Del Soñar Despierto al Despertar Dormido
El sueño es una cosa y la vigilia es otra, muy distinta. El primero es extraño, absurdo, irrelevante; sus episodios son fantasías gratuitas, independientes de nuestra voluntad. La segunda es nuestra «vida real’, cuyo actor principal somos nosotros mismos. Por lo menos, eso creemos o hemos creído muchos de nosotros, como buenos ciudadanos de nuestra civilización…
Sin embargo, una visión muy distinta de las cosas ha prevalecido en otros pueblos y otros tiempos. Y también ha habido, entre nosotros, pioneros que han descubierto, solitaria y laboriosamente, fenómenos y prácticas que en otras sociedades eran parte de la vida cotidiana. Según este otro punto de vista, sueño y vigilia no son tan extranjeros uno del otro como parece: podemos estar despiertos mientras soñamos y dormidos durante la vigilia cotidiana. Interactuamos en sueños con partes muy reales de nosotros mismos, que negamos o ignoramos durante la vigilia.
Sueño o realidad?
Hace varios siglos, un chino llamado Chuang Tzu soñó que era una mariposa que revoloteaba alegremente de flor en flor. Pero cuando despertó surgió en él la pregunta: Soy realmente un hombre que soñaba ser una mariposa o acaso una mariposa que ahora sueña que es un hombre?
Carl Gustav Jung, pionero de una comprensión más profunda de los sueños, en Europa y en general en Occidente, tuvo hace algunas décadas un sueño, en el que, luego de descender una escalera que lo llevaba a una especie de cripta con un altar, vio allí a un yogui sumido en profunda meditación. Y supo que ese yogui lo estaba soñando a él, durante su meditación. Y que, al despertar el yogui, el Jung de la vida «real» se desvanecería…
Un recorrido por los más destacados y brillantes especialistas que no sólo han estudiado, sino también experimentado, el sueño lúcido: los Senoi, Jung, el marqués de Saint Denys, el maestro sufi Vilayat Khan y los últimos descubrimientos al respecto, relatados por el científico chileno Francisco Varela.
El marqués Hervey de Saint-Denys, de quien volveremos a hablar más adelante, cuenta, en 1867: «Soñé que subía a un carruaje a la salida del teatro; este se puso en movimiento y casi en seguida me desperté, sin recordar por lo demás esta visión tan insignificante. Miré la hora en mi reloj, recogí un encendedor que había dejado caer y después de 10 o 15 minutos de haber estado totalmente despierto, me volví a dormir. Y aquí comienza lo singular: Creo despertarme en ese carruaje, en el que recuerdo perfectamente haber subido para volver a casa. Tengo la sensación de haberme amodorrado cerca de un cuarto de hora (sin recordar qué ideas me han venido durante ese tiempo). Hago la reflexión de que debo haber recorrido una buena parte del trayecto y miro por la puerta para reconocer en qué calle estamos, tomando por un momento de sueño aquellos instantes en los que justamente había dejado de dormir».
Marie Louise von Franz, destacada discípula de C. G. Jung, relata en El camino de los Sueños que una niñita soñaba con su abuela y le decía que era capaz de desaparecer. «Tonterías – le contesta la abuela – nadie puede hacer eso». Entonces, la niñita se despierta en su pieza, mira a su alrededor, se da una vuelta en la cama y se duerme nuevamente. Y sigue soñando con su abuela, que ahora le dice, estupefacta: «Pero, cómo lo hiciste ?»
Podemos «despertar’ durante un sueño? Y seguir durmiendo, y soñando, «despiertos»? Y al despertar, recordar lo que seguimos soñando, luego de haber «despertado!’ dentro de nuestro sueño?
