Aspectos del Método

La Estabilidad:
La estabilidad es uno de los fundamentos de la práctica del Tai-chi. Los principiantes tienen primero que descubrir que los movimientos toman raíz en el suelo desde los pies, pasando por las piernas y la cintura, y que se despliegan (realizan plenamente) en los brazos y las manos. A fin de asegurar y desarrollar esta base estable del movimiento, deben ser respetadas dos exigencias. La primera consiste en una buena sensación de estar instalado en la pelvis, que es la parte fuerte y potente del cuerpo; esto da la impresión de estar sentado sobre sí mismo mientras se está de pie, inmóvil o en movimiento. La segunda exigencia
de estabilidad consiste en una firme posición de los pies y de las piernas, que se pueden sentir como dos pilares a la vez sólidos, bien enraizados y móviles.

La Flexibilidad:
La fluidez y armonía del movimiento sólo pueden aparecer gracias a la flexibilidad. Esta no significa vacilación. La flexibilidad es lo contrario de la rigidez, de la tiesura y de la crispación, que conducen a la inestabilidad, a la fijación, a la incapacidad de ejecutar los movimientos con continuidad. Al hacer el ejercicio, evitar la fuerza violenta y la energía espasmódica o tortuosa. Entonces llega a ser posible progresivamente volver flexibles ciertos músculos, ciertas articulaciones, según su naturaleza, y realizar movimientos seguros y fluidos, sin interrupciones ni rupturas. Sólo la flexibilidad permite la suavidad circular y la unidad.

Lentitud y Fluidez:
Los movimientos del Tai-chi se realizan primeramente con lentitud y a velocidad pareja. No es necesario, en efecto, realizar movimientos tensos y rápidos para desarrollar y armonizar la energía en nosotros mismos. La lentitud permite una economía de energía y favorece la presencia en el movimiento. Además, los antiguos textos dicen: La rapidez está en la lentitud. Cuál es el sentido de esta frase?

Esto significa que en la calma uno está listo para responder a las circunstancias que exigen rapidez y que uno tiene energía disponible para ello. Sin embargo, esta práctica del movimiento en la lentitud no excluye el ejercicio de la rapidez, particularmente en la relación marcial, a fin de experimentar que no se pierden la estabilidad y la flexibilidad en las acciones vivaces y a veces imprevistas.

Actuamos a menudo en la dispersión y la precipitación. Hay una gran diferencia entre esta clase de acción perturbada y la que se realiza en la rapidez con precisión y atención. El ejercicio en la lentitud desarrolla esta atención. Además, la unión de la lentitud y de la fluidez conduce a una gran sutileza de la percepción de nuestro cuerpo, del espacio y de la energía.

Arriba y Abajo:
Hay una relación natural que podemos sentir entre la parte superior e inferior del cuerpo. Los textos antiguos de Tai-chi dicen: A la vez pesado y liviano. Esto significa que la parte superior del cuerpo, la cabeza, los hombros, lo brazos, el pecho, deben estar livianos, aéreos; en tanto que la pelvis y las piernas constituyen la base sólida que nos liga a la tierra. La expresión tener los pies en la tierra nos recuerda bien este sentido. Pesado y liviano significa también que el cuerpo está bien estable y que, al mismo tiempo, está listo para la movilidad. Descubrir progresivamente el arriba y el abajo a fin de poderse enraizar sin desplomarse y elevarse, abrirse, sin perder sus raíces.

La Respiración Natural:
La concatenación de los gestos no necesita acelerar la respiración. El Tai-chi, en razón de su flexibilidad y su armonía, desarrolla progresivamente una respiración profunda y natural. Se trata de sentir y de dejar vivir el ritmo de la respiración sin tratar de modificarlo, y de entrar en relación con este movimiento interior: descendiendo en la exhalación, abriéndose en la inhalación. La exhalación es Yang, es activa, es expresión, como podemos constatarlo a través de la voz. La inhalación es Yin, es receptiva, corresponde a recibir.

