Como última característica en esa etapa, encontramos que sus intereses se dirigen hacia el desarrollo de lo técnico-científico. Pierde el interés por las actividades de la fantasía y empieza a dirigirlo hacia aventuras realistas. Los cuentos son reemplazados por historietas de Comics y busca modelos de Superhombres. El escolar empieza a mirar su entorno a través de la razón. El mundo de la fantasía y del simbolismo se sustituye por el mundo real y objetivo.

4.- Edad juvenil:

Esta se inicia entre los 11 y 12 años y en ella se completan los procesos de transformación, en cuanto a la adquisición de conductas y capacidades que definen al ser humano.

En esta etapa se manifiestan cambios en todos los aspectos de la personalidad, logrando alcanzar las capacidades necesarias para organizar y conducir su propia vida independiente, aunque no esté en condiciones de hacerlo, principalmente por el desconocimiento del medio y por su inexperiencia. Biológicamente, el individuo llega a ser un adulto, pero las capacidades a nivel emocional y racional debe irlas integrando armónica y eficazmente para lograr su adaptación a la realidad y poder comprenderse a sí mismo.

Se produce una desintegración transitoria de la personalidad, lo que lleva a una manifestación externa de desorganización de la conducta, a una incomprensión de sus nuevas sensaciones corporales, y a una desorientación frente a la imagen y concepto de sí mismo y frente a las exigencias que el medio ejerce sobre él.

La edad juvenil es potencialmente crítica principalmente porque los sistemas de conducta -que habían sido construídos en la edad escolar y que lo mantenían tranquilo, seguro y adaptado- son ahora insuficientes y no responden a los nuevos sentimientos que han nacido ni a las nuevas exigencias.

Esta edad tiene tres fases:

a) La prepubertad, que tiene una duración de dos años. Se inicia con procesos que tienen directa relación con los cambios endocrinos, los que producen transformaciones tanto a nivel funcional como en la apariencia corporal. Esto va unido a ciertos trastornos, como perturbaciones en la coordinación motora, manifestada en movimientos poco precisos, torpes y bruscos. También aparece la llamada “disarmonía corporal”, o cambio en las proporciones corporales, reflejada en el crecimiento acelerado de pies y manos unido a una pronunciación de los rasgos faciales. Todas estas alteraciones llevan su contrapartida psicológica en la auto-imagen y en el concepto de sí. Dos ideas que encierran una carga tremendamente subjetiva.

En el concepto de imagen hay dos implicaciones: la imagen real y la imagen ideal. La primera está construída por la reacción de los otros al sujeto, situación que luego se confronta con la propia percepción de sí mismo. La segunda es cómo se desea ser y está fuertemente influída por la cultura o el marco social en el que se vive. Es por ello que en el prepúber se produce esa desintegración de la personalidad ya mencionada, y que se manifiesta como fluctuaciones de la conducta, labilidad, impulsividad, introversión, impredictibilidad; lo que lo transforma en alguien con quien resulta difícil convivir.

Estas características de continuo cambio también suceden en las estructuras de pensamiento. El prepúber ha logrado un nuevo tipo de pensamiento o estructura cognitiva que lo capacita para desarrollar nuevas formas de enfrentar y analizar la realidad. Este es el pensamiento hipotético-deductivo. Como se trata de una capacidad nueva, tiene una manera de actuar también fluctuante. En ocasiones el sujeto razona como un adulto y en otras, como un niño.

A nivel social se produce también una desintegración de los grupos o pandillas de la edad escolar y se acrecientan los conflictos en las relaciones familiares y en la actividad escolar. Se ha producido una pérdida del control logrado, tanto a nivel corporal como afectivo.

b) la pubertad, que empieza biológicamente con la madurez sexual y la capacidad reproductiva. Físicamente, el cuerpo adquiere las proporciones del adulto, y sus órganos internos se han ajustado a una actividad funcional proporcional a la nueva configuración corporal.

En el aspecto psicológico, ya superada la anterior fase de desintegración, el púber se vuelve hacia sí mismo. Su principal inquietud es la preocupación personal. Intenta encontrarse consigo mismo en la nueva apariencia alcanzada y en su nueva forma de pensar, actuar y sentir. La meta de su búsqueda es lograr su identidad personal. Lo que más anhela es no ser comparado con nadie ni tampoco confundido con otros parecidos.

