La Realidad, cualquiera que ella sea, no puede presentarse más que en términos de una totalidad que engloba toda forma de manifestación y de consciencia y, por lo tanto, a todos los seres individualizados así como a nuestro pensamiento que los está concibiendo. Nuestra consciencia habitual, limitada al juego de la mente y del intelecto, nos permite una cierta percepción del mundo. Ella nos permite también elaborar conceptos sobre él y crear la realidad que nos conviene para tranquilizarnos. De todas maneras, esta percepción que calificaremos de “ordinaria”, es siempre estrictamente individual. Cuando la ampliamos o, mejor dicho, cuando cambiamos el registro de percepción no dejando intervenir a la mente reductora, al razonamiento o a la observación clásica, la percepción llega a ser no-ordinaria pero permanece individual. Ella no es solamente la obra de un “yo”, reducido a un personaje por los engaños de la mente y de los sentidos. Ella adquiere una dimensión impersonal, revelando en primer lugar nuestra relación íntima con el Todo y la evidencia de que, sin ninguna autonomía, nuestra individualidad corporal y psíquica, está contenida en el Todo. Más tarde, ella nos revela nuestra identidad con esa totalidad y somos entonces capaces de percibir que contenemos el universo en nosotros. Pero por ahora, no nos engañemos, nuestra percepción se reduce a nuestro pensamiento. Si el pensamiento se detiene, el mundo se desvanece, lo que no quiere decir que sea irreal. El mundo que se dice “objetivo” es permanentemente una creación de nuestro pensamiento; un acto de memoria colectiva que se repite en el individuo.

Hundidos en la ensoñación y en la rutina, no nos maravillamos ni aún con la única evidencia fundamental: “yo soy”. Yo solamente percibo el mundo. Nadie más que yo. Y cada uno percibe el mundo así, aún al más bajo nivel de consciencia. Por su yo, por este “yo soy”. Basta dormirse para que el mundo desaparezca. Pues, cuando duermo profundamente: dónde está el mundo?

Ciertamente cuando despierte, volveré a encontrar en su sitio y lugar todo lo que se había evaporado, la memoria colectiva lo ha conservado. Mis amigos y mis próximos, en fin, los que no dormían en ese momento, me aseguran que todo ha continuado durante mi sueño, qué reconfortante ! no es así?. Pero esos son rumores. Su testimonio, mi despertar y mi reencuentro con el ambiente familiar no pueden constituir pruebas suficientes. En la ausencia de percepción y de pensamiento, el mundo desapareció totalmente. Yo soy el único en hacer la experiencia Real. Sin esta extraordinaria sensación del “yo soy”, todo desaparece.

El nudo y la clave del problema, si es que usted tiene un problema, se encuentran en este punto preciso. La menor sensación, la menor percepción, no pueden ser verdaderamente compartidas. Los que se imaginan que ellas lo son caen en la trampa de la “comunicación”, noción muy de moda, superficial y falsa. Se trata nada más que de consuelos, de cambio de ideas, tal vez reconfortantes pero estériles. No hay comunicación. Porque es imposible. Porque se está irremediablemente solo. Al morir, lo percibiremos.

La Realidad es “lo que es”, es decir, una totalidad sin división, y no una suma de partes; y yo experimento esta inseparabilidad cada vez que pruebo el “yo soy”. Es así como en cada uno de nosotros está contenida la Realidad, enteramente y sin discontinuidad. Pero nuestro estado de aprisionamiento en el sueño de la dualidad – estado necesario para que este mundo sea hecho – crea una distorsión. La experiencia global del “yo soy” se degrada y deviene experiencia del ego. Una experiencia de enfrentamiento, de alteración.

No puedo darles una explicación radical por medio del razonamiento y de la verbalización; pues no hay nada que comprender. Nuestra sola oportunidad es la de despertarnos.

Continuando con los temas “teóricos”, la síntesis Tantra-Yoga permite resolver las oposiciones transcendencia-inmanencia y dualismo-no dualismo. Una cita extraída del Kularvana Tantra va al corazón del problema: “El Brahman único es dos: transcendente e inmanente; absoluto y verbo. Algunos lo comprenden de manera dualista, otros lo perciben de manera no dualista; pero su realidad profunda se sitúa más allá del dualismo y del no dualismo. La realidad suprema sería como una transcendencia inmanente, un orden implícito y el fin supremo de participar en él totalmente”.

