Hafiz de Shiraz fue un poeta persa nacido en los alrededores del 1325 de nuestra era en el actual Irán, y del que se sabe relativamente poco. Que era sufí, que había memorizado el Corán en la infancia (como presupone su nombre artístico, que significa “preservador”), y servido como poeta de la corte luego de haber pasado por diversos oficios. Sus versos han sobrevivido más que sus datos biográficos precisos. Recientemente encontramos una bella edición antigua numerada de su “Gazales de Hafiz”, y quisimos compartir algunos de estos ghazals, escogidos arbitrariamente. Lo presenta Charles Devillers, en el Prefacio que transcribimos a continuación:
Prefacio
Ferdusi, Saadi y Hafiz son los tres grandes nombres de la poesía persa. En el célebre “Diván” de este último hemos tomado los gazales que van a leerse, dichosos si los perfumes de los prestigiosos poemas que los componen se conservan en ellos –oloroso recuerdo- como el de las rosas que no había podido trasladar con vida el juicioso Saadi.
Sí, como en los famosos “Rubáiyat”, hallamos el estribillo báquico repetido bajo tantas formas, no se trata, a pesar de la aparente concordancia, de que Hafiz nos lo dé como la última palabra de la sabiduría humana, sino porque la embriaguez es para él el símbolo del más alto grado de amor. Por otra parte, más y mejor que por las palabras, la embriaguez así entendida se traduce sin riesgo de error por lo aparentemente deshilvanado de la mayor parte de los gazales y por la singular pero sugestiva incoherencia de los dísticos, apenas ligados por un hilo, tenue hasta perecer invisible, lo cual hace que algunos de ellos se los diría soñados en alta voz por un hombre en éxtasis. En todo caso, ambos poetas revelan su parentesco casi únicamente por el vocabulario. Estamos aquí muy lejos del pesimismo amargo y de la ironía de Khayyám. Desde nuestros primeros pasos en ese jardín que es el “Diván” de Hafiz vivimos en pleno ensueño, en medio de un mundo encantado.
Hafiz es, en efecto, el más delicado, el más refinado de los poetas persas. Para traducirse, su amor coge todas las flores de la vida. Cuando quiere dar, hasta en una sola frase y hasta en una sola palabra, uno de esos gritos humanos que nos conmueven y aprehenden, usa, a veces hasta el exceso, de los recursos verbales que le suministra la retórica de su tiempo y de su raza, pero en artista que también conoce la sobriedad y su riqueza secreta.
Nadie puede permanecer insensible ante la bella y enternecedora melancolía de los gazales. Hafiz es un hombre simple y verdadero, magníficamente dotado para el canto lírico, y su amor, tan raramente un triunfo y tan a menudo una tortura, es el de un hombre que conoció todas las peripecias de lo que él llama el “Viaje”, la carrera, sin meta aparente, que va de la primera sonrisa a las lágrimas del último adiós.
La biografía de Hafiz puede ser expuesta en algunas líneas. Nació en Chiraz en la primera parte del siglo XIV, y no se tiene por cierta sino la fecha de su muerte: 791 de la hégira, 1388 de la era cristiana. De oscuro nacimiento, debió a su genio ser objeto, alternativamente, del favor y del disfavor de los reyes persas; pero su gloria, que aún en vida de él brillaba, no se apagó jamás. Su tumba, que existe siempre a orillas del río Buknabad, es un lugar de peregrinaje y meditación. Muéstrase allí todavía un ciprés que él mismo habría plantado y que, como él deseaba, proyecta “su tranquila sombra sobre el polvo de sus deseos”.