Despertar en el sueño
El llamado «sueño lúcido», por el cual nos interesamos aquí, es una experiencia bastante más común de lo que se podría pensar. Se caracteriza por el hecho de que, mientras está dormida y soñando, la persona se da cuenta de que está soñando. Muchas veces ocurre que el hacerlo le produce tal conmoción que se despierta. Pero si esto no ocurre, al seguir soñando consciente de que sueña, puede tomar determinadas. decisiones destinadas a alterar el estado de sueño, como la de escapar o cambiar una escena negativa por otra positiva. Además, el sueño es experimentado con gran viveza, con intensidad de colores y detalles, eventualmente con una imaginería fantástica. El soñador lúcido puede vivenciar, asimismo, un gran aumento de las sensaciones corporales, como flujos de energía, vibraciones o incluso orgasmos.
Hay tres grados del ejercicio de control del estado de sueño: la persona puede tratar de tener cada vez más sueños en los que está consciente de que está soñando. También puede tratar de controlar los contenidos del sueño mientras sueña. Este es el enfoque más usual que los soñadores lúcidos dan a esta experiencia. No es típico del enfoque jungiano, en el que no se da primacía al ego en el proceso de trabajo con el inconsciente. Y por último, el soñador puede tratar de eliminar o transformar el sueño imaginativo usual en un estado similar al de la consciencia de vigilia. En este estado elevado, la consciencia del sueño y la de vigilia son similares y se describen en términos de estados puros de energía como una gran luz. Este es el método típico de algunos sistemas de meditación, como el tibetano, yogui o sufi.
Un pueblo de soñadores lúcidos
El pueblo senoi forma una gran tribu de unos 12.000 miembros, que vive en la jungla de las montañas de Malasia. Qué soñaste anoche? – es la pregunta más importante de la vida de los senoi. Todas las mañanas a la hora del desayuno, cada miembro de la familia cuenta sus sueños. Los niños comienzan a hacerlo desde que empiezan a hablar. Y sus mayores los felicitan por haber tenido un sueño, los interrogan sobre su comportamiento en él, señalan sus errores o los alaban si han adoptado la actitud apropiada, los aconsejan sobre la manera de modificar su actitud en sueños futuros. Basándose en el contenido de sus sueños, los van orientando hacia tal o cual actividad social. Los miembros de la comunidad discuten luego sus experiencias oniricas en el Consejo de la aldea. Sus actividades comunitarias, las artesanales y las artísticas en particular, se nutren del trabajo colectivo sobre los sueños.
Los senoi se caracterizan por su pacifismo y espíritu cooperativo. Este último no inhibe su individualismo y creatividad, fuertemente inspirada en sus sueños. Pero quizá sus cualidades más notables sean su extraordinario equílibrio psicológico y madurez afectiva. Las neurosis y psicosis son desconocidas entre ellos.
Los documentos más importantes sobre los senoi provienen de investigadores que han convivido largamente con ellos en su medio natural, como el antropólogo y psicoanalista estadounidense Kilton Stewart, quien se concentró en particular en la tecnología onirica de los senoi. Estos estudios fueron difundidos y popularizados en la década del 70 en Occidente por Patricia Garfield, psicóloga, escritora y artista que convivió también con ellos en Malasia y escribió el bestseller Creative Dreams (El soñar creativo). Ella resume en las siguientes reglas fundamentales el trabajo senoi con los sueños.
La primera es afrontar y vencer el peligro. Si un niño senoi sueña con un tigre, del cual huye aterrorizado, su padre lo felicitará por su sueño, pero le hará notar que cometió un gran error al huir. «Los tigres de los sueños sólo te atacan si huyes, y te persiguen sólo si les temes – le dirá – La próxima vez que sueñes con un tigre, hazle frente. Y si te ataca, atácalo tú a tu vez. Y si es más fuerte que tú, pide ayude a tus amigos oníricos. Comprende que en los sueños nunca hay que huir, sino afrontar el peligro.»
La segunda regla fundamental es buscar el placer. Por ejemplo, se anima a los niños a vivir experiencias sexuales en sus sueños y a disfrutar plenamente de las sensaciones que las acompañan. También se los estimula a gozar de los placeres del vuelo en sueños.
