Esta brecha ha crecido considerablemente con el auge increible de la ciencia y de la técnica. La rapidez fulgurante de este desarrollo ha precipitado la revolución de los hechos. Las ideas y las estructuras ya no son capaces de seguirles el paso. Esta inadaptación es evidente a todos los niveles: políticos, económicos, morales, sociales. Tal como lo dice Carlo Suares:

“En todos los fenómenos del mundo, colectivos o individuales, cada uno de nosotros ve triunfar al espíritu de indeterminación. Cada instante que pasa introduce en el mundo algo nuevo, imprevisible, y que sólo se puede determinar después del acontecimiento”.

El pensamiento hoy en día está en ese punto. El viraje histórico al cual asistimos pone constantemente en jaque esa “herramienta de trabajo” que era la hipótesis. La idea de que uno puede lanzarse hacia lo desconocido por medio de lo conocido es una contradicción condenada desde hace mucho tiempo por los hechos.

La distancia que separa las ideas de los hechos no desaparecerá en la escala individual, sino luego de una actitud de aproximación totalmente diferente a los problemas de cada circunstancia. Se trata de una transformación psicológica fundamental que libere al ser humano de toda esclerosis intelectual, de toda fijación del espíritu en formulas caducas, en “a priori” mentales. Esta agilidad y esta vigilancia del espíritu se pueden ejecutar gracias a la técnica de una atención perfecta durante la cual la mente, plenamente atenta en toda circunstancia, adquiere la capacidad de desprenderse de la identificación con toda circunstancia anterior para adherirse mejor a la nueva. Una actitud como ésta es la que ciertos psicólogos anglosajones de vanguardia definen como “shifting”.

En síntesis, podríamos esquematizar el proceso normal de la consciencia y de las actividades mentales bajo la forma de un proceso horizontal, de apariencia rígidamente continua en el tiempo. Tenemos de nuestra consciencia y del conjunto de nuestros pensamientos una impresión de deslizamiento uniforme en el tiempo. Desde ayer, donde nuestra vida psíquica permanece poderosamente anclada, a través del hoy y hacia el mañana, nos experimentamos a nosotros mismos en una impresión de continuidad uniforme.