“Duerme el poeta –dice el nostálgico Pierre Loti, en su hermoso libro “Hacia Ispahán”- bajo una tumba de ágata grabada, en medio de un grande y exquisito jardín tapiado, en que hallamos calles marginadas de naranjos en flor, arriates de rosas, estanques y frescos surtidores de agua. Y ese jardín, primitivamente destinado a él solo, se convirtió, con los siglos, en un cementerio ideal; pues sus admiradores de prestigio, uno después de otro, pidieron y obtuvieron ser admitidos a dormir cerca de él. Sus blancas tumbas se levantan por todas partes en medio de las flores. Los ruiseñores, que abundan por aquí, deben de acordar todas las noches sus vocecitas de cristal en honor de esos dichosos muertos de diferentes épocas, reunidos en una común admiración por el armonioso Hafiz y acostados en su compañía.”
Réstanos precisar el sentido de la palabra gazal. Es un pequeño poema, una especie de oda, que no supera en general los treinta versos y que a menudo es mucho más corto. En nuestra versión hemos puesto título a cada poema, no obstante no llevarlo el original. El uso quiere que el poeta haga aparecer su nombre poético –tèkhèllos- al final del gazal. Hafiz, cuyo verdadero nombre era Khwaja Shamsud din Mohammad, no faltó a ese uso. Quiera observarse, leyendo los elogios que adornan algunas citaciones, que la mano de los escoliastas que hicieron presa del “Diván”, como tantos otros, es sin duda culpable de su color a veces demasiado chillón. Pero no hay nadie que no suscriba esos elogios, vengan de donde vengan, del cálamo de Hafiz o del de sus admiradores.
De todos los poetas del Irán, Hafiz es el más humano, aquel cuyo corazón se adivina mejor bajo los bordados y los arabescos del lirismo oriental, un corazón que palpita al mismo ritmo de todos los que, desde los primeros días del mundo, se han embriagado, han sufrido y han muerto del mismo espejismo eterno.
Charles Devillers
Selección de Poemas:
Promesa de Amor
Por el encanto de tus ojos, dichosa niña; por el maravilloso vello de tus mejillas;
Por el aliento de tu boca de rubí; por tu color y tu perfume, ¡oh, bella y fascinante primavera!;
Por el polvo de tu camino; por la tierra que pisas, de la que tiene envidia el agua clara;
Por tu andar, semejante al vuelo de la perdiz montañesa; por tus miradas, más dulces que los ojos de las gacelas;
Por tu gracia refinada y por tu aliento, perfumado como la mañana; por la seducción de tus cabellos, olorosos como el viento de la tarde;
Por ese ojo de ónix, que es sello del mío; por esas joyas, que son las perlas del cofre de tu palabra;
Por esa flor de tu mejilla, ¡oh, rosal de inteligencia!; por ese jardín divino, hogar de mis sueños,
Hafiz jura, si hacia él vuelves tu mirada, que por darte contento sacrificará no sólo todos sus bienes sino también su vida.
Embriaguez
Celosa está la violeta del perfume de tus trenzas y ante la abierta flor de tu sonrisa el capullo de rosa sus pétalos desgarra.
¡Oh, rosa cuyo aroma me embriaga! ¡No dejes que se muera así tu ruiseñor, incansable cantor de tu belleza!
Amarte es el destino que está escrito en mi frente; el polvo de tu umbral, mi paraíso; tu radiosa mejilla, mi única alegría; tu placer, mi reposo.
Amor es un mendigo que oculta en sus harapos un tesoro y quien suplica la limosna puede ganar una corona.
La desorientación de la embriaguez y el desvarío de mi amor por ti no se apartarán ya de mi cabeza mientras mi reverencia no la incline hasta la tierra en que tus pies se posen.
Cesta de flores tu belleza, y el del dulce cantar, Hafiz, tu ruiseñor.
Voto de Amante
Que tu beldad no cese de crecer. Que tu mejilla de frescos colores, semejante al tulipán, no cese nunca de alegrar mis ojos.
Que la visión de tu amor, brillante como una estrella, resplandezca cada vez más en mi pensamiento.
Que todas las bellezas de este mundo estén al servicio de tu belleza.
Que todos los cipreses se inclinen ante tu esbeltez.
Que los ojos que se rehúsen a tu encantamiento viertan sangre en vez de lágrimas.
Que tu mirada, que sabe arrobar todos los corazones, esté dotada de todos los hechizos.
