La identificación con un modelo digno de ese nombre es necesaria en el proceso de organización y desarrollo de la conducta adaptativa, por lo que es esencial para la configuración de la personalidad y la socialización de todo individuo.

El concepto de sí mismo es otro elemento vital en la estructuración de la personalidad. La edad escolar ayuda a formarlo a partir de la premisa de conocerse como un individuo separado y distinto de los demás, y de enfrentarse a la reacción de los demás hacia él. Esta confrontación puede ser positiva en la medida que la actitud de los padres haya contribuido al buen desarrollo de este concepto. El rechazo de los padres puede generar auto-rechazo, sentimientos de culpa y complejo de inferioridad. Los sentimientos más importantes son la estimación y la auto-estimación, esta última producida por el efecto que tiene en el niño la satisfacción de sus necesidades adaptativas: ser aceptado, sentirse querido y necesitado por los demás. Esto hará que se sienta valioso, lo que generará su auto-estima.

En esta etapa, el escolar ha logrado un desarrollo de capacidades, habilidades y autonomía que le permiten ajustarse al medio en el que se desenvuelve. En este sentido, es extravertido. Se pueden tipificar sus habilidades cognitivas como sigue:

a) El niño alcanza la capacidad de percibir analíticamente, pone atención en los detalles y partes que constituyen el objeto. Esta integración de las partes es llamada “percepción sintética”.

b) El escolar forma grupos que se estructuran cooperativamente y existe entre ellos un diálogo con clara intención comunicativa. Cuando el grupo genera reglas de conducta, intentan mantenerlas.

Cada niño posee en esa edad su propia representación del mundo. La objetivación de dicha imagen es lograda al construirse el concepto. El puede considerar dos dimensiones de diferenciación, o sea, distingue entre clases de objetos y las modificaciones ocurridas en un mismo objeto que no alteran su estructura. Por ejemplo: una fruta será “fruta” en el árbol, sobre la mesa, podrida o en conserva. Esto es -según Piaget- la adquisición del “principio de conservación”.