La tercera regla es tratar de llegar siempre a un desenlace positivo. Si un niño sueña que cae en un abismo, se le recomendará tratar de transformar esa experiencia horrible en la agradable experiencia de volar. Y el desenlace positivo más apreciado por los senoi es aquel en que el soñador trae consigo un regalo, artístico o utilitario, otorgado por el personaje de su sueño, por ejemplo un enemigo vencido, presente que compartirá con el resto de la comunidad.
Según la experiencia de Stewart y Garfield, la puesta en práctica de estas reglas senoi permite al soñador reorganizar su vida interior e integrar los diferentes aspectos de su personalidad.
El marqués lúcido
Un pionero notable del sueño lúcido en Occidente fue Hervey de Saint-Denys (más precisamente, Marie-Jean Léon Lecoq, barón de Hervey de Juchereau y marqués de Saint-Denys, sinólogo, profesor de chino y manchú en el College de France), quien escribió, en 1867, Les Reves et les Moyens de les Diriger, obra en la que relata muchas de sus innumerables experiencias de sueño lúcido y desarrolla algunas teorías a partir de ellas.
Sin saber nada respecto de los senoi, por supuesto, Hervey de Saint-Denys cuenta que durante muchos años sufrió de pesadillas recurrentes en las que huía por largos corredores y series de habitaciones, tratando de cerrar las puertas detrás de sí, mientras era perseguido por una horda de monstruos. Durante esas pesadillas nunca se percató de que estaba soñando, hasta que una vez tuvo la idea y la voluntad de detenerse, darse vuelta y enfrentar, con un gran esfuerzo, a los monstruos que lo perseguían. Al hacerlo, desaparecieron los acompañantes del monstruo principal, que casi detuvo su avance, balanceándose grotescamente. Hervey de, Saint-Denys pudo, en ese momento, concentrar su atención y observar detenidamente sus exuberantes rasgos en todos sus detalles. El monstruo empezó entonces a cambiar de textura, tomando un aspecto de algodón, convirtiéndose por último en un traje abandonado. Desde entonces, nuestro marqués no volvió a tener nunca más esas pesadillas, por lo menos en forma espontánea.
Hervey de Saint-Denys descubrió a temprana edad que podía darse cuenta durante un sueño de que estaba soñando sin despertar, y de que podía influir en gran medida en el desarrollo de su sueño con su voluntad e imaginación. Por ejemplo, para cambiar una situación onfrica, puso en práctica el método de taparse los ojos con una mano en sueños. Así desaparecía el escenario de su sueño y aparecían, casi siempre, las imágenes de aquello en que pensaba deliberadamente. Así podía evocar, a voluntad, las visiones de sus antiguos monstruos, aunque estuviera contemplando, en el sueño, un bucólico paisaje campestre…
Hace más de 120 años, según parece, sin conocer la enseñanza de la tradición budista tibetana al respecto, Hervey de Saint-Denys comprobó que podía entrar conscientemente en el estado de sueño. Primero era testigo del desfile habitual de imágenes hipnagógicas: aquellas imágenes que «conducen al sueño» y que constituyen, para algunos sujetos, un verdadero diaporama gratuito al irse a dormir. Se dio cuenta de que algunas de éstas comenzaban a tomar un carácter más vívido y preciso. A partir de ellas, se iniciaba la trama de un sueño, en el cual Hervey de Saint-Denys era un actor consciente y atento. Al hacerse despertar por un amigo unos cuantos minutos después de haberse dormido, era capaz, de reconstruir todo el desarrollo onírico, desde las primeras imágenes hipnagógicas hasta el momento en que su sueño había sido interrumpido.
También descríbe su entrenamiento progresivo, como despertar a voluntad de sus sueños lúcidos, con un esfuerzo que implicaba en particular una contractura de la musculatura pectoral y abdominal. Se percató, asimismo, de la relación entre lo vívido y la precisión de las imágenes y la profundidad del sueño. Cuando notaba que las imágenes que veía empezaban a perder precisión y colorido, sabía que estaba acercándose al despertar, y concentraba entonces su atención en ellas para lograr que el sueño recuperara su profundidad. Así, Hervey de Saint-Denys enfatiza especialmente el rol de la voluntad y la imaginación en sus sueños, que eran en su gran mayoría lúcidos, y demuestra con sus experiencias que se trata de habilidades que se pueden desarrollar con un entrenamiento perseverante. En esto se contrapone a sus contemporáneos, que consideraban estas vivencias como imposibles o descabelladas, y se acerca mucho a las prácticas senoi.