Dentro de las características de esta edad encontramos:

1.- Tendencia al aislamiento. A través de ello logra establecer diálogos consigo mismo.

2.- Una marcada preferencia a tener amistades íntimas -dos o tres amigos- ya que en los grupos numerosos se diluye la individualidad. Esto no significa que no participe en grupos, pero cuando lo hace es simplemente para “pasarlo bien”.

3.- Tendencia a la extravagancia motivada por el deseo de realizar acciones que lo individualicen y atraigan la atención,

4.- Una profunda y fuerte relación con lo trascendente. En este sentido busca una relación muy individualista hacia creencias religiosas, cambiando profundamente la forma de su compromiso.

Es en la etapa de la pubertad cuando el sujeto logra integrar su personalidad.

c) La adolescencia, que es la etapa en la que el sujeto ha logrado definirse a sí mismo. Ha logrado un conjunto de conocimientos, creencias y actitudes en relación a lo que él es. Desde este saber, se vuelve hacia afuera de tal forma que la principal motivación de la adolescencia es la extraversión.

El adolescente se plantea la necesidad de integrarse a una sociedad, lo que le da la oportunidad de confrontar el propio conocimiento de sí mismo frente a un grupo. Esta confrontación le lleva a la integración entre su mundo propio, interno y personal, con el mundo externo, social. De este modo, el individuo utiliza todos los recursos que ha adquirido, a la vez que va definiendo lo que será su futuro como adulto.

En cuanto a su desarrollo psicológico, se espera que en la etapa de la adolescencia, el pensamiento hipotético-deductivo alcance su equilibrio y se transforme en una estructura operatoria. Los procesos del razonamiento logran fundirse en una consideración objetiva de la realidad.

Desde este punto de vista, la meta de la adolescencia es la racionalidad de la conducta adaptativa. Esto significa que el pensamiento no sólo sirve para construir teorías o explicar problemas. En esta edad logra ponerse al servicio de la vida personal, ya sea para encontrar solución a los conflictos y problemas que se viven, para elaborar un plan de vida, para definir ideales y aspiraciones, etc.

Lo anteriormente descrito requiere del desarrollo del pensamiento hipotético-deductivo, por lo que revisaremos sus etapas.

El pensamiento hipotético-deductivo aparece en la prepubertad y es uno de los elementos nuevos que ayuda a la desintegración de la personalidad del escolar, lo que es esencial para la nueva reestructuración de ella en la pubertad. Allí se integra esta forma de pensar a la nueva personalidad, permitiéndole al púber una perspectiva nueva al enfrentar los problemas que le plantea la realidad, y proporcionándole una forma nueva de organizar la experiencia y el conocimiento a nivel individual.

El escolar había adquirido la capacidad de pensar lógicamente a través de las representaciones que le permitían actuar mentalmente con la realidad, pero ese tipo de pensamiento le plantea serios problemas cuando debe enfrentarse a situaciones o problemas que no tienen una referencia concreta o real. El pensamiento hipotético-deductivo, en cambio, le permite construir una escala propia de valores y principios que regulen su conducta. A través de él, es capaz de descubrir cuál es el principio o valor que hay detrás de las normas. Así podrá pronunciarse si está o no de acuerdo con ellas, planteándose su propio juicio respecto a las cosas.

La formulación de un plan de vida también es factible a través de este pensamiento, ya que significa trascender lo concreto, lo vivido y lo inmediato, logrando proyectarse al terreno de lo posible, lo futuro y lo aún no conocido.

La dinámica del pensamiento hipotético-deductivo está basada en considerar distintas posibilidades de solución a un problema cualquiera, abandonando las condiciones concretas y visibles en las que ocurre. De ésta forma, se contrastan las posibilidades, probándolas mentalmente para después comprobar si las hipótesis son adecuadas y en qué grado llevan a una solución. Esto permite combinar mentalmente en diversas formas los hechos de la realidad.

Allí radica la principal diferencia con el pensamiento lógico que ya poseía el escolar. Con él podía considerar más de una variable o más de un aspecto, pero no podía aislarlos simultáneamente.

Pablo Ulloa V.

Profesor de Educación Musical.