La época actual no deja de parecerse a esos siglos lejanos donde la razón sufría de vértigo delante de todo lo que la ciencia griega aportaba de libertad y, por lo tanto, de profunda responsabilidad. El hombre está hecho de tal manera que se aturde cuando es necesario portarse plenamente hombre. Como en el tiempo lejano del apocalipsis, las revelaciones se van multiplicando hoy día. Los grandes galácticos cornudos o los pequeños hombrecitos verdes en platillos voladores han simplemente reemplazado a los ángeles y los demonios de los apocalipsis judíos y de las revelaciones helénicas.

Confieso haber quedado muy sorprendido al leer extrañas opiniones del académico católico Jean Guitton: “Quien sabe si estos humanoides de los platillos voladores no sean sub-oficiales, si se puede decir, o agentes subalternos de la angelología. Es claro que existe entre la conducta de las apariciones en los relatos bíblicos y la conducta de los humanoides ciertas semejanzas… Varias personas han destacado la similitud de los relatos sobre Ovnis con los relatos del siglo XIX sobre Nuestra Señora en la Salette, en Lourdes o en Fátima”. Y no se trata de opiniones aisladas. El académico Jean Fourastié, de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, por su parte, afirma: “Siempre he pensado que hay dos fuentes de información para el hombre: la Revelación sin la cual nuestros antepasados no hubieran podido hacer nada, y la ciencia. A partir del momento que ella existió, la ciencia nos ha dado sobre el universo informaciones que son, a mi parecer, de la misma naturaleza que lo que se llama Revelación en la fe cristiana. Son, en los dos casos, informaciones sobre el universo.” Verdaderamente, los académicos ya no son lo que eran. Se observan extraños cambios en sus ideas profundas.

Los alquimistas tuvieron siempre una alta visión del hombre y de sus posibilidades. Estos buscadores de la verdad se esforzaron pacientemente en aprehender el mundo en toda su complejidad. Ellos no lo separaban artificialmente en un mundo espiritual reservado a la religión y a la revelación y en un mundo material reservado a la tecnología y a la ciencia. Su ciencia de la materia era toda espiritual y su espiritualidad era toda material. Es la gran lección que se puede extraer de la lectura de los alquimistas griegos.