La llama de la atención llega a ser más sostenida, no hay observador ni observado, y el silencio reina supremo en la consciencia del individuo. El reino de las palabras, de los pensamientos, de los símbolos es abandonado. Estamos en las fronteras de lo conocido y el horizonte de lo desconocido se extiende frente a nosotros. Al no apartarnos del estado de observación, en el cual el movimiento mental que observábamos desaparece, el silencio del espacio interior o de la vacuidad se revela. El espíritu ha sido despojado de toda su actividad. El ego, el sí, el mí y todas sus actividades han partido de vacaciones.

La observación lleva a un silencio interior, porque la llama de la atención penetra la globalidad del ser. El individuo entero pasa a ser un estado vivo de observación que se expresa a través de él. Ya no hay más un yo al centro para decir: yo observo. Los contenidos de la mente son serenamente observados por la llama de atención, sin posibilidad de sueños, tensiones o conflictos.

Una raza humana que ha tenido éxito en aterrizar en la Luna y en producir misiles, no podrá decir que esto es imposible. Pues no está reservado a algunos privilegiados, es un derecho de nacimiento para todo ser humano el trascender la mente y el órgano cerebral. La imperiosa necesidad de crear el orden en nuestra vida es lo que nos hace buscar esta nueva dimensión del silencio interior. En él no se manifiesta un solo pensamiento, toda la estructura pensante ha cesado de actuar, no hay la menor tensión neuronal ni ninguna presión sobre la química del cuerpo, es un estado totalmente relajado. Por este silencio, las fuerzas de sanación son liberadas y las heridas y las cicatrices que hemos soportado en el curso de este duro tránsito por la vida, son sanadas.

Cuando digo que una persona renace interiormente, no estoy utilizando un lenguaje figurado, es la simple afirmación de un hecho. En este silencio interior, no contaminado por los pensamientos, la energía de la inteligencia es activada. Es una energía incondicionada que no forma parte de la energía cerebral: no es física, ni muscular, ni cerebral. La energía nacida del silencio en el espacio exterior no forma parte de la herencia racial, como lo hacen las cualidades del cerebro, el silencio no es mental.