Las interrogantes sobre el universo, sobre nuestros orígenes y nuestro destino exigen respuestas formuladas con todo el rigor del que es capaz el razonamiento. Y nosotros no tenemos más que esta sola herramienta para explicar el mundo y le atribuimos un poder desmesurado.

En cierto sentido, el concepto dualista se adapta mucho mejor a la lógica del mundo visible. Es una visión indigente y limitada pero relativamente satisfactoria en lo que concierne a la estricta Manifestación observable. La dificultad resulta ser imposible de superar si se intenta establecer una relación con la Consciencia no manifestada. Los fenómenos se explican, pero su origen informal da lugar a problemas. Cómo unir la causalidad a lo sin-causa? Es así como el sistema Samkya se ve obligado, en su afán de presentarse como completo, a reconocer la emergencia de un principio inmaterial detrás de la energía y sus formas actualizadas, a admitir la existencia de un Ser, de una Consciencia, pero no logra jamás establecer una verdadera conciliación, una interdependencia con la materialidad, con la naturaleza. El imagina una solución desnivelada que conduce a reforzar la antinomia entre los dos principios. Este es el mayor problema de todos los planteamientos dualistas. Cuando ellos se contentan con explicar el mundo fenoménico, puede ser aceptable. Más allá, sus conclusiones se radicalizan para ir hasta la formulación de teorías extremas como el maniqueísmo. El desenlace, entonces, es fatal: el mundo se convierte en un obstáculo para la liberación: él es entonces perverso y gobernado por fuerzas maléficas. La noción del bien y del mal se radicalizan igualmente, también la moral, etc.

Si los dualistas funcionan correctamente en la dualidad que es nuestro quehacer cotidiano , tienen problemas con la transcendencia. Los no-dualistas, los tienen con el mundo fenoménico. La Advaita-Vedanta o el Budismo clásico nos ofrecen una visión no materialista que privilegia al espíritu. Su planteamiento nos parece menos ingenuo, más elevado y más global. A primera vista, “esto lo hace más espiritual” o más serio, pero es muy etéreo; pues, a su turno, se enredan en explicaciones ociosas concernientes a las relaciones posibles entre el uno y lo múltiple. Estos conceptos no son muy convincentes. La solución vuelve a escamotear los fenómenos y la materia declarándolos irreales. La sola realidad es Brahman, un absoluto no creador pero dotado del poder de ilusión, maya, que despliega el mundo ante nuestros ojos como un sueño alienante; una evanescencia sin consistencia alguna que nuestros sentidos y nuestra mente subyugados toman por reales. Si nos gustara polemizar, se podría refutar que en un universo donde todas las formas manifestadas son irreales, formular y sostener el concepto de irrealidad es antinómico y aberrante.

Si se pretende que toda manifestación es irreal, por lo tanto, este concepto, que emana de nuestra mente irreal no podría ser real. Pues nuestra mente, nuestro intelecto y nuestros procesos de pensamientos son seguramente parte integrante de esta manifestación irreal. Se termina así en una suerte de extravagancia que se quiere enmascarar pretendiendo emitir un juicio desde el “punto de vista de la estrella Sirio”, o mejor, desde el punto de vista del absoluto. Pero no existe ningún punto de vista del absoluto. Ningún pensamiento, ningún juicio, ninguna noción, ninguna causa. Hay “lo que es” o lo que no es.

De una manera o de otra, los dos sistemas conducen a una conclusión idéntica: el rechazo del mundo, jamás a una solución integral.

Pero no nos demos por vencidos. “Y si el veredicto está en que cada una de las dos proposiciones representa la media verdad de la otra?”.

Algunas escuelas tántricas, como los Kaula de Cachemira proponen una versión donde el divorcio entre el absoluto y el mundo no es irremediable. Pero estas escuelas son raras. Ellas se fundamentan en un discurso muy coherente y sobre todo en la experiencia de los yoguis que, habiendo logrado la totalidad, ven el Uno en el múltiple y el múltiple en el Uno y viven esta realidad “como un estado natural”.

Evidentemente el hombre no se satisface voluntariamente con las paradojas; se encuentra incómodo con ellas y prefiere las simplificaciones engañosas pues ellas están siempre más de acuerdo con el lenguaje de la razón y con la lógica del mundo.