El trabajo sufi en el umbral del sueño
En la tradición sufi, se realza la importancia del umbral que separa el estado diurno de vigilia y el estado de dormir con sueños. «Cuando uno está posado, con un precario equilibrio, en este umbral – explica el Pir Vilayat Khan, Maestro sufi contemporáneo que visitó Chile hace algunos años – se filtran fugaces indicios de las dimensiones superiores del ser. » Y añade que el secreto de la habilidad de mantenerse en este umbral consiste en ser capaz de ir y venir entre el estado de vigilia, en que uno distingue claramente entre su consciencia de observador y el objeto de su darse cuenta – sea este el mundo físico o su propia psique – por un lado, y el estado de sueño en que las imaginaciones espontáneas fluyen libremente desde nuestra consciencia. Diversas tradiciones esotéricas enseñan a sus discípulos métodos para mantenerse en este umbral, entre ellas la secreta práctica del Nidra Yoga, además del budismo tibetano y el sufismo.
Cuando ponemos el foco de nuestra atención en nuestros pensamientos emergentes, caemos de nuevo en el formato diurno de la dualidad sujeto-objeto, en el punto de mira del ego, y perdemos nuestra espontaneidad. Podemos comprender, así, el rol de la luz coherente de nuestra inteligencia cuando se proyecta a la región nebulosa del inconsciente, al estar posados en el umbral entre la vigilia y el sueño: el de hacer coherente el paradójico patrón de interferencia de ondas de nuestra mente en su formato implicado (en el sentido de David Bohm) para obtener un significado comprensible, al precio de reducir al mismo tiempo la riqueza de nuestra mente oculta.
Por consiguiente — explica el Pir Vilayat – para sintonizarnos en un estado de ‘reverie’ (ensueño) tenemos que consentir en perder nuestra identidad en el flujo de los pensamientos. Para poder desconectarnos de nuestra perspectiva diurna debemos aceptar que no sólo el mundo físico no es lo que parece ser, sino que tampoco nuestra autoimagen es nuestra verdadera identidad. » Y realizar que la forma que asumen nuestras imaginaciones no son nuestras imaginaciones sino sólo proyecciones de ellas, la punta del iceberg, por así decir. Por consiguiente, debemos dejar que las formas emerjan naturalmente del flujo onírico sin tratar de enfocar directamente la luz sobre ellas ni preocuparnos acerca de si dejarán o no una traza en nuestra memoria diurna.
Cuando la persona se haya acostumbrado a ir y venir entre estas dos perspectivas, llegará a un punto en que será capaz de mantener un doble contacto simultáneo con ellas. «Allí es donde nuestra psique consciente tendrá acceso a una invaluable fuente de recursos que revelará nuevos significados para nuestros problemas o desarrollo personal o nos inspirará en nuestra creatividad, especialmente en los trabajos artísticos. Y para esto es necesario entrenarse con repetida autosugestión antes de dormirse – nos recuerda el Pir – hasta que nuestra mente incorpore efectiva y naturalmente esta práctica… »
El sueño lúcido en la tradición tibetana:
preparándose para morir lúcidamente
En octubre de 1992, tuvo lugar en Dharamsala, India, un taller privado de, científicos occidentales con S.S. el XIV Dalai Lama y otros representantes de la tradición tibetana sobre el tema «Dormir, soñar y morir», coordinado por el el neurobiólogo chileno Francisco, Varela, Este taller fue el cuarto de una serie de encuentros sobre la mente, y la vida – cuyo primer volumen, llamado Diálogos entre el Budismo y las Ciencias Cognitivas apareció en Shambhalla Press, USA – organizados por iniciativa de S. S. el Dalai Lama.
