Hecho esto, conviene que nos interroguemos Bien, es posible que sea la mente la que esté en desorden, que cambia de humor; alegre en un instante, deprimida al momento siguiente. Es la mente la que crea los problemas y que se apega o desapega, se complace o siente desagrado. Es entonces ella quién crea todo este caos.

Ya hemos notado que la mente repite toda clase de modelos. Hemos hablado del cuerpo y de la manera en que su sensibilidad irá en ayuda de la mente. Pero, al interrogarnos, notamos que ella es fuente de mucha miseria. Qué hacer ? Era fácil considerar el cuerpo, estudiarlo, pero ahora será necesario observar la mente y comprender su mecanismo. Podemos leer libros sobre psicología, pero eso nos dará sólo información teórica. Si queremos realmente comprender cómo funciona la mente es necesario observarla mientras está en movimiento. Necesitamos una información directa, de primera mano. El observar con atención exige no permitir que después de la percepción surjan reacciones subjetivas que se mezclen con ella evaluando, comparando o juzgando en función del pasado.

En el curso de nuestra vida jamás nos hemos observado. Cuando observamos algo lo hacemos comparando con alguna otra cosa, para dar un nombre, aceptar o rechazar. No sabemos cómo observar ni aun escuchar sin un móvil, porque hemos sido nutridos de móviles y motivaciones que utilizamos sin cesar. La observación no es una atención reactiva. Percibimos que la actividad cerebral identifica el objeto, le da un nombre y allí se detiene. No hay una reacción de aceptación o de rechazo, ni simpatía ni antipatía, preferencia o prejuicio que se deriven de la percepción.

Podemos sentirnos fatigados cuando nos sentamos a observar. Ese es el momento en que una persona honesta descubre que, en el esfuerzo por sofisticar nuestra capacidad mental, hemos perdido la elegante simplicidad de contemplar con inocencia aunque no sea más que un momento. Al empezar a observarnos, el estado de observación permanece por un instante, luego caemos en el error de comparar y juzgar, para dar lugar después a otro instante de observación. Así transcurre el aprendizaje. En él se produce una división espontánea, creada con miras a contemplar el movimiento de la mente, y el estado de observación una atención no reactiva pasa a ser una dimensión natural. Es entonces cuando la observación lleva a la cesación de los movimientos de la mente.