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Terapias Corporales

La Técnica Alexander

Al trabajar con la técnica Alexander es preciso estar dispuesto a entrar en un espacio en el que empezamos a formularnos ciertas preguntas que nos harán reflexionar sobre las percepciones que tenemos de nuestro cuerpo y cómo hacemos uso de él. También empezamos a cuestionar todo lo aprendido en relación a las posturas y actitudes asumidas por nuestro cuerpo en forma habitual.

Por lo general, damos por supuesto que nuestro organismo posee una sabiduría corporal interna que está encargada de nuestra salud y bienestar. En cierto sentido esto es así; pero existen límites para estas posibilidades. Hay que considerar la relación de la persona con su ambiente. En el último tiempo se han producido demasiados cambios en la sociedad humana, los que han conducido a un aceleramiento por competitividad, creando un alto grado de tensión que ha deteriorado la calidad de vida.

Los historiadores nos muestran que en cada época de la humanidad se han presentado determinadas costumbres y hábitos que han ido cambiando de acuerdo a las necesidades de las civilizaciones o situación geográfica, exigencias sociales, políticas y religiosas. Lo que empezaba como una necesidad individual, pasaba luego a ser compartido por un grupo de personas que se distribuían el cumplimiento de esas necesidades, dando forma a un tejido de relaciones e intercambios que terminaban por modificar las costumbres a nivel nacional. Ellas pasaban a ser parte de un aprendizaje que comienza en el momento en que llegamos a este mundo. Desde que nacemos se nos empiezan a imponer modelos o patrones familiares, sociales, culturales, religiosos, etc., que nos condicionan para afrontar la vida de la misma manera que lo hacen los que nos rodean.

La rapidez con que la sociedad occidental se ha desarrollado ha dado origen a más cambios de los que sería conveniente admitir, según la sabiduría de nuestro cuerpo. Hemos cambiado desde vivir en espacios abiertos, con una baja densidad de población, a sofocantes aglomeraciones en grandes ciudades; de un tipo de vivienda amplia y horizontal a otra, reducida y vertical, con muchos pisos. Nuestro trabajo, que antes
era manual o que requería el uso de la mayor parte de nuestro cuerpo, ha sido reemplazado por otros de tipo sedentario. Pasamos desde la costumbre de largas caminatas a ser transportados por vehículos. De una forma de vestir cómoda y armónica a modas de jeans apretados y zapatos de taco aguja. También ha cambiado nuestra alimentación a lo que hoy se denomina comida chatarra. Hemos dejado la lectura por
la televisión y por los juegos de video o de computación. Todo lo cual es demasiado para ser asimilado por nuestra sabiduría corporal.

Es aquí donde la técnica Alexander puede ser un medio de ayuda y equilibrio entre la cantidad de estímulos externos que nos golpea y la necesidad de desarrollo de la capacidad consciente de elegir, seleccionando nuestra acción o no acción, movimiento o no movimiento, respuesta o no respuesta a los hábitos corporales nocivos, para poder continuar viviendo en forma más armónica. Esta técnica es un método para recuperar
la gracia y coordinación que los niños pequeños adquieren de un modo natural en sus primeros años. Ellos viven en un estado de alerta que les permite moverse fácil y libremente sin tensión. En pocos meses tienen el suficiente control de cuello y cabeza para sentarse sin ayuda. Sin ningún esfuerzo consciente, caminan aproximadamente al año de edad. Poseen una voluntad y energía naturales para explorar su entorno y experimentar nuevos modelos de movimiento.

Desafortunadamente, cuando empiezan a ir al colegio desarrollan ciertos hábitos que interfieren con esa coordinación y funcionamiento natural, empezando por que pasan mucho tiempo sentados, a menudo en sillas y mesas que no tienen la altura adecuada.

La mayoría de la gente que se interesa por la técnica Alexander lo hace porque la considera una colaboración vital para remediar la mala salud. Frecuentemente se asocia con el alivio del dolor de espalda, pero puede ayudar también en una variedad de problemas psicosomáticos que podemos – sin quererlo – estar creándolos nosotros mismos. Más que cualquier otro método de reeducación corporal, aborda el vínculo esencial entre mente y cuerpo cuando se entra en contacto con un estímulo tensional.

Matías Alexander, el creador de la técnica que lleva su nombre, fue un actor australiano que se vio afectado por una ronquera creciente que lo llevó a perder la voz y, al no haber podido ser curado por los especialistas, decidió investigar por sí mismo el porqué de su dolencia. Gracias a una exhaustiva auto-observación sobre la manera cómo utilizaba su cuerpo y su voz, descubrió que se debía a ciertos hábitos corporales perjudiciales, Comprobó, luego, que podía intervenir para cambiar tales hábitos y reacciones de su cuerpo y, de esa manera, transformar conscientemente la estructura corporal y su funcionamiento. Así logró restaurar su voz por completo.

Alexander comprendió que había una relación de equilibrio muy precisa entre la cabeza, el cuello y la espalda. Cuando este equilibrio se rompía, se desencadenaban diferentes tipos de asimetría, Esto lo llamó control primario y pasó a ser el punto central de un trabajo consciente destinado a ir corrigiendo los hábitos aprendidos. La tendencia a echar la cabeza hacia atrás produciendo un bloqueo en el cuello, con la consiguiente curva excesiva (lordosis cervical) formada en la columna vertebral, eran los primeros indicios de que nos estábamos sirviendo de nuestro cuerpo en forma errónea, al estar usando en nuestra contra la ley de gravedad.