Esta vez, la idea unificadora del encuentro fue el estudio de aquellos «estados marginales en que la mente cognitiva se «desarma» por así decir , según explicó Francisco Varela. En particular, se discutió sobre los estados llamados de «cuasi muerte, la neurobiología y la psicología del sueño, el sueño lúcido y sus aplicaciones en Occidente a partir de presentaciones hechas por especialistas occidentales en estos temas, completadas por la descripción de la especial tradición tibetana del Yoga del Sueño y las enseñanzas sobre el Bardo – estado intermedio entre la muerte y el siguiente renacimiento – a cargo de un yogui del sueño tibetano.
«Una de las primeras comprobaciones del taller – relata Varela – fue que para los tibetanos el trabajar con la lucidez en el sueño es algo banal. » Y les divierte, de hecho, la tendencia occidental de usar la lucidez en el sueño para manipularlo, aunque sea con fines terapéuticos, para liberar traumas, represiones, tener experiencias placenteras, etc.
«La actitud de ellos agrega – es que el sueño, dicho someramente, es una especie de ‘ruido de fondo’. El proceso de transformación se acaba cuando uno agota sus sueños. El Buddha no sueña… porque no necesita soñar.» El sueño es la manifestación, no constreñida por el acoplamiento sensoriomotor, como dicen los neurobiólogos, de todas las tendencias habituales que la persona trae. Cuando toda esa actividad mental y esas emociones diversas, conflictivas o no, han sido usadas completamente, lo que ocupa su lugar es el estado que, para ellos, es el más interesante de todos: la luz clara del sueño», aquel estado de consciencia lúcido sin contenido.
Cómo se puede describir este estado? «Supongamos explica Francisco Varela – que la idea, mejor dicho la experiencia del sueño lúcido nos sea ya familiar: estás soñando y, de pronto, despiertas en el sueño y te das cuenta de que estás soñando. Según tu grado de habilidad puedes entonces jugar con el contenido del sueño, transformarlo, dirigirlo, etc. Pero lo que dice la tradición budista tibetana es que, en lugar de jugar con el sueño, puedes volver a la médula de sus instrucciones de relajar y reposar la mente de manera radical, en profundidad, por completo. » Y agrega que, al hacerlo, ocurre como si el sueño entrará en colapso y quedara sólo una especie de centro, de núcleo de consciencia bien despierta, pero que no tiene contenido, un simple darse cuenta («naked awareness»). Es muy distinta y muy parecida, al mismo tiempo, de aquella que se puede haber experimentado en estado de vigilia. Es muy distinta porque es pura, totalmente pura, una clara luz, una lucidez sin ninguna olita. Y cuando la persona despierta, la transición al despertar se realiza como si no hubiera transición, y en eso esta consciencia se parece a la consciencia de vigilia. La clara luz de un zazen, una meditación bien hecha o la experiencia de una presencia muy vívida en la vida cotidiana están impregnadas de esa misma intensidad, pero allí hay contenido. Está, por lo menos, todo el funcionamiento mínimo, con un cierto contenido sensoriomotor, de memoria, pero en la vivencia en el sueño no hay nada. La diferencia es que el despertar no es un despertarse de otra cosa. La persona está en lo mismo. Es como que el mundo aparece, se superpone, sin cambiar el escenario… Eso es lo que hace la continuidad de consciencia, y la experiencia de sueño lúcido llevada a ese punto, en que el soñador experimenta como el colapso del sueño, según la tradición se parece mucho a la primera etapa de la muerte. Cuando una persona está muriendo, como su cuerpo está muriendo, en vez de colapsar el sueño, son los sentidos los que se están colapsando ! Y se puede llegar al mismo punto, si la persona lo sabe ver… Ese es el punto crucial !