Que el corazón que te apenare ignore paz y reposo.
Que tus labios tan dulces, más queridos a Hafiz que su alma, ignoren siempre los besos indignos de ellos.
El Círculo Encantado
Quien piensa con amor en el vello de tus mejillas queda por vida cautivo en un círculo encantado.
El día de la resurrección, cuando mi cabeza se levante del polvo de mi tumba, las cicatrices de mi loco amor por ti serán aún visibles en todos los puntos de mi corazón.
Puedan tus bucles anillados hacerle a mi cabeza un abrigo donde mi corazón magullado halle reposo.
Acércateme un minuto, ¡corazón de mi corazón!, pues más tarde la unión será quizá imposible.
¿Cuánto tiempo permitirás, perla perfecta, que mi corazón se ahogue en el océano de la tristeza?
En la punta de mis pestañas asoman las lágrimas… Míralas ahora correr a mares.
Pues tus ojos de amorosas miradas no se vuelven hacia Hafiz. El orgullo es la condición del cruel narciso.
Recuerdo
¿Qué cosa más amable para el corazón que el recuerdo de palabras de amor?
Bajo el domo redondo de este cuarto aún creo oír sus ecos, pero el vino de rubíes que he bebido no es sino un agua amarga.
Absuelve a mi corazón, que desde siempre y para siempre está embriagado de tu belleza.
El narciso se muere envidiando tus ojos. No ha sabido encontrar la magia de tu mirada y sus pétalos están mustios.
El pintor quedó tan maravillado de tu belleza, que en todas partes, en puertas y paredes, dejó su recuerdo.
El corazón de Hafiz vino un día a jugar con tus trenzas. Mas cuando quiso irse sintió que estaba en ellas ya para siempre preso.
Luna de Esperanza
El fénix de la dicha caerá en una trampa si sólo te dignas pasar cerca de mi morada.
Cuando mi alma fue consagrada a tus labios creí que un sorbo de agua pura refrescaba mi boca.
Puesto que los reyes son indignos de besar el polvo de tu puerta, ¿qué esperanza puedo tener de que contestes mi saludo?
Sin embargo, ¡oh, Hafiz!, no dejes esa puerta con despecho; prueba fortuna. Acaso caiga el dado de la suerte en tu nombre.
Pueda la noche en que la luna de la esperanza se levante en el horizonte, pueda su reflejo argentino inundar tu terraza.
Cuando Hafiz habla del polvo de tu calle las rosas del jardín de la vida nos envuelven en su aroma

La Sonrisa
La otra noche, un sabio vino a decirme: “Preciso es que conozcas el secreto de quien nos vende el vino”.
Agregó: “No tomes nada en serio. Pesadas cargas echa el mundo sobre quien dobla el espinazo.”
Luego me tendió una copa en que el esplendor del cielo se reflejaba con tanto brillo que Zuhra se puso a bailar.
“Sigue mi consejo, ¡oh, hijo mío!, y no te preocupen las cosas de este mundo. Recoge mis palabras, más raras que las perlas.
“Toma la vida como tomas esta copa: la sonrisa en los labios, aunque tu corazón sangre. No gimas como un laúd y oculta tus heridas.
“Hasta el día en que pases detrás del velo no comprenderás. El oído del hombre no puede oír la palabra del ángel.
“En la casa del amor no te enorgullezcas ni de tus preguntas ni de las respuestas.”
¡Oh, Sakí! Échame vino, porque las locuras de Hafiz han sido comprendidas por el Señor de la alegría, por Aquel que perdona, por Aquel que borra….
¿Quién Soy?
¿Quién soy para que no me desdeñes? Derramas en mí tus favores; en mí, cuya frente no quiere otra corona que el polvo de tu umbral.
Dime, tú, que conquistas los corazones: ¿quién te ha aconsejado esa generosa bondad? No puedo atribuirla a quienes velan por ti.
Ave sagrada: sé mi guía en el camino de mis ansias. ¡Largo es el viaje y es tan poco aún lo que he andado!
