijados en la hipertonicidad se sienten más livianos y activos, pero son hiper reactivos frente al medio y su agotamiento será rápido y frecuente. Los hipotónicos permanentes, en cambio, tendrán que hacer acopio de grandes cantidades de energía para realizar cualquier esfuerzo, pues su cuerpo estará pesado, pareciéndoles la vida en general como una carga gigantesca que los sume en la fuerza gravitatoria, Tal vez los casos más difíciles sean aquellos que se encuentran en la peligrosa fijación media de la tonicidad: ni hiper ni hipo, sino que fijos. Nada extremo en el actuar ni en lo emocional, excepto la permanente inmutabilidad, que es la menos vital de las tres posibilidades, pues a nivel psicológico revela la posición más defensiva frente al mundo.

Una de las prácticas desarrolladas por la Eutonía es la permeabilidad, entendiéndose por tal la posibilidad de hacer circular la energía entre dos o más puntos en los cuales existe consciencia corporal. Esto estimula la circulación sanguínea en áreas hipotróficas y aumenta la sensibilidad. Así mismo se practican ejercicios de inervación anticipada, aprovechando las conexiones nerviosas del hipotálamo, lo que significa generar un efecto motor con la imaginación. Con sólo imaginar mover tales o cuales músculos, se produce una respuesta local de preparación para el futuro movimiento: aumento del tono muscular e irrigación sanguínea. La causa de esta actividad es una parte del sistema nervioso llamada sistema Gamma, que está conectada con el hipotálamo y es influenciable por la imaginación. La práctica del movimiento anticipado mejora la circulación sin acumular toxinas en los músculos, ya que es realizado en forma postural, como un asana.

Tal vez los ejercicios más frecuentes realizados en Eutonía son los que se relacionan con el tacto y el contacto, que se refieren a la toma de consciencia, primero con el propio cuerpo y luego con el entorno. El contacto con cualquier zona corporal percibida conscientemente obliga a la persona a salir de su encapsulamiento y venir a la superficie de sí mismo. Una vez despierta esta toma de consciencia, se extiende, después del cuerpo, a los objetos, al suelo, y a las personas circundantes, quienes pueden ser sentidos y tocados sin que se pierda la individualidad. Aunque es propio de los niños pequeños esta falta de individualidad, en los adultos es un signo de inmadurez el desdibujamiento de sí mismo frente al otro (perderse en el otro), lo que debe ser subsanado previamente con ejercicios de asentamiento personal antes de trabajar en conjunto con otras personas. Todo este trabajo debe ser realizado en forma plenamente consciente, y esta consciencia parte por la propia identidad. Cada cual debe establecer primero su propia zona de radiación, y a través de ella, relacionarse con la de los otros.

El resultado más evidente de todo este trabajo, desde sus inicios, es la mejoría de la circulación sanguínea, el aumento de la sensibilidad de percepción, el equilibrio tonal y del sistema vegetativo y la regulación del metabolismo. Como consecuencia, se estabilizan las emociones, se armonizan las actitudes, los movimientos y el comportamiento. Se logra una consciencia corporal y un flujo energético que influye en todo el ser, tanto físico como emocional, permitiendo libertad de movimientos, de pensamientos y de emociones en todas aquellas áreas que estén bloqueadas o limitadas por experiencias previas, imitaciones o estímulos externos inhibitorios. Es de particular ayuda para quienes se dedican al trabajo corporal y artístico, pero es igualmente enriquecedora para todos aquellos que desean crecer como personas. Curiosamente, se ha observado que quienes presentan más dificultades iniciales son los que desarrollan más rápido la consciencia corporal.

Tal vez los resultados más espectaculares de la Eutonía han sido los obtenidos en la rehabilitación de pacientes con parálisis por daño del sistema nervioso central: hemiplejías, paraplejías, cuadraplejías, secuelas de poliomielitis, etc. gracias al aprovechamiento del sistema nervioso Gamma ya señalado, el que puede ser estimulado aunque las vías exclusivamente motoras estén destruídas o seccionadas. La mejoría en mayor o menor grado de estos casos, que la ciencia consideraba irrecuperables, son sólo una parte de la gran efectividad de la Eutonía en una variedad de dolencias crónicas como ser: alergias, dolores del miembro fantasma, artrosis, tics, tartamudeos, frigidez, trastornos del aprendizaje, ciática, impotencia, asma, etc.

Y aun dejando de lado la patología ya establecida como tal, la Eutonía viene a constituir una especie de acción profiláctica que nos atreveríamos a considerar como preventiva de futuras patologías. Es evidente que al existir en nuestro cuerpo – y mente – zonas en desuso, menos nutridas, cubiertas por una rigidez acorazada, en contraste con otras de hiperactividad y alto desgaste, estamos abonando el campo para futuras dolencias, cuyo tratamiento médico es por lo general un perpetuo paliativo de síntomas, sin posibilidad de una recuperación total. Así, la calidad de vida se ve menguada, además de la limitación propiamente tal, por la ingesta permanente de analgésicos, broncodilatadores, anti inflamamatorios, sedantes, y otros fármacos de acción sintomática.

De esta manera, la Eutonía se constituye en una buena opción para conectarnos en forma real con nosotros y nuestro entorno, enriqueciendo nuestra vida aquí y ahora, en lo cotidiano, que es la substancia misma de la existencia.

Loreto Morán

Más Información:
Gerda Alexander.- La Eutonia.- Paidós,
Violeta Hemsy.- Conversaciones con Gerda Alexander.- Paidós.
Berta Vishnivetz.- Eutonía.- Paidós.