15. En su tiempo, tanto el pasado como el futuro son sólo el presente. No es como para reírse el que se discuta acerca del pasado y el futuro, sin darse cuenta del presente? Puede uno contar sin el número uno?

16. Puede haber espacio, puede haber tiempo, excepto para mí? El espacio y el tiempo me atan, sólo si yo soy el cuerpo. Yo no estoy en ninguna parte, yo soy sin tiempo. Yo existo por todas partes y siempre.

17. Tanto el sabio como el ignorante consideran al cuerpo como yo. El ignorante limita el yo al cuerpo. Para el sabio, el Sí mismo brilla en el corazón, sin límites, incluyendo el cuerpo y el mundo.

18. Para el ignorante y para el sabio, el mundo existe. El ignorante considera que sólo el mundo es real. Para el sabio, la fuente sin forma de lo visto, es real, completa.

19. La controversia sobre si el destino es más fuerte que el libre albedrío o viceversa, es sólo para aquellos que no conocen su propia fuente. Aquellos que conocen al individuo a quien pertenecen (el destino y el libre albedrío), permanecen intocados por ellos.

20. Ver a Dios como aparte del veedor, es sólo una imagen mental, puesto que Dios no está separado del veedor. Morar en el equilibrio del Sí mismo es verdadera visión de Dios.

21. Las escrituras declaran ve al Sí mismo, ve a Dios. No es fácil comprender estas ideas. Puesto que el Sí mismo es Uno no puede ser visto. Cómo puede uno ver a Dios? Sólo deviniendo alimento para Él.

22. Dios ilumina la mente y brilla dentro de ella, invisible. Cómo entonces puede uno conocer a Dios a través de la mente? Sólo volver la mente hacia adentro y fijarla en Él, es tener Su visión.

23. El cuerpo no dice yo. No hay nadie que diga yo en el sueño profundo. Cuando el
yo surge, todo surge. Encuentra con agudo intelecto, de dónde viene este yo?

24. El cuerpo es insenciente, el Sí mismo no surge. Dentro del límite del cuerpo un yo surge, entre el cuerpo y el Sí mismo. Es llamado ego, nudo de materia y espíritu,
esclavitud, cuerpo sutil, y mente.

25. Nacido de formas, enraizado en formas, alimentándose de formas, siempre cambiando sus formas, él mismo carente de forma, este fantasma del ego llega hasta sus raíces con la indagación.