¡Oh, brisa matinal, llévale mi mensaje! Dile que piense en mí al rezar su plegaria de la mañana.
Muéstrame, bienamada, el sendero que lleva a tu oculto retiro para beber allí contigo y así librarme de mis penas.
¡Cuán alta es ella y cómo subyugó al mundo la dignidad del canto lírico y la belleza de los versos! Hafiz: al amo del mar pídele que llene tu boca de perlas.
Habéis Olvidado
Brisas perfumadas: id hacia mi bienamada. Pasad a través de su cabellera y traedme su olor.
Decidle por lo bajo y al oído, mientras la acariciáis: “Vuelve a él, cruel criatura. En la espera, tu amante se perece.”
Te di mi corazón, mas compré tu alma. No me impongas el fardo tan pesado de la separación.
Muchas veces has olvidado a tu servidor. Cumple ahora tu promesa con el amigo fiel.
Corazón mío: arroja lejos de ti esta pesadumbre. ¡Sé paciente, enjuga tus lágrimas!
Ya que Hafiz nada puede por el retorno de la bienamada, vosotros, ojos míos, conservadme su imagen.
La Espina y la Rosa
Para la fiesta de la rosa nos embriaga con su aliento el céfiro. ¿Dónde está, pues, el dulce ruiseñor? Pedidle que nos cante una canción.
Corazón mío: no te quejes de la separación. En este mundo existen, uno al lado del otro, como rosa y espina, el placer y el dolor.
La pena me ha curvado como un arco, y no obstante, no pienso renunciar a las dulces pestañas que me hieren con el ardor de sus ardientes flechas.
A nadie diré nada de la separación: el corazón de los que no aman no guardarían el secreto.
El perfume de tus bucles traiciona la angustia de mi corazón. No es extraño que el almizcle sea un decidor de cuentos.
Millares de miradas contemplan tu rostro, y tú no miras a ninguno.
¡Oh, corazón, bendice la llama que te quema, respira siempre amor y carga con tu pena!
Con tu frente en el polvo, Hafiz, di tus plegarias.
El Amante Desechado
El Amor y la Fe se han ido. La ladrona de mi alma dijo: “No te quedes más tiempo junto a mí.”
Pero ¿has oído ya decir de un hombre que por gozar de su hora va a una fiesta, que se retira de ella antes que acabe?
Si la antorcha se vanagloriara, sería de haber ardido toda la noche delante de ti.
¡Ay de mí! La brisa de la primavera ha debido ponerse a salvo de las caricias de las rosas…
No hiciste más que pasar y vacilé como un ebrio. Los ángeles descendieron, para verte, en muchedumbre.
Vencido por tu presencia, el orgulloso ciprés se consumió de vergüenza. Envidiaba tu gracia y tu esbeltez.
Corazón Prisionero
Mi vida parece llegar a su fin, pero mi deseo no está aún cumplido. Mi fortuna está todavía en pleno sueño. En esos pensamientos pásanseme las horas sin que se curen las heridas que me has hecho.
Mi corazón ha debido quedarse prisionero de tus bucles negros. Sin duda se place en esas redes embalsamadas, pues nada más he sabido de él.
Mientras no te estreche en mis brazos, el rosal de mi alma no querrá florecer.
Quise contarle mi infortunio a la brisa de la mañana, pero el amanecer no aplicó a mi ventana sus mejillas en flor y su frente radiosa.
Ser fiel es entregar todo su corazón. Vete, ¡oh Hafiz!, si rehúsas desprenderte de ella.
Destierro del Amor
¡Oh, Señor! Evítales a otros el suplicio de la ausencia. Toda mi vida transcurrió en el dolor de la separación.
¿Adónde ir? ¿A quién contar la historia de mi corazón? ¿Quién me hará al fin justicia?
¿De dónde me viene tanta pena? ¿No he nacido acaso sino para ser un desterrado del reino del amor?
Es por todo ese infortunio, y porque en mí están grabados todos los signos de la pasión, que mis sollozos dialogan con las quejas del ruiseñor.