Decir que es posible integrar “lo que aparece” a una consciencia incondicionada y subyacente, – la que estaría a la vez apartada de los fenómenos e implicada en toda la manifestación, desde la energía potencial hasta las formas visibles y a los objetos más compactos – no corresponde a las normas de la lógica clásica. Más que nunca chocamos con las limitaciones del lenguaje; para comprenderlo debemos cambiar de lógica. En una geometría de dos direcciones, la explicación es sin amplitud pero permanece correcta. En una geometría de tres dimensiones, la explicación se amplía pero se vuelve ardua y más incierta. Como el universo está inscrito en una geometría de múltiples dimensiones – pueden ser infinitas – como la describen ya ciertos científicos, todo intento de explicación se revela incorrecto, si no imposible.

La visión global necesita una fase de interrupción de los procesos psico-mentales que permiten sólo el conocimiento de un universo reducido a dos o tres dimensiones. Es necesario que la mente sea desconectada. Esto impone un cuestionamiento de todos nuestros valores y de nuestro funcionamiento habitual. Lo primero consiste en terminar de identificarse con sus procesos mentales, pues de este error provienen todas las falsas certezas, todas las semi verdades que son el resultado de nuestra irreprimible necesidad de clasificar, de operar en dicotomías, de razonar y de aprisionar todo en conceptos.

No podremos jamás integrar cierta materialidad del mundo: la energía, la forma y el espacio al vacío luminoso de la Consciencia, lo condicionado a lo incondicionado, lo personal a lo impersonal, el tiempo, pasado y por venir al intemporal presente; nosotros no podremos jamás ver y vivir la Totalidad – que es a la vez Consciencia inmóvil y este océano de energía en movimiento – por simple adhesión intelectual a conceptos, por brillantes que ellos sean. Esto no cambiará nada en nuestra condición de avasallamiento. Los más bellos vuelos del espíritu nos dejarán siempre prisioneros de nuestros condicionamientos psíquicos y mentales. Y todas estas construcciones mentales, estas argumentaciones vertiginosas, estas tradiciones culturales y religiosas no son más que obstáculos acumulados. Nosotros los fabricamos a nuestro antojo por miedo al vacío y por miedo a la muerte. Pero para el hombre social y para la sociedad, temo que lo que se entiende por realización de la Totalidad, no es finalmente ni tranquilizante ni deseable.

Al utilizar las palabras “orden implicado” inevitablemente pensamos en el físico David Bohm y también en la física moderna. A veces se reprocha a los físicos actuales el que en base a sus descubrimientos de la inmaterialidad de la materia vayan demasiado lejos en el sentido de la irrealidad del mundo y de “juntarse con ciertos ilusionistas metafísicos”. El Advaita-Vedanta así como el Budismo nos invitan a realizar la irrealidad del mundo los llamaríamos “metafísicos ilusionistas?”

Cierto que los descubrimientos de la nueva física invitan, por supuesto, a suponer algo así. Entre los físicos actuales es David Bohm quien tal vez ha tenido la mejor intuición y ha logrado transcribir el resultado de sus ecuaciones en términos corrientes. La expresión “orden implicado” parece una fórmula bastante buena. Pero si los dominios de esta ciencia y los de la metafísica coinciden naturalmente, debemos desconfiar siempre de la mezcla pues sus medios de acercamiento son diferentes. Como lo indica la etimología de la palabra “metafísica”, ella se sitúa “después” de la física a pesar de no ser más que una cuestión cronológica en el orden de los tratados de Aristóteles. Pero el hecho es significativo: debemos cuidar de los abusos del espíritu y moderar nuestros entusiasmos. Si sucede que los físicos desborden en la filosofía, o peor aún, en la mística, sería una catástrofe para la ciencia… Ella arriesga bajar de nivel. Por definición tradicional, su rol se limita a la observación, a presentar modelos, a la experimentación rigurosa, a la búsqueda de pruebas matemáticas, a la extensión de los conocimientos, a ponerlos en orden y a su adición. Por definición semántica, la ciencia diseca, divide y analiza; ella no unifica. Su primera razón de ser es cortar y no saber. Ella no puede entonces pretender el conocimiento, si no sobrepasa sus funciones y ya no es entonces lo que se ha decidido que sea. Pues el verdadero conocimiento no es jamás la suma de los conocimientos.

El Uno no se presenta como la suma de sus componentes, aun suponiendo que ellos sean todos conocidos., No confundamos unificación con suma.

