La religión no es una búsqueda intelectual, es el compromiso de la persona entera a través de su propia vida. Ella no consiste en rumiar intelectualmente ideas provenientes de un Cristo o de un Buda. No podemos continuar con las antiguas maneras de vivir y, a la vez, emprender una búsqueda espiritual. Dejemos esto bien claro antes de seguir.

Desde que comprendemos lo que es justo, lo que es falso debe ser abandonado, sin que parezca una renuncia. Así no se deja al cuerpo enmohecerse en la pereza o el ocio. Él es mantenido vivo, ágil y enérgico. No tenemos idea de cuánta energía encierra el cuerpo. No utilizamos todas la energía de la que disponemos, ni aún en el plano biológico. Hay técnicas que pueden ayudar a la persona a vitalizar el cuerpo de tal forma que las energías físicas adormecidas sean liberadas. Es absolutamente necesario adoptar un nuevo enfoque de ejercicios, sueño, nutrición, tipo de lecho que se usa, etc. Sin esa base, no habría manera de crecer y progresar.

Hemos visto cómo las antiguas vías de crecimiento han perdido toda relación con el contexto de la vida moderna, no podemos regresar a ella, no tenemos pautas de referencias. Es preciso crear nuestra propias maneras de vivir.

Hemos considerado la estructura física con justicia, la hemos ayudado y educado para que crezca en un estado de vigilancia y de atención. Así, cuando vemos algo, los ojos reciben la totalidad de la unidad de percepción. Pero, si el cuerpo está letárgico, perezoso, indolente, aun con los ojos abiertos no recibiremos más que una parte de esa unidad de percepción y no podremos integrarla a la totalidad. La atención no está presente, falta la profundización de la percepción y el acto de ver queda incompleto, defectuoso e imperfecto.

Si experimentamos por nosotros mismos, podemos constatar las insuficiencia y deficiencias de la percepción. Entonces, la calidad de percibir, de escuchar, se transforma porque los sentidos vienen a estar más alertas y despiertos. No tenemos otro medio de comunicarnos con el mundo exterior que estos admirables sentidos. Si les aportamos interés, respeto y afecto, los educaremos. La educación es el único medio de engendrar una total revolución no-violenta hacia nosotros mismos. Gracias a la educación, el dispositivo es bien equipado y la transformación se produce por ella misma.