Ella se Fue
Ni un solo beso en sus labios pude robarle… Y se fue. Apenas si pude verle su rostro puro… Y se fue.
Nuestra unión, que no fue sino alegría, ya no es sino amargura. No pude retenerla… Y se fue.
¡Qué tiernas palabras murmuraba! “Nunca me iré –decía- del círculo bendito de tus brazos, fuente de mi deseo!” ¡Qué caricias!… Y se fue.
Decía: “Quien quiera la alegría de mi presencia deberá renunciar a sí mismo.” Todo lo abandoné… Y se fue.
¡Qué altivo era su andar! ¡Con qué paso de reina pisaba la hierba tierna y las flores! Mas no pude coger la rosa de su boca… Y se fue.
¡Oh, Hafiz! Cada noche te devuelve a tus lamentos y a tus lágrimas. ¡Ay de mí! ¡Ay de mí! No pude ni siquiera decirle adiós… Y se fue.
La Rosa de tu Boca
¡Oh, tú, que por el esplendor de tu rostro sabes dar a la vida los colores de la alegría, vuelve! Sin las rosas de tus mejillas la primavera no puede vivir.
¿Por qué asombrarte si mis ojos olas de lágrimas derraman? Vivir sin ti no es ya vivir.
No le temo al océano de la muerte, en que todo se acaba. La rosa de tu boca es el centro del mundo.
En los momentos demasiado cortos en que la felicidad del amor es posible, comprende bien la lección del corazón, si la de la vida sigue siendo oscura.
No hubo ayer para mí ni una sola mirada. Como ese ayer pasó mi bienamada: los ojos ausentes y lejos de mí.
¡Habla, Hafiz! En el libro del mundo, lo que hoy escribes vencerá al olvido.
Se cae el Velo
La bienamada, que hizo de mi morada un paraíso; la bienamada, que desde los pies a las trenzas es un ángel de toda pureza.
Esta luna de estío, alegría de mi corazón, dotada de bondad, de gracia, de encanto y de ingenio.
Esa de quien mi corazón ha dicho: “Iré a vivir donde ella viva”, pero que no supo, ¡ay!, que su amante era un vagabundo.
Esa, pues, nacida sin duda bajo una mala estrella, ha sido arrebatada a mis brazos. ¿Qué haré? La luna, en su carrera, es la que ha provocado este desastre.
No sólo ha caído el velo que traiciona el secreto de mi corazón sino que todos los velos, ¡ay!, han sido desgarrados. Y todo hechizo se desvaneció.
Dulce es la rosa y dulce también el verde césped de las fuentes. Pero, ¡ay de mí!, cuán cortos son esos placeres.
¡Dulces fueron las horas junto a mi bienamada! Mi porvenir no es ya sino un desierto estéril.
El ruiseñor se muere de celos porque la rosa, al alba, acarició al viento.
¡Excúsala, corazón mío! Eres pobre, Hafiz, y su frente ciñe la corona de la belleza.
He Aquí la Primavera
He aquí la primavera, siempre joven. Volverá a ver las rosas, rosas innumerables, mucho tiempo después que te halles bajo tierra. Pero guarda tu gozo.
Detrás del velo está llorando un arpa. Sus cantos pueden instruirte; mas sepas tú escucharlos.
Cada brizna de hierba es un libro; mas es preciso aprender a descifrar su sentido.
Bien que el camino que conduce al amor está lleno de riesgos, el viaje te será fácil si de antemano sabes las etapas.
¡Oh Hafiz! Aunque la suerte te socorra, no dejarás de ser la presa de la belleza por quien sufres.
El Señor Amor
¿Cómo contener mi corazón, atraído por la uva color de almizcle? Ningún perfume de vida emana de la austeridad y de la hipocresía.
Aunque el mundo entero prohibiera el amor, yo obedecería aún a sus decretos, pues es mi Señor.
Mi corazón inmutable, persiste en su humilde plegaria. Espera obtener un bucle de las trenzas de la amada.
