La existencia ordinaria de un ser humano se desarrolla en la dualidad, como si viviera dos existencias a la vez. Heráclito, dijo: Los hombres que duermen todavía, viven cada uno en un mundo diferente. Aquellos que han despertado, viven todos ellos en el mismo mundo. Y también: Los que duermen todavía viven en dos mundos. Aquellos que han despertado viven en un solo mundo. Lo propio de la mente dualista, esa mente destinada a desaparecer, es crear un segundo mundo y de hacerte vivir en dos mundos a la vez. Si tú reúnes los dos en uno vivirás en un solo mundo, el mundo real.

Todas las enseñanzas pueden ser contenidas en esta sola frase: Hacer de dos, uno, o sea, Esto que es, aquí y ahora.

Dónde está la Realidad? Dónde está el aquí y el ahora? La mente dualista inmediatamente te ha propuesto una masa viscosa, con contornos de miedos, ilusiones, temores, aprensiones, rencores, reproches, amarguras, prolongando sus raíces en un inconsciente que tú no has puesto al día ni has amaestrado. Qué es lo que quieres aceptar? A qué quieres adherirte? A qué quieres decir sí? Tú no lo sabes. Mientras tanto, la emoción ha tenido tiempo de sobra para desplegarse, Si ves bien cómo trabaja ese mecanismo, comprenderás que te es posible hacer lo que la verdad te demande. Las enseñanzas existen sólo para atraer tu atención sobre la Verdad. Y ella te pide no crear un segundo mundo, no comparar lo que es con lo que no existe. Eso es todo. Los seres que duermen todavía, viven en dos mundos al mismo tiempo. Aquellos que han despertado viven en un solo mundo, el real.

Es preciso escapar a la elaboración de la mente dualista. Este rigor del instante y esta convicción de nadidad de nuestras construcciones mentales pueden ser puestos en práctica. Si no, continuarás pensando. Pensarás a menudo en las enseñanzas, pero no podrás realizar nada. El Camino no existe en ninguna otra parte que en el instante, y tú no tienes ningún otro punto de apoyo que el instante para poner los pies, dar un paso más, y todavía otro más.