En otros términos, una zona psíquica profunda de nuestro ser interior sabe muy bien que si nuestra consciencia no estuviera diseminada en el tiempo ni dividida en elementos contradictorios, alcanzaría la agudeza que la liberaría instantáneamente de su somnolencia y de su letargo. iY eso, esta zona profunda
de nuestra estructura interior no lo quiere a ningún precio!

Ese es el significado esotérico del “hombre viejo” que hay en nosotros y del cual es necesario despojarnos. Se trata de un fardo de tendencias psíquicas profundas que llevan la huella de recuerdos oscuros, no sólo de nuestro pasado individual sino de todo el pasado de la especie humana. Tantos esfuerzos, tantas luchas, tantos miles de nacimientos y de muertes nos han precedido que la fuerza oscura que lleva las huellas de esos recuerdos lejanos dice: “Ya llegué hasta aquí, así que me mantengo en los niveles adquiridos a costa de tantos esfuerzos. En ningún caso quiero abdicar”. Allí se ubica el centro de la lucha fundamental entre
el pasado que está dentro de nosotros, simbolizado por el “hombre viejo” y el Presente; entre la fuerza satánica (Satán proviene del árabe antiguo Sheita = yo resisto) y la fuerza de vida creadora, divina.

Hay que comprender y sentir que la distracción de apariencia tan natural y sencilla de la cual creemos ser los únicos actores, es en realidad la expresión de una voluntad irresistible que emana de las capas más profundas del inconsciente.

En forma radicalmente opuesta al proceso de horizontalidad y de diseminación de la consciencia en la aparente continuidad del tiempo, existe un proceso vertical: es el del Despertar. Cada cual puede comprender fácilmente en su nivel intelectual que, si la consciencia y las energías psíquicas logran independizarse de su apego al pasado así como de sus tendencias de proyectarse hacia el futuro, se produce una concentración mayor de energías en el presente.

Por lo tanto, es indispensable que la consciencia se recoja sobre sí misma, no en un proceso de repliegue egocentrista, sino en una apertura a la fuente primera de donde emana esta consciencia, fuente que es objeto de un brotar perpetuamente presente. Entendamos ésto bien, porque en esta parte pueden producirse innumerables malentendidos. La agudeza de consciencia no deriva de una disciplina realizada deliberadamente por el “yo” que intenta concentrar las energías diseminadas en un solo instante del presente, sino que deriva de un proceso triple y simultáneo.

Primero es la toma de consciencia de los móviles profundos de la dispersión de las energías psíquicas, dispersión que permite la condición de sueño generalizado, que asegura la continuidad del “yo” tal como lo desea su instinto de conservación. En segundo término es el ejercicio de una atención cada vez más adecuada a cada instante presente, desprendiéndose del apego a los momentos anteriores así como a las proyecciones hacia el futuro. El tercer aspecto es el hecho de romper la aparente continuidad de la consciencia común y de permitir a esta última estar íntegramente concentrada en el presente. La reunión
de estos tres aspectos hace que la estructura psíquica adquiera más flexibilidad, más agilidad, menos rigidez. Esto le permite lograr una disponibilidad perfecta para una consciencia más profunda generadora
del Despertar.

Otra precisión importante: estar atentos no significa estar atestado con los pensamientos habituales aunque ellos se refieran a una circunstancia particular. Tal como lo explica Krishnamurti, existe un estado de atención pura sin idea, sin imagen, sin palabra, sin símbolo, sin los automatismos de verbalización tan familiares que dan tan rápidamente nombres a las cosas y a los seres. Todo esto no es más que distracciones y sensaciones nos dice Krishnamurti, muy preciso y severo a este respecto.

Existe un estado de observación silenciosa, de lucidez extraordinaria sin ideas. En ese estado es donde la consciencia realiza su vértice de agudeza. Esta agudeza es liberadora al máximo. Volatiliza la dominación de todos los recuerdos del pasado, de todos los engramas. Es la única solución natural válida, y esto debido a razones psicológicas, espirituales y metafísicas irrefutables.

i Esto no quiere decir que el hombre Iluminado ya no tenga memoria! Es otro malentendido que hay que disipar. El ser Iluminado posee una memoria notable, pero está totalmente libre de ella. La memoria es un proceso natural; pero a ella se superpone otra: la que Krishnamurti llama la “memoria psicológica”, que resulta de una identificación excesiva con la memoria natural de los hechos.