Oh, tú, a quien el cielo dotó de tanta gracia, ¿por qué hacerte ataviar por tus esclavas?
La pradera está llena de nuevas flores, la brisa me acaricia y el vino es puro. ¿Qué falta ahora? Un corazón contento.
No es preciso interrogar un corazón puro para conocer sus secretos; el espejo del rostro es asaz claro.
Dije a mi bienamada: «¿Por qué no me darías, ¡oh belleza!, para aliviar mi pena, la dulzura de un poco de tu bálsamo?»
Y me contestó riendo: «Hafiz: el cielo prohíbe que profanes mi rostro con tu beso».
El Amante Envejecido
¡Oh, céfiro! Tráeme el olor de la calle en que habita. Estoy enfermo y languideciente. Ese perfume aliviará mi alma.
Sobre mi desecado corazón derrama el misterioso bálsamo del deseo. Dame un poco del umbral de su puerta.
Estoy en lucha con mi propio corazón. Acaba tú con el combate dándome el arco de tus pestañas y la flecha de tu mirada. He envejecido en la indigencia, la soledad y el dolor. Sea mano de moza la que me sirva ahora una copa de vino.
Que sirva también, a quienes pretenden renunciar a esta alegría de vivir, dos o tres copas de ese vino. Si las rehúsan, yo las beberé.
¡Oh, Sakí! No dejes para mañana el placer de hoy o asegúrame que mañana lo volveré a encontrar.
¿Para Qué?
Sin el sol de tu rostro no tiene luz el día para mí y la vida no es sino una noche sin fin.
En la hora del adiós, al alejarme de ti, mis ojos se vaciaron súbitamente de luz y me he quedado ciego a fuerza de llorar.
Tu imagen desapareció de mis miradas en el momento en que me decía: “Este mudo, ¡ay de mí! Es ahora un desierto.”
Tu sola presencia desviaba el destino de mi cabeza. No estás aquí, y ya lo siento alrededor de mí.
Se aproxima el momento en que el guardián dirá: “Ese hombre arruinado, ese hombre ya olvidado de todos va a dejar este mundo.”
¿De qué serviría ahora que vinieras, ¡oh, bienamada!, cuando sólo queda una chispa de mi vida en mi cuerpo miserable?
Si mis ojos no tienen ya lágrimas, diles: “¡Derramad ahora la sangre de su corazón!”
En la separación, la paciencia sería mi remedio; pero no tengo ya fuerzas para sufrir.
La miseria y las lágrimas, ¡oh, Hafiz!, han ahogado tu sonrisa.
Bajo el mando de tu tristeza no pienses más en fiestas, ni en borracheras, ni en cantos.
Planta sin Sol
Tu belleza es como mi amor. Nada puede superarlos. ¡Alegría es ver que esas dos flores conservan su frescura primordial!
Mi pensamiento no puede imaginar que en las visiones de los poetas haya forma más digna de amor que la tuya.
Un año junto a ti es apenas un día; un instante sin ti es más largo que un año.
Cada hora de la vida pasada a tu lado es un siglo de alegría; y si la vida sólo durara un día no querría yo vivirla sino contigo.
Ten piedad de mi corazón desgraciado, pues el amar tu belleza me hace desfallecer como una planta sin sol.
Todo Acabará
Una dichosa nueva me ha llegado: me anuncia que mis días de tristeza están contados; no durarán siempre.
Se me ha dicho que, considerado como un objeto de indiferencia y de desprecio por la bienamada, tendré la alegría de no ver a mi rival siempre favorecido.
El guardián de la puerta golpeará con su espada y nadie en el harén se quedará por siempre.
¡Oh, mi antorcha! Ten por un don del cielo el amor de la mariposa, pues antes de la noche su deseo habrá muerto para siempre.
Un ángel, bajado del cielo, me trajo este párrafo: “Nadie permanecerá por siempre sobre la tierra.”
¡Oh, tú, rico! Date prisa en socorrer al pobre, porque tu oro y tu plata no serán tuyos para siempre.