«Es notable que, aunque esta etapa de la luz clara del sueño es conocida experiencialmente, aunque sea de manera esporádica, por algunos occidentales, como Hervey de Saint-Denys, Patricia Garfleld, Stephen LaBerge – continúa Varela – es casi desconocida en la literatura. En Occidente no se habla ni se conoce acerca de ese estado. Los soñadores lúcidos se han quedado en la lucidez en todo lo que se puede hacer, cambiar el contenido del sueño, etc. » Pero falta la orientación más contemplativa, en que la idea es, por el contrario, recordar y poner en obra la instrucción clave de zazen, dzogchen o mahamudra. Ahí los tibetanos nos dicen que estamos pasando por alto el punto esencial, llegando al umbral y no entrando en la casa.
Cómo se llega a la luz clara?, podría preguntarse el lector. Y Francisco Varela responde: «Si has trabajado en meditación en el sentido clásico, en qué te has entrenado ?, El dirigir tu atención a estar en el momento y relajar todo lo que sea accesorio, una y otra vez. Y de pronto ocurre que recuerdas esa actitud al estar comprando en el supermercado. Y así, el recordar la instrucción de fondo, empieza a ser parte espontánea de lo que te viene a la mente. Es mi experiencia en estos sueños lúcidos: me doy cuenta de que estoy soñando y, entonces, me sucede en el sueño lo mismo que al estar comprando en el supermercado, espontáneamente. Ah !, estar aquí, simplemente, relajado, es algo que llega a estar incorporado a la médula, tanto en vigilia como al soñar.
Pero no es algo que se pueda producir. Lo único que se puede trabajar es hacerlo una y otra vez en la vida, donde tienes la voluntad de hacerlo, de manera que en el sueño aparezca en forma espontánea, tal como ha llegado a aparecer en la vida diaria. Ahora, si no aparece espontáneamente en la vida cotidiana, no va a aparecer tampoco en el sueño. Ese es todo el misterio en la técnica del yoga del sueño. Lo único que hay que hacer es tener muy claro que las instrucciones hay que aplicarlas en todo momento, incluso llevar al momento de dormir la intención de aplicarlas en el sueño. Dormirse con esa intención, que no será suficiente si la persona no la tiene incorporada casi como un automatismo, que viene regularmente en la vida cotidiana. «
Otra cosa cierta es que hay que mantener una especie de entrenamiento, de recurrencia, en tratar a esta realidad como si tuviera en alguna medida las propiedades del sueño. Darse cuenta de que tampoco en esta realidad las cosas son tan sólidas como parecen. «En el sueño, uno no tiene este acople sensoriomotor de la vigilia – acota Francisco Varela – entonces las cosas son enormemente fluidas. Pero en este mundo, aunque están más constreñidas, tampoco están solidificadas como sí fueran de cemento; tienen una calidad onírica también, un elemento de lo inesperado, de las transiciones bruscas, de lo que pasa sin que sepa de dónde viene… Cultivar esa apreciación hace que la transición entre los dos estados, de vigilía y sueño lúcido, sea muy natural. Y no es tan difícil, según mi experiencia…» Por supuesto, quien haya practicado intensivamente muchos años y rara vez no esté «presente» en su vida cotidiana, seguramente no tendrá transición, al dormirse continuará en forma ininterrumpida en la luz clara. Pero si es algo que ocurre de vez en cuando, es como si después de una semana dormidos, tuviéramos un momento de presencia. .. No es como para estar muy orgullosos, en opinión del especialista… Aunque es mejor que nada.
El científico chileno relata que durante el taller, un «dream yogui’ (yogui del sueño) dio una clase magistral sobre la relación meditación-sueño lúcido, y sobre el sueño lúcido como un instrumento y no un fin en sí mismo: «Aunque la meditación no es el único camino para llegar al sueño lúcido, yo no entenderia cómo llegar a la luz clara del sueño sin la práctica de alguna forma de meditación que reconozca la cualidad desnuda de la mente. »
Por supuesto, se puede ser lúcido en el sueño sin meditar, como Hervey de Saint-Denys. Más aún, S. LaBerge ha fabricado ya una maquinita para inducir el sueño lúcido: cuando el aparato detecta que uno está soñando (por los movimientos oculares rápidos) proyecta luces a través de los párpados…
Por otra parte, un experimento que no se ha hecho aún, y que interesa mucho al Dalai Lama, según nos informa Varela, es analizar fisiológicamente qué ocurre en el cerebro de un soñador que está experimentando la luz clara.
