Conversaciones con Mónica Oportot

En cualquier lugar del mundo se ve de pronto aparecer una columna de seres humanos que caminan al ritmo de la música de tambores y mantras de los monjes de la orden Niponzan, con el decidido propósito de ir limpiando con su vibración sanadora aquellos lugares donde las tensiones humanas han llegado a protagonizar grandes conflictos sembrando los de dolor y muerte.

Mónica viaja desde hace varios años integrada a esa propuesta, contribuyendo personalmente con su recopilación fotográfica que permite mostrar estas duras realidades en diferentes espacios visuales del mundo. Aunque esta decisión de viajar nació como reacción innata a una gran crisis interna, con el tiempo y la madurez hoy le parece que es parte de los misteriosos designios de la vida, ya que esa circunstancia fue el primer paso de una larga caminata dentro de su mundo interior. Recuerda con precisión y agradecimiento a cada una de las personas y disciplinas que contribuyeron a mostrarle senderos que la ayudaron a acercarse a las fronteras desde donde fue capaz de romper con los estereotipos para empezar realmente a conocerse. En los primeros viajes ya se dio cuenta de que se le estaban presentando maravillosas posibilidades de conocer directamente disciplinas como el budismo zen, el hinduísmo y el bakti yoga, entre otras.

El compartir temporadas con estos monjes japoneses le fue abriendo diferentes campos del conocimiento y de la experiencia, dando como resultado una necesidad imperiosa de adentrarse en una forma más definitiva que le permitiera trabajar cada día en su desarrollo personal. Así fue como tomó la decisión de integrarse comprometidamente a las actividades planificadas por la orden Niponzan, con el objeto de Ilevar armonía a través de los pueblos en conflicto. En nuestra Revista Alcione, N 8, aparece una entrevista a Mónica sobre su caminata de Auschwitz a Nagasaki.

Otro elemento determinante en esta elección – según Mónica – fue su temperamento, ya que se autodefine como alguien en constante movimiento. Después de conocerla, queda muy claro que a esta ariana le es difícil concebir la vida en reposo, y que le maravilla eso de estar siempre caminando, conociendo nuevos paisajes, nuevos rostros, nuevas formas de vida. De alguna forma lo considera como una especie de gimnasia del desapego. Además, caminar es una forma de meditación en acción que para ella es como respirar. Le permite traer nuevos elementos a su consciencia, posibilitándole, a la vez, devolver al mundo a través de esta actividad lo mucho que le ha dado la vida. Las caminatas son en general períodos largos, lo que hace que la experiencia tenga un tiempo de práctica significativa, apropiado para producir cambios que reflejen estos procesos interiores de oración y meditación.

Refiriéndose a su último viaje, Mónica nos relata que partió a la India en una comitiva Budista de la orden Niponzan, que tenía como misión inaugurar nuevos templos conectados con los lugares sagrados en los que Buda practicó meditación. Por las connotaciones de este viaje, el primer mes fue un constante moverse de un lugar a otro para asistir a las diferentes celebraciones, pero más tarde tuvo oportunidad de conectar en forma más plácida con el entorno y acercarse a otras dimensiones de este país lleno de contrastes.

Una vez más la India con sus encantos atrajo a Mónica como un poderoso imán, sintiéndose allí como en su casa, retomando hábitos, reencontrando amigos y enseñanzas, reconectándose con una vida ya conocida para ella, en este país donde la Vida y la Muerte se muestran con tal naturalidad que es fácil entender cómo estas polaridades engranan en una totalidad. En la India hay respuestas precisas a esta irrefrenable búsqueda de armonía, tanto de la propia como de aquella tan necesaria para toda la humanidad.

Conectada profundamente con su mundo interior, decidió aventurarse sola a Dharamsala, aquella ciudad que los Monjes Tibetanos han hecho suya durante el largo tiempo de exilio, dirigidos y guiados por el Dalai Lama. Mónica se integró una vez más a esa comunidad motivada por un gran anhelo de empaparse del conocimiento y de la tremenda sabiduría propia de seres humanos de esa estatura espiritual.