En la bóveda celeste, con letras de fuego, escriben las estrellas: “Como no sea el acto del Justo, nada durará siempre.”
¡Oh, Hafiz! Sigue siendo benévolo, porque el mal y la injusticia no triunfarán siempre.
La Amistad
Ofrezcamos con nuestros elogios el incienso de la amistad al hombre cuyos ojos resplandecen.
Que la claridad de un corazón puro brille como la antorcha que ilumina la celda de un devoto del amor.
Ya no veo a mi lado a quien fue mi compañero. Mi corazón está lacerado de tristeza. Mas ¿dónde está el escanciador?
¿Dónde se vende el vino que podría vencer al hipócrita? Mi corazón está lleno de angustias y de amarguras.
Mis compañeros han de tal modo roto el pacto de la amistad que dudo de su existencia.
Si mi corazón destrozado pudiera un día alcanzar sus deseos no buscaría un bálsamo en todos esos corazones de piedra.
¿Quieres poseer la alquimia de la felicidad? Vive apartado de los malos compañeros.
Hafiz: que no te aflija la crueldad de los tiempos. ¿Qué sabes tú, esclavo, de lo que hace tu amo?
La Buena Prueba
El amor que has conocido hará tu contento. Así lo decidió el Destino.
Sometiéndote a la prueba, el Tiempo ha querido marcar tu corazón con el sello de la abnegación y del coraje.
No olvides que el libro sagrado es exaltado por cima de todos los libros nada más que porque también sufrió la prueba del tiempo.
El hombre valiente y juicioso es aquel que examina con cuidado el camino que debe seguir. Ése gustará de los dulces frutos de la vida.
Si la hora es de calma, toma él la copa; si la lucha está próxima, empuña la espada.
Aún en plena angustia no pierdas la esperanza, pues el tuétano más exquisito está en el hueso más duro.
El sabor del azúcar da toda su dulzura después de la abstinencia y la amargura.
Sufre en Silencio
¡Mil veces gracias! Una vez más mis ojos han podido aplacar sus deseos mirando tu rostro. Leal y pura, vuelves a ser la compañera de mi alma.
A veces pisan los viajeros el camino de la desgracia. Pero el compañero de ruta no se inquieta por si sube o si baja.
Vale más sufrir en silencio por una pasión oculta que confiarse a un compañero. Secretos hay que no se depositan en corazones llenos de malicia.
Regocíjate si la presencia de la bienamada te ilumina. Si la noche viene a envolverte en tristeza, ¡consúmete, oh antorcha, pero brilla!
Con la ilusión de un beso, compra la dicha. Salvará tu cuerpo y tu alma de las astucias del enemigo.
Largas horas y aún días me harían falta, ¡oh, mi amada!, para decir la tristeza que ensombrece mi rostro a causa del dolor con que me abrumas.
El canto del amor ha hecho conocer en Irak e Hijaz la dulce melodía de los gazales de Hafiz.
La Ilusión
Al alba, después de una noche de holgorio, cogí el laúd, la copa y la botella. Le dije adiós a la cordura y la llevé al camino que conduce al país encantado de la embriaguez.
El vendedor del jugo de la viña me miró con ojos acariciadores, y esa mirada me liberó de las mentiras del tiempo.
Dije a esas mentiras: “Disponed vuestras redes delante de otro pájaro. ¡El águila hace nido sólo sobre las cimas!”
El camarada, el músico, el copero, no son sino fantasmas: algo de arcilla y de agua. Pues todo es ilusión.
Tráeme una copa de vino para que pueda dirigirme con seguridad fuera de este mar sin riberas.
La vida, Hafiz, es un enigma. Y el esfuerzo por resolverlo no es sino engaño y vanidad.
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«Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente, el espíritu oscila. Es el columpio donde están suspendidos todos los seres y todos los mundos, cuya oscilación nunca cesa. A él se aferran millones de seres; en él se columpian la luna y el sol en su carrera. Transcurren millones de edades, y…