Finalmente, es importante comprender que, según la tradición tibetana, el sueño lúcido y la experiencia de la luz clara son sólo una preparación, un entrenamiento previo para el bardo, el tránsito después de la muerte. De hecho, el proceso mismo de la muerte parece depender dramáticamente del nivel de maestría del sujeto en estas prácticas. El proceso de muerte total, en el sentido energético y sutil, se desarrolla mucho más lentamente, sin los fenómenos de hedor, rigor mortis ni degradación física, como han podido comprobar con sorpresa los neurofisiólogos occidentales, como en el caso de Chogyam Trungpa, por ejemplo, y de un yogui, en Dharamshala, durante el taller. Y estas son sólo manifestaciones físicas del comienzo del proceso del bardo, durante el cual es fundamental que la persona pueda despertar, como en el sueño lúcido, y no ser víctima de las múltiples y poderosas ilusiones que lo asediarán según el detallado conocimiento de la tradición tibetana sobre este tránsito.
Qué nos muestra este rápido panorama de los avatares y facetas del sueño lúcido en diversos pueblos y sociedades? Qué nos enseña? Que el sueño lúcido es una capacidad natural, presente en mayor o menor grado en todos nosotros, y que puede ser desarrollada en un grado notable por una práctica perseverante. Que puede ser utilizada para muy diversos fines: terapéuticos, sociales o simplemente lúdicos. Que sus facetas han sido exploradas por distintas culturas. Pero que en nuestra época de «aldea global», tenemos la posibilidad de acceder a técnicas y métodos que eran totalmente desconocidos en Occidente hace sólo unas décadas.
Y muy particulamente, descubrimos que la tradición del budismo tibetano nos recuerda que el sueño lúcido es una ocasión de práctica de la experiencia fundamental de la atención desnuda, y una preparación o entrenamiento previo para el despertar durante el bardo o tránsito entre las vidas. Esto nos hace comprender que aprender a despertar en nuestros sueños es, en realidad, una oportunidad para comenzar a aprender a morir…
Más información
Manual para la Interpretación de los Sueños.- – Strephon Kaplan Williams.- Editorial EDAF, S.A,
La Creativité Onirique. Du Réve Ordinaire au Lucide..- – Patricia Garfield.- La Table Ronde, Francia, 1983
Les Réves et les Moyens de les Diriger.- – Hervey de Saint-Denys.- Editions D’aujourd’hui, Francia 1977.
The Tibetan Book of the Dead.- – Chogyam Trungpa.- Shambhalla Press.
Lucid Dreaming.- S.La Berge.- Bantam Books.
Diario.- Ken Wilber.-Editorial Kairós.
Publicado originalmente en la revista Uno Mismo
Más en Psicología transpersonal
Ver el tema
La Psicología Transpersonal y lo Paranormal
A continuación trataremos de responder a dos cuestiones básicas: 1- ¿Cuál es la relación que existe entre la experiencia paranormal y lo transpersonal? 2- ¿Cuál es la relación que existe entre la psicología transpersonal y la parapsicología?

Avatares, Genios y Héroes
Estos últimos años, con frecuencia se oye el término transpersonal en los círculos psicológicos. C. G. Jung lo había utilizado ocasionalmente y no fue probablemente el primero. Actualmente es utilizado sobre todo para indicar lo que se encuentra más allá, o el proceso que consiste en traspasar y…
Dane Rudhyar · Extractado

El Vacío como Símbolo: De la Nada al Todo
El concepto de vacío podría considerarse como un escalafón completo de niveles de significado, desde el más banal hasta el más trascendente, y en el que cada uno de extremos viene a ser como el opuesto aparente del otro. Entre sus acepciones más cotidianas, señala el diccionario: Falto de…