El juego simbólico ya mencionado requiere de reglas que sean compartidas por el grupo; pero, a causa de este subjetivismo, las reglas son continuamente cambiadas debido a los deseos, temores y actitudes emotivas que se presentan en cada uno de los participantes. De allí se derivan las discusiones y riñas tan comunes entre niños que juegan.

Si a un niño de esta capacidad cognitiva le preguntamos por qué un auto se detuvo, él responderá que porque estaba cansado, o porque tenía frío. Atribuye nociones de vitalidad e intencionalidad a los objetos, motivado principalmente por una visión subjetiva. Esta misma razón le lleva a cambiar las reglas anteriormente fijadas en sus juegos.

Este tipo de pensamiento es llamado “simbólico preconceptual”, porque es un pensar basado en una representación personal que depende de los sentimientos, sin alcanzar a ser un concepto. Aún no existe en él la capacidad de realizar una clasificación de los objetos, ordenados por sus atributos esenciales.

3.- Edad escolar:

La objetivación de la realidad se logra en el período de la edad escolar y es el siguiente paso de la representación, inicialmente individual y subjetiva. Las metas de esta nueva edad tienen una especial influencia social y se pueden dividir en dos:

a) El niño aprende las conductas que de él se esperan.

b) Aprende a ordenar las conductas según las normas de la convivencia y regulación social.

Empieza a tener consciencia de los roles que se relacionan con su propia imagen y con su auto-estima. Estos elementos formativos de la personalidad se relacionan directamente con los conceptos de identificación y de sí mismo dentro de un nivel consciente.

En esta etapa, la capacidad cognitiva logra algunas modalidades complejas de aprendizaje. Por ejemplo: puede constituir procesos simbólicos mediacionales, o puede aplicar estructuras cognitivas operacionales que hacen posible el pensamiento lógico. Estas estructuras son el resultado de la formación de un modelo de realidad con el que puede comparar y juzgar las situaciones que está viviendo, y puede ser aplicado a las personas y a sus acciones. Por ejemplo: el niño a menudo se siente orgulloso por el éxito de su padre. Es capaz, en este caso, de sentir como si las características y acciones del modelo fueran las suyas. A esta situación se la denomina “identificación”, y se manifiesta por la mediación de la idea del modelo. La identificación se produce en el ámbito afectivo; no es una simple imitación, sino que significa incorporar el modelo a nivel de la propia personalidad. Incluye una evaluación positiva, ya que se la considera beneficiosa para la conducta y adecuada a la realización del yo.