Pasó seis meses en esa convivencia maravillosa sintiendo que no hay palabras ni imágenes capaces de expresar el verdadero sentido o las sensaciones de un despertar en Dharamsala, de escuchar el canto de los pájaros, o gozar del privilegio de tener entrevistas personales con distintos Lamas, entre otros el hermano menor del Dalai Lama – que tiene el cargo de Ministro de Educación – y su esposa. También resultó muy valioso para ella retomar sus clases de budismo y de yoga.

El entorno, la naturaleza y la presencia carismática de su santidad el XIV Dalai Lama hicieron de esta estadía un período que le ha dejado profundas huellas. Fue tocada profundamente por la sabiduría y el amor de un mensaje de paz del Dalai Lama, y ha regresado a Chile con el firme propósito de difundir estas ideas que dan respuestas prácticas y reales a la tremenda necesidad de paz mundial.

Mónica nos quiere entregar la esencia de ese mensaje de paz que el Dalai Lama no se cansa de expresar. Quizás algún día sus palabras – tal como el agua – perforen la dura roca de la ignorancia. La sabiduría de este hombre extraordinario fluye a través de ellas para recordarnos una vez más que – nos guste o no – somos parte de la gran familia humana, que enfrenta los mismos problemas: sobrepoblación, escasez de recursos humanos y la crisis del medio ambiente que amenaza la sobrevivencia en el planeta.

Mensaje de su santidad el XIV Dalai Lama:
La responsabilidad universal frente a los recursos naturales y el cuidado del medio ambiente es la verdadera clave para la sobrevivencia en este planeta que compartimos. Es necesario que aceptemos la unidad de la humanidad en vez de estar constantemente poniendo fronteras entre las naciones y las comunidades. Hoy en día está muy claro que un problema en cualquier parte del mundo afecta a su totalidad. Por esto es necesario tratar cada problema mayor como una preocupación global, ya que si recurrimos al viejo sistema de las barreras ideológicas o nacionales no podemos obviar sus repercusiones destructivas. Este nuevo concepto de Comunidad Global, que nos han traído las comunicaciones y los grandes proyectos internacionales. nos permite visualizar con claridad nuestra interdependencia y así llegar a la conclusión de que sólo considerando los intereses de los otros estamos defendiendo realmente los nuestros.

La mejor medicina del mundo es el altruismo. En el Tibet decimos que muchas enfermedades pueden ser sanadas por una medicina de amor y compasión, porque estas nacen desde el centro de nuestro ser. Estas emociones positivas y sanadoras han sido relegadas sólo a la familia y al interior del hogar, practicándose a veces un poco más hacia afuera con los que llamamos amigos. Es necesario cambiar esto, ya que practicar el altruismo es una verdadera fuente de compromiso y cooperación. Una mente comprometida con la compasión es como una semilla que trae otra serie de buenas cualidades como el perdón, la tolerancia, la fuerza interna y la confianza para superar el miedo. El verdadero método para resolver los conflictos es el altruismo, propio de una comunidad que reconoce su interdependencia y las leyes de la naturaleza.

Somos animales sociables, pero nos falta el sentido de responsabilidad para todos los de nuestra especie. Creo que gran parte del problema se produce por el desequilibrio de nuestros valores, de modo que nuestro dilema nace de un indebido énfasis en lo material, olvidándonos de nutrir a la par las necesidades básicas de amor, cooperación y cuidado por el prójimo.

Esta responsabilidad moral no debe quedar en manos de grupos o iglesias que se hagan cargo de solucionar los problemas, sino que estamos hablando de la responsabilidad de cada uno de nosotros. De este cambio individual en número creciente depende el cambio de la atmósfera general. Es cierto que este cambio personal es duro y lento y requiere un gran esfuerzo para que finalmente tenga expresión en la conducta del diario vivir. De este compromiso personal nacen cambios significativos aportando altruismo a organizaciones tan poderosas como los gobiernos y los negocios internacionales.

Otro aspecto importante a considerar es la renovación de nuestro compromiso con los valores humanos en el campo de la ciencia, cuyo objetivo principal, frecuentemente olvidado, es mayor conocimiento de la realidad y un mejoramiento de la calidad de vida. Si los científicos no tienen una motivación altruista, no son capaces de distinguir entre las tecnologías benéficas y aquellas dramáticamente destructoras.

