La acción social comienza en nuestra propia vida. Una búsqueda religiosa, acompañada de una percepción lúcida de la situación mundial, es el comienzo de una acción social directa y penetrante, porque se comienza por tratar al ser humano, un ejemplar del conjunto de la humanidad. Así nos volvemos hacia nosotros mismos, interrogándonos: Existe algún desorden en mi vida ?

Entonces podremos descubrir que hay en nosotros numerosos conflictos y contradicciones que perturban nuestra existencia. Nos damos cuenta que somos los esclavos de nuestra mente y de nuestro cuerpo, condenados a repetir incansablemente los modelos habituales que nos alejan del placer y del consuelo. Nadie nos puede ayudar, sino la vida que nos rodea. Estamos enfrentados a sondear nuestro interior, sin evadirnos en busca de un instructor.

Comenzamos nuestra búsqueda por nosotros mismos y descubrimos entonces nuestra esclavitud a numerosos hábitos. Lo que llamamos nuestra vida es una sucesión en cadena de reacciones, de actividades repetidas. Reaccionamos a contradicciones internas y externas. Nuestra vida es un movimiento continuo de modelos rutinarios. Los impulsos dentro de nosotros crean conflictos a los cuales reaccionamos y eso lo llamamos actuar. Las emociones, los pensamientos y los sentimientos que hemos almacenado, aportados por la familia y la sociedad, crean sus propios conflictos a los cuales reaccionamos, y es así como nos sentimos vivir.

Al comienzo de una tal encuesta nos damos cuenta de nuestra ignorancia de lo que es un acto libre, y descubrimos que no somos más que un conjunto de reacciones. Todos los movimientos efectuados desde el comienzo al fin del día no son acciones espontáneas nacidas de nuestra propia iniciativa, sino simplemente una reacción a alguna necesidad. En la mañana nos levantamos temprano porque tenemos que ir al trabajo, si no tuviéramos esa obligación, nos levantaríamos mucho más tarde. Comemos a horas prefijadas, tengamos o no hambre, sin preocuparnos de si ese tipo de comida conviene o no a nuestro cuerpo. La vida es una cadena de actividades repetidas, mecánicas y, si no existieran problemas exteriores socioeconómicos o políticos podría ser que no nos moviéramos, que nos hundiéramos en la pereza y el ocio, sin saber qué hacer de nosotros.