En la dimensión del silencio empieza la nueva energía a moverse y actuar: contempla a través de nuestros ojos, utiliza el cerebro, lo conocido, la memoria de una manera nueva. Ella abarca de un solo vistazo la totalidad, es consciente de sí misma como formando parte de esa totalidad. El individuo, contemplando con los mismos ojos, ve un mundo totalmente diferente, tiene una percepción lúcida de la totalidad y de la particularidad, en tanto que parte orgánica del conjunto.

Al nivel mental, la percepción está influida por la disposición del ánimo: si estamos deprimidos, las cosas aparecen con colores grisáceos; en el estado de excitación o de alegría, estos mismos objetos se ven cualitativamente diferentes y atractivos. Es nuestro estado anímico quien usa los sentidos y determina el nivel de nuestra percepción.

Pero la inteligencia nacida del silencio no tiene cambios de humor. Es una llama de lucidez, sin humo, que ilumina claramente, liberando la percepción de toda reacción y produciendo la consciencia lúcida de la totalidad. Esta suscita el amor, la compasión, una ternura salida del corazón y un interés por todo lo existente. En consecuencia, las respuestas son espontáneas, sin cálculo, sin manipulación o maniobra de nuestro comportamiento o del ajeno, sino una simple y armoniosa espontaneidad. Es así como cambian los seres humanos. La tendencia a buscar la seguridad por un continuo temor crónico desaparece. Se eleva entonces la aurora de una percepción sin temor que conduce a la comprensión y a una respuesta espontánea.

Necesitamos explorar otras maneras de vivir, nuevas dimensiones de consciencia, es necesario vivir fuera de nuestras dimensiones basadas en las rutinas que ha instalado el miedo de vivir. Vivir es moverse libremente y sin temor, llevados por el movimiento mismo de la vida. Una revolución espiritual que nos lleve a ello es urgente necesidad, y ella comienza en nosotros mismos.

Vimala Thakar

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Vimala Thakar.- Vivre cest Être en Relation.-