El estudio de nuestros movimientos, de la forma en que nos sentamos, cómo nos ponemos de pie, cómo extendemos nuestros brazos, cómo estiramos nuestras rodillas al caminar, empieza a ser la fuente de investigación y transformación de nuestros hábitos corporales. Ellos llevan tanto tiempo funcionando que nos parecen normales. Sentarse en una silla con la espalda excesivamente encorvada, bloqueando la zona del plexo solar; respirar superficialmente sin alcanzar a eliminar el remanente de aire viciado que siempre dejamos en el fondo de los pulmones; mirar la televisión desparramados en un sillón; al comer, llevar la cabeza y el cuello hacia la cuchara en lugar de que. sea lo contrario; ponerse de pie echando la cabeza hacia atrás y curvando excesivamente la zona lumbar, son algunas de las tantas maneras erróneas que tenemos de usar nuestro cuerpo. Ellas interfieren con nuestro control primario, impidiendo lo que sería un movimiento amplio efectuado con un menor gasto de energía. A través de esta forma de tomar consciencia observando nuestros movimientos, podremos recuperar la mayor elongación posible del cuello y espalda, como primer logro, para poderlo extender después a todo el resto del cuerpo. La aplicación de esta técnica es muy amplia. dado que trabaja en todos los aspectos de la vida cotidiana.

El permanecer durante horas en una determinada postura corporal – como le puede suceder al ejecutante
de un instrumento musical – produce molestias y dolores musculares. Además, el agarrarnos de un instrumento o herramienta nos produce tensiones por hacer más fuerza de la que es necesaria. El instrumento o herramienta debiera ser una prolongación armoniosa de nuestro brazo. Hay gente que se acuesta por las noches tan cansada que no puede dormir, y se interroga sobre lo hecho durante el día sin encontrar una causa aparente que justifique ese cansancio a nivel muscular. Y es que se trata de personas que se cuelgan hasta de un lápiz cuando escriben. Así lo hacían en el colegio cuando escribir era una tarea laboriosa. Nadie les enseñó cómo minimizar la tensión en el brazo que escribe, tanto como en el cuello y otras partes del cuerpo que no tienen por qué participar en ese acto. Ni les corrigieron la tendencia de echarse sobre el lado izquierdo, con el ojo izquierdo pegado al borde del cuaderno.

Seguir esta técnica supone una clara determinación de cambiar los hábitos perjudiciales. Al comienzo parece más fácil seguir funcionando según los antiguos hábitos que adoptar otros nuevos, porque se atraviesa por un período de incertidumbre en que lo antiguo resulta más seguro. Tiene que irse estableciendo paulatinamente la nueva comprensión corporal. Es preciso asumir que esta nueva actitud no es un ejercicio para ejecutar en un momento predeterminado, sino que tiene que formar parte de la conducta de todo el día. De ese modo, vamos comprobando que hay una interrelación, un camino de ida y vuelta entre nuestras actitudes correctas y nuestro bienestar psicosomático.

Podemos hacer un breve repaso sobre nuestro cuerpo que nos ayudará a detectar nuestros problemas más obvios:

1.- Girar la cabeza de un lado a otro sin mover los hombros.

2.- Abrir la boca ampliamente sin echar la cabeza hacia atrás o meter la barbilla hacia dentro.

3.- Alzar los brazos por encima de la cabeza sin tensar ni arquear la zona lumbar,

4.- Sentarse en cuclillas sin levantar los talones del suelo.

El no poder ejecutar alguno – o todos – de estos ejercicios correctamente indica que nuestra coordinación muscular deja mucho que desear. Hace falta una redistribución radical del tono muscular.

Entre las afecciones que pueden ser mejoradas por medio de la técnica Alexander podemos citar las siguientes:

1.- Dolor de espalda y cuello.
2.- Hombro bloqueado.
3.- Codo de tenista.
4.- Dolores por esfuerzos repetitivos.
5.- Artritis.
6.- Trastornos de nervio/músculo/hueso.
7.- Problemas psicosomáticos relacionados con la tensión, como dolores de cabeza, migrañas, trastornos cardiorrespiratorios y gastrointestinales, hipertensión.
8.- Problemas de embarazo (dolor lumbar) y post parto.
9.- Recuperación de una estadía prolongada en cama por enfermedad.
10.- Recuperación de traumatismos inmovilizados con yeso.
11.- Estados de depresión y ansiedad.

Alguien decía que le prestamos mucha más atención a nuestro automóvil que a nuestro cuerpo físico. En realidad, sólo nos preocupamos de él cuando algo nos duele. Nuestra primera reacción es tomar algún analgésico, el que contribuirá a retrasar el momento en que nos veamos obligados a enfrentar la causa de ese dolor. Recordemos que nuestro cuerpo tiene su propia inteligencia. Nos resultará beneficioso escucharlo, atender a sus llamados y trabajar en colaboración con él. Si no, corremos el riesgo de producir una tensión progresiva que originará, más temprano que tarde, severos trastornos del funcionamiento psicosomático. Debemos aprender a percibirlo como un instrumento sensible a través del cual vivimos nuestra vida y que merece que estemos atentos a la manera como lo usamos en nuestras actividades diarias.

Una vez que hayamos aprendido a vivir en armonía con nuestro cuerpo y sepamos lo que podemos esperar razonablemente de él, lo utilizaremos en toda circunstancia en la forma correcta que necesita para su buen funcionamiento. Sentiremos entonces un grato bienestar que aumentará nuestra autoconfianza, dándonos más capacidad para superar dificultades y aprovechar oportunidades. La mayor parte de nosotros tuvimos cuando niños esas atractivas cualidades. Estas pueden ser restauradas en gran medida por la técnica Alexander.

Más información

Brennan, Richard.- La Técnica Alexander.- Kairós
Drake, Jonathan.- La Técnica Alexander.- Edaf

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