A decir verdad, en el universo no existe ninguna entidad completamente aislada y cerrada en sí misma. Un átomo existe en la medida en que se relaciona con un campo energético, una planta crece cuando está en un entorno físico compuesto de aire, luz, agua y suelo, un animal vive y se mueve porque interactúa con su propia especie y con animales de otras especies y, finalmente, el hombre se desarrolla en la medida en que puede interactuar con la naturaleza, la sociedad y la profunda llamada de lo eterno. En definitiva, existir es relacionarse y, en ese sentido, la relación es absolutamente vital para la existencia.

Para que nuestro desarrollo psicológico sea sano, feliz y pleno, es necesario que mantengamos una relación integral con nuestro entorno, tanto natural como social. El aire limpio, el agua fresca, el espacio abierto y la comunión silenciosa con la naturaleza son esenciales para el desarrollo del psiquismo humano. La contemplación del esplendor y magnificencia de la naturaleza constituye una profunda fuente de inspiración para nuestra alma. Por ello, el estilo de vida artificial propio de la sociedad moderna perjudica gravemente la salud y la vitalidad.

Además, la armonía con la naturaleza despierta un sentimiento de afecto hacia el reino animal. El cruel sacrificio de animales adormece nuestro espíritu y la indiferencia ante su mudo sufrimiento embota nuestra sensibilidad. Al enfrentarnos violentamente con el resto de la creación provocamos todo tipo de discordias y tensiones internas que terminan debilitando y desfigurando nuestra personalidad. Mientras sigamos infligiendo heridas a la vida no podemos alcanzar la plenitud psicológica. Para el crecimiento equilibrado y armónico de nuestra personalidad es vital experimentar un sentimiento de unidad con la naturaleza y de reverencia y respeto hacia toda forma de vida.

La presencia de la sociedad es indispensable para la maduración de nuestra mente. Por ello, el método fundamental para romper la cáscara del egocentrismo consiste en interesarnos activamente por nuestros semejantes. Cuanto mayor sea nuestra entrega al amor y la amistad, más rápido será nuestro crecimiento, y cuanto más nos comprometamos con el bienestar de nuestros semejantes, más se expandirá nuestro ser.