Emplearé algunas analogías que les aclarará un poco el tema de la realidad o de la irrealidad del mundo, sobre sus corolarios, el de la dualidad y la no dualidad, aquel del determinismo o del indeterminismo y sobre todo probarán la vanidad de todos estos discursos, incluyendo el mío.

Notemos que todas las palabras son evocadoras, pero son fabricadas con un alfabeto en el que las letras en sí mismas no poseen ningún sentido. Estas palabras pueden a su turno servir, por ejemplo, para exponer dos teorías contrarias sin por eso cambiar de sentido. Ellas permanecen exactamente las mismas pero se prestan a todas las disposiciones posibles. En orden decreciente, las letras y las palabras serían más verdaderas que las teorías que construimos con ellas? Si colocamos las vocales, las consonantes o aún las palabras al azar o en desorden, no obtendremos nada significativo. Por adición sistemática el resultado ofrece una definitiva confusión… Los constituyentes del lenguaje coherente que son las letras y las palabras pertenecen a un universo de probabilidades donde reina el indeterminismo y lo problemático. No se puede jamás estar cierto que tal o cual signo o palabra será escogido y vendrá a colocarse en tal lugar al lado de tal otro para definir un pensamiento o formar una simple frase correcta; aún menos si se trata de un conjunto representando una construcción mental elaborada, como un sistema. El indeterminismo se amplía además a nivel de los alfabetos y de sus componentes últimos, pues siendo múltiples las lenguas y dialectos, las combinaciones para formar palabras y después frases significativas llegan a ser infinitas y cada vez menos y menos previsibles. Sin embargo, vuelto inteligible gracias a sus constituyentes fundamentales que son las letras y las palabras convenientemente dispuestas, todo concepto y todo sistema va a inscribirse en adelante en un orden perfectamente determinista. Se sabrá de dónde viene y hacia dónde se dirige. Estamos aquí en presencia de una paradoja aparentemente irreductible que se puede poner en paralelo con lo que molesta tanto todavía a los físicos modernos. Pero, en el primer ejemplo, el uso ha desbaratado las contradicciones. La práctica del lenguaje nos ha llegado a ser tan familiar que no tenemos ninguna necesidad de una teoría unificada para establecer la relación entre la expresión y sus constituyentes. El mundo de la física moderna responde a un esquema semejante pero no ha logrado verdaderamente la síntesis. Dos escuelas se enfrentan, aunque, con todas las proporciones guardadas y con las reservas ya mencionadas, podemos ponerlas en paralelo también con el Samkhya dualista y el Vedanta no-dualista. Ellas están de alguna manera, en la búsqueda de su tantra de unificación. David Bohm trabaja ciertamente en este sentido.

Los constituyentes de la materia bajo todas sus formas: líquida, gaseosa o sólida, no responden a las mismas leyes que ella. A nuestra percepción ordinaria la materia se presenta como compacta y se ordena en un universo previsible en un ciento por ciento. Ella está de acuerdo con el principio de causalidad. Por el contrario, las partículas que son el material fundamental no se inscriben en estas leyes, pues ellas se ajustan más bien al vacío y sus movimientos son problemáticos. Lo infinitamente pequeño responde pues al indeterminismo y concuerda mal con la causalidad; su acceso no puede ser más que probabilístico. Estas razones hacen que los físicos que se pronuncian exclusivamente por la mecánica cuántica, arriesguen caer en la tentación de pensar que la materialidad de un universo, formado por constituyentes de movimientos azarosos, tan inconsistentes y tan vacíos, es algo dudosa. Por cuál artificio las partículas elementales de un universo indeterminista cambiarían de condición combinándose para formar la materia de un universo determinista? Si la primera proposición se revela exacta, el camino natural conduce a orientarse hacia la inmaterialidad de la materia cuya apariencia compacta no sería entonces más que un artificio.

Estos sabios se ven más o menos obligados a razonar así por apremio lógico; es por eso que se sienten a veces tentados de juntarse con ciertos metafísicos ilusionistas. De la inmaterialidad a la irrealidad no hay más que un paso; no reprocho de ningún modo a ciertos físicos por franquearlo, pero señalo que la mezcla de especies lleva más a menudo a la confusión que a la claridad y que las conclusiones extremas resultan casi siempre de un exceso de apresuramiento y de celo.