Significa ésto que el hombre Iluminado esté eternamente sin pensamiento? Otro malentendido que es preciso disipar. El hombre iluminado piensa, pero lo hace en forma adecuada a las circunstancias y sus pensamientos son nuevos, ágiles. Los pensamientos del hombre común no son ni claros, ni nuevos, ni ágiles. Para el ser Iluminado el pensamiento es un instrumento de comunicación. En la mayoría de nosotros, el pensamiento, que naturalmente no es más que una función, se ha creído una entidad. Además cada pensamiento es cómplice del instinto de conservación del “yo” y participa inconscientemente en la comedia psicológica que nos representamos a nosotros mismos con una sinceridad desconcertante, para nuestra mayor desgracia.

Se trata de comprender bien que el “yo” no puede deshacer al “yo”. Ninguna práctica que provenga del “yo” puede liberar al “yo” en forma válida y definitiva de sus engramas. Solamente la irrupción en el corazón de ese “yo” de una zona de consciencia infinitamente más profunda puede efectuar esa liberación. Para que esta irrupción se pueda producir, el “yo” debe realizar una disponibilidad interior mediante el ejercicio de una atención pura que rompa el cepo del tiempo en el que está aprisionada la consciencia egoísta. Estas son las grandes líneas resumidas de la técnica de la mutación espiritual por la vía de la atención perfecta.

Lo anterior nos permite medir la distancia existente entre las técnicas psicoterapéuticas, psicoanalíticas, Scientología o Dianética, por una parte, y por la otra , la técnica de la atención perfecta. Estas técnicas se ubican en planos diferentes. Las primeras permanecen totalmente prisioneras en el enclave del tiempo, de la continuidad del “yo”, en el proceso de la horizontalidad subyugante y no introducen en ella sino modificaciones parciales. Ellas son denunciadas por Krishnamurti como las transformaciones del yo” o las continuidades modificadas”. Son útiles, e incluso indispensables, en los casos patológicos o de neurosis, donde las experiencias clínicas demuestran su eficacia.

Pero en ninguna de ellas se trata de la mutación espiritual a la que tanto Krishnamurti como los maestros Ch’an y los maestros hindúes del Advaita Vedanta otorgan una importancia fundamental. En efecto, la técnica básica del psicoanálisis tradicional consiste en explicar el presente por el pasado, en buscar en la óptica del “yo”,que ha permanecido intacto, los traumatismos que desde la más tierna infancia han determinado impactos y tensiones diversas que se manifiestan bajo la forma de complejos varios. La Scientología o Dianética pretende ir más lejos. Ella afirma que produce el despojamiento de las energías psíquicas acumuladas durante vidas anteriores. Enunciar semejante pretensión equivale a desplegar una ignorancia completa tanto de la anatomía psíquica como espiritual del ser humano y, sobre todo, ignorancia del proceso detallado de las transformaciones psíquicas y espirituales que se efectúan en todos los niveles entre dos encarnaciones.

Volver a sumergirse en las emanaciones de este pasado lejano tiene por objeto reforzar de manera excepcional la continuidad del “yo” y de estrechar las redes del tiempo. Por alguna razón la Naturaleza nos vela, en la inmensa mayoría de los casos, los recuerdos de existencias anteriores. El recuerdo auténtico
de vidas anteriores, según nos dicen los maestros del Despertar, es posible con la condición que nos desprendamos de la agitación mental de nuestra consciencia personal a fin de descubrir ese nivel elevado de consciencia que sigue siendo el hilo conductor permanente de las vidas sucesivas,

El esfuerzo primordial de todos los Iluminados consiste en centrar la atención del buscador en el Presente, con el fin de ser nuevo en el instante nuevo, totalmente liberado del pasado, para estar disponible a la pulsión cósmica presente, la única que nos puede liberar en forma auténtica y definitiva, porque no deriva de un acto de elección del “yo” y porque no se remite al pasado para resolver el Presente.

Tal como lo expresa Krishnamurti: “Por medio del pasado, de lo conocido, nadie puede realizar lo Supremo, lo Desconocido”. La Libertad y la Mutación se realizan cuando nos liberamos finalmente de aquella marcha estéril, que va siempre de lo conocido a lo conocido, del tiempo pasado al tiempo futuro.

Nos abrimos entonces al encanto infinito de una intemporalidad siempre nueva donde se revela finalmente la plenitud del amor y de la inteligencia no mental. En esta realización reside el secreto del todo-poder que nos libera del dominio de todos los engramas, cualesquiera que estos sean.

Robert Linssen

Traducido y extractado por Farid Azael de
Reveu Etre Livre, N 246
Bruxelles.

Más en Krishnamurti
Krishnamurti, su vida, su enseñanza.

En este artículo nos proponemos ofrecer un breve resumen de la vida y la obra...

El Arte de Vivir

Krishnamurti.- Editorial Kairós Este libro está dedicado especialmente a los jóvenes. En él se expone...

Cerrar