El daño del medio ambiente que nos rodea es la muestra más obvia de esta confusión. La discriminación debe ser aún mayor cuando se trata del uso de técnicas biológicas que nos permiten manipular las estructuras sutiles de la vida misma, es decir, todos aquellos aspectos de la llamada biología genética. Es trascendente darnos cuenta de que estamos frente al gran riesgo de infringir un terrible daño a la delicada matriz de la vida.

Las religiones no están exentas de esta responsabilidad, ya que su propósito no debiera ser construir hermosos templos, sino cultivar cualidades positivas como la tolerancia, la generosidad y el amor. Cada religión, sin importar su dogma, está fundada primero que todo en el precepto de que debemos reducir nuestro egoísmo y servir a los otros. Desafortunadamente, a veces una religión se transforma en causa de disputas o guerras en lugar de solucionarlas. Los practicantes de los diferentes credos deberían darse cuenta de que cada tradición religiosa tiene inmensos valores intrínsecos, además de los medios para proveer salud mental y espiritual. De acuerdo a las variadas disposiciones mentales, algunas personas se benefician con una clase de enseñanza y otros con una distinta. Cada fe tiene la habilidad de producir gente refinada y cálida. De esta forma no hay razón para establecer religiones divisorias, fanáticas e intolerantes. Es importante apreciar y respetar todas las formas de prácticas espirituales.

Otro campo donde es imprescindible la presencia del altruismo es en las relaciones internacionales. El mundo ha cambiado mucho recientemente, ya que el fin de la guerra fría y el colapso del comunismo en Europa del Norte y de la ex Unión Soviética nos ha introducido a una nueva era histórica. Pareciera que la historia ha realizado un círculo completo en el siglo XX. Este período ha sido uno de los más tristes de la historia ya que el aumento del poder destructivo de las armas ha determinado que un mayor número de personas haya sido expuesta al sufrimiento y la muerte. Hay un incremento de la violencia, así como también una proliferación demencial de ideologías fundamentalistas que siempre han desgarrado a las comunidades humanas, produciendo un choque entre el poder descarnado y el pluralismo y la libertad.

Aunque el comunismo tiene muchas ideas nobles, incluyendo el altruismo, el intento hecho por las elites que gobiernan de dictar su parciales visiones ha sido desastroso. Si bien es cierto que estos gobiernos necesitaron en un principio de organizaciones rígidas con el objeto de destruir los regímenes opresivos anteriores, más tarde no fueron capaces de lograr la construcción de una sociedad libre , flexible y útil. La fuerza bruta no será nunca capaz de vencer el deseo básico de libertad. La libertad es, en realidad, la fuente misma de la creatividad, tanto para el individuo como para la sociedad.

Un ejemplo muy cercano es lo que ha pasado en el Tibet, que fue invadido en 1949 por China con su llamado Ejército de Liberación Popular. Así se puso en movimiento un proceso sistemático de destrucción étnica y cultural bajo una ideología y sistema totalitarios. Desde entonces la historia del Tibet ha sido una pesadilla en las que las violaciones a los derechos humanos están entre las más graves que ocurren en el planeta.

La respuesta a estos sistemas totalitarios fue expresada claramente por miles y miles de personas en Europa del Este; quienes, además de expresar su deseo de libertad, nos dieron una segunda lección, logrando este cambio por medios pacíficos: ejemplo del éxito de la no violencia. En realidad, la eliminación de la violencia es la base necesaria para la paz mundial y para cualquier orden internacional. Todas las noticias, en cualquier parte del mundo, nos hablan de agresión, terrorismo, crímenes, etc. , transformando este material truculento en una verdadera adicción, tanto para aquellos que lo difunden como para aquellos que lo reciben de los diferentes medios de comunicación. Lo extraño de este fenómeno es que, en realidad, la gran mayoría de la población prefiere la paz y todos los procesos constructivos, similar a nuestra predilección por la primavera, sus flores y los próximos frutos. La senda humana, sin lugar a dudas, va por el sendero de la construcción, y la humanidad está a favor de eliminar la violencia.

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