En fin, existe un segundo aspecto que es la física relativista. La exactitud de los descubrimientos de Einstein en este campo no puede desconocerse, y las teorías perfectamente verificadas de la relatividad limitada y de la relatividad general se llevan muy bien con el determinismo. Ya que las teorías cuánticas nos demuestran ellas también, sin refutación posible, que el universo de las partículas fundamentales es indeterminista, es necesario estudiar y encontrar la relación entre dos aproximaciones verificadas como justas y sin embargo aparentemente contradictorias; entonces se trata de elaborar una teoría unificada, que sea verificable. Esto aun no se ha conseguido aunque se avanza en ese sentido. Pero no intentemos entrar aquí en los detalles de las teorías de los campos unificados o de la medida de las ondas gravitacionales.

La Advaita Vedanta y el Budismo son ilusiones metafísicas? Yo diría que en la medida que nos inviten a “realizar la irrealidad del mundo” son perfectos ilusionistas. Se dan cuenta de la significación de esa frase? Quieren decir volver real la irrealidad?

Repito sin tregua la afirmación del Tantra-tattva: “El problema no está en afirmar que esto o aquello es irreal o no, sino en saber hasta qué punto se posee el verdadero poder de volver inexistente, siquiera una sola brizna de hierba”. No se posee en absoluto este poder verdadero que sería la sola prueba de la irrealidad de las briznas de hierba.

Importa sobre todo comprender bien la significación de las palabras y su modo de empleo: ilusión, apariencia, fantasma, irrealidad, sueño, etc. Si damos al término ilusión (de illudere, burlarse de) el sentido de irrealidad, como es corriente, limitamos la existencia al aspecto transcendente y escamoteamos el mundo de los fenómenos asimilándolos a una especie de alucinación colectiva. La confusión se extiende porque nosotros hacemos de todas estas palabras sinónimos de irrealidad. Si mantenemos el verdadero sentido del término ilusión, estaremos más cerca de la verdad, pues se trata de un juego, lo que los hindúes llaman liláh, que se expresa de una manera engañosa porque es aprehendido ordinariamente por la mente y los sentidos, que son limitados. No caigamos en el exceso inverso sosteniendo la dualidad definitiva, que es el punto de vista nacido de la ignorancia, dando todo el poder al razonamiento, instrumento eficaz pero inadaptado en los dominios que no le convienen.

Los tántricos insisten en el hecho que la energía no tiene morada (anika ), que ella es consciente, que ella contiene implícitas o implicadas posibilidades infinitas de actualización que se “despliegan” y se “repliegan”, combinándose en el despliegue en un movimiento continuo y en una consciencia sin causa, de la que ella no puede ser disociada. Shiva y Shakti no representan más que aspectos, plegados o desplegados, de su Totalidad. Las manifestaciones, los mundos (incluido el nuestro) son “apariencias” desplegadas, formales, ordenadas, pero evolutivas y complicándose en el sentido de la entropía. En fin y, a pesar de todo, paradojalmente completas en cada momento en que se las note u observe. Estas manifestaciones no poseen más de irrealidad que de independencia material. La realidad en el dominio del mundo de las “apariencias” es una perpetua metamorfosis, Y la apariencia es “lo que aparece”; ella puede tomar la consistencia de la roca o tener la evanescencia de un fantasma, ella puede ser más o menos irreal o evolucionar hacia un cierto destino de materialidad cuando la energía se condensa en masa; y después borrarse en el sentido inverso conservando una parte de indeterminismo, un karma no definido, en ciertos planos de su ordenación global. Esto no tiene ninguna importancia decisiva.

Dualidad y no dualidad son dos semi verdades, dos modos de expresión más o menos agradables. La verdad consiste en encontrar lo que estas dos proposiciones tienen en común. Y la realidad se sitúa siempre en el punto común de no importa cuales proposiciones contradictorias. Ellas llegan a ser entonces complementarias. El razonamiento no tiene acceso allí jamás. Nosotros no participamos concretamente en esta realidad, físicamente, en persona. Y todo lo que nos prometía que la alcanzaríamos, la cultura, la filosofía, la ciencia, la religión, nos aleja de ella un poco más.

Jean Papin

Traducido y extractado por Viola Fishman de
Jean Papin.- Tantra et Yoga
Editors Derby Livres.

Más Información:
Bohm, David.- La Totalidad y el Orden Implicado.- Kairós.
Guenón, René.-Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes.- Ediciones L. C.
Guenón, René.-El Hombre y su Devenir según el Vedanta.- C. S. Ediciones
Wilber, Ken.- El Proyecto Atman.- Kairós.

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