En el ejercicio de los movimientos, el principio general es el siguiente. A la inhalación corresponden el subir, la apertura, el empujar hacia arriba, la separación de los pies, el tirar hacia atrás. A la exhalación corresponden el bajar, el cerrar, el apoyar y empujar hacia delante y hacia abajo. Sin embargo, es a través de la práctica, y no a priori, que se descubre la ligazón de la respiración con los movimientos. No
es bueno para los principiantes tratar de ajustar su respiración. Esta se instalará sola con la práctica.

La concatenación de la respiración y de los movimientos enriquece el hálito interior. En la tradición del Tai-chi se dice que el hálito rueda por todo el cuerpo sin trabas, o también que fluye como perlas finas en cada cavidad. Explicaremos ulteriormente en esta obra cual es el sentido de esto.

Percibir y Soltar las Tensiones:
El ejercicio del Tai-chi llama a la relajación. Pero a menudo estamos tensos, bloqueados, y nos sorprendemos de que después de haber experimentado un momento de calma, de bienestar, en el cuerpo, la crispación reaparezca. Cómo proceder? Se trata a la vez de estar presente y ser paciente. Esto significa primero no luchar contra las tensiones y tratar, con atención, de soltarse progresivamente en todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, con esta buena sensación de estar instalado en la pelvis. Hay que poner una atención particular en los hombros que frecuentemente están demasiado echados hacia atrás o tensados hacia arriba.

Permanecer en el Eje:
El ejercicio del Tai-chi necesita, para la ejecución de la mayor parte de sus movimientos, que el eje del cuerpo permanezca sobre la vertical. El eje corresponde al alineamiento entre la cima de la cabeza (Tian-ling) y el punto medio del perineo (Hui-yin). Estar en la vertical significa no inclinarse ni hacia adelante ni hacia atrás, ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, tener la sensación de estar confortablemente enraizado en la tierra y respirar libremente. La simple posición de pie, inmóvil, constituye el ejercicio básico, que no es fácil de realizar en toda su sutileza.

Sin embargo, algunos movimientos como recoger una aguja en el fondo del mar o dar un puñetazo hacia abajo, se realizan con el cuerpo ligeramente inclinado. Lo importante entonces es permanecer en el eje, es decir, conservar el alineamiento del tronco, el busto y la cabeza. Esta última, sin rigidez, no está inclinada. Cualquiera que sea la forma del movimiento, la regla es conservar el eje del cuerpo, el que corresponde, en la mayoría de los casos, a un alineamiento vertical. Esta exigencia es importante.

Cuando perdemos nuestro eje, podemos ser derribados fácilmente; en tanto que, cuando estamos en la posición correcta, nuestro cuerpo es estable.

Permanecer en el eje favorece la circulación de energía y la fluidez del movimiento.

Dan Tian (Hara, en japonés), Centro Vital:
El centro vital energético que se encuentra en la región del vientre, aproximadamente tres dedos bajo el ombligo, se llama campo de cinabrio o Dan Tien inferior. De este centro nace el Qi, el hálito interior que se diferencia de la fuerza ordinaria y que se desarrolla en la práctica. Ya sea en movimiento o en meditación sentado, la atención puesta sobre este centro es fundamental pues ella es fuente de estabilidad y unidad. A lo largo de toda la tradición del Tai-chi este centro ocupa un lugar privilegiado en la práctica. Tiene que ver con ese movimiento interior de soltarse de la parte superior del cuerpo hacia abajo y de sentarse firmemente en la pelvis. La repetición de este ejercicio permite poco a poco sentir e incrementar el hálito interior que deviene la fuente de una energía maravillosa, de un gran enraizamiento en la tierra y de una
gran movilidad del desplazamiento. La atención en el Dan Tien unifica la relajación, la flexibilidad, y desarrolla una correcta relación entre la tierra y el cielo. El peligro para los principiantes es crisparse sobre este centro, como si se tratara de un punto fijo y duro, en tanto que es un foco de energía en relación con la respiración.

Jean Gortais

Traducido y extractado por Jorge Soto Andrade de
Jean Gortais.- Tái-jí Quán.- Le Courrier du Livre

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